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Si te gustan las buenas mamadas, si te gusta ver gente chupando tetas, o incluso mamando tetas enormes, has llegado al paraiso del sexo con boca y mas…

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Relato erotico que finaliza esta serie de relatos de mano de un tio con dos pivones que no paran de hacerle una mamada brutal tras otra

Cuando la chupapollas se repuso después de la fantástica corrida que había tenido vino junto a la rubia que ya estaba comiendo la polla. Yo seguía con las dos manos encadenadas a la silla, impotente. Pero encantado.

Se estaba cumpliendo una de mis grandes fantasías desde siempre. Siempre había querido que dos tías me comieran la polla a la vez. Y allí estaban dos bombones, dos tías que estaban buenísimas comiéndome la polla como dos perras.

Y allí estaba las dos. Las dos lenguas se movían y se iban desplazando con rapidez por toda mi polla. Desde mis huevos hasta mi prepucio. Me estaban comiendo la polla de una manera increíble. Pero lo que más me gustaba es cuando una de ellas se metía todo mi capullo en su boca mientras la otra me comía los huevos.

Ambas se turnaban en esta operación, se alternaban los papeles, pero yo estaba gozando muchísimo. Era una sensación increíble. Nunca había gozado tanto en mi vida.

Estaba excitadísimo con lo que me estaban haciendo. Además, ver cómo se lo habían montado antes entre ellas me había puesto muchísimo. Estaba apunto de correrme aunque quería aguantar lo máximo posible pues lo estaba pasando en grande y sabía que este sueño, por desgracia, no se repetiría siempre.

Pero era imposible aguantar mucho tiempo. Las dos bocas se movían con mucha fuerza. La lengua de la rubia en mi capullo me estaba haciendo ver las estrellas mientras que la morena comiéndome los huevos y lamiéndome la base de la polla me estaba haciendo gozar cómo un cabrón.

Mis gemidos eran cada vez más acelerados y más entrecortados y mi polla estaba cada vez más roja y más dura. Ellas parecieron adivinar lo que estaba apunto de ocurrir pues se pusieron las dos a lamerme el capullo frenéticamente. Las dos lenguas estaban lamiéndome el capullo y el frenillo.

Era demasiado para mí y no pude aguantar más. Me corrí en la boca de las dos. Mis sacudidas eran enormes y mis chorros de semen también. Ellas lo disfrutaron todo. Se besaban entre ellas con los labios y la boca llena de semen, me besaban a mí para que saboreara mi flujo.

Definitivamente estaba en el paraíso. Eran dos Diosas y me estaban haciendo descubrir las maravillas del cielo. No sé que sería lo próximo que me harían pero estaba deseando sentirlo

Relato erotico que sigue la historia del de ayer, sobre el chico con los pivones. Si el tio sigue con suerte, con dos zorras chupando su polla y sin parar de jugar las tias entre ellas para poner caliente al tio en todo momento

Llegamos al edificio de la chupapollas. Era un edificio bastante nuevo y lujoso. Se veía que la muy puta tenía dinero. Subimos por el ascensor y mi polla volvió a ponerse dura. ¿Por qué? Porque las dos tías se estaban dando el lote delante de mi cara. Se daban unos besos súper apasionados. Sus lenguas se movían con pasión, sus manos se sobaban enteras. Y yo estaba allí viéndolas, embobado, con ganas de sacarme la polla y hacerme una paja.

Llegamos a casa de la chupapollas. La rubia me llevó a una habitación dónde había una cama de matrimonio con el cabezal de forja, de hierro. Empezamos a besarnos y a sobarnos. ¡Joder, que bien besaba! ¡Era una fiera! Me mordía, me chupaba, me lamía,… ¡me estaba poniendo malo! Ella me iba poco a poco desnudando. Yo intentaba hacérselo a ella pero no me dejaba. ¿Por qué no quería que la desnudase? Pronto lo descubriría.

Cuando me bajó los pantalones y dejó mi polla al descubierto, se acuclilló delante de mí y empezó a chupármela. La chupaba aún mejor que besaba. Dios, cómo la engullía. Se la metía toda entera y una vez toda dentro meneaba la cabeza de derecha a izquierda rápidamente. Nadie me había hecho eso nunca pero me estaba gustando muchísimo.

Me estaba haciendo la mamada de mi vida cuando llegó la chupapollas con unas esposas. Casi sin darme cuenta me apresaron a una silla para que no me pudiera mover. Allí estaba yo, totalmente empalmado y sin poderme mover mientras que las dos estaban arrodilladas delante de mí chupándomela y besándose entre ellas.

Pronto de olvidaron de mi polla y empezaron a montárselo entre ellas. Se besaban, se frotaban, se sobaban,… A veces me miraban lascivamente, cómo para hacerme ver que estaban jugando conmigo. Querían que viera cómo se lo montaban entre ellas mientras yo no podía si quiera pajearme.

Se fueron desnudando poco a poco. Tenían un cuerpo espectacular. ¡Que cuerpazo! ¡Y que polla se me estaba poniendo! Estaba demasiado cachondo. Ver a estas dos putas montárselo delante de mí era demasiado.

La chupapollas tiro en la cama a la rubia, la abrió de piernas y empezó a comerle el coño. Los lametones comenzaron suaves y delicados pero pronto de tornaron fuertes y pasionales. La rubia me miraba mientras la chupapollas se lo comía aunque pronto el placer hizo que no pudiera mantener los ojos abiertos. Sus gemidos de gozo parecían inspirar a la chupapollas, que pronto introdujo un dedo en la raja de su amiga. La rubia se lo estaba pasando en grande. Estaba totalmente ida. ¡Y yo más!

La chupapollas comenzó a follar a la rubia con dos dedos. Sus embestidas eran cada vez más fuertes y los gemidos de la rubia cada vez más fuertes. Hasta que no pudo más y se fue entera. El grito de placer que soltó fue increíble. La chupapollas siguió con sus dedos, pero más dulcemente hasta que paró por completo. Ahora le tocaba a ella.

Se puso a cuatro patas y la rubia comenzó a comerle el coño y el culo. La morena me miraba y entre jadeos me decía si me estaba gustando o si tenía ganas de follármela. Yo aunque me moría de ganas, intentaba hacerme el duro y le respondía que ella tenía más ganas que yo. Que se estaba muriendo de ganas de tener mi rabo en su coño.

La rubia seguía con su faena. La lamía toda la rajita con su fenomenal lengua mientras le introducía el dedo gordo por el culo. La chupapollas parecía estar gozando pues sus gemidos de placer eran fuertes y sus movimientos de cadera eran cada vez más rápidos. Parece que quería más.

La rubia pareció notarlo pues pronto introdujo dos dedos por el coño de la amiga y empezó a follársela con fuerza. Cada embestida era más dura que la anterior, pero cada una de ellas parecía gustarle aún más que la anterior a la chupapollas. Gemía sin parar. Gritaba de gusto. Pedía más.

La rubia la azotaba en el culo con la mano que le quedaba libre y la amiga gozaba aún más. Sus gemidos y los azotes me estaban volviendo medio loco ya. Estaba deseando ser yo el que follara a esa perra. Follármela a cuatro patas y darle azotes. Y deseaba metérsela por ese culo que tenía. Había visto lo que disfrutaba cuando la rubia le metía el dedo. Yo quería que disfrutase con mi polla. Meterle toda mi polla gorda por ese culo maravilloso.

La chupapollas estaba a punto de correrse pues sus gritos eran enormes: “Así, así”, “Dame más fuerte”, “Más fuerte”…Además, agarraba la colcha de la cama con mucha fuerza y estaba totalmente desbocada. La rubia seguía con sus rápidas embestidas. La corrida fue bestial. Yo mismo vi cómo chorreaba flujo por la mano y por el brazo de la rubia.

Mientras la chupapollas gozaba y disfrutaba de su corrida la rubia me miraba a mí con cara de deseo. Creo que ahora me tocaba a mí. No sé lo que me harían pero estaba seguro que me iba a encantar.

Que le harias a tu novia si te dice que tu regalo de cumpleaños son ella junto con otra chica para disfrutar del sexo y asi hacer realidad todas tus fantasias? pues algo asi le paso a este chico que nos cuenta en este relato erotico su experiencia con dos mujeres teniendo porno brutal.

Supongo que una de las fantasías de cualquier hombre es follar con dos mujeres a la vez. Lógicamente yo ya le había contado a Macarena, mi novia, ese deseo secreto de follar con ella y con otra mujer al mismo tiempo, pero se lo contaba como algo imposible, digamos, como un sueño. Ella siempre decía que no podría soportar verme follar con otra mujer que no fuera ella.

El caso es que una noche llegué a casa, muy tenso por culpa de un empleado de la oficina, pero eso no creo que sea necesario explicarlo. Esa noche, al llegar a casa, Macarena estaba con su amiga Susana de Madrid y que habia venido a pasar un fin de semana a casa. Yo saludé de mala gana y decidí darme una ducha. Macarena notó mi mal humor y entró en el baño a ver que me pasaba. Se lo expliqué y como suele suceder con estas cosas, sólo con eso me calmé un poco. Mientras tanto me había ido desnudando para meterme en la ducha. De pronto, Susana se acercó a decirnos no se qué de la cena y me pilló completamente desnudo.

- Huy, perdón. Es que no se como apagar el horno. – Dijo.
- Ahora voy yo. – Le respondió Macarena.
- Vale, vale. Lo siento. – Me dijo a mí.

Durante esa breve conversación hacía como que quería irse pero no se iba, y yo creo que no me quitó ojo de encima. Eso me excitó y empecé a notar el inicio de una erección, cosa de la que Macarena se dio cuenta.

- Eh, tranquilo. ¿Que, ya se te ha pasado el cabreo?. – Me dijo bromeando.
- ¿Te gusta Susana, verdad sinvergüenza? – Dijo, mirando mi polla que con las risitas parecía querer seguir creciendo.
- Bueno, si, pero vamos, esto son cosas naturales.
- Anda, metete en la ducha. – Dijo mientras salía del baño.

Me metí en la ducha y tardé un rato en perder la erección, hasta que conseguí dejar de pensar en el fino vestido de Susana, y en que no llevaba sujetador. Habría jurado que al verme desnudo se le habían endurecido los pezones. Lo cierto es que tenía un culo estupendo. Decidí que tenía que subir el caudal del agua fría en esa ducha. Una vez afeitado y vestido de andar por casa, fui al salón donde la mesa estaba puesta. No quería darle más importancia al tema, pero cuando vi a Susana y a Macarena sentadas en el sofá estuve seguro de que Macarena le había cuchicheado lo de mi erección o algo así, porque me miraban las dos entre risitas.

- Anda, Tarzán, siéntate que ya vamos a cenar. – Dijo Susana.

Estaba claro que habían hablado del tema. Eso creo que me ruborizó un poco, pero lo peor fue que volví a notar como mi pene despertaba de la ducha fría que acababa de recibir. Macarena pasó por mi lado sonriendo y me dio un beso. Me quedé sólo con Susana.

- ¿Cómo va todo?. Siento mucho como he llegado. Cosas del trabajo. ¿He estado grosero? – Dije, por hablar de algo, mientras Susana bebía una copa de vino.

- No te preocupes. Eso nos pasa a todos. ¿Quieres vino?

- Sí, gracias.

- ¿Siempre te duchas cuando llegas a casa? – Me preguntó de pronto, sin mirarme y mientras me ponía una copa de vino. Empezaba a excitarme en serio.

- Eh, bueno. Si siempre.

En esto, entró Macarena al salón. – ¿Depende de si tenemos invitados? – Preguntó según entraba. Intenté sonreír como aceptando la broma. Susana me acercó la copa de vino y dí un trago muy largo.

- Si, bueno es que no me he dado cuenta de que la puerta estaba abierta, como estábamos hablando, pues claro, no me he fijado que me estaba desnudando con la puerta abierta. En cualquier caso tampoco creo que hayas visto nada del otro mundo. – Le dije a Susana intentando defenderme.

Entonces Macarena y Susana se miraron y rieron. – Venga, vamos a cenar. – Dijo Macarena.

Comenzamos a cenar, y todo pareció volver a la normalidad, pero en el ambiente flotaba, ahora estoy seguro, cierta sensualidad.

- Lo siento, pero hemos gastado los aguacates para hacernos una mascarillas. – Comentó Macarena. – Y no han quedado para la ensalada. – Dice Susana que te deja la piel muy suave.
- Si – Contestó Susana – pero no sólo se usa como mascarilla.
- Es cierto – Continuó Macarena -La verdad es que lo hemos usado como mascarilla, pero Susana la utiliza también como crema para todo el cuerpo ¿Verdad?.
- Es que deja una piel muy suave, por la cantidad de aceite que tiene. Mira, toca. – Me dijo Susana. Y entonces me ofreció un brazo.

Creo que en ese momento, entre el vino, la cena y la conversación, ya tenía una erección total, lo que hacía que el pantalón corto de deporte que me había puesto mostrase un impresionante abultamiento. Casi con miedo, cogí el brazo de Susana y lo acaricié con toda la suavidad que pude y un extraordinario esfuerzo de autocontrol. En ese instante, Susana empezó a acariciarme la mano. Rápidamente, pero sin quitar la mano, miré hacia Macarena, que se empezaba a levantar. Susana cogió mi mano y la empezó a besar, mientras Macarena llegaba por mi espalda y me abrazaba, comenzó jugando con su lengua sobre mi oreja. Cerré los ojos; noté que una mano empezaba a recorrer mi pierna, formando círculos que ascendían en busca de mi polla. Macarena me hizo levantar, con lo que apareció a la vista el bulto que tenía en los pantalones. Vi a Susana, con las pupilas dilatadas hasta el límite, mirar hacia ahí. Macarena me giró y comenzó a besarme en la boca. Yo busqué sus grandes pechos y sentí sus pezones de punta y duros como hacía mucho tiempo que no sentía. Susana llegó por detrás para quitarme la camiseta de algodón que llevaba puesta. Me besaba y acariciaba la espalda. Me abrazó y empezó a jugar con mis pezones. Mientras tanto yo desnudaba a Macarena. Quería ver esos pechos que me estaban poniendo a cien, quería lamerlos y estrujarlos con mi boca. Macarena me ayudaba a quitarse la ropa cuando Susana cogió mi mano y se la llevó a su coño. El vestido era tan fino como parecía, por lo que sentí claramente sus bragas mojadas. Empecé a acaríciale el sexo sobre su vestido, y noté como se abría ligeramente de piernas. Macarena se había quitado la blusa y el sujetador sin dejar de besarme, y entonces dio un paso atrás. Dejé el coño de Susana y me incliné sobre los pechos desnudos de Macarena. Susana se puso detrás de Macarena y empezó a acariciarle un pezón mientras yo me metía en la boca el otro. Macarena gimió y cerro los ojos mientras yo buscaba su sexo bajo el pantalón. Susana se retiró para quitarse el vestido, quedándose solamente con unas braguitas tipo tanga. A mí la polla me estallaba dentro del pantalón, así que decidí quitármelo. La erección que tenía me sorprendió a mí mismo. Susana se acercó y cogió mi cabeza para dirigirla sobre sus tetas, mientras las lamía, Macarena terminó de desnudarse completamente y se tumbó en el sofá.

- Eh, venid aquí. – Nos dijo.
- Susana la siguió rápidamente, y se sentó junto a ella.
- Bueno, que. ¿Te vas a quedar ahí parado? – Me dijo.

Me acerqué a ellas. Susana me cogió por la cintura y sin mediar palabra, se metió mi polla hasta lo más profundo de su boca. Movía la lengua por toda ella, hacía movimientos en circulo sobre mi capullo y casi me hizo perder el sentido. A veces Susana se sacaba mi polla de la boca para poder chupar tambien mis huevos. Como pude me retiré de ella, ya que estaba casi a punto de correrme y me tumbé sobre Macarena, que se había puesto boca abajo. La incorporé para que Susana se metiese debajo. Quería que me lamiese toda la polla mientras follaba con Macarena por detrás. Macarena estaba más mojada de lo que yo podía recordar. Ahora ya gritaba de placer. Estaba a punto de correrse. Yo también.

- Espera, espera. – Dijo Susana. – No te corras. Quiero que me folles a mí también, quiero sentir esa enorme polla que tienes dentro de mi coño.

Así que Macarena se retiró y Susana se sentó abierta de piernas sobre la mesa. Tenía un sexo oscuro y extraordinariamente mojado. No pude resistir la tentación de comerlo mientras le pellizcaba los pezones, mi lengua se hundió profundamente entre sus labios vaginales y sus jugos me cubrieron todo el rostro. Susana no es de las que gritan como suele hacerlo Macarena, pero era evidente que estaba a punto de correrse. Macarena se acercó por detrás de mí, cogió mi polla con su mano y me la metió en el abierto sexo de Susana. Empecé a moverme haciendo temblar todas las copas, platos y botellas de la mesa. Notaba como mi capullo se deslizaba por el interior caliente y húmedo del coño de Susana. Era suave y ella lo apretaba como para que no pudiera sacársela. Macarena me abrazó por detrás para acariciarme la polla cada vez que salía de Susana. Busqué con mi mano su sexo y empecé a acariciárselo, a separarle los hinchados labios, a frotar su jugoso clítoris. Cuando se corrió, ya no pude resistirlo más y saqué la polla para que Macarena me hiciera correrme sobre los hermosos pechos de Susana. Mientras Macarena me hacía la paja desde atrás, Susana empezó a hacerse otra, metiéndose dos dedos por el agujero que yo acababa de dejar libre, de forma que los dos nos corrimos al mismo tiempo. Me giré y besé a Macarena.

- Bueno – Dijo. – ¿Podemos terminar ahora de cenar?
- Creo que será lo mejor. – Respondí yo. – ¿Y mi pantalón?.

Las dos se miraron, entendí que no era hora de vestirse, aquello iba a ser sólo un descanso antes de terminar la noche los tres en la cama.

El caso es que Macarena ahora es la que quiere cumplir una de sus mayores fantasías y es follar con dos tíos y me ha dicho, que ella no va a esperar tanto tiempo como yo para ver su fantasía cumplida. Cosas de la vida.

Relato erotico de una joven casada que se refugia en el cibersexo para calmar su deseo sexual.

A grandes rasgos te contaré que a pesar de estar casada, siempre me he sentido sola, mi esposo es un hombre muy ocupado y a parte le encanta llegar de madrugada con sus cervecitas encima. Es por ello que un buen día me dio por entrar al chat, a pesar de que antes criticara tanto a los que chateaban, no me gustaba, pero la soledad y la curiosidad me hicieron entrar a él.

Entré a una sala normal, nada de salas calientes, de por sí criticaba el chat, y que todavía entrara a ese tipo de salas, como que no iban conmigo; y después de un ratito de estar ahí, me encontré con una persona que vive en una ciudad bastante lejos de la mía. Simpatizamos, coincidimos casi en la misma edad, también casado, y platicamos de varias cosas, las clásicas que se hablan al recién conocerse en un chat. El caso es que nos caímos tan bien, que decidimos seguir en contacto, y así lo hicimos por varios días, incluso hasta quedamos en que seríamos novios; lo que me parecía bastante chistoso, pero bueno, era una experiencia diferente en mi vida. Cada vez sentíamos comprendernos más, pues coincidíamos en muchas cosas, afectos, sueños, al cabo de pocas charlas ya nos dirigíamos uno al otro diciéndonos “amor” y cariños así por el estilo, y nos enviábamos un que otro beso y abrazo. Y es que de verdad empezaba a nacer un bello sentimiento.

Así fue como un día nuestra charla fue tomando temas sobre el sexo, nos hicimos preguntas sobre ello, nos contamos anécdotas de cuando éramos jóvenes, nos reíamos al decir ciertas cosas, también hablamos de nuestras experiencias con nuestras respectivas parejas. A manera de que se iba dando esta plática, yo sentía algo raro, extraño en mí, era una especie de excitación, lo que me contaba referente a su pareja me lo imaginaba que me lo hacía a mi y viceversa, lo que yo le decía sobre mis encuentros con mi pareja, él imaginaba que yo se lo hacía a él. Nos compartimos ese sentir, y empezamos entonces a ir llevando la charla como si fuéramos nosotros dos quienes estaban teniendo sexo, dejando a un lado a otras personas y dejando a un lado también nuestras aventuras de jóvenes; eso ya no existía, ahora nos sentíamos uno frente al otro y con una excitación tremenda por parte de ambos.

Me fue llevando por este medio, me decía lo linda que le parecía y lo que me deseaba, íbamos imaginando que todo era realidad, que recorría mi cuerpo desde mi cuello, mis orejas, que se detenía en mis labios para devorarlos al igual que mi lengua, que rodeaba mi cintura y yo su cuello y nos entrelazábamos en un ardiente beso y abrazo. Yo me abrazaba a mí mismo, quería sentir que todo era cierto, que él estaba a mi lado de verdad, lo deseaba, lo deseo.

Al principio yo me sentía apenada, no sabía que escribir, pero fue aumentando de tal manera mi excitación, que mis dedos empezaron a teclear todo lo que mi alma y mi cuerpo anhelaban. Poco a poco en nuestra imaginación nos fuimos desnudando, pero al poco tiempo, ya estamos desnudos también en la realidad, era mucho el calor. Yo sentía sudar, era increíble como a través de una máquina se pudiera sentir tanta excitación y tanto placer. Empecé a tocar cada parte que él me decía que acariciaba, de esa forma fue que mis manos tocaron todo mi cuerpo, estrujaba mis pechos, me mojaba los dedos para hacer circulo con ellos en mis pezones que estaban demasiado duros, tocaba mi vagina que se encontraba súper húmeda. Era un verdadero deleite, jamás había sentido tal maravilla ni aún en la vida real con mi pareja. Pues mi ciber novio me hablaba de una forma que me hacía enloquecer; él también se iba desnudando al mismo tiempo que yo, nos guiábamos uno al otro, se acariciaba; yo podía sentir como su pene se endurecía más y más, y podía sentirlo entre mis manos, en mi boca comiéndolo.

Igual él podía sentir mi vagina y clítoris entre sus labios, sentía como mi humedad se quedaba en su lengua. De pronto mis dedos ya estaban en mi vagina, metidos cada vez más, como si fuera su duro pene, lo sentía, que enorme placer, cada vez era más y más grande nuestra excitación, y más se excitó él cuando le pedí a gritos que me penetrara. Me sentía venir, le comenté eso tan grande que me estaba pasando y quedamos en llegar los dos juntos, a un mismo tiempo al clímax, al orgasmo, al cielo, y efectivamente así sucedió, tremendamente formidable. Fue estupendo, y para rematar esa sensación increíble, sorpresivamente me llama por teléfono, sin decirme que lo haría; me emocioné mucho más al escuchar su voz agitada, aunque no más que la mía, porque casi no me salía la voz de tan excitada y maravillada con la experiencia inolvidable; nos dijimos por teléfono todo lo real que habíamos sentido, todo lo que nos amamos, todo lo que nos deseamos.

Nos despedimos y quedamos en conseguir de inmediato una cámara para hacer el amor lo más realmente posible, prometiendo que en nuestro encuentro y frente a las cam, nos desnudaríamos totalmente y haríamos cosas más que estupendas.

Relato erotico de dos hermanos que no dejan de follar y de darse placer mutuo. Que bien se lo pasan los dos cabrones follando y teniendo sexo duro

Hola, mi nombre es Pedro, tengo 19 años. En casa somos 4, mi padre, mi madre, mi hermana Rosa de 27, y yo. Nosotros vivimos a las afueras de Barcelona, en un chalet de una urbanización cuyo nombre no interesa. Lo que les voy a contar es sobre mi hermana Rosa y yo. Mi hermana Rosa es una hermosa muchacha de proporciones bien definidas, vamos una ligona. Rosa estaba a punto de casarse, ya saben, esas cosas que hacen los novios de buscar piso y más. Por suerte todavía no habían preparado la boda, porque sucedió algo que cambio su destino. En cierta ocasión pilló a su novio con una amiga y cortaron para siempre. Rosa dijo que no quería saber nada mas de los hombres, que eran todos unos cerdos. Por ello ya casi no salía, pasaba mucho tiempo en casa.

Yo sabía que la vida sexual de mi hermana era muy activa, pero a partir de su ruptura freno su vida sexual, ya que casi no salía. En una ocasión llegue yo tarde a casa un sábado por lo que procuré abrir la verja despacio para no hacer ruido y despertar a mis padres, cuya habitación da a la entrada. Volteé la casa buscando la puerta y al pasar por la ventana de la habitación de mi hermana, que queda en la otra punta de la casa vi luz, así que sentí curiosidad y mire por una pequeña rendija que quedaba para ver que hacía despierta a esas horas. Vi algo que me dejo petrificado. En la cama estaba mi hermana Rosa viendo la tele. Eso no era lo extraño, sino que estaba viendo una película porno. Rosa estaba tirada en la cama en pelotas y con las piernas abiertas. Se estaba pegando una masturbada de campeonato. Mi mente no reaccionó, no así mi pene que pensó que podía ser un buen espectáculo, así que me quedé mirando su frenética actividad. Aquello era digno de toda un actriz porno, se masajeaba los pechos con frenesí para dedicarse luego a su coño. Era el coño más bonito que había visto nunca, perfectamente rasurado menos por un hilito de pelos que lo adornaban sensualmente. Estuvo un buen rato masturbándose hasta que acabó y apagó la tele y se acostó. Yo me fui inmediatamente a mi cuarto y me casqué una paja de órdago pensando en lo que vi. Sabía que estaba mal, porque era mi hermana, pero mi polla no pensaba lo mismo. Ni que decir tiene que tuve una corrida bestial, de las mayores que he tenido en mi vida.

Desde ese día no pude evitar mirar a mi hermana con otros ojos, la veía como una mujer que estaba buenísima, y no como mi hermana. No podía evitar seguir sus curvas con mi mirada, y por supuesto espiarla a escondidas cuando tomaba el sol. Para colmo lo hacia desnuda cuando mis padres no estaban, lo que me llevo en múltiples ocasiones a simular que me iba tras mis padres para luego entrar a escondidas y espiarla desde la casa. Cuantas pajas me he hecho mirándola mientras tomaba el sol. Pero la cosa no pasaba de allí.

En cierta ocasión estaba yo dedicándome a darle al manubrio cuando oigo que entra Rosa en casa. Tuve el tiempo justo para esconderme la polla y disimular ya que ella llamó a mi puerta y entró a mi cuarto para preguntarme por una duda informática sobre el correo. Pese a que no levanté sospecha me imagino que ella notó algo raro, ya que había cierto olor a polla en el ambiente, y ella como mujer experta en temas de sexo debió notar algo. El caso es que me comentó que su ordenador no arrancaba bien, que si podía hacer algo. Yo le dije que cuando tuviera un rato lo miraría.

Ese rato llegó por la tarde, estaba solo en casa y aburrido, así que decidí ir a mirar que pasaba. El problema se resolvió rápidamente, pero ya que estaba allí en su ordenador decidí mirar que tenia en él, por curiosidad. La verdad es que lo que vi me sorprendió bastante. Tenía bastantes direcciones de páginas de sexo en las que salían mujeres jóvenes como ella practicando sexo con jóvenes. Curiosamente jóvenes de unos 20 años. Tras seguir mirando su ordenador me puse a cotillear en su correo y vi que se escribía con los que practicaba cybersexo, ya saben correspondencia anónima con contenidos cachondos. En sus emails explicaba como le gustaría ser follada por jovencitos inexpertos e ir explicándoles como hacer las cosas. Se ve que este tipo de cosas la ponían cachonda. Mi polla esta que reventaba así que pensé en aliviarme y buscando un poco mas vi fotos suyas con la cara ocultada en las que les mostraba su cuerpo desnudo, incluso fotos muy subidas de tono en las que se veía claramente su coño abierto introduciéndoos un dedo, ni que decir tiene que fueron las imágenes con las que me masturbé.

Buscando mas encontré que también había fotos de los jóvenes con los que se escribía. Que cachonda la Rosa, pensé yo. Se ve que la falta de novio la hace recurrir a otros recursos. Como vi la ocasión perfecta, decidí enviarle un email desde mi ordenador simulando ser uno de ese jovencitos con los que intercambiaba emails y fotos. La respuesta no tardó en llegar pues esa noche cuando llego a casa se sentó al ordenador y a los pocos minutos llego un email a mi ordenador un mensaje de una tal, “Loba”. En él me contaba como era y que si quería intercambiar emails. Enseguida le respondí diciendo que si. Y nos enviamos un email en el que nos cambiamos una foto desnudos, con la cara ocultada, yo tuve, además, la precaución de retocar los elementos de fondo de la foto para que no pudiera identificar mi cuarto. Cual fue mi sorpresa que en la foto salía su cama en la que vi la ropa con la que terminaba de llegar. Eso significaba que justo ahora estaba desnuda, así que me vestí rápidamente y me dirigí a su cuarto para decirle que ya reparé su ordenador. Cuando toqué a la puerta me dijo que me esperara. A los pocos segundos me abrió cubierta por una bata de noche muy corta que tenía, supongo que fue lo primero que pilló. Le dije que ya estaba reparado su ordenador. Ella me dio las gracias. Cuando fui a cerrar la puerta para irme se me ocurrió decirle, “Joder Rosa, con esa bata pareces una loba”. Su cara se puso blanca por un instante. Yo para disimular le dije que era broma, que no se pusiera tan seria. Entonces recupero la sonrisa y me llamo idiota. Tras esto volví a mi ordenador y me hice una paja monumental con la foto recién enviada por ella.

Nuestros intercambios de fotos y emails continuaron durante un tiempo, hasta que un día le propuse algo fuerte. Le dije si quería que nos intercambiáramos semen y flujo vaginal. Ella acepto encantada, así que fui a correos a reservar un apartado postal para no dar la dirección. Ella por su parte ya disponía de uno. Esa misma noche me hice una paja monumental y me corrí en los calzoncillos, los cuales metí en un sobre y envié a su dirección postal. A los pocos días recibí el preciado regalo. Eran una braguitas tanga que ya conocía y que me ponían a cien. Desprendían un aroma increíble que hacía cobrar vida a mi polla. Enseguida tome unas fotos en las que restregaba mi pene sobre la parte manchada y otras en las que me corría sobre ellas. Se las mandé por email al instante y cosas de la vida, a los pocos minutos recibí unas fotos en las que ella se masturbaba frotando mis calzoncillos corridos sobre su coño. Guarde ese tanga en un lugar seguro donde nadie pudiera verlo. La verdad es que Rosa era una viciosa de cuidado. Ahora mi objetivo estaba mas claro que nunca, tenía que follármela como fuera. El problema era como.

Como medida de excitación hacia ella, cuando no estaban mis padres, comencé a pasearme en bañador cuando ella estaba en la piscina tomando el sol, utilizaba uno que tenía que me venía pequeño, siempre animando antes mi polla con unas cuantas sacudidas antes de salir de la piscina para marcar así mas paquete. Podía ver como ella miraba con disimulo mi bulto, para no ser descubierta. Era evidente pues si le gustaban los jóvenes, también debería sentir algo al verme a mí, como joven que era.

En otra ocasión que estaba ella tomando el sol le dije que se iba a quemar, que llevaba mucho rato expuesta, entonces ella me pidió que le untara bronceador. Como disfrute pasando mis manos por esa espalda. Incluso me atreví a rozar suavemente los laterales intentando tocar algo de sus senos y por supuesto su culo. Debía de encantarle porque no decía nada. Luego se dio la vuelta y me dediqué a frotar ese vientre plano, curtido por el deporte. Ni que decir tiene que acerqué mis manos a sus pechos y el borde de la braga del bikini. Estaba cachondísima, eso me decían sus pezones que desafiaban a romper la tela del bikini. Yo por supuesto que también, pues mi bulto era evidente, y ella lo notó. Esta actividad se repitió en mas de una ocasión. El caso es que la cosa no pasaba de allí hasta que un día sucedió algo inesperado. Rosa metió los calzoncillos que le mande en su cesto de la ropa, por error, y cuando mi madre hizo la colada y luego la recogió, al verlos los dejó en mi cuarto. A ella se la veía nerviosa ese día pues buscaba su trofeo y no lo encontraba. La sorpresa suya fue tremenda al ver a mi madre repartiendo la ropa y dejando en mi cama los calzoncillos, era evidente que mi madre sabía que eran míos, no así Rosa. Yo para forzar la situación no recogía la ropa que dejó mi madre en mi cama y esperé a ver que hacía ella. Esa tarde salí de mi habitación, supuestamente me iba con mis amigos, y al ver que ella entra en mi cuarto la sigo a escondidas y la veo como los toma y se los lleva.

Esa noche recibo un email suyo en el que me cuenta lo sucedido y me pide que le mande otros. Yo le respondí diciendo que le iba a mandar algo mejor. Me casqué una paja monumental con sus fotos y deposité mi corrida en un botecito que le mande a su dirección postal. El día que lo recibió me mandó unas fotos agradeciéndomelo en las que tenía mi corrida en su boca y su coño y jugaba con ella esparciéndola por todo su cuerpo. Así pues le mandé un email en el que le proponía quedar. Ella respondió diciendo que mejor no, que solo le interesaba el cybersexo, que lo demás le parecía muy fuerte. Yo le dije que eso no era fuerte, y le conté una historia inventada sobre mí en la que le relataba que me tiré a mi hermana mayor. Enseguida se despertó su curiosidad y me pidió que le contara mas cosas. Así que le dije todas las tretas que sucedieron hasta que al final supuestamente follamos. Le conté lo de ir en ropa interior por casa, lo de salir casi desnuda de la ducha para ver como reaccionaba,… en fin toda una serie de mentiras para ver si las ponía en práctica conmigo.

La verdad es que dio resultado pues a los pocos días comenzó a pasear en ropa interior por casa, cuando no estaban nuestros padres, evidentemente. Yo como sabía que lo que haría es ver mi reacción me excitaba de sobremanera dejándole ver mi bulto. Otro día me llamó desde la ducha con la excusa de que le acercara una toalla que quedaba lejos de su alcance con la excusa de no salir mojada. Al entrar la cortina de la ducha estaba medio abierta y pude ver su cuerpo. Ella me dijo que no mirara pero yo no hice mucho caso y al darle la toalla retuve unos segundos mi vista sobre su cuerpo. Se me puso dura al instante, y ella lo notó.

Al parecer la cosa funcionaba, ella estaba convencida por los emails que enviaba a mi falso yo contando los progresos de sus acercamientos con su hermano. Entonces le propuse que intentara algo mas fuerte, como pedir a su hermano que le pusiera crema en un supuesto grano del culo. Efectivamente, al día siguiente vino a mi cuarto y me dijo que tenía que pedirme un favor muy importante. Me dijo que le había salido un granito en el cachete y que ella no podía verlo, que por favor le pusiera una crema que le mandó el médico y que ella, debido a la posición del mismo no podía. Así pues yo accedí entre regañadientes para que no pensara que quería hacerlo. Se quito la falda y se tumbó en la cama boca abajo. Yo con solo ver esa braguita que traía me puse mas tieso que un árbol. La polla me reventaba. Entonces me dispuse a ello.

- Rosa no veo ningún grano.

- Si hombre, claro que lo hay busca bien, busca que está cerca del centro.

- Vale, te aparto un poco la braguita para ver si lo veo.

- Tranquilo, que no té de apuro, al fin y al cabo somos hermanos y no hay nada de malo en esto.

¿Nada de malo?. Pensé yo, yo si que té iba a hacer cosas malas, dije para mis adentros. Entre tanta manipulación le rozaba cerca del coño con mis manos, y pude ver como tenía el coño mojadito, así me lo hacía saber una pequeña mancha de flujo que se formo en su braguita.

- Pero Rosa, ten cuidado que té estas meando, dije yo para comprometerla.

- No, no. No se como dices que me estoy meando.

- Pues tienes las bragas manchadas.

- Huy, quizás sea de un descuido, cuando fui al baño antes.

Si, si, un descuido pensé yo. Lo que pasa es que esta está mas caliente que una burra. Finalmente puede ver el supuesto grano. Era una zona rojiza que se provocó ella rascando con la uña. La muy borde lo había hecho cerca de su raja.

- Venga, ya la vi, te aparto un poco más la braguita para llegar mejor.

- Vale, pero ten cuidado no la manches.

- Me parece que va a ser imposible.

- No, no, que son nuevas.

- Pues tu dirás que hacemos.

- Espera, me las quito y en paz, pero tu no te preocupes, que no té de apuro.

- No sé, no sé.

- Tranquilo hombre, siento ponerte en este compromiso pero es que el médico me dijo que no lo demorara.

- Bueno, pues vamos. Abre un poco las piernas, sino no llego.

- Vale, pero no mires donde no debes.

- Vale haré lo que pueda, pero uno no es de piedra.

- Calla marrano, tu piensa en otras cosas, no sé, en praderas, fútbol, bicis, etc…

Así pues comencé a poner cremita y lo que no era cremita, ya que en un descuido suyo, cuando no miraba tome un poco de líquido preseminal de mi polla y se lo puse sobre la zona rascada.

- Parece que casi está. Espera que me incorpore un poco que se me duerme la pierna en esta postura.

Con la excusa de incorporarme hice como que perdía el equilibrio y me dejé caer sobre ella introduciendo un dedo en su mojado coño y pegando mi crecido bulto sobre su culo.

- José, José, que haces.

- Lo siento, es que perdí el equilibrio.

Si, si me dije yo. Pero el caso es que la muy guarra no dijo nada sobre ese dedo mío en su coño.

- Levanta, rápido.

- Voy, voy, espera que es complicado, no tengo donde apoyarme. Mi mano está aprisionada por mi cuerpo.

Mientras me levantaba aproveché para frotar su clítoris con mi mano y apretar mi polla contra su culo. Rosa estaba muy mojada, y ella lo sabía.

- Perdona, perdona, pero es que perdí el equilibrio.

Al levantarse ella vio mi tremendo bulto bajo mis bermudas.

- José, pedazo de guarro, pues no te as empalmado conmigo.

- Hey, hey, para. Ya te dije que uno no es de piedra, además no fui yo el que pidió ayuda.

- Si hombre, pero mira como la tienes.

- Pues anda que tu. Mira como tengo el dedo de tus flujos.

En eso cojo y me chupo el dedo impregnado de sus flujos.

- Pero guarro, que haces.

- Nada limpiar mi dedo. Aunque el problema no es ese. ¿Quién me baja ahora esta empalmada?.

- Ah, eso es problema tuyo.

- Si, problema mío. Fuiste tú la que me lo puso así.

- Pues ya te apañaras.

- ¿Si?. Conque esas tenemos. Pues si no me la bajas tu le diré a los papas que me pediste que te pusiera crema.

- ¿No serás capaz?.

- Pon me a prueba.

Sabía que ella lo deseaba pero no quería forzar la situación. Si hubiera querido me la tiro directamente y seguro que ella hubiera estado encantada, pero el caso es que esa morbosa situación me gustaba.

- Eres un chantajista.

- Pues tú veras que haces.

- Si pero hay cosas que los hermanos no pueden hacer.

- Si, claro, como poner cremita cerca de según que zonas.

- Si, vale, pero no es lo mismo.

- Pues tanto si es como no aquí puedes ver el resultado, Dije yo señalando mi polla.

- Vale, vale. Acepto. Venga sácala.

Y sin mas me saque mi polla hinchada como una morcilla. Ella la tomó como con asco, aunque yo sabía que Rosa estaba disfrutando del momento. Comenzó a agitarla con una mano. Que rápido lo hacía, me iba a correr enseguida.

- Ajj, que asco. Avisa cuando te venga para coger un pañuelo.

- Vale, vale, pero tu sigue si no quieres que diga nada.

- Cerdo. Esta es la última que te paso.

Cuando estaba a punto de correrme no le dije nada y le disparé en la cara, barriga, coño. Todo lo que tenía visible se lo llene de leche. Ella, la muy guarrilla, no hizo nada por evitarlo aunque me dijo de todo.

- Gracias Rosa. Ahora ya puedo ducharme para salir.

- Eso, vete que no quiero saber nada de ti, so cerdo, chantajista.

Rosa se fue a su habitación y yo hice como que me iba a la ducha. Sabía que ella comenzaría a jugar con la corrida que le tiré encima, igual que hizo con la que le mandé por correo postal y me mostró en las fotos. Cuando estaba en ello me acerqué a la puerta y solo de oírla gemir se me puso tiesa. Abrí la puerta de golpe y le dije.

- Aja, lo sabía. ¿Dime quien es ahora el cerdo?. Mírate toda llena de leche y sobándote como una salida.

Ella quedó blanca, sin respuesta. Yo por contra me dije, de hoy no pasa. Me desnudé y acerque mi enhiesta polla a su boca.

- Chupa guarra, sé que lo estás deseando.

- Vale, lo confieso, me pones caliente. Trae esa polla cerdo. Te vas a enterar de esta.

- Por supuesto. Sé que te encanta, no disimules.

- Vale, para que seguir jugando. ¿Quieres sexo?. Pues lo vas a tener. Ya veremos quien puede más.

- Si, ya veremos. Chupa, chupa.

- Aggg, que polla más tiesa chavalín. Ummmm, que gusto.

- Chupa, chupa, que me voy a correr en tu boca. Te voy a llenar de semen. Sé que te gusta. O quien crees que era tu amigo del email.

- Así que eras tu, so cerdo, la verdad es que algo me olía, porque en las fotos me pareció reconocer tu habitación, pero no estaba segura.

- Deja de hablar, que te quiero follar esas tetazas que tienes tan duras. Venga calla y hazme una cubana.

La verdad es que ese lenguaje soez nos ponía a los dos.

- Que tetas, que duras. Mira cerda, mira como se entierra mi polla en ellas.

- Si, lo veo. Muévete, venga muévete y córrete sobre mí de una vez.

- Siiii, siii, me corro.

- Venga dispara en mis tetas y mi boca.

- Agghhh, siiiii, que gusto. Toma leche, toma.

- Siiii, toda para mí. Toda.

La puse perdida de semen. Y ella para variar comenzó a restregárselo por su cuerpo y a jugar con su lengua.

- Toma, zorra. Límpiame la polla con tu lengua.

- Sii, aghh, mira como la chupo. Mira.

- Chupa, chupa. Que se va levantando por momentos.

En eso que la tenía tiesa de nuevo y le digo.

- Mira lo que tienes debajo la cama.

Cuando ella se agacha para mirar le quedo el culo en pompa, así que sin avisar me situó detrás de ella y se la meto golpe en el coño.

- Aghhh, si, que bien, cerdo.

- Toma polla, toma. Dime que lo deseas.

- Si lo estaba deseando. Si empuja, empuja.

Uff, que placer ver rebotar mis huevos sobre su culo y ese ruido a sexo que producía mi polla al entrar en su prieto coño.

- Venga aprieta el coño, apriétalo, que da mas placer.

- Siiiii, me tienes loca, me vas a hacer correr enseguida.

- Siiii, me viene. ¿Dónde la quieres?

- En mi coño, en mi coño.

- Agghh, tomaaaaa, tomaaaaa.

- Siiiiiii, que gusto sentir tus chorros de placer dentro de mi cueva.

Al sacarla le comenzó a chorrear el semen por las piernas, así que lo tomé con mi mano y comencé a metérselo dentro de su coño Que coño mas mojado y chorroso. Jugué con mis dedos, mi corrida, sus flujos y su coño.

- Dámelo a probar, mete tus dedos en mi boca.

-Vale, vale, pero chupa mi polla que todavía chorrea.

- Siiii, que gusto. Como me gusta tu semen.

Tras esa sesión de sexo quedamos los dos exhaustos sobre su cama hasta que al rato nos fuimos a duchar los dos juntos. Yo enjabonaba a ella y ella lo hacía conmigo. De nuevo pude gozar de ese tacto exquisito que tenia su cuerpo y recordarle que ya no tendría que recurrir al cybersexo cuando quisiera un jovenzuelo, ya que en casa tenía uno que le daría todo el sexo que quisiera.

Este relato erótico, nos cuenta la fantasia erotica que tiene una dentista que acaba follando con un paciente mientras que otro hace fotos de la escena. Porno brutal del bueno!

Es un martes cualquiera del mes…transcurre sin mayores incidencias un día normal más de trabajo en mi clínica dental ubicada en una colonia popular de Tegucigalpa, Honduras. Por un instante me cruza la mente un pensamiento involuntario: que últimamente mi vida no ha tenido mucha excitación, mucha aventura, nada digno de ser recordado como sensual o erótico, o al menos como más o menos interesante. Sólo rutina…

En fin, ya son casi las seis de la tarde y las primeras sombras del anochecer cálido caen sobre la ciudad mientras empiezan a apagarse los ruidos de la calle y se dispersan los gritos de los alumnos del colegio frente a mi casa. Por suerte para mi economía personal, durante el día tuve muchos pacientes, algunos de ellos nuevos que vinieron por un presupuesto. Me resta atender sólo a uno más que ya vino anteriormente una sola vez para una corta consulta diagnóstica y del cual no recuerdo demasiado.

El paciente que esperaba, finalmente llega y llama al portón enrejado de mi casa, salgo a recibirlo, veo que no ha venido solo, lo acompaña un amigo al que no conozco. No es una situación anormal; muchas veces mis pacientes vienen acompañados, y algunas veces el acompañante también termina convirtiéndose en mi paciente con el correr del tiempo. Ambos me saludan sobria y educadamente, y mi paciente se disculpa en forma cortés por un ligero retraso en el cumplimiento del horario. Como siempre, la culpa es del tráfico. Entran al parqueo de mi casa, esquivan dificultosamente el carro aparcado, ingresan por la puerta de mi pequeña clínica, invito a mi paciente a sentarse en el sillón dental y él, tras quitarse la chaqueta, se sienta.

Su amigo, en cambio, se acomoda en una silla de mi recepción, con la puerta abierta de mi clínica permitiéndole observar todo lo que ocurrirá allí dentro. también esto es más o menos usual.

Mi paciente está más silencioso que lo poco que recuerdo de él la primera vez que vino. Su amigo tampoco habla. A pesar de las muchas revistas en la mesita de la recepción, sólo mira atentamente hacia la clínica, hacia su amigo y hacia mí. Intercambio entonces con ambos unas pocas palabras formales para “romper el hielo” de la consulta. No me responde ninguno de ellos muy animadamente, siguen amparados en su mutismo y en su seriedad. Empiezo a pensar que son tímidos o introvertidos, que son la clase de personas que consideran desagradable cualquier visita a un dentista y que solamente desean que la revisión o el tratamiento finalicen en forma rápida para marcharse sin tener que “parecer agradables” por medio de alguna buena plática.

Empiezo entonces con el repetido ritual de revisar la boca de mi paciente. Para ello, como es habitual, me siento en una silla giratoria al costado del sillón dental, inclino mi cuerpo sobre él, e inevitablemente -ésto siempre ocurre- mis senos, hoy más evidentes que otras veces debido a que llevo desabrochada la gabacha dejando exhibir mi ajustadísima camisetita blanca sin brassiere, se acercan de manera peligrosa demasiado cerca del apoyabrazos del sillón donde descansa la mano inmóvil del paciente, que no la retira, dejándola allí como esperando algún contacto fortuito con mi seno.

Sé que en algún momento de éste repetido ritual clínico, todos mis pacientes pueden llegar a oler inconfundiblemente mi perfume, a sentir mi respiración silenciosa y hasta a escuchar débilmente el pulso nervioso de mi corazón por estar muy cerca de ellos, casi encima de ellos, al revisarlos. También sé que cuando -como hoy- llevo puesta una camisetita muy escotada, también inevitablemente mis pacientes recorren con su mirada el surco sensual y provocativo de mis senos a la altura de sus ojos. Y también sospecho que, casi siempre, todos ellos deben sentir el involuntario surgimiento de alguna nerviosa excitación erótica debido a mi inevitable cercanía en la intimidad y el silencio de ésta clínica.

En el caso de éste paciente, de repente advierto con algo de sorpresa que él me está mirando sin expresión muy insistente y atentamente. Pero también me sorprende descubrir que no me mira las manos, o mi ropa, o el instrumental. Tampoco me mira a los ojos. Mira sin ningún disimulo ni recato todo mi cuerpo, subiendo y bajando su vista y recorriéndome descaradamente. Me observa fijamente todo el contorno de mí muy bronceada piel expuesta, mira frontalmente mis senos que empujan claramente la fina tela de mi ajustada camisetita que asoma por entre los botones abiertos de mi gabacha de algodón, me observa las notorias turgencias de mis pezones apenas disimulados en la estrechez de la camiseta sin brassiere, me mira también sin disimulo la sombra de mí apenas separada entrepierna suave y bronceada asomando de mi corta y ajustada faldita, mira mis caderas aprisionadas demarcando la tela blanca y semitransparente de la falda… y sigue mirándome.

Me pongo de pie abruptamente algo nerviosa y con la extraña sensación de estar totalmente desnuda por su mirada inquisitiva, insistente e inexpresiva, y lo hago para buscar otros instrumentos lejos del sillón. Le doy la espalda durante unos pocos segundos mientras intento recuperar la calma ante lo manifiestamente sorprendente de la situación. Doy vuelta mi cabeza y miro fugazmente al amigo de mi paciente con la esperanza de que él estuviera leyendo alguna revista y que yo pudiera volver a iniciar con él alguna conversación intrascendente que aflojara la tensión emocional de ese momento. Pero advierto que también él me está observando con detenimiento en silencio desde la muy cercana recepción. También él me recorre impúdicamente con su mirada mi cuerpo de pié a escasos metros de él. Y tampoco deja de mirarme a pesar de que le sostengo la mirada durante unos segundos como para que se dé cuenta de mi molestia. Pero sigue viéndome descaradamente…

Vuelvo entonces, más inquieta y turbada aún que antes, a concentrarme nerviosamente en mi instrumental dándole por un corto instante la espalda a ambos hasta lograr recuperar la calma. Es entonces cuando el paciente, que hasta ese instante se había comportado en forma más o menos normal más allá de su mirada penetrante, se incorpora rápida y violentamente de un salto del sillón dental, se abalanza súbitamente sobre mí -que estaba de espaldas a él- sin decir palabra, me rodea fuertemente con ambos brazos inmovilizándome desde atrás, me cubre la boca y me sujeta fuertemente contra él con una de sus manos para evitar que yo grite y comienza con la otra mano libre desvergonzadamente a toquetear, a sobar y a manosear todo mi cuerpo comprimido contra el suyo, invadiéndome eróticamente con su mano sudorosa la tersa piel de mi cuello, mis hombros desnudos, mi pecho, mis senos demasiado palpables, libres y evidentes bajo la camiseta sin sujetador, mis caderas, mis nalgas, mis muslos demasiado visibles para ésta faldita hoy lamentablemente tan corta….. mientras yo siento de repente que no puedo moverme, que me abandonan las fuerzas y se congela toda voluntad y toda resistencia paralizada por la sorpresa y el miedo.

Logro ver esforzadamente la imagen del amigo de mi paciente, que prosigue sentado mirándome pero ahora se le asoma una sonrisa cruel y despiadada en el rostro. Saca de su mochila una cámara fotográfica y comienza a prepararla sin dejar de mirarme ahora en clara actitud morbosa y de oscura complicidad con lo que me está haciendo mi paciente. Mientras mi paciente me retiene con fuerza salvaje, el amigo deja la cámara sobre la silla de la recepción de mi clínica y se incorpora sin apuro, camina lentamente hacia nosotros, y también él frente a mí extiende ambas manos y me toquetea invasivamente todo el cuerpo con fruición y deleite, exhibiendo su torva mirada, primero muy lentamente y luego con desesperada dedicación. Me recorre y aprieta con total impunidad y libertad mis senos y mis caderas, mete sus dos manos violentamente bajo mi falda e invade inescrupulosamente mis muslos y mi intimidad más oculta con sus toqueteos mientras sigo inmovilizada.

Simultáneamente, casi al mismo tiempo de que el intenso manoseo a que tanto mi paciente como su amigo frente a mí sometieron todo mi cuerpo, mi paciente completa su propia excitación perceptible como un bulto duro, casi una inmensa piedra genital a la altura de mis nalgas, y sin dejar pasar ni diez segundos de tiempo, comienza a desgarrarme brutalmente la ajustada camisetita blanca -ayudado por la urgencia salvaje que muestra su amigo- dejando totalmente expuestos mis firmes senos desnudos a los que ambos aprietan y retuercen sin misericordia provocándome un intenso dolor; casi inmediatamente, mientras su amigo me retiene mis brazos, mi paciente mete torpemente desde atrás mío su mano libre entre mis piernas apretadas por debajo de mi minifalda, llega esforzadamente con sus dedos hasta mi entrepierna y entre ambos me arrancan hacia abajo la minúscula tanguita deslizándola brutalmente por mis piernas para luego explorar y hundir sus dedos por la delicada piel de los pliegues suavemente perfumados de mi vulva apenas rodeada de vello sedoso, hasta hacerme emitir un casi mudo grito de dolor mezclado con sorpresa y algo de placer que me sorprende a mí misma.

A partir de éste momento de total invasión de mi desnudez forzada, los dejo hacer sin oponer ya mayor resistencia.

El paciente, enardecido, casi fuera de sí, con su respiración jadeante y entrecortada, y sumamente excitado, me arroja sobre el sillón dental sin preocuparse más por cubrirme la boca durante un breve lapso porque su amigo se abalanza sobre mí desde la cabecera del sillón para volver a cubrirme la boca con una de sus manos, mientras con la otra me toma muy fuertemente de mis brazos y me los levanta hacia atrás y hacia arriba como si me colgara, y mientras mi paciente levanta bruscamente y sin cortesía mi corta faldita desgarrada exhibiendo ante él mi sexo desprotegido, me abre mis piernas ya flexionadas mientras se baja su pantalón y se acuesta pesadamente sobre mí; mientras sin descanso toca, manosea y aprieta torpemente mis senos que ya exhiben una notoria y vergonzante erección de los endurecidos pezones…Ya no me rebelo, no puedo, creo que no quiero, me siento flotando en una nube espesa y placentera, totalmente mareada, lo dejo hacer mientras un manto de extraño e inesperado disfrute sensual mezclado con miedo y erotismo me invade toda la piel del cuerpo.

Logro ver como en un territorio neblinoso y sordo la figura cercana del amigo de mi paciente que, sin dejar de cubrir mi boca con una de sus manos, se acerca por el costado del sillón dental donde yo permanezco inmóvil y en casi total desnudez ante ellos. También él pasa su otra mano por mis senos, los toca, los soba, los aprieta, los retuerce con fuerza, inclina su cabeza sobre mi pecho y me mordisquea salvajemente los pezones, se incorpora, recoge la cámara y comienza a tomar fotos de la escena.

El paciente entonces, acostado sobre mi cuerpo inmovilizado me besa torpemente los labios, me los muerde, pasa su lengua por mis senos y muerde también mis pezones sin ninguna suavidad, toca repetidamente y manosea en un ir y venir de su mano mis muslos y mi entrepierna desnuda ya casi irritada, luego toma con una mano su propio miembro ya totalmente rígido, y sin más preámbulos ni preparativos empuja violentamente con sus caderas sobre mí, y me lo introduce brutalmente en mi vagina apenas humedecida resoplando audiblemente con su boca entreabierta sobre mi cuello y mis oídos mientras escucho como en un sueño lejano las risotadas de su amigo y creo percibir los destellos fugaces del flash de la cámara fotográfica apuntándome

Este relato erotico nos cuenta como un chico le prepara una sorpresa a su novia para hacer que un viaje en taxi se convierta en la realización de una de las fantasías sexuales de ambos. La sorpresa se hace doble cuando la chica se da cuenta que su novio estaba compinchado con el taxista hasta el punto de que éste llega a participar en el juego.

Soy un chico de 26 años alto y de pelo corto y castaño, ojos marrón oscuro, de complexión atlética y dicen las chicas que guapo de cara. Mi novia tiene 24 años, mide 1,65 tiene el pelo muy largo y negro, ojos negros, grandes y profundos y unos juguetones labios que suele pintar de un rojo muy llamativo y, como toda su preciosa boquita, sabe usar más que bien. Sus pechos son medianos, con unos pezones verdaderamente duros cuando se excita. Tiene las piernas bien torneadas y un culito precioso y respingón que no pocas veces es el protagonista de nuestros encuentros sexuales.

La historia que voy a compartir con vosotros ocurrió el verano pasado en Valencia, ciudad donde fuimos a vacacionar por dos semanas a un pisito que un familiar mío nos dejó. Somos muy activos en la cama y nos gusta fantasear con diferentes prácticas sexuales, y siempre hemos tenido la intención de realizarlas; el caso es que yo deseaba darle a mi chica una sorpresa que no pudiera olvidar y la amistad con un amigo taxista, fuerte, algo menos alto que yo, moreno y de pelo negro, me permitió fabricar dicha sorpresa.

Tras una cena romántica y con una noche preciosa, cálida y estrellada en la capital del Mediterráneo, cogimos un taxi para volver al piso en lo que prometía ser una noche memorable, pero ella no sabía que lo sería por lo que pasaría en el taxi y no en el piso. Tras montar en el taxi y decir la dirección a mi secreto amigo empecé a besar el cuello de mi novia Sonia, a enredar mis dedos en sus cabellos, algo que le encanta, y puse su mano en mi paquete para que notara mi erección.

Ella, que es bastante atrevida, lejos de cortarse empezó a sobarme por encima del pantalón mientras mi mano se deslizaba por debajo de su corta falda, sin encontrar oposición hasta que las yemas de mis dedos tocaron sus braguitas de encaje negro. Notaba como Sonia miraba de reojo al retrovisor central del coche para comprobar que no nos miraba el conductor, cuando ni corta ni perezosa abrió mi cremallera e introdujo su mano en la apertura de mi ropa interior, agarrando mi miembro con fuerza y moviéndolo a un lado y a otro, arriba y abajo. Acercó su boquita a mi oreja y me dijo: “Quiero que te corras en mi mano en este taxi” y luego metió su ensalivada lengua en mi oreja. Todo iba a pedir de boca, el morbo que a ambos siempre nos ha producido hacerlo en sitios arriesgados funcionaba a favor de mi plan. Lo que ella no esperaba es que yo respondiera a su provocación desabotonando su vaporosa blusa y bajando mi cabeza hasta que mi lengua repasara su pezón derecho, en círculos, metiéndolo en mi boca, succionándolo, mordiéndolo suavemente; Ella empezó a gemir, pues nunca ha soportado el placer que le produce esa caricia y en eso aproveché para mover su braguita-tanga e introducir mi dedo índice en su rajita ansiosa, ambas cosas hicieron que de la boca se Sonia se escapara un furtivo gemidito que sin duda fue escuchado por mi cómplice, el taxista.

Susurré a los oídos de Sonia, mientras mi dedo salía y entraba en ella con suavidad que se pegara a la puerta del coche justo detrás del conductor, a razón de “ocultar no de él”: Así lo hicimos, yo ladee su ligero cuerpo, levanté un poco su pierna derecha y agarrando mi pene empecé a pasar mi glande ardiente entre los labios de su vagina. Sonia cerraba los ojos, jadeaba, intentaba no hacer ruido, pero no pudo evitar soltar un estruendoso “Oooohhh” cuando sintió toda mi virilidad meterse profundamente en su sexo. Me miró con ojos acusadores, como reprochándome que llegara tan lejos, pero cuando mis manos se agarraron a sus pechos ya al descubierto y mi lengua entró en su boca, su acusación pareció convertirse en sumisión, me mordió fuertemente los labios como para castigar mi osadía. Susurré: “Tranquila Sonia, no nos puede ver” y ella me contestó: “..Ooh,..pero…pero yo..oohh ..no aguantarééé…oohh umm..gritaréé” mientras mi pene empezaba a profundizar en su estrecho coñito, y llevé dos dedos para masajear su clítoris lo que acabó de rendir toda resistencia que ella hubiera querido oponerme.

Mi plan, el de mi amigo y mío, era que cuando ella empezara a gemir, él nos propondría que nos quedáramos solos en el coche por un módico precio y mi respuesta a lo que para Sonia sería esa surrealista proposición, sería que preferíamos que se quedara con nosotros. Pero mi amigo Luis, que sin duda no se había perdido detalle disimuladamente, no aguantó más, paró el coche en una apartada y oscura avenida de las afueras de la ciudad y volviéndose nos dijo: . Sin dejar de penetrar a Sonia, me moví hasta el centro del coche y agarré los brazos de mi novia con un brazo y con el otro la sujetaba por la cintura para que mi pene siguiera dentro de ella. Sonia gritaba e intentaba desasirse de mi, mientras yo la susurraba. La rapidez con la que Luis actuó fue clave para que todo saliera bien en el momento más crítico de la noche: Cuando Sonia se diera cuenta de que iba a ser follada por dos hombres. Luis separó las piernas de Sonia con fuerza y empezó a lamer con avidez todo su chochito, del cual yo volví a entrar y salir rítmicamente:

- ¿Pero qué haces? ¡¡¡Estás loco!! – gritaba Sonia.

- Tranquila preciosa -le decía mientras seguía bombeando. – Todo está controlado, ¿no lo ves? Tú deseas esto igual que yo, ¿acaso no te gusta mi polla dentro de ti?¿O su lengua en tu coñito? Ríndete a las sensaciones que tu cuerpo te transmite ¡¡déjate ir!! ¡¡déjate llevar!!.

- Eres un cabrón – me reprochó, y al intentar arañarme los muslos se encontró con la cabeza de Luis y su boca que la había ensalivado enteramente toda su zona genital.

Agarré sus pechos con firmeza pero con dulzura, empecé a morder su cuello, y noté de pronto las manos de Luis en sus tetitas, con lo que yo usé las mías para agarrarla por la cintura y levantarla y bajarla, para que cabalgara sobre mi polla erecta que la penetraba sin tregua, las caricias combinadas empezaron a hacer su efecto y Sonia dejó de estar tan rígida, empezó a gemir y a respirar pesadamente, y cuando me di cuenta sus manos acariciaban los cabellos de Luis y le imponían el ritmo al que ella quería ser lamida y devorada. Luis se levantó y con su polla asomada a sus pantalones ya bajados se echó levemente sobre Sonia, acabó de subir del todo su faldita hasta la cintura y desabrochar su blusa por completo, los pezones que tantas veces he sentido endurecer en mi boca estaban ahora turnándose en la boca de Luis, los gemidos de los tres llenaban el coche, pero por encima de todos los de Sonia amenazaban con ser escuchados en la solitaria calle si alguien pasara por allí.

Sonia ahora sentía mi polla llegar hasta lo más hondo de su intimidad, la penetración era más violenta cada vez y más profunda, la polla de Luis, tiesa hasta el límite frotaba los labios mayores y menores del sexo de mi novia y su clítoris erecto, llevándola a un éxtasis compartido del que no sabía salir, del que no quería salir. Todo estaba saliendo a pedir de boca, sólo quedaba el postre. Con suavidad me salí de ella y ensalivando mi pene y su culito con dos dedos que habían explorado la boquita de mi novia, la levanté ligeramente para agarrar mi herramienta y dirigirla a su más estrecho agujerito. Luis que se dió cuenta de ello, sacó un preservativo como un relámpago y pertrechándose con él se dispuso a penetrarla, así lo hizo, de golpe, en un coñito ya dilatado y que se estremeció de placer al sentirse repleto de nuevo, pero por una polla diferente a la anterior. Yo empujaba mi glande contra su culito y la dejaba caer para que el peso hiciera el resto, poco a poco el recto de Sonia quedó tan repleto o más como su coñito, mientras ella gritaba de gusto como nunca lo había hecho, hasta que la lengua de Luis se enredó en la suya, aunque sin acallar los gritos del todo.

Luis y yo empezamos a follarla doblemente, entrando y saliendo sin piedad ni cuidado ya que estaba tan excitada que otro hombre hubiera cabido en su boca, la doble penetración rompió todas sus inhibiciones, empezó a insultara nosotros y a ella misma, nos llamaba perros, cabrones y se autodenominaba zorra: ¡¡Haced que me corra cabrones!! – ¡¡Folladme, folladmeee!!. De repente se calló un segundo, inspiró profundamente y estalló en gritos y movimientos compulsivos en el orgasmo más brutal que yo le haya visto, Luis no lo pudo resistir y se corrió con la polla enterrada hasta el fondo en mi novia y por último yo, sin condón llené de semen caliente sus entrañas, semen que al poco caía por mi polla abajo y rebosaba de su dilatado pero apretadito culo.

Luego vinieron las confesiones, las presentaciones mutuas de Luis y Sonia y el epílogo que los tres nos dimos en el piso, tras el episodio del taxi, pero eso es otra historia que si queréis no me importará contaros, si es que os ha gustado el secreto que he compartido con tod@s vosotr@s. Un beso y/o abrazo. Hasta pronto.

Este relato erotico nos cuenta la fantasía sexual de una pareja, que se calientan con solo mirarse. Aunque no sera algo tan simple ya que el hombre le tiene preparada una sorpresa a la zorra, y es otra polla para chupar, creo que se tirara un buen rato tragando leche.

Llegas de un viaje a Madrid y voy a buscarte en el coche y te recojo. Mientras volvemos a Alcalá, nos vamos echando miradas en el coche en las que nos desnudamos mutuamente. Al cambiar de marcha te acaricio la pierna y voy deslizando mi mano hacia arriba. Empiezas a sentir el calor en tu entrepierna y me devuelves la caricia. Y te digo que por favor te esperes a que lleguemos al hotel para así poder follarte a gusto. Piso el acelerador y en menos de cuarto de hora estamos allí. Salimos del coche y en el mismo aparcamiento empezamos a meternos mano. Pero no te dejo seguir porque quiero darte una noche que no olvidaras nunca. Entonces subimos a la habitación y te encuentras toda ella llena de rosas, una botella de champán, un bote de nata, unas esposas y un pañuelo negro.

Piensas que para que usare todas esas cosas pero no te dejo seguir pensando. Te llevo a la cama, te tiro a ella, te arranco la ropa y te ato con las esposas de pies y manos a la cama. Después de eso te pongo el pañuelo y hago que no veas nada. Aun hay una sorpresa que no has visto dentro del armario. Llego al armario y saco una cosa que tú no esperabas que estuviera ahí. Cojo la nata, y empiezo a echarte por encima de los pechos, por la tripa por la pelvis, por tus piernas y finalmente por tu coñito. Cuando acabo de echarte nata, empiezas a sentir una lengua por tus pechos. Y empiezas a gozar pero pronto descubres cual es esa sorpresa de la que no sabias nada. Comienzas a sentir otra lengua en tus pies. Estas flipando. Me dices que que coño pasa y te digo que es una sorpresa que te tenia guardada. Así que empiezas a relajarte y a disfrutar del momento.

Tienes una lengua en tus pezones y otra en tus piernas, mientras una sube la otra baja y parece que las dos se están juntando en un sitio en el que te mueres por sentir algo. Poco a poco empiezas a sentir que no hay nada de nata ya en tu cuerpo y que tu coñito esta chorreando. Al fin empiezas a gritar pidiendo que algo entre ya en tu coñito. Así que nuestro invitado quiere complacerte pero yo no le dejo. Aun no. Quiero que sufras un poquito más y hacerte estar lo mas caliente que puedas. Seguimos comiéndote enterita sin llegar nunca a tu conejito.

Ya no puedes mas y nos suplicas así que llega el momento de ponernos a jugar en serio. Te quitamos el pañuelo y descubres que el otro chico es Andrés. Nos miras a las poyas y ves que los dos tenemos unos buenos poyones. Así que mientras el te come el coño yo me echo un poquito de nata en mi capullo y empiezo a acercártelo a la boca y tu no dudas en empezar a comértelo.

Mientras me la estas comiendo Andrés cree que ya es suficiente de andar jugando así que se sitúa entre tus piernas, se las pone a los hombros y empieza a meterte la poya despacito. Pero tu no quieres eso, tu lo que quieres es que te follen salvajemente así que a voz en grito le dices que acelere, que ya no puedes mas y que te tienes que correr ya porque si no revientas. Entonces Andrés empieza a follarte más y más rápido mientras yo por mi parte te follo la boca y te voy acariciando los pechos.

Ya no aguantas más y te corres salvajemente. A la vez Andrés, al notar tus fluidos tampoco aguanta y estalla llenándote el coño de lechecita. Al veros en un éxtasis de orgasmos yo no quiero ser menos y empiezo a correrme en tu boquita y a darte esa lechecita tan rica que tanto te gusta. Como estamos tan cansados todos, nos echamos en la cama y nos ponemos a hablar de esta experiencia. Mientras lo hacemos, tu no dejas de meternos mano y de acariciarnos nuestras poyas hasta que se ponen muy duras. Cuando esto ocurre volvemos a la acción y comenzamos a comerte el coño los dos. Nos repartimos todo para poder comernos todos tus agujeritos.

Cuando no puedes aguantar más, me tiras a la cama y te subes en mi poya y empiezas a cabalgar. Empiezas a botar de unas formas increíbles. Andrés es ahora el que quiere correrse en tu boquita así que te pone la poya cerca de ella para que te la comas y la saborees bien. Mientras estas botando, le vas comiendo la poya a Andrés y empiezas a sentir calor, mucho calor y piensas que nunca habías tenido una sensación así. Notas que pronto te vas a correr y aceleras el ritmo al igual que sientes que Andrés se va a correr también. Le empiezas a comer la poya más y más rápido hasta que de pronto, mmmm… ese sabor vuelve a estar en tu boquita y estallas en un orgasmo increíble. Yo al notar tus fluiditos chocando con mi poya, no aguanto mas y me corro y empiezo a soltar mi lechecita en tu coñito dejándotelo lleno de leche

Relato erotico de  un madurito de 50 casado en su primera cita con una zorra que conoce por la red.  Su primer encuentro si que es sexo brutal y apasionado.

Tengo 50 años, estoy casado y sin grandes problemas en mi relación y jamás pensé poder tener la experiencia que os voy a relatar. Hace un año, completamente aburrido en la oficina durante el tórrido mes de agosto madrileño, se me ocurrió entrar en Internet (instrumento habitual de mi trabajo) pero con el fin de pasar un rato y entretener la mañana. En una sala de chat conocí a una joven sudamericana y de una manera natural iniciamos una conversación que manteníamos casi diariamente. Con el tiempo fuimos adquiriendo una confianza mutua hasta el punto de comentar nuestros problemas personales y llegamos a hablar de sexo. Hablamos de los que más nos gustaba a la hora de tener sexo y que conoceréis vosotros también si seguís leyendo.

Como un juego acordamos un día tener un encuentro en una sala privada, planteando una situación virtual que a ambos nos apetecía. Mi planteamiento inicial consistía en que los dos estábamos vestidos de fiesta. Yo con smoking y ella con un vestido de raso de los que únicamente se sujetan con unos finos tirantes sobre los hombros. Con una música apropiada empezamos a bailar juntando nuestros cuerpos. Yo olía su perfume y notaba sus pechos aplastándose contra el mío, mientras mi mano enlazaba su desnuda cintura sintiendo la suavidad de su piel morena. Sus pezones duros marcaban el vestido, cuya tela era muy fina y eso me ponía aún mas excitado. Al poco y con la excitación de los cuerpos juntos mis labios buscaron los suyos y nuestras lenguas se entrelazaron. Nos dimos un beso caliente, largo… su lengua jugaba con la mía mientras sus manos buscaban mi cuerpo. Mis manos en sus nalgas las apretaban con fuerza hacia mi polla que empezó a endurecerse con el roce de ese cuerpo y el olor que desprendía.

Después mis labios descendieron por su cuello, lo que la hizo estremecer y excitar “estoy muy excitada, mira como mis pezones marcan el vestido, me siento húmeda mmmmm”. Mis dedos apartaron los tirantes de sus hombros y el vestido cayó al suelo, dejándola delante de mí, solo con un pequeño tanga de color azul que ocultaba su deseado coñito. Su piel morena se mostró en todo su esplendor. Sus pezones duros y oscuros atraían mi boca y comencé a chuparlos mientras apretaba sus pechos, tersos y firmes. No conseguía parar de comerlos, lamerlos, morderlos. Mientras mis dientes jugaban con uno de los pezones, mi mano apretaba el otro. Su respiración empezó a agitarse mientras sus manos apretaban mi cabeza suavemente hacía abajo indicándome el camino que deseaba que recorriera. Ella quería verme comiendo su coñito.

Mi lengua atravesó su vientre, plano como solo se tiene cuando no se ha alcanzado la treintena, y se enfrentó al pequeño tanga que impedía su paso. El olor de su sexo me llenó mientras empecé a mordisquear suavemente sus labios, al mismo tiempo que un gemido de placer quedaba ahogado en su garganta. Tiré del tanguita y por fin mi lengua pudo penetrar directamente a su clítoris que comí con ansiedad mientras ella estrecha mi cabeza contra su sexo.

- Cómeme el coño entero, chúpamelo así, aaahhhh sigue… sigue…hummmm mete tu lengua hasta dentro.

Yo sigo comiéndolo y veo como se mueve. Su cuerpo estaba sintiendo el mayor placer que haya sentido nunca. Entonces, mientras le chupo su clítoris, le meto mi dedo en su coño y siento todos sus jugos cayendo por mis manos. Los lamo todos, pues no quiero perder ni una gota de esa maravilla. El sabor de su flujo, su olor y su intenso deseo de placer me excitan de tal forma que mi polla no resiste mas retención y me desnudo, mostrándola tiesa, dura y humedecida por la excitación. Mientras ella se ha sentado en la cama y cuando me acerco toma mi polla entre sus manos y empieza a masturbarme, noto su aliento en mi capullo. Su mirada lasciva se clava en mis ojos reflejando su deseo y el de hacerme desear sus caricias.

- Cómete mi polla, quiero notar tus labios subiendo y bajando por ella, quiero ver tu lengua lamiendo mi capullo.

Pero ella sigue masturbándome con sus labios cerca haciéndome desear el momento en que mi polla se hunda en su boca… estoy excitadísimo. Ella comienza a acariciar mis huevos y sujetando mi polla pasa su lengua de abajo arriba, como si chupara un helado. Juega con mis huevos, los ponen enteros en su boca… Pero quiero toda mi polla en su boca, hundida en su boca. Al fin su boca se traga toda mi polla, que gusto tan intenso. Sigue masturbándome mientras chupa y lame mi polla por todas partes y yo estoy a punto de explotar, pero…la retiro de mí. No quiero terminar todavía. Quiero volver a sentir ese placer tan intenso.

- Ahora quiero que comas mi coñito hasta hacer que me corra – me pide ansiosa y deseando volver a sentir mi lengua en su coñito.

Se abre completamente de piernas y ella misma entreabre sus labios dejando ver ese interior rosado, apetitoso y húmedo donde mis labios y mi lengua empiezan a moverse con suavidad mientras introduzco mis dedos nuevamente en su coño. En unos segundos su cuerpo empieza a vibrar y su garganta a gemir de placer. Ahora mis manos ascienden por su cuerpo hasta alcanzar sus pechos y esos pezones tan duros que pellizco arrancando nuevos gemidos que mezclan el placer y el dolor…Miro su rostro… sus ojos cerrados y su boca entreabierta expresan claramente el placer que esta sintiendo lo que hace que mi excitación suba al máximo.

Sus gemidos aumentan y su cuerpo se mueve cada vez más rápido mientras mi lengua sigue acariciando su clítoris que se nota hinchado de tanta excitación. Entre gemidos me grita:

- Sigue, sigue… aaahhh!!! No puedo más, no puedo más.

Entonces un espasmo recorre su cuerpo y un gemido largo y prolongado sale de su garganta como muestra de todo el placer que siente, mientras el sabor y la humedad de su coño aumentan intensamente. Su gemido se repite una y otra vez disminuyendo poco a poco en intensidad hasta terminar relajada y casi exhausta.

- Pon tu polla entre mis pechos… quiero sentirla ahí, dura y caliente.

En cuando se la pongo toma sus pechos y empieza a masturbarme con ellos mientras yo sigo ese ritmo cada vez más rápido. El calor de sus pechos y la suavidad de su piel moviéndose sobre mi polla, su mirada lasciva en mis ojos hacen que mi placer aumente de forma cada vez más intensa. Ya no puedo mas y un chorro de mi leche caliente salta con fuerza desde mi polla hasta su cara. Verla tragando mi leche me dejaba cada vez mas excitado, ella me sigue masturbando hasta agotar mi leche que reparte por sus pechos y su vientre restregando mi polla sobre su piel suave y húmeda de sudor y placer.

Me dejo caer a su lado y los dos permanecemos juntos hasta que nuestra respiración se normaliza y podemos volver a enlazar nuestras lenguas en un beso suave y largo… Sin prisas.

Relato erotico que cuenta una mujer sobre su amance en la red. Las cosas tan guarras que se pueden escribir y lo que nos gusta al resto leer. Que disfruteis este relato porno

Hola amor:
No se todavía cual va a ser tu próximo mensaje. Pero lo que si sé es que estoy esperándolo con mucha ansiedad. Tengo ganas de ti hoy día no te imaginas como. Me puse a jugar un poco con Internet y buscaba a alguien que se te pareciera. Quería que sea una sorpresa lo que iba a hacer pero en ese momento no pude aguantar más. Entré a un portal en el que hombres y mujeres buscaban compañía. Empecé a ojear una que otra foto y no te imaginas lo que encontré… “Tu foto”. Estabas ahí!!! Mi adorado estaba en un portal de Internet. Y… desnudo!!! Que hermoso eras para mí. Empecé a indagar más respecto del portal y pude ver como se mandaban las fotos y se hacían los contactos. Así que me animé. Fui a un estudio fotográfico que conocía (una amiga lo atiende) y le dije que quería tomarme una foto como Dios me trajo al mundo. Pose una, dos, tres y muchas veces (hasta sospeché que mi amiga la fotógrafa se quería pasar de lista) pero cuando todo acabó ya tenía la foto elegida y todos los negativos de mi atrevida aventura. Regresé a casa y escanee la mejor estaba yo echada en una cama de la tienda y me hice un retoque con unas maripositas que encontré en el software. Estaba toda yo. Volví al portal y busque nuevamente a mi amado desnudo. Me inscribí en el y decidí escribirte: Hola, te dije, veo que la foto que te pedí la pusiste en un portal. Estas bello desnudo y mi muñeco parece un emperador en su trono. Todo erecto él. Cual un señor. Yo quiero ofrecerte algo que ahora aquel emperador se transforme y se deleite… mi foto!!!. Y te envíe aquella que con tanta dedicación retoqué para ti. Esperaba tu respuesta en cualquier momento por lo que me quedé en la máquina en total éxtasis y desesperación. Pasaron unos minutos y llegó la tan ansiada respuesta.

Que hermosa eres… Me dijiste. Tienes un cuerpo tan deseable que me gustaría tenerte a mi lado en este momento. Ven a mi amada mía!!!. Y yo me metí en la pantalla. Pasé por un sinfín de portales buscando el que te acogía. Pasaron segundos que me resultaron eternos. Pero, así es la tecnología, llegué por fin… y te vi. Me preguntaste si querías apagar la máquina para que nadie pudiera vernos. Yo dije que no!!!! Que al fin era solo un portal y que erramos solo imágenes que no iban a hacer daño a nadie. Ingresamos al sitio cama.com, era bella. Grande, acogedora, ventilada, llena de flores y en uno de los ramos encontré una tarjeta que me decía: “Bienvenida amada Maria Jesús. Ahora sí estamos juntos.” Tiernamente me abrazaste, me besaste y me alzaste llevándome a la cama. Yo estaba feliz!!!! Tenía a mi Daniel desnudo en sus brazos y sus manos me acariciaban toda mientras me extasiaba con sus besos. Mis labios estaban que gozaban con los suyos. Su lengua parecía un remolino de deseos que se introducía profundamente en mi. Sus dedos de la mano derecha empezaron a jugar con la Cuchi y con el potito que tanto deseaban sentir ese deleite. Me echaste en la cama con dulzura. Yo te pedí que te pararas un momento frente a mi. Quería deleitarme con tu imagen. Conocerte todo!!! Te di vueltas. Te acaricié todo. Sólo veía tu carita como cuando estabas en mis sueños. Llena de gozo y en espera del momento tan deseado por ambos. Tomé tu carita y la coloque en mis senos como invitándote a beber. Tu te deshiciste en halagos y besos y caricias con ellos. Mientras que tus manos no dejaban de trabajar. Una me acariciaba el rostro con total delicadeza, mientras que la otra empezó el juego añorado con su chuchi. Un dedito, dos deditos. Sentí ambos dentro de mí mientras que la Cuchi respondía con ardiente candor y rebalsaba sus juguitos. Tu mano ya estaba llena de ellos cuando te decidiste e introdujiste un dedo y luego otro en mi potito. Luego sentí tres (índice, anular, medio) que jugaban con mi potito y el pulgar que lo hacía con la lengüita de la Cuchi (clítoris). Suavemente, con ternura hacías rotar ese dedo y me llenabas de deseo y placer.

Sentí tus labios besar mi senos y bajar con su lengüita por mi vientre hasta llegar al lugar del dedo juguetón y reemplazarlo. Ahora era tu lengüita la que jugaba. Se introducía y salía constantemente. Llegó un momento en que se introdujo y se alzó dentro tocando un pliegue rugoso en el canal superior interno que me llenó de placer… era una lengua traviesa y larga… Mis jugos empezaron a salir a borbotones y veía como los tomabas todos con deleite e inmenso placer. Algo de ese jugo resbaló hacia mi potito lubricándolo aún más de lo que estaba. Esa lengüita loca no se hizo esperar, o ya lo tenía planificado, y se dirigió a él. Primero sentí una mordidita en mis nalgas, luego unos besos que absorbían y marcaban mi piel hasta que por fin sentí penetrar tu lengüita en mi potito. Al igual que la cuchi, una y otra vez… y otra… y ya no podía más y solté un orgasmo maravilloso. Fuiste rápido para no perder esos jugos y te los tomaste todos. Mientras tanto el muñeco no hacía más que crecer y engrosar. Estaba hermoso como su dueño!!! Mis dedos jugaban con el y se deleitaban también con sus bolitas. Me moví un poquito para no perjudicar a mi amado dejándolo que gozara con sus huequitos adorados mientras que yo, con lentitud y delicadeza, dirigía mis labios ante aquél magnifico emperador. Al principio fue sólo la lengüita la que se deleitó. La pasé por todo su cuerpo cilíndrico e inmenso. Toque su glande y el orificio chupándolo y saboreándolo con placer. Introduje mi lengua en ese agujerito pequeño que tiene el glande y empecé a darle vueltas. Sentí tu placer. Mi muñeco estaba ya por explotar. No lo permití. No quería todavía. Empecé a acariciar y besar a mis bolitas ricas mientras que mis manos jugaban con la punta del muñeco. Bajé un poco más y bese tu potito así como tu hiciste con el mío. Goce total!! Estuviste excitado al máximo. Ahí fue donde me percaté de que tenía uñas largas y de que no podía tocar tu potito sin dañarte (quise enseñarte lo que la medicina dice a gritos… el masaje anal en el varón produce un masaje prostático que lo deleita inmensamente!! pero las uñas me lo impidieron… pensé: “a la próxima me corto las uñas”).

Mientras tanto nuestros cuerpos jugaban y se deleitaban en un sinfin de placeres y jugos de ambos. No pudiste más y me miraste a los ojos como diciéndome: “Ven amada mía, seamos uno”. Te echaste sobre mi besándome locamente e introduciendo aquel hermoso miembro viril, mi muñeco, profundamente dentro de mi. El primer movimiento llevó a un segundo y este a miles y miles que parecían uno… el goce fue infinito. Un beso, un suspiro, un grito… y el olvido supremo de la vida. Fueron muchas las veces que hicimos el amor ese día hasta que nos dimos cuenta que estabamos en línea y que todo el mundo nos estaba viendo!!! Bueno, dijimos. Un amor así no debe ser oculto. Algo aprenderán de todo esto!! Y nos empezamos a reír… y besarnos mucho. Cada uno salió por distinta pantalla. Yo en la cabina privada y tu en tu trabajo. Pero, Oh! casualidad, cuando abrimos nuestros correos estaban llenos de mensajes de “pcvidentes” que nos felicitaban y preguntaban si era real lo que vieron o un montaje.

Os dejo un interesante y descriptivo relato erotico, sobre un hombre que le encanta el sexo anal y el porno brutal.

Estaba yo casado con mi primera esposa, con quien tenía sexo anal cada tanto; a ella le gustaba, no mucho, apenas lo suficiente para concedérmelo como un regalo especial en ciertas ocasiones. Decía que le dolía mucho, que mi miembro era demasiado grande para esas prácticas y si bien ella alcanzaba buenos orgasmos cuando lo hacíamos, por lo general los juegos previos eran muy fugaces, cortos ya que no me lo permitía. Ella (la llamaré Viviana, no es su nombre real pero deseo preservar su identidad ya que todo el relato es verídico) prefería que iniciara rápidamente la penetración y finalizar cuanto antes. Una vez que había alcanzado Viviana su orgasmo (mediante mi estimulación manual de su clítoris) me pedía textualmente “sacámela del culo, me duele mucho” con lo cual se perdía, antes y después, gran parte del placer anal. De modo que abadaba yo, permanentemente, a la búsqueda de una amante con quien poder practicar mi sexo favorito, el sexo anal, con todos los juegos previos y con toda la pasíon que ello lleva implícito. Viviana tiene una prima, a quien llamaré también con el nombre de fantasía Stella ,para preservar su identidad por las mismas razones anteriores, quien nos visitaba periódicamente, por vivir cerca de nuestra casa. Stella estaba casada y tenía dos hijos (una nena de 10 años y un nene de 7), tenía en ese entonces 35 años, si bien su apariencia aniñada y juvenil la hacían aparecer como una adolescente. Su marido era empresario y viajaba constantemente. Stella no estaba feliz con su matrimonio, criticaba públicamente a su marido y no desperdiciaba oportunidad de decirnos, a Viviana y a mí, que no era sexualmente feliz con él. Cada vez que Stella venía a cenar a nuestra casa (cuando estaba sola, que eran la mayoría de las veces), dejaba sus hijos en la casa de su madre, de modo de poder cenar los tres adultos tranquilos y tener conversaciones que no habrían sido posibles delante de lo niños. Casi siempre las conversaciones terminaban derivando en temas sexuales y yo, confieso, fantaseaba bastante con Stella, si bien me cuidaba mucho, tratando de no evidenciar mi deseo por ella, por ser ambas primas muy íntimas y no quería terminar generando un gran problema familiar. Todas las veces, al terminar la cena, me tocaba a mí llevar a Stella a la casa de su madre en mi auto, donde recogía a sus hijos y de allí la llevaba a su casa; durante todo el trayecto conversábamos de temas tribiales (yo iba solo, mientras Viviana se quedaba levantando la mesa y arreglando la casa) pero siempre notaba en Stella cierto sutil coqueteo que ejercitaba conmigo. Yo nunca había querido insinuar nada, en el temor de desatar un gran problema y porque no estaba seguro si lo de Stella era genuino o solamente producto de mi imaginación. Debo reconocer que si bien Stella me parecía atractiva, nunca había reparado demasiado en ella. Le decíamos, en confianza, La Flaca, por ser alta y muy delgada. Todo en ella era longilíneo, sus brazos, sus manos de dedos finos y delicados que parecían manos de un pianista, sus largas piernas, pechos pequeños y como siempre estaba vestida con ropas holgadas y polleras largas, era casi imposible adivinar su silueta y sus formas más íntimas, excepto en verano, donde usaba soleros livianos, sandalias y se podía notar que sus nalgas no eran abundantes, pero tenía una cola bien formada y paradita. A mí, lo que más me atraía de ella era su rostro. Cabello rubi oscuro natural hasta los hombros, nariz chica y recta, ojos oscuros, con una expresión enigmática y una boca muy sensual, de carnosos labios a los que lamentablemente casi nunca pintaba con lápiz labial, ya que no usaba maquillaje, acentuando su apariencia aniñada. Prácticamente se podia decir que Stella era una mujer de “perfil bajo” y que bien podía pasar inadvertida, salvo que un hombre se detuviera a observarla cuidadosamente, como había hecho yo, en cuyo caso descubriría una atracción muy sutil y casi voluptuosa, sobre todo en su mirada y en sus gestos. Por esas cosas del destino (donde muchas veces diferentes hechos circunstanciales suceden casi en simultáneo y generan una combinación de sucesos que adquieren gran importancia), teniendo una conversación con mi esposa, Viviana, vengo a enterarme de la intimidad de Stella, ya que, como dije, ambas eran muy amigas, además de primas, y se contaban mutuamente todas sus intimidades. De modo tal que Viviana (mi esposa) me dice que le había contado a su prima Stella que yo era un hombre muy dotado, dando incluso precisiones sobre mis medidas de 22 x 6,5 cm, ya que Viviana misma me había tomado las medidas, con un metro de costura, esas cintas plásticas flexibles. Me contó Viviana que su prima se había sorprendido mucho y le llamó la atención, al saber que practicábamos también el sexo anal, preguntándole ” ¿Cómo puedes meterte todo eso en el culo? Realmente no me imagino semejante pedazo dentro de mi culo, pero debe ser fantástico poder comértelo todo” Entonces Viviana le preguntó si había tenido experiencias anales y Stella, tras pedirle que guardara el secreto (grave error, las mujeres siempre terminan contándoselo a alguien, en este caso a mí) le confesó que había tenido la experiencia más fascinante de su vida. Allí Stella se sinceró ante su prima y le dijo que en los 12 años que llevaba al lado de su marido (no había conocido sexualmente otro hombre antes de él) jamás había alcanzado un orgasmo, lo cual explicaba muy bien la razón de sus constantes diatribas contra su esposo. En realidad Stella, por lo que contaba, no era frígida, sino anorgásmica. Se excitaba muchísimo, pero no podía alcanzar un orgasmo. Ahora bien, contó además que hacía poco, durante un viaje, había conocido circunstancialmente a un hombre con quien se había ido a la cama y quien le propuso tener sexo anal. Que allí, en ese momento, había experimentado el primer orgasmo de su vida, teniendo sexo anal y que estaba maravillada con ello. Luego repitió su experiencia un par de veces más pero que después de esos días nunca había vuelto a ver a ese hombre, quien estaba de viaje acidentalmente en ese lugar. A posteriori, Stella le había propuesto a su marido tener sexo anal (obviamente, sin confesarle que acababa de descubrir que analmente alcanzaba orgasmos tremendos) obteniendo una gran reprimenda de parte del idiota de su esposo, quien poco menos la trató de puta degenerada. Yo escuchaba ese relato de boca de Viviana y no podía dar crédito a sus palabras. Ese imbécil tenía a su lado una mujer que le pedía tener sexo anal y él la rechazaba!!!!!!!!! ¡¡¡¡Idiota!!!!! Bien se merecía ser un cornudo y yo habría de encargarme de hacerlo mucho más, a partir de ese momento. Esa noche, tras la conversación con Viviana, me quedé turbado, estaba muy caliente y la imagen de Stella me daba vueltas en la cabeza. Creo que a Viviana le sucedió lo mismo al relatármelo, porque esa noche me ofreció su hermoso culo y la pude sodomizar largamente, como a mí me gusta, si bien cerraba los ojos e imaginaba que era a Stella a quien empalaba en mi verga. Por esa coincidencia de hechos que hablaba al principio, a los pocos días vino Stella a nuestra casa, como de costumbre sola, a cenar. Había dejado sus hijos en lo de su madre y venía del gimnasio, con un bolso con su ropa, para bañarse en nuestra casa y vestirse para cenar. Era verano, hacía calor y estaba yo con pantalones cortos y en zapatillas. En un momento determinado y sin saber que Stella había subido a la planta alta a bañarse y cambiarse, decidí hacer lo propio, para vestirme para la cena. Cuando iba subiendo las escaleras en silencio y sin encender la luz porque me iluminaba la lámpara de uno de los cuatros de huéspedes de la planta alta, me quedé helado, inmóvil. La puerta de uno de los cuartos de huéspedes estaba apenas entornada, habían encendido una lámpara de mesa y estaba Stella desvistiéndose, sin saber que yo la observaba desde la escalera. Pude ver sus pechos pequeños (de costado) cuando se quitaba la remera de gimnasia y, como escuchando mis ruegos en ese momento, giró hasta quedar de espaldas y se bajó el pantalón largo, quedando con una pequeña tanga cola – less que apenas tenía atrás una fina tira que se metía entre sus nalgas. Allí pude descubrir ese culo de adolescente que La Flaca ocultaba con sus ropajes holgados, duro, parado, bonito, si bien para nada voluminoso…tampoco lo necesitaba, estaba sencillamente perfecto. Retrocedí unos peldaños, lentamente, sin darme vuelta, de modo que si Stella llegaba a percatarse de mi presencia, bien podía pasar como que yo iba subiendo las escaleras y era una situación accidental. Mientras hacía esto, Stella se agachó para quitarse la tanga, antes de envolverse en un toallón de baño y aprestarse a tomar una ducha. Esa visión de su culo desnudo en la semipenumbra del cuarto, que habrá durado dos o tres segundos, no más, casi me mata del corazón….quedé como loco y durante toda la cena no hacía más que pensar en lo que había visto y, encima, lo relacionaba con lo que Viviana me había contado………estaba realmente sobre-excitado y mi cabeza trabajaba a toda máquina. Esa noche, como siempre, me tocó llevarla nuevamente a su casa y en el camino, antes de recoger a sus hijos, no pude más y le conté lo que me había dicho Viviana sobre su experiencia anal y que desde entonces vivía obsesionado con ello. Me jugué el todo por el todo y decidí que si fracasaba en el intento, trataría que quedara en una charla íntima entre ambos. Stella me sonrió y me dijo, muy suelta de cuerpo “¿Y debiste esperar hasta verme desnuda hoy para proponérmelo? ” Yo casi me muero, primero de sorpresa y después de la risa. De modo que la muy ladina había preparado todo, esperando que yo subiera para desnudarse!!!!!!!! Muchas veces los hombres no valoramos el coraje y la determinación de las mujeres cuando quieren obtener algo. Me había tendido una trampa y había resultado ser yo “el cazador cazado”. Detuve el auto a un costado y le estampé un beso, el cual me correspondió de igual manera, con gran pasión. Inmediatamente se separó de mí y me dijo que era tarde, que debía recoger a sus hijos e ir a la casa porque el marido (que estaba de viaje) la llamaba siempre antes de la medianoche. De modo que quedamos para vernos al día siguiente en un bar de las afueras de la ciudad, en una zona donde hay muchos albergues transitorios. No hace falta agregar que esa noche no pude conciliar el sueño y la imagen de Stella desnuda, agachada, quitándose la tanga, me volvía literalmente loco. Al día sigiuiente estuve diez minutos antes en el lugar de la cita y Stella llegó puntual, en un taxi. Como era un lugar público, nos besamos en las mejillas, como dos amigos y tomamos sendos cafés, en tanto hablábamos y nos reíamos juntos de lo que había sucedido el día anteror y mientras ella me contaba de sus frustraciones sexuales con su marido, de su fascinante pero corta aventura anal y de las fantasías que tenía conmigo por los relatos de su prima, mi esposa. Enseguida coincidimos en que no era bueno exponernos innecesariamente en un lugar público, por la condición de casados de ambos y, siendo que éramos adultos y sabiendo muy bien lo que queríamos uno del otro, decidimos ir a un hotel. Hasta ese entonces, solamente nos habíamos besado la noche anterior, pero cuando uno tiene una cierta edad y sabe muy bien lo que quiere, no necesita largos prolegómenos para llegar a la cama, basta con desearlo mucho, para hacerlo. Había llevado un pote de vaselina en la guantera de mi auto y me cuidé bien de no olvidarlo cuando llegamos a la cochera del hotel. Stella se sonrió cuando abrí la guantera y saqué la vaselina, me miró y me dijo como al pasar “previsor el hombre” Una vez adentro, Stella ni me dió tiempo a que la besara o comenzara a desnudarla. Directamente se quitó el habitual solero que llevaba, no usaba corpiño, de modo que quedó desnuda, solamente con una mínima tanga blanca y con sus sandalias de tacos altos. Se acercó amí, me rodeó el cuello con sus brazos (es bastante más alta que yo) y me besó largamente, mojándome con su saliva mis labios y dejándome con una erección inocultable. Se acostó boca arriba en la cama, de través, con la cabeza hacia uno de los laterales y las piernas hacia el otro lado. Yo me desnudé inmediatamente y me acerqué a su rostro, quedando yo mirando hacia sus piés. La besé largamente mientras ella estiraba los brazos y me tomaba la pija con las dos manos. Se apartó de mi beso para decirme “no mentía Viviana cuando decía que tienes la pija de un burro, por favor, no me vayas a lastimar, tengo poca experiencia por la colita” No te hagas problemas – le contesté – me he acostumbrado a meter este pedazo de carne en agujeritos muy pequeños………..(mentiras, muchas veces lo había intentado sin lograrlo) Dicho esto, comencé a bajar por su cuerpo, besando desde su boca, hacia los pechos que, no por chicos dejaban de ser hermosos. Sus pezones estaban duros y erectos, de tamaño pequeño y apenas un poco más oscuros que su rosada piel. Recién en ese momento reparé en su piel. Muchos hombres se fijan demasiado en las “formas” de una mujer, olvidando un detalle tan importante como es la piel femenina. Stella tenía la piel como porcelana, tan suave y lisa al tacto como pocas veces en mi vida toqué nuevamente; creo que esa piel especial de Stella me excitó más que sus curvas y formas, las que de por sí eran delgadas y hermosas. Besé su ombligo y su pubis, el cual estaba totalmente depilado; Stella no tenía ni un pelito, agregando un toque más de niña, a su, de por sí, casi adolescente físico. Me incliné más y llegué a los pliegues de la vulva y giré con ella en la cama, de modo de quedar yo abajo y ella arriba. Inmediatamente Stella recogió las piernas, para quedar “sentada sobre mí” poniéndome su concha bien sobre mi cara y se inclinó luego hacia adelante, tomando mi pija y besándola con lujuria y desesperación. Obviamente no tenía esos labios anchos, carnosos y sensuales al vicio; Stella era una experta mamadora. Primero me lamió la pija de arriba a abajo, dejándola toda mojada en su saliva, luego apoyó ambas manos abiertas sobre mi pubis, rodeando el tronco y jalando hacia abajo el prepucio y dejó la cabeza de mi verga totalmente descubierta. A partir de allí, comenzó a bajar con su boca y a salir lentamente, casi diría, deliberadamente lento. Cada vez que se la metía, llegaba más abajo y sus labios apenas me rozaban, haciéndome delirar. Finalmente, logró tragarse toda mi pija, yo no podía creerlo, además de una mujer “anal” Stella también era una “garganta profunda”. La Flaca había resultado ser un diamante en bruto al cual sólo había que pulir un poco y me tocaba a mí ser quien hiciera el trabajo fino….. Yo había dejado de lamerle la concha para mirar por un costado, sobre el espejo que estaba justo en frente de la cara de Stella, para ver cómo se metía lentamente mi pija en la boca y llegaba hasta mis pelos….había que ver ese espectáculo único ¡¡¡Qué maestría en chupar pijas tenía Stella!!! Mientras Stella seguía con su despliegue de habilidades para mamar vergas, me concentré en su concha, rosada, depilada, de labios perfectos y le metí la lengua en su canal y clítoris, mientras ya con un dedo de la mano derecha jugaba, haciendo círculos, en la puerta de su culo. Era un 69 atípico, por cuanto sabía que su placer estaba en el orificio anal y no en la concha, pero no podía perder la oportunidad de mojar mis labios en tan hermosa concha qiue se me presentaba y, además, estaba yo recibiendo una mamada sublime; tenía la pija como un palo y estaba pronto a no poder retenerme más. De modo tal que, luego de varios minutos, salí de esa posición, acosté a Stella boca abajo y coloqué una almohada debajo de su vientre, de tal forma que quedó con el culo bien abierto y levantado. Me iba a dedicar a preparar el terreno para el sexo anal, a su vez que me calmaba un poco después de su terrible mamada, pues de lo contrario, iba a terminar teniendo yo un rápido orgasmo….y eso era precisamente lo último que deseaba. Me acosté boca abajo entre las piernas de Stella, quedando sus nalgas frente a mi cara; separé cada nalga con mis manos y me hundí en ellas, dándole a su rosado y pequeño agujerito un largo y mojado beso. Luego comencé a jugar con la punta de mi lengua en su esfínter, del cual me separaba cada tanto para observarlo. Realmente Stella era, desde todo punto de vista, una mujer anal ciento por ciento.Su esfínter era apenas rosado, perfecto, sin pliegues ni rugosidades, un cono de carne que se hundía suavemente en su interior. Si hasta su forma “cónica hacia adentro” parecía una guía especialmente diseñada para guiar las pijas al interior; más perfecta no podía ser. Cuando le hube lamido, chupado, mordido, besuqueado su precioso culo e incluso, cuando se relajó y me permitió explorar con mi lengua dentro de él, procedí a introducir lentamente un dedo, mojado en sus propios jugos, mezcla de mi saliva y su flujo, que ya chorreaban por sus labios vaginales. Mi dedo mayor fue aceptado rápidamente y enseguida lo tenía todo adentro, mientras yo lo giraba como un tornillo. Stella gemiá, suspiraba y ella misma se abría las nalgas con sus manos para facilitar mi trabajo. Tomé el pote de vaselina, le pasé una abundante cantidad en el esfínter y con un dedo también le metí vaselina dentro de su culo. Mi dedo entraba y salía con gran facilidad y sin ninguna resistencia. De un dedo pasé a dos y luego de un buen rato a tres, haciendo ésto con sumo cuidado.Cuando comencé a meterle tres dedos en el culo, ya Stella gemía fuertemente, levantaba su culo, se abría más las nalgas con las manos y me apretaba los dedos con su anillo anal, haciendo un movimiento espasmódico de apretar y aflojar…obviamente estaba muy excitada y ya en el punto ideal para que yo comenzara a meterle mi verga. Me puse abundante vaselina en toda la pija, desde la cabeza hasta el tronco y volví a envaselinarle el culo a Stella por enésima vez; la idea era entrar muy profundamente sin lastimar y prolongar la cogida todo el tiempo posible. La dejé a ella en esa posición, acostada boca abajo, con una almohada debajo de su vientre y ella abrió bien sus piernas hacia los costados, de modo que la apertura de sus nalgas fuera completa y su esfínter quedara totalmente expuesto. Estiró los brazos hacia adelante, tomándose del borde de la cama, de forma tal que, vista de arriba parecía una enorme “letra Y Griega”. Más sensual y erótica su pose no podía ser, mi pija se había puesto nuevamente muy dura y parada y casi palpitaba por enterrarse en ese culo. Me puse sobre ella, apoyé la cabeza de mi pija en el agujero del culo y empujé suavemente. Con toda la vaselina que ambos teníamos puesta y todo el trabajo anterior con mis dedos, la cabeza entró fácilmente, su esfinter se había dilatado muy bien. Stella gimió, diciendome nuevamente que fuera suave. Sabía que ella tenía poca experiencia anal (apenas tres veces, según sus propios relatos) pero sabiendo que era una mujer que obtenía sus orgasmos sólo analmente, que disfrutaba enormemente de ello y habiendo visto lo maravilosamente fácil que recibió mis tres dedos en su culo……….quise ser suave, pero no exageradamente delicado. Comencé a empujar mi pija dentro de su culo, lo hice lentamente pero sin detenerme, avancé en su interior centímetro a centímetro, mientras Stella daba un largo e interminable gemido, ronco, grave, como si quisiera ahogar un tremendo grito, como si temiera ser escuchada. Cuando llegué exactamente a la parte de la mitad de mi pija, que es donde se pone más gruesa, Stella, que habitualmente era muy suave y muy femenina, levantó la cabeza, mirándome a través del espejo del frente y me dijo “hijo de puta, me estás partiendo el culo” casi gritando. Pero su rostro no era de dolor, estaba transfigurada; su habitual suavidad y delicadeza se habían transformado y ahora era una bestia hambrienta de pija que me miraba con los ojos desorbitados, enrojecidos y al decir esto dió un empujón final hacia atrás y arriba. Dio un grito que debe haber sido mezcla de dolor y placer, porque mientras gritaba roncamente, empujaba más y terminaba de meterse hasta el úlitmo de mis 22 cm dentro de su culo. Yo estaba encima de ella, tan metido entre sus nalgas como nuestras anatomías lo permitían y no me movía. Solamente empujaba hacia adentro, como queriendo estaquearla, dejarla clavada contra el colchón. Acerqué mi cara a la de ella y le dije al oído, como quien dice un secreto ¿Así querías que te cogiera? Su largo sí y el movimiento pendular que imprimió a sus caderas bastaron por respuesta. A partir de ese momento comencé a sacarla largamente, dejando casi la cabeza de la verga afuera de su culo, para meterla hasta el tronco nuevamente. Repetía este movimiento de manera lenta y deliberada, de la misma manera lenta y deliberada que Stella me había mamado al principio. Sentía esta vez no en mis dedos, sino en mi pija, los movimientos espasmódicos de cerrar y abrir el esfinter de Stella. Cuando la metía hasta el fondo se abría y cuando comezaba a sacarla lo cerraba, apretándome como una mano. Quise en un momento, instintivamente, llevar mi mano derecha hacia su clítoris y suavemente me dijo “no es necesario” ACABO POR EL CULO………………..con lo cual me concentré en sodomizarla largamente durante más de media hora continua. Le mordía la nuca y le decía obscenidades al oído, obteniendo de ella más calentura. Sus movimientos eran increíbles, manejaba sus caderas de manera magistral; rotaba la cintura y a su vez empujaba hacia atrás y arriba, Stella estaba evidenciando que era, no sólo una mujer anal, sino una adicta fanática a ser penetrada por el culo. Cuando vino su orgasmo, yo no aguantaba más (me estaba controlando pero ya no podía seguir mucho tiempo más). Sus movimientos se hicieron más rápidos y cortos, el mete saca ya parecía una máquina, me decía “así, así, así” y entonces cambió sus gemidos y grititos por un sonoro, grave e interminable grito, mientras clavaba sus uñas en la cama y arqueaba totalmente su espalda, como si por caso hubiera quedado algún milímetro de mi pija que no hubiera entrado totalmente en su culo. Allí sí, sus espasmos anales se hicieron rápidos, contínuos y me apretaban la pija como si fuera una mano. Me apreté contra ella y la tomé de los hombros, empujando todo lo que pudiera. Yo acabé entre gritos y sentía mi semen salir a chorros dentro de su culo, me daba la sensación que ese culo me absorbía, me succionaba y me llevaba hasta la última gota. No sé cuánto tiempo estuvimos así, hasta que terminamos de relajarnos. Seguía yo encima de ella y sentía cómo lentamente mi pija se iba ablandando. Cuando la saqué, salió de su culo un borbotón de semen y me quedé extasiado mirando ese esfinter, ahora todo enrojecido, abierto como una enorme boca oscura y que cada tanto hacía un movimiento de espasmo, se cerraba y al abrirse expulsaba otro poco de mi leche. Ese día no pudimos repetirlo, ella había quedado con su esfinter muy inflamado y yo, realmente, después de esa acabada, iba a necesitar un rato para reponerme, realmente había sido una cogida violenta, brutal, animal, salvaje. Con Stella fuimos amantes durante varios años, nunca se supo lo nuestro. Luego yo me separé de Viviana y me mudé de provincia. Algunas veces llamo por teléfono a la noche a Stella y nos hemos visto un par de veces más, aprovechando algún viaje furtivo mío, coincidiendo con los viajes del idiota-cornudo del marido de Stella, el que no supo aprovechar una mujer anal, un verdadero regalo del cielo. Con el tiempo conocí a otras mujeres anales, pero nunca fue lo mismo que con Stella. A los hombres que lean esto, si alguna vez se topan con una mujer anal, no la dejen escapar y a las mujeres que lo lean, si creen ser “mujeres anales” pues han sido tocadas por la varita mágica, aprovéchenlo al máximo, tendrán, seguramente, los hombres a sus piés.

Relato erotico de una diosa del sexo y como su marido la pilla infraganti, y como al final se montan un trio.

¿Qué es lo mejor que un amigo te puede regalar? aquí te propongo una alternativa… Edelmira vio como se habría la puerta de improviso y su cara mostró toda su sorpresa y temor por lo que veía: su marido estaba allí parado mirándola, a solo unos pocos metros, y ella allí, desnuda, en posición de hembra en celo. Pero esos ojos bellos color miel cambiaron de súbito a una expresión de incredulidad e incertidumbre, puesto que contrariamente a lo que ella esperaba, el hombre que la amaba la miraba con una cara lasciva y calentona. Nada de rabia, nada de despecho. Sin embargo, lo que más le desconcertó fue que marco seguía bombeándole el culo como un salvaje, impávido, sin siquiera inmutarse ante la presencia del recién llegado, meciéndole la verga hasta lugares en donde ella jamás se había imaginado que un macho la pudiese coger por allí, por esa entrada que tan poca resistencia opuso al recibir las primeras embestidas de ese falo duro y grueso.

Tampoco se habría imaginado que ese esfínter anal suyo fuera un arma de poder tan deliciosa, porque a pesar de estar en cuatro patas, con la cabeza enterrada en la almohada, el culo levantado y firmemente tomado por esas manos grandes de macho, había descubierto que de tanto en tanto podía apretar el culo y darle aún mayor resistencia a esa verga que furiosa le abría las entrañas por detrás, teniendo como respuesta un bramido de placer de ese macho que detenía su embestida y le prodigaba una frase obscena y lujuriosa, que daba cuenta de su pericia de puta con el culo. Esa sensación inicial de dolor mezclado con placer pronto se fue convirtiendo en una de sumisión y control deliciosos, y le estaba gustando mucho el juego, al punto que de su boca se escuchaban frases del tenor: “¡¡Así mi amor, no pares, rómpeme así de rico el culo, sigue…!!”.

¡¡Cómo lo estaba gozando!!, cómo la había hecho gozar ese hombre que en cada entrada de su cuerpo, había aplicado la misma fórmula de sutil seducción y obsceno desenfreno. Había terminado por vencer sus resistencias de dama, había descubierto a la caliente puta. Ante esa irresistible combinación de piel, besos, caricias y humedad, de uno en uno fueron cayendo su boca, su concha, su culo, entregándose por entero a los deseos lujuriosos de ese amante ocasional. Por esto no le sorprendió que la presencia de su marido no fuera impedimento para que ella sintiera nuevamente cómo las contracciones de su concha comenzaban a fusionarse en un mar de húmedos espasmos, y que el rictus inconfundible en su rostro fuera la señal de que ese inmenso placer la iba a envolver nuevamente.

El sudor de su cuerpo después de tan extensa sesión de sexo le había dado a ese cuerpo de hembra un brillo hermoso y sensual en la penumbra de aquella habitación, y los movimientos de su pelvis y los gemidos de su boca le entregaban una belleza única, aquella que las mujeres manifiestan solamente cuando un macho de verdad las ha sabido coger como toda dama con alma de puta sueña. Y de verdad que bella se veía cuando ese orgasmo arrebatador nuevamente la invadía en esa situación tan morbosa.

En medio de ese orgasmo salvaje que le hacía sentir la sangre palpitando en sus sienes, de ese gemido de perra cogida que se ahogaba en su garganta, de esas ganas de gritarle a todo el mundo que estaba siendo cogida como ella se merecía, de los dedos enterrados en las sábanas y los ojos color miel entrecerrados, su cara cubierta por sus bellos cabellos oscuros, inundada de semen y lujuria…. en medio de todo aquello comprendió finalmente lo que sucedía… en ese momento entendió que no era casualidad que su marido, le hubiese casi obligado a que hoy se pusiera ese pantalón blanco y tan ajustado, que caminando por la calle y escuchando toda clase de obscenidades referidas a su culo, le hacía sentirse casi como una puta.

Tampoco era casualidad la cadena de sucesos novedosos vividos hoy. Recordó la llegada a su trabajo de ese hombre que la fue a visitar por temas laborales sin importancia, y que en medio del típico café de oficina le dejo la sensación de conocerla tan bien, aún más con un par de copas que no sabe como se atrevió a aceptar después de las 6. Entendió que no era casualidad que en medio de ese baile que aceptó gustosa con el alcohol en su cabeza y un calor intenso en la entrepierna, ese hasta algunas horas extraño supiera susurrarle al oído justo lo que le encantaba oír, y la guiara en ese baile seductor, con la cadencia que toda mujer agradece, desde la pista de baile hasta una suave, prohibida y pecaminosa cama de hotel. Desde el último paso de baile hasta la alfombra de aquel cuarto no era mucho lo que recordaba, solamente sabía que estaba tan excitada y fuera de control que mucho antes de bajarse del auto ya no tenía puesta la tanga, y que su boca antes de retocar sus labios sentada al borde de la cama y su amante succionándole los jugos de su sexo, ya había gozado con intensidad el sabor a verga de macho en el camino.

No le había importado ser por una noche una puta, pero una de lujo, de aquellas que tienen la voluntad de decidir cual será el macho que la podrá gozar, fantasía que solo hoy se había atrevido a cumplir. Pero en ese instante la gloria estaba siendo completa, al mismo tiempo que sentía los ríos de placer recorriendo su cuerpo con inicio en su concha y un final quien sabe donde, aquel macho comenzaba a soltarle su néctar en chorros de placer infinitos e interminables, bufando como un macho salvaje poseyendo a la más deliciosa y prohibida hembra, en una conjunción de lujuriosos ritmos en que ambos gemían como dos animales en época de celo. El objetivo aquí no era la especie, era simple placer, de ese al que tantas veces Edelmira de había negado.

La miel de sus ojos apenas podía distinguirse en medio de esos cabellos enmarañados sobre su rostro, por la locura y el desenfreno de aquella sesión de sexo, a lo que sería necesario agregar la posición de esos amantes que aun después de ese orgasmo simultaneo e intenso, se negaban a abandonar. En los ojos de su marido esa imagen será imborrable, su mujer en cuatro patas de la misma forma como él la había tenido tantas y tantas veces, pero ahora clavada por la pija de otro macho, y nada más ni nada menos que por el culo, precisamente en ese culo con el que fantaseó tantas veces viendo como su mujercita volvía locos a los hombres, pensando en si ya otros habían tenido el placer infiel de probarlo. Tampoco es probable que pueda olvidar el rugido de ese macho cachondo cuando se estaba corriendo, ni el sonido de su pelvis chocando con fuerzas con las nalgas de Edelmira que lo recibían gustosas y abiertas, tampoco el gemido inconfundible de su mujer, señal que se estaba corriendo como poseída con ese falo clavado en sus entrañas.

Edelmira en cambio, sólo después de unos segundos interminables y exquisitos disfrutando el post orgasmo, en que le habían cogido por el culo soltándole un interminable y suculento néctar que podía sentir ahora hasta lo más profundo del ano, al mismo tiempo en que se corría con el deseo incontenible e irrefrenable de la novata y la experticia y sabiduría de la más grande y lujuriosa puta, solo después de gozar todo eso atinó a levantar la cabeza de la almohada y mirar nuevamente a su caliente y fantasioso marido. Con su voz aún entrecortada y la garganta afectada por los gritos, que le fue imposible ahogar en las sábanas en sus sucesivos orgasmos, le dijo a su marido con una mirada cómplice y morbosa:

“Eres un cabrón, tú lo preparaste todo, así me querías ver, pues aquí me tienes, mírame bien, pero déjame decirte que lo gocé, y mucho, pero aún no he terminado, acércate que es mi turno de la fantasía…”

Una sonrisa se dibujó en sus labios hinchados por el roce de esos besos tan intensos, apasionados e interminables de su amante casual. En su lengua aún sentía el sabor y la sensación de aquella exquisita presión del miembro erecto y duro pujando por llenar su boca. Jamás se imaginó antes de aceptar esa mamada que iba a ser así de larga y deliciosa, y que iba a dejar que Marco la metiera toda hasta casi no poder respirar, por tener la garganta llena de verga. Pero Edelmira aún quería más, si esta noche iba a ser una puta, quería serlo completa. Separó su culo de la verga ahora ya en reposo de marco y con una mano la comenzó a masturbar rogando por una reacción rápida, haciendo un ademán a su marido para que se acercase, a lo que este obedeció sumiso. Bajó la cremallera de su pantalón y aquella mujer tan formal en apariencia que sólo gozaba con calentar a los hombres meneando sutilmente su exquisito culo, hormado por sus pantalones tan ajustados que enloquecían a su marido, estaba a punto de cumplir la fantasía de muchas, sentir lo que dos vergas pueden hacer por el placer de un cuerpo deseoso y receptivo de una hembra como ella.

Cuando su marido sintió que su mujer comenzaba a mamársela con fuerza, como con furia, no pudo dejar de pensar en que sólo algunos minutos atrás era la verga de marco la que llenaba esa boca, que era muy probable que aún quedasen restos de semen en su lengua y que la ahora muy puta de su esposa podía sentir esa mezcla de sabores que sólo las hembras muy conocedoras de los placeres del sexo eran capaces de gozar.

Marco, al ver tal espectáculo, ya había reaccionado. Empalmado como estaba, pensó que era tiempo de devolver placer con placer… Ubicó a Edelmira cruzada en la cama para que en un extremo de ésta ella pudiese seguir con su trabajo de chuparle el tronco y lamerle los testículos a su complacido marido. El en cambio, se ubicó estratégicamente en el otro extremo abriéndole de par en par las piernas. Que vista aquella, esa concha depilada y suave, con los labios aún húmedos y enrojecidos por la cogida que él le acababa de dar, pero aún así deseosa de más. Pero lo que más le calentó fue ese hilo de leche que comenzaba a brotarle del culo a Edelmira mojando copiosamente las sábanas. Con dos de sus dedos tomó desde la fuente misma ese néctar, introduciéndolos lo más que pudo en esa vertiente de placer, y con ellos untados de ese blanco y espeso jugo la tomó de los cabellos obligándola a parar un momento con su mamada, y metiéndolos de una en su boca le dijo con voz morbosa: ¡cómelo para que tu boca sienta el placer que tu culo gozó al recibir mis chorros!. Ella, al oír esa frase que sólo a una puta un hombre sería capaz de decir, lamió esos dedos devorando con fruición ese lujurioso manjar hasta no dejar resto, y solo después de estar segura que no quedaba rastro, siguió con su mamada. Su marido ahora ya no tenía su duda inicial, ahora estaba seguro que el paladar de su mujer podía dar fe de la delicia de la mixtura de sabores de macho en la boca de una hembra así de puta.

Marco pagó su deuda devolviendo la mamada que le había prodigado rato atrás Edelmira, con la mejor comida de coño que le habían dado a esa mujer en mucho tiempo. Edelmira se volvió loca sintiendo la lengua intrusa de marco separándole los labios de la chocha, entrando con fuerza a la fuente misma de sus jugos vaginales, y ni hablar de esos labios de macho jugando con una presión exquisita en su clítoris que sentía iba a reventar de placer. Luego de unos minutos eternos no aguantó más, comenzó a gemir con la verga de su marido en su boca y sintió que un volcán de placer le iba a hacer erupción en su sexo, lo que efectivamente ocurrió, y su boca sin control fue tal la presión que ejerció en la verga de su marido que éste no pudo aguantar mas y comenzó a derramarse a borbotones en su boca. Pero Edelmira estaba fuera de control gozando ese orgasmo, sin querer separó aquella pija de sus labios y ésta estando libre comenzó a rociarle con leche el cabellos, la cara, las tetas, en lo que para ella fue una verdadera tortura de placer, porque marco en vez de detener su ritmo comenzó a comerle la chocha como si en eso se le fuera la vida, presionando su clítoris con su lengua furiosa y metiendo y sacando tres de sus dedos de su sexo en forma frenética, rozando con pericia lo que algunos llamarían su punto G.

Si el lector me permite, pasaré a continuar el relato en primera persona, en honor a aquella pareja morbosa y esa noche feliz.

Después de mi tercera corrida en esa hembra deliciosa e irresistible, supe que era el momento de partir. Si bien la ocasión ameritaba más lujuria, hay momentos en que el deseo tiene que dejar paso a la cordura y el reposo. Edelmira y su esposo yacían allí en ese lecho de hotel como dos amantes esposos después de su primera noche de luna de miel, abrazados y exhaustos. Esa diosa de culo perfecto y ojos hermosos, había tenido aquello que tanto había resistido, solo ayudada por un par de copas y la complicidad de su marido. Este en cambio, había por fin visto lo que sólo en sus fantasías más afiebradas había soñado, a su mujer convertida en la más ardiente y desenfrenada puta.

En mi caso, no olvidaré lo que un buen culo enfundado en un ajustado pantalón blanco puede provocar en un hombre como yo, aunque para serles franco, lo que espero que la vida me permita repetir, es la exquisita e irrefrenable sensación de sentir la presión del culo dilatado de una hembra como aquella, cerrándose firme de vez en cuando y a voluntad, recordándome que en el sexo, aun una hembra entregada así a mis deseos, sigue siendo una reina del placer y debe ser tratada como tal.

Mañana llamaré a mi amigo, no antes del medio día puesto que esos dos tendrán mucho placer que darse recordando lo vivido, y le agradeceré por compartir conmigo a esa diosa de mujer que tiene. Y si Edelmira aún quiere hablar conmigo, esa será la indicación de que esta historia aún no ha llegado a su fin.

Relato erotico de una chica que se aprovecha de su novio mientras este duerme, espero que lo disfruteis porque las cosas que hace esta zorrita, no tienen desperdicio

Soy una niña mala. Aproveché una noche que Javi dormía y me le follé sin su consentimiento… Esa noche estaban mis padres en casa y mi novio dormía en la habitación de invitados. En mi casa son muy tradicionales, así que no podemos dormir juntos, aunque llevemos varios años como pareja. Mi madre, una católica empedernida, dice que en su casa no actuaremos como una pareja hasta que no haya papeles de matrimonio entre medias.

Así que me puse el pijama, me lavé los dientes, me despedí de mi novio, dejándole en la otra habitación y me fui a dormir. Estuve leyendo un poco y perdiendo el tiempo otro poco, hasta que dieron las 2 de la madrugada. Salí al pasillo completamente desnuda (si me ve mi madre, me mata). Fuí hasta el final del pasillo, donde se encuentra la habitación de mi novio. Él no sabía nada de que yo iba a ir, otras veces sí me espera despierto, pero no esta vez.

Entré intentando hacer el menor ruido posible y oí que su respiración era suave y relajada: estaba dormido. Pensé en despertarle llamándole por su nombre. Sin embargo, se me ocurrió otra idea. Tanteé el terreno metiéndome en la cama con él. Apenas se movió, al rato volvió a respirar de la misma manera, incluso creo que roncó un poco. Bien, yo estaba resultando ser una diva del subterfugio. Le toqué para ver qué llevaba puesto y observé que tan sólo llevaba los calzoncillos y una camiseta interior de algodón. Estupendo. Como es un poco sonámbulo probé suerte a hablarle, porque a veces es más fácil ayudarte con su otro yo que intentar hacer nada por tu cuenta.

- ¿Cariño? – no contestó.

Parece que hoy no iba a tener suerte.

- ¿Javi? – volví a intentarlo.

- Dime – me contestó con esa voz entrecortada y suave, propia de cuando está profundamente dormido.

- Pues que he venido a tumbarme aquí a tu lado, ¿te importa? – Sonrió en penumbra y me negó con la cabeza.

- Te quiero mucho, duérmete conmigo – me dijo abrazándose a mí.

- Sí, ahora me duermo contigo, pero primero quiero que te desnudes, que así estaremos más calentitos.

Se quedó pensando un rato. Cuando está en esa situación tarda un poco más en reaccionar.

- Vale, pero me tienes que ayudar – me dijo.

Entonces él dispuso su cuerpo para que a mí me fuera más fácil desnudarle. Primero se levantó un poco y me dejó quitarle la camiseta, y luego subió un poquito el trasero para que le pudiera sacar los calzoncillos. La primera parte del trabajo ya estaba hecha, ahora sólo tenía que hacer que volviera a caer en el sueño más profundo y dejase de hablar.

- Vamos a dormir – le dije y le abracé.

Me abrazó, ya sin decir una palabra y ahí se quedó, completamente inmóvil y dormido como estaba. Dejé pasar un tiempo prudencial, como unos 5 minutos, aunque no tenía forma de averiguar cuánto tiempo real fue. Entonces me desembaracé de sus brazos y aparté las sábanas. Ya le tenía desnudo y dormido, justo como yo quería. Empecé a besarle el cuello y fui bajando por su peludo y atlético pecho. Al llegar a la zona del abdómen, pude ver cómo le empezaba a crecer el miembro viril. A saber qué estaría soñando ahora…

Le besé mucho en el nacimiento del vello y seguí bajando. Me topé con su erecto pene que ya estaba en su máximo esplendor. Lo miré detenidamente y lo agarré. Acto seguido miré a Javi, por si se había despertado. Seguía dormido, pero sé que me estaba empezando a introducir en sus sueños. Su respiración había cambiado un poco y comenzaba a sonar como si estuviera excitado. Para mi propósito era una buena señal. Se la agarré con la mano derecha y empecé a moverla arriba y abajo, de una forma muy suave, como si fuera de porcelana. La piel de su glande se deslizaba con el ritmo de mis manos. Noté una pequeña gota preseminal: se estaba empezando a mojar. Volví a mirarle; seguía con los ojos cerrados, con el semblante tranquilo, pero noté cómo su corazón empezaba a galopar dentro de su pecho. Cambié ahora a la mano izquierda, y con la derecha le agarré los huevos de una forma también suave. Seguí masturbándole, incrementando el ritmo. Se retorció un poco en la cama, signo de que le estaba gustando.

- Más – dijo con un hilillo de voz.

Yo me asusté y paré, pensando que se habría despertado. En ese momento volvió a exalar el aire de forma tranquila. Yo no me explicaba cómo seguía dormido, pero en vistas de que no le despertaba, seguí moviendo mis manos sobre su pene. Aumenté bastante el ritmo y él movió la cabeza en señal de que le gustaba mucho. Cuando sabía que ya estaba muy pero que muy caliente y cerca del orgasmo, me metí su polla en mi boca. Yo tenía la lengua húmeda y la boca calentita. Le lamí desde la base hasta la punta y me la metí en la boca, primero sólo la puntita. Después fui bajando y bajando hasta tocarme la campanilla. Hasta la misma garganta. Me la tragué entera. Me movía arriba y abajo, con la boca bien apretada para que le diera más placer, succionando en cada chupada. Yo estaba encima de él, puesta a cuatro patas, desnuda y chupándosela a mi novio dormido. Aquello me excitó muchísimo.

El hecho de estar en mi casa con mis padres y mi hermano me resultó incluso morboso. Se oían los ronquidos a través de la puerta y me imaginé que si mi madre se levantaba y nos veía así, sería todo un show. Es más, Javi era también ajeno a lo que estaba pasando, porque estaba soñando. Si nos sorprendiera mi madre, él también sería un sorprendido más. Uuuuf, me pareció verdaderamente excitante la situación y comencé a mojarme mucho.

Como tenía el culo en pompa me imaginé que el mismo Javi me la metía por detrás, por el coñito. Me encantaba esa postura. Así, mientras yo le chupaba con frenesí, me empecé a tocar el clítoris con una mano. Cogí la polla de mi novio con la otra y le chupé la punta mientras movía la mano y la boca rítmicamente, como si se tratara de un agujero por el que me estaba penetrando. Ya me daba igual si se despertaba, yo lo único que quería era hacerle gozar y gozar yo. Creo que inclusó le pasé un poco los dientes por el pene, como a él a veces le gustaba. Noté que empezaba a entrecortársele la respiración y succioné con más fuerza, mientras movía mi dedo índice sobre mi clítoris. Javi estaba a punto de correrse en mi boca, seguí lamiendo y chupándo, hasta la garganta para que sintiera mi boca mojada.

Me moví a una velocidad salvaje. Arriba, abajo, arriba, abajo. Entonces, noté que se revolvía y que un líquido tibio y espeso me invadía la garganta. En ese momento, tan caliente como yo me encontraba, me corrí también por acción de mis deditos expertos. Tragué todo su semen porque no sabía muy bien cómo deshacerme de él sin hacer mucho ruido. Le miré. Tenía una sonrisa en la cara, junto con una mueca de placer. Me acerqué más para verle y le noté completamente dormido aún.

Era increíble, había violado a mi novio dormido y no se había despertado. Se había corrido agusto dentro de mi boca y seguía placenteramente acostado.

Toqué otra vez su polla y aún estaba dura, aunque un poco menos que antes. Se me ocurrió volverla a masajear y reaccionó en seguida. Se puso dura. En menos de un minuto ya estaba dispuesta otra vez para que le volviese a violar. Como mi coño estaba húmedo por haberme corrido, me senté con las piernas abiertas sobre él y me metí su miembro despacio. Sentí un escalofrío recorrerme mientras su polla abría mis paredes vaginales y me llenaba con su pene. Calzábamos como un guante, tenía el tamaño justo para que mi vagina le envolviera y a mí me tocara justo hasta el fondo. Entraba entera, dura, gorda y maravillosa. Empecé a cabalgarle lentamente para que no sonara la cama (como ya dije era la habitación de invitados y la cama era bastante vieja). Me moví arriba y abajo, le cogí las manos y le hice que me tocara. Pareció reaccionar y comenzó a masajearme los pechos de una forma muy suave. Pensé que se había despertado.

Subí mi culo hacia arriba para casi sacar su polla de mí y luego bajaba todo mi cuerpo para absorberle hasta dentro. Resbalaba genial por dentro de mí, yo botaba mucho, pero suave. Era consciente de que me botaban las tetas de una manera preciosa, pero él seguía con los ojos cerrados. No sé si Javi se estaba haciendo aún el dormido o si de veras lo estaba. Seguí botando sobre su vientre y noté cómo él intentaba acompañar, un poco torpemente debido a su estado, con pequeños empujones. Uf, cuando me llegaba hasta el fondo es que me ponía cachondísima.

Ahí estaba yo, desnuda, violando a mi novio dormido, follándomelo como una niña mala, mientras toda mi familia estaba durmiendo. De verdad que me ponía caliente el silencio de la noche, lo morboso de la situación, la cara de Javi: mezcla entre placer y sueño. Todo era superexcitante. Y así, follándole encima suyo, mientrás su cuerpo descansaba boca arriba, sentí mi segundo orgasmo. Fue maravilloso.

Él aún estaba disfrutando de mí, cuando aceleré para que se corriera dentro de mí y me inundara. Boté, y la cama se quejó un poco, seguí cabalgándole. Le puse un pecho sobre su boca y lo chupó instintivamente. Me arrimé a él y espachurré mis tetas contra su torso mientras no dejaba de moverve. Así, mi bello durmiente tuvo su segundo orgasmo, esta vez dentro de mi vagina. Me puso perdida de semen.

Seguí moviéndome lentamente para que terminase de gozar cuando abrió los ojos. Se quedó perplejo, con cara de placer y de sorpresa. Me abrazó y me susurró al oído:

- Así que no era un sueño.

Este relato erotico de un chico de 22 años que se tiro a una madura de 40.

Hola, por fin me decido a empezar mi relato. De vez en cuado me gusta leer relatos eróticos, sobretodo aquellos que son factibles, nada de esas fantasías raras y que solo son posibles en la mente del autor. Yo como no tengo mucha imaginación, me limitaré a contar mis vivencias personales, ni más ni menos, eso sí, puede que los nombres que aparezcan en el relato no se correspondan con los reales, pero bueno, supongo que los nombres aquí es lo de menos.

Este relato tiene dos personajes protagonistas, yo, que ahora tengo 24 años, pero los hechos que les contaré datan de hace 2 años. Si, yo tenía 22 y ella… 40 por aquel entonces.

¿Cómo nos conocimos? .. Muy típico, hablamos por el chat de nuestra ciudad, la agregué al messeneger y seguimos charlando sobre nosotros, la envié mi foto… -”Que chico tan guapo” me dijo, no la creí, ella me envió su foto, no estaba mal, pero bueno, no lo di mayor importancia, una foto de tantas como las que te mandan por el Msn.

Tarde un tiempo en volver a hablar con ella, unas semanas creo recordar, y desde ese día hablamos un poco más seguido, nos contamos nuestras cosas intimas, etc… esta casada, tiene un hijo de 10 años y un trabajo bien pagado en una importante empresa, y hablando, hablando, pensamos a ambos nos apetecía conocernos en persona, y tal vez, algo más. Pues así fué, en unos dias allí estábamos frente a frente, la verdad que la situación no fue para nada tensa, y ese día hablamos frente a una taza de café, fue una conversación cordial. Rubia, pelo por los hombros, unos ojos castaños, estaba rellenita, pero bueno, a mí nunca me importaron unos kilitos de más, de pecho andaba bastante bien, la verdad que cuando la vi, me dije, si, me apetece acostarme con ella.

Quedamos algún día más a tomar algo y si, a ambos nos apetecía pegar un polvo, el problema es que no había un sitio propicio para ello.

Un día me propuso que la acompañase a unos recados en coche, y yo, pues sí.. fui, y bueno, la cosa se empezó a calentar, así que mientras conducía por la carretera… la subí como pude la falda la aparte el tanga y la empecé a meter un dedín.. dos, estaba muy mojada, y cuando me quise dar cuenta había parado el coche en una trasera de una urbanización, la verdad, a mí aquello no me daba buen rollo, me daba la impresión de que alguien podía aparecer en cualquier momento, pero,, nos miramos, nos empezamos a besar, meter mano y me dijo si me apetecía follar, no lo dude, y dije, “claro”, “pues vamos a la parte de atrás”. Afortunadamente era un todo terreno, ella se tumbo, la desabroche la camisa y la saque los pechos por encima del sujetador, se subió la falda y disfrute quitándola el tanga, bueno, no se lo quite del todo, lo deje en un tobillo… sin pensarlo dos veces metí mi cabeza entre sus piernas, la mordisquee los muslos, pase mi lengua por su rajita y con los dedos separando sus labios metí la lengua, y después me entretuve en si clítoris.. puff.. La situación era deliciosa,, yo estaba muy motivado y ella con su mano, me oprimía la cara contra su coñito..Se incorporó, me la chupo, bastante bien por cierto, no podía más, saque un condón, me lo puse y me puse sobre ella… mis labios chupaban sus pezones, mordisquitos mmm .. y se la metí, y empecé a moverme sobre ella, la verdad es que estaba realmente con ganas, no tardo mucho en correrse, yo sin embargo seguí…y a ella la gustaba.. Sin pensarlo más la dije que se diera la vuelta, que se pusiese a 4 patitas, que me apetecía darla por el culo, se que a ella por detrás no la gustaba mucho, así que no estaba convencido de que se dejará, pero no dijo nada, se puso con el culo en pompa y con la cabeza pegada al asiento. La comí el culito durante un rato, metí un dedo, la puse saliva, dos dedos, y creo que estaba lista para admitir mi pene, y así fue, no costó mucho el meterla, delicioso, estuvo un buen tiempo en esa posición hasta que no pude más, me corrí increíblemente, fantástico !! y nos abrazamos y besamos, pero…pasada la pasión del momento pensamos que tal vez lo más recomendable sería salir de allí.

Me dijo que había estado muy bien, que no disfrutaba así con su marido, y que le dolería el culo unos días, que no estaba acostumbrada a un pene de ese grosor, y por eso la dolió un poco, pero que aun así la encantó. Se me olvidó un dato, un dato importante que dota de morbo a todo el polvo, yo tenia una cámara de fotos digital y ella me dejo hacerla fotos en todas posiciones… (no, no me agreguen al Msn pidiéndome las fotos, porque como es obvio no las voy a mandar, tengo su permiso para publicar esto, pero no para enviar las fotos)
Y esta fue el primero de muchos otros encuentros que si lo desean les seguiré contando, la verdad que ese día fue genial, pero poco a poco fuimos probando cosas nuevas en nuestra relación.. ya lo contaré.

Aqui teneis el relato erotico de una lesbiana debutando con una experta lesbiana del porno.

Nunca imaginé que mi encuentro con Mara pudiera terminar de esa manera. Embrujadas. Yo jamás había tenido un encuentro con una mujer, pero Mara era más experimentada, y había preparado las cosas para que sucedieran de esa manera. Un poco en broma, un poco en serio, me pidió que cuando fuera a su casa llevara una mini de encaje blanco, cuanto más transparente mejor. Yo me reí porque tenía un conjunto blanco que me habían regalado y que era más de lo que ella podría esperar. Jamás me lo había puesto, y ese día lo estrené.

En su coqueto departamento me recibió con un top negro con brillos y flecos, rematando en una pollerita mini semejante. Al entrar me dió un beso en la mejilla casi tocando mis labios, y esa sensación me produjo electricidad en la boca, y una vibración de placer entre las piernas. No sé por qué razón le dije “así, no”. Y tomándola de la cara le estampé un brutal chupón, que ella me recibió con gusto con sus labios entreabiertos y asomando su lengua carnosa y juguetona.

-Veo que te trajiste lo que te aconsejé, Lola. -dijo, y nos sentamos en unos almohadones en el piso. Las dos nos reíamos por la situación, un poco nerviosas otro poco calientes por el beso en la puerta. No tardamos en ir al dormitorio como si siguiéramos un guión previamente escrito, y de común acuerdo. Nos sentamos sobre la cama y los besos siguieron con más intensidad. Esta vez, ella dejó al aire sus senos redondos y grandes de pezones marrones, y se los acaricié, mientras nuestras bocas se juntaban con pasión desenfrenada.

SE sabía atractiva la zorra Estando solas comprobé la tersura de sus muslos y el calor de sus caricias que me llegaban a fondo. Estuvimos como quince minutos jugando a esos juegos lésbicos, que no siempre terminan en una relación carnal. Pero Mara tenía ángel, y estaba moviéndome los cimientos de mi prejuiciosa cultura y arrojando cálidas corrientes de pasión en mi sangre ya suficientemente alterada.

Me preguntó si era mi primera vez, y le dije que sí. No voy a preguntarte si es tu primera – le dije,- porque ya veo que no lo es. Te ves muy experimentada.

Y me confesó que había debutado a los 16 con una compañera del colegio, y luego tuvo una amante madura que le enseñó todos los secretos del sexo entre mujeres.

-Quieres que te los enseñe?

No podía negarme, estaba cachonda, y hervía de curiosidad.

Me dijo que me bajara la pollera y las bragas, y me pusiera de rodillas, apoyando la cara en la cama.

Un culo monumentalEmpezó a jugar con sus labios y su lengua en mi vagina, humedeciéndome y preparando una invasión. Me relamió demostrándome las bondades de un buen sexo oral. Y me dijo que sólo otra mujer sabe dónde y cómo hacerlo, “ya que entre nosotras sabemos lo que nos gusta que nos hagan en cada centímetro de nuestra piel”.

SE exhibía como una puta Yo no daba más de deseos y gemía, me mecí hacia atrás para que me enterrara la lengua a fondo. No sé de dónde lo había sacado ni cuándo, pero sentí el enorme consolador haciendo estragos entre los labios de mi concha.

Me tomó por sorpresa y me produjo arrebatos de calor en todo el cuerpo su suave pero precisa penetración. Yo vibré a cada movimiento. Estábamos como embrujadas.

-Ya está- dijo-. Ya está entrando Lola, mi amor. Te estoy haciendo mujer… de la misma manera que me lo han hecho a mí.

Diablos, pensé, si aquello era hacerse mujer, era como entrar al paraíso. Me penetró hondo, y empecé a moverme para sentir el roce de mi carne en ese suave aparato. Creo que tuve mis primeros orgasmos, primero lentos y tímidos. No dudé en darme vuelta cuando lo sacó, y empezar a lamer el dulce agujero de su vagina.

Me daba una flor de mamadaElla tenía unos gruesos labios amarronados, y se dejaba hacer en silencio. Yo se la empapé de besos y saliva, y ella dejaba cada tanto un flujo en mi boca, como un manjar. Era una diosa colosal. Y yo tenía la fortuna de tenerla entre mis brazos y poder hacerle el amor, y sentirme amada por ella.

Nadie en derredor, y en perfecto silencio, sólo sentíamos los ruidos producidos por nuestros cuerpos, mi boca hablando en lenguaje secreto con su sexo.

Ahhhhh, sí, ámame… -decía a cada lenguetazo mío, y sus piernas temblaban de placer.

Precalentando con su juguete Minutos después nos tiramos al piso, o ella me tiró, eso no lo recuerdo de tan caliente que estaba, para echarse encima y frotar su sexo sobre el mío, hamacándose suavemente, refregando nuestros duros clítoris, rozándonos los senos y besándonos salvajemente como dos perras hambrientas.

Lo que siguió fue un juego más que interesante, las dos en cuatro patas y enfrentadas por el culo, y Mara que hundió el consolador transparente en mi vagina, y luego lo enterró en la suya. Y las dos meciéndonos con ese aparato completamente dentro.

Lista para ser montada Mi sexo arrojaba líquidos continuamente mientras nos movíamos, y Mara gemía como una hembra inconsolable. Me pidió que se lo enterrara a ella sola, que se lo diera todo, y yo penetré su cálida entrada, teniendo ante mis ojos la visión de su redondo y grandioso culo.Gime mientras la culeo

Lo tenía completamente dentro y no se saciaba. Pedía que lo entrase más hondo, más hondo, y se lo sacara de golpe. Sus gritos eran tan excitantes como lo que estábamos haciendo juntas. Contagiada de su hermosa garganta, yo misma empecé a gritar cuando la veía deshacerse de excitación en cada penetración.

Culeada colosal a mi suegraY se volvió paa tumbarme en el piso, y con la mitad del enorme consolador adentro, empezó a penetrarme por adelante como si fuera un macho…

Jugamos a un hombre y una mujer, como si ella fuera el hombre y yo su hembra. Consintiendo su penetración salvaje, brutal, pero a la vez con mucha dulzura. Dulzura de mujer… porque ella sabía cómo hacerlo.

Me estaba poseyendo completamente, y no me resistía. Empecé a pedir más… y más.

Y la acción continuó con absoluta naturalidad, ella sentada y yo acostada, unidas por ese pene fabuloso, empecé a sentir el formidable arribo del orgasmo, ella moviéndo sus grandes glúteos encima mío, y el aparato clavándose en las dos, ahhhhhh… ahhhhh.

Y el orgasmo de ella, cuando pegó gritos histéricos y se tiraba de los cabellos, colorada, jadeante, envuelta en sudor. Ese instante se grabó para siempre en mi memoria. Mara al galope sobre Lola.Cerraba los ojos mientras la movia

La zorra de mi suegra se bebía mi leche Nos echamos sobre el piso, las dos caímos pesadas, medias embobadas de placer. Pero enseguida nos herguimos para seguir besándonos y tocar nuestros clítoris.

Ese día supe del amor entre mujeres. Tuve mi primer orgasmo, y descubrí que ambas éramos multiorgásmicas.

Desde entonces, hemos ensayado todas las variantes posibles de este juego. Y por nada del mundo renunciaremos a él. Espero que ustedes hayan gozado tanto al leer, como yo gocé al rememorar este episodio. Besos donde más les guste.

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