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Si te gustan las buenas mamadas, si te gusta ver gente chupando tetas, o incluso mamando tetas enormes, has llegado al paraiso del sexo con boca y mas…

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Mi nombre es estrella, soy hermosa barranquillera, soltera, de tan solo 22 añitos, de ojos marrones, cabellos largos, ondulados de color castaños, me apasiona el sexo y siempre habia soñado con hacer el amor todo el dìa con diferentes hombres; pero hasta el 28 de dic.2000 era algo imposible de realizar.

Ese jueves salì de mi casa a las dos de la tarde rumbo a cartagena, ibamos un grupo de 8 personas donde solo habiamos 2 mujeres; llegamos a las refrescantes playas de cartagena, y en la orilla del mar nos quedamos, tomando, bailando, hablando de todo, a las 9 de la noche michael, mi amiga, dijo que tenia malestar estomacal y que preferia irse a acostar, asì fuè, nos quedamos mis 6 amigos y yo; nos sambullimos todos en el mar, alli jugueteamos, nos sentiamos libres, allì comenzo a hacerse realidad mi gran fantasia.

Estando en el mar dì inicio a una conversaciòn el tema era ” cual es tu fantasia sexual” como todo anfitriòn comence a hablar, les dije que me gustarìa hacer el amor durante largas horas con varios hombres, enseguida kike dijo: sabes estrella yo siempre he querido probar tus dulces labios y yo ni corta ni peresosa lo abraze y allì nos fundimos entre calidos pero excitantes besos, todo fue lindo, fue como un juego donde todos tenian la oportunidad de besarme, y asì lo hicimos, pero yo estaba encendida y querìa acciòn.

entre el mar y sintiendo como las olas del mar nos movian de un lado al otro, jorge me tomo entre sus brazos y me chupaba los senos, mientras que pablo introducio sus dedos en mi vagina, kike me penetraba por atràs y yo con la mano derecha le hacìa la paja a fredy y con la izquierda se la hacìa a wilmer, jose estaba allì a la espectativa, silencioso admirando esta orjia y esperando ansioso su turno.

kike fuè el primero en venirse, luego se apartaron de mì dejando que jose me tomara y me hiciera suya, empezo besandome apasionadamente por el cuello, hasta llegar a mis senos mientras sus dedos jugueteaban con mi vagina,,,,,,,umhhhhhhhh….que rico me sentìa,,,,,,ahhhhhhhhhh, ahora mismo estoy sintiendo esa sensaciòn……quiero venirme nuevamente… yo le hablaba al oido y le decia, metemela toda mi amor quiero tu gran verga dentro de mi vagina, culeame, hazme sentir plena….quiero màs, lo hicimos hasta durante una hora, fue lo que se demorò en venirse.

Despuès le tocaba el turno a pablo, el màs infantil de todos es muy romantico, me cantaba y decìa cosas bonitas mientras exploraba mi cuerpo, parecìa que fuese su primera vez, con èl todo fue lindo lo hicimos por delante y por detràs.

ahora le tocarìa a fredy, ahiiiiii,,,lo estaba esperando con tantas ansias es el mas atletico de todos, tiene unos musculos, que fuerza èl me alzo se quedo casi agachado y me sento en sus piernas se movio de que manera, fue algo dificil ya que las olas del mar no se quedaban quietas y nos moviamos fuertemente de alante hacia atràs, pero no nos importò al contrario,,,,,fue el polvo que màs me gusto… estaba 100 erecto y me pidio que me agachara un poco y tratara de colocarme como un perrito, lo intente y sentì como clave su gran pene dentro de mi ano.ahhhhhmmmmmmmmm. sentì que me atravesaba, pero le pedìa que lo hiciera con mas fuerza…asiiiiiiii.ahmmmmmmmm…me voy a venir gritabamos ambos,,,,umnnnnnnn que rico se vino y me dijo al oido ” cuando todos allàn terminado quiero volver a hacerlo contigo”

Jorge fue realmente encantador me hizo volar me clavaba por atras con el pene y por delante con sus dedos, y me chupaba la espalda, el cuello, que ricoooooo…..ahmmmmmmmmm, le pedia màs apesar de haber cogido con todos ellos sentìa que mi cuerpo pedia mas sexo…..asì que le pedì que no se viniera, mientras me sumergi en el mar y le chupe el pene por unos segundos cuando salì me metio su carnuda picha en mi hinchada chucha,,,,,que rico…….me sentìa la mujer màs afortunada de la vida, èl tuvo dos eyaculaciones en ese momento….que rico.

cuando termine de culiarme a todos eran apròximadamente las cuatro de la mañana, digo esto porque ya estaba amaneciendo. llame aparte a fredy y le pedì que me llevara a un hotel, asì lo hicimos nos retiramos, cuando llegamos al hotel me cargo me dejo caer sobre el sofa y con apasionados besos me dejo sin ropa, querìa que ese momento no se terminara, me chupo, me beso, me culio, por delante y por detras, cientos de veces, no queriamos irnos no queriamos saber de horas ni de nada, lo hicimos en el baño, en el piso, en la cama, sobre el tocador, en la mesita de noche, ese dìa no comimos nada, solo queriamos deborarnos, chuparnos todosnuestros nectares, quedar secos y asì fuè, no dormimos ni descansamos, cuando èl se venìa yo le chupaba la picha y le besaba los huevos para que no se le bajara y asì fue como pude hacer realidad mi gran fantasia.

cuando salimos del hotel eran las 6:15 de la tarde cogimos un carro rumbo a la terminal para regresar a barranquilla y en el camino nos seguiamos besando, y tocandonos, sabiamos que no podiamos esperar a barranquilla asì que en la terminal nos metimos en el baño de los hombres y lo hicimos nuevamente, cuando nos montamos en el bus nos seguimos chupando, agarrando y el metiendo sus dedos en mi vagina y por mi ano no nos podiamos contener asì que se la chupe hasta que se vino en mi boca, todavìa puedo sentir ese sabor….umhhhhhhhhhhhhh….que rico.

actualmente no podemos estar un solo minuto sin vernos a diario me pierdo de mi casa para encontrarme con èl y tener a diario mìnimo 5 orgasmo.

prueba esta experiencia y te juro que no te arrepentiras.

Esta es la historia de un trío que realicé con una pareja que conocí por medio de una revista sw. Quiero aclarar que esto lo cuento con el permiso de ellos, de no ser así jamás lo haría, no menciono nombres para cuidar su identidad. Después de escribirnos e intercambiar teléfonos, acordamos el día que nos conoceríamos, ellos son de otra ciudad, pero viajarían de vacaciones a Acapulco, que es donde yo vivo…

Por teléfono él me había comentado que era la primera vez que harían algo así, que el tenía la inquietud de verla con otro teniendo sexo, ya lo había platicado con ella y estando en la cama ella le decía que si, pero que dudaba un poco después de pasada la calentura, y que estando acá, tal vez se animaría, ya que acá no los conoce nadie. Cuando estuvieron aquí, me llamó él, me dijo donde estaban y fui para allá, nos presentamos, ellos son un poco más bajitos que yo, de unos 40 años aproximadamente, agradables personas. Después de un rato de estar charlando parecía que nos conocíamos de tiempo antes, fuimos a bailar ya que a ellos les gusta mucho, con la intención de que ella con unas copas, perdiera los nervios. Después de estar un buen rato bailando, nos dispusimos a retirarnos a un hotel, entramos al cuarto, él se sentó en una silla que estaba al lado de la cama, me dijo que comenzara a besarla, ella estaba sentada en la cama, la abracé y comencé a tocarla, estaba un poco nerviosa, poco a poco se fue relajando, la besé y poco a poco correspondió al beso, la comencé a desnudar, el esposo observaba excitado, cuando estuvo desnuda le besé el cuello, sus senos, el abdomen, pero no permitió que le besara la vagina. De pronto él se paró de la silla, y comenzó a besarla, me dijo: quiero ver que la penetres, me puse un preservativo, él le abrió las piernas y me dispuse a penetrarla, él observaba todo al lado de ella, se la introduje lentamente y comencé a moverme mientras él la besaba, ella comenzó a disfrutarlo, poco a poco se fue relajando y se movía cada vez que yo entraba y salía, con las piernas en mis hombros hacía movimientos circulares. Así estuvimos un buen rato hasta que terminé, pero él quería ver más y me dijo que se lo hiciera de nuevo. Me coloqué otro preservativo, le dijo que ella se me subiera estando yo recostado, ya que a ella así le gustaba y lo disfruta más, estando así, ella arriba de mí se movía muy rico, y gemía un poco más fuerte que al principio, hasta que llegó al orgasmo, estuvo un buen rato cabalgando hasta terminar otras dos veces más. Después me volví a poner encima de ella y seguí penetrándola. Ahora ella ya lo disfrutaba más, y él también ya que se estaba cumpliendo su fantasía. Terminé y descansamos un poco, entonces él, se le subió y la penetro, con muchas ganas, ya que nos dijo que estaba caliente por lo que estaba pasando. Mientras él se lo hacía ella me masturbaba. Cuando el terminó me dijo que si ya me había cansado, a lo que contesté que no, entonces dijo: dale más, y así lo hice. Mientras se lo hacía ella me besó y me dijo que lo estaba disfrutando, que le encantaba la idea de tener dos miembros para ella sola. Así estuvimos mucho rato, nosotros haciéndolo y él observando todo. Ya casi al amanecer, nos dispusimos a retirarnos, quedando de volver a repetir la experiencia, cuando ellos volvieran. Esto hace ya más de un año, y hasta la fecha no han venido, pero les llamo de vez en cuando para saber como están, me dicen que esperan venir pronto, y yo espero que así sea. Mientras tanto sigo buscando conocer más parejas que quieran también realizar sus fantasías, ya sea que ellos quieran ver a sus esposas en acción, o para darle placer ambos. Hay a quienes les gusta que vean a sus esposas exhibiéndose, o que las cachondeen, en alguna disco al bailar o en algún cine. Si hay alguien con alguna de estas inquietudes y quieran darme la oportunidad, soy hombre solo, hetero, discreto, respetuoso, escriban con datos, teléfono, foto de ella, si gustan. Que quede bien claro que al contar esta historia lo hago con el consentimiento de ellos, y que no pretendo con esto cause problemas a nadie, por eso omití sus nombres, Así que, si quieren vivir algo parecido, pónganse en contacto a mi correo. Manden algún comentario o escriban para contacto.

Llámenme Sr. Smith. Tengo 41 y este relato es real, pero ha sido escrito para ser adaptado como relato erótico. Soy Director de una empresa privada reconocida, que se encuentra en el mercado de alimentos.

El departamento de Recursos Humanos me contrato y asignó una nueva secretaria y resultó que la chica escogida (de unos 20 años) resultó ser una verdadera putita. Todo empezó cuando una tarde la vi quitarse sus bombachas en el escritorio y quedarse sin ellas. Katy era una linda chica rubia muy atractiva, de 1.70 mt, tenía unas preciosas nalgas duras y respingonas sin un centímetro de celulitis, sus tetas no se quedaban atrás eran sin ser exageradas, un bello par de tetas blancas paradas.

Volviendo al relato, cuando vi que se quitaba sus calzones, la verga se me endureció solo de pensar lo que habría debajo de su faldita. Ese día le pedí que se quedara una hora extra, cuando estábamos en el salón de copias y se agachó para llenar la bandeja de la fotocopiadora, le metí la mano debajo de su falda por detrás y pude tocarle su panochita peluda. Le dije:
-Ajá asi que te quitas las bombachas en la oficina!- le dije con un tono suave. Katy se levantó un poco, pero riéndose se volvió a agachar invitándome a seguirla tocando, le recorrí toda su rajita con mis dedos, rápidamente Katy mojó toda su parte con líquidos vaginales, lo pude sentir en mis dedos, esto me terminó de calentar, ella se recostó un poco sobre la fotocopiadora para seguir degustando mi manoseo. Le inserté un dedo en su vagina, uyy estaba muy caliente allí dentro, luego le metí otro dedo y la empecé a pajear, la muy puta cerraba los ojos y gemía moviendo su trasero. Tomé mis dedos que tenía dentro de su panochita y me lo llevé a la boca, lamí sus liquidos impregnados en mis dedos, era el delicioso sabor a hembra caliente.

Después de eso me saqué la pija del pantalón y se la puse en su rajita la empujé y se la metí toda, solo mis cojones quedaron afuera, la pistonie duro por un buen rato, ella gemía y me pedía que se lo hiciera más duro.
-qué rico Sr. Smith, que rica tiene su pija, metamela más duro!- me decía al borde del clímax mi secretaria.

Yo la tomaba de la cinturita para hundírsela cada vez más profundo, mientras la penetraba yo acariciaba y apretaba ese par de preciosas nalgas. Seguimos prendidos de nuestros sexos por unos diez minutos, luego le descargue una buena cantidad de esperma en su vagina, hasta que mi pija cesó de palpitar y sacar semen, luego la saqué de su interior. Me senté en una silla para descansar, ella se sentó en mis piernas y nos besamos unos minutos más. Luego se despidió y se retiró de la oficina. Ese fue solo el inicio de una aventura sexual excesiva.

Después de eso, durante las siguientes semanas llevamos una relación sexual permanente, Katy se acercaba a mi oído y me decía que ya se había quitado sus bragas y que me esperaba en su oficina. Llega yo allí y cerraba la puerta, la acostaba en su escritorio y le mamaba su rajita peluda, (ella me contó que no se rasuraba toda porque se le irritaba su coñito), bueno a mi me han gustado las mujeres que se dejan todavía vello pubico en su sexo. Después de comerle su coñito y hacer que se viniera en mi boca, la penetraba duramente allí acostada en el escritorio, me ponía cada pierna en mis hombros y la follaba hasta que la veía tener un orgasmo, luego me sentaba en su silla y ella sobre mi pija, la cual se metía bien adentro de su rajita. Me cabalgaba por un buen rato mientras yo le chupaba las tetas, terminábamos eyaculando casi simultáneamente.

Otras ocasiones, Katy llegaba a la oficina y estando yo sentado, me abría mi cierre del pantalón y me sacaba la pija para chuparla un rato y luego se retiraba, no importaba si me hacía venir cada vez, porque ella regresaba después y volvía a repetir la mamada. En otras, yo la veía venir en el pasillo y la tomaba y la prensaba contra la pared y le bajaba la blusa sin sujetadores y le chupaba y mordía los senos. Casi todos los días teníamos algún encuentro sexual. Katy era muy complaciente.

Como estaba encantado con esta chica tan caliente, recomendé que la pusieran de mi asistente personal, asi cuando tenía salidas a reuniones o presentaciones que casi siempre eran en salones de hoteles de lujo, alquilaba una habitación y después de la reunión, me llevaba a Katy y nos dábamos unos agasajos sexuales estupendos, cogiamos por horas en varias posiciones, a ella le encantaba la posición perruna, me decía que sentía que mi pija entraba hasta lo más hondo de su cuerpo, la chica era insaciable en la cama!, se la metía para ese entonces en sus tres huequitos, es decir, ya la penetraba por el culito y por supuesto por su boca y vagina. Debo decir que tiene un culito precioso para coger, y a ella le encanta también recibir mi pija por allí. Katy nunca me dijo que no a alguna insinuación o invitación para coger, inclusive la follé aún cuando tenía su periodo menstrual.

En una ocasión la muy puta de Katy, hasta me presentó a su novio, yo me quedé viendo con lástima a ese cornudo.
Para un evento de motivación que hizo la empresa para fin de año en las playas de Cancún, Katy no estaba invitada, solo directores, pero yo me la llevé y le pague una habitación, pasamos algo parecido a una luna de miel, cogiamos varias veces al día y en todos lados, íbamos a la disco en la noche y regresábamos a la habitación a follar otra vez. Era una locura sexual completa!.

Todo terminó cuando me contó que su novio le había propuesto matrimonio, primero me preguntó si yo dejaría a mi mujer por ella, y como no le dí una contestación como ella quería, renunció a su puesto. De eso hace casi un año, ella esta ya casada, a mi solo me quedan los locos recuerdos calientes.. Fue el mejor año de mi vida, sexualmente hablando.

Relato erotico de un joven que conoce a una madura de muy buen ver, en otras palabras una zorra con un cuerpazo y un culo espectaculares. El tio no lo desaprovecha y a la primera de cambio le mete toda la polla por el culo, por el chocho, por la boca… una verdadera zorra que le encanta disfrutar del porno brutal

Tengo 19 años recién cumplidos, estudio en la universidad, y desde hace ya varios años vivo solo en un piso en Madrid. Soy del sur, de un pueblecito de la provincia de Cádiz, y mis padres viven de caseros en un gran cortijo. Este verano, sin planes, decidí darles una sorpresa y me fui a pasar con ellos unos días. Mi padre pasa el día en el campo trabajando, cuidando los animales que hay, toros bravos y caballos, y mi madre pasa el día en la casa de los señores, limpiando y haciendo de comer para ellos, llevan toda la vida trabajando para ellos, la señora de la casa, por esos días estaba sola en casa, ya que toda la demás familia estaban de vacaciones en no se donde.

Pasear por la casa era una pasada, suelos de maderas, trofeos de caza por todos sitios, biblioteca inmensa, cosa que me gustaba, pasaba mucho tiempo por allí, leyendo los libros que me parecían interesantes. Mi madre siempre me decía que tuviera mucho cuidado de no romper nada, y de no cambiar las cosas de sitio, por lo normal evitaba estar en la casa principal cuando estaban los señores en ella, o algunos de sus hijos, que además nunca me gustaba como trataban a mi madre, que parecía la criada de ellos, y eso me reventaba. La señora ronda los 50 años, y ella al contrario de los demás miembros de la familia, siempre había tratado con mucha educación a mis padres, y siempre que podía los ayudaba con dinero extra, con cosas para mi de sus hijos menores, que normalmente yo solía vender, ya que no me gustaba usar la ropa de ellos, y siempre era ropa de marca y sacaba una pasta por ellas. Además ella provenía de una familia normal del pueblo, se había quedado embarazada en su juventud y el señorito la tomó por esposa, por lo que ella sin quererlo se parecía más a nosotros que el resto, aunque con los años, tenía ese aire de superioridad característico de la gente con dinero, mucho dinero.

Un día estando en la biblioteca, la señora pasó por mi lado, sin darse cuenta de que yo estaba sentado en un sillón inmenso leyendo un libro, iba en bikini con un pareo amarrado a la cintura, no es una mujer muy alta, 1,67 o 68, tiene unos pechos que ahora visto en bikini, eran mucho más grande de lo que yo hubiera podido imaginar, no tenía barriga, estaba completamente lisa y el bikini se le metía por el canal entre sus nalgas dejando estas moverse libremente, nunca imaginé que esta mujer tuviera ese porte, su piel se notaba que no estaba tersa como la piel de una mujer joven, pero sin darme cuenta mi pene se puso duro y sin poder evitarlo, mi primera intención fue seguirla y expiarla, pero después pensé en su dormitorio y sigilosamente me dirigí a él, la puerta estaba entreabierta y con un poco de miedo y con el corazón encogido, entré. Su ropa estaba sobre la cama, sin poder evitarlo busqué su braga, y comencé a olerla, su aroma era extasiante, estaba mojada de su flujo y sin querer evitarlo me propiné una paja soltando toda mi leche sobre ella, salí de nuevo a buscarla después de haberme quedado satisfecho, la estuve espiando un rato, verla sentada sobre la tumbona y ver como se juntaba la crema por el cuerpo fue una pasada, se apartó la parte de arriba del bikini para juntarse crema por los pechos, dejándome ver sus aureolas y sus pezones negros, que resaltaban sobre la parte de sus pechos que no estaba bronceada por el sol.

Cuando sentí que mi madre se acercaba, me fui para no levantar sospechas, ya que ella tendría que pasar por donde yo estaba, me fui a nuestra casa a propinarme otra paja pensando en lo que había visto. Ese día no volví a verla, pero desde ese momento procuraba encontrármela y por supuesto encontrármela cuando tenía la polla bien dura y ella pudiera darse cuenta de mis terribles erecciones. Soltar mi leche en sus bragas se había convertido en mi pasatiempo predilecto. Que decir tiene que mis días de estancia en casa de mis padres se alargarían por lo menos, dos semanas, ya que ese sería el tiempo que la familia estaría fuera.

Una tarde que ella se estaba duchando en su cuarto de baño, me aventuré a entrar en su dormitorio, lo primero que encontré fue su pequeño bikini, y sin pensármelo me pajeé soltando mi leche caliente en él, conseguí salir justo cuando ella salía, y al cabo de un rato cual fue mi sorpresa cuando la vi aparecer en el porche de la casa llevando el bikini, yo estaba con mi madre ayudándola con unas macetas, la señora tuvo que darse cuenta de mi nerviosismo al verla, sobre todo porque yo podía ver la mancha de mi leche en la parte de debajo de su bikini y sabía que tenía haberse dado cuenta de que estaban llena de algo que no era normal, pero allí estaba con ella puesta, y marcando sus pezones en la parte de arriba, mi madre ajena a todo aquello no se daba cuenta de nada, pero la señora no dejaba de mirar el paquete que empezaba a asomar en mis calzonas.

Después de una conversación que giraba en torno a mi, de mis estudios, de mis gustos y sobre todo de que si tenía novia o no con mi madre, esta tuvo que volver a sus tareas, y la señora como no queriendo dejar escapar una ocasión de quedarse a solas conmigo, me dijo que no me fuera, que tenía algunas cosas de su hijo pequeño que me podrían servir y que me las iba a enseñar por si me gustaban y las quería, no pude rechazar la invitación que además fue muy aplaudida por mi madre que nos dejó a solas ya que ella tenía que salir a comprar unas cosas, eso quería decir que mis padres tendrían que coger el coche y ausentarse del cortijo durante al menos 3 horas. La señora no dijo nada, solo se limitó a caminar delante de mí, quitándose el pareo que llevaba puesto, dejándome ver en todo su esplendor sus nalgas moverse de un lado a otro mientras caminaba y se dirigía al cuarto de su hijo.

Entramo en el dormitorio y después de abrir el armario del hijo se sentó en un cómodo sillón a mi espalda, y me dijo que cogiera lo que quisiera de él, para probármelo, los dos somos casi iguales de edad y de estatura por lo que sus cosas me vienen que ni al pelo, me saqué la camiseta que llevaba puesta y me coloqué unas camisas, la señora no dejaba de mirarme, y abriendo las piernas varias veces me dejaba ver sus abultados labios vaginales, y como el bikini se le metía entre ellos, y sobre todo la mancha de mi leche, una de las veces pude ver por el espejo del armario, como ella se metía los dedos por dentro del bikini y seguidamente pasaba sus dedos mojados por su labios, eso me puso como una moto y sin poder evitarlo mi polla creció hasta dolerme, seguidamente me dijo que había unos pantalones que me vendrían muy bien con esas camisas y me dijo que me los pusiera, tuve que sacarlos del armario y antes de que me los pusiera, me pidió que me acercara para verme de cerca, una vez frente a ella y con los pantalones superpuestos a mis calzonas, me pidió que me los pusiera, tenía que quitarme la calzonas y quedarme en bóxer, sabía que mi polla iba a quedar en todo su esplendor y como decimos aquí, “de perdió al río”, me bajé las calzonas dejando que ella pudiera ver mi pene apretado por mi bóxer, la tenía bien grande y dura, me dolía, ella se echó hacía delante quedando muy cerca de mi abultado pene, y antes de que yo pudiera decir nada, me dijo.

- Llevas días malgastando tu leche en mis bragas, no sabes el trabajo que me cuesta sacarla de mis bragas y saborearla.

Y antes de que me diera tiempo a nada, acercó su mano y tiró de mi bóxer dejando en libertad mi pene, tiró de mi por mis caderas y se la llevo a la boca, primero paso su lengua por mi glande sacando las gotas de mi flujo preseminal que ya estaba en él, y luego me bajo el capullo para chupar todo mi glande con glotonería, sacando todo el resto de mi leche pegada a ella, para después como la que le fuera la vida en ello, metérsela en la boca con ansias, me la chupaba, metiéndosela por completo, a la vez que recorría mi polla por completo con las dos manos, chupaba todo mi tronco y se metía los huevos en la boca, tremenda paja nunca ninguna chica me había hecho, por lo que sin poder evitarlo, no tardé en correrme soltando una buena cantidad de leche en su boca, que desde luego ella no dejo escapar ni una sola gota, se relamía las comisuras y seguía chupando, hasta conseguir que de una sola vez mi polla volviera a estar igual de dura que al principio.

Cuando terminó me había dejado igual que al principio, igual de empalmado que cuando entré. Se echó para atrás y sin decir nada, colocó su culo al filo del sillón, bajo su mano hasta apartarse la parte de abajo del bikini, dejando a mi vista un tremendo coño, sus labios eran grandes, su piel estaba bronceada menos la parte que cubría su bikini, apenas tenía vellos, solo una pequeña hilera de vellos de color castaño, que dejaban paso a unos labios grandes y oscuros, se los abrió con sus dedos dejándome ver la parte interior de sus vagina, resaltando ese color rosado de su interior, me arrodillé para demostrarle que no era un principiante en la labor de lamer un buen coño, y apartando sus manos para dejarme hacer, comencé a lamer todo su borde, el aroma que desprendía se mezclaba con el sabor de mi leche pegada a su bikini, lamía y chupaba sus labios, consiguiendo sacarle gemidos que cada vez se hacían mas sonoros, hasta por fin dedicarme a lamer y chupar su inmenso clítoris, que ya estaba duro y grande, mis manos recorrían sus muslos, apretando cuando podía sus flácidas nalgas, pude notar que estaba a punto de terminar en mi boca, cuando sus gemidos se fueron haciendo más sonoros a la vez que apretaba mi cabeza con sus manos, una vez que comprobé que había terminado, ya que soltó una cantidad de flujo, que me llenó toda la boca de un rico sabor, me dediqué a meter mi lengua en su dilatado coño, y seguir bajando hasta alcanzar la entrada de su ojete, eso parecía volver a ponerla a tope, con mis manos acaricié su vientre hasta subir a sus pechos, que saqué del bikini, jugando así con sus pezones que parecían dos botones grandes y duros en medio de sus flácidas e inmensas tetas, subí mi lengua por todo su vientre, jugando con sus vellos, hasta alcanzar esas tetas, que colgaban , las mordí con furia, y eso parecía ponerla como una moto.

Parecía que le gustara que le dieran fuerte, mi polla jugaba entre sus piernas, se la coloqué entre los labios, y apreté, mirando como mi polla entraba en su gran hueco, estaba completamente lubricado, su gemido tuvo que resonar en toda la casa, pero por suerte estábamos solos, de rodillas, mi polla llegaba perfectamente, cogí sus piernas por debajo de las rodillas y se las subí para de esa manera embestirla con toda la fuerza que pude, sentía como mi polla entraba hasta lo más hondo de su ser, su interior quemaba, sentía mi polla dura como un piedra, y sentía incluso como me dolía el capullo después de dos pajas, pero no pensaba parar hasta hacerla reventar de placer, y desde luego que lo estaba consiguiendo, ella soltaba gemidos, como una loca a la vez que no paraba de decirme obscenidades que hacían que cada vez le diera más fuerte, yo no conseguía correrme, y ella estaba ya exhausta, podía ver sus tetas rojas de mis mordidas, y como sus pezones parecían que iban a estallar de tanto chupárselos. En eso ella ya no podía más y me dijo.

- Correte ya, cabrón, que me vas a dejar rota por dentro.

Por mi cabeza, pasó una idea, que nunca había conseguido realizar, darle por el culo a una tía, mi polla es bastante grande y cualquier niña joven, le da miedo, pero con la señora iba a ser diferente, se la saqué y sin darle muchas opciones conseguí darle la vuelta y colocarla a cuatro encima del sillón, me coloqué detrás de ella, y volví a embestirla con fuerza por detrás, ella gemía y seguía gritándome cosas como.

- No me la saques, dame fuerte cabrón, quiero sentir tu leche dentro de mí, rómpeme.

Abría sus nalgas con mis manos, ver su estriado agujero trasero, me estaba volviendo loco, sentir mis muslos haciendo estallar sus nalgas, me estaba llevando al límite, paré de darle fuerte, para sobar sus tetas por delante, ella apretaba su coño, para hacérmelo sentir, le dije en un susurro, que deseaba darle por detrás, a lo que ella me respondió que nunca le habían dado por ahí, que eso tenía que doler mucho, pero cuando se la saqué y busqué la entrada de su culo, no hubo impedimentos por parte de ella, así que muy despacio y jugando con su agujero, poco a poco la fui abriendo hasta tener la punta de mi polla en su gran culo, ella se mordía los labios, y con su mano se daba placer, tirando a veces de mis huevos para refregárselos por su dilatado coño, yo abría sus nalgas y metía mi polla poco a poco, sacando pequeños gritos cada vez que ella sentía más adentro mi polla, así hasta que mi polla estuvo hasta los huevos dentro de su apretado culo, la saqué por completo y la metí varias veces de una sola vez, hasta que su agujero se quedó abierto y mi polla entraba y salía sin ninguna dificultad, fue cuando agarrándola de las caderas, comencé a embestirla con toda la fuerza que pude, era una pasada verla chillar como una loca, sentir como se metía los dedos todo lo que podía en el coño, y como se chupaba ella misma los pezones, así estuve varios minutos todos los que pude aguantar antes de soltar toda mi leche en ese estrecho y caliente agujero y todo lo adentro que pude.

Los dos quedamos sudorosos, sacar mi polla de su culo, y verlo palpitar y ver como salía mi leche de él, hizo que no me pudiera contener, y sin pensármelo me abalancé a chupárselo y lamérselo, pasaba de su culo a su coño, metiendo todo lo que podía mi lengua en sus dos agujeros, ella volvió a correrse con mi boca. Y de esa manera dimos por terminada nuestra primera sesión de sexo.

Fue la primera, pero ni mucho menos la última, follamos todos los días que me quedé en la casa de mis padres, y ahora que he vuelto a Madrid, me llamó para decirme que pasaría unos días sola en la capital, y que me olvidara de mi vida social. Que me quería solo para ella.

Relato erotico de una enfermera que se encarga de cuidar de los enfermos, entre ellos encuentra a uno, su favorito, al que le concede todos sus deseos. El anciano se aprovecha de ella y no para de correrse en su cara y por todo su cuerpo, despues de recibir una mamada brutal.

Soy una mujer de 33 de edad, soy enfermera y adoro mi trabajo pero a pesar de mi seriedad profesional me encanta ver los pacientes hombres desnudos, especialmente los tipos maduros mayores de 50 y los ancianos. Me vuelve loca y me encanta cuando debo lavar enfermos de esas edades o cuando me toca a mí afeitarlos abajo para alguna operación.

Hace tiempo se hospitalizo un tipo de 65 de edad, alto y robusto, como me gustan a mí, el cual debía ser operado de cálculos en el hígado. La enfermera de guardia era yo al momento y bueno, llegue a su habitación, lo salude y le dije que dentro de poco regresaría para prepararlo para la operación. El me pregunto en que cosa consistía esa preparación y yo le explique que debía rasurarle desde el abdomen hasta parte de los muslos. Cuando le dije así el hombre se puso rojo y quedo sin voz. Me pregunto si tenia que hacerlo yo o lo podía hacer el, pero yo le respondí que ese era nuestro trabajo y si se afeitaba como no debía luego los médicos se enojaban con nosotras. Trate de calmarlo diciéndole que no se preocupara, que para mi era una cosa de todos los días, que me viera como una profesional.

Al rato regrese con la afeitadora y la espuma y le pedí que se desnudara y se metiera boca arriba en la cama. El hombre se moría de la vergüenza y se quito solo la camisa del pijama pero se metió un rato para quitarse lo demás, hasta que decidió bajarse los pantalones. Apenas vi ese hombre acostado en la cama, desnudo, me excite toda. Era tan bello, alto, blanco, robusto y con un poco de barriga, peludo y con un pubis exuberante y las bolas gruesas y llenas de pelos como a mí me encantan.

Le afeite la barriga y luego, cuando llegue al pubis y toque su pene, todavía flácido pero grueso, se le comenzó a parar, hasta que se le puso duro y grande, como de 20 cm., con una cabeza redonda como un caramelo. Era para comérselo todo, pero tuve que contener las ganas porque estaba trabajando.

Cuando se le paro la verga ese hombre no sabia que hacer, yo tuve que calmarlo diciéndole que era normal, que sucedía a todos. Le afeite el pubis, la ingle, los testículos, que eran enormes y aguaditos, y parte de los muslos. Después lo limpie y le pele la verga para quitarle algunos pelos que le entraron en el glande. Durante toda es procedura esa verga no dejo de estar parada y hacia arriba, pegada de la barriga y casi le llegaba al ombligo. Fueron casi veinte minutos en los que goce viéndole y tocándole su órgano sexual pero sin poder hacer nada.

Al siguiente día después de la operación cuando entre en su habitación porque me tocaba llevarle la medicina me dijo que habían venido en la mañana dos enfermeras a lavarlo pero el se negó porque le daba vergüenza. Ellas le respondieron que por un día lo dejaban tranquilo pero que al día siguiente tenia que dejarse lavar porque los médicos no permitían pacientes sucios. Yo le dije que si el quería yo podía ocuparme de lavarlo mientras el no pudiera hacerlo, visto que ya lo había visto desnudo. El pensó por un instante y me dijo que si. Ese día lo lave en la cama. Fue tan divino lavarle su verga y sus bolas, se las enjabone, le pele la polla y se la enjuague bien. A pesar de que estaba todavía con un poco de dolores por la operación, le vino una erección fenomenal. Esta procedura de lavarlo en la cama duro tres días hasta que lo lleve a la ducha y lo lavaba un poco sentado otro poco de pie.

Una semana después me dijo que posiblemente al día siguiente le darían el alta pero que necesitaba una enfermera que viniera a su casa por lo menos por una hora y media, a lavarlo y curarlo en casa hasta que le quitaran los puntos porque vivía solo, era viudo y me propuso de trabajar para el con una buena remuneración por hora. A mi la idea me gusto porque desde que lo vi desnudo siempre llegaba a mi casa después del trabajo a consolarme con mi dedo, y de paso, había notado en el una doble intención. Le dije que si y nos pusimos de acuerdo en base a mi horario del hospital.

Cuando llegue a su casa por primera vez el me esperaba con una bata y debajo solo los calzoncillos, me dijo que no podía caminar mucho por los dolores y los puntos pero si quería beber algo que abriera el refrigerador como si estuviera en mi casa. Yo le dije que era mejor hacer mi trabajo. Me llevo a la ducha, me indico donde estaban los jabones y las toallas. Yo le dije que se quitara la bata y lo ayude a quitarse los interiores, lo desnude completamente. Que bello tener su pene delante de mí y sus bolas que sin bello pubico se veían más enormes y aguadas. Apenas quedo desnudo enseguida se le paro la verga pero era ya una costumbre que le sucediera delante de mi y no se puso rojo.

Primero le lave la espalda con cuidado para evitar de no mojarle la herida y vi sus hermosas nalgas, luego le dije que se volteara hacia mi y le pase una toalla húmeda por el pecho y con la ducha después lo lave de la cintura para abajo, por delante y por detrás. Esta vez no me puse guantes y pude tocarle y acariciarle mejor su sexo. Apenas le agarre la polla, erecta, para enjabonársela sentí una exclamación de placer. Se la enjabone con suavidad y le enjabone el escroto y se lo acaricie con mis dos manos. El con una mano trato de tocarme una teta y fue en ese momento que los dos revelamos lo que ya ambos entendíamos desde que lo lavaba en el hospital. Por la primera vez le di del tu y le dije que si quería me quitaba la camisa y así hice. Me desnude y comencé a mamarle la verga. Le di primero besitos en el glande mientras le pesaba los enormes testículos que a su vez besaba también. Después me metí toda su verga en la boca mientras le tocaba las nalgas que eran duras y redonditas.

Se lo mame con tanto deseo hasta que dio un grito y me acabo en la cara y en los labios. Me inundo toda de una leche espesa y caliente.

Desde ese día nos hicimos amantes y después que se mejoro de la operación y no hubo más necesidad de que fuera todos los días a su casa, nos vemos una o dos veces a la semana y no todo es mamadera, no echamos buenas tiradas.

En el hospital sigo gozándome con los ojos a los paciente que veo desnudos y en mi vida privada me lo gozo a el.

Relato erotico filial entre un chaval y su tia que no habian disfrutado del sexo brutal hasta que se encuentran el uno al otro, aunque para no haberlo hecho nunca saben realmente como disfrutar con unas buenas penetraciones y mamadas.

Navegando a través de Internet me encontré esta página de relatos eróticos, de los que siempre he sido un gran seguidor, puesto que creo que excitan más que incluso ver una película porno. Antes de comenzar la historia que voy a contar, diré que es totalmente verídica y, que no hay nada de inventiva en la misma.

Para situarnos en la historia, presentaré a los protagonistas de la misma, que no son otros que mi tía María y un servidor. Los acontecimientos se desarrollaron hace aproximadamente 12 años, cuando yo tenía 22 y mi tía 47. Mi tía, la cual es hermana de mi madre, siempre ha vivido con nosotros y para mí ha sido como una segunda madre, es decir, me ha visto nacer, por lo que siempre hemos tenido mucha confianza el uno con el otro.

Con la entrada en la época de adulto, yo empecé a fijarme cada vez más en mi tía y en las mujeres maduras, que aunque no dispone de un cuerpo espectacular, sí hay que decir que se conserva muy bien para la edad que tiene, es decir, posee unos pechos muy bien puestos y un culo de los que yo llamo respingón.

Yo notaba que a medida que iba creciendo, cada vez se fijaba más en mí, al igual que yo en ella. Al tener mucha confianza no dudaba por ejemplo en entrar al cuarto de baño donde estaba yo para coger cualquier cosa, así que en más de una ocasión me pilló haciéndome una paja, claro que yo tampoco me quedaba corto, y cuando tenía la menor oportunidad intentaba verla cómo se desnudaba en su habitación, aunque nunca llegué a verla por completo. También aprovechaba cuando ella no estaba para ir a su habitación y cogerle las bragas y los sujetadores y a masturbarme pensando en ella.

Mi pasión por ella iba en aumento, y soñaba con poderla ver cualquier parte de su hermoso cuerpo. Siempre estaba al acecho, y así por ejemplo, estando en la playa junto a ella pude verla cómo asomaba parte de su pubis negro por la entrepierna, pero cuando ella se dio cuenta, enseguida se lo colocó.

Como íbamos a veranear toda la familia junta, es decir, mis padres, mi hermano y abuelos, nos teníamos que amoldar en la casa que tenemos en Almería, así que yo me las ingeniaba para dormir con ella, ya que mi hermano no soportaba dormir con nadie. Creyendo que yo me encontraba en un profundo sueño, y al despertarse antes que yo, aprovechaba para vestirse en la misma habitación, pero lo que no sabía es que yo me encontraba despierto, por lo que la pude ver en alguna ocasión cómo se bajaba el pantalón del pijama para ponerse las bragas, y me mostraba su hermoso culo blanquecino. En otra ocasión, al tumbarse en la cama y ponerse las bragas, la pude ver su coñito negro. Huelga decir, que tras irse de la habitación, lo primero que hacía era cascarme una paja pensando en el hermoso espectáculo que me había brindado.

En una ocasión, yo me desvelé a media noche y encendí la luz de la mesita, y la girarme pude ver cómo mi tía tenía el camisón subido hasta casi la cintura, por lo que mostraba parte de su monte de venus y culo. Yo no podía creer lo que estaba viendo, y mi corazón empezó a latir a mil por hora. Sigilosamente me levanté y empecé a masturbarme delante de ella, intentando hacer el menor ruido posible. Cuando me encontraba en plena faena, hice un movimiento en falso y me tropecé con la pata de la cama, por lo que el ruido la despertó y me pilló fraganti. El mundo se me vino encima y yo no supe qué decir, pero ella, lejos de reprimirme me dijo que qué estaba haciendo, a lo que yo no supe qué contestarle. A continuación me dijo que si nunca había visto el chichi de una mujer, a lo que yo le contesté que no, puesto que todavía era virgen. Entonces sin mediar palabra, ella cogió mi mano y empezó a guiarme primero por su monte de Venus y después a bajar hasta palpar su vagina.

Después me dijo que cerrara la puerta con cerrojo y que no hiciera ningún ruido, a lo que yo obedecí como si fuera un perro. Cuando me di la vuelta ella empezó a subirse el camisón y en unas décimas de segundo me encontré delante de mi tía como vino al mundo. La imagen que siempre ansié contemplar. Me preguntó que si había echo el amor alguna vez, a lo que le contesté que no. Mi sorpresa fue mayúscula cuando ella me respondió que también era virgen, algo que aunque estaba soltera, no me imaginaba.

A continuación se abrió de piernas y cogiendo mi pene con su mano, empezó a introducírselo lentamente en su vagina que empezaba a estar lubricada; yo noté que algo de dolor le produjo, pero enseguida estábamos el uno entregado al otro en un continuo movimiento de caderas, y comiéndole los pezones sonrojados que tiene con mis dientes. No tardé mucho en correrme en su hermoso chochito maduro, llegando a descargarle toda mi leche, como nunca antes lo había hecho. Ella también se corrió junto conmigo y las únicas palabras que llegó a articular fueron: “gracias sobrino”.

Desde aquel entonces, casi todas las noches lo hicimos, hasta que acabó el verano. La historia continuó unos cuantos años más, pero ahora ella ya no está con nosotros y ya dejamos de hacerlo.

Lo que más me gustó fue que tanto mi tía como yo perdimos la virginidad juntos y fue lo más parecido a estar en el paraíso.

Relato erotico en el cual una zorrita muy perversa nos enseña todo las fantasias que le hace realidad a su abuelo para conseguir cobrar la herencia. La muy guarra se pasa el dia tocandole la polla y haciendole unas mamadas brutales.

Me llamo Marta, tengo 23 años. Cuando paso todo tenia 19. Mis padres murieron de un accidente de tráfico cuando yo era pequeña. Desde entonces vivía con él. Es un hombre muy rico. De joven fundo una empresa metalúrgica que llego a ser líder en su sector. Cuando cumplió 58 la vendió a una multinacional por varios millones de pesetas. La verdad es que nunca me ha faltado de nada. Como soy su única nieta me ha “malcriado” ya que desde pequeña me ha llenado de atenciones y nunca me ha negado su capricho. Su carácter dulce y atento conmigo cuando estábamos solos en casa contrastaba con su fama de hombre despótico y uraño en la fabrica.

Quizás por todo ello nunca fui muy buena estudiante. Así que cuando cumplí 18 años le comente a mi abuelo que quería dejar de estudiar. Mi abuelo se enfado mucho. Como yo me negué a continuar los estudios a pesar de su insistencia, él adopto una medida radical: me dijo que me desheredaría y que a su muerte solo tendría derecho a una pequeña parte de su herencia. Cuando oí esto no lo podía creer. La verdad es que nunca me había preocupado por el futuro ya que contaba con que el abuelo me dejase todo su patrimonio ya que no tenia ningún otro pariente.

Pase unas semanas muy preocupada y confundida. Encontré una solución para evitar que mi abuelo me dejase en la pobreza a su muerte; lo iba a seducir. Mi abuelo era un hombre alto (1’80 m) y corpulento y a sus 60 años sin duda aun conservaba mucha energía sexual. Desde que murió la abuela, hacia años, nunca busco a alguien para sustituirla. En la fabrica nunca había acosado ninguna trabajadora y nadie le conocía ninguna amante. Yo sabia que mi abuelo se “fijaba” mucho en mi cuando me tenia cerca. Yo notaba que estaba especialmente obsesionado por mi trasero. La verdad es que tengo un buen trasero, respingón y muy bien proporcionado. Por otro lado soy rubia y con ojos azules, aunque no soy alta (1’62 m). Así pues, decidí aprovechar mis cartas. Empecé a vestirme lo mas provocativamente que pude sin “pasarme”; casi siempre llevaba unos pantalones de tela muy fina que marcaban muy bien mis nalgas y evitaba ponerme sujetadores para marcar bien mis pezones.

El siguiente paso del plan lo di cuando se presento una magnifica oportunidad. Mi abuelo se rompió en enero (dos días antes de mi aniversario) los dos brazos al caer cuando caminaba por una acera helada. Como no podía valerse por si mismo contrato una enfermera. Al segundo día de estar en casa sin embargo tuvo que dejarnos por un contratiempo familiar. A pesar que mi abuelo insistió en contratar otra enfermera, le convencí que no hacia ninguna falta ya que yo me cuidaría de el. Así pues cuide de mi abuelo ayudándolo a levantar de la cama el día siguiente y haciéndole el desayuno. Paso el resto del día en el salón mirando la tele. Por la noche después de darle la cena me dijo que quería ducharse. Mi oportunidad había llegado! Cuando llegamos al baño le quite la ropa, cuando hice el ademán de quitarle los calzoncillos pareció que iba a decir algo pero me dejo hacer. Lo acompañe a la ducha, abrí el agua caliente y cuando ya estaba totalmente mojado le pase champú por todo el cuerpo. Por supuesto no intente tocarle el aparato ni los testículos, pero con solo rozarle el pubis tuvo una tremenda erección.

Aunque estaba incomodo intento disimular lo que pudo. Después de secarlo le dije que estando “como estaba” no podía ponerle el pantalón del pijama porque le dolería. Intento decir algo pero el pobre parecía que había quedado mudo. Era curioso. Mi abuelo era un hombre de carácter, capaz de provocar el pánico entre los trabajadores de su empresa y ahora lo tenia yo a mi merced. Lo acompañe a su dormitorio y le ayude a acostarse. Su erección no había disminuido. Así que Cuando le iba a ponerle bien la almohada paso por mi cabeza un pensamiento audaz y me decidí; mire a los ojos a mi abuelo y le dije:

- No puedo dejarte dormir así como estas, abuelo. Si quieres puedo tocarte un poco. Si te alivias podrás dormir mejor.

Como no dijo nada entendí que asentía. Con naturalidad le cogí el pene y empecé a menearlo. Empecé lentamente y cuando vi que sus huevos subían acelere el ritmo. No tardo en salir una gran cantidad de leche. Mis manos quedaron llenas de la “crema” de mi abuelo. Cuando dejo de eyacular pare de menear y lo mire. Sin embargo el tenia la cabeza girada de lado para evitar que se cruzasen nuestras miradas. Le hice una ultima meneada para que sacase las ultimas gotas, lo limpie con una toalla y me marche a mi habitación no sin antes desearle buenas noches. Desde ese día cada noche masturbaba a mi abuelo. Deje de “visitarlo” por la noche cuando le quitaron la escayola.

La primera parte del plan había funcionado. Lo más importante es que había dejado a mi abuelo muy confundido. Deje pasar unos meses sin intentar nada más. Como había dejado los estudios y no tenia intención de trabajar pasaba todo el día en casa. Solo salía para ir a ver a mi novio que me había echado el ultimo año que estuve en el instituto. Por supuesto el no sospechaba nada de las “atenciones” que había prodigado a mi abuelo. Mientras tanto note que el interés de mi abuelo por mi cuerpo iba en aumento. Lo notaba en su mirada y en el bulto de sus pantalones. El pobre iba empalmado casi todo el día. Debo decir a su favor que nunca intento tocarme en esa época a pesar que ganas no le faltarían.

Pasados unos meses una mañana de primavera decidí avanzar. Para empezar la siguiente fase del plan necesitaba atraer su atención así que decidí simular estar ansiosa y preocupada y renuncie a comer y cenar aquel día. Cuando, como cada noche mi abuelo dijo que se iba a dormir le pedí si podía hacerle una pregunta. Me dijo:

- Claro. Explícame lo que te preocupa.

- Es que abuelo… no sé si debería decírtelo.

- Venga, suelta ya lo que tengas que decirme.

- Bien te lo diré. Mi novio insiste desde hace días que quiere tener sexo anal y a mí me da mucho miedo.

- Si no quieres, haces bien en negarte

- Si, pero…ya mi primer novio me pidió lo mismo y me negué. Creo que mi trasero vuelve locos a los hombres. Estoy segura que tarde o temprano cederé y tengo mucho miedo por el dolor.

- Si tu novio te “prepara” bien, la primera penetración te dolerá poco. En las siguientes penetraciones el dolor desaparecerá. Puede que te llegue a gustar como a tu abuela.

Aunque no te lo debiera decir de lo diré para tranquilizarte: tu abuela se negó en las primeras noches después de la boda a la penetración por detrás porque tenia miedo del dolor. Sin embargo la convencí y con mucha paciencia y suavidad no le hice daño ni siquiera la primera vez. Después de esta primera vez fue una practica habitual en nuestro matrimonio. En ese momento me decidí. Si “picaba” estaría ya bajo mi poder y la posibilidad que me desheredara desaparecería del todo. Baje los ojos, como si tuviera vergüenza y le dije:

- Abuelo, seguro que eres todo un experto. Me pregunto si… no me podrías “preparar” tu. Mi novio es muy bruto. Seguro que se precipitara y me hará mucho daño.

Clavo sus ojos en el suelo. Parecía trastornado. En su interior sin duda había una lucha entre la plena conciencia de deslizarse por una pendiente peligrosa y su afán por satisfacer un deseo oculto. Finalmente me dijo:

- Tres días antes de que tu dejes a tu novio penetrarte analmente me avisas.

Asentí con la cabeza sin decir palabra. El plan estaba a punto de entrar en su fase final. Realmente era virgen por detrás y no tenia ninguna intención de que mi novio me desvirgase por allí. Espere unos días. El miércoles por la tarde le comente que saldría a cenar el sábado por la noche con mi novio. Añadí que tenia intención de ofrecerle mi virginidad anal esa noche. El me contesto:

- Marta, si te parece bien podemos empezar la preparación mañana por la mañana. Hazte idea que las próximas tres mañanas las pasaras estirada en la cama mientras tu abuelo te enseña a relajar el esfínter y te dilata el recto. Cuando empecemos la preparación debes tener el recto vació. A que hora evacuas tu?.

- Después del desayuno – le dije.

- Bien. Cuando hayas evacuado después de desayunar lávate bien en el bidet. Luego ven a mi habitación.

Me costo mucho dormirme. Tuve que ponerme el despertador para evitar levantarme demasiado tarde. Desayune como siempre cereales y un café, inmediatamente después de haber tomado el café sentí la necesidad de evacuar. Fui al lavabo y al acabar me lave en el bidet como me había dicho mi abuelo. Fui a la habitación del abuelo en bragas. Me había quitado los sostenes y solo llevaba encima una camiseta. Llame a la puerta de su habitación y entre sin esperar respuesta. Mi abuelo había hecho su cama y estaba en pijama sentado en una silla leyendo. Me dijo que me sentase en la cama y me pregunto si estaba nerviosa. Le dije que un poco. El me contesto que estuviera tranquila que teníamos todo el tiempo del mundo. A continuación me pidió que me levantara de la cama y se acerco a mí. Mi hico girar quedando de espaldas a el. Sin mediar palabra me quito las finas braguitas azules que llevaba.

La visión de mi culo desnudo le provoco una erección tremenda. Me cogió de la mano tiernamente y me pidió que me estirase en la cama. Me hizo un suave masaje en los pies sin tocarme el culo. Finalmente oí como si abriese un pote de algo (no podía ver lo que hacia ya que mi campo de visión se limitaba a la cabecera de la cama) y sentí como su dedo frió y resbaladizo (se había untado lubricante en los dedos) tocaba suavemente mi ano. Empezó un masaje suave sin intentar meter los dedos. Solo al cabo de unos minutos metió la punta de un dedo (no podía ver cual). Repitió la operación varias veces (masaje en el borde del ano y introducción de la punta) hasta que me relajo completamente el esfínter. Note por primera vez como una presión progresiva en la pared del recto cuando metió poco a poco medio dedo. Lo saco rápidamente y repitió la operación. Esta vez, sin embargo note como lo introducía lentamente todo. Ahora ya no notaba solo una presión sino verdadero dolor. Oyó mi quejido pero no lo saco.

Poco a poco me fui acostumbrando al dedo insertado casi totalmente. El dolor dejo paso a un escozor que fue cediendo poco a poco. Gire la cabeza para ver a mi abuelo. Tenia la cara roja y su pene estaba a punto de reventar el pijama. Cuando cruzamos las miradas, el saco el dedo y me pidió que me quitase la camiseta y me pusiera de lado. El se acostó a mi lado. Podía notar su aliento en mi nuca. Me susurro:

- Así de lado estas mas relajada.

Puso su mano en mi hombro, luego lo bajo hasta el vientre. De pronto note como dos dedos suyos presionaban el ano. Note como una presión muy fuerte y sentí como mi esfínter se daba por vencido. Me metió la mitad de los dedos. A pesar del dolor estaba increíblemente excitada. Oí otro susurro:

- Cariño, por hoy se ha acabado.

Cuando me incorpore me di cuenta de la enorme erección que presentaba mi abuelo. Su pene parecía que iba a romper el pantalón corto de su pijama. No pude “ofrecerle” nada por que se fue rápidamente al lavabo a masturbarse.

A la siguiente mañana mi abuelo repitió las mismas “maniobras ” para preparar mi culo. El tercer día cuando llegue a su habitación me hizo sentar en la cama y me dijo que seria conveniente llegar a una practica que correspondía a la fase superior de la preparación y que antecede ya a la penetración del pene. Me explico que me introduciría un consolador sin utilizar el vibrador. Puse cara de preocupada y abrace a mi abuelo. Presione mis pechos contra su torso desnudo (solo llevaba puesto un pantalón corto de pijama) lo justo para que notase mis pezones endurecidos bajo mi fina camiseta. A continuación me baje las bragas y en vez de estirarme en la cama me arrodille en el suelo. Cuando me puse en la posición llamada del “perro”, mi abuelo no tardo en ponerse vaselina en la mano e introducir dos dedos en mi recto. Los tuvo dentro apenas unos segundos. Después de sacarlos estuve tentada de mirar atrás para ver el tamaño del vibrador. Finalmente decidí que era mejor esperar su embestida sin verlo.

Pronto note la punta fría en mi ano. Cuando percibí la presión en el esfínter adelante un poco las rodillas en un movimiento reflejo. Mi abuelo me cogió suavemente con una de sus manos un muslo y me pidió que no me moviera. De pronto presiono con poca fuerza pero de manera constante hasta que tuve todo el aparato en mi recto. Sentí un fuerte escozor y la sensación de que el plástico iba a romper mi intestino. Cuando el escozor remitió pedí a mi abuelo que lo moviese. Poco a poco fue moviéndolo simulando un polvo anal. Antes de llegar a correrme le pedí a mi abuelo que lo sacara. Cuando me libero de esa tranca simule un pudor que sin duda era ridículo en esas circunstancias y corrí a ponerme las bragas. Fui a abrazar a mi abuelo que estaba de pie delante de mí. Note su pene, que estaba punto de romper el pantalón del pijama, contra mi estomago. Sin dejar de abrazarle le dije:

- Gracias abuelo. Estoy en deuda contigo, pídeme lo que quieras.

- Marta, con que me alivies es suficiente. Llevo tres días con erección permanente.

Le baje el pantalón y después de ensalivarme la mano, le cogí el pene. Mi otra mano le tocaba un hombro y nuestros cuerpos se tocaban. Después de un par de lentas meneadas pare de masturbarle y me quite la camiseta. Sus ojos primero y luego su boca se precipitaron sobre mis pechos. Mientras lamía pechos, sus manos se deslizaron hacia mi culo. Cuando ya estaba totalmente fuera de si me aparte y me puse de espaldas a el. Lentamente me quite las bragas y me arrodille encima la cama. No tuvo tiempo de dudar. Su instinto largamente reprimido venció. Cuando sentí su pene traspasar el esfínter sabia que había ganado.

Desde ese día mi abuelo y yo nos convertimos en amantes. Desde entonces lo tengo a mi merced.

Relato erotico de una madre y un hijo a cada cual mas cerdo y pervertido, y es que donde esta la confianza… como se nota que se conocen de toda la vida porque saben hacerse todo tipo de caricias y juegos. Una madre que enseña a su hijo lo que realmente debe saber.

Mi nombre es Begoña y vivo en una ciudad del norte de España, cuyo nombre prefiero no decir para mantener el anonimato de mi relato. Tengo 48 años y mi físico entra dentro del standard que puede considerarse normal para una mujer de mi edad: 1,68 m. de altura, pechos más bien voluminosos, anchas caderas, culo apretado, ojos verdes y cabello castaño. Estoy casada con Carlos, de 52 años, y tenemos una hija, Cristina, de 24 años, y un hijo, Borja, de 18 años. Pertenecemos a la clase media gracias al esfuerzo de mi marido, quien se pasa casi todo el día trabajando, demasiado tiempo para mi gusto. Es, como le digo muchas veces, un verdadero adicto al trabajo. Tanto es así que sus obligaciones “maritales” las tiene bastante olvidadas por lo que muchos días tengo que autosatisfacerme a escondidas, cuando estoy sola en casa, para compensar esa falta de atención de mi esposo.

El relato que les voy a contar ocurrió este verano, cuando alquilamos una pequeña casa en la costa para pasar las vacaciones de verano. Por razones de trabajo, mi marido solo podía venir los fines de semana a estar con nosotros, y lo mismo ocurría con mi hija Cristina, que se quedó en casa porque tenía que estudiar algunas asignaturas de la universidad que le habían quedado pendientes para los exámenes de septiembre. Así pues, nos encontramos solos mi hijo Borja y yo en la casa de la playa (salvo los fines de semana) durante todo el mes de agosto. Jamás había pensado que podría ocurrir con mi hijo lo que ocurrió ese mes.

Los dos primeros días transcurrieron con normalidad, pero el tercer día las cosas cambiaron. Como consecuencia de tomar excesivamente el sol nuestra piel se había quemado bastante, lo que nos producía un cierto escozor y grandes molestias. Al llegar por la tarde a casa decidí ducharme para quitarme la sal y la arena de la playa y al terminar le pedí a mi hijo que me diera crema por la espalda.

- Si quieres, Borja, me tumbo en la cama para que puedas extenderme bien la crema por la espalda.

- Esta bien, mami, como tu prefieras. – contestó él.

Solo tenía puesta una toalla de baño, así que me giré de espaldas a él y me tumbé boca abajo en la cama, cubriéndome solamente el culo con la toalla. Borja se echó crema en las manos y comenzó un lento masaje desde el cuello. Se entretuvo bastante en mi espalda y disimuladamente trataba de sobarme la parte lateral de mis pechos que sobresalían por ambos lados al estar boca abajo. Después de unos minutos así noté que empezaba a calentarme ligeramente, pero enseguida traté de dejar mi mente en blanco porque el masajista era mi hijo y esos pensamientos no estaban bien. Llegó hasta mi culo y me preguntó:

- Mami, ¿Te importa si te quito la toalla para darte mejor la crema?.

- Esta bien, Borja, pero que no se entere nadie que me has visto desnuda. – le dije en broma.

- Vamos, mami, hoy en día cualquier mujer enseña sus nalgas en la playa con esos mini tangas que llevan y nadie se extraña. – contestó él riendo.

Comenzó a masajearme las nalgas, apretándolas fuertemente una y otra vez, lo que provocó un aumento de mi calentura. Al llegar a los muslos, abrí ligeramente las piernas para que pudiera extender mejor la crema, siendo consciente de que con este movimiento quedaría parcialmente a la vista mi raja aunque seguía tumbada boca abajo. Y no me equivoqué porque con disimulo sus manos llegaban hasta la parte alta de los muslos y me rozaba con sus largos y finos dedos el inicio de mi vagina. Con estos leves movimientos mis flujos empezaron a ir en aumento a la par que mi calentura. A pesar de que mi conciencia me decía que terminara esa situación, mi cuerpo me pedía lo contrario. Así que le dije:

- Borja, me gustaría que me extendieras la crema también por delante, si no te avergüenzas de ver a tu madre desnuda.

- Claro que no mami, tienes un cuerpo estupendo y, además, estamos solos y nadie va a enterarse.

Sus palabras terminaron de convencerme y me gire en la cama, quedando boca arriba y totalmente desnuda delante de mi hijo. Al principio él se quedó medio paralizado. Sus ojos iban de mis tetas a mi muy velludo monte de Venus.

- Oye, Borja, dime la verdad. ¿Nunca habías visto a una mujer desnuda?.

- No, en serio, contestó él.

- Bueno, pues, no pongas esa cara de asombro. – le dije cogiéndole de la mano para tranquilizarle.

- Al fin y al cabo todas las mujeres somos parecidas y alguna vez tenía que ser la primera. Aprovecharemos el masaje para darte una lección de anatomía femenina.

Le puse sus manos sobre mis pechos y no tuve que animarle mucho. Rápidamente comenzó a masajearlos y a pellizcar ligeramente mis pezones, al mismo tiempo que con sus dedos rozaba con sensuales movimientos circulares las aureolas de mis tetas. Mientras realizaba este movimiento le miraba fijamente a sus ojos, que no perdían su aire aparentemente inocente, lo que me excitaba aún más. Al llegar a mi monte de Venus abrí descaradamente con mis propias manos mi raja para explicarle como era una vagina. A su vista quedó expuesta toda mi intimidad, totalmente húmeda y de un fuerte color sonrosado, que contrastaba fuertemente con el color negro de mi zona púbica. Le cogí su mano y la llevé a mi chocho para que pudiera palpar y sentir personalmente como era el órgano femenino, explicándole como se puede dar placer a una mujer. Dejé totalmente expuesto a su vista mi clítoris, diciéndole que ese “botoncito” era el que nos permitía a las mujeres llegar al orgasmo la mayoría de las veces. Estaba realmente embobado con esa visión, y su pene, como dejaba traslucir su corto pantalón estaba a punto de estallar.

Le expliqué que las mujeres disfrutan más cuando le chupan el “botoncito”, y al mismo tiempo que empujaba su cabeza delicadamente entre mis piernas para que me lo comiera. Ya no podía aguantar más. El no opuso ninguna resistencia y empezó a lamer suavemente con la punta de su lengua mi clítoris, dándome pequeños mordisquitos, lo que me provocó un salvaje orgasmo. Eran tan fuertes mis gemidos que Borja pensó que me había lastimado. Tuve que explicarle que no eran gritos de dolor, sino de placer. Llevé otra vez su cabeza entre mis piernas para que siguiera lamiendo y experimenté una serie de continuados y maravillosos orgasmos, posiblemente los mejores de mi vida hasta ese momento. Solo pensar que era mi hijo quien me los producía me excitaba sobremanera. Después de más de cinco o seis orgasmos seguidos quedé rendida en la cama. Pero la cosa no podía quedar así porque mi hijo iba a explotar de un momento a otro. Para entonces los dos ya habíamos perdido todo recato y vergüenza.

Le dije que se desnudara y frente a mí quedo expuesta una polla como nunca había imaginado que pudiera tener un chico a su edad. Fácilmente tenía un tamaño casi el doble que la de su padre. Calculo que podría llegar a los 25 cms. de larga, por no menos de 8 cms. de ancha. Literalmente me la engullí, aunque a duras penas cabía en mi boca. Inicié una espectacular mamada, chupándole su enorme y rojo glande y recorriendo con la lengua el tronco de su polla, donde resaltaban sus potentes y jóvenes venas. No me dio mucho tiempo a disfrutarla porque en pocos minutos me di cuenta que se iba a venir y aceleré el ritmo de la masturbación con ambas manos, soltando un inmenso chorro de espeso y caliente semen que me llenó la cara, tetas y pelo, tanta cantidad como si hubieran eyaculado tres hombres a la misma vez, y con una fuerza tremenda. Nunca había visto algo así, aunque después tendría oportunidad que eso era algo habitual en él.

Quedamos los dos abrazados y tendidos en la cama, descansando, pero al poco más de media hora noté como su verga se hinchaba de nuevo. No lo pensé dos veces y la dirigí directamente a la entrada de mi vagina. Con algo de esfuerzo, debido a su gran tamaño, me la metió hasta dentro. Llenaba todo mi hueco e incluso algunos centímetros quedaban fuera. Comenzó una magnifica cabalgada que me provocó varios orgasmos más hasta que se corrió y me volvió a inundar por dentro. Ese mismo día los volvimos a hacer otras dos veces más y yo perdí la cuenta de mis innumerables orgasmos.

Desde entonces, cuando estamos solos, repetimos nuestras orgías, lo que ocurre con muchísima frecuencia

Relato erotico en el que un hombre hace su fantasia sexual realidad, que un tio tenga sexo brutal y salvaje con su novia y delante suyo. Las barbaridades que le hace ese salido a la zorra son verdadero porno brutal.

Tantas vueltas le di a esa idea que al final se convirtió en una obsesión. Mi novia en manos de otro hombre. Entregar lo que más quiero. Cuanto más humillante y salvaje fuese la escena más excitante resultaría. Nunca me he atrevido a decírselo, siendo ella una chica responsable y poco dada a las extravagancias. Pero yo no podía más y esa idea no dejaba de rondarme desde hacía meses. Tenía que buscar la forma de hacer realidad esta fantasía.
Mi novia, Esmeralda, se iba a prestar a uno de nuestros habituales juegos. Pero esta vez no iba a ser yo su amante. Le había preguntado más de mil veces si había tenido fantasías con otro hombre, siendo yo el único el primero y único en disfrutarla. La respuesta era siempre la misma, solo tenía ojos para mí y cualquier fantasía con otra persona era imposible. Ni me había sido infiel ni tenía intención de hacerlo. Es más, no era nada comprensible con las personas que lo hacen y mucho menos con los que disfrutan de ello. La verdad es que llamar reaccionaria a Esmeralda es quedarse corto. Por eso este juego me lo tomé, en parte, como una venganza.

Di muchas vueltas hasta encontrar al sujeto que buscaba, no me valía cualquiera. Cuanto más desagradable fuese el elemento más me excitaría entregársela. Alguien que muy, muy salido, que nunca hubiese disfrutado de una hembra tan excepcional. Porque lo es, de eso no tengo duda. Puedo jurar que no es obcecación por ella, siendo para mí la mujer más bella que conozco. La describiré, aunque seguro me voy a quedar corto. En primer lugar la edad: Esmeralda tiene 29 años y no exagero al decir que es preciosa, vamos, una auténtica Venus. Desde que la conozco, y va para 15 años, apenas ha cambiado. Tiene un pelo magnífico, suave y muy cuidado. Le gusta llevarlo recogido, aunque lo tiene largo, color castaño claro y muy liso. De su cara sus ojos verdes, grandes y vivos, con unos labios dibujados con carboncillo y un cuerpo que más parece un pastel. Los pechos, talla 90, muy firmes, blancos y suaves, con unos pezones grandes y sonrosados. Su cintura estrecha, su culo hermoso y una discreta entrepierna que siempre trata de ocultar, le da cierto reparo desnudarse y mostrar tales maravillas y eso que hace más de 15 años que me permite disfrutarla. Tenía y tiene, la piel más perfumada y nívea que conozco, por eso su amante debía ser la antítesis. Es una mujer elegante, aficionada a los trajes chaqueta de marca y enemiga acérrima de las minifaldas, tops y escotes descarados. Gasta mucho dinero
en ropa y en cuidarse, no escatimando en cremas y demás potingues.

Tardé varias semanas en encontrar al perfecto “follador”. Paraba en una cervecería próxima a mi casa, era peón en una obra cercana y acudía todos los días a comer con varios compañeros. Se llama Jos. Vino a España hace varios años desde de Guinea y desde entonces se ha ganado la vida currando en las obras de la zona. Me pareció tan alto como yo, pero mucho más corpulento y muy, muy feo. Grotesco incluso. Con unos labios enormes, agrietados; unos dientes roñosos, sucios, descolocados y enmarcados por una barba rizada, siempre a medio crecer. Su piel era áspera, como curtida y con unas uñas sucias por el trabajo. Las cremas que se echa mi novia se habrían evaporado en la piel de este sujeto, tal es su sequedad. Solo imaginármelo con ella me excitaba enormemente.

Le contraté en mi casa para algunas chapuzas y un día, de pasada, le presenté a mi novia. Ella venía del trabajo, es ejecutiva de publicidad. Llevaba un buen traje con pantalón. Al presentarle al sujeto le dio poca importancia, mostrando cierto desprecio. Porque Esmeralda algo clasista y en ocasionas más racista que Hitler. Durante varios años he tratado de intentar bajarle esos aires y ya puedo decir que excepto en esta ocasión, he fracasado. Él apenas la miró, mantenía la vista agachada, contemplándose las manos. Todo lleno de yeso y con el mono más raído del mundo. Cuando se marchó le pregunté por ella, ya había suficiente confianza para ello. Me dijo que le parecía muy bonita, un bombón, aunque algo estirada. Aún tenía reparos en decirme la verdad, pero sus ojos le delataban, se la habría comido allí mismo. ¡Perfecto!, el juego estaba en marcha.

Mi novia y yo teníamos un lugar estupendo, en una apartada vaguada de un pinar cercano a Madrid. Un lugar donde habíamos llevado a cabo nuestras fantasías y donde acudimos esporádicamente desde hace 10 años. Nunca encontramos a nadie. No hay casas en varios kilómetros y mira que es difícil en Madrid. Nos gustaban los juegos y más de una vez la había atado para hacerle el amor. Así que le propuse repetir, prometiendo que iba a ser lo más excitante de su vida.

“¿Te gustaría follarte a mi novia verdad?”, le pregunté al muchacho mientras trabajaba en el jardín. Vi que era un tío muy mañoso y concienzudo, tanto mejor.

“No. Es tu novia, solo te dije que es muy guapa.” Hablaba en un mal castellano y con cierta vergüenza. Según me había contado, en su país las mujeres tienen un papel muy distinto. Ellas ni proponen, ni disponen, tan solo se prestan a lo que quiera su marido. Por eso, le sorprendía que aquí en España disfrutasen de mayor protagonismo. Aquí le imponían mucho respeto, tanto que llevaba casi 5 años sin acostarse con ninguna.

“Pues yo quiero que lo hagas. Incluso soy capaz de pagarte por ello. Yo no puedo hacerle el amor (mentira) y quiero que ella disfrute con alguien.” “¿Lo dices en serio?, me parece que no le gusté demasiado.” “Ya lo creo que sí. Te la pondré en bandeja y podrás hacer lo que quieras con ella … todo lo que quieras. Quizás estuvo un poco seca contigo, pero ya te digo que seguro va a disfrutar. Engaña mucho, pero cuanto más desagradable te pongas y más te aproveches de ella más disfrutará y se excitará, créeme.”“¿Cómo lo voy a rechazar?, ¿Cuando? …estoy impaciente.”

Sería el próximo sábado. Yo estaba impaciente, pensaba que el negro se masturbaría toda la semana pensando en ello. La cara que puso al oírlo era increíble, como si le hubiera tocado la lotería. Una mujer increíble, con la que todo el mundo hubiera soñado, dispuesta a hacerlo todo. Cualquier perrería que se le pasase por la cabeza, cualquier obscenidad, aquello que no se había atrevido a hacer con otras. En fin, la oportunidad de su vida. A mí, sólo pensar en ello me excitaba inmensamente. Esa semana no podía evitar verla de diferente manera. Veía su cuerpo y me lo imaginaba en otras manos. Evité hacer el amor con ella con diferentes pretextos, la quería super excitada. Incluso compré unas pastillas que me habían recomendado y que la pondrían al límite. En esos momentos ella no se esperaba lo que vendría encima.

Llegó el sábado. Quedé en el pinar con él a las siete de la tarde. Era verano y teníamos luz hasta las 10 de la noche. Yo quería verlo todo a la perfección, era mi gran momento. Ella también estaba excitada. Aquellos juegos en los que la dominaba siempre le habían gustado. La ataba a un árbol y disfrutaba de ella, con paciencia, un buen rato. La excitaba sentirse entregada y en mis manos. Con los ojos cerrados y dejándose hacer.

Entramos en el bosque charlando de cosas sin importancia. Una vez en el lugar lo dispuse todo. Ella llevaría tan solo unas bragas blancas de esas que son altas por los lados y un sostén estupendo, de los que se abren por delante. El conjunto se lo compré expresamente para ese momento y pensando más en los deseos del albañil que en los míos. Tapé sus ojos con la venda negra que habíamos utilizado en otras ocasiones. Ella temblaba de excitación. Después le até las manos a la espalda con una buena soga, la puse de rodillas y le di un beso en la boca. Estábamos muy calientes y la espera todavía la iba a excitar más. Me alejé unos cinco metros, apoyándome sobre un árbol. Me puse cómodo. He de reconocer, que no fiándome del sujeto en cuestión, cogí un buen cuchillo por si la escena degeneraba demasiado. Al fin y al cabo él no era más que un desconocido y ante tan extraordinario panorama podría volverse loco.

A las 7 menos cuarto llegaba Jos con una camiseta de tirantes muy sucia y un pantalón corto rojo. Venía a paso ligero, seguro que ya llevaba un rato observando. Nuca me había parecido tan grande. Unos brazos enormes, oscuros y fuertes, con las manos más desmesuradas que haya visto, casi parecían talladas en madera. Cuando la vio medio desnuda y de rodillas en mitad del bosque, abrió mucho los ojos y me sonrió malévolo. Era mirada significaba una cosa, se iba a poner morado.

“¿De verdad quieres que lo haga?”, dijo en voz baja. Era mi última oportunidad. Quizás ver a semejante individuo sobre mi novia no mereciera tanto la pena. Podía enfurecerme y acabar mal. Sobre todo cuando había creado tales expectativas en este sujeto. Vamos que pude distinguir el bulto entre sus piernas a varios metros de distancia. Y yo sabía que no iba a haber compasión. Pero ya era tarde, no podía echarme atrás.

“Es toda tuya, haz lo que te plazca, tan solo te pido que no la beses, no le hagas daño, no digas una palabra … ah y no me mires.” Ella oía un murmullo y movía la cabeza para escucharlo bien, pero los pájaros y el viento enmascaraban nuestras palabras. “Bien, pero no quiero que te arrepientas y me cortes la faena. ¿De verdad tengo libertad?” “Te lo juro, podrás hacerlo donde quieras y como quieras, está a tu disposición, y ya ves que mujer más hermosa no vas a encontrar. No te preocupes por dejarla embarazada, toma pastillas, así que puedes hacerlo a pelo.” “¿No me molestarás para nada?” “No lo haré.”

Jos no quiso esperar más y se acercó a ella con paso firme. Estaba impaciente. Cuando Esmeralda le oyó levantó la cabeza y se puso más erguida. Se mordía el labio inferior y se pasaba la lengua para tenerlos más apetecibles aún. Ella también se impacientaba. Jos se acercó a pocos centímetros, colocando su pelvis muy cerca de esa linda boca que yo tantas veces había besado. La observaba con paciencia, quería disfrutar del momento, su momento. En la vida se habría imaginado la escena. Él de pie, con una preciosidad arrodillada a sus pies y con permiso para hacerle de todo. Una mujer pidiendo que se aprovechen de ella. Dio varias vueltas estudiando la jugada. Observó como sus pechos palpitaban, luego dio la vuelta contemplando su culo apoyado en los gemelos y los pies desnudos sobre la broza del pinar. Estando ahí detrás la cogió por la nuca bruscamente y la puso de pie. Ella gimió. Después Jos paseó sus dedos por el borde de sujetador con gran paciencia, mientras sacó una enorme lengua y se la paseó por la mejilla derecha, acabando el recorrido en la oreja. A ella eso le encantaba. Mientras sentía el aliento tan cerca se estremecía de gusto. Jos la trataba con descaro, cogiéndola de la cintura y apretándola a él. De pronto se apartó, metió una mano en el bolsillo y sacó una navaja muy mellada. En ese momento me sobresalté bastante al ver el arma. Aún así, yo estaba muy excitado y solo con verla así frente a él, ya había tenido el primer orgasmo.

Jos no quería abrir el sujetador por el broche. Metió la hoja de la navaja entre las dos copas del sostén y lo cortó súbitamente. Los pechos saltaron libres. Él no quería esperar más, así que apartó el sujetador y dejó sus senos totalmente al descubierto observándolos con deleite. Sus ojos se abrieron ante tal panorama. No tenía prisa y seguro que nunca había visto nada tan bello. Unas tetas blancas, turgentes y suaves, con un olor delicioso y todas para él.

Al poco rato empezó a amasar esos pechos con total descaro. Los estrujaba como yo nunca lo había hecho, pellizcando con cierto sadismo los pezones y jugueteando sin cesar. El bulto de su entrepierna crecía y una mancha en su bragueta le delató, estaba teniendo sus primeros orgasmos. Realmente llevaba un tiempo largo sin tener una mujer entre sus manos y esta, según me contó, era la primera chica blanca con la que se lo hacía.

Jos no tardó en colocar sus labios y succionar con avidez. Unos labios enormes, arrugados que movía con desesperación. Los lamía como si fuesen helados y se los metía en la boca. Ella mientras gemía, retorciéndose de placer. Y yo a pocos metros creía reventar, aún hoy, mientras escribo y recuerdo la escena me enciendo. Jos parecía disfrutar con el sabor de esas increíbles tetas. Sus dedos no tardaron un deslizarse lentamente hacia el coño. Le reconozco su paciencia, yo ya la hubiera penetrado. Esa mano tan grande y repelente bajó del pecho izquierdo, por el vientre hacia la pelvis. Después pude ver como introdujo los dedos por debajo de las bragas y
empezó a pasearlos por el bello púbico, jugueteando entre lo rizos. No tardó demasiado en bajar un poco más, metiéndolos entre las piernas sin llegar a penetrarla. Ella gimió con más fuerza, estaba muy, muy húmeda. Jos sacó los dedos y los olió. Entonces me miró y puso cara de deleite. Yo le había dicho que no me mirase pero, la verdad, es que no era momento de reprobaciones y él se estaba portando como un profesional. Al principio yo creía que iba a llegar y se la iba a follar un par de veces, sin más misterios. Pero aquello parecía una escena de película X.

En fin, los dedos estaban totalmente húmedos, como los muslos de mi novia. Hacía rato que se corría de gusto, como yo nunca lo había visto. Jos volvió a sacar la navaja del bolsillo y cortó los laterales de las bragas, dejándolas sujetas por debajo y descubriendo los primeros bellos de su pubis. Después se las arrancó, tirándolas junto a mí. La paciencia del muchacho se agotaba. Ella se retorció, intentando ocultar su sexo, pero ya estaba totalmente desnuda y su coño esperaba ser ocupado cuanto antes. Pero aún le quedaba un rato.

Yo nunca había estado tan excitado. Aunque, por otra parte, deseaba que algo interrumpiese la escena. Impedir que humillase aún más a mi novia. Hasta ese momento ya había sido suficientemente interesante … pero ya no había marcha atrás.

Jos apoyó sus manos en los hombros de Esmeralda y la puso de rodillas ante él. Ya sabía o lo que venía ahora. Antes de follársela quería un completo, que ella se la chupase. Pero antes se fue a su espalda y le desató las manos para que “trabajase con libertad”. Yo sabía que Esmeralda no iba a descubrir sus ojos. Permanecía quieta, colocando los brazos delante y cubriéndose el sexo aún con algo de pudor. Jos se puso en frente mientras se relamía. Aún estaba totalmente vestido y cada vez más impaciente. De pronto se bajó la cremallera y rebuscó por el orificio. Su polla estaba a reventar, así que tuvo que bajarse los pantalones y los calzoncillos. Por aquello de los tópicos y siendo Jos un tío bastante corpulento, pensé que el aparato sería impresionante y lo cierto es que lo era, aunque no tanto como me había imaginado. Cerca de 20 centímetros, muy grueso y negro como el azabache. Parecía, eso si, mucho más brutal. Con venas descomunales. Desde luego parecía mucho más ancho de lo normal. En la punta un glande tan enorme como sonrosado y en la base una gran fronda de pelos. Ella se mojó los labios, presintiendo impaciente el momento de la mamada. A mi las fellatios me encantan, pero lo cierto es que Esmeralda no se prodigaba mucho. Aquel día era una excepción, no sé si fruto de las pastillas, del momento o ambos. Jos cogió su instrumento y se la apoyó en la mejilla invitándola a jugar. Yo me moría viendo como restregaba aquella enormidad en el precioso rostro de mi novia. Pero Esmeralda no esperó mucho. La cogió con las dos manos y empezó a darle besos delicadamente de abajo a arriba. Colocaba la boca en forma de O y besaba con deleite la punta, abriendo un poco y saboreando parte del glande. Unos besos sonoros, largos, aspirando el olor y notando en la punta de los labios todos los detalles.

En ese instante ella debió notar que ese no era mí aparato. Olía diferente y aunque era de similares dimensiones, parecía más hosco y más grueso. De estar en frío seguro que la habría rechazado asqueada, pero en aquel momento, mientras entre sus piernas brotaba tanto liquido, hubiera hecho cualquier cosa que le pidiesen. Y así fue. En un primer momento titubeó, pero la excitación podía más, así que de los besos pasó a los lametones. Aún pequeños y tímidos, con la punta de la lengua recorriendo los laterales del pene. Así es como me lo hacía siempre, pero Jos no era yo y quería correrse cuanto antes. Sin chorraditas. Mientras ella lamía retraídamente la agarró de la nuca y le metió la mitad de la polla en la boca. Pude ver como ella casi se ahogaba. Sin contemplaciones. Él la movía arriba y abajo y ella se dejaba hacer. Esmeralda le puso una mano en el culo y otra en los testículos, masajeándolos con cierta habilidad. Una habilidad desconocida para mí. Pero quería sentir el calor humano así que se arrimó, apoyando su pecho sobre los muslos y restregándose. Verla tan blanca, preciosa y enroscada en las piernas renegridas de aquel gañán… es una imagen que no olvidaré por muchos años que pasen.

Jos no podía esperar más. De pronto paró y empezó con grandes espasmos a correrse dentro de la boca. Ella se sorprendió aún más, yo nunca lo había hecho. Pero agarró el pene y siguió moviéndolo, casi diría que ordeñándolo, hasta que expulsó todo lo que tenía, salió de la boca y con él borbotones de semen caliente y muy blanco. Yo me moría. La leche salía viscosa y en cantidad, como nunca lo había imaginado. Salpicando su cara y resbalando por los pechos. Si hubiera tenido una cámara de fotos hubiera sacado una increíble instantánea pornográfica. Jos gruñía y se convulsionaba mientras mi novia le vaciaba los testículos, apretándolos para sacar todo el jugo. Ella no podía estar más excitada con el baño. Empezó a restregarse la viscosidad por todo el cuerpo, sacando la lengua y saboreándolo con absoluto deleite. Desde luego eso no lo había visto en ninguna película porno. Nuca pensé en verla así, tan seria, tan estirada y ahora saboreando la leche caliente de un desconocido y frotándosela por todo el cuerpo como si fuese aceite de baño. Él la estaba disfrutando más de lo que yo en 15 años y encima me encantaba.

Tuvo su primer orgasmo sin siquiera tocarse el coño. Después quedo tendida y totalmente desnuda, con las piernas cerradas sobre la broza de los pinos.

Pero a Jos no le había parecido suficiente, así que no tardo en agarrarle las tetas casi con desprecio y comenzar de nuevo el masaje. Poco le importó que estuvieran llenas de semen. Las estrujaba con avidez con una mano mientras con las otra buscaba el coño. ¡Qué manera de frotar!. Ella parecía dispuesta, así que abrió las piernas y cogió las manos del negro, conduciéndolas y apretándolas contra su piel. Al rato ella las había conducido a su sexo, apretándolas con fuerza. Esas manos tan ásperas y grandes no podían ser las de su novio, las mías. Pero no parecía importarle. Esmeralda se incorporó un poco mientras él la manoseaba. Ella gimió cuando entró el primer dedo. Le agarró la polla y empezó a menearla, pretendiendo ponerla en forma de nuevo. Jos se puso de rodillas, le había gustado mucho la hermosa boca de mi novia así que se la volvió a poner en los labios. De verdad pensé que le iba a quitar el color del pene, desde luego, el sabor se lo quitó. Ella volvía a lamer de una forma que yo nunca
habría imaginado, casi diría que con apetito, con voracidad. Cuando el cacharro estuvo duro como una piedra y húmedo con la saliva de Esmeralda, ésta se tendió, invitando a la penetración. Jos se echó encima sin demasiado cuidado y la clavó con rapidez. La vagina no podía estar más lubricada así que no había problemas. Esmeralda gemía con fuerza, sabiendo quizás que yo estaba cerca y que con ello haría aún más grande mi cornamenta. Él empezó a envestir con furia. Le mordía el cuello y agarraba su culo con fuerza salvaje. Los orgasmos no tardaron en llegar. Primero los de ella. Sonoros y seguidos. Después el de Jos que parecía rugir mientras inundaba a mi novia con un nuevo baño de semen. Pocas veces lo había hecho así, a pelo, con una hembra tan limpia y dispuesta.

Ella respiraba como si le faltaba el aire. La venda de los ojos se le había movido y creo que vio por unos segundos al hombre que la estaba follando de semejante manera. Un tipo extraño, al que tan solo había visto una vez y que, según reconoció, le parecía repugnante. Vaya con la racista. Pero lejos de gritar Esmeralda se colocó de nuevo la venda como si nunca se hubiese movido. Cogió la cabeza de Jos por la nuca y le besó con ganas. Un beso largo, lúbrico y apasionado.

“Ha sido fantástico. Quiero más, lo quiero todo.” Pero poco le interesaban a Jos los besos, y más sabiendo que podía hacer cuanto quisiese. Además ella aún tenía restos de semen en la boca y eso a él no le hacía demasiada gracia. Así que no contestó y apartó sus labios. Se puso de rodillas, la observó con detenimiento y de pronto le dio la vuelta bruscamente. Ella se quedo boca abajo, con su cuerpo desnudo sobre la tierra. Pero no parecía importarle.

Ahora el culo era el gran protagonista. Tan blanco, tan redondo y apetecible … toda una provocación. Jos no iba a dejar pasar la oportunidad de sodomizarla. Yo nunca había pasado de manosearlo, a ella le encantaba. Pero ay, ese orificio tan delicioso, que yo nunca había llegado a conocer… Para ella también era la primera vez, para él estaba claro que no. El negro metió dos dedos en su vagina, humedeciéndolos y utilizando aquellos jugos para lubricar tan estrecho agujero. Una vez conseguido introdujo esos mismos dedos en el ano, dilatándolo y preparándolo para la penetración. Ella se dejaba hacer y volvía a gemir, sin atisbo de dolor alguno. Para mí ya era demasiado, verla tendida sobre un suelo tan sucio, retorciéndose de gusto, gimiendo y con un extraño explorándole el ano. En fin, más de lo que nunca había imaginado

La polla de Jos no tardo en llegar. La colocó sobre el ano y la empujó lentamente hacia el interior. Mientras, con una de sus manos abría los cachetes para facilitar la maniobra, con fuerza … arañándolos. Esta vez le costó un poco más. Luego pude ver como ella tenía grandes marcas por todo el cuerpo, arañazos en el culo, moratones, mordiscos en el cuello y en los pechos. Vamos que la dejó convaleciente, o ella a él, según se mire.

Esmeralda se tocaba por delante, consiguiendo otro gran orgasmo. Pero a Jos, tras aquel par de corridas increíbles, parecía no quedarle más leche.

Era la tercera y última corrida. La soltó en lo más profundo de mi novia, con todo el pene dentro del ano. Este se había dilatado enormemente y parecía no tener problemas en recibir aquel instrumento. Jos se quedó tumbado encima de ella, en silencio, con su polla aún dentro. Soltando los últimos chorros de leche dentro. Ella permanecía debajo, suspirando, mitad sudada y mitad cubierta de semen. Había tenido un nuevo y extraordinario orgasmo.

“Me ha dolido un poco, pero ha sido fantástico. Aún tengo tu sabor en la boca, dame más… hazme lo que quieras.”

Jos abrió mucho los ojos y entonces me miró con cara de sorpresa. La había penetrado por sus tres agujeros y los tres estaban ahora llenos con su esperma. La había sobeteado incansablemente y chupado todo el cuerpo y ella quería más. A mi me pareció que si hubiera habido tres hombres más se lo hubiera hecho salvajemente con los tres.

Pensé que se la volvería a meter an la boca, le había gustado tanto la mamada que hubiera sido lo más normal. En fin, tenía donde elegir y ella no podía estar más dispuesta. Pero Jos se levantó lentamente, dejándola desnuda boca abajo. Sacó su pene que aún permanecía algo empalmado y chorreante, del ano. El cuerpo de Esmeralda brillaba cubierto de semen. Él me volvió a mirar. Estaba impresionado, pero se subió lo pantalones y reaccionó como yo nunca me habría pensado. Bajó la mirada, observó a Esmeralda desnuda retorciéndose a sus pies y la escupió en
la espalda con desprecio, marchándose de allí.

He tratado de evitar el bar y nunca más lo he visto. Reconozco que me daría vergüenza. Aquel fue el momento más excitante de mi vida, aunque nunca me he atrevido a repetirlo. Tampoco he hablado con ella de esto. Si, me dijo esa misma tarde que había disfrutado una barbaridad y que tenía el coño y el ano algo irritados, aunque había merecido la pena. Yo estaba como loco. Mientras ellos follaban me masturbé tres veces. Y he de decir algo en mi favor. Cuando él se fue, cogí a Esmeralda, que aún tenía los ojos tapados, y repetimos la jugada… desde el principio.

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Al terminar la segunda película apagué la luz, y contra el respaldo del asiento delantero plegué la mesilla en la que se apilaban dos revistas y la novela que estuve leyendo casi desde que el avión tomó pista de despegue.

Tapado con el cobertor de lana hasta la mitad del pecho, Alberto, mi marido, dormía como un tronco en el asiento contiguo a mi derecha y su profunda respiración era tranquila. Él, que casi no probaba el alcohol salvo en alguna fiesta o en ocasiones especiales, se había bebido entera la botellita de vino tinto a la hora de la cena que ni siquiera tocó. Además se había tomado dos whiskys dobles en el aeropuerto para atemperar el nerviosismo y mal humor que le producían los vuelos largos, y así conciliar el sueño durante toda la noche, sin que le importaran las turbulencias o las 12 horas de aquel viaje claustrofóbico sentado en los asientos centrales de la última fila del avión repleto de pasajeros.

A su otro lado, una bella española, andaluza y trigueña de labios carnosos y ojos color miel, también dormitaba cubierta con la ligera frazada hasta los hombros. La vi cuando tomó asiento, alisando su minifalda color marfil que descubría unas piernas espléndidas y se ajustaba al relieve prominente de su trasero.

Alberto había estado charlando animadamente con ella durante la primera hora del vuelo, e incluso intercambiaron sus respectivas tarjetas de presentación. Se llamaba Fabiola, nos dijo, y era antropóloga. Ella iba también de vacaciones y se hospedaría en el mismo hotel que nosotros, donde ya la aguardaba su pareja. En la semi penumbra de la cabina, resplandecía serenamente el hermoso perfil de la mujer y sus labios tarareaban en silencio la música que llenaba sus oídos.

A mi izquierda viajaba un caballero de aspecto oriental, quizá japonés o malayo de ojos almendrados y edad indefinida como todos los seres de su raza, con el que apenas intercambié algunas frases de cortesía en mal inglés, cuando cenábamos. Sus modales eran elegantes, casi solemnes, y su rostro hierático e imperturbable.

El también había estado leyendo un libro escrito en un idioma para mi indescifrable. El avión parecía estar suspendido silenciosamente en medio de la noche que se agolpaba en las ventanillas lejanas a nuestros asientos, a mitad de un océano que kilómetros abajo era una masa oscura, inmóvil como la sombra que nos circundaba y de vez en cuando daba unos breves saltos que me hacían estremecer.

Recliné mi asiento, me envolví en la manta hasta el cuello y apoyé la cabeza sobre el amplio pecho de Alberto. Aprovechando que bajo su cobertor él llevaba el cinturón y el pantalón desabrochados para descansar más cómodo, le bajé la cremallera y abracé su miembro en reposo con mi mano. En mis auriculares Sting, María Bethania y George Michael se alternaban para cantar en voz baja y me arrullaban. Aunque casi nunca he podido conciliar el sueño en los aviones, traté de dormir. Nos esperaban diez días de vacaciones en las soleadas islas del sur a las que viajábamos por primera vez, y quería estar fresca y despejada para disfrutar del reposo en compañía de mi marido.

La sola idea de saber que unas horas más tarde estaríamos los dos desnudos tendidos en la arena me producía un efecto de sensualidad y tibia placidez.

Comencé a tener pensamientos eróticos recordando la forma en que habíamos hecho el amor durante toda una tarde no lejana, a la orilla del mar turquesa de Playa del Carmen.

Nuestros cuerpos dorados y resbalosos debido al bronceador, se deslizaban uno sobre otro como dos delfines en rumorosa libertad, lejos de todo apresuramiento y aislados del formalismo citadino. Aquella vez lo cabalgué como enardecida amazona sobre las blancas arenas solitarias, mirando al sol que se mecía tras el oleaje cristalino. El viento, salobre y denso, humedecía mi frente y mis cabellos; tendido boca arriba y desde atrás, Alberto se aferraba amorosamente a mis caderas y a mis senos, pellizcándome los pezones, besándome los hombros y el cuello transpirados. Yo a la vez me acariciaba oprimiendo en círculos y con suavidad sus huevos contra mi clítoris eréctil, entregando a la luz todo mi cuerpo.

Esa tarde me vine varias veces mientras él se esforzaba en contener su propio orgasmo, y en esa posición acuclillada saqué su polla de su cálido recinto para franquearle la entrada en mi culo aceitado. Abierto, el cielo se incendiaba de violetas y naranjas y nosotros sumábamos nuestros gritos y gemidos al ronco vaivén de la marea. Además de nuestra amiga Amarilis, solamente yo era capaz de engullir enteramente su enorme largura y grosor entre las nalgas, y de disfrutar de sus briosas y dulces embestidas como loca.

Suavemente comencé a humedecerme bajo el reflujo de aquella evocación y extendí las piernas para sentir cómo se hinchaban poco a poco mi clítoris y mis labios.

Me saqué discretamente la tanga sin levantarme y sin moverme apenas de mi asiento, y aferrada al pene de Alberto me sumergí en las imágenes de aquella tarde, concentrándome en las sensaciones voluptuosas que inundaban mi cuerpo.

Recordé también que al regresar de la playa ese mismo día salimos a bailar a una ruidosa discoteca, y que luego fuimos al hotel para hacer el amor en compañía de Amarilis y de José, su esposo. Ella quería ser penetrada por primera vez por cada orificio de forma simultánea, y después de acariciarnos y besarnos rodando las dos en un larguísimo 69, se montó de un solo golpe y hasta la empuñadura sobre la verga magnífica de Alberto. José se hincó tras ella luego de lubricar su ano y empujó cuidadosamente su verga que yo me había encargado de ensalivar profusamente. Debido a las sinuosas contorsiones de mi amiga y por error de milímetros, la polla resbaló al interior de la ensortijada y pelirroja vagina de Amarilis que ya estaba ocupada por el miembro de mi marido.

Fue así como nuestros dos hombres llegaron al fondo de su vulva mientras ella gemía de delectación y de dolor. Yo lengüeteaba y succionaba el par de huevos que entrechocaban en los umbrales de su ensanchada abertura, contemplando las dos vergas apretadas una contra otra, entrando y saliendo, deslizándose rítmicamente en el interior de su vellosa carnosidad dispuesta al placer, hasta que Juan retomó su camino y la enculó paciente pero salvajemente hasta los pelos. A horcajadas, me senté sobre la cara de mi marido para que éste me devorara al tiempo que Amarilis mordisqueaba jadeante y sudorosa mis senos, mis orejas y mi cuello. Luego las dos cambiamos de sitio sin dejar de besarnos. El avión avanzaba en medio de la negrura que es la nada, y las frescas imágenes de pasión que se agolpaban y sucedían en mi memoria me hacían sonreír gozosa y me provocaban escalofríos anhelantes. Me estreché más al cuerpo de mi esposo.

Aquellos vívidos recuerdos del fin de semana en Playa del Carmen me calentaban tanto como los momentos de deleite que los crearon y que compartía con Alberto. De pronto, entre la ensoñación y la vigilia sentí un roce tibio sobre mi Monte de Venus. Era la mano de mi vecino oriental y no la mía, la que se había posado sobre mi entrepierna. Mi primer impulso fue el de apretar los muslos ante la turbadora intrusión del extraño, arrojar su mano lejos de mi, incorporarme y reclamarle escandalizada por ese absurdo atrevimiento.

Pero alguna incomprensible razón me impidió hacerlo.

Pensé que tal vez había advertido que me había quitado la tanga, y que aquello lo había interpretado como una invitación a acariciarme.

Con cierto temor, tal vez avergonzada y ciertamente curiosa y excitada, cerré los ojos y dejé que me tocara aquel desconocido a quien no habría de volver a ver después de esa noche. Permití que su palma reposara su dulce peso y calor sobre mi pelvis, y que minutos más tarde desabrochara cada botón de mi vestido camisero hasta dejarme semi desnuda bajo la frazada. Sin estorbos, su mano se dio a la tarea de deslizarse, lenta y sabiamente, de arriba a abajo, reconociendo la geografía de mi piel desde la doble protuberancia de mis senos hasta mis ingles, desde el anillo de plata de mi ombligo hasta mis muslos.

Al cabo de un largo rato, la mano del intruso se posó semejante a un pájaro de fuego en mi vagina ya empapada. Yo estaba petrificada por la excitación y por el miedo. Jamás una persona extraña me había tocado sin que yo lo desease y consintiera, y sin que Alberto también estuviera de acuerdo. Además de vez en cuando algún pasajero transitaba por los pasillos hacia los baños, aunque nadie, y en esas condiciones mi esposo mucho menos, podía advertir que bajo mi frazada descansara entremetida la mano tan cálida de mi compañero de la izquierda. Volví el rostro y lo miré de reojo: cubierto también con la manta hasta el cuello, el hombre permanecía con los ojos cerrados detrás de sus anteojos redondos, con la cabeza hacia el frente, inmóvil como estatua de un emperador de un reino magnífico.

Sus dedos, ajenos tal vez a su voluntad y a la mía, palpaban con cuidado aunque seguros, un territorio propio, antiguamente y de sobra conocido. Sus dedos eran largos y llenos de misterio. Con las uñas rozaba apenas mi clítoris, sumergía una yema en la humedad apretada de mi sexo y retornaba al exterior para rascar ligeramente la orilla de mis labios, lubricándome con el jugo que manaba en abundancia. Recibí la sabiduría ancestral de aquellas caricias que desde algún país desconocido y remoto en el tiempo y el espacio iban encendiendo la claridad de mi deseo. Más relajada y dispuesta a regalarme a mi misma esa experiencia volví a reclinar mi cabeza sobre el pecho de mi marido.

La tersa y hábil mano se detenía cuando percibía un mínimo movimiento de mis caderas que instintivamente empezaban a menearse y entendí el mensaje. Bajo la manta de lana, él haría suave y cadencioso aquel masaje, imperceptible para todos los pasajeros que dormían, incluyendo a Alberto, y yo no debía moverme, tan sólo concentrarme en su disfrute pleno.

Así es que contuve cualquier empuje pélvico y solamente abrí un poco más las piernas para dejar pasivamente que sus dedos continuaran crepitando en su deliciosa travesía. Flexioné una rodilla para sentarme encima de mi pie, y por mi tobillo empezaron a descender los primeros hilos de mi lubricación. Con lentos movimientos los dedos abrían y cerraban mi sexo, entraban un poco y salían para patinar unos segundos sobre el clítoris; luego presionaba su palma entera contra mi pubis mientras uno de sus dedos exploraba dulcemente mi ano que había dilatado su estrechez, y volvía a extraerlo para dar masaje a la entrada de mi vulva.

Penetraba y oprimía lo necesario para hacerme ansiar más profundamente la duplicada intrusión de sus caricias, repitiendo sin pausa ni prisa los mismos pasos una y otra vez, exasperándome casi, palpando en zigzag de abajo a arriba con delicadeza y con pleno conocimiento de los puntos donde el placer se incrementaba hasta hacerse realmente insoportable. Aquella mano tenía la masculina rugosidad del terciopelo.

Me acariciaba como si mi vulva fuera un dócil animal ajeno al resto de mi cuerpo, un gato montés domesticado, un conejo urgido de su fuerza y su fineza. Nadie, a excepción de Blanca o Amarilis quizá, que sabían sostenerme con la punta de su lengua en la cúspide de la excitación sin dejarme precipitar en la vorágine del goce, me había tocado con tal refinamiento, aunque aquel no era el momento de establecer comparaciones.

Como si doblaran secretos origamis, los dedos descendían desde el clítoris hasta el derredor del ano, entraban una y otra vez de forma breve, para aquietarse sin hacerme traspasar los linderos del orgasmo. Luego de mucho tiempo, el hombre retiró la mano y lo vi inclinarse para sacar de su maletín colocado bajo el asiento delante del suyo una lata redonda y plana, cuyo destello añil metálico creí reconocer entre las sombras. La abrió y metió en ella sus dedos y la volvió a cerrar. Debajo de la frazada su mano regresó al selvático rumor de mi entrepierna. El ungüento con el que él había lubricado sus dedos me produjo inmediatamente un intenso calor que trepó hasta mis mejillas y me hizo percibir con nitidez las aceleradas palpitaciones de mi sexo.

Aquella era una pócima extraordinaria cuya atávica composición incrementaba el fuego de un untuoso placer que me encendía, haciendo resbalar una vez más sus dedos por encima y a través de los suaves caminos por donde sus yemas se habían abierto paso con facilidad, arrastrándose sin premura y alternativamente. Me mordí los labios y contuve la respiración para no gemir, y apreté la verga de Alberto cuando me sobrevino el primero de los orgasmos que la experimentada mano de mi compañero de viaje me obsequiaba.

El goce de sus caricias era multiplicado por la intensa calidez de aquella fórmula cremosa que a partir de la raíz profunda y oculta entre mis nalgas se iba ramificando, para crecer por todos los poros de mi cuerpo y enardecer a su máxima pureza mis sentidos en flor. Mi sexo hinchado estaba extremadamente sensible a la sofisticación de su tacto y él lo supo de inmediato. Dejó nuevamente quieta su mano sobre mi pubis, con un dedo inserto en los latidos de mi sexo y otro dentro del relajado anillo del culo, como si sus falanges fuesen dos anzuelos que saborearan mis involuntarias contracciones, prolongando en mi agonía la sensación de su abrasadora destreza manual.

En silencio, con los músculos tensos, me comencé a correr nuevamente, empapada en sudor de la frente a los tobillos. Sentía estar ya fuera de mi, presa de mi deseo y a merced de la sapiencia de aquella mano que, aunque estuviese inmóvil, hacía que mi piel se erizara de pies a cabeza. El hombre interrumpió su dulce recorrido en el momento en que mis caderas empezaron a empujar ansiando más, pidiendo que los dedos engarzados en mi cuerpo entraran más a fondo y sin contemplaciones. La verga de Alberto se había endurecido por los apretones que yo había estado dándole cada vez que sentía sobrevenir un nuevo destello del éxtasis y había crecido hasta volverse tensa, lista para mis labios que buscaron con ansia su cabeza, y la introduje en mi boca. Empecé a succionarla al tiempo que la mano del extraño se movía de nuevo y hechizándome me llevaba a la cima de otro orgasmo.

Mi esposo seguía sumido en el sueño más hondo sin percatarse del estado al que me había conducido la maestría de mi diestro compañero de viaje, ni de que mi mano y mi lengua envolvían las oscuras palpitaciones de su miembro, paladeando su enhiesta textura, mamando su progresivo grosor y gusto a dátil.

Fue entonces cuando sentí la mirada de la vecina de asiento de Alberto, y levanté ligeramente la cabeza para buscar su mirada. Sus ojos agrandados tenían una mezcla de delirio y estupefacción por la escena que observaban, pero sus labios esbozaban una leve y cómplice sonrisa. Sabiéndome mirada sin cortapisas en mi deliciosa tarea y sin importarme ya que se hubiese deslizado de su sitio la manta de mi marido, regresé golosa sobre el miembro de Alberto. Al comenzar a lamerlo otra vez, aún viniéndome, advertí que bajo el cobertor de Fabiola se movían sus manos nerviosas. Sin dejar de chupar y envuelta en el oleaje del prolongado orgasmo, estiré mi brazo bajo la manta de la española donde encontré su propia mano. Ella se acariciaba con rapidez mirando el espectáculo de la verga de mi marido entre mis labios. Sin decirle nada, aparté suavemente su mano de su sitio, y puse la mía encima de la sedosidad depilada de su pubis. No tenía ropa interior y mis dedos hallaron de inmediato su clítoris tan erecto como el mío. Metí un dedo en aquella cueva mojada y empecé a masturbarla con la misma ternura que el oriental me acariciaba desde hacía no sé cuántas horas. Los dedos de Fabiola se disolvieron entre los cabellos revueltos de mi nuca, empujándome hacia abajo para que mi garganta se llenara de la polla de Alberto hasta los huevos resbaladizos, e imprimió un ritmo cadencioso a mi mamada. Me quité un instante para lamer la base del miembro de mi marido, y ella se inclinó para absorber la hinchadísima cabeza que mi otra mano le brindaba. Alberto continuaba dormido, respirando pesadamente. Introduje otro de mis dedos entre los blandos pliegues de la chica, y di un suculento masaje a su clítoris inflamado. A lo largo de media hora que me pareció eterna, mi boca se unió a la suya, besándonos en torno a la punta de la verga de mi marido, hasta que eyaculó un primer chorro espeso que recogimos las dos con las ávidas lenguas, absorbiendo después los que vinieron y el sabroso miembro volvió, seco por nuestras bocas, a su estado normal sin achicarse. Ella se echó para atrás contra el respaldo de su asiento y separando aún más las piernas apretó mi mano con las suyas cuando sintió llegar un orgasmo explosivo, al tiempo de que los cálidos dedos del extraño me conducían en vilo hacia la cumbre de otro orgasmo, éste más suave que los anteriores pero también más alto y ensanchado. Después que el oriental retiró su mano yo dejé chapotear mis dedos en la caliente lubricación que derramaba el sexo mullido de Fabiola, hasta que encendieron la luces de la cabina y entonces tuve que incorporarme con prontitud para cubrir a Alberto y recobrar la compostura antes que las azafatas empezaran a desfilar por los pasillos llevando y trayendo bandejas con agua, café y jugos de fruta. Desde el hombro de mi marido le sonreí a Fabiola y ella se acercó para besar mis mejillas brevemente y decirme al oído, suspirando: –Eres maravillosa y quiero follar contigo en cuanto nos instalemos en el hotel. Voy a hacer que me alojen en un cuarto junto al vuestro– añadió sonriendo en medio del resuello. Su cabello olía a hierbas silvestres y su aliento conservaba el inconfundible sabor de Alberto. La maravillosa eres tú– le regresé el piropo y fui sincera al decírselo. Yo no me atrevía a volver el rostro hacia el vecino de asiento que me había proporcionado aquellas horas majestuosas en la privilegiada sombra del vuelo. Mi marido despertó minutos después del aterrizaje. Alberto esperaba impaciente a que salieran nuestras maletas en la banda transportadora cuando vi a lo lejos a mi compañero de viaje frente a la ventanilla del cambio de divisas. Aproveché para acercármele por la espalda al momento que el cajero le daba monedas y billetes. Quería expresarle mi gratitud por aquellas intensas e infinitas horas de placer que me había prodigado entre la oscuridad nocturna. El también me miró, hermético y contenido, sin traslucir emoción de ningún tipo. Thanke you –le dije con la más amplia de mis sonrisas, satisfecha. De nada, señora –me respondió inmutable en perfecto español y con marcado acento norteño–, el placer ha sido mío. Aquel hombre de pulcro aspecto oriental a quien debía tantos y tan magníficos orgasmos era tan mexicano como yo. Xicoténcatl Terreros Pérezluna, traductor del árabe y el hebreo, catedrático de griego y latín en una universidad chihahuense, rezaba la tarjeta de presentación que me dio junto con la pequeña lata envuelta en mi tanga todavía húmeda. De inmediato las guardé en mi bolso de mano. Consérvela en memoria de este viaje –me dijo– a usted yo la recordaré de hoy en adelante para siempre. Sorprendida y sin responderle o darle las gracias en nuestro idioma común, regresé rápidamente con Alberto que ya había recuperado el equipaje y el sentido del humor, y salimos del aeropuerto. En el taxi camino al hotel, me sobrevino otro orgasmo, sin aviso previo, sin estímulo de ninguna especie. El ungüento seguía haciendo su efecto y abrí la ventana con el propósito meter el rostro entre las húmedas ráfagas del día, al tiempo que hacía esfuerzos para que no se notaran mis jadeos. Aspiré a bocanadas el viento del verano austral. Luego de haberme bañado en el jacuzzi con abundante espuma y de recobrar nuevamente la frescura, y mientras Alberto entraba a tomar una ducha que le devolviera la plenitud de su conciencia, salí al balcón del cuarto del hotel para que el aire secara mi piel y llenara de yodo mis pulmones. Aún me palpitaban, abultados, los labios inferiores. Ahí, frente al mar y a cielo abierto abrí el bolso y saqué la lata azul metálico de su envoltorio de satín y encaje. Para mi asombro, la pequeña lata era similar a la que yo llevaba en mi equipaje, dentro del maletín donde guardaba los bronceadores, el perfume, las cremas y un par de vibradores. Era la misma crema humectante que utilizo desde la adolescencia para quitarme el maquillaje que ocasionalmente aplico sobre mis pestañas y párpados. No tenía nada de mágica o de ancestral como supuse, o como mi imaginación desbordada me hizo creer, cuando la mano de mi hábil y sigiloso vecino de asiento me la aplicó para incendiarme larga y sostenidamente hasta el arrebato de mis sentidos. No sabía si reír de mi fantástica ingenuidad o realmente tomar conciencia de que aquellos placeres sensacionales se debían a una simple y sencilla crema limpiadora del cutis, y que la mano prodigiosa que me había transportado en un tumultuoso viaje hacia mis laberintos interiores era realmente poseedora de una sapiencia milenaria, una sabiduría acumulada por los siglos en los que los seres humanos hemos sido capaces de reconocernos en el deseo del otro y en la entrega sin ambages o acondicionamientos. Desnuda en la terraza de un hotel desconocido, de cara un océano luminoso que me abría sus íntimos secretos y me envolvía de brisa y alegría, solté una incontenible risotada. Me sentí feliz por aquel instante, más mágico aún que los que se desgranaron durante el viaje. Desde el balcón adosado al de nuestra habitación escuché una voz agradable y cristalina–: Hola, ¿de qué ríes, qué te ha hecho tanta gracia? Quien me hacía la pregunta era Fabiola, la hermosa española, desnuda de la cintura para arriba, vestida únicamente con un pareo transparente anudado en la cadera y mostrando sus pechos espléndidos, coronados por dos grandes y sonrosados óvalos, al sol del mediodía. Tras ella, abrazándola cariñosa por los hombros, su pareja también desnuda y mojada como yo, me sonreía intrigada. Seguramente Fabiola ya le habría contado acerca de la manera en que ella y yo nos habíamos conocido durante el vuelo. Se llamaba Rubí y el cabello dorado le caía hasta la cintura sensual de su cuerpo brasileño. Ella oprimía sus senos tiernamente a la espalda brillante y aceitada de mi nueva amiga. Me río de la vida y con la vida, por el placer de saberme llena de sorpresas y de energía –respondí acercándome a ellas para abrazarlas y besarlas por encima de la barandilla de poca altura que nos separaba–, y les di la lata que contenía la crema milagrosa. Tendríamos diez días para compartir aquel regalo que de mi mano, o de la mano feliz del azar o la fortuna, nos llegó del cielo. Al unir la humedad de nuestras lenguas, súbitamente sentí ascender, vigoroso y expansivo, el suntuoso temblor de un nuevo orgasmo

Una buena zorra madura con experiencia y encima dandote placer a ti es de lo mejor que se puede pedir en el sexo. Saben hacer todo tipo de cosas brutales y si encima estan buenas, te quiero contar. Os dejo a un joven que si que nos cuenta en un relato erotico sus experiencias con una madurita

Todo comenzó un día cuando la vi llegar por primera vez llegar a la casa del lado ella era una mujer de unos cincuenta años y yo un Gil de unos 18 años ella era muy bella además solo representaba cuarenta años ella tenia un culo hermoso y que en esa oportunidad se veía mejor gracias a unos pantalones negros que ella llevaba además llevaba una polera de hilo blanca la cual tenia escote muy pronunciado y permitía ver el espacio entre sus pechos claramente sus pechos eran redondos no muy grandes pero si bien cuidados se notaba que ella se cuidaba y se mantenía en forma desde ese día ella fue la protagonista de mis pajas, pero yo no me imaginaba lo que el futuro me tenia destinado ella no tenia pareja estable y además sus hijos ya eran grandes pues ellos mismos la ayudaron en la mudanza, luego de terminada la mudanza yo escuche que ella al despedirse de sus hijos les dijo ahora me voy a dar un buen baño en la piscina para quitarme el calor, y corrí a al interior de mi casa y me colgué de un árbol el que me escon · Disculpe, ufff disculpe y me sonroje pues ella aun estaba desnuda. · Ella respondió, no que te sucede. · Es que mi balón cayo en su patio y quería ver si me lo podía regresar. · Ella respondió claro toma. · Se levanto y me permitió ver su concha peluda y me hizo erectar de nuevo era un cuerpo hermosísimo luego me paso el balón. · Yo aun rojo de calentura le dije que lindo cuerpo tiene. · Ella se sonrojo y me dijo gracias te parece. · Claro, respondí y dije gracias por todo y me baje. Hasta aquí llego nuestro primer encuentro que para haberlo sido fue bastante directo pues aun no conocía su nombre y ya la había visto desnuda lo que en la noche me dio para varias pajas parece que me habían dado todo lo que necesitaba para despertar al sexo real y no las pajas de costumbre. Al otro día salí a regar pues me encontraba solo en casa mis padres se habían ido de fin de semana a la playa y me había dejado solo entonces se abrió la puerta de su casa y salió ella con un buzo bastante ceñido a su cuerpo y un peto que mas que cubrir sus Tetis la aprisionaba, ella se acerco a mi y me dijo: · Hola, como estas. · Bien y usted. · Bien también, eh quería hablar de lo de ayer. · Lo del balón, disculpe pero no se va a repetir en lo posible. · No, eso no me importa me refiero a como me viste, me gustaría que no le dijeras a nadie que me viste así pues pensarían mal de mi y me agrado mucho tu reacción ante eso, aun cuando no pudiste evitar el la vergüenza ha. · No, se preocupe nadie lo sabrá. · Gracias, no sabes que peso me sacas de encima (justo cuando yo lo único que quería era ponerle algo encima y mas aun no me podía despegar de sus tetas). · No, se preocupe, puede estar tranquila. Ella se fue entonces y cando se iba le dije ah y no era vergüenza. Y me entre a mi casa durante ese día estuve mas horas sobre el árbol que en mi casa tratando de verla de nuevo pero la tarde avanzo sin novedad hasta que llego ella muy vestida bastante sexy y de la mano con un tipo, el que venia atrás de ella y casi hipnotizado por su culo ella lo sentó en la silla para tomar sol y comenzó a desvestirse de manera muy sexy con un baile que no olvidare con facilidad, esto era mejor que una película porno y cuando ella estuvo solo en bragas y sostén el la llamo y la sentó enfrente de el y la cruzo las manos en culo y la beso de manera caliente el calor que expelían casi se podía sentir en el árbol y el olor de mujer de ella llenaba todo el ambiente quizás era sugestión pero lo sentí así luego de que se terminaron de besar el le comenzó a masajear los pezones ella echo su cabeza hacia atrás y el aprovecho para sacar una de sus tetas para luego chupársela y mordérsela ella grito y el le tapo la boca con un beso y luego le metió la mano en su entrepierna ella comenzó a gemir suav Luego él en la mañana del otro día me encontraba regando el jardín cuando ella salió de la mano con él y ella con una bata a despedirse del, le dio un beso y espero que el se fuera en su auto para llamarme yo cerré le llave del jardín y fui, me hizo pasar y me dijo. · Sigue aun en pie la oferta, que este estúpido no logra aun darme un orgasmo. · Que oferta, si aun no conozco tu nombre. · Me llamo Sonia, y tu oferta de verga. · Claro aun, y yo te voy a dar los orgasmos que quieras eso sí en la piscina. Ella me toma de la mano y quiso guiarme a la piscina pero yo la tome por la cintura y le quite la bata para mi sorpresa llevaba el traje de baño de la primera vez, y yo le dije. · Esto te queda muy bien, y le toque una nalga. · Ella respondió girándose y diciendo si de eso me percate la primera vez que te vi en el árbol pero más te gusto sin esto o no. · Claro, que sí. Y la bese nuestras lenguas juguetearon mucho rato y aun de mis manos se puso a juguetear con su pezón la otra se abría paso en su culo ella no opuso resistencia y yo metí primero uno de mis dedos en su orificio y luego dos y hasta tres ella no aguanto mas y dejo de besarme y comenzó a jadear y empujo mi cabeza hacia abajo invitación a la cual no me negué y comencé a bajar lentamente su bikini para luego seguir besando cada rincón que se descubría ante mis ojos y ella tan solo quería que me enfocara en su clítoris era algo que ocurriría en cuestión de tiempo pero aun no era el tiempo para eso y ella solo quería eso yo la contuve un poco pero cuando ya no se pudo mas comencé por pasar mi lengua por cada uno de sus labios para luego solo palpar un poco su clítoris ella ya gemía mas rápido y ya no aguantaba mas ella ya solo se dejaba llevar por sus instintos ella era ya solo una perra en celo y solo quería una penetración por donde fuera y me comenzó a jalar de los pelos para luego subirme a la altura de su cara Solo un sueño si me conoces salúdame e invítame a pasar el calor en tu piscina y con tu compañía por ahora solo un mail bastaria

Tener sexo en la ducha es de las mejores cosas que existen y mas si es con una belleza como la de este relato erotico.

Mes de agosto y 30 grados de calor, ni las duchas frías hacía que la temperatura de mi cuerpo descendiese, tanto por el ambiente como por el hecho de ver a mi novia con los shorts y un generoso escote que dejaba entrever sus hermosos y deliciosos pechos; grandes, voluptuosos diría yo, con unos pezones que sobresalían como pidiendo a gritos que una boca sedienta los devorara.
Yo había salido a dar un paseo por los alrededores de la casa, cuando llegué me encontré al padre de mi novia, le hablé y pregunté por Isis, me dijo que estaba en la ducha.
En principio no le di importancia ninguna pero me fui sentar a la sala y esperando, vi a su padre viendo la televisión en la cocina, todo atento, yo me imaginaba a mi chica desnudandose, dejando caer la ropa al suelo mientras su cuerpo desnudo relucía de belleza.
Me acerqué a la puerta del baño y cual fue mi sorpresa que la puerta no estaba cerrada del todo, no le había puesto el pestillo y con sumo cuidado la abría sin que se diera cuenta.
La ducha estaba cubierta con unas cortinas para impedir que el agua mojara todo, entre el ruido del agua cayendo sobre su cuerpo y la voz alta que salía del televisor de la cocina ella ni se percató que yo había entrado, al entrar yo si cerré el pesillo para asegurarme que nadie entraría.
A través de las cortinas ya entreveía su cuerpo desnudo, de espaldas a mi, sus pompas tan hermosas, un culito precioso, de esos que tocas y tocas y no te cansas de admirarlo.
Me fui quitando la ropa poco a poco, pero también con ansias de estar ya desnudo. Mi polla entre lo que veía, lo que imaginaba, lo caliente que estaba y el roce de la ropa al quitarla y dejarla desnuda se fue poniendo cada vez mas dura, tanto que se levantó por completo hasta no poder mas.
Ahora nada mas faltaba entrar en la ducha y sorprenderla, pero oh oh, no pude del todo, me escuchó, pronunció mi nombre y yo le dije, si, soy yo. Lanzó un ligero suspiro como de aprobación ante la situación en la que estabamos.
Le dije que estaba muy caliente y quería follarla allí mismo, ella dijo que lo mismo, que con la calor y allí debajo del agua pensando en mi se estaba poniendo muy cachonda y ya casi estaba por masturbarse.
Esa idea me gustó y le dije pues que siguiera, abrí un poco las cortinas y vi como con su mano acariciaba su clitoris, subía y bajaba con su mano frotandolo cada vez con mas intensidad y rapidez. Pronto lanzó leves suspiros de placer ante lo que yo no pude evitar agarrar mi pene y comenzar a darme fuerte, pero sin querer correrme aún.
Tan caliente me puso que ya entré en la bañera, me puse detrás de ella y la empujé contra la pared sin apenas dejar moverla, agarré sus pechos, grandes tan grandes que con una mano apenas podía tener su pecho en mi palma, sus pezones estaban duros, frotando con las yemas de mis dedos mas duros se ponían.
Yo para entonces ya tenía mi polla tan dura que nada mas deseaba penetrarla bien fuerte y hacerla gritar de placer.
Mis manos fueron bajando por su cuerpo hasta llegar a su coño, calentito y muy mojado para entonces. Acaricié sus labios vaginales y los fui abriendo para hacer paso a mis dedos que se introducieron en su coño hasta no poder mas. Con mi otra mano le fui acariciando su espalda y bajando por su cintura, la cual rodeé, mientras tanto ella ya no paraba de agitar mi polla y darle fuerte, mi lengua estaba en su cuello, sus orejas, y le lamía todo lo que podía. Con mi mano en su coño mi polla cerquita de su culito mi otra mano empezó a acariciar suavemente su ano, suspiró de placer, me agaché y comenzé a lamerle su coño, así de espaldas abrió bien sus piernas para que mi lengua entrara mejor, ahí tuvo ya un orgasmo, momento que aprovechó para darse la vuelta y meterse mi polla en su rica boca y lamerme todo, a bocados se quería meter mis huevos en su boca, yo estaba que no podía mas, la subí, le di la vuelta, apoyó las palmas de sus manos en la parede mojada, le abrí las piernas e introducí mi polla en su coño, que rico verla así de espaldas mientras yo la penetraba sin parar, dandole cada vez mas fuerte. Uno de sus gritos me asustó pensando si su padre escucharía, pero por otra parte el peligro aumentaba la excitación y eso hizo que mi polla mas dura aún la golpease hasta el fondo, pedía mas y mas y puse todo mi empeño en hacerla disfrutar al máximo.
Una vez me corrí dentro de ella los dos nos abrazamos debajo de la ducha, sus pechos en mi pecho, sus pezones aún seguían duros, lo que provocó que al acariciarla nos empezasemos a masturbar mutuamente de nuevo, así seguimos un rato mas hasta que luego cada uno salió por separado de la ducha.

Relato erotico de una jovencita que tiene el coño mojado cada vez que ve a este hombre, por suerte consigue hacer su fantasia realidad y tener al hombre entre sus piernas.

Las 7 y media de la mañana y de nuevo estaba sonando el despertador como todos los días. Me levanté y fui directa a la ducha. El agua caliente sobre mi piel me relajaba y estuve allí durante un buen rato. Desayuné rapidamente y me dirijí camino de la universidad. Era un martes, la mañana se presentaba bien ya que las clases eran entretenidas y divertidas. A pesar de las fechas, finales de abril el sol ya lucía en lo alto del cielo y no hacía frío por lo que decidí ir en falda a las clases. No me gusta presumir pero tengo unas bonitas piernas y en general un cuerpo bien formado.
Al llegar a la universidad saludé a mi amiga Elena que me estaba esperando. Hablamos sobre algunas cosas; el día anterior, las clases, los próximo examenes, y tambien de los chicos. Yo estaba en ese momento sin pareja desde hacía ya 3 meses. Mis deseos sexuales durante ese tiempo los dedicaba a masturbarme yo sola en casa, para lo cual había decidido comprar un consolador el cual utilizaba frecuentemente para darme mayor placer.
Elena me comentó que ese día la segunda clase nos la daría un nuevo profesor ya que Mario, el que acostumbraba a hacerlo, estaba de baja laboral. Según se decía el nuevo profesor era bastante joven y muy guapo. Desde ese momento tuve una sensación dentro de mi cuerpo como que se me metió en la cabeza como una fantasía a pesar de no conocerlo.
Al llegar el momento de comenzar entró en clase y se presentó ante nosotros, nos dijo que su nombre era Fernando, aparentaba unos 32 años, alto y un cuerpo atlético, de cara no era precisamente mi tipo.
Comenzó a dar la clase, de pie primeramente y luego se apoyó en una esquina de la mesa con las piernas cruzadas. No pude evitar fijarme en su entrepierna y observar como un bulto sobresalía entre sus piernas, marcaba un gran paquete que provocaba que mi mirada se desviara allí durante gran parte de la clase.
El imaginarme poder sentir aquello y poder acariciarlo provocaba en mi un pequeño estado de excitación. Tanto fue así que abrí mis piernas ligeramente, deseaba en ese momento poder rozar mi vagina con cualquier cosa, mis labios vaginales pedían a gritos que alguien los acariciara, quisiera cerrar los ojos y que Fernando me tomara para meter su mano entre mis piernas y llegar al punto de placer que yo reclamaba. En un momento introduje rapidamente mi mano debajo de la falda hasta alcanzar mi tanga, lo retiré un poquito para poder con mis dedos tocar mi vagina y acariciarla. Solo el echo de ver su paquete había provocado que mi coño estuviese ya húmedo. Deseaba en ese momento poder desnudarlo allí mismo y sacar a la luz lo que debía ser una enorme polla la cual introduciría ne mi boca para saborearla de principio a fin, comiendosela y mamandola hasta sus huevos. En ese momento de mi fantasía mis pezones se habían puesto duros, el roce con mi sujetador hacía excitarme mas y mis piernas se movían en busca de algo que no podía encontrar en ese momento.
Casi sin darme cuenta finalizó la clase y yo me sentía húmeda y con ganas de mojarme aún mas, de sentir las manos de un hombre sobre mi piel que me hiciese sentir mujer en ese instante.
Salí al pasillo, no tenía clase la siguiente hora. Sin pensarlo mucho me dispuse a ir al baño para terminar allí, yo sola, mi fantasí, nunca lo había echo así, normalmente me masturbo siempre en casa pero eran tantas las ganas que ni dudé.
Llegando al baño me paró de repente una voz que me preguntaba algo, giré mi cabeza y allí estaba el, era Fernando. Me preguntaba por el baño, yo le comenté que también iba hacia allí así que le dije que viniera conmigo. En los apenas 15 metros que nos separaban del destino me preguntó si no tenía clase y le dije que no. Al llegar a las puertas de los baños ya no dije nada y el entró en la de los chicos. Me quedé fuera como medio minuto y luego, algo pasó por mi cabeza y me dejé llevar, abrí un poco la puerta del baño de los chicos, solo estaba el, entré y me acerqué a el que ya se lavaba las manos. En principio se sorprendió un poco, y luego sin mediar palabra acerqué mi mano a su paquete, la posé sobre su pantalón y noté como aumentaba repentinamente de tamaño. Una sensación increíble recorrió mi cuerpo en ese mismo momento. Desabroché su pantalón y metí mi mano en su calzoncillo, se la acaricié hasta que iba poniendose cada vez mas dura y aumentando su tamaño. Se arrimó a una pared y comencé a lamer su pene con mi lengua para a continuación introducirlo en mi boca, mi lengua jugaba con la punta de su polla y mis manos acariciban sus huevos llenos de leche para mi.
No tardamos en buscar una nueva posición, pero dificil asi que nos metimos en un compartimento del baño, cerramos la puerta, bajamos la tapa del water y ahí se sentó el, con su pene bien erecto. Yo de pie mientras el introdujo su mano entre mis piernas, me bajó mi tanga y comenzo a tocarme, el sentir sus dedos sobre mis labios vaginales me provocó mucha excitación, abrí mas mis piernas para que pudiera introducir mas sus dedos y jugar asi con mi clítoris. Yo misma me quité mi blusa y el comenzó a mordisquear en mis pezones y a lamerme mis tetas, los pezones estaban muy duros y mi coño ardía ya por sentir dentro su enorme polla.
Me coloqué sobre el, nos acomodamos bien e introdujo su pene dentro de mi, la colocó con suavidad y luego yo fui bajando lentamente para sentir como entraba toda hasta el fondo. Al sentirla ya en el fondo comencé a moverme despacio, mientras el con sus manos manoseaba mis pechos. Comencé a subir y bajar sobre aquella enorme polla que me hacía lanzar pequeños gemidos, con temor de que alguien entrase en ese momento.
No tardé mucho en comenzar a cabalgar sobre el cada vez con mas rapidez, el bajó sus manos y las puso sobre mis nalgas para acompasar bien los movimientos y que su pene entrase totalmente hasta el fondo de mi vagina. Ya sentía mis jugos y lo húmeda que estaba, su pene entrando y saliendo de mi cada vez con mas fuerza.
Al sentir que estabamos los dos a punto ya para el orgasmo total el sacó su polla de dentro de mi, no teníamos protección, asi que buscamos la forma de corrernos juntos. Yo tomé su polla con mi mano y comencé a agitarla mientras el con su mano introducía mis dedos en mi vagina que ya estaba mas que mojada. No tardé ni un minuto en ver salir su leche de su pene, eso provocó que mi excitación fuese mayor y que me viniese inmediatamente mientras sus dedos entraban y salían de dentro de mi. Nunca había probado el semen pero el verlo salir y la excitación que tenía hizo que mi boca quisiese comerse aquella rica polla por lo que me la chupé toda de arriba a abajo. El seguía sentado y me mandó ponerme de pie, mis labios vaginales quedaron a la altura de su boca y con su lengua comenzó a lamerme, sus dedos abrieron mis labios y su lengua comenzó a recorrerme buscando el clítoris… mmmm, sentí tanta excitación de nuevo que me provocó otro orgasmo.
Sin darnos cuenta había pasado ya media hora y nos vestimos de nuevo y salimos al pasillo, cada uno por su lado.
En esa semana solo le tocaba darme una clase mas y ese dia no pude ir. A la semana siguiente ya estaba de vuelta el antiguo profesor, por lo que jamás volví a verlo, pero aún cuando pienso en aquel momento me excito mucho.

Relato erotico en el que un chico nos cuenta como domina a su novia y hace que esta cumpla todos sus deseos, absolutamente todos.

A veces las fantasías se cumplen, el tener una no quiere decir que la llevemos a cabo, pero algunas veces pasa y esto pasó realmente una noche de verano.
Mi novia y yo siempre que podemos practicamos el sexo, nos encanta a los dos, sin probar ni hacer cosas raras, nosotros dos y nuestras imaginaciones nos bastan para poder disfrutar del sexo al máximo.
Habíamos hablado en alguna ocasión de como nos gustaría hacer el amor en alguna ocasión, así que lo que sucedió es algo que ya de antemano sabíamos a los dos que nos gustaba.
Ella había llegado antes a casa, se suponía que a esas horas estaba ya preparando la cena, yo llegaba mas tarde pues ese día tenía mucho trabajo y no pude terminar antes.
Llegaba con el coche a casa cuando la vi fuera, dandole de comer algo al perro, se agachó un poco para echarle la comida al perro cuando mmm, vi que llevaba una falda cortita que me encanta, al ver sus piernas y sus pompas algo se encendió en mi que ya deseaba bajarme del coche. Ella entró en casa mientrastanto yo metía el coche en el garaje y cerraba todo bien. Tardé como 5 minutos en entrar en casa.
No había mucha luz en casa, nada mas se veía la luz de la cocina donde Federica preparaba la cena, se olía el olor en toda la casa de langosta. Parecia que la cena iba a estar muy bien, entre el olor de la langosta se entremezclaba el olor de ella, suave y ligero, de ese que cuanto mas te acercas mas quieres sentirlo. Y yo la quería sentir ya.
Salía de una puerta de la habitación, ni me vio que estaba casi detrás de ella, en el pasillo, apenas había luz alguna, se veía poco. Con mi mano le tapé los ojos y con otra mano acaricié sus pompas, se sorprendió en principio pero no le dejé hacer mucho mas, pronto la empujé contra la pared, en la esquina del pasillo, cerca de la cocina, apreté mi cuerpo contra el suyo, la tenía inmovilizada completamente, sus pechos rozaban la pared.
Con una de mis manos tomé las suyas y las agarré fuerte, levantandole los brazos, con una pierna mia la metí en medo de las suyas para evitar que se moviera. Mi otra mano fue introduciendose debajo de su falda, la cual levanté con calma, sabiendo el destino fijo, mmm, parecía que me esperaba, no llevaba bragas, así que fue fácil llegar a su coñito y empezar a acariciarlo suavemente, sin llegar a introducir ningún dedo, nada mas frotarlo. Luego de acariciarlo un rato mi mano fue a sus pechos mientras mi lengua fue lamiendo sus orejas y su cuello lentamente, estaba muy caliente y nada mas quería follarla allí mismo.
Quiso hablarme pero no le dejé, le dije que era mia e iba hacerle lo que yo quisiera nada mas. Quería dominarla por completo, hacerla mia totalmente. Levanté una de sus piernas, me bajé los pantalones, mi polla estaba dura, le dije, ¿la quieres?, contestame!!, y me dijo siii, sii, dame dame por donde tu quieras. Eso me encendió mucho mas, asi que la puse detrás de ella y se la metí por detrás, la empujé mas fuerte contra la pared, mientras mi polla entraba y salía de su coño mi mano tocaba sus pechos, yo empujaba contra la pared y mi otra mano fue acariciando su espalda hasta llegar a su culo, ahi lo fui acariciando, tocando su ano hasta ver que se excitaba mas.
Voy a meterte un dedo en ese culito que tienes y que me vuelve loco, a ver si te gusta. Quiero que seas mi puta y que me obedezcas y consientas todo, porque eres mi esclava ahora mismo y vas obedecerme en todo!!, esas fueron mis palabras antes de empezar a introducir un dedo en su ano ligeramente mientras mi polla entraba una y otra vez hasta el fondo de su coño.
Los gemidos de los dos eran inmensos, la pared de la casa temblaba a cada embestida que le daba, aah aaaaah aaaaaaaaaah, si siiiii, que delicia darle así por detrás, dominarla por completo y saber que ella estaba supermojada y caliente, que me pedía mas y mas y que le gustaba que la dominara así por completo.
No tardé mucho en mojarla mas de lo que estaba, me corrí dentro de ella, mi leche salía de su coñito… no contento le dije que se diera la vuelta, así contra la pared aún, le agarré su cabeza e hice que me lamiera toda mi polla para luego sujetarle las manos fuerte contra la pared y yo agachaco lamerle su coño mientras ella estaba de pie, era muy sabroso y le provoqué otro orgasmo. La noche fue muy intensa y luego de la cena, la langosta y todo hubo mas y en mas lugares… pero eso será otro día tal vez.

No habeis pensado nunca lo larga puede llegar a ser una noche y mas si se trata la noche de bodas? En vez de eso la deberian de llamar la noche del porno brutal y del sexo desenfrenado que es realmente de lo que se trata. Os dejo el relato erotico de un hombre que no descansara ni un segundo en esa larga noche, casarse merece la pena solo para esto…

En este relato os voy a contar como transcurrió el día de mi boda. La verdad fue un día largo y cansado, pero ya la noche se acercaba y el momento de descansar estaba ya cercano.
Me apetecía como nunca quedarme a solas con la que era ya mi esposa y hacerle el amor como matrimonio por primera vez. Durante la cena de la boda ya nuestras miradas complices nos decían que los dos teníamos ganas de tener sexo. Mientras nos tomabamos la penúltimo copa de cava la miraba con ojos de deseo, observa el generoso escote que se había abierto para mi lejos de las miradas de los invitados. Sentados en la mesa Catherine metio su mano por debajo hasta empezar a acariciar mi paquete. No tardó mi pene en sentir su mano acariciándolo y mis huevos en ser manoseados por sus manos. Yo intenté buscar su coño pero entre su vestido estaba dificil el hacerlo, nada mas ella se inclinó un poco y vi sus pechos que me pusieron mas cachondo aún. Sus pezones son algo que me vuelven loco y le susurré al oido “Catherine deseo comer esos pezones ahora mismo porque tengo mucha hambre”… ella se acercó y me respondió “y yo quiero comerte esa polla que se está poniendo tan dura”.
Eso me puso muy cachondo, tanto que vinieron en ese momento a saludarme y ni me levanté porque me hubiera delatado mi pene erecto. Al quedarnos solos ella me sonrió y miró el bulto de mi pantalón, yo desabroché la cremallera y saqué mi pene un instante, instante que ella aprovechó para tomarlo con su mano y acariciarlo.
Poco después los dos nos despedimos de todos los invitados y nos dirigimos a la habitación del hotel donde estábamos celebrando la boda.
La cogí en brazos y cruzamos la puerta, mi erección aún casi no había bajo y ella me comentó que estaba húmeda y muy caliente.
La posé en el suelo y con las persianas cerradas encendimos una luz muy suave. El aspecto de la habitación era muy romántico. La llevé a la pared y allí apoyó las palmas de sus manos en la pared, su cara contra la pared y le abrí un poco las piernas. Me puse detrás de ella, y tomé con mis manos sus pechos, ahora si podía acariciarlos y hacerlos míos con total libertad, apasionadamente los acariciaba. Fui quitándole el vestido poco a poco hasta que se quedó nada mas con una elegante y sexy lencería que me puso muy caliente.
Así siguió apoyada en la pared, yo le abrí mas las piernas, me puse de rodillas sobre la alfombra y con mis manos empezé a bajarle muy lenta y suavemente sus braguitas. Nada mas bajarlas un poco a la altura de mi cara y frente a mis ojos pude ver su culito y su coño mojadito.
Acerqué mi cara a el, su olor y el saber que estaba caliente me excitaba mucho. Saqué la puntita de mi lengua y la acerqué asi por detrás a su coño. Lo toqué suavemete y lo lamí. Luego fui besando sus piernas, por detrás de su rodilla, sus muslos, sus pompas, con mi lengua iba lamiendo toda su piel. Me acerqué a su ano y lo besé, pasé mi lengua sobre el y luego de repente me acerqué a su coño y comencé a darle lengüetazos, uno tras otro, mientras ella movía ligeramente sus piernas, pero sus manos seguían sobre la pared, eso si, gemía ya de placer, Mi polla estaba muy dura y ya quería salir esos primeros jugos.
Saqué lo mas que pude mi lengua y la fui metiendo dentro de su coño y luego la giraba para que la sintiera dentro, moviéndola y chupandole esos jugos tan ricos que mojaban su coño. Tan cachondo me puse que no pude mas, Me levanté y sujeté de los brazos, ahora mis brazos estaban sobre los suyos, apoyados sobre la pared acerqué mi pene a ella y la penetré fuerte y hasta el fondo, así de golpe, la dejé dentro unos segundos y la retiré de nuevo hasta casi sacarla y de nuevo empujé hasta el fondo.
Le gustó tanto que empezó a mover su culito hacia mi para que le diera mas rápido y más fuerte hasta el fondo de su coño.
Y así empezé a golpear mis huevos contra sus pompas, una y otra vez le daba y la follaba con todas mis fuerzas. Nuestros gemidos eran cada vez mas fuertes y más intensos.
Casi al mismo tiempo sentí como mi leche estaba ya saliendo mientras ella daba los ultimos gemidos antes de llegar también al orgasmo.
Ahora si caí sobre la alfombra, mi polla dura y caliente seguía en pie, así que ella la tomo con sus manos y siguió frotándola y haciendome una rica paja, pero sin dejarme llegar. Acercó su boca a ella, sacó su lengua y lamió los jugos que estaban ya saliendo, preludio de que ya en nada me corría otra vez. Metió mi polla en su boca y con su lengua me la lamía toda, su boca la engullía una y otra vez hasta el fondo, lamía y mordisqueaba mis huevos, eso me volvió loco de placer y casi a punto de salir mi leche sacó su sostén que aún llevaba puesto y dejó mi leche mojara sus espléndidos y grandes pechos.
Tanto me gustó verle sus pechos asi mojados por su leche que mi polla seguía sin bajarse, ella se puso encima y comenzó a cabalgarme una y otra vez, yo veía sus pechos como se movían, como rebotaban una y otra vez sin parar y mis manos los manoseaban, mi boca chupaba esos pezones tan ricos y los mordisqueaba ligeramente. Ya mi polla llegaba una y otra vez hasta el fondo, sentía un placer increíble y quería correrme dentro de ella para sentir que mi leche le mojaba todo su coño y sus jugos escurrían por mi polla. Después de un rato montándome y acariciando sus pechos y mi polla entrando y saliendo de su chocho calentito nos corrimos los dos y caímos rendidos sobre la alfombra.
Esa noche fue larga, y a pesar del cansancio dormimos muy poco pues pasamos toda la noche follando sin parar, una tras otra vez.

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