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Una pareja de japoneses, que no sabe como empezar la faena. Los dos están pensando en tener porno brutal. La zorra japonesa le mira el paquete al tipo y se imagina dandole mamadas brutales. Pero son muy vergonzosos y tardan un poco en ponerse a hacer lo que realmente quieren. Follar como locos y acabar tragando leche y chupando culos.

Sexo japones y porno brutal.

Aqui teneis el relato erotico de una lesbiana debutando con una experta lesbiana del porno.

Nunca imaginé que mi encuentro con Mara pudiera terminar de esa manera. Embrujadas. Yo jamás había tenido un encuentro con una mujer, pero Mara era más experimentada, y había preparado las cosas para que sucedieran de esa manera. Un poco en broma, un poco en serio, me pidió que cuando fuera a su casa llevara una mini de encaje blanco, cuanto más transparente mejor. Yo me reí porque tenía un conjunto blanco que me habían regalado y que era más de lo que ella podría esperar. Jamás me lo había puesto, y ese día lo estrené.

En su coqueto departamento me recibió con un top negro con brillos y flecos, rematando en una pollerita mini semejante. Al entrar me dió un beso en la mejilla casi tocando mis labios, y esa sensación me produjo electricidad en la boca, y una vibración de placer entre las piernas. No sé por qué razón le dije “así, no”. Y tomándola de la cara le estampé un brutal chupón, que ella me recibió con gusto con sus labios entreabiertos y asomando su lengua carnosa y juguetona.

-Veo que te trajiste lo que te aconsejé, Lola. -dijo, y nos sentamos en unos almohadones en el piso. Las dos nos reíamos por la situación, un poco nerviosas otro poco calientes por el beso en la puerta. No tardamos en ir al dormitorio como si siguiéramos un guión previamente escrito, y de común acuerdo. Nos sentamos sobre la cama y los besos siguieron con más intensidad. Esta vez, ella dejó al aire sus senos redondos y grandes de pezones marrones, y se los acaricié, mientras nuestras bocas se juntaban con pasión desenfrenada.

SE sabía atractiva la zorra Estando solas comprobé la tersura de sus muslos y el calor de sus caricias que me llegaban a fondo. Estuvimos como quince minutos jugando a esos juegos lésbicos, que no siempre terminan en una relación carnal. Pero Mara tenía ángel, y estaba moviéndome los cimientos de mi prejuiciosa cultura y arrojando cálidas corrientes de pasión en mi sangre ya suficientemente alterada.

Me preguntó si era mi primera vez, y le dije que sí. No voy a preguntarte si es tu primera – le dije,- porque ya veo que no lo es. Te ves muy experimentada.

Y me confesó que había debutado a los 16 con una compañera del colegio, y luego tuvo una amante madura que le enseñó todos los secretos del sexo entre mujeres.

-Quieres que te los enseñe?

No podía negarme, estaba cachonda, y hervía de curiosidad.

Me dijo que me bajara la pollera y las bragas, y me pusiera de rodillas, apoyando la cara en la cama.

Un culo monumentalEmpezó a jugar con sus labios y su lengua en mi vagina, humedeciéndome y preparando una invasión. Me relamió demostrándome las bondades de un buen sexo oral. Y me dijo que sólo otra mujer sabe dónde y cómo hacerlo, “ya que entre nosotras sabemos lo que nos gusta que nos hagan en cada centímetro de nuestra piel”.

SE exhibía como una puta Yo no daba más de deseos y gemía, me mecí hacia atrás para que me enterrara la lengua a fondo. No sé de dónde lo había sacado ni cuándo, pero sentí el enorme consolador haciendo estragos entre los labios de mi concha.

Me tomó por sorpresa y me produjo arrebatos de calor en todo el cuerpo su suave pero precisa penetración. Yo vibré a cada movimiento. Estábamos como embrujadas.

-Ya está- dijo-. Ya está entrando Lola, mi amor. Te estoy haciendo mujer… de la misma manera que me lo han hecho a mí.

Diablos, pensé, si aquello era hacerse mujer, era como entrar al paraíso. Me penetró hondo, y empecé a moverme para sentir el roce de mi carne en ese suave aparato. Creo que tuve mis primeros orgasmos, primero lentos y tímidos. No dudé en darme vuelta cuando lo sacó, y empezar a lamer el dulce agujero de su vagina.

Me daba una flor de mamadaElla tenía unos gruesos labios amarronados, y se dejaba hacer en silencio. Yo se la empapé de besos y saliva, y ella dejaba cada tanto un flujo en mi boca, como un manjar. Era una diosa colosal. Y yo tenía la fortuna de tenerla entre mis brazos y poder hacerle el amor, y sentirme amada por ella.

Nadie en derredor, y en perfecto silencio, sólo sentíamos los ruidos producidos por nuestros cuerpos, mi boca hablando en lenguaje secreto con su sexo.

Ahhhhh, sí, ámame… -decía a cada lenguetazo mío, y sus piernas temblaban de placer.

Precalentando con su juguete Minutos después nos tiramos al piso, o ella me tiró, eso no lo recuerdo de tan caliente que estaba, para echarse encima y frotar su sexo sobre el mío, hamacándose suavemente, refregando nuestros duros clítoris, rozándonos los senos y besándonos salvajemente como dos perras hambrientas.

Lo que siguió fue un juego más que interesante, las dos en cuatro patas y enfrentadas por el culo, y Mara que hundió el consolador transparente en mi vagina, y luego lo enterró en la suya. Y las dos meciéndonos con ese aparato completamente dentro.

Lista para ser montada Mi sexo arrojaba líquidos continuamente mientras nos movíamos, y Mara gemía como una hembra inconsolable. Me pidió que se lo enterrara a ella sola, que se lo diera todo, y yo penetré su cálida entrada, teniendo ante mis ojos la visión de su redondo y grandioso culo.Gime mientras la culeo

Lo tenía completamente dentro y no se saciaba. Pedía que lo entrase más hondo, más hondo, y se lo sacara de golpe. Sus gritos eran tan excitantes como lo que estábamos haciendo juntas. Contagiada de su hermosa garganta, yo misma empecé a gritar cuando la veía deshacerse de excitación en cada penetración.

Culeada colosal a mi suegraY se volvió paa tumbarme en el piso, y con la mitad del enorme consolador adentro, empezó a penetrarme por adelante como si fuera un macho…

Jugamos a un hombre y una mujer, como si ella fuera el hombre y yo su hembra. Consintiendo su penetración salvaje, brutal, pero a la vez con mucha dulzura. Dulzura de mujer… porque ella sabía cómo hacerlo.

Me estaba poseyendo completamente, y no me resistía. Empecé a pedir más… y más.

Y la acción continuó con absoluta naturalidad, ella sentada y yo acostada, unidas por ese pene fabuloso, empecé a sentir el formidable arribo del orgasmo, ella moviéndo sus grandes glúteos encima mío, y el aparato clavándose en las dos, ahhhhhh… ahhhhh.

Y el orgasmo de ella, cuando pegó gritos histéricos y se tiraba de los cabellos, colorada, jadeante, envuelta en sudor. Ese instante se grabó para siempre en mi memoria. Mara al galope sobre Lola.Cerraba los ojos mientras la movia

La zorra de mi suegra se bebía mi leche Nos echamos sobre el piso, las dos caímos pesadas, medias embobadas de placer. Pero enseguida nos herguimos para seguir besándonos y tocar nuestros clítoris.

Ese día supe del amor entre mujeres. Tuve mi primer orgasmo, y descubrí que ambas éramos multiorgásmicas.

Desde entonces, hemos ensayado todas las variantes posibles de este juego. Y por nada del mundo renunciaremos a él. Espero que ustedes hayan gozado tanto al leer, como yo gocé al rememorar este episodio. Besos donde más les guste.

No se si estáis muy al corriente de las bellezas Rusas. Yo tenía un amiguete ruso, lo llamabamos singracia porque el tipo no tenía gracia ninguna. Bueno la cosa es que en este video porno, tenemos a la ganadora de bellezas de rusia del 2006. La típa está de muerte, tiene un coño que está para comerselo.
Se nota en el video porno, como la tía es nueva en esto del porno, no esta acostumbrada a acabar tragando leche tras una cámara.
No obstane, se esfuerza y pone de lo suyo y no con un tio, sino con dos. Mientras le da una mamada muy modosita a uno, el otro se entretiene follandole el coño.

Menudo zorrón en el que se va a convertir la puta está.
De esta forma, la rusa 2006, se une a nuestra colección de chicas tragando, que tenemos.

Morocha, de ojazos verdes, nariz respingona, pómulos salientes, un mentón con muchísima personalidad; su cabello lacio y abundante cae sobre su espalda como una cascada. Sus pechos son pequeños, redonditos y bien erguidos, con unas areolas rosadas e hinchadas, que rematan en unos pezones pequeños, duros y desafiantes de un tono ligeramente ocre.

Abdomen plano, ombligo perfectamente redondo y profundo, unas caderas de infarto, que bambolea a su paso, llevada por un par de piernas kilométricas, excelentemente torneadas (Mide) 1,70. Da gusto verla pasearse en bikini por el borde de la piscina cuando viene a nuestra casa en verano y surcar el agua cuando nada o bucea en ella. Pero lo que más sobresale en ella, o por lo menos lo que más me gusta de su cuerpazo es su trasero. Es perfecto, redondeado, alzado como si siempre anduviese en puntas de pie, con la piel lisa y sin un gramo de más ni de menos de grasa depositado sobre sus perfectos glúteos, que semejan dos melocotones maduros, solo que con una tersura y una firmeza increíbles si no se han acariciado, como tuve yo el placer de hacerlo.

El sabor de su piel es delicioso como los jugos que manan de su sexo cuando se prueba por primera vez, antes siquiera de calentarla, y es totalmente distinto del no menos delicioso sabor de los jugos que produce ese mismo sexo cuando está caliente como una perra luego de un rato de estimularla sexualmente.
Sin más preámbulos, los dejo con su historia:

Lo que voy a contarles, es o ha sido mi primer contacto sexual con un hombre, a la sazón, mucho mayor que yo. De hecho es el padre de mi mejor amiga. Sé que dirán de mí que soy una desfachatada por no solo haberlo hecho sino encima atreverme a contarlo. Pero es que luego de aguantar por bastante tiempo los deseos impuros que incitaba ese hombre en mí, no pude soportarlo más y decidí lanzarme al ataque. Bendito sea el momento en que tomé esa decisión.

Acá debo aclarar que hasta ese momento yo conservaba mi virginidad, y nunca había pasado más allá de un magreo con algún amigo que se acababa en cuanto sentía que ponían su mano en mis nalgas Todo empezó la primera vez que fui a casa de Leti, en verano del 2005. En su casa no había nadie, ya que sus padres trabajaban y sus hermanos estaban de viaje por todo el verano, (cosa que yo desconocía hasta ese momento), lo cual me frustraba bastante ya que sobre todo uno de ellos, que tenía en ese momento 19 años estaba como un camión y era la mar de simpático (yo lo conocía por haberlo visto en un par de fiestas del Inst.) y me apetecía verlo en bañador e intentar ligar con él.

Por eso me había puesto un bañador de dos piezas, la superior apenas tapaba mis areolas y pezones y el tanga cubría mi vello púbico y poco más por delante ( en esa época no me depilaba allí ya que naturalmente tenía solo un triangulito que enmarcaba mi coño, muy suavecito) y por detrás una tirita que se metía entre mis nalgas dejando estas al descubierto totalmente. Total, no habría nadie más en la piscina ya que era un día de semana. Imaginen mi frustración cuando supe que sus hermanos tampoco estaban en casa.

El hecho es que pasamos la tarde tomando el sol y retozando con mi amiga en la piscina, cuya agua estaba fresquísima, y por eso cada ratito nos sumergíamos para quitarnos el calor que el sol dejaba en nuestros cuerpos.

Así pasaron las horas y sin que nos diéramos cuenta se hicieron las nueve y llegaron sus padres. A mí me daba mucha vergüenza que sus padres me vieran vestida de esa forma (o desvestida en realidad) por eso cuando sentimos sus voces me quedé de piedra, y para colmo de males yo en ese momento estaba boca abajo mostrando todo mi culo. Me moría de vergüenza y no me atrevía a mirar hacia ellos cuando sentí sus pasos sobre la terraza alrededor de la piscina. Pero cuando al fin tragando saliva me volví a saludarlos, tuve una visión maravillosa, de un hombre de unos 40 años más o menos, (luego supe que eran 45) que era la versión ampliada y súper mejorada del hermano de Leti.

No podía articular palabra, y no sabía como hacer para cubrirme. Encima el tío puso una sonrisa que era capaz de derretir a un iceberg. Por suerte la madre se había quedado adentro de la casa y no pudo ver mi turbación, ya que las mujeres somos especiales para detectar esas reacciones de las demás y conocer de inmediato el peligroso origen de las mismas. Nos levantamos educadamente a saludar a su padre que dio dos besos a Leti y otros tantos a mí, que no me conocía hasta ese día.

Se hicieron las preguntas de rigor, mientras yo no podía sacar los ojos de los suyos que me atraparon como un hechizo; cuando por vergüenza los bajé me topé con el bulto que se marcaba en su pantalón, que él intentaba disimular con el periódico que traía en su mano. No supe a donde mirar hasta que se me ocurrió mirar a Leti diciéndole estee, porque no entramos ya a ducharnos y vestirnos, que ya me tengo que ir.

Eso hicimos y mientras caminábamos hacia la casa pude sentir la mirada de su padre posada sobre mis glúteos, cosa que corroboré al ver su reflejo en el cristal del ventanal del salón que daba a la piscina.

En ese momento sentía mi cara encendida, al igual que todo mi cuerpo, y deseé no cruzarme con su madre en el camino hacia la habitación de mi amiga y pensé muy lujuriosamente: al diablo con su hermano, quiero para mí a este hombre, tengo que ser suya!! A partir de ese momento tuve una sola obsesión, seducir a ese hombre que aunque era el padre de mi mejor amiga me quitó el sueño durante muchas noches, en las que me masturbaba con su sola imagen en mi mente.

Desde entonces siempre que iba a su casa, todo ese verano trataba de hablar con él, mostrarme inteligente y seductora al mismo tiempo (si no estaba la mujer delante, por supuesto). Me vestía provocadoramente, me cambiaba de ropa en el cuarto de invitados dejando la puerta entreabierta por si él pasaba por allí, cuando estaba segura de que Leti no se asomaría por allí por estar ayudando a su madre con la comida o cena. Y en un par de oportunidades noté que el espiaba mi desnudez desde la oscuridad del pasillo.

Una tarde en que salíamos de tomar sol, y yo no tenía tiempo de ducharme y cambiarme, haciendo que no me di cuenta de la presencia de Don Jorge en la penumbra del salón (Leti había ido hasta la cocina a buscar una coca cola), me puse una camiseta larga que había traído y me llegaba hasta la mitad del culo y me saqué, dando la espalda al salón, la parte inferior del bikini que estaba húmeda y sin ponerme braguitas me calcé mi pantaloncito de licra; en ese momento escuché un suspiro y un movimiento de piernas en el salón, me giré y vi por el reflejo de la luz del porche a D. Esteban que se acomodaba el paquete mirándome con deseo. Le sonreí con picardía y volví a girarme a tiempo para recibir a Leti que traía una coca para cada una. Dijimos adiós en voz alta y nos fuimos a caminar por la urbanización. Yo sentía mis mejillas arreboladas y no cabía en mí de la excitación al pensar que ya lo tenía en el bote.

Unos días después había quedado con mi amiga en encontrarnos en su casa, y me aseguré de que su padre lo supiera llamando varias veces para dejarle un recado y la hora en que llegaría allí. Para mi gran suerte Leti tuvo que salir ese día de compras con su madre, y cuando llegué a su casa me abrió la puerta el padre. Hola Lisa, como estás, dándome dos besos muy cerca de la boca y rozándome el culo con su mano como al descuido. Olía tan bien!!!! Y estaba tan guapo con su equipo de tenis inmaculado. Muy bien, ¿y usted D.Esteban?. Por favor no me digas don y trátame de tú. Pues acá estoy sin haber podido jugar al tenis ya que Leti y su madre se fueron de compras y todavía no han vuelto. Ahh, además me acaban de llamar diciendo que hasta la 9 de la tarde no llegarán porque tienen que esperar que les arreglen unas prendas que compraron y que quieren estrenar mañana en la cena de gala de la empresa donde trabajo. Pero pasa y ponte cómoda, o prefieres volver más tarde, me dijo con una sonrisa tierna y pícara, que me invitaba a quedarme. (eran solo las cuatro de la tarde.

Teníamos toda la tarde para que yo lograra mi objetivo, aunque no imaginaba que fuera a ser ese día). Pasa y sube a cambiarte, nos vemos en la piscina, si quieres.

Por supuesto que quería, además me había traído exprofeso el tanga del primer día.
Cuando bajé él ya estaba en una tumbona con unas bebidas frías preparadas.

Se lo veía tan bronceado, y marcaba un paquetón en su bañador tipo competición!! Se quedó boquiabierto cuando me vio aparecer con mi tanga y sujetador mínimos, que al ser de color blanco resaltaban mi bronceado. Sin decir nada me tumbé en una toalla sobre el césped, boca abajo. Sentía el calor d su mirada sobre todo mi cuerpo. Cuando volteaba a verlo él intentaba disimular con una sonrisa cautivadora.

Cuando me giré para tomar el sol de frente, dejé mis piernas flexionadas y separadas pudiendo el apreciar la humedad de mi entrepierna y las gotitas de sudor entre mis pechos. Disimuladamente lo miré con los ojos entrecerrados y pude ver como no me quitaba los ojos de encima y su paquete iba en aumento. Pensé que era hoy o nunca. Solo había pasado media hora, Todavía me quedaban 4 horas y media.

Me levanté y me arrojé a la piscina. Luego de nadar un par de largos, me acerqué al borde y cuando subí la vista me encontré con sus ojos que me invitaban a salir y su mano que se estiraba para ayudarme. Sin ningún esfuerzo me levantó en vilo con su mano y me depositó junto a él en el borde de la piscina. Yo me mareé con su cercanía y trastabillé cayendo contra su pecho, a lo que él rápidamente me sostuvo con sus fuertes brazos.

Esto fue el sumum, me encontraba alojada entre los poderosos brazos del hombre de mis sueños, con mi cara a escasos centímetros de la suya, su perfume me embriagaba y para postre incliné mi pelvis hacia adelante (juro que fue accidental) y sentí la dureza entre sus piernas. Lo miré a los ojos y me acerqué a su boca pegando mis labios a los suyos, que se abrieron para recibirme sin titubeo ni falso pudor. Unimos nuestras lenguas, lo abracé del cuello para prolongar ese extraordinario beso que me estaba dando con la pasión que nunca me habían transmitido unos labios, mientras sentía sus manos jugar con mi espalda y bajar hasta mis nalgas. No me lo podía creer, al fin lo había logrado, iba a ser mío y yo suya, iba a convertirme en mujer.

Con hábiles movimientos de sus manos, desprendió mi sujetador y acarició mis pechos, bajó su cabeza y me los chupó!! No podía ser cierto, me estaban chupando las tetas por primera vez y era un hombre de 45 años, el padre de mi mejor amiga, y yo estaba en el cielo. Sentía cosas indescriptibles. El contacto de su lengua sobre mis pezones recorría todo mi cuerpo, erizaba mi piel, hacía que mi vagina chorreara de placer, me faltaba el aire, apretaba más mi pelvis contra la suya, frotando su dureza contra mi humedad. Entonces se arrodilló y colocó sus manos en los bordes de mi tanga.

Me miró esperando mi consentimiento, que por supuesto le di con mis ojos , y procedió a bajármela hasta mis pies, y yo la arrojé lejos con una patadita. Se levantó luego de olisquear como un perrito mi pubis y alzándome sobre su pecho me llevó al interior de la casa.

Nota Inicial: Quiero que sepan que esta historia es completamente real, y me decidí a escribirla para hacerle ver a las mujeres que la mamada es maravillosa y que tragar leche es algo delicioso y deben dejar que sus hombres se corran en sus bocas.

Debo decir que soy una mujer de 23 años y en el medio donde trabajo no se conocen hombres interesantes, más bien en su mayoría son hombres demasiado mayores y los más jóvenes son obreros, así que cuando conocí el maravilloso mundo del Internet, me interese por el chat, así fue como me di a la tarea de conocer a jóvenes que vivieran en mi ciudad.

Fue así como una noche en el chat conocí a un joven con en el que tuve la típica conversación, ¿dónde vives? ¿Qué edad tienes?, y él me pidió mi numero de teléfono y me llamó recién habíamos terminado de chatear, debo decir que su voz me impactó y la descripción que hizo de su físico también despertaron en mi cierto interés.

Lo que me condujo a citarme con él a la mañana siguiente, cuando me saludó me impactó su sonrisa, luego fuimos a desayunar y tuvimos una conversación muy amena, cargada de frases de doble sentido y luego él me acompañó al lugar donde yo debía tomar el transporte para dirigirme a mi trabajo al otro lado de la ciudad. Les debo confesar que en lo único en que pensé ese día y esa noche fue en él y en lo mucho que deseaba sentir sus besos, ya que con él, experimenté una química especial, que nunca había sentido con otro hombre.

Nos citamos para vernos dos días después al medio día, pero eso sí dado el interés que él despertaba en mí, fui vestida con mi mejor escote, cita a la cual sin querer llegué tarde, lo que hizo que él me dijera que lo tenía que recompensar, así fue como le dije que si le gustaría que lo recompensara dándole un beso, lo que aceptó gustoso, aunque me reiteraba que eso no era suficiente, fuimos a almorzar y besitos iban y venían.

Él tenía que hacer una diligencia en una notaria, pero yo le insistí que, me acompañara a mi casa, me dijo que no podía, pero yo no estaba dispuesta a dejarlo ir, pero cuando le dije que tenía miedo de quedarse a solas conmigo, fue como si lo hubiera retado, y aceptó a irse conmigo.

Así que de inmediato tomamos un autobús con rumbo hacia mi casa, pocos minutos antes de llegar al lugar donde nos debíamos bajar empezó a llover muy fuerte, así que mientras llegamos a mi casa nos empapamos por la lluvia, cuando llegamos a mi casa me percaté que estaba sola, así que lo hice seguir y le alcancé una toalla para que se secara.

Luego él me ayudó a secar a mí y puso sus manos sobre mis tetas, y nos olvidamos de la toalla y nos sentamos en el sofá y empezamos a besarnos con pasión y desenfreno, luego sacó mis grandes tetas por mi escote y las chupó con maestría, yo mientras tanto le acariciaba con manos y pies.

Así fue como sentí la enorme erección que tenía, la verdad es que esa situación me estaba llevando a la cumbre del placer, y deseaba hacerlo feliz y sentirlo dentro de mí, fue por eso que le pregunté si tenía preservativos y me dijo que no, yo la verdad tampoco tenía, entonces empecé a buscar una forma para sentir esa verga, sin ningún riesgo de embarazo.

Entonces seguimos besándonos y yo seguía sintiendo su enorme verga erecta, le dije que si me la dejaba ver así que se abrió la cremallera y sacó su polla que era más grande y hermosa de lo que lo imaginaba, me fijé cómo le brotaban las venas, y vi la punta brillante que parecía llamarme, como diciéndome “ven y devórame” y no me aguanté las ganas y me incliné y le di un tierno chuponcito en la punta, pero él se quejó, como si le hubiera dolido, así que lo dejé así y volví a buscar sus labios, detuvo el beso y me pidió que le volviera a chupar la polla, y yo le dije que no porque eso le dolía y no quería hacerlo sufrir, y me dijo que le gustaría sufrir.

Entonces volví a inclinarme sobre la verga pero esta vez le di unas lamidas desde la base a la punta y le di un chuponcito en la punta, luego empecé a meter la punta de mi lengua en la ranura de la cabeza, luego le di otro corto chupón.

Con cuidado le saqué los testículos que aún estaban en el pantalón y me metí uno en la boca y se lo chupé, hasta que de la garganta de mi amante salió un gemido, me saqué el que tenía en la boca, para empezar a chupar el otro, mientras con una de mis manos le sobaba la tranca, hasta que volvió a gemir, decidí que era tiempo de chuparle otra vez la punta de la verga, así que con mi mano la dirigí hacia mi boca y le di un corto chuponcito lo que me permitió saborear su líquido preseminal, lo que me hizo desear aún más saborear su semen, me incorporé y nos besamos.

Pero él me seguía pidiendo que se lo mamara, cosa que siempre me ha excitado, así que decidí hacerlo, no me podía negar ya que era lo que más deseaba yo en ese momento.

Él estaba sentado aun en el sofá yo me paré delante suyo y me seguía chupando las tetas y le abrí las piernas y me arrodillé en medio de ellas y le pregunté que si alguna vez le había terminado en la boca a alguna mujer y me respondió que no, que su novia le daba unos besitos en el pene, pero que ella nunca se lo había querido mamar, mucho menos que él le eyaculara en la boca. Enseguida, me preguntó que si yo había permitido que alguien eyaculara en mi boca, le respondí la verdad que yo le había chupado la verga a un exnovio pero él nunca quiso terminar en mi boca no sé por qué motivo, él me dijo que quería terminar en mi boca y yo le dije que era lo que más deseaba y que así esta era la oportunidad perfecta para terminar tragando leche.

Le pedí que me dijera cuándo iba a eyacular para prepárame, ya que no podía dejar caer ni una sola gota de su semen sobre su pantalón, no podía llegar con el pantalón manchado a la notaría.

Entonces ya decidida por la excitación que tenía, y en la posición que me encontraba de rodillas frente a esa verga, decidí que era el momento de empezar la adoración de ese divino miembro, y entonces me metí su linda y brillante verga en mi boca y empecé a chupar con frenesí y desde mi posición alzaba la mirada y veía la cara de placer que mi amante tenía, lo que me excitó más y empecé a hacer mi labor con más empeño.

Mientras tanto él sobaba mis tetas y me pellizcaba suavemente los pezones, lo que me puso a cien y seguí con esa hermosa tranca entrando y saliendo de mi boca, cada vez más rápido y con una de mis manos sobaba sus pelotas, de pronto me dijo ” yaaaa” y empezó a gemir, al tiempo que eyaculaba y le apreté fuertemente los testículos y así recibí ese néctar que tanto deseaba. Sentí como la boca se me llenaba de su lechita y cuando no pude aguantar más me lo tragué de una sola bocanada.

Efectivamente no dejé caer ni una sola gota de su semen me lo tragué todo, aunque debo decir que tiene un sabor extraño entre ácido y amargo, debo confesar que su sabor me pareció lo más delicioso que había probado, me fascinó ese liquido espeso, cremoso y calentito, que acababa de salir de las entrañas de tan buen macho, que calmó mi sed de hembra, pero me fascinó más ver la cara de éxtasis de mi agradecido amante, luego se inclinó y me dio un beso, ya se le había hecho tarde se acomodó la ropa nos despedimos y se fue.

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