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Porno brutal y sexo anal

Que le harias a tu novia si te dice que tu regalo de cumpleaños son ella junto con otra chica para disfrutar del sexo y asi hacer realidad todas tus fantasias? pues algo asi le paso a este chico que nos cuenta en este relato erotico su experiencia con dos mujeres teniendo porno brutal.

Supongo que una de las fantasías de cualquier hombre es follar con dos mujeres a la vez. Lógicamente yo ya le había contado a Macarena, mi novia, ese deseo secreto de follar con ella y con otra mujer al mismo tiempo, pero se lo contaba como algo imposible, digamos, como un sueño. Ella siempre decía que no podría soportar verme follar con otra mujer que no fuera ella.

El caso es que una noche llegué a casa, muy tenso por culpa de un empleado de la oficina, pero eso no creo que sea necesario explicarlo. Esa noche, al llegar a casa, Macarena estaba con su amiga Susana de Madrid y que habia venido a pasar un fin de semana a casa. Yo saludé de mala gana y decidí darme una ducha. Macarena notó mi mal humor y entró en el baño a ver que me pasaba. Se lo expliqué y como suele suceder con estas cosas, sólo con eso me calmé un poco. Mientras tanto me había ido desnudando para meterme en la ducha. De pronto, Susana se acercó a decirnos no se qué de la cena y me pilló completamente desnudo.

- Huy, perdón. Es que no se como apagar el horno. – Dijo.
- Ahora voy yo. – Le respondió Macarena.
- Vale, vale. Lo siento. – Me dijo a mí.

Durante esa breve conversación hacía como que quería irse pero no se iba, y yo creo que no me quitó ojo de encima. Eso me excitó y empecé a notar el inicio de una erección, cosa de la que Macarena se dio cuenta.

- Eh, tranquilo. ¿Que, ya se te ha pasado el cabreo?. – Me dijo bromeando.
- ¿Te gusta Susana, verdad sinvergüenza? – Dijo, mirando mi polla que con las risitas parecía querer seguir creciendo.
- Bueno, si, pero vamos, esto son cosas naturales.
- Anda, metete en la ducha. – Dijo mientras salía del baño.

Me metí en la ducha y tardé un rato en perder la erección, hasta que conseguí dejar de pensar en el fino vestido de Susana, y en que no llevaba sujetador. Habría jurado que al verme desnudo se le habían endurecido los pezones. Lo cierto es que tenía un culo estupendo. Decidí que tenía que subir el caudal del agua fría en esa ducha. Una vez afeitado y vestido de andar por casa, fui al salón donde la mesa estaba puesta. No quería darle más importancia al tema, pero cuando vi a Susana y a Macarena sentadas en el sofá estuve seguro de que Macarena le había cuchicheado lo de mi erección o algo así, porque me miraban las dos entre risitas.

- Anda, Tarzán, siéntate que ya vamos a cenar. – Dijo Susana.

Estaba claro que habían hablado del tema. Eso creo que me ruborizó un poco, pero lo peor fue que volví a notar como mi pene despertaba de la ducha fría que acababa de recibir. Macarena pasó por mi lado sonriendo y me dio un beso. Me quedé sólo con Susana.

- ¿Cómo va todo?. Siento mucho como he llegado. Cosas del trabajo. ¿He estado grosero? – Dije, por hablar de algo, mientras Susana bebía una copa de vino.

- No te preocupes. Eso nos pasa a todos. ¿Quieres vino?

- Sí, gracias.

- ¿Siempre te duchas cuando llegas a casa? – Me preguntó de pronto, sin mirarme y mientras me ponía una copa de vino. Empezaba a excitarme en serio.

- Eh, bueno. Si siempre.

En esto, entró Macarena al salón. – ¿Depende de si tenemos invitados? – Preguntó según entraba. Intenté sonreír como aceptando la broma. Susana me acercó la copa de vino y dí un trago muy largo.

- Si, bueno es que no me he dado cuenta de que la puerta estaba abierta, como estábamos hablando, pues claro, no me he fijado que me estaba desnudando con la puerta abierta. En cualquier caso tampoco creo que hayas visto nada del otro mundo. – Le dije a Susana intentando defenderme.

Entonces Macarena y Susana se miraron y rieron. – Venga, vamos a cenar. – Dijo Macarena.

Comenzamos a cenar, y todo pareció volver a la normalidad, pero en el ambiente flotaba, ahora estoy seguro, cierta sensualidad.

- Lo siento, pero hemos gastado los aguacates para hacernos una mascarillas. – Comentó Macarena. – Y no han quedado para la ensalada. – Dice Susana que te deja la piel muy suave.
- Si – Contestó Susana – pero no sólo se usa como mascarilla.
- Es cierto – Continuó Macarena -La verdad es que lo hemos usado como mascarilla, pero Susana la utiliza también como crema para todo el cuerpo ¿Verdad?.
- Es que deja una piel muy suave, por la cantidad de aceite que tiene. Mira, toca. – Me dijo Susana. Y entonces me ofreció un brazo.

Creo que en ese momento, entre el vino, la cena y la conversación, ya tenía una erección total, lo que hacía que el pantalón corto de deporte que me había puesto mostrase un impresionante abultamiento. Casi con miedo, cogí el brazo de Susana y lo acaricié con toda la suavidad que pude y un extraordinario esfuerzo de autocontrol. En ese instante, Susana empezó a acariciarme la mano. Rápidamente, pero sin quitar la mano, miré hacia Macarena, que se empezaba a levantar. Susana cogió mi mano y la empezó a besar, mientras Macarena llegaba por mi espalda y me abrazaba, comenzó jugando con su lengua sobre mi oreja. Cerré los ojos; noté que una mano empezaba a recorrer mi pierna, formando círculos que ascendían en busca de mi polla. Macarena me hizo levantar, con lo que apareció a la vista el bulto que tenía en los pantalones. Vi a Susana, con las pupilas dilatadas hasta el límite, mirar hacia ahí. Macarena me giró y comenzó a besarme en la boca. Yo busqué sus grandes pechos y sentí sus pezones de punta y duros como hacía mucho tiempo que no sentía. Susana llegó por detrás para quitarme la camiseta de algodón que llevaba puesta. Me besaba y acariciaba la espalda. Me abrazó y empezó a jugar con mis pezones. Mientras tanto yo desnudaba a Macarena. Quería ver esos pechos que me estaban poniendo a cien, quería lamerlos y estrujarlos con mi boca. Macarena me ayudaba a quitarse la ropa cuando Susana cogió mi mano y se la llevó a su coño. El vestido era tan fino como parecía, por lo que sentí claramente sus bragas mojadas. Empecé a acaríciale el sexo sobre su vestido, y noté como se abría ligeramente de piernas. Macarena se había quitado la blusa y el sujetador sin dejar de besarme, y entonces dio un paso atrás. Dejé el coño de Susana y me incliné sobre los pechos desnudos de Macarena. Susana se puso detrás de Macarena y empezó a acariciarle un pezón mientras yo me metía en la boca el otro. Macarena gimió y cerro los ojos mientras yo buscaba su sexo bajo el pantalón. Susana se retiró para quitarse el vestido, quedándose solamente con unas braguitas tipo tanga. A mí la polla me estallaba dentro del pantalón, así que decidí quitármelo. La erección que tenía me sorprendió a mí mismo. Susana se acercó y cogió mi cabeza para dirigirla sobre sus tetas, mientras las lamía, Macarena terminó de desnudarse completamente y se tumbó en el sofá.

- Eh, venid aquí. – Nos dijo.
- Susana la siguió rápidamente, y se sentó junto a ella.
- Bueno, que. ¿Te vas a quedar ahí parado? – Me dijo.

Me acerqué a ellas. Susana me cogió por la cintura y sin mediar palabra, se metió mi polla hasta lo más profundo de su boca. Movía la lengua por toda ella, hacía movimientos en circulo sobre mi capullo y casi me hizo perder el sentido. A veces Susana se sacaba mi polla de la boca para poder chupar tambien mis huevos. Como pude me retiré de ella, ya que estaba casi a punto de correrme y me tumbé sobre Macarena, que se había puesto boca abajo. La incorporé para que Susana se metiese debajo. Quería que me lamiese toda la polla mientras follaba con Macarena por detrás. Macarena estaba más mojada de lo que yo podía recordar. Ahora ya gritaba de placer. Estaba a punto de correrse. Yo también.

- Espera, espera. – Dijo Susana. – No te corras. Quiero que me folles a mí también, quiero sentir esa enorme polla que tienes dentro de mi coño.

Así que Macarena se retiró y Susana se sentó abierta de piernas sobre la mesa. Tenía un sexo oscuro y extraordinariamente mojado. No pude resistir la tentación de comerlo mientras le pellizcaba los pezones, mi lengua se hundió profundamente entre sus labios vaginales y sus jugos me cubrieron todo el rostro. Susana no es de las que gritan como suele hacerlo Macarena, pero era evidente que estaba a punto de correrse. Macarena se acercó por detrás de mí, cogió mi polla con su mano y me la metió en el abierto sexo de Susana. Empecé a moverme haciendo temblar todas las copas, platos y botellas de la mesa. Notaba como mi capullo se deslizaba por el interior caliente y húmedo del coño de Susana. Era suave y ella lo apretaba como para que no pudiera sacársela. Macarena me abrazó por detrás para acariciarme la polla cada vez que salía de Susana. Busqué con mi mano su sexo y empecé a acariciárselo, a separarle los hinchados labios, a frotar su jugoso clítoris. Cuando se corrió, ya no pude resistirlo más y saqué la polla para que Macarena me hiciera correrme sobre los hermosos pechos de Susana. Mientras Macarena me hacía la paja desde atrás, Susana empezó a hacerse otra, metiéndose dos dedos por el agujero que yo acababa de dejar libre, de forma que los dos nos corrimos al mismo tiempo. Me giré y besé a Macarena.

- Bueno – Dijo. – ¿Podemos terminar ahora de cenar?
- Creo que será lo mejor. – Respondí yo. – ¿Y mi pantalón?.

Las dos se miraron, entendí que no era hora de vestirse, aquello iba a ser sólo un descanso antes de terminar la noche los tres en la cama.

El caso es que Macarena ahora es la que quiere cumplir una de sus mayores fantasías y es follar con dos tíos y me ha dicho, que ella no va a esperar tanto tiempo como yo para ver su fantasía cumplida. Cosas de la vida.

Relato erotico de dos hermanos que no dejan de follar y de darse placer mutuo. Que bien se lo pasan los dos cabrones follando y teniendo sexo duro

Hola, mi nombre es Pedro, tengo 19 años. En casa somos 4, mi padre, mi madre, mi hermana Rosa de 27, y yo. Nosotros vivimos a las afueras de Barcelona, en un chalet de una urbanización cuyo nombre no interesa. Lo que les voy a contar es sobre mi hermana Rosa y yo. Mi hermana Rosa es una hermosa muchacha de proporciones bien definidas, vamos una ligona. Rosa estaba a punto de casarse, ya saben, esas cosas que hacen los novios de buscar piso y más. Por suerte todavía no habían preparado la boda, porque sucedió algo que cambio su destino. En cierta ocasión pilló a su novio con una amiga y cortaron para siempre. Rosa dijo que no quería saber nada mas de los hombres, que eran todos unos cerdos. Por ello ya casi no salía, pasaba mucho tiempo en casa.

Yo sabía que la vida sexual de mi hermana era muy activa, pero a partir de su ruptura freno su vida sexual, ya que casi no salía. En una ocasión llegue yo tarde a casa un sábado por lo que procuré abrir la verja despacio para no hacer ruido y despertar a mis padres, cuya habitación da a la entrada. Volteé la casa buscando la puerta y al pasar por la ventana de la habitación de mi hermana, que queda en la otra punta de la casa vi luz, así que sentí curiosidad y mire por una pequeña rendija que quedaba para ver que hacía despierta a esas horas. Vi algo que me dejo petrificado. En la cama estaba mi hermana Rosa viendo la tele. Eso no era lo extraño, sino que estaba viendo una película porno. Rosa estaba tirada en la cama en pelotas y con las piernas abiertas. Se estaba pegando una masturbada de campeonato. Mi mente no reaccionó, no así mi pene que pensó que podía ser un buen espectáculo, así que me quedé mirando su frenética actividad. Aquello era digno de toda un actriz porno, se masajeaba los pechos con frenesí para dedicarse luego a su coño. Era el coño más bonito que había visto nunca, perfectamente rasurado menos por un hilito de pelos que lo adornaban sensualmente. Estuvo un buen rato masturbándose hasta que acabó y apagó la tele y se acostó. Yo me fui inmediatamente a mi cuarto y me casqué una paja de órdago pensando en lo que vi. Sabía que estaba mal, porque era mi hermana, pero mi polla no pensaba lo mismo. Ni que decir tiene que tuve una corrida bestial, de las mayores que he tenido en mi vida.

Desde ese día no pude evitar mirar a mi hermana con otros ojos, la veía como una mujer que estaba buenísima, y no como mi hermana. No podía evitar seguir sus curvas con mi mirada, y por supuesto espiarla a escondidas cuando tomaba el sol. Para colmo lo hacia desnuda cuando mis padres no estaban, lo que me llevo en múltiples ocasiones a simular que me iba tras mis padres para luego entrar a escondidas y espiarla desde la casa. Cuantas pajas me he hecho mirándola mientras tomaba el sol. Pero la cosa no pasaba de allí.

En cierta ocasión estaba yo dedicándome a darle al manubrio cuando oigo que entra Rosa en casa. Tuve el tiempo justo para esconderme la polla y disimular ya que ella llamó a mi puerta y entró a mi cuarto para preguntarme por una duda informática sobre el correo. Pese a que no levanté sospecha me imagino que ella notó algo raro, ya que había cierto olor a polla en el ambiente, y ella como mujer experta en temas de sexo debió notar algo. El caso es que me comentó que su ordenador no arrancaba bien, que si podía hacer algo. Yo le dije que cuando tuviera un rato lo miraría.

Ese rato llegó por la tarde, estaba solo en casa y aburrido, así que decidí ir a mirar que pasaba. El problema se resolvió rápidamente, pero ya que estaba allí en su ordenador decidí mirar que tenia en él, por curiosidad. La verdad es que lo que vi me sorprendió bastante. Tenía bastantes direcciones de páginas de sexo en las que salían mujeres jóvenes como ella practicando sexo con jóvenes. Curiosamente jóvenes de unos 20 años. Tras seguir mirando su ordenador me puse a cotillear en su correo y vi que se escribía con los que practicaba cybersexo, ya saben correspondencia anónima con contenidos cachondos. En sus emails explicaba como le gustaría ser follada por jovencitos inexpertos e ir explicándoles como hacer las cosas. Se ve que este tipo de cosas la ponían cachonda. Mi polla esta que reventaba así que pensé en aliviarme y buscando un poco mas vi fotos suyas con la cara ocultada en las que les mostraba su cuerpo desnudo, incluso fotos muy subidas de tono en las que se veía claramente su coño abierto introduciéndoos un dedo, ni que decir tiene que fueron las imágenes con las que me masturbé.

Buscando mas encontré que también había fotos de los jóvenes con los que se escribía. Que cachonda la Rosa, pensé yo. Se ve que la falta de novio la hace recurrir a otros recursos. Como vi la ocasión perfecta, decidí enviarle un email desde mi ordenador simulando ser uno de ese jovencitos con los que intercambiaba emails y fotos. La respuesta no tardó en llegar pues esa noche cuando llego a casa se sentó al ordenador y a los pocos minutos llego un email a mi ordenador un mensaje de una tal, “Loba”. En él me contaba como era y que si quería intercambiar emails. Enseguida le respondí diciendo que si. Y nos enviamos un email en el que nos cambiamos una foto desnudos, con la cara ocultada, yo tuve, además, la precaución de retocar los elementos de fondo de la foto para que no pudiera identificar mi cuarto. Cual fue mi sorpresa que en la foto salía su cama en la que vi la ropa con la que terminaba de llegar. Eso significaba que justo ahora estaba desnuda, así que me vestí rápidamente y me dirigí a su cuarto para decirle que ya reparé su ordenador. Cuando toqué a la puerta me dijo que me esperara. A los pocos segundos me abrió cubierta por una bata de noche muy corta que tenía, supongo que fue lo primero que pilló. Le dije que ya estaba reparado su ordenador. Ella me dio las gracias. Cuando fui a cerrar la puerta para irme se me ocurrió decirle, “Joder Rosa, con esa bata pareces una loba”. Su cara se puso blanca por un instante. Yo para disimular le dije que era broma, que no se pusiera tan seria. Entonces recupero la sonrisa y me llamo idiota. Tras esto volví a mi ordenador y me hice una paja monumental con la foto recién enviada por ella.

Nuestros intercambios de fotos y emails continuaron durante un tiempo, hasta que un día le propuse algo fuerte. Le dije si quería que nos intercambiáramos semen y flujo vaginal. Ella acepto encantada, así que fui a correos a reservar un apartado postal para no dar la dirección. Ella por su parte ya disponía de uno. Esa misma noche me hice una paja monumental y me corrí en los calzoncillos, los cuales metí en un sobre y envié a su dirección postal. A los pocos días recibí el preciado regalo. Eran una braguitas tanga que ya conocía y que me ponían a cien. Desprendían un aroma increíble que hacía cobrar vida a mi polla. Enseguida tome unas fotos en las que restregaba mi pene sobre la parte manchada y otras en las que me corría sobre ellas. Se las mandé por email al instante y cosas de la vida, a los pocos minutos recibí unas fotos en las que ella se masturbaba frotando mis calzoncillos corridos sobre su coño. Guarde ese tanga en un lugar seguro donde nadie pudiera verlo. La verdad es que Rosa era una viciosa de cuidado. Ahora mi objetivo estaba mas claro que nunca, tenía que follármela como fuera. El problema era como.

Como medida de excitación hacia ella, cuando no estaban mis padres, comencé a pasearme en bañador cuando ella estaba en la piscina tomando el sol, utilizaba uno que tenía que me venía pequeño, siempre animando antes mi polla con unas cuantas sacudidas antes de salir de la piscina para marcar así mas paquete. Podía ver como ella miraba con disimulo mi bulto, para no ser descubierta. Era evidente pues si le gustaban los jóvenes, también debería sentir algo al verme a mí, como joven que era.

En otra ocasión que estaba ella tomando el sol le dije que se iba a quemar, que llevaba mucho rato expuesta, entonces ella me pidió que le untara bronceador. Como disfrute pasando mis manos por esa espalda. Incluso me atreví a rozar suavemente los laterales intentando tocar algo de sus senos y por supuesto su culo. Debía de encantarle porque no decía nada. Luego se dio la vuelta y me dediqué a frotar ese vientre plano, curtido por el deporte. Ni que decir tiene que acerqué mis manos a sus pechos y el borde de la braga del bikini. Estaba cachondísima, eso me decían sus pezones que desafiaban a romper la tela del bikini. Yo por supuesto que también, pues mi bulto era evidente, y ella lo notó. Esta actividad se repitió en mas de una ocasión. El caso es que la cosa no pasaba de allí hasta que un día sucedió algo inesperado. Rosa metió los calzoncillos que le mande en su cesto de la ropa, por error, y cuando mi madre hizo la colada y luego la recogió, al verlos los dejó en mi cuarto. A ella se la veía nerviosa ese día pues buscaba su trofeo y no lo encontraba. La sorpresa suya fue tremenda al ver a mi madre repartiendo la ropa y dejando en mi cama los calzoncillos, era evidente que mi madre sabía que eran míos, no así Rosa. Yo para forzar la situación no recogía la ropa que dejó mi madre en mi cama y esperé a ver que hacía ella. Esa tarde salí de mi habitación, supuestamente me iba con mis amigos, y al ver que ella entra en mi cuarto la sigo a escondidas y la veo como los toma y se los lleva.

Esa noche recibo un email suyo en el que me cuenta lo sucedido y me pide que le mande otros. Yo le respondí diciendo que le iba a mandar algo mejor. Me casqué una paja monumental con sus fotos y deposité mi corrida en un botecito que le mande a su dirección postal. El día que lo recibió me mandó unas fotos agradeciéndomelo en las que tenía mi corrida en su boca y su coño y jugaba con ella esparciéndola por todo su cuerpo. Así pues le mandé un email en el que le proponía quedar. Ella respondió diciendo que mejor no, que solo le interesaba el cybersexo, que lo demás le parecía muy fuerte. Yo le dije que eso no era fuerte, y le conté una historia inventada sobre mí en la que le relataba que me tiré a mi hermana mayor. Enseguida se despertó su curiosidad y me pidió que le contara mas cosas. Así que le dije todas las tretas que sucedieron hasta que al final supuestamente follamos. Le conté lo de ir en ropa interior por casa, lo de salir casi desnuda de la ducha para ver como reaccionaba,… en fin toda una serie de mentiras para ver si las ponía en práctica conmigo.

La verdad es que dio resultado pues a los pocos días comenzó a pasear en ropa interior por casa, cuando no estaban nuestros padres, evidentemente. Yo como sabía que lo que haría es ver mi reacción me excitaba de sobremanera dejándole ver mi bulto. Otro día me llamó desde la ducha con la excusa de que le acercara una toalla que quedaba lejos de su alcance con la excusa de no salir mojada. Al entrar la cortina de la ducha estaba medio abierta y pude ver su cuerpo. Ella me dijo que no mirara pero yo no hice mucho caso y al darle la toalla retuve unos segundos mi vista sobre su cuerpo. Se me puso dura al instante, y ella lo notó.

Al parecer la cosa funcionaba, ella estaba convencida por los emails que enviaba a mi falso yo contando los progresos de sus acercamientos con su hermano. Entonces le propuse que intentara algo mas fuerte, como pedir a su hermano que le pusiera crema en un supuesto grano del culo. Efectivamente, al día siguiente vino a mi cuarto y me dijo que tenía que pedirme un favor muy importante. Me dijo que le había salido un granito en el cachete y que ella no podía verlo, que por favor le pusiera una crema que le mandó el médico y que ella, debido a la posición del mismo no podía. Así pues yo accedí entre regañadientes para que no pensara que quería hacerlo. Se quito la falda y se tumbó en la cama boca abajo. Yo con solo ver esa braguita que traía me puse mas tieso que un árbol. La polla me reventaba. Entonces me dispuse a ello.

- Rosa no veo ningún grano.

- Si hombre, claro que lo hay busca bien, busca que está cerca del centro.

- Vale, te aparto un poco la braguita para ver si lo veo.

- Tranquilo, que no té de apuro, al fin y al cabo somos hermanos y no hay nada de malo en esto.

¿Nada de malo?. Pensé yo, yo si que té iba a hacer cosas malas, dije para mis adentros. Entre tanta manipulación le rozaba cerca del coño con mis manos, y pude ver como tenía el coño mojadito, así me lo hacía saber una pequeña mancha de flujo que se formo en su braguita.

- Pero Rosa, ten cuidado que té estas meando, dije yo para comprometerla.

- No, no. No se como dices que me estoy meando.

- Pues tienes las bragas manchadas.

- Huy, quizás sea de un descuido, cuando fui al baño antes.

Si, si, un descuido pensé yo. Lo que pasa es que esta está mas caliente que una burra. Finalmente puede ver el supuesto grano. Era una zona rojiza que se provocó ella rascando con la uña. La muy borde lo había hecho cerca de su raja.

- Venga, ya la vi, te aparto un poco más la braguita para llegar mejor.

- Vale, pero ten cuidado no la manches.

- Me parece que va a ser imposible.

- No, no, que son nuevas.

- Pues tu dirás que hacemos.

- Espera, me las quito y en paz, pero tu no te preocupes, que no té de apuro.

- No sé, no sé.

- Tranquilo hombre, siento ponerte en este compromiso pero es que el médico me dijo que no lo demorara.

- Bueno, pues vamos. Abre un poco las piernas, sino no llego.

- Vale, pero no mires donde no debes.

- Vale haré lo que pueda, pero uno no es de piedra.

- Calla marrano, tu piensa en otras cosas, no sé, en praderas, fútbol, bicis, etc…

Así pues comencé a poner cremita y lo que no era cremita, ya que en un descuido suyo, cuando no miraba tome un poco de líquido preseminal de mi polla y se lo puse sobre la zona rascada.

- Parece que casi está. Espera que me incorpore un poco que se me duerme la pierna en esta postura.

Con la excusa de incorporarme hice como que perdía el equilibrio y me dejé caer sobre ella introduciendo un dedo en su mojado coño y pegando mi crecido bulto sobre su culo.

- José, José, que haces.

- Lo siento, es que perdí el equilibrio.

Si, si me dije yo. Pero el caso es que la muy guarra no dijo nada sobre ese dedo mío en su coño.

- Levanta, rápido.

- Voy, voy, espera que es complicado, no tengo donde apoyarme. Mi mano está aprisionada por mi cuerpo.

Mientras me levantaba aproveché para frotar su clítoris con mi mano y apretar mi polla contra su culo. Rosa estaba muy mojada, y ella lo sabía.

- Perdona, perdona, pero es que perdí el equilibrio.

Al levantarse ella vio mi tremendo bulto bajo mis bermudas.

- José, pedazo de guarro, pues no te as empalmado conmigo.

- Hey, hey, para. Ya te dije que uno no es de piedra, además no fui yo el que pidió ayuda.

- Si hombre, pero mira como la tienes.

- Pues anda que tu. Mira como tengo el dedo de tus flujos.

En eso cojo y me chupo el dedo impregnado de sus flujos.

- Pero guarro, que haces.

- Nada limpiar mi dedo. Aunque el problema no es ese. ¿Quién me baja ahora esta empalmada?.

- Ah, eso es problema tuyo.

- Si, problema mío. Fuiste tú la que me lo puso así.

- Pues ya te apañaras.

- ¿Si?. Conque esas tenemos. Pues si no me la bajas tu le diré a los papas que me pediste que te pusiera crema.

- ¿No serás capaz?.

- Pon me a prueba.

Sabía que ella lo deseaba pero no quería forzar la situación. Si hubiera querido me la tiro directamente y seguro que ella hubiera estado encantada, pero el caso es que esa morbosa situación me gustaba.

- Eres un chantajista.

- Pues tú veras que haces.

- Si pero hay cosas que los hermanos no pueden hacer.

- Si, claro, como poner cremita cerca de según que zonas.

- Si, vale, pero no es lo mismo.

- Pues tanto si es como no aquí puedes ver el resultado, Dije yo señalando mi polla.

- Vale, vale. Acepto. Venga sácala.

Y sin mas me saque mi polla hinchada como una morcilla. Ella la tomó como con asco, aunque yo sabía que Rosa estaba disfrutando del momento. Comenzó a agitarla con una mano. Que rápido lo hacía, me iba a correr enseguida.

- Ajj, que asco. Avisa cuando te venga para coger un pañuelo.

- Vale, vale, pero tu sigue si no quieres que diga nada.

- Cerdo. Esta es la última que te paso.

Cuando estaba a punto de correrme no le dije nada y le disparé en la cara, barriga, coño. Todo lo que tenía visible se lo llene de leche. Ella, la muy guarrilla, no hizo nada por evitarlo aunque me dijo de todo.

- Gracias Rosa. Ahora ya puedo ducharme para salir.

- Eso, vete que no quiero saber nada de ti, so cerdo, chantajista.

Rosa se fue a su habitación y yo hice como que me iba a la ducha. Sabía que ella comenzaría a jugar con la corrida que le tiré encima, igual que hizo con la que le mandé por correo postal y me mostró en las fotos. Cuando estaba en ello me acerqué a la puerta y solo de oírla gemir se me puso tiesa. Abrí la puerta de golpe y le dije.

- Aja, lo sabía. ¿Dime quien es ahora el cerdo?. Mírate toda llena de leche y sobándote como una salida.

Ella quedó blanca, sin respuesta. Yo por contra me dije, de hoy no pasa. Me desnudé y acerque mi enhiesta polla a su boca.

- Chupa guarra, sé que lo estás deseando.

- Vale, lo confieso, me pones caliente. Trae esa polla cerdo. Te vas a enterar de esta.

- Por supuesto. Sé que te encanta, no disimules.

- Vale, para que seguir jugando. ¿Quieres sexo?. Pues lo vas a tener. Ya veremos quien puede más.

- Si, ya veremos. Chupa, chupa.

- Aggg, que polla más tiesa chavalín. Ummmm, que gusto.

- Chupa, chupa, que me voy a correr en tu boca. Te voy a llenar de semen. Sé que te gusta. O quien crees que era tu amigo del email.

- Así que eras tu, so cerdo, la verdad es que algo me olía, porque en las fotos me pareció reconocer tu habitación, pero no estaba segura.

- Deja de hablar, que te quiero follar esas tetazas que tienes tan duras. Venga calla y hazme una cubana.

La verdad es que ese lenguaje soez nos ponía a los dos.

- Que tetas, que duras. Mira cerda, mira como se entierra mi polla en ellas.

- Si, lo veo. Muévete, venga muévete y córrete sobre mí de una vez.

- Siiii, siii, me corro.

- Venga dispara en mis tetas y mi boca.

- Agghhh, siiiii, que gusto. Toma leche, toma.

- Siiii, toda para mí. Toda.

La puse perdida de semen. Y ella para variar comenzó a restregárselo por su cuerpo y a jugar con su lengua.

- Toma, zorra. Límpiame la polla con tu lengua.

- Sii, aghh, mira como la chupo. Mira.

- Chupa, chupa. Que se va levantando por momentos.

En eso que la tenía tiesa de nuevo y le digo.

- Mira lo que tienes debajo la cama.

Cuando ella se agacha para mirar le quedo el culo en pompa, así que sin avisar me situó detrás de ella y se la meto golpe en el coño.

- Aghhh, si, que bien, cerdo.

- Toma polla, toma. Dime que lo deseas.

- Si lo estaba deseando. Si empuja, empuja.

Uff, que placer ver rebotar mis huevos sobre su culo y ese ruido a sexo que producía mi polla al entrar en su prieto coño.

- Venga aprieta el coño, apriétalo, que da mas placer.

- Siiiii, me tienes loca, me vas a hacer correr enseguida.

- Siiii, me viene. ¿Dónde la quieres?

- En mi coño, en mi coño.

- Agghh, tomaaaaa, tomaaaaa.

- Siiiiiii, que gusto sentir tus chorros de placer dentro de mi cueva.

Al sacarla le comenzó a chorrear el semen por las piernas, así que lo tomé con mi mano y comencé a metérselo dentro de su coño Que coño mas mojado y chorroso. Jugué con mis dedos, mi corrida, sus flujos y su coño.

- Dámelo a probar, mete tus dedos en mi boca.

-Vale, vale, pero chupa mi polla que todavía chorrea.

- Siiii, que gusto. Como me gusta tu semen.

Tras esa sesión de sexo quedamos los dos exhaustos sobre su cama hasta que al rato nos fuimos a duchar los dos juntos. Yo enjabonaba a ella y ella lo hacía conmigo. De nuevo pude gozar de ese tacto exquisito que tenia su cuerpo y recordarle que ya no tendría que recurrir al cybersexo cuando quisiera un jovenzuelo, ya que en casa tenía uno que le daría todo el sexo que quisiera.

En este relato erotico una zorra nos cuenta como se divierte chupando pollas de sus primos y tios hasta que al final acaba siendo follada por tres pollones, esto si que es porno brutal y salvaje acaban metiendole la polla por todos sus agujeros

Hola mi nombre es Alejandra y quisiera contarles un relato de algo que me paso en mi vida y que no he podido olvidar, ni pienso hacerlo ya que al recordarlo me excito y vuelvo a hacerlo otra vez. Antes que nada les diré que tengo 21 años, soy alta, morena, delgada, cabello corto, tengo unos senos grandes, redondos y un trasero muy rico, bueno eso me dicen en la calle.

Pasando a otras cosas yo me encontraba en una fiesta familiar en casa de mi tío Javier, esa tarde-noche llevaba una blusa de tirantes con un escote grande a través del cual se podían ver la mayor parte de mis senos, además tenía puesta una falda corta y unos tacones altos. En dicha fiesta se encontraban la mayor parte de mis familiares (tíos, primos, etc.) yo noté que varios de ellos me miraban de una manera lujuriosa, al principio me molestaba pero después me empezó a gustar y a excitar, por lo que quise seguirles el juego y disimuladamente les abría las piernas para que vieran mi ropa interior, o también me inclinaba un poco para que se vieran mis senos, miraba como hacían comentarios entre ellos señalándome con sus manos.

Así estuve un rato calentándolos hasta que llegó la hora de marcharme, como no llevaba automóvil pregunté quien me podía llevar a mi casa, en ese momento ya eran cerca de las 10:00 p.m, inmediatamente mi tío Javier que tiene como unos 52 años, mi primo Sergio de unos 36 años y mi primo Pedro de 21 años se levantaron para llevarme a mi casa, ellos estaban un poco pasados de copas pero no me importó, nos fuimos los 4 en la camioneta de mi tío el cual manejaba, por supuesto que mis primos me subieron en medio de ellos. Durante el camino sentí como mi tío Javier acariciaba mis piernas cada vez que quería yo no sabía que hacer quería decirle que no lo hiciera pero me gustaba.

Al llegar a la casa se bajaron los tres y se metieron junto conmigo a la casa, ya dentro sacaron una cerveza y me la dieron, como no estoy impuesta a beber alcohol se empezó a subir por lo que decidí bañarme, les dije que cuando se terminaran sus cervezas se fueran, me metí a bañar y comencé a masturbarme pensando en ellos tres, al salir de ducharme completamente desnuda cual fue mi sorpresa al verlos todavía dentro de mi casa. Mi primo Pedro se acercó y me sentó en la cama y Javier dijo:

- Que rica te ves desnuda sobrina.

Y se empezaron a bajar los pantalones, se pararon frente a mí y mostrándome sus vergas que por cierto estaban muy paradas y duras me dijeron:

- Ahora nos vas a satisfacer después de que nos calentastes en la fiesta puta.

Sergio me tomó de la cabeza y me introdujo su verga en la boca, al principio me resistí pero después empezó a gustarme y me deje llevar por mi calentura, comencé a mamárselas, me metía una verga y a veces hasta dos mientras masturbaba la otra. Miraba como estaban gozando los tres y mi tío Javier decía que rica zorrita nos encontramos, esas palabras me excitaban mucho más. Pedro me levantó y me acostó de espaldas en la cama abrió mis piernas y me mamó mi cuca mientras tanto Javier y Sergio chupaban mis tetas como unos perros. Me besaron y acariciaron como quisieron pero me encantaba lo que hacían, fue cuando les dije;

- Quiero que me metan sus vergas

Sergio se recostó en la cama, me subí y lo cabalgué mientras él me acariciaba los senos, Javier se acercó y me inclinó sobre Sergio quedando mis nalgas a su disposición, empezó a sobarme el culo y luego me tío su dedo para abrírmelo, yo le pedí su verga y él me complació metiéndomela muy despacio, al principio me dolió pero después estaba encantada de tener dos vergas dentro de mí, era demasiado rico sentir a mi primo y a mi tío ellos no paraban de decirme vulgaridades como que rico culo tienes perrita y Sergio decía que sabrosa está mi prima la zorrita.

Se acercó Pedro me introdujo su pene en mi boca y empecé chupársela, entonces sentí la delicia de estar clavada por tres vergones. Después de un tiempo mi boca se lleno de leche de Pedro, enseguida Javier terminó también y saco su verga de mi culo y me chorreo su semen en mis nalgas, por último Sergio acabó dentro de mi cuca inundándola toda. Nos quedamos acostados los cuatro y ellos no paraban de decir:

- Que rica primita tenemos, además es bien puta como nos gusta.

Luego se vistieron y se marcharon muy contentos. Por mi parte puedo decirles que me encantó ser poseída por tres hombres y cada vez que les antoja vienen para que les dé placer y mucho sexo.

Una puta morena aparece meando cuando llega su esposo embrutecido. La zorra, sin limpiarse el chocho si quiera, se abalanza hacia la polla del esposo a dejarsela limpia, antes de metersela en su sucio chocho.
Lo mejor de todo es cuando despues de follarle el coño, le entierra la polla en el culo, un culo en pompa monumental, dan ganas de acabar chupando culos, pero no es así como acaban, sino tirandole disparos de lefa en la cara y boca, para que la zorra acabe tragando leche.

Porno brutal de escandalo y sexo duro.

Este relato erotico nos cuenta como un chico le prepara una sorpresa a su novia para hacer que un viaje en taxi se convierta en la realización de una de las fantasías sexuales de ambos. La sorpresa se hace doble cuando la chica se da cuenta que su novio estaba compinchado con el taxista hasta el punto de que éste llega a participar en el juego.

Soy un chico de 26 años alto y de pelo corto y castaño, ojos marrón oscuro, de complexión atlética y dicen las chicas que guapo de cara. Mi novia tiene 24 años, mide 1,65 tiene el pelo muy largo y negro, ojos negros, grandes y profundos y unos juguetones labios que suele pintar de un rojo muy llamativo y, como toda su preciosa boquita, sabe usar más que bien. Sus pechos son medianos, con unos pezones verdaderamente duros cuando se excita. Tiene las piernas bien torneadas y un culito precioso y respingón que no pocas veces es el protagonista de nuestros encuentros sexuales.

La historia que voy a compartir con vosotros ocurrió el verano pasado en Valencia, ciudad donde fuimos a vacacionar por dos semanas a un pisito que un familiar mío nos dejó. Somos muy activos en la cama y nos gusta fantasear con diferentes prácticas sexuales, y siempre hemos tenido la intención de realizarlas; el caso es que yo deseaba darle a mi chica una sorpresa que no pudiera olvidar y la amistad con un amigo taxista, fuerte, algo menos alto que yo, moreno y de pelo negro, me permitió fabricar dicha sorpresa.

Tras una cena romántica y con una noche preciosa, cálida y estrellada en la capital del Mediterráneo, cogimos un taxi para volver al piso en lo que prometía ser una noche memorable, pero ella no sabía que lo sería por lo que pasaría en el taxi y no en el piso. Tras montar en el taxi y decir la dirección a mi secreto amigo empecé a besar el cuello de mi novia Sonia, a enredar mis dedos en sus cabellos, algo que le encanta, y puse su mano en mi paquete para que notara mi erección.

Ella, que es bastante atrevida, lejos de cortarse empezó a sobarme por encima del pantalón mientras mi mano se deslizaba por debajo de su corta falda, sin encontrar oposición hasta que las yemas de mis dedos tocaron sus braguitas de encaje negro. Notaba como Sonia miraba de reojo al retrovisor central del coche para comprobar que no nos miraba el conductor, cuando ni corta ni perezosa abrió mi cremallera e introdujo su mano en la apertura de mi ropa interior, agarrando mi miembro con fuerza y moviéndolo a un lado y a otro, arriba y abajo. Acercó su boquita a mi oreja y me dijo: “Quiero que te corras en mi mano en este taxi” y luego metió su ensalivada lengua en mi oreja. Todo iba a pedir de boca, el morbo que a ambos siempre nos ha producido hacerlo en sitios arriesgados funcionaba a favor de mi plan. Lo que ella no esperaba es que yo respondiera a su provocación desabotonando su vaporosa blusa y bajando mi cabeza hasta que mi lengua repasara su pezón derecho, en círculos, metiéndolo en mi boca, succionándolo, mordiéndolo suavemente; Ella empezó a gemir, pues nunca ha soportado el placer que le produce esa caricia y en eso aproveché para mover su braguita-tanga e introducir mi dedo índice en su rajita ansiosa, ambas cosas hicieron que de la boca se Sonia se escapara un furtivo gemidito que sin duda fue escuchado por mi cómplice, el taxista.

Susurré a los oídos de Sonia, mientras mi dedo salía y entraba en ella con suavidad que se pegara a la puerta del coche justo detrás del conductor, a razón de “ocultar no de él”: Así lo hicimos, yo ladee su ligero cuerpo, levanté un poco su pierna derecha y agarrando mi pene empecé a pasar mi glande ardiente entre los labios de su vagina. Sonia cerraba los ojos, jadeaba, intentaba no hacer ruido, pero no pudo evitar soltar un estruendoso “Oooohhh” cuando sintió toda mi virilidad meterse profundamente en su sexo. Me miró con ojos acusadores, como reprochándome que llegara tan lejos, pero cuando mis manos se agarraron a sus pechos ya al descubierto y mi lengua entró en su boca, su acusación pareció convertirse en sumisión, me mordió fuertemente los labios como para castigar mi osadía. Susurré: “Tranquila Sonia, no nos puede ver” y ella me contestó: “..Ooh,..pero…pero yo..oohh ..no aguantarééé…oohh umm..gritaréé” mientras mi pene empezaba a profundizar en su estrecho coñito, y llevé dos dedos para masajear su clítoris lo que acabó de rendir toda resistencia que ella hubiera querido oponerme.

Mi plan, el de mi amigo y mío, era que cuando ella empezara a gemir, él nos propondría que nos quedáramos solos en el coche por un módico precio y mi respuesta a lo que para Sonia sería esa surrealista proposición, sería que preferíamos que se quedara con nosotros. Pero mi amigo Luis, que sin duda no se había perdido detalle disimuladamente, no aguantó más, paró el coche en una apartada y oscura avenida de las afueras de la ciudad y volviéndose nos dijo: . Sin dejar de penetrar a Sonia, me moví hasta el centro del coche y agarré los brazos de mi novia con un brazo y con el otro la sujetaba por la cintura para que mi pene siguiera dentro de ella. Sonia gritaba e intentaba desasirse de mi, mientras yo la susurraba. La rapidez con la que Luis actuó fue clave para que todo saliera bien en el momento más crítico de la noche: Cuando Sonia se diera cuenta de que iba a ser follada por dos hombres. Luis separó las piernas de Sonia con fuerza y empezó a lamer con avidez todo su chochito, del cual yo volví a entrar y salir rítmicamente:

- ¿Pero qué haces? ¡¡¡Estás loco!! – gritaba Sonia.

- Tranquila preciosa -le decía mientras seguía bombeando. – Todo está controlado, ¿no lo ves? Tú deseas esto igual que yo, ¿acaso no te gusta mi polla dentro de ti?¿O su lengua en tu coñito? Ríndete a las sensaciones que tu cuerpo te transmite ¡¡déjate ir!! ¡¡déjate llevar!!.

- Eres un cabrón – me reprochó, y al intentar arañarme los muslos se encontró con la cabeza de Luis y su boca que la había ensalivado enteramente toda su zona genital.

Agarré sus pechos con firmeza pero con dulzura, empecé a morder su cuello, y noté de pronto las manos de Luis en sus tetitas, con lo que yo usé las mías para agarrarla por la cintura y levantarla y bajarla, para que cabalgara sobre mi polla erecta que la penetraba sin tregua, las caricias combinadas empezaron a hacer su efecto y Sonia dejó de estar tan rígida, empezó a gemir y a respirar pesadamente, y cuando me di cuenta sus manos acariciaban los cabellos de Luis y le imponían el ritmo al que ella quería ser lamida y devorada. Luis se levantó y con su polla asomada a sus pantalones ya bajados se echó levemente sobre Sonia, acabó de subir del todo su faldita hasta la cintura y desabrochar su blusa por completo, los pezones que tantas veces he sentido endurecer en mi boca estaban ahora turnándose en la boca de Luis, los gemidos de los tres llenaban el coche, pero por encima de todos los de Sonia amenazaban con ser escuchados en la solitaria calle si alguien pasara por allí.

Sonia ahora sentía mi polla llegar hasta lo más hondo de su intimidad, la penetración era más violenta cada vez y más profunda, la polla de Luis, tiesa hasta el límite frotaba los labios mayores y menores del sexo de mi novia y su clítoris erecto, llevándola a un éxtasis compartido del que no sabía salir, del que no quería salir. Todo estaba saliendo a pedir de boca, sólo quedaba el postre. Con suavidad me salí de ella y ensalivando mi pene y su culito con dos dedos que habían explorado la boquita de mi novia, la levanté ligeramente para agarrar mi herramienta y dirigirla a su más estrecho agujerito. Luis que se dió cuenta de ello, sacó un preservativo como un relámpago y pertrechándose con él se dispuso a penetrarla, así lo hizo, de golpe, en un coñito ya dilatado y que se estremeció de placer al sentirse repleto de nuevo, pero por una polla diferente a la anterior. Yo empujaba mi glande contra su culito y la dejaba caer para que el peso hiciera el resto, poco a poco el recto de Sonia quedó tan repleto o más como su coñito, mientras ella gritaba de gusto como nunca lo había hecho, hasta que la lengua de Luis se enredó en la suya, aunque sin acallar los gritos del todo.

Luis y yo empezamos a follarla doblemente, entrando y saliendo sin piedad ni cuidado ya que estaba tan excitada que otro hombre hubiera cabido en su boca, la doble penetración rompió todas sus inhibiciones, empezó a insultara nosotros y a ella misma, nos llamaba perros, cabrones y se autodenominaba zorra: ¡¡Haced que me corra cabrones!! – ¡¡Folladme, folladmeee!!. De repente se calló un segundo, inspiró profundamente y estalló en gritos y movimientos compulsivos en el orgasmo más brutal que yo le haya visto, Luis no lo pudo resistir y se corrió con la polla enterrada hasta el fondo en mi novia y por último yo, sin condón llené de semen caliente sus entrañas, semen que al poco caía por mi polla abajo y rebosaba de su dilatado pero apretadito culo.

Luego vinieron las confesiones, las presentaciones mutuas de Luis y Sonia y el epílogo que los tres nos dimos en el piso, tras el episodio del taxi, pero eso es otra historia que si queréis no me importará contaros, si es que os ha gustado el secreto que he compartido con tod@s vosotr@s. Un beso y/o abrazo. Hasta pronto.

Este relato erotico nos enseña como se puede hacer de todo y con quien menos te lo esperas, ya que hay zorras ardientes de pasion buscando una polla para chupar en todos lados

Esto ocurrió hace mas o menos a principios del año 1997, entrenaba en el Gimnasio Rodríguez en la Av. La Mar en el distrito de Pueblo Libre en lima Perú, a este gym suelen ir chicas atractivas y señoras aunque por su edad también son muy guapas, como olvidar a Rosy, Gaby, Taty, Erica, Faby, Lore, Rudy, y a todas las chicas que deleitaron mis visitas en el Rodríguez.

Definitivamente éramos un grupo que participábamos de muchas de las actividades que se hacían en le gym, inclusive salíamos a divertirnos juntos, yo asistía a diario y a parte de hacer máquinas también practicaba, spteps, aerobicos y tae-bo, era muy agradable estar rodeados de todas ellas y verlas en sus mallas que hacían resaltar sus atributos físicos.

Muchas de ellas eran mujeres casadas pero por las bromas y conversaciones que teníamos en el gym, uno tomaba confianza con ellas además siempre me comporte caballerosamente con ellas a parte de ser uno de los pocos varones que hacia aeróbicos con ellas, tal vez ese constante acercamiento hacia que ganara confianza con ellas.

Gaby es una mujer sensual de muy buenas formas, coqueta, atractiva inteligente y muy sensual al menos para mi lo es, siempre a casi siempre trataba de estar cerca de ella para observarla de pies a cabeza, ella es muy liberal en su forma de pensar y siempre nos gastábamos bromas inclusive de índole sexual; En una oportunidad un sábado después de entrenar nos quedamos Gaby, Rosy, Faby, Lore un par de amigos mas y yo, decidimos comprar unas botellas de vino y empezamos a tomarlas en el segundo piso del Gym en realidad era algo suave como motivándonos para la noche ya que habíamos quedado en salir a bailar, Gaby siempre me pareció una mujer muy apetecible una mujer que me provocaba morderla y acariciarla, a mi parecer yo no le era indiferente pero hasta ese entonces no había intentado nada.

Bueno copas van y copas vienen y Gaby estaba algo alegre por efecto del vino, y comenzamos a bromearlos y a jugarnos un poco yo la abrazaba y la tomaba de la cintura inclusive ella en son de broma me decía Gabriel que haces delante de todos pero cono no se pensaba que era mas allá de un juego todo transcurría de la forma más normal, de lo más normal para el resto de los demás pero para nosotros era algo excitante podía sentir sus dedos acariciar mi espalda cada vez que yo pasaba mis manos por su cintura, ya estábamos en un juego de caricias discretas a la vista de los demás, pero sus amigas Faby y Lore se habían dado cuenta perfectamente de lo que ahí sucedía, tanto así que la molestaban, diciéndole Gaby cuidado no vayas a raptarlo y no llega en la noche a la discoteca, nosotros solo reíamos.

Cómo ya se estaba haciendo algo tarde decidí ir por mi maletín que lo había dejado en el tercer piso en donde se practica esteps, y Gaby subió conmigo pretextando que sacaría algo de los vestidores de damas que se encuentran en el mismo piso, una vez arriba la cogí de la cintura la voltee y la besé con pasión, beso que ella respondió entrelazando su lengua con la mía, mis manos recorrían todo su cuerpo, como lamentaba que la tela de nuestras ropas nos separaran, ella me jaló a los vestidores de damas y comenzamos a dar rienda suelta a nuestros instintos contenidos por tanto tiempo, que hermoso cuerpo tiene Gaby, ella es una mujer blanca de 1.65 de estatura cabello rojizo, senos medianos peor encantadores, bonitas piernas y un traserito que ponía a mas de uno en el gym.

Nuestros besos y caricias se encendían cada vez mas que delicia era recorre su cuerpo con mi lengua, ella estaba algo nerviosa por si nos veían pero poco a poco con las caricias y los besos nos fuimos dejando llevar los dos hasta que nuestros labios nos sabían a poco y las ropas empezaban a estorbar, me desnudo como una loca y me dijo: “desnúdame poco a poco y ya veras o crees que no me he dado cuenta cómo me miras el poto cuando entrenamos”, dejaba ver una camiseta blanca ceñida, después le quité el pantalón mientras acariciaba con mis manos sus suaves y contorneados muslos deseosos de mis caricias, por ultimo le quite la camiseta y pude ver sus sublimes pechos, yo me quedé perplejo mirando ese cuerpazo que estaba a mi entera disposición, ella lo notó y me dijo que si le gustaba, y les respondí que me encantaba y me acerque a ella para besarla y enredarme con su lengua, mientras, no paraba de cogerle ese culo paradito con mis manos ella me fue acariciando mis testículos y fue haciendo que me fuera poniendo duro con solo rozar sus dedos por mi pene, presos los dos de la lujuria empecé a besarle todo el cuerpo de arriba abajo haciendo hincapié en esos pechos redondos y firmes que poco a poco se pusieron más y más duritos.

Seguía bajando mi lengua hasta que llegue a su chuchita color castaño, empecé a acariciársela, separando y juntando esos labios rosados y calientes, le daba pequeños lametones que le hacían cerrar los ojos y dar un pequeño gemido, casi un suspiro, estuve algún tiempo con mi cabeza entre sus poderosos muslos que me tenían atrapado y cada vez que daba un lametón se cerraban de gusto, por fin empezó a segregar sus jugos y estar como poseída y se derrumbó al suelo haciéndome ponerme en posición para practicar un 69, ella estaba loca y empezó a chuparme la verga con unas ganas que me hacían casi perder la respiración y no me dejaban que yo pudiera seguir con su clítoris el cual lo cogía con mis labios hasta que lo puse bien durito y grandote, sin darme cuenta me corrí en su boca después nos dimos la vuelta, nos levantamos del suelo, le besaba el cuello, le mordisqueaba las orejas mientras estábamos abrazados cogió mi verga la acarició con sus dedos mágicos hasta que consiguió ponerla otra vez dura colocándosela en la puerta de su apetecible y húmeda chuchita y movió su cintura para que yo notara que sus labios me estaban esperando, me miró y sin decirme nada me agarró por detrás y me unió a ella.

Cuando sintió como se llenaba toda su vagina pude ver como echó la cabeza hacia atrás, sus ojos se cerraron y se le escapó un gemido mayor, entonces la agarré del culo y la subí encima de mí se agarró a mi cuello y la empecé a mover de arriba abajo, yo sentía un placer indescriptible a veces se me doblaban las rodillas de tanto goce, con mis manos sujetándola por el culo sentí como lo tenía de calentito y casi sin darme cuenta uno de mis dedos empezó a meterse por su agujerito sin que ella se opusiera, presos de la lujuria y el desenfreno ella se bajo de encima de mi la puse a cuatro patas y con sumo cuidado empecé a culearla cosas que poco a poco empezó a gustarle y cada vez los movimientos eran cada vez de mayor intensidad mis manos la agarraban por la cintura, frotaban su espalda y hasta le agarraban sus pechos. Así cabalgándola y disfrutando de sus caricias llegamos al final de nuestra lujuria, nos arreglamos, nos vestimos y bajamos con el grupo que se había quedado esperándonos los cuales estaban extrañados por nuestra demora, aunque Faby había subido y escuchado todo no dijo nada en ese instante, pero luego me lo contó y eso ya será parte de otra historia.

Estas zorras no se conforman con ponerse con el culo en pompa, chupando culos y meterse un dedo en el culo, o un consolador, no. A estas putas lesbianas les va el porno brutal, y lo que se meten es la mano entera. La zorra empuja la mano hasta que consigue metersela hasta la muñeca. Se ponen en una postura dandose la espalda mutuamente, y cada una, con la mano atrás, se la entierra en el culo a su puta compañera.
No son lesbianas chupando, pero les va el porno duro y ahi lo practican sin tapujos.

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Relato erotico de una bailarina erotica muy sensual. Ya me gustaria a mi ser el agraciado de este cuento, porque como la zorra mamando esta hay pocas en el mundo, ademas le gusta el porno brutal y en solo unas lineas nos cuenta todas sus posturas favoritas.

Cada noche iba como siempre al local donde trabajaba, un local donde me desnudaba lentamente y con sensualidad para poder ganarme el pan de cada día. Reconozco que era buena bailando y que ofrecía a los hombres lo que ellos querían ver, pero veían sin tocar, claro. Ningún hombre me llegó a tocar nunca, no formaba eso parte de mi trabajo. Me encantaba saber el placer y el deseo que provocaba a los hombres al mirarme, me observaban como perritos falderos, se relamían una y otra vez los labios.

Una noche llegó, mientras yo bailaba, un hombre de aspecto interesante, viril, corpulento, atractivo, se sentó en una de las mesas principales, no me quitaba el ojo de encima, me ponía nerviosa, pues podía sentir como sus ojos, su mirada se clavaba en mi cuerpo. Uuummm, me encantaba, me excitaba esa mirada tan penetrante, esta vez era yo la que deseaba ser tocada, tocada por ese hombre, por ese macho, por esas manos. Estaba cachondisima y no pude evitar el acercarme a él con un baile insinuante y poner su mano en mi coño, para que pudiera sentir la humedad que de él provenía, humedad que solo él había provocado.

Pronto se oyó el abucheo del resto de hombres que habían en el local, que si yo también quiero, que si vaya favoritismos….. Dejé de hacerlo para evitar problemas y seguí bailando sensual y provocativamente poseída por el olor que desprendía aquel hombre. Mientras, observaba como él se llevaba la mano a la nariz para percibir el olor que había dejado la humedad de mi coño, luego se llevó uno de los dedos a la boca, y comenzó a chuparlo. Me puso loca, tanto que me empecé a tocar mientras bailaba, mi coño, mis pechos,……… Llegó la hora de cerrar, ya todos los hombres, incluido él, se habían ido. Estando en mi camerino podía sentir aún el olor de su cuerpo, fogoso, caliente, me preguntaba si volvería a verlo, nunca me había pasado nada igual, nunca.

Eran ya las 5:00 AM. Me dirigía a mi casa, donde vivía sola, otra vez vuelta a la realidad, a la realidad de la soledad, maldita realidad!!!. De camino hacia a ella, me agarraron por detrás, tapándome los ojos con una mano, y mientras con la otra me tocaba el coño, era él, mi hombre misterioso, lo sabía por su olor. Me susurró al oído: ¿estás aún caliente?. Mi cuerpo se estremeció completamente al escuchar su voz viril, fuerte, potente, segura; –si– le contesté —aún lo estoy— Me tapó los ojos con algo y me dirigió hacía un vehículo. Yo me presté a su juego. Supuse que sería una limusina ya que el no conducía, nos montamos atrás. Empezó a besarme por todo mi cuerpo mientras íbamos de camino a no sé donde. Me lleno de sus caricias y sus besos por toda yo, por cada rincón. Sentía un morbo increíble y mi excitación iba subiendo por milésimas de segundos. El automóvil paró, me cogió en sus brazos y me llevó a una habitación que pude ver al quitarme la venda. Sería un hotel, me supuse. Se dirigió a la cama, y me indico que me fuese a su lado, yo accedí a su petición. Y como loca por la pasión me eché encima de él para poder sentirlo más de cerca, para poder dominarlo.

A él le puso loco mi iniciativa y comenzamos a quitarnos la ropa para poder contemplar la desnudez de nuestros cuerpos. Bufffff!!! Que cuerpo tenía!!! Tan bien formado, su pecho, todo!!!. Ya desnudos, tomé el mando, me subí encima de él y comencé a besar su cuello, recorriendo camino abajo hasta llegar a su enorme polla encendida, abrasadora, la besé y con mi lengua empecé a juguetear con la punta de su polla. Sus ojos se cerraban de gozo mientras me decía: sigue, sigue!!!, no pares!!! me vuelves loco!!! La introducí entera en mi boca y cogiéndola del tronco la meneaba de arriba hacia abajo.

La dejé jugosita, mojadita, de la miel de mis labios, mientras él jadeaba de gusto. Me dijo: acerca tu coño a mi boca!!!, lo coloqué en su cara, cambiando a la postura 69 y nos pusimos a comernos como locos. Del placer que me provocaba, el paso de su lengua por mi coño, se me olvidaba chuparle su polla, invadiéndome por completo el deseo, mi coño chorreaba a mares, estaba inundado. Levanté mi coño de su cara y de culo a él le dije: ¡¡¡méteme tu polla!!!. Se incorporó y cogiéndome de las caderas con sus manos introdujo su polla en mi agujero, hasta el fondo, me la metía y me la sacaba con sacudidas fuertes y suaves a la vez, inundándome más y más en el placer y en la locura. Me encantaba sentir sus manos en mis caderas.

Dejó de moverse, la sacó y se tumbó en la cama, yo me subí en su montura y comencé a cabalgar, a trotar, como una fiera en celo, como una loba, uuummm, ooohhh, si, si, sigue… me decía. Mi clítoris rozaba en su barriga al compás de mis movimientos, y ya sentía como mi cuerpo llegaba al clímax del deseo, y le dije: correte!!!, correte conmigo!!!. Estas palabras chocaron en él produciéndole la excitación máxima, pudiendo los dos llegar al orgasmo a la vez. Un temblor atravesó nuestros cuerpos, temblor producido por el deseo y la pasión, temblor de placer……… Acabamos los dos empapados en el sudor de nuestros cuerpos, yo encima de él y sus brazos rodeando mi cuerpo.

Desde este momento nunca volví a bailar para otro hombre, todos mis bailes estuvieron dedicados a él. Nunca más me sentí sola.

Relato erotico de un hombre casado que le empiezan a poner cachondo las mujeres de 50 o 60 años y le es infiel a su mujer con su suegra!!!

Por alguna razón mi morbosidad ha aumentado en los últimos años, y las mujeres de 50 a 60 se convirtieron en objeto de mi deseo. Si alguien me hubiese dicho a los veinte años que esto me sucedería, hubiese imaginado que ese tío estaría loco. Pero no, tenía toda la razón. Las mujeres más maduras tienen además de un atractivo muy fuerte ciertas ventajas fundamentales sobre las más jovenes. Primero: no menstruan, con lo cual uno se saca de encima un problema con el que se encuentra todos los meses cuando tiene ganas de hacer lo que se debe hacer. Consecuentemente con ello, tampoco quedan embarazadas. Y una segunda condición que es tan importante como la anterior: se trata que las mujeres a avanzada edad ya han pasado por todos los estadíos del deseo de los hombres, han mamado abundantemente, han sido bastante culeadas, no hacen agua cuando les dicen cosas en la calle. Conocen todos los secretos… y los tienen callados. No como las jóvenes que se regozijan de saber lo que no saben aún. Y más todavía… echan unas caderas de yeguas que las hace muy deseables para montarlas en cuatro patas, y no hacen asco al sexo en todas sus formas, incluído el anal.Y son presa de brutales calenturas de las que no tienen como zafar.

Uno empieza por ponerles la mano entre las piernas como al pasar, estando ellas en la cocina por ejemplo, y sólo te mirarán a los ojos con cara de sorpresa y te dirán: esto no me lo esperaba. A lo que uno responde:yo tampoco, pero me han venido unas ganas… Así que estando la mano allí, y ellas no haciendo gran cosa por sacarlas, uno puede rematar: bueno, es hora de que nos hagamos un favor mutuo.

El siguiente paso es, bueno… el siguiente paso es esta historia.Nos habíamos ido de vacaciones con mi mujer, mi hija y mi suegra. Estábamos pasándola muy bien, íbamos a la playa, salíamos al cine, al teatro, a comer afuera los cuatro.Y una noche mi esposa y mi hija decidieron ir a ver un espectáculo al que yo desistí porque no me interesaba. Casualmente, mi suegra Raquel tampoco fue.

SE sabía atractiva la zorra Estando solo comprobé que ella llevaba cerca de una hora en el baño, y constaté que había dejado la puerta entreabierta. Preso de la calentura de las nueve de la noche, que es siempre posterior a la calentura de las ocho, y anterior a la de las diez de la noche, fui a espiarla. Estaba terminando de maquillarse, y lucía una lencería muy apropiada para llevar a la cama a una decena de hombres juntos.

Pensando que estando yo en el apartamento no se atrevería a hacer entrar a algún amante o amigo, de los que seguramente habría de tener, y no habiendo ningún hombre más que yo en los alrededores, supuse que el destinatario de tanto preparativo debía ser yo mismo. Detrás de la puerta, mientras pensaba en ello, comenzó a pararse mi miembro, como de costumbre desobedeciendo mis precisas instrucciones de calmarse un poco alguna vez en su vida. Eché otro vistazo al interior del baño, esta vez tratando de ver algo más de sus cualidades físicas ocultas. Y cuernos, menudo culo que lucía la zorra.

Un culo monumentalYa a esa altura me dominaba un deseo lujurios de entrar allí y tomarla de pie, con fuerza y sin preámbulos. Pero como no sabía cuales eran los planes de ella, me mentuve cauto y a la espera de su próximo movimiento. Todo indicaba por su uniforme de puta, por el maquillaje, el peinado, sus altos tacos, que no eran necesarios para su rol de suegra o abuela, que un plan secreto lujurioso estaba en camino. Me faltaba saber con quien. Eché otra mirada y comprobé que ya se exhibía frente al espejo con desparpajo, casi se podría decir que sabría que alguien estaba posando su mirada en ella.

SE exhibía como una puta Se la veía recaliente. Como nunca antes había tenido oportunidad de verla. Tal era la postura que tenía, con los brazos en jarras, ostentando sus tetas y apretando su culo enorme de blancas nalgas con una tanga negra metida allí.

Para mi sorpresa dijo: Carlos, entra, ya sé que estás ahí. No te hagas el sorprendido… ven y consuela a Raquel.

Diablos, dije yo, parece que este apartamento se convertirá en una moderna Sodoma. Y a mi juego me llamaron, así que entré. No bien estuve dentro se me acercó y me dijo: No sabes que a esta edad las mujeres adivinamos lo que desean los hombres y de qué manera lo desean! O te olvidas que yo enviudé dos veces. Y me estampó un beso de lengua que me erizó hasta los pelos de la nuca y de la espalda. No podía creerlo, en minutos más estaría cojiéndome a la zorra de mi suegra y conocería sus secretos y desenfrenados placeres. Se agachó, luciendo su cuerpo, pues sabría que estaba buena, me abrió el cierre del pantalón y empezó a mamarla con un entusiasmo y artesanal oficio, que yo hasta esa noche aún no había

Me daba una flor de mamada Se veía que tenía años de experiencia, que nunca se habría quedado una noche sin su porción de hombre. Su boca me recorrió completamente el pene, sin dejar centímetro sin pasar su lengua o su saliva. No sólo supe de la dulzura glotona de sus labios sino de su profunda garganta húmeda, casi sin fondo. Creo que estuve allí adentro por más de media hora, gimiendo y expulsando algunos líquidos que ella me reprochaba cada tando diciendo: estás tirando algo, bebé.

Pero no paraba, seguía en su juego cachondo y cada tanto me relataba algo como: hacía tiempo que veía que me mirabas el culo, cada tando te veía pasar por el dormitorio con los ojos bien abiertos tratando de sorprenderme desnuda. Yo no nací ayer, todavía estás tierno…

Precalentando con su juguete Minutos más tarde me condujo hacia su dormitorio y me dijo, antes de montarme quiero que veas como me masturbo, cuál es el juguete favorito cuando estoy sola por las noches y a veces por las tardes. Es una pequeña delicia que compré en un sexshop y que siempre llevo en la cartera para cuando me agarran las calenturas de mi edad.

Y sacó un consolador de metal y se frotó impunementes delante mío hasta que por fin decidió enterrárselo y gemir como una puta. Yo que no daba más la tomé por un brazo y le dije: zorra ponte en cuatro que te parto, no sea que llegue la maldita hora del regreso de tu hija, y no hayamos completado nuestra encamada. Y obedeció sumisa para que se la enterrara entera, completa y sin que sufriera sobresalto alguno.

Qué gruesa la tienes, yerno. Perdí el tiempo no haciéndolo antes contigo. Y yo que la metía y la sacaba a todo vapor, a toda máquina, frotando frenéticamente las paredes de su concha, mostrándole que clase de alegrías podría yo brindarle desde allí en adelante. Porque claro, uno con una suegra nunca quiere quedar mal… menos en la cama…

Lista para ser montada Quedó enteramente a mi disposición, gimiendo y moviendo sus anchas caderas, cuyo culo era una atracción más que placentera, obligando a mi imaginación a pensar en culearla no bien su concha de labios gruesos la hubiese comido lo suficiente. Y la zorra no paraba de echarse contra mi pelvis, mandándolo al fondo de su vagina jugosa y caliente, que al igual que su boca parecía no tener fondo…

Gime mientras la culeo Tenía una rara habilidad, comprimía sus gruesos labios que amordazaban el miembro estrangulándolo en el tronco y produciendome un placer infernal. Gritaba, sí, yo gritaba y ella también. Me pedía que la rompiera toda… no me perdones, dame todo y por todos lados… hazme tu puta… quiere que veas lo puta que soy… que te voy a comer como me he comido a decenas de hombres en mi vida… hasta sacarles la última gota… ahhhhhh ahhhhh ahhhh… y no paraba de moverse en sacudidas frenéticas, como electrizada.

Culeada colosal a mi suegra

Cerraba los ojos mientras la movia Cómetela toda putita.

Y ella que sí, soy una puta, me la como toda, sácamela por la boca, degenerado cabrón hijo de mil putas… rómpene toda… cuéntale a todos tus amigos cómo te follas a tu puta suegra por el culo… ! … y tráeme algunos machos más, para que me llenen entera y yo les beba sus jugos!

Y llegó el paradisíaco momento del orgasmo, ella lo recibió todo, mi semen caía por sus nalgas, tenía una eyaculación de la que no tuve otra semejante. Mi miembro completamente en su culo, abrazado por su carne caliente, sujetado por su grueso esfínter de una manera que me extrajo hasta la última gota como si me lo exprimiera con toda su alma.

No conforme completamente, se echó el la cama y me sorbió el último trago con su boca. Y algunas gotas más cayeron de mi miebro a sus pechos, y quedó así lamiendo embelesada la miel de su potro al que había agotado.

La zorra de mi suegra se bebía mi leche Bienvenido al mundo de los infieles -dijo. Guardó el consolador en su mesa de luz y remató: a partir de hoy serás mi nuevo consolador. Entrénate bien con mi hija, hoy te he perdonado, pero la próxima vez que que te agarre juro que me subo encima y te parto! Y yo Juro que jamás gozé tan salvajemente, al punto de estar esperando ansioso cada nueva vez para montarla como se debe. Para todos aquellos que creen que las viejas no… que su libido se fue, duerme o se mudó a otra ciudad, echen a su mujer, tírenla por el balcón y montense a su suegra. Sacarán chispas en la cama, habrá fuegos artificiales durante el orgasmo. Nunca habrán comido mejor manjar ni serán mejor servidos. Suegras a estar listas debidamente con su más sexy lencería, porque después de este cuento no quedará una en la tierra sin probar su tajada de yerno. Y si alguna no se atreve con su yerno, por verguenza o por lo que sea, bueno, voy a estar yo,ya saben como contactarme.

Os dejo un interesante y descriptivo relato erotico, sobre un hombre que le encanta el sexo anal y el porno brutal.

Estaba yo casado con mi primera esposa, con quien tenía sexo anal cada tanto; a ella le gustaba, no mucho, apenas lo suficiente para concedérmelo como un regalo especial en ciertas ocasiones. Decía que le dolía mucho, que mi miembro era demasiado grande para esas prácticas y si bien ella alcanzaba buenos orgasmos cuando lo hacíamos, por lo general los juegos previos eran muy fugaces, cortos ya que no me lo permitía. Ella (la llamaré Viviana, no es su nombre real pero deseo preservar su identidad ya que todo el relato es verídico) prefería que iniciara rápidamente la penetración y finalizar cuanto antes. Una vez que había alcanzado Viviana su orgasmo (mediante mi estimulación manual de su clítoris) me pedía textualmente “sacámela del culo, me duele mucho” con lo cual se perdía, antes y después, gran parte del placer anal. De modo que abadaba yo, permanentemente, a la búsqueda de una amante con quien poder practicar mi sexo favorito, el sexo anal, con todos los juegos previos y con toda la pasíon que ello lleva implícito. Viviana tiene una prima, a quien llamaré también con el nombre de fantasía Stella ,para preservar su identidad por las mismas razones anteriores, quien nos visitaba periódicamente, por vivir cerca de nuestra casa. Stella estaba casada y tenía dos hijos (una nena de 10 años y un nene de 7), tenía en ese entonces 35 años, si bien su apariencia aniñada y juvenil la hacían aparecer como una adolescente. Su marido era empresario y viajaba constantemente. Stella no estaba feliz con su matrimonio, criticaba públicamente a su marido y no desperdiciaba oportunidad de decirnos, a Viviana y a mí, que no era sexualmente feliz con él. Cada vez que Stella venía a cenar a nuestra casa (cuando estaba sola, que eran la mayoría de las veces), dejaba sus hijos en la casa de su madre, de modo de poder cenar los tres adultos tranquilos y tener conversaciones que no habrían sido posibles delante de lo niños. Casi siempre las conversaciones terminaban derivando en temas sexuales y yo, confieso, fantaseaba bastante con Stella, si bien me cuidaba mucho, tratando de no evidenciar mi deseo por ella, por ser ambas primas muy íntimas y no quería terminar generando un gran problema familiar. Todas las veces, al terminar la cena, me tocaba a mí llevar a Stella a la casa de su madre en mi auto, donde recogía a sus hijos y de allí la llevaba a su casa; durante todo el trayecto conversábamos de temas tribiales (yo iba solo, mientras Viviana se quedaba levantando la mesa y arreglando la casa) pero siempre notaba en Stella cierto sutil coqueteo que ejercitaba conmigo. Yo nunca había querido insinuar nada, en el temor de desatar un gran problema y porque no estaba seguro si lo de Stella era genuino o solamente producto de mi imaginación. Debo reconocer que si bien Stella me parecía atractiva, nunca había reparado demasiado en ella. Le decíamos, en confianza, La Flaca, por ser alta y muy delgada. Todo en ella era longilíneo, sus brazos, sus manos de dedos finos y delicados que parecían manos de un pianista, sus largas piernas, pechos pequeños y como siempre estaba vestida con ropas holgadas y polleras largas, era casi imposible adivinar su silueta y sus formas más íntimas, excepto en verano, donde usaba soleros livianos, sandalias y se podía notar que sus nalgas no eran abundantes, pero tenía una cola bien formada y paradita. A mí, lo que más me atraía de ella era su rostro. Cabello rubi oscuro natural hasta los hombros, nariz chica y recta, ojos oscuros, con una expresión enigmática y una boca muy sensual, de carnosos labios a los que lamentablemente casi nunca pintaba con lápiz labial, ya que no usaba maquillaje, acentuando su apariencia aniñada. Prácticamente se podia decir que Stella era una mujer de “perfil bajo” y que bien podía pasar inadvertida, salvo que un hombre se detuviera a observarla cuidadosamente, como había hecho yo, en cuyo caso descubriría una atracción muy sutil y casi voluptuosa, sobre todo en su mirada y en sus gestos. Por esas cosas del destino (donde muchas veces diferentes hechos circunstanciales suceden casi en simultáneo y generan una combinación de sucesos que adquieren gran importancia), teniendo una conversación con mi esposa, Viviana, vengo a enterarme de la intimidad de Stella, ya que, como dije, ambas eran muy amigas, además de primas, y se contaban mutuamente todas sus intimidades. De modo tal que Viviana (mi esposa) me dice que le había contado a su prima Stella que yo era un hombre muy dotado, dando incluso precisiones sobre mis medidas de 22 x 6,5 cm, ya que Viviana misma me había tomado las medidas, con un metro de costura, esas cintas plásticas flexibles. Me contó Viviana que su prima se había sorprendido mucho y le llamó la atención, al saber que practicábamos también el sexo anal, preguntándole ” ¿Cómo puedes meterte todo eso en el culo? Realmente no me imagino semejante pedazo dentro de mi culo, pero debe ser fantástico poder comértelo todo” Entonces Viviana le preguntó si había tenido experiencias anales y Stella, tras pedirle que guardara el secreto (grave error, las mujeres siempre terminan contándoselo a alguien, en este caso a mí) le confesó que había tenido la experiencia más fascinante de su vida. Allí Stella se sinceró ante su prima y le dijo que en los 12 años que llevaba al lado de su marido (no había conocido sexualmente otro hombre antes de él) jamás había alcanzado un orgasmo, lo cual explicaba muy bien la razón de sus constantes diatribas contra su esposo. En realidad Stella, por lo que contaba, no era frígida, sino anorgásmica. Se excitaba muchísimo, pero no podía alcanzar un orgasmo. Ahora bien, contó además que hacía poco, durante un viaje, había conocido circunstancialmente a un hombre con quien se había ido a la cama y quien le propuso tener sexo anal. Que allí, en ese momento, había experimentado el primer orgasmo de su vida, teniendo sexo anal y que estaba maravillada con ello. Luego repitió su experiencia un par de veces más pero que después de esos días nunca había vuelto a ver a ese hombre, quien estaba de viaje acidentalmente en ese lugar. A posteriori, Stella le había propuesto a su marido tener sexo anal (obviamente, sin confesarle que acababa de descubrir que analmente alcanzaba orgasmos tremendos) obteniendo una gran reprimenda de parte del idiota de su esposo, quien poco menos la trató de puta degenerada. Yo escuchaba ese relato de boca de Viviana y no podía dar crédito a sus palabras. Ese imbécil tenía a su lado una mujer que le pedía tener sexo anal y él la rechazaba!!!!!!!!! ¡¡¡¡Idiota!!!!! Bien se merecía ser un cornudo y yo habría de encargarme de hacerlo mucho más, a partir de ese momento. Esa noche, tras la conversación con Viviana, me quedé turbado, estaba muy caliente y la imagen de Stella me daba vueltas en la cabeza. Creo que a Viviana le sucedió lo mismo al relatármelo, porque esa noche me ofreció su hermoso culo y la pude sodomizar largamente, como a mí me gusta, si bien cerraba los ojos e imaginaba que era a Stella a quien empalaba en mi verga. Por esa coincidencia de hechos que hablaba al principio, a los pocos días vino Stella a nuestra casa, como de costumbre sola, a cenar. Había dejado sus hijos en lo de su madre y venía del gimnasio, con un bolso con su ropa, para bañarse en nuestra casa y vestirse para cenar. Era verano, hacía calor y estaba yo con pantalones cortos y en zapatillas. En un momento determinado y sin saber que Stella había subido a la planta alta a bañarse y cambiarse, decidí hacer lo propio, para vestirme para la cena. Cuando iba subiendo las escaleras en silencio y sin encender la luz porque me iluminaba la lámpara de uno de los cuatros de huéspedes de la planta alta, me quedé helado, inmóvil. La puerta de uno de los cuartos de huéspedes estaba apenas entornada, habían encendido una lámpara de mesa y estaba Stella desvistiéndose, sin saber que yo la observaba desde la escalera. Pude ver sus pechos pequeños (de costado) cuando se quitaba la remera de gimnasia y, como escuchando mis ruegos en ese momento, giró hasta quedar de espaldas y se bajó el pantalón largo, quedando con una pequeña tanga cola – less que apenas tenía atrás una fina tira que se metía entre sus nalgas. Allí pude descubrir ese culo de adolescente que La Flaca ocultaba con sus ropajes holgados, duro, parado, bonito, si bien para nada voluminoso…tampoco lo necesitaba, estaba sencillamente perfecto. Retrocedí unos peldaños, lentamente, sin darme vuelta, de modo que si Stella llegaba a percatarse de mi presencia, bien podía pasar como que yo iba subiendo las escaleras y era una situación accidental. Mientras hacía esto, Stella se agachó para quitarse la tanga, antes de envolverse en un toallón de baño y aprestarse a tomar una ducha. Esa visión de su culo desnudo en la semipenumbra del cuarto, que habrá durado dos o tres segundos, no más, casi me mata del corazón….quedé como loco y durante toda la cena no hacía más que pensar en lo que había visto y, encima, lo relacionaba con lo que Viviana me había contado………estaba realmente sobre-excitado y mi cabeza trabajaba a toda máquina. Esa noche, como siempre, me tocó llevarla nuevamente a su casa y en el camino, antes de recoger a sus hijos, no pude más y le conté lo que me había dicho Viviana sobre su experiencia anal y que desde entonces vivía obsesionado con ello. Me jugué el todo por el todo y decidí que si fracasaba en el intento, trataría que quedara en una charla íntima entre ambos. Stella me sonrió y me dijo, muy suelta de cuerpo “¿Y debiste esperar hasta verme desnuda hoy para proponérmelo? ” Yo casi me muero, primero de sorpresa y después de la risa. De modo que la muy ladina había preparado todo, esperando que yo subiera para desnudarse!!!!!!!! Muchas veces los hombres no valoramos el coraje y la determinación de las mujeres cuando quieren obtener algo. Me había tendido una trampa y había resultado ser yo “el cazador cazado”. Detuve el auto a un costado y le estampé un beso, el cual me correspondió de igual manera, con gran pasión. Inmediatamente se separó de mí y me dijo que era tarde, que debía recoger a sus hijos e ir a la casa porque el marido (que estaba de viaje) la llamaba siempre antes de la medianoche. De modo que quedamos para vernos al día siguiente en un bar de las afueras de la ciudad, en una zona donde hay muchos albergues transitorios. No hace falta agregar que esa noche no pude conciliar el sueño y la imagen de Stella desnuda, agachada, quitándose la tanga, me volvía literalmente loco. Al día sigiuiente estuve diez minutos antes en el lugar de la cita y Stella llegó puntual, en un taxi. Como era un lugar público, nos besamos en las mejillas, como dos amigos y tomamos sendos cafés, en tanto hablábamos y nos reíamos juntos de lo que había sucedido el día anteror y mientras ella me contaba de sus frustraciones sexuales con su marido, de su fascinante pero corta aventura anal y de las fantasías que tenía conmigo por los relatos de su prima, mi esposa. Enseguida coincidimos en que no era bueno exponernos innecesariamente en un lugar público, por la condición de casados de ambos y, siendo que éramos adultos y sabiendo muy bien lo que queríamos uno del otro, decidimos ir a un hotel. Hasta ese entonces, solamente nos habíamos besado la noche anterior, pero cuando uno tiene una cierta edad y sabe muy bien lo que quiere, no necesita largos prolegómenos para llegar a la cama, basta con desearlo mucho, para hacerlo. Había llevado un pote de vaselina en la guantera de mi auto y me cuidé bien de no olvidarlo cuando llegamos a la cochera del hotel. Stella se sonrió cuando abrí la guantera y saqué la vaselina, me miró y me dijo como al pasar “previsor el hombre” Una vez adentro, Stella ni me dió tiempo a que la besara o comenzara a desnudarla. Directamente se quitó el habitual solero que llevaba, no usaba corpiño, de modo que quedó desnuda, solamente con una mínima tanga blanca y con sus sandalias de tacos altos. Se acercó amí, me rodeó el cuello con sus brazos (es bastante más alta que yo) y me besó largamente, mojándome con su saliva mis labios y dejándome con una erección inocultable. Se acostó boca arriba en la cama, de través, con la cabeza hacia uno de los laterales y las piernas hacia el otro lado. Yo me desnudé inmediatamente y me acerqué a su rostro, quedando yo mirando hacia sus piés. La besé largamente mientras ella estiraba los brazos y me tomaba la pija con las dos manos. Se apartó de mi beso para decirme “no mentía Viviana cuando decía que tienes la pija de un burro, por favor, no me vayas a lastimar, tengo poca experiencia por la colita” No te hagas problemas – le contesté – me he acostumbrado a meter este pedazo de carne en agujeritos muy pequeños………..(mentiras, muchas veces lo había intentado sin lograrlo) Dicho esto, comencé a bajar por su cuerpo, besando desde su boca, hacia los pechos que, no por chicos dejaban de ser hermosos. Sus pezones estaban duros y erectos, de tamaño pequeño y apenas un poco más oscuros que su rosada piel. Recién en ese momento reparé en su piel. Muchos hombres se fijan demasiado en las “formas” de una mujer, olvidando un detalle tan importante como es la piel femenina. Stella tenía la piel como porcelana, tan suave y lisa al tacto como pocas veces en mi vida toqué nuevamente; creo que esa piel especial de Stella me excitó más que sus curvas y formas, las que de por sí eran delgadas y hermosas. Besé su ombligo y su pubis, el cual estaba totalmente depilado; Stella no tenía ni un pelito, agregando un toque más de niña, a su, de por sí, casi adolescente físico. Me incliné más y llegué a los pliegues de la vulva y giré con ella en la cama, de modo de quedar yo abajo y ella arriba. Inmediatamente Stella recogió las piernas, para quedar “sentada sobre mí” poniéndome su concha bien sobre mi cara y se inclinó luego hacia adelante, tomando mi pija y besándola con lujuria y desesperación. Obviamente no tenía esos labios anchos, carnosos y sensuales al vicio; Stella era una experta mamadora. Primero me lamió la pija de arriba a abajo, dejándola toda mojada en su saliva, luego apoyó ambas manos abiertas sobre mi pubis, rodeando el tronco y jalando hacia abajo el prepucio y dejó la cabeza de mi verga totalmente descubierta. A partir de allí, comenzó a bajar con su boca y a salir lentamente, casi diría, deliberadamente lento. Cada vez que se la metía, llegaba más abajo y sus labios apenas me rozaban, haciéndome delirar. Finalmente, logró tragarse toda mi pija, yo no podía creerlo, además de una mujer “anal” Stella también era una “garganta profunda”. La Flaca había resultado ser un diamante en bruto al cual sólo había que pulir un poco y me tocaba a mí ser quien hiciera el trabajo fino….. Yo había dejado de lamerle la concha para mirar por un costado, sobre el espejo que estaba justo en frente de la cara de Stella, para ver cómo se metía lentamente mi pija en la boca y llegaba hasta mis pelos….había que ver ese espectáculo único ¡¡¡Qué maestría en chupar pijas tenía Stella!!! Mientras Stella seguía con su despliegue de habilidades para mamar vergas, me concentré en su concha, rosada, depilada, de labios perfectos y le metí la lengua en su canal y clítoris, mientras ya con un dedo de la mano derecha jugaba, haciendo círculos, en la puerta de su culo. Era un 69 atípico, por cuanto sabía que su placer estaba en el orificio anal y no en la concha, pero no podía perder la oportunidad de mojar mis labios en tan hermosa concha qiue se me presentaba y, además, estaba yo recibiendo una mamada sublime; tenía la pija como un palo y estaba pronto a no poder retenerme más. De modo tal que, luego de varios minutos, salí de esa posición, acosté a Stella boca abajo y coloqué una almohada debajo de su vientre, de tal forma que quedó con el culo bien abierto y levantado. Me iba a dedicar a preparar el terreno para el sexo anal, a su vez que me calmaba un poco después de su terrible mamada, pues de lo contrario, iba a terminar teniendo yo un rápido orgasmo….y eso era precisamente lo último que deseaba. Me acosté boca abajo entre las piernas de Stella, quedando sus nalgas frente a mi cara; separé cada nalga con mis manos y me hundí en ellas, dándole a su rosado y pequeño agujerito un largo y mojado beso. Luego comencé a jugar con la punta de mi lengua en su esfínter, del cual me separaba cada tanto para observarlo. Realmente Stella era, desde todo punto de vista, una mujer anal ciento por ciento.Su esfínter era apenas rosado, perfecto, sin pliegues ni rugosidades, un cono de carne que se hundía suavemente en su interior. Si hasta su forma “cónica hacia adentro” parecía una guía especialmente diseñada para guiar las pijas al interior; más perfecta no podía ser. Cuando le hube lamido, chupado, mordido, besuqueado su precioso culo e incluso, cuando se relajó y me permitió explorar con mi lengua dentro de él, procedí a introducir lentamente un dedo, mojado en sus propios jugos, mezcla de mi saliva y su flujo, que ya chorreaban por sus labios vaginales. Mi dedo mayor fue aceptado rápidamente y enseguida lo tenía todo adentro, mientras yo lo giraba como un tornillo. Stella gemiá, suspiraba y ella misma se abría las nalgas con sus manos para facilitar mi trabajo. Tomé el pote de vaselina, le pasé una abundante cantidad en el esfínter y con un dedo también le metí vaselina dentro de su culo. Mi dedo entraba y salía con gran facilidad y sin ninguna resistencia. De un dedo pasé a dos y luego de un buen rato a tres, haciendo ésto con sumo cuidado.Cuando comencé a meterle tres dedos en el culo, ya Stella gemía fuertemente, levantaba su culo, se abría más las nalgas con las manos y me apretaba los dedos con su anillo anal, haciendo un movimiento espasmódico de apretar y aflojar…obviamente estaba muy excitada y ya en el punto ideal para que yo comenzara a meterle mi verga. Me puse abundante vaselina en toda la pija, desde la cabeza hasta el tronco y volví a envaselinarle el culo a Stella por enésima vez; la idea era entrar muy profundamente sin lastimar y prolongar la cogida todo el tiempo posible. La dejé a ella en esa posición, acostada boca abajo, con una almohada debajo de su vientre y ella abrió bien sus piernas hacia los costados, de modo que la apertura de sus nalgas fuera completa y su esfínter quedara totalmente expuesto. Estiró los brazos hacia adelante, tomándose del borde de la cama, de forma tal que, vista de arriba parecía una enorme “letra Y Griega”. Más sensual y erótica su pose no podía ser, mi pija se había puesto nuevamente muy dura y parada y casi palpitaba por enterrarse en ese culo. Me puse sobre ella, apoyé la cabeza de mi pija en el agujero del culo y empujé suavemente. Con toda la vaselina que ambos teníamos puesta y todo el trabajo anterior con mis dedos, la cabeza entró fácilmente, su esfinter se había dilatado muy bien. Stella gimió, diciendome nuevamente que fuera suave. Sabía que ella tenía poca experiencia anal (apenas tres veces, según sus propios relatos) pero sabiendo que era una mujer que obtenía sus orgasmos sólo analmente, que disfrutaba enormemente de ello y habiendo visto lo maravilosamente fácil que recibió mis tres dedos en su culo……….quise ser suave, pero no exageradamente delicado. Comencé a empujar mi pija dentro de su culo, lo hice lentamente pero sin detenerme, avancé en su interior centímetro a centímetro, mientras Stella daba un largo e interminable gemido, ronco, grave, como si quisiera ahogar un tremendo grito, como si temiera ser escuchada. Cuando llegué exactamente a la parte de la mitad de mi pija, que es donde se pone más gruesa, Stella, que habitualmente era muy suave y muy femenina, levantó la cabeza, mirándome a través del espejo del frente y me dijo “hijo de puta, me estás partiendo el culo” casi gritando. Pero su rostro no era de dolor, estaba transfigurada; su habitual suavidad y delicadeza se habían transformado y ahora era una bestia hambrienta de pija que me miraba con los ojos desorbitados, enrojecidos y al decir esto dió un empujón final hacia atrás y arriba. Dio un grito que debe haber sido mezcla de dolor y placer, porque mientras gritaba roncamente, empujaba más y terminaba de meterse hasta el úlitmo de mis 22 cm dentro de su culo. Yo estaba encima de ella, tan metido entre sus nalgas como nuestras anatomías lo permitían y no me movía. Solamente empujaba hacia adentro, como queriendo estaquearla, dejarla clavada contra el colchón. Acerqué mi cara a la de ella y le dije al oído, como quien dice un secreto ¿Así querías que te cogiera? Su largo sí y el movimiento pendular que imprimió a sus caderas bastaron por respuesta. A partir de ese momento comencé a sacarla largamente, dejando casi la cabeza de la verga afuera de su culo, para meterla hasta el tronco nuevamente. Repetía este movimiento de manera lenta y deliberada, de la misma manera lenta y deliberada que Stella me había mamado al principio. Sentía esta vez no en mis dedos, sino en mi pija, los movimientos espasmódicos de cerrar y abrir el esfinter de Stella. Cuando la metía hasta el fondo se abría y cuando comezaba a sacarla lo cerraba, apretándome como una mano. Quise en un momento, instintivamente, llevar mi mano derecha hacia su clítoris y suavemente me dijo “no es necesario” ACABO POR EL CULO………………..con lo cual me concentré en sodomizarla largamente durante más de media hora continua. Le mordía la nuca y le decía obscenidades al oído, obteniendo de ella más calentura. Sus movimientos eran increíbles, manejaba sus caderas de manera magistral; rotaba la cintura y a su vez empujaba hacia atrás y arriba, Stella estaba evidenciando que era, no sólo una mujer anal, sino una adicta fanática a ser penetrada por el culo. Cuando vino su orgasmo, yo no aguantaba más (me estaba controlando pero ya no podía seguir mucho tiempo más). Sus movimientos se hicieron más rápidos y cortos, el mete saca ya parecía una máquina, me decía “así, así, así” y entonces cambió sus gemidos y grititos por un sonoro, grave e interminable grito, mientras clavaba sus uñas en la cama y arqueaba totalmente su espalda, como si por caso hubiera quedado algún milímetro de mi pija que no hubiera entrado totalmente en su culo. Allí sí, sus espasmos anales se hicieron rápidos, contínuos y me apretaban la pija como si fuera una mano. Me apreté contra ella y la tomé de los hombros, empujando todo lo que pudiera. Yo acabé entre gritos y sentía mi semen salir a chorros dentro de su culo, me daba la sensación que ese culo me absorbía, me succionaba y me llevaba hasta la última gota. No sé cuánto tiempo estuvimos así, hasta que terminamos de relajarnos. Seguía yo encima de ella y sentía cómo lentamente mi pija se iba ablandando. Cuando la saqué, salió de su culo un borbotón de semen y me quedé extasiado mirando ese esfinter, ahora todo enrojecido, abierto como una enorme boca oscura y que cada tanto hacía un movimiento de espasmo, se cerraba y al abrirse expulsaba otro poco de mi leche. Ese día no pudimos repetirlo, ella había quedado con su esfinter muy inflamado y yo, realmente, después de esa acabada, iba a necesitar un rato para reponerme, realmente había sido una cogida violenta, brutal, animal, salvaje. Con Stella fuimos amantes durante varios años, nunca se supo lo nuestro. Luego yo me separé de Viviana y me mudé de provincia. Algunas veces llamo por teléfono a la noche a Stella y nos hemos visto un par de veces más, aprovechando algún viaje furtivo mío, coincidiendo con los viajes del idiota-cornudo del marido de Stella, el que no supo aprovechar una mujer anal, un verdadero regalo del cielo. Con el tiempo conocí a otras mujeres anales, pero nunca fue lo mismo que con Stella. A los hombres que lean esto, si alguna vez se topan con una mujer anal, no la dejen escapar y a las mujeres que lo lean, si creen ser “mujeres anales” pues han sido tocadas por la varita mágica, aprovéchenlo al máximo, tendrán, seguramente, los hombres a sus piés.

Relato erotico de una diosa del sexo y como su marido la pilla infraganti, y como al final se montan un trio.

¿Qué es lo mejor que un amigo te puede regalar? aquí te propongo una alternativa… Edelmira vio como se habría la puerta de improviso y su cara mostró toda su sorpresa y temor por lo que veía: su marido estaba allí parado mirándola, a solo unos pocos metros, y ella allí, desnuda, en posición de hembra en celo. Pero esos ojos bellos color miel cambiaron de súbito a una expresión de incredulidad e incertidumbre, puesto que contrariamente a lo que ella esperaba, el hombre que la amaba la miraba con una cara lasciva y calentona. Nada de rabia, nada de despecho. Sin embargo, lo que más le desconcertó fue que marco seguía bombeándole el culo como un salvaje, impávido, sin siquiera inmutarse ante la presencia del recién llegado, meciéndole la verga hasta lugares en donde ella jamás se había imaginado que un macho la pudiese coger por allí, por esa entrada que tan poca resistencia opuso al recibir las primeras embestidas de ese falo duro y grueso.

Tampoco se habría imaginado que ese esfínter anal suyo fuera un arma de poder tan deliciosa, porque a pesar de estar en cuatro patas, con la cabeza enterrada en la almohada, el culo levantado y firmemente tomado por esas manos grandes de macho, había descubierto que de tanto en tanto podía apretar el culo y darle aún mayor resistencia a esa verga que furiosa le abría las entrañas por detrás, teniendo como respuesta un bramido de placer de ese macho que detenía su embestida y le prodigaba una frase obscena y lujuriosa, que daba cuenta de su pericia de puta con el culo. Esa sensación inicial de dolor mezclado con placer pronto se fue convirtiendo en una de sumisión y control deliciosos, y le estaba gustando mucho el juego, al punto que de su boca se escuchaban frases del tenor: “¡¡Así mi amor, no pares, rómpeme así de rico el culo, sigue…!!”.

¡¡Cómo lo estaba gozando!!, cómo la había hecho gozar ese hombre que en cada entrada de su cuerpo, había aplicado la misma fórmula de sutil seducción y obsceno desenfreno. Había terminado por vencer sus resistencias de dama, había descubierto a la caliente puta. Ante esa irresistible combinación de piel, besos, caricias y humedad, de uno en uno fueron cayendo su boca, su concha, su culo, entregándose por entero a los deseos lujuriosos de ese amante ocasional. Por esto no le sorprendió que la presencia de su marido no fuera impedimento para que ella sintiera nuevamente cómo las contracciones de su concha comenzaban a fusionarse en un mar de húmedos espasmos, y que el rictus inconfundible en su rostro fuera la señal de que ese inmenso placer la iba a envolver nuevamente.

El sudor de su cuerpo después de tan extensa sesión de sexo le había dado a ese cuerpo de hembra un brillo hermoso y sensual en la penumbra de aquella habitación, y los movimientos de su pelvis y los gemidos de su boca le entregaban una belleza única, aquella que las mujeres manifiestan solamente cuando un macho de verdad las ha sabido coger como toda dama con alma de puta sueña. Y de verdad que bella se veía cuando ese orgasmo arrebatador nuevamente la invadía en esa situación tan morbosa.

En medio de ese orgasmo salvaje que le hacía sentir la sangre palpitando en sus sienes, de ese gemido de perra cogida que se ahogaba en su garganta, de esas ganas de gritarle a todo el mundo que estaba siendo cogida como ella se merecía, de los dedos enterrados en las sábanas y los ojos color miel entrecerrados, su cara cubierta por sus bellos cabellos oscuros, inundada de semen y lujuria…. en medio de todo aquello comprendió finalmente lo que sucedía… en ese momento entendió que no era casualidad que su marido, le hubiese casi obligado a que hoy se pusiera ese pantalón blanco y tan ajustado, que caminando por la calle y escuchando toda clase de obscenidades referidas a su culo, le hacía sentirse casi como una puta.

Tampoco era casualidad la cadena de sucesos novedosos vividos hoy. Recordó la llegada a su trabajo de ese hombre que la fue a visitar por temas laborales sin importancia, y que en medio del típico café de oficina le dejo la sensación de conocerla tan bien, aún más con un par de copas que no sabe como se atrevió a aceptar después de las 6. Entendió que no era casualidad que en medio de ese baile que aceptó gustosa con el alcohol en su cabeza y un calor intenso en la entrepierna, ese hasta algunas horas extraño supiera susurrarle al oído justo lo que le encantaba oír, y la guiara en ese baile seductor, con la cadencia que toda mujer agradece, desde la pista de baile hasta una suave, prohibida y pecaminosa cama de hotel. Desde el último paso de baile hasta la alfombra de aquel cuarto no era mucho lo que recordaba, solamente sabía que estaba tan excitada y fuera de control que mucho antes de bajarse del auto ya no tenía puesta la tanga, y que su boca antes de retocar sus labios sentada al borde de la cama y su amante succionándole los jugos de su sexo, ya había gozado con intensidad el sabor a verga de macho en el camino.

No le había importado ser por una noche una puta, pero una de lujo, de aquellas que tienen la voluntad de decidir cual será el macho que la podrá gozar, fantasía que solo hoy se había atrevido a cumplir. Pero en ese instante la gloria estaba siendo completa, al mismo tiempo que sentía los ríos de placer recorriendo su cuerpo con inicio en su concha y un final quien sabe donde, aquel macho comenzaba a soltarle su néctar en chorros de placer infinitos e interminables, bufando como un macho salvaje poseyendo a la más deliciosa y prohibida hembra, en una conjunción de lujuriosos ritmos en que ambos gemían como dos animales en época de celo. El objetivo aquí no era la especie, era simple placer, de ese al que tantas veces Edelmira de había negado.

La miel de sus ojos apenas podía distinguirse en medio de esos cabellos enmarañados sobre su rostro, por la locura y el desenfreno de aquella sesión de sexo, a lo que sería necesario agregar la posición de esos amantes que aun después de ese orgasmo simultaneo e intenso, se negaban a abandonar. En los ojos de su marido esa imagen será imborrable, su mujer en cuatro patas de la misma forma como él la había tenido tantas y tantas veces, pero ahora clavada por la pija de otro macho, y nada más ni nada menos que por el culo, precisamente en ese culo con el que fantaseó tantas veces viendo como su mujercita volvía locos a los hombres, pensando en si ya otros habían tenido el placer infiel de probarlo. Tampoco es probable que pueda olvidar el rugido de ese macho cachondo cuando se estaba corriendo, ni el sonido de su pelvis chocando con fuerzas con las nalgas de Edelmira que lo recibían gustosas y abiertas, tampoco el gemido inconfundible de su mujer, señal que se estaba corriendo como poseída con ese falo clavado en sus entrañas.

Edelmira en cambio, sólo después de unos segundos interminables y exquisitos disfrutando el post orgasmo, en que le habían cogido por el culo soltándole un interminable y suculento néctar que podía sentir ahora hasta lo más profundo del ano, al mismo tiempo en que se corría con el deseo incontenible e irrefrenable de la novata y la experticia y sabiduría de la más grande y lujuriosa puta, solo después de gozar todo eso atinó a levantar la cabeza de la almohada y mirar nuevamente a su caliente y fantasioso marido. Con su voz aún entrecortada y la garganta afectada por los gritos, que le fue imposible ahogar en las sábanas en sus sucesivos orgasmos, le dijo a su marido con una mirada cómplice y morbosa:

“Eres un cabrón, tú lo preparaste todo, así me querías ver, pues aquí me tienes, mírame bien, pero déjame decirte que lo gocé, y mucho, pero aún no he terminado, acércate que es mi turno de la fantasía…”

Una sonrisa se dibujó en sus labios hinchados por el roce de esos besos tan intensos, apasionados e interminables de su amante casual. En su lengua aún sentía el sabor y la sensación de aquella exquisita presión del miembro erecto y duro pujando por llenar su boca. Jamás se imaginó antes de aceptar esa mamada que iba a ser así de larga y deliciosa, y que iba a dejar que Marco la metiera toda hasta casi no poder respirar, por tener la garganta llena de verga. Pero Edelmira aún quería más, si esta noche iba a ser una puta, quería serlo completa. Separó su culo de la verga ahora ya en reposo de marco y con una mano la comenzó a masturbar rogando por una reacción rápida, haciendo un ademán a su marido para que se acercase, a lo que este obedeció sumiso. Bajó la cremallera de su pantalón y aquella mujer tan formal en apariencia que sólo gozaba con calentar a los hombres meneando sutilmente su exquisito culo, hormado por sus pantalones tan ajustados que enloquecían a su marido, estaba a punto de cumplir la fantasía de muchas, sentir lo que dos vergas pueden hacer por el placer de un cuerpo deseoso y receptivo de una hembra como ella.

Cuando su marido sintió que su mujer comenzaba a mamársela con fuerza, como con furia, no pudo dejar de pensar en que sólo algunos minutos atrás era la verga de marco la que llenaba esa boca, que era muy probable que aún quedasen restos de semen en su lengua y que la ahora muy puta de su esposa podía sentir esa mezcla de sabores que sólo las hembras muy conocedoras de los placeres del sexo eran capaces de gozar.

Marco, al ver tal espectáculo, ya había reaccionado. Empalmado como estaba, pensó que era tiempo de devolver placer con placer… Ubicó a Edelmira cruzada en la cama para que en un extremo de ésta ella pudiese seguir con su trabajo de chuparle el tronco y lamerle los testículos a su complacido marido. El en cambio, se ubicó estratégicamente en el otro extremo abriéndole de par en par las piernas. Que vista aquella, esa concha depilada y suave, con los labios aún húmedos y enrojecidos por la cogida que él le acababa de dar, pero aún así deseosa de más. Pero lo que más le calentó fue ese hilo de leche que comenzaba a brotarle del culo a Edelmira mojando copiosamente las sábanas. Con dos de sus dedos tomó desde la fuente misma ese néctar, introduciéndolos lo más que pudo en esa vertiente de placer, y con ellos untados de ese blanco y espeso jugo la tomó de los cabellos obligándola a parar un momento con su mamada, y metiéndolos de una en su boca le dijo con voz morbosa: ¡cómelo para que tu boca sienta el placer que tu culo gozó al recibir mis chorros!. Ella, al oír esa frase que sólo a una puta un hombre sería capaz de decir, lamió esos dedos devorando con fruición ese lujurioso manjar hasta no dejar resto, y solo después de estar segura que no quedaba rastro, siguió con su mamada. Su marido ahora ya no tenía su duda inicial, ahora estaba seguro que el paladar de su mujer podía dar fe de la delicia de la mixtura de sabores de macho en la boca de una hembra así de puta.

Marco pagó su deuda devolviendo la mamada que le había prodigado rato atrás Edelmira, con la mejor comida de coño que le habían dado a esa mujer en mucho tiempo. Edelmira se volvió loca sintiendo la lengua intrusa de marco separándole los labios de la chocha, entrando con fuerza a la fuente misma de sus jugos vaginales, y ni hablar de esos labios de macho jugando con una presión exquisita en su clítoris que sentía iba a reventar de placer. Luego de unos minutos eternos no aguantó más, comenzó a gemir con la verga de su marido en su boca y sintió que un volcán de placer le iba a hacer erupción en su sexo, lo que efectivamente ocurrió, y su boca sin control fue tal la presión que ejerció en la verga de su marido que éste no pudo aguantar mas y comenzó a derramarse a borbotones en su boca. Pero Edelmira estaba fuera de control gozando ese orgasmo, sin querer separó aquella pija de sus labios y ésta estando libre comenzó a rociarle con leche el cabellos, la cara, las tetas, en lo que para ella fue una verdadera tortura de placer, porque marco en vez de detener su ritmo comenzó a comerle la chocha como si en eso se le fuera la vida, presionando su clítoris con su lengua furiosa y metiendo y sacando tres de sus dedos de su sexo en forma frenética, rozando con pericia lo que algunos llamarían su punto G.

Si el lector me permite, pasaré a continuar el relato en primera persona, en honor a aquella pareja morbosa y esa noche feliz.

Después de mi tercera corrida en esa hembra deliciosa e irresistible, supe que era el momento de partir. Si bien la ocasión ameritaba más lujuria, hay momentos en que el deseo tiene que dejar paso a la cordura y el reposo. Edelmira y su esposo yacían allí en ese lecho de hotel como dos amantes esposos después de su primera noche de luna de miel, abrazados y exhaustos. Esa diosa de culo perfecto y ojos hermosos, había tenido aquello que tanto había resistido, solo ayudada por un par de copas y la complicidad de su marido. Este en cambio, había por fin visto lo que sólo en sus fantasías más afiebradas había soñado, a su mujer convertida en la más ardiente y desenfrenada puta.

En mi caso, no olvidaré lo que un buen culo enfundado en un ajustado pantalón blanco puede provocar en un hombre como yo, aunque para serles franco, lo que espero que la vida me permita repetir, es la exquisita e irrefrenable sensación de sentir la presión del culo dilatado de una hembra como aquella, cerrándose firme de vez en cuando y a voluntad, recordándome que en el sexo, aun una hembra entregada así a mis deseos, sigue siendo una reina del placer y debe ser tratada como tal.

Mañana llamaré a mi amigo, no antes del medio día puesto que esos dos tendrán mucho placer que darse recordando lo vivido, y le agradeceré por compartir conmigo a esa diosa de mujer que tiene. Y si Edelmira aún quiere hablar conmigo, esa será la indicación de que esta historia aún no ha llegado a su fin.

El relato erotico de un tio con suerte experto en el porno que se tiro a su jefa madura.

Menuda jefa, morbosa rubia, pensé el día que me la presentaron en mi trabajo. Una madura rica que estaba para meterle los 10 dedos en su rico culo húmedo. Vaya culo y vaya tetas también, y eso que yo ya llevaba culeada a media oficina, y culeadas a dos travesties que paraban en el bar de la esquina del trabajo. Demás está decir los culos que tenían esas enedemoniadas travesties. Pero lo de mi jefa pintaba, sí, pintaba bien y para darle duro en la cama. Esa piel blanca… esos ojitos, esas tetas que guardaba bajo sus blusas de seda, redondas tetas de rendondos pezones de mujer madura que nunca habría tenido críos que se las mamaran.

Como al mes de estar trabajando allí, un día entré a la oficina y estaba muy cachonda. Primero que le subiera el cierre de la falda que quedaba en su espalda y se había trabado. Se lo subí no sin rozar los cachetes de su levantada y redonda cola. Segundo que le mirara un zapato que le parecía que se había aflojado su taco. Se lo revisé mientras le acariciaba las piernas al sujetarlas. Y luego el inesperado “por qué no me las acaricias un poco…” y se echó en el sillón dejando al aire sus hermosas tetas de hembra madura y sabrosa. Acaricie sus ricas tetas

Y empecé a acariciarlas con firmes movimientos de mis manos, y la yegua jadeaba de placer, sentía un goce profundo e inacabable. Fui y cerré la puerta de la oficina desde adentro, no fuera que algún despistado se metiera así porque sí mientras hacía uso de ese hermoso y profundo culo.

Le metí un deditoNo tardó en jalar la escueta pollera hacia arriba dejando su tanga apenas cubriendo la entrada. Corrí la tanga y empecé a jugar con mis dedos en su ardiente agujero, mientras se mecía para adelante y gemía suavemente. Se la notaba muy caliente. Le pregunté a cuántos le habría entregado su sexo dentro de la oficina, y me respondió que a varios.

No contento con mis dedos en su concha, empecé a besar su sedoso clítoris que se alzaba bien arriba.No paraba de sobarlo con mi lengua, al mismo tiempo que le tenía introducido el dedor mayor de mi mano izquierda, entrando y saliendo reiteradamente. -Pajéame así,-dijo.- Así, pajéame bien y chúpame entera.Le estaba besando el clítoris

Estuve como media hora entre sus piernas, ella mojándome los dedos y yo chupándoselos, cuando no, le puse un dedo a fondo en su rico culo que la muy morbosa pidió que me lo chupara, tras lo cual ella siguió haciendo lo mismo. Se lo llevaba hasta el fondo de su boca la depravada.

No tardó mucho en tener unos espasmos y frenar con su mano mi acción sobre su clítoris. Se puso de pie y me pidió que me sentara.

Comenzó a mamarla con entusiasmoEmpezó a mamarme con fuerza y con un entusiasmo envidiable. Creo que había estado soñando despierta toda esa mañana con un hombre a quien comerl. Y me lo estaba deglutiendo como un helado.Se la mamaba haciéndome desea más

-Así, zorra, así se mama.

-No te dejaré un gota de leche sin tragarme – respondió.Es una promesa.

-Qué placer que me daba la rica madura. Yo estaba duro con mi tronco mirando y gozando de sus lamidas, del roce de su inquieta lengua en su boca viciosa.

La arrinconé para metérsela bien adentro No podía más, y ella tampoco. De repente se paró y fue hasta el rincón llevándome de una mano, y subiendo una pierna al escritorio donde estaba la computadora, puso su sexo en dirección a mi pene, dispuesta a que la atacara sin más preámbulos y consideraciones.

Que gloriosa penetración, y que rica que lucía la muy puta, con mi verga entrando y saliendo de su calentísima cavidad. No dejaba un centímetro sin disfrutarla.

-No me tengas lástima -decía.- Golpéame hijo de puta… dámela sin asco, cabrón…

La golpeaba con fuerza, la atropellaba, pero mis ojos estaban puestos en su culo exquisito. Se lo acariciaba y pellizcaba, y ella gozaba con esos juegos de manos durante la larga penetración. Larga por el tiempo y larga por el tamaño de mi pene que no era de los chicos. Luego, estimando que aquella posición no era la mejor para romperle el culo como se lo merecía, la saqué de un tirón y la bajé de allí. Volvimos hasta el sillón y me la senté encima, para meterla en su culo inquieto y ardiente…

Se la enterré en el culo -Esto es lo que más me gusta -dijo.

Y arremetí con acelerados movimientos en su culo, entrando y saliendo por ese agujero apetecible, que no ofrecía resistencia, y cuyo tamaña hablaba de las experiencias que esa puta jefa habría tenido desde muy joven.

-Qué bien roto que lo tienes -le dije mientras se la metía sin vueltas. – Se ve que la niña no perdió el tiempo…

-Sí… me lo han hecho decenas de veces… como tú ahora… y en esta oficina también… cójeme… cójeme y no pierdas tiempo… haz tu trabajo… -respondió con tono enérgico como dando una orden. Su rostro colorado, su pelo agitado, su cuerpo transpirando y su voz que se quebraba de placer.

MI jefa morbosa culeaba como los diosesDame más, dame más, ahhhhhh, -yo le gritaba.

Y ella realizaba maravillosas proezas sobre mi miembro, cabalgando con su culo abierto, mientras un jugo copioso bajaba de su vagina excitada. Y su culo se ceñía más a medida que mi miembro se engrosaba allí dentro, producto de la feroz calentura que esa zorra me despertaba.

-Ahora voy a exprimirte los huevos… -dijo y se bajó.

Tomó mi miembro y se lo llevó a la boca para masturbarme con ella. No contenta con esto, lo soltó y se aferró a mis muslos, que acariciaba salvajemente, cuando no me clavaba sus largas uñas blancas en las carnes diciendo que así marcaba a los machos que se la hacían.

Mi morbosa jefa se tragó hasta la última gotaNo daba más, por fin exploté en su boca copisos líquidos, y ella tuvo la virtud de no dejar escapar una gota de su interior. Su lengua temblaba y daba golpes a la cabeza de mi miembro mientras la inundaba. Se la chupó toda!

Luego de saborear y tragar mi leche, dijó : ahhh, riquísima… y me mandó a trabajar con unas carpetas.

Cuando ya estaba por salir de su oficina, me pegó un chistido.

-Mañana vente temprano, a las ocho, que seguiremos la fiesta sobre el escritorio.

Al salir me recibió el coro de miradas cómplices de mis compañeros. Cuando pasé por el escritorio de su secretaria, aquella me dijo: Buen provecho… se nota que has comido bien.

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