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Relato erotico de una madre y un hijo a cada cual mas cerdo y pervertido, y es que donde esta la confianza… como se nota que se conocen de toda la vida porque saben hacerse todo tipo de caricias y juegos. Una madre que enseña a su hijo lo que realmente debe saber.

Mi nombre es Begoña y vivo en una ciudad del norte de España, cuyo nombre prefiero no decir para mantener el anonimato de mi relato. Tengo 48 años y mi físico entra dentro del standard que puede considerarse normal para una mujer de mi edad: 1,68 m. de altura, pechos más bien voluminosos, anchas caderas, culo apretado, ojos verdes y cabello castaño. Estoy casada con Carlos, de 52 años, y tenemos una hija, Cristina, de 24 años, y un hijo, Borja, de 18 años. Pertenecemos a la clase media gracias al esfuerzo de mi marido, quien se pasa casi todo el día trabajando, demasiado tiempo para mi gusto. Es, como le digo muchas veces, un verdadero adicto al trabajo. Tanto es así que sus obligaciones “maritales” las tiene bastante olvidadas por lo que muchos días tengo que autosatisfacerme a escondidas, cuando estoy sola en casa, para compensar esa falta de atención de mi esposo.

El relato que les voy a contar ocurrió este verano, cuando alquilamos una pequeña casa en la costa para pasar las vacaciones de verano. Por razones de trabajo, mi marido solo podía venir los fines de semana a estar con nosotros, y lo mismo ocurría con mi hija Cristina, que se quedó en casa porque tenía que estudiar algunas asignaturas de la universidad que le habían quedado pendientes para los exámenes de septiembre. Así pues, nos encontramos solos mi hijo Borja y yo en la casa de la playa (salvo los fines de semana) durante todo el mes de agosto. Jamás había pensado que podría ocurrir con mi hijo lo que ocurrió ese mes.

Los dos primeros días transcurrieron con normalidad, pero el tercer día las cosas cambiaron. Como consecuencia de tomar excesivamente el sol nuestra piel se había quemado bastante, lo que nos producía un cierto escozor y grandes molestias. Al llegar por la tarde a casa decidí ducharme para quitarme la sal y la arena de la playa y al terminar le pedí a mi hijo que me diera crema por la espalda.

- Si quieres, Borja, me tumbo en la cama para que puedas extenderme bien la crema por la espalda.

- Esta bien, mami, como tu prefieras. – contestó él.

Solo tenía puesta una toalla de baño, así que me giré de espaldas a él y me tumbé boca abajo en la cama, cubriéndome solamente el culo con la toalla. Borja se echó crema en las manos y comenzó un lento masaje desde el cuello. Se entretuvo bastante en mi espalda y disimuladamente trataba de sobarme la parte lateral de mis pechos que sobresalían por ambos lados al estar boca abajo. Después de unos minutos así noté que empezaba a calentarme ligeramente, pero enseguida traté de dejar mi mente en blanco porque el masajista era mi hijo y esos pensamientos no estaban bien. Llegó hasta mi culo y me preguntó:

- Mami, ¿Te importa si te quito la toalla para darte mejor la crema?.

- Esta bien, Borja, pero que no se entere nadie que me has visto desnuda. – le dije en broma.

- Vamos, mami, hoy en día cualquier mujer enseña sus nalgas en la playa con esos mini tangas que llevan y nadie se extraña. – contestó él riendo.

Comenzó a masajearme las nalgas, apretándolas fuertemente una y otra vez, lo que provocó un aumento de mi calentura. Al llegar a los muslos, abrí ligeramente las piernas para que pudiera extender mejor la crema, siendo consciente de que con este movimiento quedaría parcialmente a la vista mi raja aunque seguía tumbada boca abajo. Y no me equivoqué porque con disimulo sus manos llegaban hasta la parte alta de los muslos y me rozaba con sus largos y finos dedos el inicio de mi vagina. Con estos leves movimientos mis flujos empezaron a ir en aumento a la par que mi calentura. A pesar de que mi conciencia me decía que terminara esa situación, mi cuerpo me pedía lo contrario. Así que le dije:

- Borja, me gustaría que me extendieras la crema también por delante, si no te avergüenzas de ver a tu madre desnuda.

- Claro que no mami, tienes un cuerpo estupendo y, además, estamos solos y nadie va a enterarse.

Sus palabras terminaron de convencerme y me gire en la cama, quedando boca arriba y totalmente desnuda delante de mi hijo. Al principio él se quedó medio paralizado. Sus ojos iban de mis tetas a mi muy velludo monte de Venus.

- Oye, Borja, dime la verdad. ¿Nunca habías visto a una mujer desnuda?.

- No, en serio, contestó él.

- Bueno, pues, no pongas esa cara de asombro. – le dije cogiéndole de la mano para tranquilizarle.

- Al fin y al cabo todas las mujeres somos parecidas y alguna vez tenía que ser la primera. Aprovecharemos el masaje para darte una lección de anatomía femenina.

Le puse sus manos sobre mis pechos y no tuve que animarle mucho. Rápidamente comenzó a masajearlos y a pellizcar ligeramente mis pezones, al mismo tiempo que con sus dedos rozaba con sensuales movimientos circulares las aureolas de mis tetas. Mientras realizaba este movimiento le miraba fijamente a sus ojos, que no perdían su aire aparentemente inocente, lo que me excitaba aún más. Al llegar a mi monte de Venus abrí descaradamente con mis propias manos mi raja para explicarle como era una vagina. A su vista quedó expuesta toda mi intimidad, totalmente húmeda y de un fuerte color sonrosado, que contrastaba fuertemente con el color negro de mi zona púbica. Le cogí su mano y la llevé a mi chocho para que pudiera palpar y sentir personalmente como era el órgano femenino, explicándole como se puede dar placer a una mujer. Dejé totalmente expuesto a su vista mi clítoris, diciéndole que ese “botoncito” era el que nos permitía a las mujeres llegar al orgasmo la mayoría de las veces. Estaba realmente embobado con esa visión, y su pene, como dejaba traslucir su corto pantalón estaba a punto de estallar.

Le expliqué que las mujeres disfrutan más cuando le chupan el “botoncito”, y al mismo tiempo que empujaba su cabeza delicadamente entre mis piernas para que me lo comiera. Ya no podía aguantar más. El no opuso ninguna resistencia y empezó a lamer suavemente con la punta de su lengua mi clítoris, dándome pequeños mordisquitos, lo que me provocó un salvaje orgasmo. Eran tan fuertes mis gemidos que Borja pensó que me había lastimado. Tuve que explicarle que no eran gritos de dolor, sino de placer. Llevé otra vez su cabeza entre mis piernas para que siguiera lamiendo y experimenté una serie de continuados y maravillosos orgasmos, posiblemente los mejores de mi vida hasta ese momento. Solo pensar que era mi hijo quien me los producía me excitaba sobremanera. Después de más de cinco o seis orgasmos seguidos quedé rendida en la cama. Pero la cosa no podía quedar así porque mi hijo iba a explotar de un momento a otro. Para entonces los dos ya habíamos perdido todo recato y vergüenza.

Le dije que se desnudara y frente a mí quedo expuesta una polla como nunca había imaginado que pudiera tener un chico a su edad. Fácilmente tenía un tamaño casi el doble que la de su padre. Calculo que podría llegar a los 25 cms. de larga, por no menos de 8 cms. de ancha. Literalmente me la engullí, aunque a duras penas cabía en mi boca. Inicié una espectacular mamada, chupándole su enorme y rojo glande y recorriendo con la lengua el tronco de su polla, donde resaltaban sus potentes y jóvenes venas. No me dio mucho tiempo a disfrutarla porque en pocos minutos me di cuenta que se iba a venir y aceleré el ritmo de la masturbación con ambas manos, soltando un inmenso chorro de espeso y caliente semen que me llenó la cara, tetas y pelo, tanta cantidad como si hubieran eyaculado tres hombres a la misma vez, y con una fuerza tremenda. Nunca había visto algo así, aunque después tendría oportunidad que eso era algo habitual en él.

Quedamos los dos abrazados y tendidos en la cama, descansando, pero al poco más de media hora noté como su verga se hinchaba de nuevo. No lo pensé dos veces y la dirigí directamente a la entrada de mi vagina. Con algo de esfuerzo, debido a su gran tamaño, me la metió hasta dentro. Llenaba todo mi hueco e incluso algunos centímetros quedaban fuera. Comenzó una magnifica cabalgada que me provocó varios orgasmos más hasta que se corrió y me volvió a inundar por dentro. Ese mismo día los volvimos a hacer otras dos veces más y yo perdí la cuenta de mis innumerables orgasmos.

Desde entonces, cuando estamos solos, repetimos nuestras orgías, lo que ocurre con muchísima frecuencia

mamada brutal con piercingEsta zorra si que sabe chupar pijas y tragar leche. La tia te mira a los ojos cuando se come la polla del maromo. Lo mejor de todo es cuando se la mete entera hasta la garganta sin esfuerzo aparente, enterrando la nariz en los asquerosos pelos de la polla del novio, que solo se dedica a grabar mientras le hace mamadas brutales y correrse en su cara de puton.
Termina tragando leche como buena zorra que esta hecha, y se la deja en la boca un rato, saboreandola, antes de tragarsela toda.
Ademas, se nota que es un video porno casero.

Mamadas brutales y sexo casero.

Relato erotico que finaliza esta serie de relatos de mano de un tio con dos pivones que no paran de hacerle una mamada brutal tras otra

Cuando la chupapollas se repuso después de la fantástica corrida que había tenido vino junto a la rubia que ya estaba comiendo la polla. Yo seguía con las dos manos encadenadas a la silla, impotente. Pero encantado.

Se estaba cumpliendo una de mis grandes fantasías desde siempre. Siempre había querido que dos tías me comieran la polla a la vez. Y allí estaban dos bombones, dos tías que estaban buenísimas comiéndome la polla como dos perras.

Y allí estaba las dos. Las dos lenguas se movían y se iban desplazando con rapidez por toda mi polla. Desde mis huevos hasta mi prepucio. Me estaban comiendo la polla de una manera increíble. Pero lo que más me gustaba es cuando una de ellas se metía todo mi capullo en su boca mientras la otra me comía los huevos.

Ambas se turnaban en esta operación, se alternaban los papeles, pero yo estaba gozando muchísimo. Era una sensación increíble. Nunca había gozado tanto en mi vida.

Estaba excitadísimo con lo que me estaban haciendo. Además, ver cómo se lo habían montado antes entre ellas me había puesto muchísimo. Estaba apunto de correrme aunque quería aguantar lo máximo posible pues lo estaba pasando en grande y sabía que este sueño, por desgracia, no se repetiría siempre.

Pero era imposible aguantar mucho tiempo. Las dos bocas se movían con mucha fuerza. La lengua de la rubia en mi capullo me estaba haciendo ver las estrellas mientras que la morena comiéndome los huevos y lamiéndome la base de la polla me estaba haciendo gozar cómo un cabrón.

Mis gemidos eran cada vez más acelerados y más entrecortados y mi polla estaba cada vez más roja y más dura. Ellas parecieron adivinar lo que estaba apunto de ocurrir pues se pusieron las dos a lamerme el capullo frenéticamente. Las dos lenguas estaban lamiéndome el capullo y el frenillo.

Era demasiado para mí y no pude aguantar más. Me corrí en la boca de las dos. Mis sacudidas eran enormes y mis chorros de semen también. Ellas lo disfrutaron todo. Se besaban entre ellas con los labios y la boca llena de semen, me besaban a mí para que saboreara mi flujo.

Definitivamente estaba en el paraíso. Eran dos Diosas y me estaban haciendo descubrir las maravillas del cielo. No sé que sería lo próximo que me harían pero estaba deseando sentirlo

Relato erotico que sigue la historia del de ayer, sobre el chico con los pivones. Si el tio sigue con suerte, con dos zorras chupando su polla y sin parar de jugar las tias entre ellas para poner caliente al tio en todo momento

Llegamos al edificio de la chupapollas. Era un edificio bastante nuevo y lujoso. Se veía que la muy puta tenía dinero. Subimos por el ascensor y mi polla volvió a ponerse dura. ¿Por qué? Porque las dos tías se estaban dando el lote delante de mi cara. Se daban unos besos súper apasionados. Sus lenguas se movían con pasión, sus manos se sobaban enteras. Y yo estaba allí viéndolas, embobado, con ganas de sacarme la polla y hacerme una paja.

Llegamos a casa de la chupapollas. La rubia me llevó a una habitación dónde había una cama de matrimonio con el cabezal de forja, de hierro. Empezamos a besarnos y a sobarnos. ¡Joder, que bien besaba! ¡Era una fiera! Me mordía, me chupaba, me lamía,… ¡me estaba poniendo malo! Ella me iba poco a poco desnudando. Yo intentaba hacérselo a ella pero no me dejaba. ¿Por qué no quería que la desnudase? Pronto lo descubriría.

Cuando me bajó los pantalones y dejó mi polla al descubierto, se acuclilló delante de mí y empezó a chupármela. La chupaba aún mejor que besaba. Dios, cómo la engullía. Se la metía toda entera y una vez toda dentro meneaba la cabeza de derecha a izquierda rápidamente. Nadie me había hecho eso nunca pero me estaba gustando muchísimo.

Me estaba haciendo la mamada de mi vida cuando llegó la chupapollas con unas esposas. Casi sin darme cuenta me apresaron a una silla para que no me pudiera mover. Allí estaba yo, totalmente empalmado y sin poderme mover mientras que las dos estaban arrodilladas delante de mí chupándomela y besándose entre ellas.

Pronto de olvidaron de mi polla y empezaron a montárselo entre ellas. Se besaban, se frotaban, se sobaban,… A veces me miraban lascivamente, cómo para hacerme ver que estaban jugando conmigo. Querían que viera cómo se lo montaban entre ellas mientras yo no podía si quiera pajearme.

Se fueron desnudando poco a poco. Tenían un cuerpo espectacular. ¡Que cuerpazo! ¡Y que polla se me estaba poniendo! Estaba demasiado cachondo. Ver a estas dos putas montárselo delante de mí era demasiado.

La chupapollas tiro en la cama a la rubia, la abrió de piernas y empezó a comerle el coño. Los lametones comenzaron suaves y delicados pero pronto de tornaron fuertes y pasionales. La rubia me miraba mientras la chupapollas se lo comía aunque pronto el placer hizo que no pudiera mantener los ojos abiertos. Sus gemidos de gozo parecían inspirar a la chupapollas, que pronto introdujo un dedo en la raja de su amiga. La rubia se lo estaba pasando en grande. Estaba totalmente ida. ¡Y yo más!

La chupapollas comenzó a follar a la rubia con dos dedos. Sus embestidas eran cada vez más fuertes y los gemidos de la rubia cada vez más fuertes. Hasta que no pudo más y se fue entera. El grito de placer que soltó fue increíble. La chupapollas siguió con sus dedos, pero más dulcemente hasta que paró por completo. Ahora le tocaba a ella.

Se puso a cuatro patas y la rubia comenzó a comerle el coño y el culo. La morena me miraba y entre jadeos me decía si me estaba gustando o si tenía ganas de follármela. Yo aunque me moría de ganas, intentaba hacerme el duro y le respondía que ella tenía más ganas que yo. Que se estaba muriendo de ganas de tener mi rabo en su coño.

La rubia seguía con su faena. La lamía toda la rajita con su fenomenal lengua mientras le introducía el dedo gordo por el culo. La chupapollas parecía estar gozando pues sus gemidos de placer eran fuertes y sus movimientos de cadera eran cada vez más rápidos. Parece que quería más.

La rubia pareció notarlo pues pronto introdujo dos dedos por el coño de la amiga y empezó a follársela con fuerza. Cada embestida era más dura que la anterior, pero cada una de ellas parecía gustarle aún más que la anterior a la chupapollas. Gemía sin parar. Gritaba de gusto. Pedía más.

La rubia la azotaba en el culo con la mano que le quedaba libre y la amiga gozaba aún más. Sus gemidos y los azotes me estaban volviendo medio loco ya. Estaba deseando ser yo el que follara a esa perra. Follármela a cuatro patas y darle azotes. Y deseaba metérsela por ese culo que tenía. Había visto lo que disfrutaba cuando la rubia le metía el dedo. Yo quería que disfrutase con mi polla. Meterle toda mi polla gorda por ese culo maravilloso.

La chupapollas estaba a punto de correrse pues sus gritos eran enormes: “Así, así”, “Dame más fuerte”, “Más fuerte”…Además, agarraba la colcha de la cama con mucha fuerza y estaba totalmente desbocada. La rubia seguía con sus rápidas embestidas. La corrida fue bestial. Yo mismo vi cómo chorreaba flujo por la mano y por el brazo de la rubia.

Mientras la chupapollas gozaba y disfrutaba de su corrida la rubia me miraba a mí con cara de deseo. Creo que ahora me tocaba a mí. No sé lo que me harían pero estaba seguro que me iba a encantar.

Relato erotico de dos hermanos que no dejan de follar y de darse placer mutuo. Que bien se lo pasan los dos cabrones follando y teniendo sexo duro

Hola, mi nombre es Pedro, tengo 19 años. En casa somos 4, mi padre, mi madre, mi hermana Rosa de 27, y yo. Nosotros vivimos a las afueras de Barcelona, en un chalet de una urbanización cuyo nombre no interesa. Lo que les voy a contar es sobre mi hermana Rosa y yo. Mi hermana Rosa es una hermosa muchacha de proporciones bien definidas, vamos una ligona. Rosa estaba a punto de casarse, ya saben, esas cosas que hacen los novios de buscar piso y más. Por suerte todavía no habían preparado la boda, porque sucedió algo que cambio su destino. En cierta ocasión pilló a su novio con una amiga y cortaron para siempre. Rosa dijo que no quería saber nada mas de los hombres, que eran todos unos cerdos. Por ello ya casi no salía, pasaba mucho tiempo en casa.

Yo sabía que la vida sexual de mi hermana era muy activa, pero a partir de su ruptura freno su vida sexual, ya que casi no salía. En una ocasión llegue yo tarde a casa un sábado por lo que procuré abrir la verja despacio para no hacer ruido y despertar a mis padres, cuya habitación da a la entrada. Volteé la casa buscando la puerta y al pasar por la ventana de la habitación de mi hermana, que queda en la otra punta de la casa vi luz, así que sentí curiosidad y mire por una pequeña rendija que quedaba para ver que hacía despierta a esas horas. Vi algo que me dejo petrificado. En la cama estaba mi hermana Rosa viendo la tele. Eso no era lo extraño, sino que estaba viendo una película porno. Rosa estaba tirada en la cama en pelotas y con las piernas abiertas. Se estaba pegando una masturbada de campeonato. Mi mente no reaccionó, no así mi pene que pensó que podía ser un buen espectáculo, así que me quedé mirando su frenética actividad. Aquello era digno de toda un actriz porno, se masajeaba los pechos con frenesí para dedicarse luego a su coño. Era el coño más bonito que había visto nunca, perfectamente rasurado menos por un hilito de pelos que lo adornaban sensualmente. Estuvo un buen rato masturbándose hasta que acabó y apagó la tele y se acostó. Yo me fui inmediatamente a mi cuarto y me casqué una paja de órdago pensando en lo que vi. Sabía que estaba mal, porque era mi hermana, pero mi polla no pensaba lo mismo. Ni que decir tiene que tuve una corrida bestial, de las mayores que he tenido en mi vida.

Desde ese día no pude evitar mirar a mi hermana con otros ojos, la veía como una mujer que estaba buenísima, y no como mi hermana. No podía evitar seguir sus curvas con mi mirada, y por supuesto espiarla a escondidas cuando tomaba el sol. Para colmo lo hacia desnuda cuando mis padres no estaban, lo que me llevo en múltiples ocasiones a simular que me iba tras mis padres para luego entrar a escondidas y espiarla desde la casa. Cuantas pajas me he hecho mirándola mientras tomaba el sol. Pero la cosa no pasaba de allí.

En cierta ocasión estaba yo dedicándome a darle al manubrio cuando oigo que entra Rosa en casa. Tuve el tiempo justo para esconderme la polla y disimular ya que ella llamó a mi puerta y entró a mi cuarto para preguntarme por una duda informática sobre el correo. Pese a que no levanté sospecha me imagino que ella notó algo raro, ya que había cierto olor a polla en el ambiente, y ella como mujer experta en temas de sexo debió notar algo. El caso es que me comentó que su ordenador no arrancaba bien, que si podía hacer algo. Yo le dije que cuando tuviera un rato lo miraría.

Ese rato llegó por la tarde, estaba solo en casa y aburrido, así que decidí ir a mirar que pasaba. El problema se resolvió rápidamente, pero ya que estaba allí en su ordenador decidí mirar que tenia en él, por curiosidad. La verdad es que lo que vi me sorprendió bastante. Tenía bastantes direcciones de páginas de sexo en las que salían mujeres jóvenes como ella practicando sexo con jóvenes. Curiosamente jóvenes de unos 20 años. Tras seguir mirando su ordenador me puse a cotillear en su correo y vi que se escribía con los que practicaba cybersexo, ya saben correspondencia anónima con contenidos cachondos. En sus emails explicaba como le gustaría ser follada por jovencitos inexpertos e ir explicándoles como hacer las cosas. Se ve que este tipo de cosas la ponían cachonda. Mi polla esta que reventaba así que pensé en aliviarme y buscando un poco mas vi fotos suyas con la cara ocultada en las que les mostraba su cuerpo desnudo, incluso fotos muy subidas de tono en las que se veía claramente su coño abierto introduciéndoos un dedo, ni que decir tiene que fueron las imágenes con las que me masturbé.

Buscando mas encontré que también había fotos de los jóvenes con los que se escribía. Que cachonda la Rosa, pensé yo. Se ve que la falta de novio la hace recurrir a otros recursos. Como vi la ocasión perfecta, decidí enviarle un email desde mi ordenador simulando ser uno de ese jovencitos con los que intercambiaba emails y fotos. La respuesta no tardó en llegar pues esa noche cuando llego a casa se sentó al ordenador y a los pocos minutos llego un email a mi ordenador un mensaje de una tal, “Loba”. En él me contaba como era y que si quería intercambiar emails. Enseguida le respondí diciendo que si. Y nos enviamos un email en el que nos cambiamos una foto desnudos, con la cara ocultada, yo tuve, además, la precaución de retocar los elementos de fondo de la foto para que no pudiera identificar mi cuarto. Cual fue mi sorpresa que en la foto salía su cama en la que vi la ropa con la que terminaba de llegar. Eso significaba que justo ahora estaba desnuda, así que me vestí rápidamente y me dirigí a su cuarto para decirle que ya reparé su ordenador. Cuando toqué a la puerta me dijo que me esperara. A los pocos segundos me abrió cubierta por una bata de noche muy corta que tenía, supongo que fue lo primero que pilló. Le dije que ya estaba reparado su ordenador. Ella me dio las gracias. Cuando fui a cerrar la puerta para irme se me ocurrió decirle, “Joder Rosa, con esa bata pareces una loba”. Su cara se puso blanca por un instante. Yo para disimular le dije que era broma, que no se pusiera tan seria. Entonces recupero la sonrisa y me llamo idiota. Tras esto volví a mi ordenador y me hice una paja monumental con la foto recién enviada por ella.

Nuestros intercambios de fotos y emails continuaron durante un tiempo, hasta que un día le propuse algo fuerte. Le dije si quería que nos intercambiáramos semen y flujo vaginal. Ella acepto encantada, así que fui a correos a reservar un apartado postal para no dar la dirección. Ella por su parte ya disponía de uno. Esa misma noche me hice una paja monumental y me corrí en los calzoncillos, los cuales metí en un sobre y envié a su dirección postal. A los pocos días recibí el preciado regalo. Eran una braguitas tanga que ya conocía y que me ponían a cien. Desprendían un aroma increíble que hacía cobrar vida a mi polla. Enseguida tome unas fotos en las que restregaba mi pene sobre la parte manchada y otras en las que me corría sobre ellas. Se las mandé por email al instante y cosas de la vida, a los pocos minutos recibí unas fotos en las que ella se masturbaba frotando mis calzoncillos corridos sobre su coño. Guarde ese tanga en un lugar seguro donde nadie pudiera verlo. La verdad es que Rosa era una viciosa de cuidado. Ahora mi objetivo estaba mas claro que nunca, tenía que follármela como fuera. El problema era como.

Como medida de excitación hacia ella, cuando no estaban mis padres, comencé a pasearme en bañador cuando ella estaba en la piscina tomando el sol, utilizaba uno que tenía que me venía pequeño, siempre animando antes mi polla con unas cuantas sacudidas antes de salir de la piscina para marcar así mas paquete. Podía ver como ella miraba con disimulo mi bulto, para no ser descubierta. Era evidente pues si le gustaban los jóvenes, también debería sentir algo al verme a mí, como joven que era.

En otra ocasión que estaba ella tomando el sol le dije que se iba a quemar, que llevaba mucho rato expuesta, entonces ella me pidió que le untara bronceador. Como disfrute pasando mis manos por esa espalda. Incluso me atreví a rozar suavemente los laterales intentando tocar algo de sus senos y por supuesto su culo. Debía de encantarle porque no decía nada. Luego se dio la vuelta y me dediqué a frotar ese vientre plano, curtido por el deporte. Ni que decir tiene que acerqué mis manos a sus pechos y el borde de la braga del bikini. Estaba cachondísima, eso me decían sus pezones que desafiaban a romper la tela del bikini. Yo por supuesto que también, pues mi bulto era evidente, y ella lo notó. Esta actividad se repitió en mas de una ocasión. El caso es que la cosa no pasaba de allí hasta que un día sucedió algo inesperado. Rosa metió los calzoncillos que le mande en su cesto de la ropa, por error, y cuando mi madre hizo la colada y luego la recogió, al verlos los dejó en mi cuarto. A ella se la veía nerviosa ese día pues buscaba su trofeo y no lo encontraba. La sorpresa suya fue tremenda al ver a mi madre repartiendo la ropa y dejando en mi cama los calzoncillos, era evidente que mi madre sabía que eran míos, no así Rosa. Yo para forzar la situación no recogía la ropa que dejó mi madre en mi cama y esperé a ver que hacía ella. Esa tarde salí de mi habitación, supuestamente me iba con mis amigos, y al ver que ella entra en mi cuarto la sigo a escondidas y la veo como los toma y se los lleva.

Esa noche recibo un email suyo en el que me cuenta lo sucedido y me pide que le mande otros. Yo le respondí diciendo que le iba a mandar algo mejor. Me casqué una paja monumental con sus fotos y deposité mi corrida en un botecito que le mande a su dirección postal. El día que lo recibió me mandó unas fotos agradeciéndomelo en las que tenía mi corrida en su boca y su coño y jugaba con ella esparciéndola por todo su cuerpo. Así pues le mandé un email en el que le proponía quedar. Ella respondió diciendo que mejor no, que solo le interesaba el cybersexo, que lo demás le parecía muy fuerte. Yo le dije que eso no era fuerte, y le conté una historia inventada sobre mí en la que le relataba que me tiré a mi hermana mayor. Enseguida se despertó su curiosidad y me pidió que le contara mas cosas. Así que le dije todas las tretas que sucedieron hasta que al final supuestamente follamos. Le conté lo de ir en ropa interior por casa, lo de salir casi desnuda de la ducha para ver como reaccionaba,… en fin toda una serie de mentiras para ver si las ponía en práctica conmigo.

La verdad es que dio resultado pues a los pocos días comenzó a pasear en ropa interior por casa, cuando no estaban nuestros padres, evidentemente. Yo como sabía que lo que haría es ver mi reacción me excitaba de sobremanera dejándole ver mi bulto. Otro día me llamó desde la ducha con la excusa de que le acercara una toalla que quedaba lejos de su alcance con la excusa de no salir mojada. Al entrar la cortina de la ducha estaba medio abierta y pude ver su cuerpo. Ella me dijo que no mirara pero yo no hice mucho caso y al darle la toalla retuve unos segundos mi vista sobre su cuerpo. Se me puso dura al instante, y ella lo notó.

Al parecer la cosa funcionaba, ella estaba convencida por los emails que enviaba a mi falso yo contando los progresos de sus acercamientos con su hermano. Entonces le propuse que intentara algo mas fuerte, como pedir a su hermano que le pusiera crema en un supuesto grano del culo. Efectivamente, al día siguiente vino a mi cuarto y me dijo que tenía que pedirme un favor muy importante. Me dijo que le había salido un granito en el cachete y que ella no podía verlo, que por favor le pusiera una crema que le mandó el médico y que ella, debido a la posición del mismo no podía. Así pues yo accedí entre regañadientes para que no pensara que quería hacerlo. Se quito la falda y se tumbó en la cama boca abajo. Yo con solo ver esa braguita que traía me puse mas tieso que un árbol. La polla me reventaba. Entonces me dispuse a ello.

- Rosa no veo ningún grano.

- Si hombre, claro que lo hay busca bien, busca que está cerca del centro.

- Vale, te aparto un poco la braguita para ver si lo veo.

- Tranquilo, que no té de apuro, al fin y al cabo somos hermanos y no hay nada de malo en esto.

¿Nada de malo?. Pensé yo, yo si que té iba a hacer cosas malas, dije para mis adentros. Entre tanta manipulación le rozaba cerca del coño con mis manos, y pude ver como tenía el coño mojadito, así me lo hacía saber una pequeña mancha de flujo que se formo en su braguita.

- Pero Rosa, ten cuidado que té estas meando, dije yo para comprometerla.

- No, no. No se como dices que me estoy meando.

- Pues tienes las bragas manchadas.

- Huy, quizás sea de un descuido, cuando fui al baño antes.

Si, si, un descuido pensé yo. Lo que pasa es que esta está mas caliente que una burra. Finalmente puede ver el supuesto grano. Era una zona rojiza que se provocó ella rascando con la uña. La muy borde lo había hecho cerca de su raja.

- Venga, ya la vi, te aparto un poco más la braguita para llegar mejor.

- Vale, pero ten cuidado no la manches.

- Me parece que va a ser imposible.

- No, no, que son nuevas.

- Pues tu dirás que hacemos.

- Espera, me las quito y en paz, pero tu no te preocupes, que no té de apuro.

- No sé, no sé.

- Tranquilo hombre, siento ponerte en este compromiso pero es que el médico me dijo que no lo demorara.

- Bueno, pues vamos. Abre un poco las piernas, sino no llego.

- Vale, pero no mires donde no debes.

- Vale haré lo que pueda, pero uno no es de piedra.

- Calla marrano, tu piensa en otras cosas, no sé, en praderas, fútbol, bicis, etc…

Así pues comencé a poner cremita y lo que no era cremita, ya que en un descuido suyo, cuando no miraba tome un poco de líquido preseminal de mi polla y se lo puse sobre la zona rascada.

- Parece que casi está. Espera que me incorpore un poco que se me duerme la pierna en esta postura.

Con la excusa de incorporarme hice como que perdía el equilibrio y me dejé caer sobre ella introduciendo un dedo en su mojado coño y pegando mi crecido bulto sobre su culo.

- José, José, que haces.

- Lo siento, es que perdí el equilibrio.

Si, si me dije yo. Pero el caso es que la muy guarra no dijo nada sobre ese dedo mío en su coño.

- Levanta, rápido.

- Voy, voy, espera que es complicado, no tengo donde apoyarme. Mi mano está aprisionada por mi cuerpo.

Mientras me levantaba aproveché para frotar su clítoris con mi mano y apretar mi polla contra su culo. Rosa estaba muy mojada, y ella lo sabía.

- Perdona, perdona, pero es que perdí el equilibrio.

Al levantarse ella vio mi tremendo bulto bajo mis bermudas.

- José, pedazo de guarro, pues no te as empalmado conmigo.

- Hey, hey, para. Ya te dije que uno no es de piedra, además no fui yo el que pidió ayuda.

- Si hombre, pero mira como la tienes.

- Pues anda que tu. Mira como tengo el dedo de tus flujos.

En eso cojo y me chupo el dedo impregnado de sus flujos.

- Pero guarro, que haces.

- Nada limpiar mi dedo. Aunque el problema no es ese. ¿Quién me baja ahora esta empalmada?.

- Ah, eso es problema tuyo.

- Si, problema mío. Fuiste tú la que me lo puso así.

- Pues ya te apañaras.

- ¿Si?. Conque esas tenemos. Pues si no me la bajas tu le diré a los papas que me pediste que te pusiera crema.

- ¿No serás capaz?.

- Pon me a prueba.

Sabía que ella lo deseaba pero no quería forzar la situación. Si hubiera querido me la tiro directamente y seguro que ella hubiera estado encantada, pero el caso es que esa morbosa situación me gustaba.

- Eres un chantajista.

- Pues tú veras que haces.

- Si pero hay cosas que los hermanos no pueden hacer.

- Si, claro, como poner cremita cerca de según que zonas.

- Si, vale, pero no es lo mismo.

- Pues tanto si es como no aquí puedes ver el resultado, Dije yo señalando mi polla.

- Vale, vale. Acepto. Venga sácala.

Y sin mas me saque mi polla hinchada como una morcilla. Ella la tomó como con asco, aunque yo sabía que Rosa estaba disfrutando del momento. Comenzó a agitarla con una mano. Que rápido lo hacía, me iba a correr enseguida.

- Ajj, que asco. Avisa cuando te venga para coger un pañuelo.

- Vale, vale, pero tu sigue si no quieres que diga nada.

- Cerdo. Esta es la última que te paso.

Cuando estaba a punto de correrme no le dije nada y le disparé en la cara, barriga, coño. Todo lo que tenía visible se lo llene de leche. Ella, la muy guarrilla, no hizo nada por evitarlo aunque me dijo de todo.

- Gracias Rosa. Ahora ya puedo ducharme para salir.

- Eso, vete que no quiero saber nada de ti, so cerdo, chantajista.

Rosa se fue a su habitación y yo hice como que me iba a la ducha. Sabía que ella comenzaría a jugar con la corrida que le tiré encima, igual que hizo con la que le mandé por correo postal y me mostró en las fotos. Cuando estaba en ello me acerqué a la puerta y solo de oírla gemir se me puso tiesa. Abrí la puerta de golpe y le dije.

- Aja, lo sabía. ¿Dime quien es ahora el cerdo?. Mírate toda llena de leche y sobándote como una salida.

Ella quedó blanca, sin respuesta. Yo por contra me dije, de hoy no pasa. Me desnudé y acerque mi enhiesta polla a su boca.

- Chupa guarra, sé que lo estás deseando.

- Vale, lo confieso, me pones caliente. Trae esa polla cerdo. Te vas a enterar de esta.

- Por supuesto. Sé que te encanta, no disimules.

- Vale, para que seguir jugando. ¿Quieres sexo?. Pues lo vas a tener. Ya veremos quien puede más.

- Si, ya veremos. Chupa, chupa.

- Aggg, que polla más tiesa chavalín. Ummmm, que gusto.

- Chupa, chupa, que me voy a correr en tu boca. Te voy a llenar de semen. Sé que te gusta. O quien crees que era tu amigo del email.

- Así que eras tu, so cerdo, la verdad es que algo me olía, porque en las fotos me pareció reconocer tu habitación, pero no estaba segura.

- Deja de hablar, que te quiero follar esas tetazas que tienes tan duras. Venga calla y hazme una cubana.

La verdad es que ese lenguaje soez nos ponía a los dos.

- Que tetas, que duras. Mira cerda, mira como se entierra mi polla en ellas.

- Si, lo veo. Muévete, venga muévete y córrete sobre mí de una vez.

- Siiii, siii, me corro.

- Venga dispara en mis tetas y mi boca.

- Agghhh, siiiii, que gusto. Toma leche, toma.

- Siiii, toda para mí. Toda.

La puse perdida de semen. Y ella para variar comenzó a restregárselo por su cuerpo y a jugar con su lengua.

- Toma, zorra. Límpiame la polla con tu lengua.

- Sii, aghh, mira como la chupo. Mira.

- Chupa, chupa. Que se va levantando por momentos.

En eso que la tenía tiesa de nuevo y le digo.

- Mira lo que tienes debajo la cama.

Cuando ella se agacha para mirar le quedo el culo en pompa, así que sin avisar me situó detrás de ella y se la meto golpe en el coño.

- Aghhh, si, que bien, cerdo.

- Toma polla, toma. Dime que lo deseas.

- Si lo estaba deseando. Si empuja, empuja.

Uff, que placer ver rebotar mis huevos sobre su culo y ese ruido a sexo que producía mi polla al entrar en su prieto coño.

- Venga aprieta el coño, apriétalo, que da mas placer.

- Siiiii, me tienes loca, me vas a hacer correr enseguida.

- Siiii, me viene. ¿Dónde la quieres?

- En mi coño, en mi coño.

- Agghh, tomaaaaa, tomaaaaa.

- Siiiiiii, que gusto sentir tus chorros de placer dentro de mi cueva.

Al sacarla le comenzó a chorrear el semen por las piernas, así que lo tomé con mi mano y comencé a metérselo dentro de su coño Que coño mas mojado y chorroso. Jugué con mis dedos, mi corrida, sus flujos y su coño.

- Dámelo a probar, mete tus dedos en mi boca.

-Vale, vale, pero chupa mi polla que todavía chorrea.

- Siiii, que gusto. Como me gusta tu semen.

Tras esa sesión de sexo quedamos los dos exhaustos sobre su cama hasta que al rato nos fuimos a duchar los dos juntos. Yo enjabonaba a ella y ella lo hacía conmigo. De nuevo pude gozar de ese tacto exquisito que tenia su cuerpo y recordarle que ya no tendría que recurrir al cybersexo cuando quisiera un jovenzuelo, ya que en casa tenía uno que le daría todo el sexo que quisiera.

Relato erotico de una zorra que folla con un desconocido y acaba chupando gratis su polla.

Hola, mi nombre es Verónica hace mucho tiempo que vengo leyendo los relatos de esta página y hoy he decidido contar una fantasía con la que sueño de forma muy recurrente. Todo sucede de madrugada, estoy acostada sin poder conciliar el sueño, de repente comienza a llover y decido salir al jardín ya me que me encanta mojarme cuando llueve. Salgo y me siento en el pasto húmedo, dejo que la lluvia moje mi cuerpo completamente, haciendo que mi camisón se pegue a mi cuerpo como una segunda piel.

De repente deja de llover, comienzo a levantarme para volver a mi habitación cuando veo a un hombre mirándome del otro lado de la valla, me quedo petrificada observándole, él esta igual pero no dura mucho tiempo y empieza a caminar lentamente hacia mí, siento una mezcla de miedo y excitación que me impide moverme, finalmente el se agacha me toma de las mejillas y comienza a besarme apasionadamente, su lengua, sabia, juega con mi lengua sometiéndola a sus deseos mientras su cuerpo empieza a estirarse sobre el mío.

Comienza a meter sus manos por debajo de mi camisón, recorriendo desde mis rodillas hasta mis senos, deteniéndose en ellos al ver el placer que me provoca. Sus dedos se centran en mis pezones, pellizcándolos, mientras su boca comienza a bajar por mi cuello dando suaves besos.

Finalmente me quita el vestido y su boca se dirige a mis senos, comienza a chuparlos salvajemente, mordiéndolos con los labios y rozándolos con los dientes, empiezo a gemir sin poderlo evitar, mi cuerpo se arquea, se retuerce de placer y me doy cuenta de que él ha sacado su pene de los pantalones y lo frota en mis muslos y luego en mi vagina, que para ese entonces chorrea jugos. Entonces me acuesta boca a abajo, me besa la nuca y la espalda, mientras una de sus manos aún tortura uno de mis pezones, al llegar a mis nalgas su boca las muerde para que luego su lengua baje por una de mis nalgas hasta llegar a mi vagina, al tiempo que dos dedos se introducen en él, me muerdo los labios para aguantar los gritos de placer pero mis esfuerzos eran inútiles… gritaba sin poder soportar tanto placer, y luego de un par de minutos me acababa en un orgasmo maravilloso.

Enseguida siento que su mano pasa por mi vientre indicándome que lo levante, para quedar en cuatro patas, y su miembro comienza a penetrar mi vagina húmeda y abierta, hecho mis caderas hacia atrás para poder sentirlo mas profundamente, sus manos no paran de acariciar mis senos, empiezo a escuchar sus jadeos, sus estocadas son cada vez mas fuertes, se detiene por momentos para sacar su pene y pasarlo por toda mi rajita pero cede ante mis ruegos y vuelve a meterlo de un solo golpe haciéndome gritar de placer. Pronto comienzo escucho sus gemidos roncos y debo apoyarme muy bien sobre mis manos para que no me tire hacia adelante, esta claro se va a acabar y yo con él. Siento que el orgasmo me invade, grito como una poseída acabándome, mientras le oigo hablar por primera vez:

- Si… así… así…

Entre jadeos le digo:

- Acábate… quiero sentir tu semen dentro de mí.

Y en un segundo, me embiste con fuerza, gritando, acabándose y llenándome de su semen, que yo recibo gustosa, finalmente cae agotado sobre mi.

No puedo evitar preguntarle quien es a lo que el responde

- Ya tendremos tiempo de conocernos.

Relato erotico de un tio con suerte que no solo se encuentra a un pibon en el metro que agrada su vista sino que acaba follandosela y metiendole la polla por el culo.

Entro en el metro… atestado de gente, para no variar. Me meto en el primer vagón en el que veo un hueco libre. Estamos de enhorabuena, menudo pibón que tengo a menos de 5 centímetros. Morenaza de culo respingón. Lleva un vestido negro muy fino que deja entrever una lencería muy sexy.

El conductor parece que va más borracho que Nacho porque no deja de dar frenazos y acelerones. En uno de esos no tengo más remedio que pegar mi cuerpo junto a ella. Me siento un poco pervertido pero puesto que no lo he hecho a propósito, ni mucho menos, le digo “ups” y le sonrío con picardía. Ella sonríe y me dice que no pasa nada. Joder que cachondo que me he puesto al pegar mi polla contra su perfecto culo y más aún cuando en el siguiente frenazo pega de nuevo su culo contra mi paquete y no se separa de el. En seguida mi pene se endereza y siento que toda la sangre bombea hacia el. Dios que ganas de follarmela. Me está volviendo loco. Presiona su culo contra mi polla erecta, mi corazón late con tanta fuerza que lo debe de estar sintiendo en su espalda.

Puesto que el vagón está hasta arriba y todo a baja altura pasa desapercibido dirijo mi mano bajo el vestidito y la pongo en su coño. Yo no respondo de mis actos. Está chorreando, noto por encima del tanga que está perfectamente depilado, tan solo una línea de pelos en vertical. Empiezo a tocar su jugoso coño mientras aprieta mi polla con su mano y culo. La beso en el cuello tratando de excitarla aún más. Parece que funciona, se le escapa algún gemido. Al llegar a una parada me dice “Nos bajamos”.

Al bajarnos entablamos una divertida conversación. Como quien no quiere la cosa me ofrece ir a su casa. Acabo en un chalé en Arturo Soria. Sin preámbulos nos tiramos en el sofá y empezamos a magrearnos. No puedo más, le bajo el tanga y le empiezo a comer su sabroso coño. Que rico, me lo como todo, cada uno de sus labios, rozo su clítoris, a veces con la lengua otras con la nariz mientras meto la lengua hasta adentro.

Al rato me dice que se quiere tragar toda mi polla. Por mi encantado. Joder menuda mamada que me está haciendo, lo de que se quería tragar toda mi polla iba en serio. Como para decirle que pare.

Mientras le acaricio la espalda, los pechines y estimulo sus apetitosos pezones. Le quiero meter la polla en su caliente coño pero sigue chupándomela con ansia. Le aviso que me voy a correr, ante todo un caballero, me dice que lede de beber. Me corro en su boca. No contenta sigue chupándomela, no se como lo hace pero apenas se me baja la erección 30 segundos y me la vuelve a poner bien dura. Se levanta y se dirige a la mesa del comedor. Apoya su tronco en la mesa y me deja el culo en perfecta posición para un buen doggy. Antes de metérsela le como el coño de nuevo y viendo que su culo parece estar muy limpito me pongo guarrete y le lamo el ojete. Parece que le gusta, gime y dice “joder que gusto”. Mi polla sigue dura. Se la meto hasta el fondo de un buen empujón. Le digo “joder nena que cachonda estás!”, aunque lo de nena sobra. La meto y la saco lo máximo posible tan rápido y fuerte como puedo mientras gime y pide más. Me pide que se la meta por el culo. Se lo vuelvo a comer y le escupo dentro. Dios que apretado que está! Ahora grita, pero de puro placer.

Me grita que empuje más y más pero sin dar explicaciones me niego porque a ese ritmo me correría pronto. Le pego un par de buenos empujones y la dejo metida hasta el fondo de su culo mientras me apoyo levemente en su espalda y empiezo a masajear su clítoris con una mano y meto los dedos de la otra en su precioso coño hasta que siento como su orificio se contrae y se corre anunciándomelo segundos antes. Ahora parece que le falta el aliento, pero yo he recuperado el mió. Saco mi pene del culo y se lo meto en su chorreante coño. Me la follo como un animal que aunque no es mi estilo parece que le encanta. Le pregunto si tiene sed, vuelve a meterse mi polla en su boca y me vuelvo a correr.

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