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Relato erotico de un joven que conoce a una madura de muy buen ver, en otras palabras una zorra con un cuerpazo y un culo espectaculares. El tio no lo desaprovecha y a la primera de cambio le mete toda la polla por el culo, por el chocho, por la boca… una verdadera zorra que le encanta disfrutar del porno brutal

Tengo 19 años recién cumplidos, estudio en la universidad, y desde hace ya varios años vivo solo en un piso en Madrid. Soy del sur, de un pueblecito de la provincia de Cádiz, y mis padres viven de caseros en un gran cortijo. Este verano, sin planes, decidí darles una sorpresa y me fui a pasar con ellos unos días. Mi padre pasa el día en el campo trabajando, cuidando los animales que hay, toros bravos y caballos, y mi madre pasa el día en la casa de los señores, limpiando y haciendo de comer para ellos, llevan toda la vida trabajando para ellos, la señora de la casa, por esos días estaba sola en casa, ya que toda la demás familia estaban de vacaciones en no se donde.

Pasear por la casa era una pasada, suelos de maderas, trofeos de caza por todos sitios, biblioteca inmensa, cosa que me gustaba, pasaba mucho tiempo por allí, leyendo los libros que me parecían interesantes. Mi madre siempre me decía que tuviera mucho cuidado de no romper nada, y de no cambiar las cosas de sitio, por lo normal evitaba estar en la casa principal cuando estaban los señores en ella, o algunos de sus hijos, que además nunca me gustaba como trataban a mi madre, que parecía la criada de ellos, y eso me reventaba. La señora ronda los 50 años, y ella al contrario de los demás miembros de la familia, siempre había tratado con mucha educación a mis padres, y siempre que podía los ayudaba con dinero extra, con cosas para mi de sus hijos menores, que normalmente yo solía vender, ya que no me gustaba usar la ropa de ellos, y siempre era ropa de marca y sacaba una pasta por ellas. Además ella provenía de una familia normal del pueblo, se había quedado embarazada en su juventud y el señorito la tomó por esposa, por lo que ella sin quererlo se parecía más a nosotros que el resto, aunque con los años, tenía ese aire de superioridad característico de la gente con dinero, mucho dinero.

Un día estando en la biblioteca, la señora pasó por mi lado, sin darse cuenta de que yo estaba sentado en un sillón inmenso leyendo un libro, iba en bikini con un pareo amarrado a la cintura, no es una mujer muy alta, 1,67 o 68, tiene unos pechos que ahora visto en bikini, eran mucho más grande de lo que yo hubiera podido imaginar, no tenía barriga, estaba completamente lisa y el bikini se le metía por el canal entre sus nalgas dejando estas moverse libremente, nunca imaginé que esta mujer tuviera ese porte, su piel se notaba que no estaba tersa como la piel de una mujer joven, pero sin darme cuenta mi pene se puso duro y sin poder evitarlo, mi primera intención fue seguirla y expiarla, pero después pensé en su dormitorio y sigilosamente me dirigí a él, la puerta estaba entreabierta y con un poco de miedo y con el corazón encogido, entré. Su ropa estaba sobre la cama, sin poder evitarlo busqué su braga, y comencé a olerla, su aroma era extasiante, estaba mojada de su flujo y sin querer evitarlo me propiné una paja soltando toda mi leche sobre ella, salí de nuevo a buscarla después de haberme quedado satisfecho, la estuve espiando un rato, verla sentada sobre la tumbona y ver como se juntaba la crema por el cuerpo fue una pasada, se apartó la parte de arriba del bikini para juntarse crema por los pechos, dejándome ver sus aureolas y sus pezones negros, que resaltaban sobre la parte de sus pechos que no estaba bronceada por el sol.

Cuando sentí que mi madre se acercaba, me fui para no levantar sospechas, ya que ella tendría que pasar por donde yo estaba, me fui a nuestra casa a propinarme otra paja pensando en lo que había visto. Ese día no volví a verla, pero desde ese momento procuraba encontrármela y por supuesto encontrármela cuando tenía la polla bien dura y ella pudiera darse cuenta de mis terribles erecciones. Soltar mi leche en sus bragas se había convertido en mi pasatiempo predilecto. Que decir tiene que mis días de estancia en casa de mis padres se alargarían por lo menos, dos semanas, ya que ese sería el tiempo que la familia estaría fuera.

Una tarde que ella se estaba duchando en su cuarto de baño, me aventuré a entrar en su dormitorio, lo primero que encontré fue su pequeño bikini, y sin pensármelo me pajeé soltando mi leche caliente en él, conseguí salir justo cuando ella salía, y al cabo de un rato cual fue mi sorpresa cuando la vi aparecer en el porche de la casa llevando el bikini, yo estaba con mi madre ayudándola con unas macetas, la señora tuvo que darse cuenta de mi nerviosismo al verla, sobre todo porque yo podía ver la mancha de mi leche en la parte de debajo de su bikini y sabía que tenía haberse dado cuenta de que estaban llena de algo que no era normal, pero allí estaba con ella puesta, y marcando sus pezones en la parte de arriba, mi madre ajena a todo aquello no se daba cuenta de nada, pero la señora no dejaba de mirar el paquete que empezaba a asomar en mis calzonas.

Después de una conversación que giraba en torno a mi, de mis estudios, de mis gustos y sobre todo de que si tenía novia o no con mi madre, esta tuvo que volver a sus tareas, y la señora como no queriendo dejar escapar una ocasión de quedarse a solas conmigo, me dijo que no me fuera, que tenía algunas cosas de su hijo pequeño que me podrían servir y que me las iba a enseñar por si me gustaban y las quería, no pude rechazar la invitación que además fue muy aplaudida por mi madre que nos dejó a solas ya que ella tenía que salir a comprar unas cosas, eso quería decir que mis padres tendrían que coger el coche y ausentarse del cortijo durante al menos 3 horas. La señora no dijo nada, solo se limitó a caminar delante de mí, quitándose el pareo que llevaba puesto, dejándome ver en todo su esplendor sus nalgas moverse de un lado a otro mientras caminaba y se dirigía al cuarto de su hijo.

Entramo en el dormitorio y después de abrir el armario del hijo se sentó en un cómodo sillón a mi espalda, y me dijo que cogiera lo que quisiera de él, para probármelo, los dos somos casi iguales de edad y de estatura por lo que sus cosas me vienen que ni al pelo, me saqué la camiseta que llevaba puesta y me coloqué unas camisas, la señora no dejaba de mirarme, y abriendo las piernas varias veces me dejaba ver sus abultados labios vaginales, y como el bikini se le metía entre ellos, y sobre todo la mancha de mi leche, una de las veces pude ver por el espejo del armario, como ella se metía los dedos por dentro del bikini y seguidamente pasaba sus dedos mojados por su labios, eso me puso como una moto y sin poder evitarlo mi polla creció hasta dolerme, seguidamente me dijo que había unos pantalones que me vendrían muy bien con esas camisas y me dijo que me los pusiera, tuve que sacarlos del armario y antes de que me los pusiera, me pidió que me acercara para verme de cerca, una vez frente a ella y con los pantalones superpuestos a mis calzonas, me pidió que me los pusiera, tenía que quitarme la calzonas y quedarme en bóxer, sabía que mi polla iba a quedar en todo su esplendor y como decimos aquí, “de perdió al río”, me bajé las calzonas dejando que ella pudiera ver mi pene apretado por mi bóxer, la tenía bien grande y dura, me dolía, ella se echó hacía delante quedando muy cerca de mi abultado pene, y antes de que yo pudiera decir nada, me dijo.

- Llevas días malgastando tu leche en mis bragas, no sabes el trabajo que me cuesta sacarla de mis bragas y saborearla.

Y antes de que me diera tiempo a nada, acercó su mano y tiró de mi bóxer dejando en libertad mi pene, tiró de mi por mis caderas y se la llevo a la boca, primero paso su lengua por mi glande sacando las gotas de mi flujo preseminal que ya estaba en él, y luego me bajo el capullo para chupar todo mi glande con glotonería, sacando todo el resto de mi leche pegada a ella, para después como la que le fuera la vida en ello, metérsela en la boca con ansias, me la chupaba, metiéndosela por completo, a la vez que recorría mi polla por completo con las dos manos, chupaba todo mi tronco y se metía los huevos en la boca, tremenda paja nunca ninguna chica me había hecho, por lo que sin poder evitarlo, no tardé en correrme soltando una buena cantidad de leche en su boca, que desde luego ella no dejo escapar ni una sola gota, se relamía las comisuras y seguía chupando, hasta conseguir que de una sola vez mi polla volviera a estar igual de dura que al principio.

Cuando terminó me había dejado igual que al principio, igual de empalmado que cuando entré. Se echó para atrás y sin decir nada, colocó su culo al filo del sillón, bajo su mano hasta apartarse la parte de abajo del bikini, dejando a mi vista un tremendo coño, sus labios eran grandes, su piel estaba bronceada menos la parte que cubría su bikini, apenas tenía vellos, solo una pequeña hilera de vellos de color castaño, que dejaban paso a unos labios grandes y oscuros, se los abrió con sus dedos dejándome ver la parte interior de sus vagina, resaltando ese color rosado de su interior, me arrodillé para demostrarle que no era un principiante en la labor de lamer un buen coño, y apartando sus manos para dejarme hacer, comencé a lamer todo su borde, el aroma que desprendía se mezclaba con el sabor de mi leche pegada a su bikini, lamía y chupaba sus labios, consiguiendo sacarle gemidos que cada vez se hacían mas sonoros, hasta por fin dedicarme a lamer y chupar su inmenso clítoris, que ya estaba duro y grande, mis manos recorrían sus muslos, apretando cuando podía sus flácidas nalgas, pude notar que estaba a punto de terminar en mi boca, cuando sus gemidos se fueron haciendo más sonoros a la vez que apretaba mi cabeza con sus manos, una vez que comprobé que había terminado, ya que soltó una cantidad de flujo, que me llenó toda la boca de un rico sabor, me dediqué a meter mi lengua en su dilatado coño, y seguir bajando hasta alcanzar la entrada de su ojete, eso parecía volver a ponerla a tope, con mis manos acaricié su vientre hasta subir a sus pechos, que saqué del bikini, jugando así con sus pezones que parecían dos botones grandes y duros en medio de sus flácidas e inmensas tetas, subí mi lengua por todo su vientre, jugando con sus vellos, hasta alcanzar esas tetas, que colgaban , las mordí con furia, y eso parecía ponerla como una moto.

Parecía que le gustara que le dieran fuerte, mi polla jugaba entre sus piernas, se la coloqué entre los labios, y apreté, mirando como mi polla entraba en su gran hueco, estaba completamente lubricado, su gemido tuvo que resonar en toda la casa, pero por suerte estábamos solos, de rodillas, mi polla llegaba perfectamente, cogí sus piernas por debajo de las rodillas y se las subí para de esa manera embestirla con toda la fuerza que pude, sentía como mi polla entraba hasta lo más hondo de su ser, su interior quemaba, sentía mi polla dura como un piedra, y sentía incluso como me dolía el capullo después de dos pajas, pero no pensaba parar hasta hacerla reventar de placer, y desde luego que lo estaba consiguiendo, ella soltaba gemidos, como una loca a la vez que no paraba de decirme obscenidades que hacían que cada vez le diera más fuerte, yo no conseguía correrme, y ella estaba ya exhausta, podía ver sus tetas rojas de mis mordidas, y como sus pezones parecían que iban a estallar de tanto chupárselos. En eso ella ya no podía más y me dijo.

- Correte ya, cabrón, que me vas a dejar rota por dentro.

Por mi cabeza, pasó una idea, que nunca había conseguido realizar, darle por el culo a una tía, mi polla es bastante grande y cualquier niña joven, le da miedo, pero con la señora iba a ser diferente, se la saqué y sin darle muchas opciones conseguí darle la vuelta y colocarla a cuatro encima del sillón, me coloqué detrás de ella, y volví a embestirla con fuerza por detrás, ella gemía y seguía gritándome cosas como.

- No me la saques, dame fuerte cabrón, quiero sentir tu leche dentro de mí, rómpeme.

Abría sus nalgas con mis manos, ver su estriado agujero trasero, me estaba volviendo loco, sentir mis muslos haciendo estallar sus nalgas, me estaba llevando al límite, paré de darle fuerte, para sobar sus tetas por delante, ella apretaba su coño, para hacérmelo sentir, le dije en un susurro, que deseaba darle por detrás, a lo que ella me respondió que nunca le habían dado por ahí, que eso tenía que doler mucho, pero cuando se la saqué y busqué la entrada de su culo, no hubo impedimentos por parte de ella, así que muy despacio y jugando con su agujero, poco a poco la fui abriendo hasta tener la punta de mi polla en su gran culo, ella se mordía los labios, y con su mano se daba placer, tirando a veces de mis huevos para refregárselos por su dilatado coño, yo abría sus nalgas y metía mi polla poco a poco, sacando pequeños gritos cada vez que ella sentía más adentro mi polla, así hasta que mi polla estuvo hasta los huevos dentro de su apretado culo, la saqué por completo y la metí varias veces de una sola vez, hasta que su agujero se quedó abierto y mi polla entraba y salía sin ninguna dificultad, fue cuando agarrándola de las caderas, comencé a embestirla con toda la fuerza que pude, era una pasada verla chillar como una loca, sentir como se metía los dedos todo lo que podía en el coño, y como se chupaba ella misma los pezones, así estuve varios minutos todos los que pude aguantar antes de soltar toda mi leche en ese estrecho y caliente agujero y todo lo adentro que pude.

Los dos quedamos sudorosos, sacar mi polla de su culo, y verlo palpitar y ver como salía mi leche de él, hizo que no me pudiera contener, y sin pensármelo me abalancé a chupárselo y lamérselo, pasaba de su culo a su coño, metiendo todo lo que podía mi lengua en sus dos agujeros, ella volvió a correrse con mi boca. Y de esa manera dimos por terminada nuestra primera sesión de sexo.

Fue la primera, pero ni mucho menos la última, follamos todos los días que me quedé en la casa de mis padres, y ahora que he vuelto a Madrid, me llamó para decirme que pasaría unos días sola en la capital, y que me olvidara de mi vida social. Que me quería solo para ella.

Relato erotico sobre un hombre que se tira a su suegra y como le acaban pillando.

El padre de mi esposa, Francisco, es un hombre muy adinerado de 69 años. Yo lo conocí hace ya un lustro en un foro internacional para presidentes de empresas y por razones de piel simpatizamos enseguida a pesar de ser él 35 años mayor que yo. Creo que se impresionó por ver que a mi edad tenía los cojones suficientes como para mantener mi propia compañía, y la amistad se hizo genuina y rápida.
Al tiempo de frecuentarnos profesionalmente, conocí a su hija y me enamoré de ella. Francisco no opuso resistencia. Al fin de cuentas era evidente que la unión sería mas que algo sentimental una virtual fusión de capitales.
Un año después de mi matrimonio, su esposa falleció y un año más tarde, luego de un viaje, él anunciaba que había contraído en secreto nuevas nupcias con otra mujer, desconocida para todo su entorno familiar y 25 años menor.
Recuerdo bien esos tiempos. Mi esposa era una furia de celos, y, siendo muy moralista, estaba escandalizada.
Creo que por eso Francisco demoró en presentarla formalmente. Sin embargo, y gracias a nuestra amistad, me confesó que Sandra (ese era su nombre) había sido un gran consuelo en su vida.
Por consejo mío, accedió a presentarla en una reunión social que brindaría en su mansión junto a nuestras amistades. Yo supuse que en público mi esposa lo soportaría mejor.
Lo que no podía suponer era que el verdadero peligro era yo mismo. Y me di cuenta en cuanto vi a Sandra por primera vez.
Ella resultó ser de alta clase. Refinada, esbelta, de un rostro precioso que cuadraba perfecto a sus 45 años. Aunque su esbelto (¿ó debo decir escultural?) cuerpo parecía de 30. Mas aún cuando mi primera visión de ella fue enfundada en un vestido blanco entallado, muy escotado para poder lucir unos pechos que se adivinaban firmes y grandes, piernas de gimnasio interminables y sandalias plateadas de tacón con finísimas tiras y tacos aguja.
La vi y me enamoré. A partir de ese momento supe que mis esfuerzos solo serían para follármela.
En segundos la catalogué como a una perra sedienta de sexo. Placer que Francisco no podría darle por su avanzada edad y por su secreta afición a la bebida.
Apenas pude dominarme al darle el beso de presentación en la mejilla. Sin pensarlo, mi mano escapó de control y se posó en su espalda baja que el vestido dejaba profundamente al desnudo y casi al límite superior de su redondo culito.
Sentí que ella acusó el movimiento. Tal vez, luego de un nanosegundo de duda pensó que no era algo preocupante. Que quizás exageraba al pensar… Y simplemente me devolvió el beso al tiempo que decía a mi esposa:
“Eres mas linda de lo que tu padre cuenta. Te mereces este galán que tienes por esposo”.
Para mí eso fue un mensaje: Me había registrado y no le era indiferente.

Esa noche para mí fue muy larga. Sandra me tenía poseído con su blanca sonrisa de dientes perfectos, sus ojos celestes de muñeca y su lacio pelo rubio que caía hasta casi los hombros.
Sus pasos eran un desfile de bellísimas piernas. Acodado en la barra mi polla se endurecía con la imagen de mí mismo lamiendo sus sandalias y penetrando su culo solo tapado ante mis ojos por un finísimo hilo dental.
Francisco estaba feliz. Pero bebía en exceso. Era obvio que esa noche Sandra no tendría sexo y eso me estaba desquiciando.
Fuimos los últimos en irnos y cuando llegué a casa mi mujer recibió la mejor cogida que yo recuerde haber propinado a alguien.
Pero ni eso me calmó.
Casi no pude pegar un ojo hasta que, con mi esposa ya dormida, pude acariciar mi polla con la fantasía de poseer a Sandra.
El tiempo comenzó a pasar lentamente a partir de ese día. Todos mis pensamientos estaban destinados a Sandra.

Por razones sociales íbamos a muchos lugares juntos ambas parejas. Eventos de empresa, cenas de caridad, días de campo ó simplemente tardes en mi mansión o en la de Francisco.
En todas ellas Sandra parecía ser una modelo. No importaba que ropa luciera, si eran zapatos cerrados de alto tacón y punta metálica, ó finas sandalias altas, siempre, siempre lograba ponerme a mil. Y nunca tenía oportunidad de acercarme.
Pero esa oportunidad llegó casi sin quererlo, cuando un viaje sorpresivo alejó a Francisco de la ciudad. Tan sorpresivo fue, que solo lo pensé al salir conduciendo mi automóvil del aeropuerto donde lo había acompañado a abordar su avión.
Solo al imaginar que estaba decidido a atacar hizo que mi polla se erectara y sin darme cuenta, pocos minutos después, estacionaba mi auto dentro de la mansión de mi suegro.

Sandra se mostró sorprendida de verme a esa hora tan poco habitual. Yo sin embargo, al verla con ese ajustado traje de falda a la rodilla y zapatos blancos de tacón supe que había hecho bien en acudir.
Me invitó a pasar y me ofreció un whisky para ambos que ella misma preparó dándome la espalda y dejándome una vez mas el placer de venerar su maravillosa figura.
No pude controlarme.
Lentamente me acerqué a ella por la espalda y tomándola por la cintura empecé a besar su cuello.
Ella se sacudió y dándose vuelta sobresaltada me dijo:
“¡Que haces!???
Entonces saqué fuerzas de donde no creí tener y le conté todo lo que sentía con lujo de detalles, sin retroceder un solo paso para mantener con su cuerpo una distancia de impacto.
Sentía su aroma y mi cuerpo alcanzaba temperaturas límite.
Ella guardaba silencio, pero mirándome fijo a los ojos me dijo con voz temblorosa.
“No podemos Carlos. Esto está mal”.
¡Ella también estaba que ardía por mí!

Yo insistí atrayéndola hacia mi cuerpo mientras mis manos buscaban su culo.
“No Carlos”, repitió,”los sirvientes…vamos al cuarto”
Y me separó, tomó la botella de whisky y sin mirarme caminó hacia el ascensor con una sensualidad que jamás había yo visto en alguna mujer.

Cuando la puerta del cuarto se cerró y la tomé en mis brazos ella ya no se resistió.
Nuestras lenguas chocaron con fuerza y mis manos trataban de abarcar su cuerpo con fuerza y con pasión.
Ella desabotonaba su camisa para dejar libres sus firmes y puntudos senos.
Yo desabroché su falda y solo quedó con su tanga de hilo dental y sus zapatos blancos de tacón.
No aguantaba más. Mi polla parecía atacada por fiebre. Me tomaría mi tiempo para follarla.
Me acosté en el suelo y empecé a lamer sus pies y sus zapatos.
Ella metía sus dedos en la raja y acariciaba sus propios senos.
Me incorporé y mi polla estaba a reventar, así que la recosté en la cama y la penetré sintiendo como su vagina se transformaba en un ajustado guante para mi pija.
Solo al hacerlo ella comenzó a acabar. Y al hacerlo jadeaba en mi oído. Y me hablaba
“No sabes como deseaba esta pija dentro mío. Francisco vive borracho de frustración porque su pene ya no sirve, y vos sos el único hombre que me ronda y me ronda”.
¿Te gusta mi pija, putita?
“Si”
Comémela.
“Si”
Yo no podía creer que me la estaba follando. Tanta era mi pasión que en medio de la cogida mis ojos seguían admirándola como a una obra de arte.
Ahora que era mi amante nuestra vida se transformaría en un morbo permanente en el que tendríamos que ocultar el deseo todo el tiempo y con interminables caricias a escondidas.

Era una espléndida lamevergas. Y también una adicta al semen. Lo bebía con desesperación.
La cogí con suavidad y con furia. La hice una cualquiera. Transformé una dama de sociedad en alguien licencioso y perverso.

Ese día llegué tarde a casa. Tarde y cansado.
Al día siguiente ella llamó a mi celular al mediodía.
“Estoy esperándote”
Bastó para tomar mi tarde libre. Y follarla sobre la mesa de billar en la sala de juegos.
Se había puesto un ajustado vestido corto sin bragas, y mi debilidad: altos zapatos negros de tacón con punta de acero.
Era una puta poseída por el placer. Gateaba sobre la mesa para incitarme y yo la follaba como a una perra por su cueva y por su culo.
Nunca decía basta. Ni siquiera en los intervalos, donde bebía whisky como agua y en su borrachera aumentaba su deseo.
Al fin, cuando ya tarde tuve que partir, pude observar como la beldad que horas antes me había recibido ahora me despedía con paso tambaleante por el cansancio y el alcohol, pero sin perder un ápice de belleza.
Una verdadera puta.
Cuando Francisco regresó de su viaje nuestra libertad de movimientos se restringió.
Sandra estaba cebada. Tan en celo que la presencia de su marido solo sirvió para aumentar su audacia: Había conseguido mi verga y la conservaría.
Así que en cada oportunidad fregaba su culo en mi polla, o acariciaba mi sexo bajo la mesa de las cenas, o me invitaba a follar en baños de señoras de lugares ajenos.
Eramos presos de una locura.
En una ocasión me invitó a almorzar junto a su esposo y se aseguró que este bebiera una cantidad desacostumbrada de vino durante la comida. Tal vez hasta usó algún narcótico.
Yo notaba que Francisco cabeceaba suavemente y que sus palabras salían desarticuladas de su boca.
Sandra servía su copa con una mano y con la otra masturbaba mi polla debajo del mantel.
Cuando Francisco al fin se durmió en su sitio, ella se deslizó bajo el mantel y me propinó una mamada de antología sin dejar derramar una sola gota de semen.
Sandra era a mis ojos una reina.
Para el postre, ella estaba cabalgándome en su habitación y gimiendo sin ningún tipo de censura.
Yo acariciaba su cintura y me extasiaba con la visión de su cuerpo.
Aún la veo desnuda, solo vestida con sus zapatos de tacón y recorriendo la habitación con completo dominio de sus actos. Tal vez lo hacía adrede. Al verla mi polla siempre reaccionaba y la cosa terminaba con sexo rabioso y muy cercano a la condena eterna.

Su audacia crecía.
Primero con cierta cautela y luego con periodicidad, comenzó a concurrir a mi oficina por cualquier excusa.
Llegaba vestida como la dama que era. Y se dedicaba a comer mi polla arrodillada frente a mí.
Pero quienes han tenido amantes alguna vez, saben que lo difícil es mantener el control de las cosas para evitar un desastre. Y yo lo estaba perdiendo.
Sandra estaba totalmente loca por mi polla. Loca y desquiciada.
Cuando Francisco murió fue en parte un alivio para mí. Al menos ya no debía preocuparme por hacerlo cornudo.
Pero por otra parte ya no tuve excusas para ir a su casa. Mi esposa, que nunca había terminado de digerir del todo a Sandra, me impedía siquiera tener contacto con ella.
Y Sandra no soportó que menguara su dosis diaria de sexo.
En su locura le contó a mi esposa absolutamente toda la verdad. Incluso una parte que ni yo mismo sabía: Sandra estaba embarazada de mí.

Perdí todo. Mi esposa me quitó el fruto de todo mi trabajo de años y me prohibió judicialmente acercarme a menos de 2 km de la que había sido mi casa.

En ese contexto, dejé de ver a Sandra.
Supe mas tarde por un encuentro casual con un amigo de aquellas épocas, que Sandra no tuvo ese niño, y que, sola en la mansión heredada de Francisco, se había convertido en cortesana y dedicaba sus días a la práctica de sexo de alto nivel social. Su fama era conocida en los círculos más selectos y no había ejecutivo que se preciara de tal que no hubiese dejado dinero a cambio del placer de Sandra.

A mí ya no me importaba. Solo me importa llegar temprano a mi trabajo en el matadero municipal porque si lo pierdo quedaré en la indigencia total.

Relato erotico de un tio que se liga a una madura muy caliente tetona y que encima sabe como chupar pollas.

Hola, mi nombre es Tino, vivo en Junín de los Andes, provincia del Neuquén, tengo 27 años y quiero contarles que me encantan las mujeres maduras. Creo que debe de ser por la experiencia con que ellas cuentan, pero que no he logrado encontrar en otras más chicas que yo, es por eso que me vuelven loco.
Bueno, lo que les voy a contar me sucedió hace aproximadamente dos meses en un local bailable. Esa noche yo había salido con un amigo, compañero de trabajo, y después de estar en un par de confiterías terminamos en un boliche de unos amigos.
Ya estando allí me encontré con una amiga de mi barrio la cual me presentó a su tía que había venido de Neuquén, grande fue mi sorpresa cuando la vi, era una mujer de unos 39 años, tez blanca, pelo castaño corto, de 1,60 de altura aproximadamente, con una cola espectacular y unas tetas el doble de mejor, pero lo que mas me impactó fue su mirada (de seguro se reirán por esto) ya que tenía una mirada de “come-hombres” que mataba. Con solo verla la verga se me puso a mil.
Después de presentarnos, (ella se llamaba Ofelia) nos pusimos a bailar y a cada movimiento que dábamos trataba yo de apoyarla un poco, cosa de lo que ella se dio cuenta ya que ella también se pegaba un poco mas a mi a cada apoyada.
Luego de esto nos fuimos a tomar unos tragos y luego de charlar un rato le dije si podíamos salir afuera un momento ya que allí dentro hacía mucho calor. Accedió y salimos, caminamos un poco y llegamos hasta un paredón de una escuela y nos sentamos a charlar. La misma giraba en torno a si tenia pareja, cosa que me negó diciéndome que hacia un par de meses que “nada de nada”. Esto me ponía duro de solo pensar las ganas de coger que tendría esta mina. Luego me preguntó a mí, y le dije que yo tenía pero que tenía algunos problemas de pareja por el momento. De repente se quedó mirándome muy seria y me preguntó… “hace cuanto que no la ponés?”… yo me quedé absorto por la pregunta y le dije…desde hace una par de meses… Ella se sonrió y me dijo…creo que estamos en igualdad de condiciones… yo no aguanté mas y la tomé por la cintura, acerque mis labios a los suyos y nos fundimos en un solo beso en el que nuestras lenguas eran solo las que hablaban. Yo comencé a sobar esos hermosos pechos a lo que ella aceptó con unos suaves quejidos.
Mis manos no abarcaban por completo sus pechos eran grandísimos. Luego llevé mis manos a su cola y pude sentir la dureza de sus nalgas. Ella mientras tanto, entre gemidos, me tocaba la pija, que para ese momento estaba dura como una piedra, yo no podía creer lo que me estaba pasando. Después de un rato de franeleo le dije que nos fuéramos al fondo de la escuela, y hacia allí nos dirigimos. Una vez allí, le subí la blusa y le desabroché el corpiño, los pechos mas hermosos y grandes que vi en mi vida los tenía ante mi ahora. Los tomé entre mis manos y me lleve uno a mi boca, tenía un pezón grande el cual comencé a chupar. Ella me preguntaba entre quejidos si me gustaban sus tetas, que me les podía comer a gusto. Sus manos ya habían desabrochado mi pantalón y comenzaban a jugar con mi pija por encima de mis calzoncillos. Luego me los bajó y se agachó delante de mi engulléndose todo mi pedazo hasta las bolas. Yo gemía por el placer que esta mina me estaba dando mientras le acariciaba y exprimía sus pechos entre mis manos. Miré hacia abajo y podía ver sus ojos mirándome fijamente y moviendo su cabeza hacia atrás y adelante, haciendo ruido con su lengua sobre mi pija. Me tomaba por los cachetes del culo y me llevaba hacia ella pidiéndomela mas adentro.
Yo ya estaba por acabar y sacarla de su boca pero la muy puta me apretó de los cachetes del culo para que no se la sacara. Yo sentí un escalofrío por mi espalda y un placer extremo por lo que le descargué toda la leche en su garganta, de la que no se escapó una sola gota. Luego con su preciosa lengua me la dejó limpita.
Cuando estuve un poco repuesto ella me miró y me dijo “ahora te toca a vos darle placer a esta mamita…” y sin mas ni mas se quito los pantalones. Tenia puesta una tanguita color crema que se le metía toda en el orto, de solo verla se me puso dura de nuevo, a lo que me agaché y hundí mi cara entre sus piernas besándola a través de su ropa interior, estaba toda mojada por sus flujos de la excitación que sentía. Yo comencé a morder sus labios por encima de la tanguita y a pasar un dedo por encima de su clítoris, ella se quejaba y decía: …así, mi bebe, así, comeme toda… ayyyyyy. Yo directamente le arranque sus calzones de un tirón quedando ante una espesa mata de pelos del cual se desprendía un hermoso olor a perra en celo. Abrí sus piernas y las apoyé en un filo de la pared con lo cual su vagina quedó toda a mi disposición.
Me abalancé sobre sus labios carnosos, los cuales mordía suavemente y con lo cual ella pegaba un gritito de placer, mis dedos tocaban su clítoris arrancando los suspiros más lindos que oí en mi vida. Uno se lo empecé a meter suavemente a la vez que le chupaba el clítoris. Ella parecía una loba, se movía arriba y abajo emitiendo quejidos cada vez más fuertes, mis dedos se movían cada vez mas fuerte dentro de ella, los tenía empapados por sus jugos.
Luego tomó mis cabellos y comenzó un mete y saca con mi cabeza que yo creía que me iba a ahogar, a todo esto yo no dejaba de meter lengua y dedos. El orgasmo que tuvo, según como le contó luego, fue espectacular. Su vagina se contraía con unos espasmos espectaculares a la vez que mi cara se iba llenando de sus jugos orgásmicos. Sus gritos eran realmente fuertes, por lo que pensé que nos podrían estar escuchando, cosa que me excitó a sobremanera, me paré y con mi pija al palo se la hundí hasta el fondo. Ella pegó un grito de placer y se aferró a mi espalda comenzando un sube y baja genial, nuestros cuerpos se acoplaron perfectamente a un movimiento realmente excitante. A cada empujón mío, Ofelia gritaba que por favor no se la saque mas que se le deje toda adentro…” soy tu putita” me decía. Yo la tomaba por sus nalgas y se la hundía más al fondo. Tenía mis manos empapadas. Se movía como ninguna, mientras yo chupaba y mordía esos hermosos pechos que tenía ante mí. Nuestros gritos llenaban el silencio de la noche, ella me arañaba la espalda y me decía…”quiero que acabemos juntos, mi amor, por favor”. De repente comencé un movimiento furioso de mete y saca al saber que ya estaba por llegar. “…ahora, mi amor…” le dije y le descargue un chorro mas grande aún que el primero, ella arqueaba su espalda mientras me gritaba: “…que bien me cogiste, mi amor, me acabé toda con vos…que puta que soy…soy la mas puta de todas…” . Por mis piernas corrían nuestros jugos, a lo que ella se agachó y los comenzó a beber diciendo: “…mirá como mamita se toma toda la leche..”, luego siguió con mi pija en la que no dejo ni un rastro de nuestra aventura.
Después nos vestimos, y nos quedamos un rato mas charlando entre besos y franeleos. Me dijo que vaya a su casa en Neuquén, que vivía sola, y que allí podríamos continuar esto que habíamos comenzado, que hacía mucho tiempo que no le ocurría algo así. Luego la acompañé hasta la casa de su sobrina y allí nos despedimos. Al otro día se iba a su ciudad. Tiempo después fui a Neuquén y me fui a su casa, en ese tiempo estaba de vacaciones junto con ella su sobrina amiga mía, o la que nos había presentado, era una chica un poco gordita pero muy linda. Algo pasó con ella también (formamos un trío) pero eso se los voy a contar después de ver publicado mi relato.

Relato erotico de como un joven acaba tirandose a una madura, el mejor polvo de su vida.

Siempre me consideré un chico normal, 18 años, atractivo, estatura en la media nacional, vamos un españolito mas, con la pandilla típica de 10 colegas. Allí estaba yo, sentado en aquél autobus atestado de gente. Si soy sincero los autobuses son una de mis mayores pasiones, observar a cada mujer que entra de arriba a abajo, ver como cruzan las piernas evitando mostrar sus tesoros pero incitando a los ojos indiscretos a mirar.
En esa búsqueda mis ojos encontraron algo deslumbrante tal vez la mujer mas atractiva que jamás habia visto, emanaba sensualidad por todas partes. Vestía una chaqueta azul sobre los hombros, una blusa color crema, amplia que dejaba constancia de la gran fuente de placer que se encontraba alli, la falda a juego con la chaqueta le quedaba bien ceñida. Sus piernas modeladas con unas medias blancas se cruzaron, aquello fue un resplandor que cegó mis ojos por unos instantes. Trás esto me fije en su pelo, media melena color cobrizo, sus ojos castaños como un atardecer manchego, al fin llegué a su boca, labios gruesos y carnosos, una boca ideal para besar.
Mientras trataba de calcular la edad que debía de tener me percaté de que me miraba, el corazón me dio un vuelco, el estómago se me puso del revés y las palmas de las manos me empezaron a sudar, justo en ese momento le guiñé un ojo, fue un acto reflejo, jamás lo habria hecho conscientemente, ella lo vio y giró la cabeza hacia otro lado.
Suspiré, el agobio iba desapareciendo. Volvi a examinarla exhaustivamente, debía de rondar los 40 años, esa mujer me atraía poderosamente, mi polla se había enamorado de ella, empezaba a crecer cuando volvió a mirarme, esta vez le aguanté la mirada, me gustaba este juego, ella comenzó a jugar con su anillo, un anillo dorado en el que entraba y salia repetidamente su dedo. Aquello era demasiado para mi calenturienta mente, mis vaqueros ya no permitían expandirse mas a mi otro yo.
Subitamente se levantó, se dirigía a la puerta de salida, no había duda de que se disponía a bajar en la siguiente parada, a mi todavía me quedaban 10 minutos de autobus hasta el instituto. El autobus paró, las puertas se abrieron ruidosamente, bajaba lentamente por las escaleras, mis ojos ni se separaban de sus caderas. El autobus cerró las puertas, ella se alejaba, de repente una voz gritó – “Un momento”¸ – al chofer; ¡coño¸ era la mia!, las puertas se volvieron a abrir mientras corría hacia ella.
Estaba claro que esa tarde mi bajo vientre dominaba mi ser. Una sensación de angustia se apoderaba de mi, no la veía por ninguna parte. Me asomé a una esquina y conseguí verla, ¡eso si que era andar!. Sus anchas caderas se mecían provocativamente, yo hubiera pagado cualquier precio por ver ese culo sin ropa alguna. Decidí a seguirla, no tenía nada que perder. Me mantenía a cierta distancia lo suficientemente lejos como para no ser muy descarado pero lo más cerca posible para poder jugar a adivinar que ropa interior llevaba, fina lencería blanca, todo un lujoso juego de satén, mi mente se desbordaba, tal era la excitación que podia notar como había manchado un poco los calzoncillos.
Seguíamos andando los dos, ella no se había vuelto en ningun momento a mirar. Se paró a mirar un escaparate, yo torpemente intenté disimular atándome los cordones de los zapatos, disimuladamente seguía fijándome en su redondo y hermoso culo. Acto seguido entró en un supermercado contiguo a la tienda del escaparate que había estado mirando.
Decidí esperar en un bar que estaba enfrente y desde el que podía ver perfectamente la salida del supermercado. Pasado un buen rato salió cargada de bolsas, iba que casi no podía con ellas, parecía como si estuviese pidiendo a gritos que me acercara y le ayudase. Yo no lo pensé mas me dirigí hacia ella todo lo seguro de mi mismo que en ese momento fui capaz, paso firme, erguido, mirada al frente, intentando aparentar todo lo que no era en la rutina diaria. Por fin llegué, me situé tras de ella, y le dije:
- ¿Necesita ayuda? -con la voz mas educada que jamás ha salido de mi boca.
- Sí, gracias. – respondió – Vivo aquí al lado, pero con tantas bolsas no puedo. -cotinuo hablando.
Yo me limité a coger todas las bolsas que pude, estaba embobado por ese par de olas que la naturaleza le había dado, ella disfrutaba la muy zorra al verme que no paraba de observarla lascivamente. Caminabamos los dos juntos, uno al lado del otro, yo de reojo seguía el ir y venir de su pezones marcados en la blusa color crema. Pronto llegamos a un portal, abrió y me dijo que subiese para tomar algo y refrescarme. Nos dirigimos al ascensor, entramos y ella presionó el número 6, había en total 8 pisos. Mi polla parecía decirme que me la follase alli mismo que el lugar era lo de menos y que si ella no quería tan solo era algo circunstancial, conseguí sobreponerme a mis mas oscuros pensamientos, pero dentro de mi aun albergaba la esperanza de pasar toda un rato de placer y lujuria con una cuarentona que emanaba sexualidad por cada poro.
Introdujo la llave, la mía estaba lista para meterla en la cerradura de su entrepierna. Empujo la puerta, soltó las dos bolsas que llevaba y grito ¡Juliánn, cariñoooo! En mi mente desapareció la idea de sexo y lujuria, estaba casada y su marido estaba en casa. Por el pasillo apareció el tal Julián, parecia un hombre afable, me había visto, pero traía una sonrisa de oreja a oreja.
-Hola, chaval -dijo- Gracias por ayudar a mi mujer, me has ahorrado tener que bajar a ayudarla. Pasa y tomate una cerveza.
- Gracias -fue lo único que mi boca pudo balbucear.
Ella me condujo hasta la cocina y me dijo que cogiese lo que quisiera del frigorífico, dio media vuelta y se fue camino de la entradita. Por lo que pude escuchar, “Julián” tenía que irse, llevar unos planos a una constructora. Antes de salir, asomó la cabeza por la puerta de la cocina y se despidió amablemente con la misma sonrisa que antes. Ya había apurado la cerveza, me disponía a salir, pero antes decidí despedirme ya que ella no había tenido la delicadeza de acompañarme en la cocina.
-Señora, señora – decía mientras salía de la cocina camino de la entradita.
- Si, aquí estoy – sonó a lo lejos su voz. Segui andando por el pasillo buscándola.
- ¿Dónde? – grité yo, aquello era absurdo y tenía ganas de irme, entré en el primer cuarto, de donde parecía provenir su voz.
Asomé la cabeza y cuando me disponía a decirle que me marchaba la vi, estaba de pie, se había quitado la chaqueta, en la blusa se podia ver el relieve de los pezones. Mi polla renació, con voz extremedamente melódica dijo que me iba a dar una propina. Yo no abrí la boca tan solo me limité a mirar como cogía su bolso, de ahí sacó el monedero. Se acercó a mi estábamos a un metro de distancia, abrió el monedero, introdujo su mano, yo esperaba los veinte duros, pero lo que de allí salió no era moneda de curso legal.
Aquello era un condón, me cogió por los hombros me llevó hasta la cama y allí me sentó. Con mucha suavidad empezó a desabrochar los botones de mi pantalón vaquero dejando libre por fin a algo que últimamente había dominado mis actos. Con sus suaves manos acariciaba mi ya erecto pene, la punta de su lengua se paseaba por mi glande haciéndome estremecer de palcer.
Mis manos se fueron en busca de sus pechos. Le quité la blusa, ella seguía chupándomela muy suavemente para que no me corriese. El placer era inmenso, eso sí que era sexo en estado puro. Le indiqué que se levantase, que me dejase hacer ahora a mi, ella se tumbo en la cama, Yo ya estaba desnudo y me tocaba terminar de desnudarla a ella, le quité el sujetador, tenía delante de mi esos pezones con los que tanto me había excitado antes, mis dedos daban vueltas a su alrededor, luego era mi lengua la que lo hacía.
Aun tenía la falda azul puesta. Mi boca se cebo en su pezón derecho, eran grandes muy grandes, sentir aquello en mi boca nublaba mi mente, no hubiese parado nunca si ella no me hubiese dejado entrever que quería que bajase mas por su cuerpo. La giré y la puse bocabajo, bajé la cremallera de su falda y se la quité, ante mi quedó aquel hermoso culo, culo que ese día sería mio. No pude evitar manosearlo, aquel culo que había sido protagonista de mis mas húmedos sueños lo tenía delante de mi, moviéndose lascivamente pidiendo caña. Mi mano pasó hacia su coño, acariciaba su depilada mata de pelo, un suave ir y venir, yo notaba como se iba poniendo húmeda, cada vez movía mas su caderas, se estaba poniendo caliente, y yo necesitaba meter mi polla en su cueva.
Paró de moverse, se volvió, su lengua ascendia rozandome la piel del pecho, llegó hasta mi oreja y me susurro..
- Montame, quiero que seas mi jinete particular. Mi culo te llama.
Acto seguido, se puso a cuatro patas, culo en pompa, aquella imagen era impresionante ese gran culo delante de mi polla, podia ser su clitori húmedo y caliente, su pelo púbico delicadamente depilado y al fondo sus grandes tetas apuntando al centro de la tierra.
Encorvó un poco la espalda, mostrando aún más su abertura, agarré mi polla como un torero dispuesto a entrar a matar. La situé justo delante, pase mis dedos por sus labios mayores, y con su flujo impregné mi espada. Poco a poco la iba metiendo, ella levantó su cabeza, la estrechez hacía que fuese con cuidado, lo que sentía era una mezcla de placer, gusto y poder. Cada vez se la metía mas rapidamente, la agarré por las caderas, mi respiración se alteraba, ella jadeaba, yo seguía metiéndosela cada vez más bruscamente, era mía, yo era quien mandaba, a ella le gustaba, una de sus manos estaba en su clítoris, frotándolo repetidamente. Mi polla entraba y salía cada vez mas rápido, ella gritaba, yo notaba como el primer chorro de semen iba por mi polla, intentaba retenerlo, haciéndolo mas duradero y disfrutar más del placer que aquél culo me proporcionaba, ella se retorcíaa de placer, yo estaba a punto ya, iba a explotar saqué mi espada y el semen encontró la salida, me corrí encima suya…
Se dio la vuelta y cogió mi polla y se la introdujo otra vez en la boca, su calidez y suavidad contrastaba con la estrechez de su culo, el placer que sentía con mi polla en su boca era inmenso, mis manos estaban acariciando sus labios internos, rosados, calientes y mojados. Había sido la follada de mi vida, con una mujer de la que ni tan siquiera sabía el nombre, eso no importaba. Me dio un beso en la comisura de los labios, y se fue al cuarto de baño, me mostró el camino al otro. Me vestí, y lave un poco. Ella se ducho, estuve esperándola un rato, salió con un albornoz rosa, con el pelo mojado, seguía igual de espléndida, se quitó el albornoz, quedó completamente desnuda ante mi. Se puso las delicadas bragas, el sujetador, terminó de vestirse. Yo me despedí y me fui de aquella casa. En mi mente se mezclaban los pensamientos, los recuerdos, volví a coger varias semanas el mismo autobus a la misma hora, pero no me la volví a encotrar, quizás mejor asi. Aquél fue el mejor polvo que eché nunca, con una mujer que no conocía, el polvo con la mujer madura.

Relato erotico de un hombre casado que le empiezan a poner cachondo las mujeres de 50 o 60 años y le es infiel a su mujer con su suegra!!!

Por alguna razón mi morbosidad ha aumentado en los últimos años, y las mujeres de 50 a 60 se convirtieron en objeto de mi deseo. Si alguien me hubiese dicho a los veinte años que esto me sucedería, hubiese imaginado que ese tío estaría loco. Pero no, tenía toda la razón. Las mujeres más maduras tienen además de un atractivo muy fuerte ciertas ventajas fundamentales sobre las más jovenes. Primero: no menstruan, con lo cual uno se saca de encima un problema con el que se encuentra todos los meses cuando tiene ganas de hacer lo que se debe hacer. Consecuentemente con ello, tampoco quedan embarazadas. Y una segunda condición que es tan importante como la anterior: se trata que las mujeres a avanzada edad ya han pasado por todos los estadíos del deseo de los hombres, han mamado abundantemente, han sido bastante culeadas, no hacen agua cuando les dicen cosas en la calle. Conocen todos los secretos… y los tienen callados. No como las jóvenes que se regozijan de saber lo que no saben aún. Y más todavía… echan unas caderas de yeguas que las hace muy deseables para montarlas en cuatro patas, y no hacen asco al sexo en todas sus formas, incluído el anal.Y son presa de brutales calenturas de las que no tienen como zafar.

Uno empieza por ponerles la mano entre las piernas como al pasar, estando ellas en la cocina por ejemplo, y sólo te mirarán a los ojos con cara de sorpresa y te dirán: esto no me lo esperaba. A lo que uno responde:yo tampoco, pero me han venido unas ganas… Así que estando la mano allí, y ellas no haciendo gran cosa por sacarlas, uno puede rematar: bueno, es hora de que nos hagamos un favor mutuo.

El siguiente paso es, bueno… el siguiente paso es esta historia.Nos habíamos ido de vacaciones con mi mujer, mi hija y mi suegra. Estábamos pasándola muy bien, íbamos a la playa, salíamos al cine, al teatro, a comer afuera los cuatro.Y una noche mi esposa y mi hija decidieron ir a ver un espectáculo al que yo desistí porque no me interesaba. Casualmente, mi suegra Raquel tampoco fue.

SE sabía atractiva la zorra Estando solo comprobé que ella llevaba cerca de una hora en el baño, y constaté que había dejado la puerta entreabierta. Preso de la calentura de las nueve de la noche, que es siempre posterior a la calentura de las ocho, y anterior a la de las diez de la noche, fui a espiarla. Estaba terminando de maquillarse, y lucía una lencería muy apropiada para llevar a la cama a una decena de hombres juntos.

Pensando que estando yo en el apartamento no se atrevería a hacer entrar a algún amante o amigo, de los que seguramente habría de tener, y no habiendo ningún hombre más que yo en los alrededores, supuse que el destinatario de tanto preparativo debía ser yo mismo. Detrás de la puerta, mientras pensaba en ello, comenzó a pararse mi miembro, como de costumbre desobedeciendo mis precisas instrucciones de calmarse un poco alguna vez en su vida. Eché otro vistazo al interior del baño, esta vez tratando de ver algo más de sus cualidades físicas ocultas. Y cuernos, menudo culo que lucía la zorra.

Un culo monumentalYa a esa altura me dominaba un deseo lujurios de entrar allí y tomarla de pie, con fuerza y sin preámbulos. Pero como no sabía cuales eran los planes de ella, me mentuve cauto y a la espera de su próximo movimiento. Todo indicaba por su uniforme de puta, por el maquillaje, el peinado, sus altos tacos, que no eran necesarios para su rol de suegra o abuela, que un plan secreto lujurioso estaba en camino. Me faltaba saber con quien. Eché otra mirada y comprobé que ya se exhibía frente al espejo con desparpajo, casi se podría decir que sabría que alguien estaba posando su mirada en ella.

SE exhibía como una puta Se la veía recaliente. Como nunca antes había tenido oportunidad de verla. Tal era la postura que tenía, con los brazos en jarras, ostentando sus tetas y apretando su culo enorme de blancas nalgas con una tanga negra metida allí.

Para mi sorpresa dijo: Carlos, entra, ya sé que estás ahí. No te hagas el sorprendido… ven y consuela a Raquel.

Diablos, dije yo, parece que este apartamento se convertirá en una moderna Sodoma. Y a mi juego me llamaron, así que entré. No bien estuve dentro se me acercó y me dijo: No sabes que a esta edad las mujeres adivinamos lo que desean los hombres y de qué manera lo desean! O te olvidas que yo enviudé dos veces. Y me estampó un beso de lengua que me erizó hasta los pelos de la nuca y de la espalda. No podía creerlo, en minutos más estaría cojiéndome a la zorra de mi suegra y conocería sus secretos y desenfrenados placeres. Se agachó, luciendo su cuerpo, pues sabría que estaba buena, me abrió el cierre del pantalón y empezó a mamarla con un entusiasmo y artesanal oficio, que yo hasta esa noche aún no había

Me daba una flor de mamada Se veía que tenía años de experiencia, que nunca se habría quedado una noche sin su porción de hombre. Su boca me recorrió completamente el pene, sin dejar centímetro sin pasar su lengua o su saliva. No sólo supe de la dulzura glotona de sus labios sino de su profunda garganta húmeda, casi sin fondo. Creo que estuve allí adentro por más de media hora, gimiendo y expulsando algunos líquidos que ella me reprochaba cada tando diciendo: estás tirando algo, bebé.

Pero no paraba, seguía en su juego cachondo y cada tanto me relataba algo como: hacía tiempo que veía que me mirabas el culo, cada tando te veía pasar por el dormitorio con los ojos bien abiertos tratando de sorprenderme desnuda. Yo no nací ayer, todavía estás tierno…

Precalentando con su juguete Minutos más tarde me condujo hacia su dormitorio y me dijo, antes de montarme quiero que veas como me masturbo, cuál es el juguete favorito cuando estoy sola por las noches y a veces por las tardes. Es una pequeña delicia que compré en un sexshop y que siempre llevo en la cartera para cuando me agarran las calenturas de mi edad.

Y sacó un consolador de metal y se frotó impunementes delante mío hasta que por fin decidió enterrárselo y gemir como una puta. Yo que no daba más la tomé por un brazo y le dije: zorra ponte en cuatro que te parto, no sea que llegue la maldita hora del regreso de tu hija, y no hayamos completado nuestra encamada. Y obedeció sumisa para que se la enterrara entera, completa y sin que sufriera sobresalto alguno.

Qué gruesa la tienes, yerno. Perdí el tiempo no haciéndolo antes contigo. Y yo que la metía y la sacaba a todo vapor, a toda máquina, frotando frenéticamente las paredes de su concha, mostrándole que clase de alegrías podría yo brindarle desde allí en adelante. Porque claro, uno con una suegra nunca quiere quedar mal… menos en la cama…

Lista para ser montada Quedó enteramente a mi disposición, gimiendo y moviendo sus anchas caderas, cuyo culo era una atracción más que placentera, obligando a mi imaginación a pensar en culearla no bien su concha de labios gruesos la hubiese comido lo suficiente. Y la zorra no paraba de echarse contra mi pelvis, mandándolo al fondo de su vagina jugosa y caliente, que al igual que su boca parecía no tener fondo…

Gime mientras la culeo Tenía una rara habilidad, comprimía sus gruesos labios que amordazaban el miembro estrangulándolo en el tronco y produciendome un placer infernal. Gritaba, sí, yo gritaba y ella también. Me pedía que la rompiera toda… no me perdones, dame todo y por todos lados… hazme tu puta… quiere que veas lo puta que soy… que te voy a comer como me he comido a decenas de hombres en mi vida… hasta sacarles la última gota… ahhhhhh ahhhhh ahhhh… y no paraba de moverse en sacudidas frenéticas, como electrizada.

Culeada colosal a mi suegra

Cerraba los ojos mientras la movia Cómetela toda putita.

Y ella que sí, soy una puta, me la como toda, sácamela por la boca, degenerado cabrón hijo de mil putas… rómpene toda… cuéntale a todos tus amigos cómo te follas a tu puta suegra por el culo… ! … y tráeme algunos machos más, para que me llenen entera y yo les beba sus jugos!

Y llegó el paradisíaco momento del orgasmo, ella lo recibió todo, mi semen caía por sus nalgas, tenía una eyaculación de la que no tuve otra semejante. Mi miembro completamente en su culo, abrazado por su carne caliente, sujetado por su grueso esfínter de una manera que me extrajo hasta la última gota como si me lo exprimiera con toda su alma.

No conforme completamente, se echó el la cama y me sorbió el último trago con su boca. Y algunas gotas más cayeron de mi miebro a sus pechos, y quedó así lamiendo embelesada la miel de su potro al que había agotado.

La zorra de mi suegra se bebía mi leche Bienvenido al mundo de los infieles -dijo. Guardó el consolador en su mesa de luz y remató: a partir de hoy serás mi nuevo consolador. Entrénate bien con mi hija, hoy te he perdonado, pero la próxima vez que que te agarre juro que me subo encima y te parto! Y yo Juro que jamás gozé tan salvajemente, al punto de estar esperando ansioso cada nueva vez para montarla como se debe. Para todos aquellos que creen que las viejas no… que su libido se fue, duerme o se mudó a otra ciudad, echen a su mujer, tírenla por el balcón y montense a su suegra. Sacarán chispas en la cama, habrá fuegos artificiales durante el orgasmo. Nunca habrán comido mejor manjar ni serán mejor servidos. Suegras a estar listas debidamente con su más sexy lencería, porque después de este cuento no quedará una en la tierra sin probar su tajada de yerno. Y si alguna no se atreve con su yerno, por verguenza o por lo que sea, bueno, voy a estar yo,ya saben como contactarme.

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