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Si te gustan las buenas mamadas, si te gusta ver gente chupando tetas, o incluso mamando tetas enormes, has llegado al paraiso del sexo con boca y mas…

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Relato erotico sobre un hombre que se tira a su suegra y como le acaban pillando.

El padre de mi esposa, Francisco, es un hombre muy adinerado de 69 años. Yo lo conocí hace ya un lustro en un foro internacional para presidentes de empresas y por razones de piel simpatizamos enseguida a pesar de ser él 35 años mayor que yo. Creo que se impresionó por ver que a mi edad tenía los cojones suficientes como para mantener mi propia compañía, y la amistad se hizo genuina y rápida.
Al tiempo de frecuentarnos profesionalmente, conocí a su hija y me enamoré de ella. Francisco no opuso resistencia. Al fin de cuentas era evidente que la unión sería mas que algo sentimental una virtual fusión de capitales.
Un año después de mi matrimonio, su esposa falleció y un año más tarde, luego de un viaje, él anunciaba que había contraído en secreto nuevas nupcias con otra mujer, desconocida para todo su entorno familiar y 25 años menor.
Recuerdo bien esos tiempos. Mi esposa era una furia de celos, y, siendo muy moralista, estaba escandalizada.
Creo que por eso Francisco demoró en presentarla formalmente. Sin embargo, y gracias a nuestra amistad, me confesó que Sandra (ese era su nombre) había sido un gran consuelo en su vida.
Por consejo mío, accedió a presentarla en una reunión social que brindaría en su mansión junto a nuestras amistades. Yo supuse que en público mi esposa lo soportaría mejor.
Lo que no podía suponer era que el verdadero peligro era yo mismo. Y me di cuenta en cuanto vi a Sandra por primera vez.
Ella resultó ser de alta clase. Refinada, esbelta, de un rostro precioso que cuadraba perfecto a sus 45 años. Aunque su esbelto (¿ó debo decir escultural?) cuerpo parecía de 30. Mas aún cuando mi primera visión de ella fue enfundada en un vestido blanco entallado, muy escotado para poder lucir unos pechos que se adivinaban firmes y grandes, piernas de gimnasio interminables y sandalias plateadas de tacón con finísimas tiras y tacos aguja.
La vi y me enamoré. A partir de ese momento supe que mis esfuerzos solo serían para follármela.
En segundos la catalogué como a una perra sedienta de sexo. Placer que Francisco no podría darle por su avanzada edad y por su secreta afición a la bebida.
Apenas pude dominarme al darle el beso de presentación en la mejilla. Sin pensarlo, mi mano escapó de control y se posó en su espalda baja que el vestido dejaba profundamente al desnudo y casi al límite superior de su redondo culito.
Sentí que ella acusó el movimiento. Tal vez, luego de un nanosegundo de duda pensó que no era algo preocupante. Que quizás exageraba al pensar… Y simplemente me devolvió el beso al tiempo que decía a mi esposa:
“Eres mas linda de lo que tu padre cuenta. Te mereces este galán que tienes por esposo”.
Para mí eso fue un mensaje: Me había registrado y no le era indiferente.

Esa noche para mí fue muy larga. Sandra me tenía poseído con su blanca sonrisa de dientes perfectos, sus ojos celestes de muñeca y su lacio pelo rubio que caía hasta casi los hombros.
Sus pasos eran un desfile de bellísimas piernas. Acodado en la barra mi polla se endurecía con la imagen de mí mismo lamiendo sus sandalias y penetrando su culo solo tapado ante mis ojos por un finísimo hilo dental.
Francisco estaba feliz. Pero bebía en exceso. Era obvio que esa noche Sandra no tendría sexo y eso me estaba desquiciando.
Fuimos los últimos en irnos y cuando llegué a casa mi mujer recibió la mejor cogida que yo recuerde haber propinado a alguien.
Pero ni eso me calmó.
Casi no pude pegar un ojo hasta que, con mi esposa ya dormida, pude acariciar mi polla con la fantasía de poseer a Sandra.
El tiempo comenzó a pasar lentamente a partir de ese día. Todos mis pensamientos estaban destinados a Sandra.

Por razones sociales íbamos a muchos lugares juntos ambas parejas. Eventos de empresa, cenas de caridad, días de campo ó simplemente tardes en mi mansión o en la de Francisco.
En todas ellas Sandra parecía ser una modelo. No importaba que ropa luciera, si eran zapatos cerrados de alto tacón y punta metálica, ó finas sandalias altas, siempre, siempre lograba ponerme a mil. Y nunca tenía oportunidad de acercarme.
Pero esa oportunidad llegó casi sin quererlo, cuando un viaje sorpresivo alejó a Francisco de la ciudad. Tan sorpresivo fue, que solo lo pensé al salir conduciendo mi automóvil del aeropuerto donde lo había acompañado a abordar su avión.
Solo al imaginar que estaba decidido a atacar hizo que mi polla se erectara y sin darme cuenta, pocos minutos después, estacionaba mi auto dentro de la mansión de mi suegro.

Sandra se mostró sorprendida de verme a esa hora tan poco habitual. Yo sin embargo, al verla con ese ajustado traje de falda a la rodilla y zapatos blancos de tacón supe que había hecho bien en acudir.
Me invitó a pasar y me ofreció un whisky para ambos que ella misma preparó dándome la espalda y dejándome una vez mas el placer de venerar su maravillosa figura.
No pude controlarme.
Lentamente me acerqué a ella por la espalda y tomándola por la cintura empecé a besar su cuello.
Ella se sacudió y dándose vuelta sobresaltada me dijo:
“¡Que haces!???
Entonces saqué fuerzas de donde no creí tener y le conté todo lo que sentía con lujo de detalles, sin retroceder un solo paso para mantener con su cuerpo una distancia de impacto.
Sentía su aroma y mi cuerpo alcanzaba temperaturas límite.
Ella guardaba silencio, pero mirándome fijo a los ojos me dijo con voz temblorosa.
“No podemos Carlos. Esto está mal”.
¡Ella también estaba que ardía por mí!

Yo insistí atrayéndola hacia mi cuerpo mientras mis manos buscaban su culo.
“No Carlos”, repitió,”los sirvientes…vamos al cuarto”
Y me separó, tomó la botella de whisky y sin mirarme caminó hacia el ascensor con una sensualidad que jamás había yo visto en alguna mujer.

Cuando la puerta del cuarto se cerró y la tomé en mis brazos ella ya no se resistió.
Nuestras lenguas chocaron con fuerza y mis manos trataban de abarcar su cuerpo con fuerza y con pasión.
Ella desabotonaba su camisa para dejar libres sus firmes y puntudos senos.
Yo desabroché su falda y solo quedó con su tanga de hilo dental y sus zapatos blancos de tacón.
No aguantaba más. Mi polla parecía atacada por fiebre. Me tomaría mi tiempo para follarla.
Me acosté en el suelo y empecé a lamer sus pies y sus zapatos.
Ella metía sus dedos en la raja y acariciaba sus propios senos.
Me incorporé y mi polla estaba a reventar, así que la recosté en la cama y la penetré sintiendo como su vagina se transformaba en un ajustado guante para mi pija.
Solo al hacerlo ella comenzó a acabar. Y al hacerlo jadeaba en mi oído. Y me hablaba
“No sabes como deseaba esta pija dentro mío. Francisco vive borracho de frustración porque su pene ya no sirve, y vos sos el único hombre que me ronda y me ronda”.
¿Te gusta mi pija, putita?
“Si”
Comémela.
“Si”
Yo no podía creer que me la estaba follando. Tanta era mi pasión que en medio de la cogida mis ojos seguían admirándola como a una obra de arte.
Ahora que era mi amante nuestra vida se transformaría en un morbo permanente en el que tendríamos que ocultar el deseo todo el tiempo y con interminables caricias a escondidas.

Era una espléndida lamevergas. Y también una adicta al semen. Lo bebía con desesperación.
La cogí con suavidad y con furia. La hice una cualquiera. Transformé una dama de sociedad en alguien licencioso y perverso.

Ese día llegué tarde a casa. Tarde y cansado.
Al día siguiente ella llamó a mi celular al mediodía.
“Estoy esperándote”
Bastó para tomar mi tarde libre. Y follarla sobre la mesa de billar en la sala de juegos.
Se había puesto un ajustado vestido corto sin bragas, y mi debilidad: altos zapatos negros de tacón con punta de acero.
Era una puta poseída por el placer. Gateaba sobre la mesa para incitarme y yo la follaba como a una perra por su cueva y por su culo.
Nunca decía basta. Ni siquiera en los intervalos, donde bebía whisky como agua y en su borrachera aumentaba su deseo.
Al fin, cuando ya tarde tuve que partir, pude observar como la beldad que horas antes me había recibido ahora me despedía con paso tambaleante por el cansancio y el alcohol, pero sin perder un ápice de belleza.
Una verdadera puta.
Cuando Francisco regresó de su viaje nuestra libertad de movimientos se restringió.
Sandra estaba cebada. Tan en celo que la presencia de su marido solo sirvió para aumentar su audacia: Había conseguido mi verga y la conservaría.
Así que en cada oportunidad fregaba su culo en mi polla, o acariciaba mi sexo bajo la mesa de las cenas, o me invitaba a follar en baños de señoras de lugares ajenos.
Eramos presos de una locura.
En una ocasión me invitó a almorzar junto a su esposo y se aseguró que este bebiera una cantidad desacostumbrada de vino durante la comida. Tal vez hasta usó algún narcótico.
Yo notaba que Francisco cabeceaba suavemente y que sus palabras salían desarticuladas de su boca.
Sandra servía su copa con una mano y con la otra masturbaba mi polla debajo del mantel.
Cuando Francisco al fin se durmió en su sitio, ella se deslizó bajo el mantel y me propinó una mamada de antología sin dejar derramar una sola gota de semen.
Sandra era a mis ojos una reina.
Para el postre, ella estaba cabalgándome en su habitación y gimiendo sin ningún tipo de censura.
Yo acariciaba su cintura y me extasiaba con la visión de su cuerpo.
Aún la veo desnuda, solo vestida con sus zapatos de tacón y recorriendo la habitación con completo dominio de sus actos. Tal vez lo hacía adrede. Al verla mi polla siempre reaccionaba y la cosa terminaba con sexo rabioso y muy cercano a la condena eterna.

Su audacia crecía.
Primero con cierta cautela y luego con periodicidad, comenzó a concurrir a mi oficina por cualquier excusa.
Llegaba vestida como la dama que era. Y se dedicaba a comer mi polla arrodillada frente a mí.
Pero quienes han tenido amantes alguna vez, saben que lo difícil es mantener el control de las cosas para evitar un desastre. Y yo lo estaba perdiendo.
Sandra estaba totalmente loca por mi polla. Loca y desquiciada.
Cuando Francisco murió fue en parte un alivio para mí. Al menos ya no debía preocuparme por hacerlo cornudo.
Pero por otra parte ya no tuve excusas para ir a su casa. Mi esposa, que nunca había terminado de digerir del todo a Sandra, me impedía siquiera tener contacto con ella.
Y Sandra no soportó que menguara su dosis diaria de sexo.
En su locura le contó a mi esposa absolutamente toda la verdad. Incluso una parte que ni yo mismo sabía: Sandra estaba embarazada de mí.

Perdí todo. Mi esposa me quitó el fruto de todo mi trabajo de años y me prohibió judicialmente acercarme a menos de 2 km de la que había sido mi casa.

En ese contexto, dejé de ver a Sandra.
Supe mas tarde por un encuentro casual con un amigo de aquellas épocas, que Sandra no tuvo ese niño, y que, sola en la mansión heredada de Francisco, se había convertido en cortesana y dedicaba sus días a la práctica de sexo de alto nivel social. Su fama era conocida en los círculos más selectos y no había ejecutivo que se preciara de tal que no hubiese dejado dinero a cambio del placer de Sandra.

A mí ya no me importaba. Solo me importa llegar temprano a mi trabajo en el matadero municipal porque si lo pierdo quedaré en la indigencia total.

Relato erotico de una chica que se pone cachonda mientras el ginecologo la toca para hacer unas pruebas. El cabron listillo viendo la situacion decide aprovecharla metiendole mano por todos sus agujeros

Hola me llamo Natalia tengo 18 años y estudio en una escuela privada en las afueras de Buenos Aires, en Argentina. Quiero contarles algo asombroso que me ocurrió hace poco. Todo comenzó cuando empecé a sentir un molesto ardor en mi vagina que me preocupaba, pero no quería alarmar a mis padres así que un día en que ya no lo soportaba más, se lo comenté a mi profesora de Matemáticas que es con la que mejor relación tengo. Ella me dijo que la escuela tenía un médico ginecólogo para atender a las alumnas incluso en horario escolar, de manera que me envió a verlo de inmediato.
El doctor González, que así se llama, estaba desocupado y me hizo pasar a su consultorio. El doctor tiene alrededor de 50 años y es muy guapo, alto, muchas canas en el cabello y muy amable en el trato. Lo primero que hizo fue pedirme que me quitara la bombacha y me hizo sentar en una cama ginecológica. Es un sillón común pero tiene dos brazos en los cuales las chicas quedamos con las piernas levantadas y muy abiertas para que el médico pueda examinarnos la vagina con comodidad.
El doctor se puso unos guantes, subió mi falda hasta que quedó arrollada en mi cintura y con mucha suavidad me abrió los labios de la vagina. Mientras me la examinaba me hizo algunas preguntas.
-¿Cuánto hace que te arde de esa manera, Natalia?
-Desde hace tres o cuatro días, doctor.
-¿Cuándo tuviste sexo por última vez?
-Hace cuatro días si no me equivoco.
-¿Fue con tu novio o con algún chico que conociste?
-Con mi novio.
-¿Y fue normal, como siempre, o notaste algo extraño?
-Pues la verdad es que me dolió un poco -respondí- Pero otras veces también me ha pasado. Sucede que la tiene un poco grande, creo que es por eso.
Mientras hablábamos el doctor no dejaba de tocarme la vagina y yo sentí que empezaba a humedecerse. Estar abierta de esa manera, hablando de esos temas mientras él me tocaba con sus dedos expertos me estaba excitando.
-Creo que sé lo que te pasa pero tengo que estar seguro. Natalia voy a tocarte el clítoris y quiero que me digas lo que sentís.
Sus dedos se apoyaron sobre mi clítoris, lo acariciaron, y no pude evitar lanzar un suspiro.
-¿Esto te excita Natalia?
-Mucho -respondí entre jadeos.
-Bien, muy bien, es buena señal. Decime que sentís ahora.
Dijo eso y me hundió un dedo profundamente en la concha. Lancé un “ahhhh” prolongado y me aferré a los bordes de la camilla.
-Veo que también te excita -observó el doctor. Me estaba metiendo y sacando el dedo muy lentamente, y la verdad es que me volvía loca.
-Mucho, mucho de verdad -respondí pasándome la lengua por los labios. Miré al doctor y pude darme cuenta claramente que en su pantalón tenía un bulto. El también estaba excitado.
-Bien, dejame ver una cosa más. Quiero mirar tus pechos.
Me abrió la blusa y se encontró con mis tetas. Mis pezones estaban durísimos. El doctor se sorprendió de que no usara corpiño.
-¿Nunca te ponés soutien?
Le expliqué que no. Mis pechos no son grandes y me gusta tenerlos libres. El doctor miró muy de cerca mis pezones, los pellizcó un poco aumentando mi excitación y pareció conforme con el examen.
-Bien, bien. Es tal cual lo pensaba. Para sacarme la última duda, ¿practicás sexo anal? ¿Lo hiciste con tu novio la última vez?
Respondí que sí. Entonces el doctor se cambió los guantes y lubricó su dedo mayor con un aceite que tenía sobre una mesita.
-Si esto te duele tenés que decírmelo.
Después de decir eso, me hundió el dedo lubricado en el agujerito del culo. Lancé un grito mitad dolor mitad placer, mi espalda se arqueó en el sillón y quedé casi en el aire, sólo apoyada por mis manos y mis pies. El doctor hizo girar su dedo, con la otra mano me abría las nalgas todo lo posible, lo metió y sacó un par de veces y luego lo miró.
-Perfecto, está todo perfecto. Bueno Natalia, necesito una muestra de tu jugo vaginal para hacer unas pruebas de laboratorio. Te pido que te relajes y me ayudes a obtenerla.
Entonces me metió un dedo en la vagina, luego otro, mientras me acariciaba el clítoris. El doctor me hizo una paja maravillosa mientras me alentaba “dámelo chiquita, dámelo, lo quiero todo, dámelo”. Tuve un orgasmo increíble.
-Muy bien, muy bien Natalia, te agradezco por colaborar. Me diste mucho jugo -dijo él mientras juntaba mi orgasmo en un frasco.
Mientras yo ordenaba mi ropa, el doctor González me explicó:
-El ardor que sientes te lo provoca tu ropa interior. Algún producto que utiliza tu madre para lavarla, supongo. Las pruebas de laboratorio me lo van a confirmar. Por eso te arde la vagina pero no los pechos. Por eso te pido que durante una semana no uses bombacha ni corpiño. No creo que sea mucho problema para vos, ¿verdad?
Le dije que estaría bien.
-Tampoco tengas sexo durante una semana, y vení a verme a mi consultorio para un segundo examen.
Estuve de acuerdo. El que se puso muy loco cuando le conté fue mi novio Fernando. “No voy a aguantar una semana sin coger”, me dijo. Pero encontramos una solución: el médico no había dicho nada sobre el sexo oral, así que cuando nos veíamos le hacía una mamada.
Mi novio estaba encantado de que le chupara la pija hasta hacerlo acabar en mi boca, pero yo estaba cada vez más caliente porque no podía ni tocarme. Además el hecho de andar todo el día sin ropa interior aumentaba mi excitación. Los chicos de la escuela ya se habían enterado de mi problema, y me espiaban bajo la falda todo el tiempo cuando me sentaba o cuando subía las escaleras.
Pasó la semana, volví al consultorio del doctor González y lo encontré reunido con otro médico de su misma edad e igual de guapo.
-Pasá Naty, él es el doctor García. Estuvimos hablando de tu caso. Bien, está todo confirmado, tu madre deberá lavarte la ropa interior con otro producto.
Me quedé muy tranquila al saber eso. La verdad el ardor había desaparecido por completo.
El doctor González hizo que me sentara otra vez en la camilla ginecológica y junto con su colega me examinaron la vagina.
-Está perfecta -dijo González después de mirarla, e invitó a García a que me examinara.
Apenas García me metió un dedo empecé a gemir. Una semana sin coger, y ahora dos hombres maduros mirándome semi desnuda y tocándome la vagina fueron demasiado para mí.
No hizo falta que nadie dijera nada. El doctor González se puso de pie entre mis piernas abiertas, sacó su verga y me la metió en la concha de un solo golpe. Dí un grito de placer y de inmediato el doctor García me metió su pija en la boca.
Yo me sentía en el paraíso. González me metía y sacaba la pija con fuerza mientras yo mamaba al doctor García, que tenía un tronco más grueso que el de mi novio. Era la verga más grande que jamás había visto.
Me bajaron de la camilla y quedé de pie entre los dos hombres. “Sos una chica maravillosa”, me dijo el doctor González y me metió la lengua en la oreja. Levantó mi pierna izquierda, la sostuvo con su mano debajo de la flexión de mi rodilla y me metió la verga en la concha otra vez. Mientras me chupaba las tetas, mordía mis pezones, los estiraba con los dientes.
García estaba detrás de mí. Yo podía sentir que guiaba su verga buscando la entrada de mi culito, cuando la encontró me hundió la cabeza enorme y lancé un grito.
-Qué chica hermosa -dijo García entre jadeos- Mirá cómo se come dos pijas enormes a la vez.
Me tenían de pie, en medio de los dos, bombeándome verga sin parar por mis dos agujeros. Nunca me habían cogido mejor. Yo gemía, gritaba y tenía un orgasmo detrás del otro.
-Sos una nena hermosa -decían- Una putita de primera. Es una maravilla la manera que se te abre el culo.
Me pusieron en cuatro, de rodillas sobre una silla. Por turno, los médicos me metían y sacaban la verga del culo y se excitaban más cuando veían mi agujero completamente dilatado. Escupían dentro de él y me la volvían a meter.
Después me arrodillé entre los dos y les chupé la verga hasta sacarles toda la leche. Me la tiraron en la boca, la cara, el pelo y las tetas.
Fue la experiencia más maravillosa que he tenido. Luego nos volvimos a ver en la casa del doctor González, me hicieron sandwich entre ellos dos, se mearon adentro de mi culo y hasta probé sus orines. Pero esa es otra historia.

Relato erotico de como un joven acaba tirandose a una madura, el mejor polvo de su vida.

Siempre me consideré un chico normal, 18 años, atractivo, estatura en la media nacional, vamos un españolito mas, con la pandilla típica de 10 colegas. Allí estaba yo, sentado en aquél autobus atestado de gente. Si soy sincero los autobuses son una de mis mayores pasiones, observar a cada mujer que entra de arriba a abajo, ver como cruzan las piernas evitando mostrar sus tesoros pero incitando a los ojos indiscretos a mirar.
En esa búsqueda mis ojos encontraron algo deslumbrante tal vez la mujer mas atractiva que jamás habia visto, emanaba sensualidad por todas partes. Vestía una chaqueta azul sobre los hombros, una blusa color crema, amplia que dejaba constancia de la gran fuente de placer que se encontraba alli, la falda a juego con la chaqueta le quedaba bien ceñida. Sus piernas modeladas con unas medias blancas se cruzaron, aquello fue un resplandor que cegó mis ojos por unos instantes. Trás esto me fije en su pelo, media melena color cobrizo, sus ojos castaños como un atardecer manchego, al fin llegué a su boca, labios gruesos y carnosos, una boca ideal para besar.
Mientras trataba de calcular la edad que debía de tener me percaté de que me miraba, el corazón me dio un vuelco, el estómago se me puso del revés y las palmas de las manos me empezaron a sudar, justo en ese momento le guiñé un ojo, fue un acto reflejo, jamás lo habria hecho conscientemente, ella lo vio y giró la cabeza hacia otro lado.
Suspiré, el agobio iba desapareciendo. Volvi a examinarla exhaustivamente, debía de rondar los 40 años, esa mujer me atraía poderosamente, mi polla se había enamorado de ella, empezaba a crecer cuando volvió a mirarme, esta vez le aguanté la mirada, me gustaba este juego, ella comenzó a jugar con su anillo, un anillo dorado en el que entraba y salia repetidamente su dedo. Aquello era demasiado para mi calenturienta mente, mis vaqueros ya no permitían expandirse mas a mi otro yo.
Subitamente se levantó, se dirigía a la puerta de salida, no había duda de que se disponía a bajar en la siguiente parada, a mi todavía me quedaban 10 minutos de autobus hasta el instituto. El autobus paró, las puertas se abrieron ruidosamente, bajaba lentamente por las escaleras, mis ojos ni se separaban de sus caderas. El autobus cerró las puertas, ella se alejaba, de repente una voz gritó – “Un momento”¸ – al chofer; ¡coño¸ era la mia!, las puertas se volvieron a abrir mientras corría hacia ella.
Estaba claro que esa tarde mi bajo vientre dominaba mi ser. Una sensación de angustia se apoderaba de mi, no la veía por ninguna parte. Me asomé a una esquina y conseguí verla, ¡eso si que era andar!. Sus anchas caderas se mecían provocativamente, yo hubiera pagado cualquier precio por ver ese culo sin ropa alguna. Decidí a seguirla, no tenía nada que perder. Me mantenía a cierta distancia lo suficientemente lejos como para no ser muy descarado pero lo más cerca posible para poder jugar a adivinar que ropa interior llevaba, fina lencería blanca, todo un lujoso juego de satén, mi mente se desbordaba, tal era la excitación que podia notar como había manchado un poco los calzoncillos.
Seguíamos andando los dos, ella no se había vuelto en ningun momento a mirar. Se paró a mirar un escaparate, yo torpemente intenté disimular atándome los cordones de los zapatos, disimuladamente seguía fijándome en su redondo y hermoso culo. Acto seguido entró en un supermercado contiguo a la tienda del escaparate que había estado mirando.
Decidí esperar en un bar que estaba enfrente y desde el que podía ver perfectamente la salida del supermercado. Pasado un buen rato salió cargada de bolsas, iba que casi no podía con ellas, parecía como si estuviese pidiendo a gritos que me acercara y le ayudase. Yo no lo pensé mas me dirigí hacia ella todo lo seguro de mi mismo que en ese momento fui capaz, paso firme, erguido, mirada al frente, intentando aparentar todo lo que no era en la rutina diaria. Por fin llegué, me situé tras de ella, y le dije:
- ¿Necesita ayuda? -con la voz mas educada que jamás ha salido de mi boca.
- Sí, gracias. – respondió – Vivo aquí al lado, pero con tantas bolsas no puedo. -cotinuo hablando.
Yo me limité a coger todas las bolsas que pude, estaba embobado por ese par de olas que la naturaleza le había dado, ella disfrutaba la muy zorra al verme que no paraba de observarla lascivamente. Caminabamos los dos juntos, uno al lado del otro, yo de reojo seguía el ir y venir de su pezones marcados en la blusa color crema. Pronto llegamos a un portal, abrió y me dijo que subiese para tomar algo y refrescarme. Nos dirigimos al ascensor, entramos y ella presionó el número 6, había en total 8 pisos. Mi polla parecía decirme que me la follase alli mismo que el lugar era lo de menos y que si ella no quería tan solo era algo circunstancial, conseguí sobreponerme a mis mas oscuros pensamientos, pero dentro de mi aun albergaba la esperanza de pasar toda un rato de placer y lujuria con una cuarentona que emanaba sexualidad por cada poro.
Introdujo la llave, la mía estaba lista para meterla en la cerradura de su entrepierna. Empujo la puerta, soltó las dos bolsas que llevaba y grito ¡Juliánn, cariñoooo! En mi mente desapareció la idea de sexo y lujuria, estaba casada y su marido estaba en casa. Por el pasillo apareció el tal Julián, parecia un hombre afable, me había visto, pero traía una sonrisa de oreja a oreja.
-Hola, chaval -dijo- Gracias por ayudar a mi mujer, me has ahorrado tener que bajar a ayudarla. Pasa y tomate una cerveza.
- Gracias -fue lo único que mi boca pudo balbucear.
Ella me condujo hasta la cocina y me dijo que cogiese lo que quisiera del frigorífico, dio media vuelta y se fue camino de la entradita. Por lo que pude escuchar, “Julián” tenía que irse, llevar unos planos a una constructora. Antes de salir, asomó la cabeza por la puerta de la cocina y se despidió amablemente con la misma sonrisa que antes. Ya había apurado la cerveza, me disponía a salir, pero antes decidí despedirme ya que ella no había tenido la delicadeza de acompañarme en la cocina.
-Señora, señora – decía mientras salía de la cocina camino de la entradita.
- Si, aquí estoy – sonó a lo lejos su voz. Segui andando por el pasillo buscándola.
- ¿Dónde? – grité yo, aquello era absurdo y tenía ganas de irme, entré en el primer cuarto, de donde parecía provenir su voz.
Asomé la cabeza y cuando me disponía a decirle que me marchaba la vi, estaba de pie, se había quitado la chaqueta, en la blusa se podia ver el relieve de los pezones. Mi polla renació, con voz extremedamente melódica dijo que me iba a dar una propina. Yo no abrí la boca tan solo me limité a mirar como cogía su bolso, de ahí sacó el monedero. Se acercó a mi estábamos a un metro de distancia, abrió el monedero, introdujo su mano, yo esperaba los veinte duros, pero lo que de allí salió no era moneda de curso legal.
Aquello era un condón, me cogió por los hombros me llevó hasta la cama y allí me sentó. Con mucha suavidad empezó a desabrochar los botones de mi pantalón vaquero dejando libre por fin a algo que últimamente había dominado mis actos. Con sus suaves manos acariciaba mi ya erecto pene, la punta de su lengua se paseaba por mi glande haciéndome estremecer de palcer.
Mis manos se fueron en busca de sus pechos. Le quité la blusa, ella seguía chupándomela muy suavemente para que no me corriese. El placer era inmenso, eso sí que era sexo en estado puro. Le indiqué que se levantase, que me dejase hacer ahora a mi, ella se tumbo en la cama, Yo ya estaba desnudo y me tocaba terminar de desnudarla a ella, le quité el sujetador, tenía delante de mi esos pezones con los que tanto me había excitado antes, mis dedos daban vueltas a su alrededor, luego era mi lengua la que lo hacía.
Aun tenía la falda azul puesta. Mi boca se cebo en su pezón derecho, eran grandes muy grandes, sentir aquello en mi boca nublaba mi mente, no hubiese parado nunca si ella no me hubiese dejado entrever que quería que bajase mas por su cuerpo. La giré y la puse bocabajo, bajé la cremallera de su falda y se la quité, ante mi quedó aquel hermoso culo, culo que ese día sería mio. No pude evitar manosearlo, aquel culo que había sido protagonista de mis mas húmedos sueños lo tenía delante de mi, moviéndose lascivamente pidiendo caña. Mi mano pasó hacia su coño, acariciaba su depilada mata de pelo, un suave ir y venir, yo notaba como se iba poniendo húmeda, cada vez movía mas su caderas, se estaba poniendo caliente, y yo necesitaba meter mi polla en su cueva.
Paró de moverse, se volvió, su lengua ascendia rozandome la piel del pecho, llegó hasta mi oreja y me susurro..
- Montame, quiero que seas mi jinete particular. Mi culo te llama.
Acto seguido, se puso a cuatro patas, culo en pompa, aquella imagen era impresionante ese gran culo delante de mi polla, podia ser su clitori húmedo y caliente, su pelo púbico delicadamente depilado y al fondo sus grandes tetas apuntando al centro de la tierra.
Encorvó un poco la espalda, mostrando aún más su abertura, agarré mi polla como un torero dispuesto a entrar a matar. La situé justo delante, pase mis dedos por sus labios mayores, y con su flujo impregné mi espada. Poco a poco la iba metiendo, ella levantó su cabeza, la estrechez hacía que fuese con cuidado, lo que sentía era una mezcla de placer, gusto y poder. Cada vez se la metía mas rapidamente, la agarré por las caderas, mi respiración se alteraba, ella jadeaba, yo seguía metiéndosela cada vez más bruscamente, era mía, yo era quien mandaba, a ella le gustaba, una de sus manos estaba en su clítoris, frotándolo repetidamente. Mi polla entraba y salía cada vez mas rápido, ella gritaba, yo notaba como el primer chorro de semen iba por mi polla, intentaba retenerlo, haciéndolo mas duradero y disfrutar más del placer que aquél culo me proporcionaba, ella se retorcíaa de placer, yo estaba a punto ya, iba a explotar saqué mi espada y el semen encontró la salida, me corrí encima suya…
Se dio la vuelta y cogió mi polla y se la introdujo otra vez en la boca, su calidez y suavidad contrastaba con la estrechez de su culo, el placer que sentía con mi polla en su boca era inmenso, mis manos estaban acariciando sus labios internos, rosados, calientes y mojados. Había sido la follada de mi vida, con una mujer de la que ni tan siquiera sabía el nombre, eso no importaba. Me dio un beso en la comisura de los labios, y se fue al cuarto de baño, me mostró el camino al otro. Me vestí, y lave un poco. Ella se ducho, estuve esperándola un rato, salió con un albornoz rosa, con el pelo mojado, seguía igual de espléndida, se quitó el albornoz, quedó completamente desnuda ante mi. Se puso las delicadas bragas, el sujetador, terminó de vestirse. Yo me despedí y me fui de aquella casa. En mi mente se mezclaban los pensamientos, los recuerdos, volví a coger varias semanas el mismo autobus a la misma hora, pero no me la volví a encotrar, quizás mejor asi. Aquél fue el mejor polvo que eché nunca, con una mujer que no conocía, el polvo con la mujer madura.

Este relato erotico de un chico de 22 años que se tiro a una madura de 40.

Hola, por fin me decido a empezar mi relato. De vez en cuado me gusta leer relatos eróticos, sobretodo aquellos que son factibles, nada de esas fantasías raras y que solo son posibles en la mente del autor. Yo como no tengo mucha imaginación, me limitaré a contar mis vivencias personales, ni más ni menos, eso sí, puede que los nombres que aparezcan en el relato no se correspondan con los reales, pero bueno, supongo que los nombres aquí es lo de menos.

Este relato tiene dos personajes protagonistas, yo, que ahora tengo 24 años, pero los hechos que les contaré datan de hace 2 años. Si, yo tenía 22 y ella… 40 por aquel entonces.

¿Cómo nos conocimos? .. Muy típico, hablamos por el chat de nuestra ciudad, la agregué al messeneger y seguimos charlando sobre nosotros, la envié mi foto… -”Que chico tan guapo” me dijo, no la creí, ella me envió su foto, no estaba mal, pero bueno, no lo di mayor importancia, una foto de tantas como las que te mandan por el Msn.

Tarde un tiempo en volver a hablar con ella, unas semanas creo recordar, y desde ese día hablamos un poco más seguido, nos contamos nuestras cosas intimas, etc… esta casada, tiene un hijo de 10 años y un trabajo bien pagado en una importante empresa, y hablando, hablando, pensamos a ambos nos apetecía conocernos en persona, y tal vez, algo más. Pues así fué, en unos dias allí estábamos frente a frente, la verdad que la situación no fue para nada tensa, y ese día hablamos frente a una taza de café, fue una conversación cordial. Rubia, pelo por los hombros, unos ojos castaños, estaba rellenita, pero bueno, a mí nunca me importaron unos kilitos de más, de pecho andaba bastante bien, la verdad que cuando la vi, me dije, si, me apetece acostarme con ella.

Quedamos algún día más a tomar algo y si, a ambos nos apetecía pegar un polvo, el problema es que no había un sitio propicio para ello.

Un día me propuso que la acompañase a unos recados en coche, y yo, pues sí.. fui, y bueno, la cosa se empezó a calentar, así que mientras conducía por la carretera… la subí como pude la falda la aparte el tanga y la empecé a meter un dedín.. dos, estaba muy mojada, y cuando me quise dar cuenta había parado el coche en una trasera de una urbanización, la verdad, a mí aquello no me daba buen rollo, me daba la impresión de que alguien podía aparecer en cualquier momento, pero,, nos miramos, nos empezamos a besar, meter mano y me dijo si me apetecía follar, no lo dude, y dije, “claro”, “pues vamos a la parte de atrás”. Afortunadamente era un todo terreno, ella se tumbo, la desabroche la camisa y la saque los pechos por encima del sujetador, se subió la falda y disfrute quitándola el tanga, bueno, no se lo quite del todo, lo deje en un tobillo… sin pensarlo dos veces metí mi cabeza entre sus piernas, la mordisquee los muslos, pase mi lengua por su rajita y con los dedos separando sus labios metí la lengua, y después me entretuve en si clítoris.. puff.. La situación era deliciosa,, yo estaba muy motivado y ella con su mano, me oprimía la cara contra su coñito..Se incorporó, me la chupo, bastante bien por cierto, no podía más, saque un condón, me lo puse y me puse sobre ella… mis labios chupaban sus pezones, mordisquitos mmm .. y se la metí, y empecé a moverme sobre ella, la verdad es que estaba realmente con ganas, no tardo mucho en correrse, yo sin embargo seguí…y a ella la gustaba.. Sin pensarlo más la dije que se diera la vuelta, que se pusiese a 4 patitas, que me apetecía darla por el culo, se que a ella por detrás no la gustaba mucho, así que no estaba convencido de que se dejará, pero no dijo nada, se puso con el culo en pompa y con la cabeza pegada al asiento. La comí el culito durante un rato, metí un dedo, la puse saliva, dos dedos, y creo que estaba lista para admitir mi pene, y así fue, no costó mucho el meterla, delicioso, estuvo un buen tiempo en esa posición hasta que no pude más, me corrí increíblemente, fantástico !! y nos abrazamos y besamos, pero…pasada la pasión del momento pensamos que tal vez lo más recomendable sería salir de allí.

Me dijo que había estado muy bien, que no disfrutaba así con su marido, y que le dolería el culo unos días, que no estaba acostumbrada a un pene de ese grosor, y por eso la dolió un poco, pero que aun así la encantó. Se me olvidó un dato, un dato importante que dota de morbo a todo el polvo, yo tenia una cámara de fotos digital y ella me dejo hacerla fotos en todas posiciones… (no, no me agreguen al Msn pidiéndome las fotos, porque como es obvio no las voy a mandar, tengo su permiso para publicar esto, pero no para enviar las fotos)
Y esta fue el primero de muchos otros encuentros que si lo desean les seguiré contando, la verdad que ese día fue genial, pero poco a poco fuimos probando cosas nuevas en nuestra relación.. ya lo contaré.

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