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Un buen relato erotico de un tio que no para de follarse a una zorra que es una belleza sumisa. Leerlo porque esta zorrita no le dice que no a nada

Rocío le gustaba por tres razones. Primera, porque era muy guapa y estaba muy buena. Segunda, porque era perfecta en la cama. Tercera, porque no causaba problemas. José Manuel detestaba a las mujeres que le complicaban la vida, odiaba a esas tías que siempre sufren jaquecas, o se ven gordas, o se creen delgadas, o están buscando trabajo, o quieren dejar de fumar, o tienen dolores menstruales, o están enamoradas… Le desagradaban profundamente todas esas cosas. Por eso le fascinaba Rocío. Era divina. Bella, puta y sumisa.

Se levantó de la cama, ella dormía, y anduvo desnudo hasta la cocina, donde se preparó un café con leche. A sus cincuenta años conservaba un cuerpo bastante agraciado, y se sentía poderoso por esa razón. Regresó al dormitorio, disfrutando el primer sorbo de esa bebida que tanto le agradaba, con bastante azúcar, y acarició la suave curva de las caderas de ella. Ya lejos de la treintena, y tras dos partos, Rocío era muy hermosa, con una figura muy sugerente. Abandonada al sueño lucía preciosa, y él se deleitó contemplando su rítmica respiración. De repente, sintió el deseo de penetrarla con la cucharilla. La condujo hasta su coño, cambió de idea nada más rozar sus labios, y se la introdujo en el orificio anal. El culo de Rocío, que había sido desvirgado hacía mucho tiempo, para nada ofreció resistencia ante aquel delgado invasor. La cucharilla avanzó por el estrecho sendero. La mujer, realmente bonita, se despertó.

José Manuel le regaló una sonrisa, y se dispuso a follarla. Montó sobre ella, con arrogancia, y durante más de diez minutos la cabalgó con furia. Su miembro, viril y hábil, horadó una y otra vez aquella cueva tan generosa, y Rocío gimió bajo el peso del hombre, jadeó hasta que sintió que se aproximaba el orgasmo. Él se corrió un minuto después, dentro de ella, y la abrazó para sentir en sus carnes las contracciones de Rocío.

A José Manuel le encantaba el sexo con ella. Hablaba lo justo, y siempre se mostraba dispuesta a participar en cualquier combate que a él se le antojara. Era sensual, muy abierta de mente, y jamás decía no a propuesta alguna. Se corrían, muchas veces al mismo tiempo, y permanecían un rato abrazados, en silencio, sin necesidad de llenar la estancia de palabras vacías. Pasado un tiempo, él o ella iniciaban de nuevo el jugueteo, y todo volvía a empezar. Eran animales sexuales, los dos, perros en celo, lobos. Jadeaban, sudaban, gritaban alaridos de placer, enronquecían de tanto gemir, nunca se saciaban, siempre tenían hambre de ellos mismos.

José Manuel, casado con una mujer a la que aborrecía, miró la hora, y decidió que aún disponía de algunos minutos. Rocío, a cuatro patas, con sus grandes tetas balanceándose sobre la boca golosa de él, le miraba, expectante. José Manuel mordisqueó sus pezones, estrujo sus pechos como si estuviera ordeñando a una vaca, y la penetró con el pulgar hasta que su coño segregó suficientes aguas. Entonces se detuvo, y le pidió a su hermosa compañera que lo excitara con algo diferente.

Ella no se hizo de rogar. Vistió el cuerpo de José Manuel con un sujetador de color crema, que se apretaba con firmeza a sus carnes aún bien conservadas. Y colocó una horquilla de flores en los cabellos cortos del hombre, que contemplaba sus andanzas intrigado. Buscó en sus cajones, y encontró lo que quería. Aplicó brillo de labios encarnado sobre la boca varonil, y orgullosa, de José Manuel, y después tiñó sus largas pestañas con rimel negro. Rocío la piel de su cuello, y la de sus muñecas, con perfume de mujer, el mismo que ella usaba, y observó con satisfacción el resultado de su obra. José Manuel lucía muy bien.

Se estaba poniendo cachondo…

Ella le pidió que caminara a cuatro patas por el apartamento, que ladrara, como si fuera una perrita, y que le lamiera los pies. Él accedió a todo… su bulto no dejaba de crecer. Después, ella se arrodilló y le hizo una mamada, su verga crecía y amenazaba con vaciarse en su boquita, mientras su cara maquillada, y la horquilla de su cabello, estimulaba a Rocío, le gustaba aquel juego. Cuando él se corrió, en su melena negra, ella dejó que sus manos se perdieran debajo de su sujetador.

José Manuel se duchó, debía irse.

Pero, como ninguno de los dos podía vivir sin el sexo del otro, él la obligó a ella a dormir con un vibrador anal, y Rocío le pidió que llevara puesto uno de sus tangas. Mientras un taxi lo conducía a su hogar, José Manuel le envió una foto, a través del móvil, a su bella compañera. Se trataba de su polla, bien grande, y bien dispuesta.

Relato erotico de una joven casada que se refugia en el cibersexo para calmar su deseo sexual.

A grandes rasgos te contaré que a pesar de estar casada, siempre me he sentido sola, mi esposo es un hombre muy ocupado y a parte le encanta llegar de madrugada con sus cervecitas encima. Es por ello que un buen día me dio por entrar al chat, a pesar de que antes criticara tanto a los que chateaban, no me gustaba, pero la soledad y la curiosidad me hicieron entrar a él.

Entré a una sala normal, nada de salas calientes, de por sí criticaba el chat, y que todavía entrara a ese tipo de salas, como que no iban conmigo; y después de un ratito de estar ahí, me encontré con una persona que vive en una ciudad bastante lejos de la mía. Simpatizamos, coincidimos casi en la misma edad, también casado, y platicamos de varias cosas, las clásicas que se hablan al recién conocerse en un chat. El caso es que nos caímos tan bien, que decidimos seguir en contacto, y así lo hicimos por varios días, incluso hasta quedamos en que seríamos novios; lo que me parecía bastante chistoso, pero bueno, era una experiencia diferente en mi vida. Cada vez sentíamos comprendernos más, pues coincidíamos en muchas cosas, afectos, sueños, al cabo de pocas charlas ya nos dirigíamos uno al otro diciéndonos “amor” y cariños así por el estilo, y nos enviábamos un que otro beso y abrazo. Y es que de verdad empezaba a nacer un bello sentimiento.

Así fue como un día nuestra charla fue tomando temas sobre el sexo, nos hicimos preguntas sobre ello, nos contamos anécdotas de cuando éramos jóvenes, nos reíamos al decir ciertas cosas, también hablamos de nuestras experiencias con nuestras respectivas parejas. A manera de que se iba dando esta plática, yo sentía algo raro, extraño en mí, era una especie de excitación, lo que me contaba referente a su pareja me lo imaginaba que me lo hacía a mi y viceversa, lo que yo le decía sobre mis encuentros con mi pareja, él imaginaba que yo se lo hacía a él. Nos compartimos ese sentir, y empezamos entonces a ir llevando la charla como si fuéramos nosotros dos quienes estaban teniendo sexo, dejando a un lado a otras personas y dejando a un lado también nuestras aventuras de jóvenes; eso ya no existía, ahora nos sentíamos uno frente al otro y con una excitación tremenda por parte de ambos.

Me fue llevando por este medio, me decía lo linda que le parecía y lo que me deseaba, íbamos imaginando que todo era realidad, que recorría mi cuerpo desde mi cuello, mis orejas, que se detenía en mis labios para devorarlos al igual que mi lengua, que rodeaba mi cintura y yo su cuello y nos entrelazábamos en un ardiente beso y abrazo. Yo me abrazaba a mí mismo, quería sentir que todo era cierto, que él estaba a mi lado de verdad, lo deseaba, lo deseo.

Al principio yo me sentía apenada, no sabía que escribir, pero fue aumentando de tal manera mi excitación, que mis dedos empezaron a teclear todo lo que mi alma y mi cuerpo anhelaban. Poco a poco en nuestra imaginación nos fuimos desnudando, pero al poco tiempo, ya estamos desnudos también en la realidad, era mucho el calor. Yo sentía sudar, era increíble como a través de una máquina se pudiera sentir tanta excitación y tanto placer. Empecé a tocar cada parte que él me decía que acariciaba, de esa forma fue que mis manos tocaron todo mi cuerpo, estrujaba mis pechos, me mojaba los dedos para hacer circulo con ellos en mis pezones que estaban demasiado duros, tocaba mi vagina que se encontraba súper húmeda. Era un verdadero deleite, jamás había sentido tal maravilla ni aún en la vida real con mi pareja. Pues mi ciber novio me hablaba de una forma que me hacía enloquecer; él también se iba desnudando al mismo tiempo que yo, nos guiábamos uno al otro, se acariciaba; yo podía sentir como su pene se endurecía más y más, y podía sentirlo entre mis manos, en mi boca comiéndolo.

Igual él podía sentir mi vagina y clítoris entre sus labios, sentía como mi humedad se quedaba en su lengua. De pronto mis dedos ya estaban en mi vagina, metidos cada vez más, como si fuera su duro pene, lo sentía, que enorme placer, cada vez era más y más grande nuestra excitación, y más se excitó él cuando le pedí a gritos que me penetrara. Me sentía venir, le comenté eso tan grande que me estaba pasando y quedamos en llegar los dos juntos, a un mismo tiempo al clímax, al orgasmo, al cielo, y efectivamente así sucedió, tremendamente formidable. Fue estupendo, y para rematar esa sensación increíble, sorpresivamente me llama por teléfono, sin decirme que lo haría; me emocioné mucho más al escuchar su voz agitada, aunque no más que la mía, porque casi no me salía la voz de tan excitada y maravillada con la experiencia inolvidable; nos dijimos por teléfono todo lo real que habíamos sentido, todo lo que nos amamos, todo lo que nos deseamos.

Nos despedimos y quedamos en conseguir de inmediato una cámara para hacer el amor lo más realmente posible, prometiendo que en nuestro encuentro y frente a las cam, nos desnudaríamos totalmente y haríamos cosas más que estupendas.

Otro relato erotico de relaciones que empiezan por la red, si es que las fantasias eroticas se pueden hacer realidad. Si es que hay zorras que disfrutan chupando gratis

Conocí a Laura por casualidad una fría tarde de invierno. Yo había entrado en un concurrido chat para huir del aburrimiento. Su hermoso nombre me llamó la atención y le envié un mensaje. Comenzamos a charlar de temas intrascendentes, pero la conversación fue tan amena y distendida que quedamos para otro día e intercambiamos nuestras direcciones de correo. A partir de ahí nuestros encuentros se hicieron habituales, primero en el ICQ y después con un programa que nos permitía comunicarnos usando nuestra propia voz. El intercambio de fotografías se hizo inevitable, y así pude apreciar su belleza serena, su tez blanca, su pelo castaño, sus labios sensuales, sus verdes ojos arrebatadores.

Nuestras conversaciones, que se prolongaron durante más de un año, aunque cálidas, siempre se movían en una línea de cordialidad propia de dos personas adultas : ella tenía treinta y dos años, yo lindando los cuarenta ; ambos casados, con hijos y con profesiones de cierta responsabilidad social. Pero desde un principio esa mujer extremadamente culta, inteligente y sobre todo imaginativa, logró hacerme sentir bajo el dominio de alguna exótica droga que me privaba de la conciencia de la realidad y me blandía a su capricho en una atmósfera de encantamiento y seducción que hacía abandonarme a un fascinante placer que ahogaba mi interior.

Mi deseo por ella iba creciendo y no es extraño que en alguna ocasión le hiciera alguna sensual insinuación, a la que ella, tímidamente, respondía con evasivas. Pero una noche, encontrándonos bajo los efluvios de alguna bebida alcohólica, le propuse entrar en un chat erótico y ella asintió. Estuvimos leyendo las conversaciones ajenas hasta que ella hizo un comentario : ” !qué real parece lo que aquí se describe!…”. Con gran excitación le dije : “¿quieres hacer el amor conmigo en este chat?”, y para mi gozo ella consintió. Yo me preguntaba hasta dónde podíamos llegar con nuestra fantasía.

Con cierto recato, pues siempre había sido muy comedido en mis expresiones, comencé a escribir :

“Laura, estamos en una playa desierta, te abrazo, siento tu cuerpo desnudo, tu piel de terciopelo fría y mojada … y te beso ; beso tus ojos con dulzura, con el roce apenas perceptible de mis labios …, y tu nariz, … mordisqueo el lóbulo de tu oreja derecha, te susurro al oído que te quiero y todo tu cuerpo se estremece al sentir el cosquilleo que te producen mis palabras. Beso tus labios y tú me acaricias el pelo. Mi lengua entra en contacto con la tuya. Siento su humedad, su calor, tu aliento refrescante, … y nuestras lenguas juguetean atrevidamente.

Te apartas de mí con brusquedad y me empujas sobre la arena, luego te tumbas a mi lado y me pides que siga besándote, pero no, ahora quiero admirar tu desnudez, ese cuerpo que hace que el deseo se haga más incontrolado. Las gotas de agua resbalan desde tu pelo, por tu cara, tu cuello y van a caer sobre tus pechos, y alguna más atrevida se posa en tus enhiestos pezones oscuros.

No puedo reprimir mi ansiedad, acerco mi boca a ellos y bebo esas gotas saladas, lamiendo tus pequeños pezones, succionándolos delicadamente los mordisqueo con suavidad. Tus pechos están duros, los acaricio con mis manos y siento que el deseo se apodera de mí.

Mi lengua juguetona recorre tu vientre, haciéndote cosquillas en el ombligo, y desciende más y más. Me pongo de rodillas ante ti y tomo una de tus piernas, la acaricio y chupo con mi boca los dedos de tus pies, pues sé que eso te gusta”.

Creí que mi excitación había llegado a su punto álgido, pero entonces ella tomó la iniciativa y escribió :

“Te quiero Sergio, me estás volviendo loca con tus palabras. Esto es muy real. Estoy muy caliente. Mi coño está hinchado y húmedo de lujuria … estoy acariciando mi sexo con mis dedos mojados en saliva …”.

En mis sueños yo seguía jugando, lamiendo los pies de Laura y recorriendo una y otra vez sus piernas, pero ahora fui directo a su sexo. Comencé a besarlo, y al contacto de mis labios ella se estremeció de placer, dejando escapar un gemido. Abrió sus piernas para permitir que mi lengua entrara en su vagina y sentí su calor y su humedad … La estaba penetrando una y otra vez, con mi lengua primero, con mis dedos después, al tiempo que acariciaba el clítoris en sentido circular, notando que ella, que movía sus caderas con frenesí dejando escapar el deseo por cada uno de sus poros, seguía vibrando de placer.

Nuevamente escribió Laura en el chat : “Ahora me toca a mí…”. Hizo que me echara en la arena, tomó mi endurecido y erecto falo entre sus manos y principió a acariciarlo suavemente. Con su dulce lengua y sus labios carnosos jugueteó traviesamente con él, chupaba el glande y poco a poco iba devorándolo hasta que acabó por engullir el pene en su totalidad. Bajaba y subía la cabeza con movimientos rítmicos y expertos que lograron transportarme a extraordinarias cotas de placer.

No pude contenerme más y se lo hice saber. “Si sigues así voy a correrme”. Entonces ella me miró pícaramente, con provocación y me dijo : “No, así no. Quiero que me folles, quiero sentir tu polla erecta en mi coño caliente, húmedo y blandito”. Y cambiando de postura se tumbó en la arena y abrió las piernas. Me puse encima, acerqué mi duro, palpitante y ardiente rabo a su sexo y comencé a penetrarla ; empujaba con suavidad sintiendo cómo las paredes carnosas de su vagina aprisionaban mi miembro y comencé a morderle la boca. Mis movimientos fueron haciéndose cada vez más bruscos a medida que sentía su excitación, oyendo sus gemidos de placer. Noté que temblaba y no pude controlarme. Mi polla explotó derramando dentro de su vientre un torrente de semen que inundó su vagina, mezclándose con el flujo de su excitación, fundiéndonos ambos en un orgasmo tan largo e intenso como nuestra imaginación quiso.

Y entonces desperté y volví a la realidad. Estaba turbado, enrojecido, sentía fiebre y palpitaciones … . Las palabras que Laura escribía habían conseguido despertar en mí tal grado de deseo y de lujuria que ahora necesitaba sexo en forma irracional y desmedida. Y lo tuve, le hice el amor a mi mujer con violencia, con pasión, como nunca lo había hecho,… y con traición, pues acariciaba su cuerpo pensando en el de Laura, me imaginaba en esa playa que ambos conocíamos recreándome con la fábula que acabábamos de inventar.

Desde ese momento no hacía más que pensar en ella ; era una obsesión enfermiza. Rememoraba esa charla y sentía el deseo incontrolado de repetir la experiencia, lo que me producía graves apuros, al conseguir la erección en el trabajo, en la calle …, y me preguntaba si sería posible alcanzar el placer de esa forma. Pero el deseo era mutuo y pronto surgió nuevamente la ocasión, aunque ahora usamos el programa de voz, lo que hizo que mi confusión fuera total, al impedir que pudiera discernir entre lo que era realidad y fantasía.

Esa noche yo estaba sólo en casa y ella empezó a hablarme. La escuchaba con una claridad absoluta, sus palabras resonaban en mi cabeza tan cálidas que pronto surgió la pasión y fue vencida la inicial vergüenza y recato, comenzando a expresarnos de forma desinhibida y espontánea. “Te abrazo -le dije-, te beso, …” . Ahora las frases eran mucho más excitantes, todo era más sensual, oyendo su dulce y sugerente voz.

Me tumbé en la cama, apagué la luz y cerré los ojos; desabroché mis pantalones y comencé a acariciar mi pene, que ya estaba en erección.

Laura me hablaba así :

“Sergio, llevo una falda corta, una blusa ajustada y mi ropa interior es tan sugerente que te volverá loco. Chupo con lujuria uno de mis dedos que ahora, muy despacio, resbala por mi cuello hasta llegar a mi pecho. Voy dejando un rastro de saliva en mi piel para que tus labios lo sigan. Empiezo a bajar, primero acaricio mi vientre con suavidad y por fin llego a mi sexo que te espera impaciente. Introduzco en él un dedo , luego otro, y otro. Está caliente, palpitante, húmedo y blandito. Quiero ser tuya, quiero sentirte dentro de mí… Estoy frotando el clítoris mientras imagino que es tu lengua y ello me sitúa al borde del delirio…”

Yo seguía moviendo lentamente mi mano a través de mi empinado falo y seguimos soñando: Estaba tumbado en la cama y ella sobre mí en sentido inverso. Su lengua chupaba mi polla dura con gran vigor y pronto fue engullida por su boca, al tiempo que movía sus caderas pidiéndome que la devorara, ofreciéndome su rosado sexo para que lo lamiera frenéticamente. Yo besaba sus vigorosos muslos y sus consistentes y redondeados glúteos, jugando con mi lengua alrededor de su vagina. Tenía frente a mi cara su coño mojado y entonces me hundí en su selva oscura para besar y chupar con fuerza el clítoris, mientras ella suspiraba de placer. Aquello me parecía simplemente fuera de este mundo. Ante mis ojos tenía también su culo estrecho, pudoroso, provocando mi curiosidad y mi deseo. Comencé a explorarlo con mis dedos empapados con el flujo que salía de su coño y comencé a penetrarla tímidamente. Así estuvimos jugueteando hasta que finalmente no pude resistir más, me levanté e hice que se pusiera inclinada de rodillas y en esa posición acerqué mi rabo a la entrada de su culo y comencé a penetrarla, primero con mucha resistencia, que pronto fue vencida con la ayuda de un poco de saliva, introduciendo en ella todo mi pene, que fuertemente aprisionado en las paredes del recto, se movía con lentitud : dentro y fuera.

Ella gemía en una extraña simbiosis de dolor y placer, pero la lenta cadencia del movimiento de mi miembro, acompañada con las suaves caricias que mi mano diestra prodigaba a su clítoris, la hizo llevar al éxtasis, sintiendo que ella llegaba al orgasmo, en el mismo instante en que mi pene descargaba en su culo un torrente de semen caliente, llevándome también a alcanzar la cima del placer.

Y en ese momento ambos regresamos a la realidad. Nos estábamos masturbando. Laura empezó a describirme cómo lo hacía. Sus ardientes palabras, sus gemidos entrecortados y sus jadeos me permitieron comprobar que se trataba de una excitación real. Sólo imaginar que yo era el responsable del placer que sentía esa mujer me enloquecía.

Cuando pensé que ya no podría experimentar nada más extraordinario percibí un silencio. Laura se detuvo, oí uno de sus profundos suspiros y por fin recobró la voz. Entonces me fue dibujando su cuerpo que era recorrido en la oscuridad por sus húmedos y juguetones dedos. Los guiaba nuestro deseo y se movieron con una destreza tal que llegamos a las más altas cotas del delirio. Sus palabras se agolpaban en mi mente y apenas podía asimilar lo que estaba sucediendo. Su voz sonaba tan suave que casi palpaba su aliento cálido en mi oído. Me habló de sus pezones endurecidos de excitación, del movimiento circular que imprimía a sus senos mientras yo le susurraba con delicadeza palabras apasionadas. Separó sus piernas y un ligero estremecimiento la recorrió por completo. Yo percibí entonces un suave gritito de placer y le pregunté la causa : estaba introduciendo los dedos en su coño mojado acariciando también el clítoris con suavidad. La descripción cesó y la llamé pero sólo me llegó una serie ininterrumpida de suspiros. Estaba llegando al orgasmo.

Por entonces mi mano se movía con destreza y rapidez alrededor de mi hinchada polla, pletórico de excitación ante las palabras que salían de la boca de Laura, sugiriéndome ahora que mojara mis dedos con saliva y frotara el glande, imaginando que era su boca, y así lo hice. La sensación fue igual de placentera y un espasmo recorrió todo mi cuerpo, precipitándose en torbellino la leche pegajosa que escupía el miembro viril sobre mi mano y mi pecho.

Nuestra turbación fue mayor. El orgasmo había sido auténtico. Desde ese día ya no pensábamos en otra cosa más que en convertir en realidad esta experiencia ; sin embargo, y por extraño que parezca, ninguno de los dos queríamos conocernos personalmente para no perder la magia de nuestros encuentros. Mi sueño erótico era poseer a Laura como lo había hecho hasta entonces, guardando nuestro anonimato. Y una gran idea pasó fugazmente por mi mente y fue madurando poco a poco, hasta que finalmente encontré el momento idóneo para llevarla a feliz término.

Un día pude dirigirme a su ciudad, aprovechando que mi mujer se había ido a la playa con mis hijos, tomé una habitación en un conocido hotel de lujo y la llamé a su móvil concertando una cita. A continuación cerré todas las ventanas dejando la estancia con una oscuridad absoluta, me desnudé, entré en el baño y me di una ducha que aplacó momentáneamente mi lujuria, me enrollé una toalla y me senté en la cama esperándola.

Ella acudió pronto a la cita. Llamó a la puerta de la habitación, yo quité el pestillo y me retiré al fondo de la estancia. Cuando entró pude adivinar su silueta. Era como me había imaginado. Su cuerpo delgado pero exquisitamente armonioso y lozano, no muy alta, con el pelo corto. Sus pechos eran pequeños, como a mí me gustan, pero duros, pujantes y bien erguidos ; sus glúteos finamente esculpidos ; sus piernas largas y bien torneadas. Vestía de forma sencilla pero con muy buen gusto : falda corta, que traslucía sus muslos recios, sus pantorrillas prominentes y su culo firme y prieto ; blusa con pequeños tirantes y zapatos veraniegos que dejaban al descubierto sus minúsculos pies ; pero aún mayor fascinación causó en mí el aire de elegancia y seguridad que desprendía cada uno de sus movimientos.

A oscuras, tanteando los muebles, no sin dificultad, llegó a la cama y se sentó junto a mí envuelta en un aura de misterio y provocación. Comenzamos a hablar. Su voz sonaba tan dulce y melodiosa como en las ocasiones anteriores. Nos besamos con pasión desmedida tratando de aprovechar cada segundo y revivimos nuestros encuentros imaginarios. Ella notó mi excitación y me dijo con una increíble seguridad: “amor mío, creo que conseguiré llevarte al éxtasis muy pronto…”. Hizo que me tumbara en la cama y tal como estaba, sin quitarse la ropa, besó mis labios y deslizó su lengua por mi cuerpo desnudo, por mi vientre y mi sexo. ¡Y ahora sí era real!… Chupó mi pene, lo introdujo en su boca y comenzó a acariciarlo, ayudándose con una mano, tímidamente primero y luego con movimientos más rítmicos que aumentaban su cadencia al sentir que mi excitación iba en aumento. Después bajó su lengua acariciando su base, chupando mis testículos que luego, de uno en uno, se introdujo en la boca con exquisita delicadeza.

Laura -le dije- “voy a correrme”, y ella exclamó “hazlo”, y siguió acariciando mi rabo empinado. Noté cómo el semen se deslizaba desde mis testículos, por todo el miembro, saliendo violentamente para ir dentro de su boca, que sin poder contenerlo lo derramó fuera de sí, esparciéndose por su cara y su cuello. Era la primera vez que experimentaba un orgasmo así. Nunca hasta entonces había eyaculado en el interior de la boca de una mujer y el placer que tuve al sentir que su lengua no se detenía en las caricias que prodigaba al glande mientras se producía la descarga del licor seminal fue indescriptible.

Exhausto seguí echado en la cama mientras ella se dirigió al baño. Escuché el ruido del lavabo y luego la ducha. A los pocos minutos ella salió y se tumbó junto a mí, dándome cuenta de que estaba desnuda. Charlamos nuevamente de cosas intrascendentes, y no había transcurrido media hora cuando ella cogió mi pene con sus manos y comenzó a acariciarlo de nuevo. Los besos apasionados se prodigaron ahora, como antes lo habían sido en la fantasía … y mi lengua recorrió su cuerpo, saboreando toda su piel: su cara, su espalda, sus pechos, su vientre, sus piernas, sus pies, y por fin llegué a su sexo y enterré mi lengua en la vagina, haciendo que sus piernas temblasen a causa del deseo. Su coño húmedo, muy caliente y blandito me pedía que lo follara sin demora.

Se puso de rodillas sobre la cama, apoyando sus manos en la almohada, y me acerqué a ella por detrás, jugueteando con mi enorme pene erecto alrededor de sus genitales, tocando con la punta sus muslos, sus glúteos, su ano, hasta que ella, descontrolada, me suplicó que la penetrara con fuerza, al tiempo que levantaba sus caderas y me decía : “quiero sentirte dentro, muy dentro”. Comencé a penetrarla lentamente mientras ella movía sus caderas gozosa. Mis embestidas iban en aumento poco a poco, tratando de disfrutar al máximo cada momento. Cuando mis testículos se unían a su vello púbico, ella echaba las caderas hacia atrás para sentirse penetrada lo más hondo posible. Movía sus caderas pausadamente hasta que mi pene volvía a salir, repitiendo este proceso una y otra vez, estallando en desinhibidos alaridos de placer.

Yo estaba ya a punto de explotar en un intenso orgasmo, cuando ella se detuvo, hizo que me echara en la cama y se sentó sobre mi tieso falo, metiéndoselo lentamente en su ardiente coño, comenzando a hacer lentos movimientos : arriba y abajo, para sentir y disfrutar al máximo aquella rigidez penetrando en sus entrañas. Entretanto emitía incontrolados gemidos de dicha, se chupaba uno de sus dedos y mordía una mano, mientras con la otra se frotaba el clítoris delicadamente, saboreando al máximo cada segundo de placer.

Nos besamos de nuevo y nuestras lenguas se unieron cuando simultáneamente experimentamos un prolongado e intenso orgasmo. Nuestros cuerpos se retorcían de placer y Laura gemía como posesa. Mi polla estalló de gusto, vomitando como manantial salvaje un torbellino de leche blanquecina y viscosa que se precipitó en su coño húmedo, cayendo después rendidos en la cama.

Allí permanecimos dormidos, perdiendo la noción del tiempo. Desperté antes que ella y vi cómo su cuerpo pequeño se cobijaba entre mis brazos sintiéndola más mía que nunca. Aproveché para acariciarla con suavidad, para oler su piel, para recorrerla con mi mirada en la penumbra del cuarto intentando grabar en mi memoria aquella fascinante experiencia. Al poco abrió los ojos y me sonrió llena de felicidad tal como pude apreciar a través de sus expresivos ojos. Después nos vestimos, tanteando en la oscuridad nuestras ropas, y sin que hubiéramos podido aún percatarnos exactamente de nuestra apariencia física, nos despedimos con un intenso beso. Ella se marchó en primer lugar. Yo lo hice a los pocos minutos, pagué la cuenta del hotel y regresé a mi ciudad, a mi hogar y a mi rutina.

Sigo chateando con Laura casi todas las noches y vivo con la esperanza de volver a sentir su cuerpo junto al mío. He meditado mucho sobre la insensata fantasía en la que me hallo inmerso, que me ha privado de lucidez en la percepción de la realidad. En todo caso, aunque esta historia concluya, sé que jamás podré olvidar a esa mujer que ha logrado seducir mi ser y ahogar con su magia las fibras más sensibles de mi percepción, colmándome de un placer tan sublime como jamás podré experimentar.

Relato erotico de  un madurito de 50 casado en su primera cita con una zorra que conoce por la red.  Su primer encuentro si que es sexo brutal y apasionado.

Tengo 50 años, estoy casado y sin grandes problemas en mi relación y jamás pensé poder tener la experiencia que os voy a relatar. Hace un año, completamente aburrido en la oficina durante el tórrido mes de agosto madrileño, se me ocurrió entrar en Internet (instrumento habitual de mi trabajo) pero con el fin de pasar un rato y entretener la mañana. En una sala de chat conocí a una joven sudamericana y de una manera natural iniciamos una conversación que manteníamos casi diariamente. Con el tiempo fuimos adquiriendo una confianza mutua hasta el punto de comentar nuestros problemas personales y llegamos a hablar de sexo. Hablamos de los que más nos gustaba a la hora de tener sexo y que conoceréis vosotros también si seguís leyendo.

Como un juego acordamos un día tener un encuentro en una sala privada, planteando una situación virtual que a ambos nos apetecía. Mi planteamiento inicial consistía en que los dos estábamos vestidos de fiesta. Yo con smoking y ella con un vestido de raso de los que únicamente se sujetan con unos finos tirantes sobre los hombros. Con una música apropiada empezamos a bailar juntando nuestros cuerpos. Yo olía su perfume y notaba sus pechos aplastándose contra el mío, mientras mi mano enlazaba su desnuda cintura sintiendo la suavidad de su piel morena. Sus pezones duros marcaban el vestido, cuya tela era muy fina y eso me ponía aún mas excitado. Al poco y con la excitación de los cuerpos juntos mis labios buscaron los suyos y nuestras lenguas se entrelazaron. Nos dimos un beso caliente, largo… su lengua jugaba con la mía mientras sus manos buscaban mi cuerpo. Mis manos en sus nalgas las apretaban con fuerza hacia mi polla que empezó a endurecerse con el roce de ese cuerpo y el olor que desprendía.

Después mis labios descendieron por su cuello, lo que la hizo estremecer y excitar “estoy muy excitada, mira como mis pezones marcan el vestido, me siento húmeda mmmmm”. Mis dedos apartaron los tirantes de sus hombros y el vestido cayó al suelo, dejándola delante de mí, solo con un pequeño tanga de color azul que ocultaba su deseado coñito. Su piel morena se mostró en todo su esplendor. Sus pezones duros y oscuros atraían mi boca y comencé a chuparlos mientras apretaba sus pechos, tersos y firmes. No conseguía parar de comerlos, lamerlos, morderlos. Mientras mis dientes jugaban con uno de los pezones, mi mano apretaba el otro. Su respiración empezó a agitarse mientras sus manos apretaban mi cabeza suavemente hacía abajo indicándome el camino que deseaba que recorriera. Ella quería verme comiendo su coñito.

Mi lengua atravesó su vientre, plano como solo se tiene cuando no se ha alcanzado la treintena, y se enfrentó al pequeño tanga que impedía su paso. El olor de su sexo me llenó mientras empecé a mordisquear suavemente sus labios, al mismo tiempo que un gemido de placer quedaba ahogado en su garganta. Tiré del tanguita y por fin mi lengua pudo penetrar directamente a su clítoris que comí con ansiedad mientras ella estrecha mi cabeza contra su sexo.

- Cómeme el coño entero, chúpamelo así, aaahhhh sigue… sigue…hummmm mete tu lengua hasta dentro.

Yo sigo comiéndolo y veo como se mueve. Su cuerpo estaba sintiendo el mayor placer que haya sentido nunca. Entonces, mientras le chupo su clítoris, le meto mi dedo en su coño y siento todos sus jugos cayendo por mis manos. Los lamo todos, pues no quiero perder ni una gota de esa maravilla. El sabor de su flujo, su olor y su intenso deseo de placer me excitan de tal forma que mi polla no resiste mas retención y me desnudo, mostrándola tiesa, dura y humedecida por la excitación. Mientras ella se ha sentado en la cama y cuando me acerco toma mi polla entre sus manos y empieza a masturbarme, noto su aliento en mi capullo. Su mirada lasciva se clava en mis ojos reflejando su deseo y el de hacerme desear sus caricias.

- Cómete mi polla, quiero notar tus labios subiendo y bajando por ella, quiero ver tu lengua lamiendo mi capullo.

Pero ella sigue masturbándome con sus labios cerca haciéndome desear el momento en que mi polla se hunda en su boca… estoy excitadísimo. Ella comienza a acariciar mis huevos y sujetando mi polla pasa su lengua de abajo arriba, como si chupara un helado. Juega con mis huevos, los ponen enteros en su boca… Pero quiero toda mi polla en su boca, hundida en su boca. Al fin su boca se traga toda mi polla, que gusto tan intenso. Sigue masturbándome mientras chupa y lame mi polla por todas partes y yo estoy a punto de explotar, pero…la retiro de mí. No quiero terminar todavía. Quiero volver a sentir ese placer tan intenso.

- Ahora quiero que comas mi coñito hasta hacer que me corra – me pide ansiosa y deseando volver a sentir mi lengua en su coñito.

Se abre completamente de piernas y ella misma entreabre sus labios dejando ver ese interior rosado, apetitoso y húmedo donde mis labios y mi lengua empiezan a moverse con suavidad mientras introduzco mis dedos nuevamente en su coño. En unos segundos su cuerpo empieza a vibrar y su garganta a gemir de placer. Ahora mis manos ascienden por su cuerpo hasta alcanzar sus pechos y esos pezones tan duros que pellizco arrancando nuevos gemidos que mezclan el placer y el dolor…Miro su rostro… sus ojos cerrados y su boca entreabierta expresan claramente el placer que esta sintiendo lo que hace que mi excitación suba al máximo.

Sus gemidos aumentan y su cuerpo se mueve cada vez más rápido mientras mi lengua sigue acariciando su clítoris que se nota hinchado de tanta excitación. Entre gemidos me grita:

- Sigue, sigue… aaahhh!!! No puedo más, no puedo más.

Entonces un espasmo recorre su cuerpo y un gemido largo y prolongado sale de su garganta como muestra de todo el placer que siente, mientras el sabor y la humedad de su coño aumentan intensamente. Su gemido se repite una y otra vez disminuyendo poco a poco en intensidad hasta terminar relajada y casi exhausta.

- Pon tu polla entre mis pechos… quiero sentirla ahí, dura y caliente.

En cuando se la pongo toma sus pechos y empieza a masturbarme con ellos mientras yo sigo ese ritmo cada vez más rápido. El calor de sus pechos y la suavidad de su piel moviéndose sobre mi polla, su mirada lasciva en mis ojos hacen que mi placer aumente de forma cada vez más intensa. Ya no puedo mas y un chorro de mi leche caliente salta con fuerza desde mi polla hasta su cara. Verla tragando mi leche me dejaba cada vez mas excitado, ella me sigue masturbando hasta agotar mi leche que reparte por sus pechos y su vientre restregando mi polla sobre su piel suave y húmeda de sudor y placer.

Me dejo caer a su lado y los dos permanecemos juntos hasta que nuestra respiración se normaliza y podemos volver a enlazar nuestras lenguas en un beso suave y largo… Sin prisas.

Os dejo un interesante y descriptivo relato erotico, sobre un hombre que le encanta el sexo anal y el porno brutal.

Estaba yo casado con mi primera esposa, con quien tenía sexo anal cada tanto; a ella le gustaba, no mucho, apenas lo suficiente para concedérmelo como un regalo especial en ciertas ocasiones. Decía que le dolía mucho, que mi miembro era demasiado grande para esas prácticas y si bien ella alcanzaba buenos orgasmos cuando lo hacíamos, por lo general los juegos previos eran muy fugaces, cortos ya que no me lo permitía. Ella (la llamaré Viviana, no es su nombre real pero deseo preservar su identidad ya que todo el relato es verídico) prefería que iniciara rápidamente la penetración y finalizar cuanto antes. Una vez que había alcanzado Viviana su orgasmo (mediante mi estimulación manual de su clítoris) me pedía textualmente “sacámela del culo, me duele mucho” con lo cual se perdía, antes y después, gran parte del placer anal. De modo que abadaba yo, permanentemente, a la búsqueda de una amante con quien poder practicar mi sexo favorito, el sexo anal, con todos los juegos previos y con toda la pasíon que ello lleva implícito. Viviana tiene una prima, a quien llamaré también con el nombre de fantasía Stella ,para preservar su identidad por las mismas razones anteriores, quien nos visitaba periódicamente, por vivir cerca de nuestra casa. Stella estaba casada y tenía dos hijos (una nena de 10 años y un nene de 7), tenía en ese entonces 35 años, si bien su apariencia aniñada y juvenil la hacían aparecer como una adolescente. Su marido era empresario y viajaba constantemente. Stella no estaba feliz con su matrimonio, criticaba públicamente a su marido y no desperdiciaba oportunidad de decirnos, a Viviana y a mí, que no era sexualmente feliz con él. Cada vez que Stella venía a cenar a nuestra casa (cuando estaba sola, que eran la mayoría de las veces), dejaba sus hijos en la casa de su madre, de modo de poder cenar los tres adultos tranquilos y tener conversaciones que no habrían sido posibles delante de lo niños. Casi siempre las conversaciones terminaban derivando en temas sexuales y yo, confieso, fantaseaba bastante con Stella, si bien me cuidaba mucho, tratando de no evidenciar mi deseo por ella, por ser ambas primas muy íntimas y no quería terminar generando un gran problema familiar. Todas las veces, al terminar la cena, me tocaba a mí llevar a Stella a la casa de su madre en mi auto, donde recogía a sus hijos y de allí la llevaba a su casa; durante todo el trayecto conversábamos de temas tribiales (yo iba solo, mientras Viviana se quedaba levantando la mesa y arreglando la casa) pero siempre notaba en Stella cierto sutil coqueteo que ejercitaba conmigo. Yo nunca había querido insinuar nada, en el temor de desatar un gran problema y porque no estaba seguro si lo de Stella era genuino o solamente producto de mi imaginación. Debo reconocer que si bien Stella me parecía atractiva, nunca había reparado demasiado en ella. Le decíamos, en confianza, La Flaca, por ser alta y muy delgada. Todo en ella era longilíneo, sus brazos, sus manos de dedos finos y delicados que parecían manos de un pianista, sus largas piernas, pechos pequeños y como siempre estaba vestida con ropas holgadas y polleras largas, era casi imposible adivinar su silueta y sus formas más íntimas, excepto en verano, donde usaba soleros livianos, sandalias y se podía notar que sus nalgas no eran abundantes, pero tenía una cola bien formada y paradita. A mí, lo que más me atraía de ella era su rostro. Cabello rubi oscuro natural hasta los hombros, nariz chica y recta, ojos oscuros, con una expresión enigmática y una boca muy sensual, de carnosos labios a los que lamentablemente casi nunca pintaba con lápiz labial, ya que no usaba maquillaje, acentuando su apariencia aniñada. Prácticamente se podia decir que Stella era una mujer de “perfil bajo” y que bien podía pasar inadvertida, salvo que un hombre se detuviera a observarla cuidadosamente, como había hecho yo, en cuyo caso descubriría una atracción muy sutil y casi voluptuosa, sobre todo en su mirada y en sus gestos. Por esas cosas del destino (donde muchas veces diferentes hechos circunstanciales suceden casi en simultáneo y generan una combinación de sucesos que adquieren gran importancia), teniendo una conversación con mi esposa, Viviana, vengo a enterarme de la intimidad de Stella, ya que, como dije, ambas eran muy amigas, además de primas, y se contaban mutuamente todas sus intimidades. De modo tal que Viviana (mi esposa) me dice que le había contado a su prima Stella que yo era un hombre muy dotado, dando incluso precisiones sobre mis medidas de 22 x 6,5 cm, ya que Viviana misma me había tomado las medidas, con un metro de costura, esas cintas plásticas flexibles. Me contó Viviana que su prima se había sorprendido mucho y le llamó la atención, al saber que practicábamos también el sexo anal, preguntándole ” ¿Cómo puedes meterte todo eso en el culo? Realmente no me imagino semejante pedazo dentro de mi culo, pero debe ser fantástico poder comértelo todo” Entonces Viviana le preguntó si había tenido experiencias anales y Stella, tras pedirle que guardara el secreto (grave error, las mujeres siempre terminan contándoselo a alguien, en este caso a mí) le confesó que había tenido la experiencia más fascinante de su vida. Allí Stella se sinceró ante su prima y le dijo que en los 12 años que llevaba al lado de su marido (no había conocido sexualmente otro hombre antes de él) jamás había alcanzado un orgasmo, lo cual explicaba muy bien la razón de sus constantes diatribas contra su esposo. En realidad Stella, por lo que contaba, no era frígida, sino anorgásmica. Se excitaba muchísimo, pero no podía alcanzar un orgasmo. Ahora bien, contó además que hacía poco, durante un viaje, había conocido circunstancialmente a un hombre con quien se había ido a la cama y quien le propuso tener sexo anal. Que allí, en ese momento, había experimentado el primer orgasmo de su vida, teniendo sexo anal y que estaba maravillada con ello. Luego repitió su experiencia un par de veces más pero que después de esos días nunca había vuelto a ver a ese hombre, quien estaba de viaje acidentalmente en ese lugar. A posteriori, Stella le había propuesto a su marido tener sexo anal (obviamente, sin confesarle que acababa de descubrir que analmente alcanzaba orgasmos tremendos) obteniendo una gran reprimenda de parte del idiota de su esposo, quien poco menos la trató de puta degenerada. Yo escuchaba ese relato de boca de Viviana y no podía dar crédito a sus palabras. Ese imbécil tenía a su lado una mujer que le pedía tener sexo anal y él la rechazaba!!!!!!!!! ¡¡¡¡Idiota!!!!! Bien se merecía ser un cornudo y yo habría de encargarme de hacerlo mucho más, a partir de ese momento. Esa noche, tras la conversación con Viviana, me quedé turbado, estaba muy caliente y la imagen de Stella me daba vueltas en la cabeza. Creo que a Viviana le sucedió lo mismo al relatármelo, porque esa noche me ofreció su hermoso culo y la pude sodomizar largamente, como a mí me gusta, si bien cerraba los ojos e imaginaba que era a Stella a quien empalaba en mi verga. Por esa coincidencia de hechos que hablaba al principio, a los pocos días vino Stella a nuestra casa, como de costumbre sola, a cenar. Había dejado sus hijos en lo de su madre y venía del gimnasio, con un bolso con su ropa, para bañarse en nuestra casa y vestirse para cenar. Era verano, hacía calor y estaba yo con pantalones cortos y en zapatillas. En un momento determinado y sin saber que Stella había subido a la planta alta a bañarse y cambiarse, decidí hacer lo propio, para vestirme para la cena. Cuando iba subiendo las escaleras en silencio y sin encender la luz porque me iluminaba la lámpara de uno de los cuatros de huéspedes de la planta alta, me quedé helado, inmóvil. La puerta de uno de los cuartos de huéspedes estaba apenas entornada, habían encendido una lámpara de mesa y estaba Stella desvistiéndose, sin saber que yo la observaba desde la escalera. Pude ver sus pechos pequeños (de costado) cuando se quitaba la remera de gimnasia y, como escuchando mis ruegos en ese momento, giró hasta quedar de espaldas y se bajó el pantalón largo, quedando con una pequeña tanga cola – less que apenas tenía atrás una fina tira que se metía entre sus nalgas. Allí pude descubrir ese culo de adolescente que La Flaca ocultaba con sus ropajes holgados, duro, parado, bonito, si bien para nada voluminoso…tampoco lo necesitaba, estaba sencillamente perfecto. Retrocedí unos peldaños, lentamente, sin darme vuelta, de modo que si Stella llegaba a percatarse de mi presencia, bien podía pasar como que yo iba subiendo las escaleras y era una situación accidental. Mientras hacía esto, Stella se agachó para quitarse la tanga, antes de envolverse en un toallón de baño y aprestarse a tomar una ducha. Esa visión de su culo desnudo en la semipenumbra del cuarto, que habrá durado dos o tres segundos, no más, casi me mata del corazón….quedé como loco y durante toda la cena no hacía más que pensar en lo que había visto y, encima, lo relacionaba con lo que Viviana me había contado………estaba realmente sobre-excitado y mi cabeza trabajaba a toda máquina. Esa noche, como siempre, me tocó llevarla nuevamente a su casa y en el camino, antes de recoger a sus hijos, no pude más y le conté lo que me había dicho Viviana sobre su experiencia anal y que desde entonces vivía obsesionado con ello. Me jugué el todo por el todo y decidí que si fracasaba en el intento, trataría que quedara en una charla íntima entre ambos. Stella me sonrió y me dijo, muy suelta de cuerpo “¿Y debiste esperar hasta verme desnuda hoy para proponérmelo? ” Yo casi me muero, primero de sorpresa y después de la risa. De modo que la muy ladina había preparado todo, esperando que yo subiera para desnudarse!!!!!!!! Muchas veces los hombres no valoramos el coraje y la determinación de las mujeres cuando quieren obtener algo. Me había tendido una trampa y había resultado ser yo “el cazador cazado”. Detuve el auto a un costado y le estampé un beso, el cual me correspondió de igual manera, con gran pasión. Inmediatamente se separó de mí y me dijo que era tarde, que debía recoger a sus hijos e ir a la casa porque el marido (que estaba de viaje) la llamaba siempre antes de la medianoche. De modo que quedamos para vernos al día siguiente en un bar de las afueras de la ciudad, en una zona donde hay muchos albergues transitorios. No hace falta agregar que esa noche no pude conciliar el sueño y la imagen de Stella desnuda, agachada, quitándose la tanga, me volvía literalmente loco. Al día sigiuiente estuve diez minutos antes en el lugar de la cita y Stella llegó puntual, en un taxi. Como era un lugar público, nos besamos en las mejillas, como dos amigos y tomamos sendos cafés, en tanto hablábamos y nos reíamos juntos de lo que había sucedido el día anteror y mientras ella me contaba de sus frustraciones sexuales con su marido, de su fascinante pero corta aventura anal y de las fantasías que tenía conmigo por los relatos de su prima, mi esposa. Enseguida coincidimos en que no era bueno exponernos innecesariamente en un lugar público, por la condición de casados de ambos y, siendo que éramos adultos y sabiendo muy bien lo que queríamos uno del otro, decidimos ir a un hotel. Hasta ese entonces, solamente nos habíamos besado la noche anterior, pero cuando uno tiene una cierta edad y sabe muy bien lo que quiere, no necesita largos prolegómenos para llegar a la cama, basta con desearlo mucho, para hacerlo. Había llevado un pote de vaselina en la guantera de mi auto y me cuidé bien de no olvidarlo cuando llegamos a la cochera del hotel. Stella se sonrió cuando abrí la guantera y saqué la vaselina, me miró y me dijo como al pasar “previsor el hombre” Una vez adentro, Stella ni me dió tiempo a que la besara o comenzara a desnudarla. Directamente se quitó el habitual solero que llevaba, no usaba corpiño, de modo que quedó desnuda, solamente con una mínima tanga blanca y con sus sandalias de tacos altos. Se acercó amí, me rodeó el cuello con sus brazos (es bastante más alta que yo) y me besó largamente, mojándome con su saliva mis labios y dejándome con una erección inocultable. Se acostó boca arriba en la cama, de través, con la cabeza hacia uno de los laterales y las piernas hacia el otro lado. Yo me desnudé inmediatamente y me acerqué a su rostro, quedando yo mirando hacia sus piés. La besé largamente mientras ella estiraba los brazos y me tomaba la pija con las dos manos. Se apartó de mi beso para decirme “no mentía Viviana cuando decía que tienes la pija de un burro, por favor, no me vayas a lastimar, tengo poca experiencia por la colita” No te hagas problemas – le contesté – me he acostumbrado a meter este pedazo de carne en agujeritos muy pequeños………..(mentiras, muchas veces lo había intentado sin lograrlo) Dicho esto, comencé a bajar por su cuerpo, besando desde su boca, hacia los pechos que, no por chicos dejaban de ser hermosos. Sus pezones estaban duros y erectos, de tamaño pequeño y apenas un poco más oscuros que su rosada piel. Recién en ese momento reparé en su piel. Muchos hombres se fijan demasiado en las “formas” de una mujer, olvidando un detalle tan importante como es la piel femenina. Stella tenía la piel como porcelana, tan suave y lisa al tacto como pocas veces en mi vida toqué nuevamente; creo que esa piel especial de Stella me excitó más que sus curvas y formas, las que de por sí eran delgadas y hermosas. Besé su ombligo y su pubis, el cual estaba totalmente depilado; Stella no tenía ni un pelito, agregando un toque más de niña, a su, de por sí, casi adolescente físico. Me incliné más y llegué a los pliegues de la vulva y giré con ella en la cama, de modo de quedar yo abajo y ella arriba. Inmediatamente Stella recogió las piernas, para quedar “sentada sobre mí” poniéndome su concha bien sobre mi cara y se inclinó luego hacia adelante, tomando mi pija y besándola con lujuria y desesperación. Obviamente no tenía esos labios anchos, carnosos y sensuales al vicio; Stella era una experta mamadora. Primero me lamió la pija de arriba a abajo, dejándola toda mojada en su saliva, luego apoyó ambas manos abiertas sobre mi pubis, rodeando el tronco y jalando hacia abajo el prepucio y dejó la cabeza de mi verga totalmente descubierta. A partir de allí, comenzó a bajar con su boca y a salir lentamente, casi diría, deliberadamente lento. Cada vez que se la metía, llegaba más abajo y sus labios apenas me rozaban, haciéndome delirar. Finalmente, logró tragarse toda mi pija, yo no podía creerlo, además de una mujer “anal” Stella también era una “garganta profunda”. La Flaca había resultado ser un diamante en bruto al cual sólo había que pulir un poco y me tocaba a mí ser quien hiciera el trabajo fino….. Yo había dejado de lamerle la concha para mirar por un costado, sobre el espejo que estaba justo en frente de la cara de Stella, para ver cómo se metía lentamente mi pija en la boca y llegaba hasta mis pelos….había que ver ese espectáculo único ¡¡¡Qué maestría en chupar pijas tenía Stella!!! Mientras Stella seguía con su despliegue de habilidades para mamar vergas, me concentré en su concha, rosada, depilada, de labios perfectos y le metí la lengua en su canal y clítoris, mientras ya con un dedo de la mano derecha jugaba, haciendo círculos, en la puerta de su culo. Era un 69 atípico, por cuanto sabía que su placer estaba en el orificio anal y no en la concha, pero no podía perder la oportunidad de mojar mis labios en tan hermosa concha qiue se me presentaba y, además, estaba yo recibiendo una mamada sublime; tenía la pija como un palo y estaba pronto a no poder retenerme más. De modo tal que, luego de varios minutos, salí de esa posición, acosté a Stella boca abajo y coloqué una almohada debajo de su vientre, de tal forma que quedó con el culo bien abierto y levantado. Me iba a dedicar a preparar el terreno para el sexo anal, a su vez que me calmaba un poco después de su terrible mamada, pues de lo contrario, iba a terminar teniendo yo un rápido orgasmo….y eso era precisamente lo último que deseaba. Me acosté boca abajo entre las piernas de Stella, quedando sus nalgas frente a mi cara; separé cada nalga con mis manos y me hundí en ellas, dándole a su rosado y pequeño agujerito un largo y mojado beso. Luego comencé a jugar con la punta de mi lengua en su esfínter, del cual me separaba cada tanto para observarlo. Realmente Stella era, desde todo punto de vista, una mujer anal ciento por ciento.Su esfínter era apenas rosado, perfecto, sin pliegues ni rugosidades, un cono de carne que se hundía suavemente en su interior. Si hasta su forma “cónica hacia adentro” parecía una guía especialmente diseñada para guiar las pijas al interior; más perfecta no podía ser. Cuando le hube lamido, chupado, mordido, besuqueado su precioso culo e incluso, cuando se relajó y me permitió explorar con mi lengua dentro de él, procedí a introducir lentamente un dedo, mojado en sus propios jugos, mezcla de mi saliva y su flujo, que ya chorreaban por sus labios vaginales. Mi dedo mayor fue aceptado rápidamente y enseguida lo tenía todo adentro, mientras yo lo giraba como un tornillo. Stella gemiá, suspiraba y ella misma se abría las nalgas con sus manos para facilitar mi trabajo. Tomé el pote de vaselina, le pasé una abundante cantidad en el esfínter y con un dedo también le metí vaselina dentro de su culo. Mi dedo entraba y salía con gran facilidad y sin ninguna resistencia. De un dedo pasé a dos y luego de un buen rato a tres, haciendo ésto con sumo cuidado.Cuando comencé a meterle tres dedos en el culo, ya Stella gemía fuertemente, levantaba su culo, se abría más las nalgas con las manos y me apretaba los dedos con su anillo anal, haciendo un movimiento espasmódico de apretar y aflojar…obviamente estaba muy excitada y ya en el punto ideal para que yo comenzara a meterle mi verga. Me puse abundante vaselina en toda la pija, desde la cabeza hasta el tronco y volví a envaselinarle el culo a Stella por enésima vez; la idea era entrar muy profundamente sin lastimar y prolongar la cogida todo el tiempo posible. La dejé a ella en esa posición, acostada boca abajo, con una almohada debajo de su vientre y ella abrió bien sus piernas hacia los costados, de modo que la apertura de sus nalgas fuera completa y su esfínter quedara totalmente expuesto. Estiró los brazos hacia adelante, tomándose del borde de la cama, de forma tal que, vista de arriba parecía una enorme “letra Y Griega”. Más sensual y erótica su pose no podía ser, mi pija se había puesto nuevamente muy dura y parada y casi palpitaba por enterrarse en ese culo. Me puse sobre ella, apoyé la cabeza de mi pija en el agujero del culo y empujé suavemente. Con toda la vaselina que ambos teníamos puesta y todo el trabajo anterior con mis dedos, la cabeza entró fácilmente, su esfinter se había dilatado muy bien. Stella gimió, diciendome nuevamente que fuera suave. Sabía que ella tenía poca experiencia anal (apenas tres veces, según sus propios relatos) pero sabiendo que era una mujer que obtenía sus orgasmos sólo analmente, que disfrutaba enormemente de ello y habiendo visto lo maravilosamente fácil que recibió mis tres dedos en su culo……….quise ser suave, pero no exageradamente delicado. Comencé a empujar mi pija dentro de su culo, lo hice lentamente pero sin detenerme, avancé en su interior centímetro a centímetro, mientras Stella daba un largo e interminable gemido, ronco, grave, como si quisiera ahogar un tremendo grito, como si temiera ser escuchada. Cuando llegué exactamente a la parte de la mitad de mi pija, que es donde se pone más gruesa, Stella, que habitualmente era muy suave y muy femenina, levantó la cabeza, mirándome a través del espejo del frente y me dijo “hijo de puta, me estás partiendo el culo” casi gritando. Pero su rostro no era de dolor, estaba transfigurada; su habitual suavidad y delicadeza se habían transformado y ahora era una bestia hambrienta de pija que me miraba con los ojos desorbitados, enrojecidos y al decir esto dió un empujón final hacia atrás y arriba. Dio un grito que debe haber sido mezcla de dolor y placer, porque mientras gritaba roncamente, empujaba más y terminaba de meterse hasta el úlitmo de mis 22 cm dentro de su culo. Yo estaba encima de ella, tan metido entre sus nalgas como nuestras anatomías lo permitían y no me movía. Solamente empujaba hacia adentro, como queriendo estaquearla, dejarla clavada contra el colchón. Acerqué mi cara a la de ella y le dije al oído, como quien dice un secreto ¿Así querías que te cogiera? Su largo sí y el movimiento pendular que imprimió a sus caderas bastaron por respuesta. A partir de ese momento comencé a sacarla largamente, dejando casi la cabeza de la verga afuera de su culo, para meterla hasta el tronco nuevamente. Repetía este movimiento de manera lenta y deliberada, de la misma manera lenta y deliberada que Stella me había mamado al principio. Sentía esta vez no en mis dedos, sino en mi pija, los movimientos espasmódicos de cerrar y abrir el esfinter de Stella. Cuando la metía hasta el fondo se abría y cuando comezaba a sacarla lo cerraba, apretándome como una mano. Quise en un momento, instintivamente, llevar mi mano derecha hacia su clítoris y suavemente me dijo “no es necesario” ACABO POR EL CULO………………..con lo cual me concentré en sodomizarla largamente durante más de media hora continua. Le mordía la nuca y le decía obscenidades al oído, obteniendo de ella más calentura. Sus movimientos eran increíbles, manejaba sus caderas de manera magistral; rotaba la cintura y a su vez empujaba hacia atrás y arriba, Stella estaba evidenciando que era, no sólo una mujer anal, sino una adicta fanática a ser penetrada por el culo. Cuando vino su orgasmo, yo no aguantaba más (me estaba controlando pero ya no podía seguir mucho tiempo más). Sus movimientos se hicieron más rápidos y cortos, el mete saca ya parecía una máquina, me decía “así, así, así” y entonces cambió sus gemidos y grititos por un sonoro, grave e interminable grito, mientras clavaba sus uñas en la cama y arqueaba totalmente su espalda, como si por caso hubiera quedado algún milímetro de mi pija que no hubiera entrado totalmente en su culo. Allí sí, sus espasmos anales se hicieron rápidos, contínuos y me apretaban la pija como si fuera una mano. Me apreté contra ella y la tomé de los hombros, empujando todo lo que pudiera. Yo acabé entre gritos y sentía mi semen salir a chorros dentro de su culo, me daba la sensación que ese culo me absorbía, me succionaba y me llevaba hasta la última gota. No sé cuánto tiempo estuvimos así, hasta que terminamos de relajarnos. Seguía yo encima de ella y sentía cómo lentamente mi pija se iba ablandando. Cuando la saqué, salió de su culo un borbotón de semen y me quedé extasiado mirando ese esfinter, ahora todo enrojecido, abierto como una enorme boca oscura y que cada tanto hacía un movimiento de espasmo, se cerraba y al abrirse expulsaba otro poco de mi leche. Ese día no pudimos repetirlo, ella había quedado con su esfinter muy inflamado y yo, realmente, después de esa acabada, iba a necesitar un rato para reponerme, realmente había sido una cogida violenta, brutal, animal, salvaje. Con Stella fuimos amantes durante varios años, nunca se supo lo nuestro. Luego yo me separé de Viviana y me mudé de provincia. Algunas veces llamo por teléfono a la noche a Stella y nos hemos visto un par de veces más, aprovechando algún viaje furtivo mío, coincidiendo con los viajes del idiota-cornudo del marido de Stella, el que no supo aprovechar una mujer anal, un verdadero regalo del cielo. Con el tiempo conocí a otras mujeres anales, pero nunca fue lo mismo que con Stella. A los hombres que lean esto, si alguna vez se topan con una mujer anal, no la dejen escapar y a las mujeres que lo lean, si creen ser “mujeres anales” pues han sido tocadas por la varita mágica, aprovéchenlo al máximo, tendrán, seguramente, los hombres a sus piés.

Nuevo relato erotico, está vez nos cuentan la fantasía cumplida de un tipo.

Saludos, mi nombre es José, 29 años, vivo en Caracas, Venezuela, tengo una novia, Carola, de 28 años, piel blanca, ojos marrones, buenas piernas y un buen trasero. Mi relación con ella es estupenda, es una buena persona muy caliente en la cama.

Siempre he tenido una fantasía de hacerlo con otra persona, hombre o mujer, pero ella se ha negado, dice que no lo podría hacer y yo hasta los momentos respeto su decisión.

Su hermana María mayor 33 años es casada y vive en Madrid, vino a Caracas por los días de navidad, tenía 3 años que no la miraba, cuando la vi en el aeropuerto me quede sorprendido por la mujer que vi: unas buenas razones, tremendas piernas y sobre todo el culo que se le notaba, de inmediato sentí como mi polla se levanto, nos saludamos todo normal y nos fuimos a la casa de mi suegra que esperaba.

Todo pasó normal, yo siempre mirando a mi cuñadita cada vez que se me presentaba la oportunidad y un día ella lo notó, y empezó a aprovecharse de la situación, cada vez que estábamos sentados de frente, ella me mostraba lo que podía sin que su madre ni su hermana lo notaran, en las noches se quedaba en pijama si ropa interior y se le notaban los pezones, el vello púbico.

Un día llegue a casa de mi suegra y para suerte mía solo estaba Maria mi cuñadita, mi novia y suegra habían salido a realizar unas compras y ella estaba cansada y decidió quedarse en casa, llegue toque el timbre y ella me abrió la puerta y guau!!!, estaba en licra muy pero muy pequeña se le notaba todo, absolutamente todo. No pude evitar el observarla un rato sin decir una palabra hasta que ella hablo y dijo: pasa no te quedes ahí mirando, y así lo hice. Me senté ella también lo hizo y empezamos a hablar de cosas su vida, la mía, nuestras relaciones hasta que tocamos el tema del sexo, y ella me dijo que su marido no la complacía mucho que el la dejaba con ganas y que estaba insatisfecha con eso cosa que me puso a mil. También mi dijo que su hermana le cuenta por correo que ella si queda satisfecha conmigo que ella sentía envidia por eso. Ya para ese punto de la conversación mi pene estaba totalmente duro y se notaba demasiado, y por supuesto que mi cuñadita también lo notó.

Me armé de valor y le dije que si quería podíamos intentarlo a ver como yo la dejaba, ella me dijo que ahora no porque su madre estaba por llegar pero si me dijo que quería ver mi pene y que lo quería mamar y se abalanzó sobre mi me bajo el cierre del pantalón y lo saco, estaba enorme y goteando esperma, ella de inmediato lo tomo con las dos manos, lo beso, lo lamía desde la base hasta la punta, yo la tomaba por la cabeza y la ayudaba a seguir el ritmo que me gustaba, estaba en éxtasis, era la mejor mamada que me estaban dando, estuvimos así un rato hasta que sentimos llegar a mi suegra y mi novia, ella se paro de inmediato se arreglo, yo también lo hice nos besamos en la boca y me dijo al oído que estaba pendiente lo que le había propuesto.

Cuando mi suegra y mi novia entraron nos saludamos como si nada hubiese pasado y creo que mi novia si porque se dio cuenta de mi erección y la cara de ambos mi cuñada y yo pero no dijo nada.

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