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Otro relato erotico de relaciones que empiezan por la red, si es que las fantasias eroticas se pueden hacer realidad. Si es que hay zorras que disfrutan chupando gratis

Conocí a Laura por casualidad una fría tarde de invierno. Yo había entrado en un concurrido chat para huir del aburrimiento. Su hermoso nombre me llamó la atención y le envié un mensaje. Comenzamos a charlar de temas intrascendentes, pero la conversación fue tan amena y distendida que quedamos para otro día e intercambiamos nuestras direcciones de correo. A partir de ahí nuestros encuentros se hicieron habituales, primero en el ICQ y después con un programa que nos permitía comunicarnos usando nuestra propia voz. El intercambio de fotografías se hizo inevitable, y así pude apreciar su belleza serena, su tez blanca, su pelo castaño, sus labios sensuales, sus verdes ojos arrebatadores.

Nuestras conversaciones, que se prolongaron durante más de un año, aunque cálidas, siempre se movían en una línea de cordialidad propia de dos personas adultas : ella tenía treinta y dos años, yo lindando los cuarenta ; ambos casados, con hijos y con profesiones de cierta responsabilidad social. Pero desde un principio esa mujer extremadamente culta, inteligente y sobre todo imaginativa, logró hacerme sentir bajo el dominio de alguna exótica droga que me privaba de la conciencia de la realidad y me blandía a su capricho en una atmósfera de encantamiento y seducción que hacía abandonarme a un fascinante placer que ahogaba mi interior.

Mi deseo por ella iba creciendo y no es extraño que en alguna ocasión le hiciera alguna sensual insinuación, a la que ella, tímidamente, respondía con evasivas. Pero una noche, encontrándonos bajo los efluvios de alguna bebida alcohólica, le propuse entrar en un chat erótico y ella asintió. Estuvimos leyendo las conversaciones ajenas hasta que ella hizo un comentario : ” !qué real parece lo que aquí se describe!…”. Con gran excitación le dije : “¿quieres hacer el amor conmigo en este chat?”, y para mi gozo ella consintió. Yo me preguntaba hasta dónde podíamos llegar con nuestra fantasía.

Con cierto recato, pues siempre había sido muy comedido en mis expresiones, comencé a escribir :

“Laura, estamos en una playa desierta, te abrazo, siento tu cuerpo desnudo, tu piel de terciopelo fría y mojada … y te beso ; beso tus ojos con dulzura, con el roce apenas perceptible de mis labios …, y tu nariz, … mordisqueo el lóbulo de tu oreja derecha, te susurro al oído que te quiero y todo tu cuerpo se estremece al sentir el cosquilleo que te producen mis palabras. Beso tus labios y tú me acaricias el pelo. Mi lengua entra en contacto con la tuya. Siento su humedad, su calor, tu aliento refrescante, … y nuestras lenguas juguetean atrevidamente.

Te apartas de mí con brusquedad y me empujas sobre la arena, luego te tumbas a mi lado y me pides que siga besándote, pero no, ahora quiero admirar tu desnudez, ese cuerpo que hace que el deseo se haga más incontrolado. Las gotas de agua resbalan desde tu pelo, por tu cara, tu cuello y van a caer sobre tus pechos, y alguna más atrevida se posa en tus enhiestos pezones oscuros.

No puedo reprimir mi ansiedad, acerco mi boca a ellos y bebo esas gotas saladas, lamiendo tus pequeños pezones, succionándolos delicadamente los mordisqueo con suavidad. Tus pechos están duros, los acaricio con mis manos y siento que el deseo se apodera de mí.

Mi lengua juguetona recorre tu vientre, haciéndote cosquillas en el ombligo, y desciende más y más. Me pongo de rodillas ante ti y tomo una de tus piernas, la acaricio y chupo con mi boca los dedos de tus pies, pues sé que eso te gusta”.

Creí que mi excitación había llegado a su punto álgido, pero entonces ella tomó la iniciativa y escribió :

“Te quiero Sergio, me estás volviendo loca con tus palabras. Esto es muy real. Estoy muy caliente. Mi coño está hinchado y húmedo de lujuria … estoy acariciando mi sexo con mis dedos mojados en saliva …”.

En mis sueños yo seguía jugando, lamiendo los pies de Laura y recorriendo una y otra vez sus piernas, pero ahora fui directo a su sexo. Comencé a besarlo, y al contacto de mis labios ella se estremeció de placer, dejando escapar un gemido. Abrió sus piernas para permitir que mi lengua entrara en su vagina y sentí su calor y su humedad … La estaba penetrando una y otra vez, con mi lengua primero, con mis dedos después, al tiempo que acariciaba el clítoris en sentido circular, notando que ella, que movía sus caderas con frenesí dejando escapar el deseo por cada uno de sus poros, seguía vibrando de placer.

Nuevamente escribió Laura en el chat : “Ahora me toca a mí…”. Hizo que me echara en la arena, tomó mi endurecido y erecto falo entre sus manos y principió a acariciarlo suavemente. Con su dulce lengua y sus labios carnosos jugueteó traviesamente con él, chupaba el glande y poco a poco iba devorándolo hasta que acabó por engullir el pene en su totalidad. Bajaba y subía la cabeza con movimientos rítmicos y expertos que lograron transportarme a extraordinarias cotas de placer.

No pude contenerme más y se lo hice saber. “Si sigues así voy a correrme”. Entonces ella me miró pícaramente, con provocación y me dijo : “No, así no. Quiero que me folles, quiero sentir tu polla erecta en mi coño caliente, húmedo y blandito”. Y cambiando de postura se tumbó en la arena y abrió las piernas. Me puse encima, acerqué mi duro, palpitante y ardiente rabo a su sexo y comencé a penetrarla ; empujaba con suavidad sintiendo cómo las paredes carnosas de su vagina aprisionaban mi miembro y comencé a morderle la boca. Mis movimientos fueron haciéndose cada vez más bruscos a medida que sentía su excitación, oyendo sus gemidos de placer. Noté que temblaba y no pude controlarme. Mi polla explotó derramando dentro de su vientre un torrente de semen que inundó su vagina, mezclándose con el flujo de su excitación, fundiéndonos ambos en un orgasmo tan largo e intenso como nuestra imaginación quiso.

Y entonces desperté y volví a la realidad. Estaba turbado, enrojecido, sentía fiebre y palpitaciones … . Las palabras que Laura escribía habían conseguido despertar en mí tal grado de deseo y de lujuria que ahora necesitaba sexo en forma irracional y desmedida. Y lo tuve, le hice el amor a mi mujer con violencia, con pasión, como nunca lo había hecho,… y con traición, pues acariciaba su cuerpo pensando en el de Laura, me imaginaba en esa playa que ambos conocíamos recreándome con la fábula que acabábamos de inventar.

Desde ese momento no hacía más que pensar en ella ; era una obsesión enfermiza. Rememoraba esa charla y sentía el deseo incontrolado de repetir la experiencia, lo que me producía graves apuros, al conseguir la erección en el trabajo, en la calle …, y me preguntaba si sería posible alcanzar el placer de esa forma. Pero el deseo era mutuo y pronto surgió nuevamente la ocasión, aunque ahora usamos el programa de voz, lo que hizo que mi confusión fuera total, al impedir que pudiera discernir entre lo que era realidad y fantasía.

Esa noche yo estaba sólo en casa y ella empezó a hablarme. La escuchaba con una claridad absoluta, sus palabras resonaban en mi cabeza tan cálidas que pronto surgió la pasión y fue vencida la inicial vergüenza y recato, comenzando a expresarnos de forma desinhibida y espontánea. “Te abrazo -le dije-, te beso, …” . Ahora las frases eran mucho más excitantes, todo era más sensual, oyendo su dulce y sugerente voz.

Me tumbé en la cama, apagué la luz y cerré los ojos; desabroché mis pantalones y comencé a acariciar mi pene, que ya estaba en erección.

Laura me hablaba así :

“Sergio, llevo una falda corta, una blusa ajustada y mi ropa interior es tan sugerente que te volverá loco. Chupo con lujuria uno de mis dedos que ahora, muy despacio, resbala por mi cuello hasta llegar a mi pecho. Voy dejando un rastro de saliva en mi piel para que tus labios lo sigan. Empiezo a bajar, primero acaricio mi vientre con suavidad y por fin llego a mi sexo que te espera impaciente. Introduzco en él un dedo , luego otro, y otro. Está caliente, palpitante, húmedo y blandito. Quiero ser tuya, quiero sentirte dentro de mí… Estoy frotando el clítoris mientras imagino que es tu lengua y ello me sitúa al borde del delirio…”

Yo seguía moviendo lentamente mi mano a través de mi empinado falo y seguimos soñando: Estaba tumbado en la cama y ella sobre mí en sentido inverso. Su lengua chupaba mi polla dura con gran vigor y pronto fue engullida por su boca, al tiempo que movía sus caderas pidiéndome que la devorara, ofreciéndome su rosado sexo para que lo lamiera frenéticamente. Yo besaba sus vigorosos muslos y sus consistentes y redondeados glúteos, jugando con mi lengua alrededor de su vagina. Tenía frente a mi cara su coño mojado y entonces me hundí en su selva oscura para besar y chupar con fuerza el clítoris, mientras ella suspiraba de placer. Aquello me parecía simplemente fuera de este mundo. Ante mis ojos tenía también su culo estrecho, pudoroso, provocando mi curiosidad y mi deseo. Comencé a explorarlo con mis dedos empapados con el flujo que salía de su coño y comencé a penetrarla tímidamente. Así estuvimos jugueteando hasta que finalmente no pude resistir más, me levanté e hice que se pusiera inclinada de rodillas y en esa posición acerqué mi rabo a la entrada de su culo y comencé a penetrarla, primero con mucha resistencia, que pronto fue vencida con la ayuda de un poco de saliva, introduciendo en ella todo mi pene, que fuertemente aprisionado en las paredes del recto, se movía con lentitud : dentro y fuera.

Ella gemía en una extraña simbiosis de dolor y placer, pero la lenta cadencia del movimiento de mi miembro, acompañada con las suaves caricias que mi mano diestra prodigaba a su clítoris, la hizo llevar al éxtasis, sintiendo que ella llegaba al orgasmo, en el mismo instante en que mi pene descargaba en su culo un torrente de semen caliente, llevándome también a alcanzar la cima del placer.

Y en ese momento ambos regresamos a la realidad. Nos estábamos masturbando. Laura empezó a describirme cómo lo hacía. Sus ardientes palabras, sus gemidos entrecortados y sus jadeos me permitieron comprobar que se trataba de una excitación real. Sólo imaginar que yo era el responsable del placer que sentía esa mujer me enloquecía.

Cuando pensé que ya no podría experimentar nada más extraordinario percibí un silencio. Laura se detuvo, oí uno de sus profundos suspiros y por fin recobró la voz. Entonces me fue dibujando su cuerpo que era recorrido en la oscuridad por sus húmedos y juguetones dedos. Los guiaba nuestro deseo y se movieron con una destreza tal que llegamos a las más altas cotas del delirio. Sus palabras se agolpaban en mi mente y apenas podía asimilar lo que estaba sucediendo. Su voz sonaba tan suave que casi palpaba su aliento cálido en mi oído. Me habló de sus pezones endurecidos de excitación, del movimiento circular que imprimía a sus senos mientras yo le susurraba con delicadeza palabras apasionadas. Separó sus piernas y un ligero estremecimiento la recorrió por completo. Yo percibí entonces un suave gritito de placer y le pregunté la causa : estaba introduciendo los dedos en su coño mojado acariciando también el clítoris con suavidad. La descripción cesó y la llamé pero sólo me llegó una serie ininterrumpida de suspiros. Estaba llegando al orgasmo.

Por entonces mi mano se movía con destreza y rapidez alrededor de mi hinchada polla, pletórico de excitación ante las palabras que salían de la boca de Laura, sugiriéndome ahora que mojara mis dedos con saliva y frotara el glande, imaginando que era su boca, y así lo hice. La sensación fue igual de placentera y un espasmo recorrió todo mi cuerpo, precipitándose en torbellino la leche pegajosa que escupía el miembro viril sobre mi mano y mi pecho.

Nuestra turbación fue mayor. El orgasmo había sido auténtico. Desde ese día ya no pensábamos en otra cosa más que en convertir en realidad esta experiencia ; sin embargo, y por extraño que parezca, ninguno de los dos queríamos conocernos personalmente para no perder la magia de nuestros encuentros. Mi sueño erótico era poseer a Laura como lo había hecho hasta entonces, guardando nuestro anonimato. Y una gran idea pasó fugazmente por mi mente y fue madurando poco a poco, hasta que finalmente encontré el momento idóneo para llevarla a feliz término.

Un día pude dirigirme a su ciudad, aprovechando que mi mujer se había ido a la playa con mis hijos, tomé una habitación en un conocido hotel de lujo y la llamé a su móvil concertando una cita. A continuación cerré todas las ventanas dejando la estancia con una oscuridad absoluta, me desnudé, entré en el baño y me di una ducha que aplacó momentáneamente mi lujuria, me enrollé una toalla y me senté en la cama esperándola.

Ella acudió pronto a la cita. Llamó a la puerta de la habitación, yo quité el pestillo y me retiré al fondo de la estancia. Cuando entró pude adivinar su silueta. Era como me había imaginado. Su cuerpo delgado pero exquisitamente armonioso y lozano, no muy alta, con el pelo corto. Sus pechos eran pequeños, como a mí me gustan, pero duros, pujantes y bien erguidos ; sus glúteos finamente esculpidos ; sus piernas largas y bien torneadas. Vestía de forma sencilla pero con muy buen gusto : falda corta, que traslucía sus muslos recios, sus pantorrillas prominentes y su culo firme y prieto ; blusa con pequeños tirantes y zapatos veraniegos que dejaban al descubierto sus minúsculos pies ; pero aún mayor fascinación causó en mí el aire de elegancia y seguridad que desprendía cada uno de sus movimientos.

A oscuras, tanteando los muebles, no sin dificultad, llegó a la cama y se sentó junto a mí envuelta en un aura de misterio y provocación. Comenzamos a hablar. Su voz sonaba tan dulce y melodiosa como en las ocasiones anteriores. Nos besamos con pasión desmedida tratando de aprovechar cada segundo y revivimos nuestros encuentros imaginarios. Ella notó mi excitación y me dijo con una increíble seguridad: “amor mío, creo que conseguiré llevarte al éxtasis muy pronto…”. Hizo que me tumbara en la cama y tal como estaba, sin quitarse la ropa, besó mis labios y deslizó su lengua por mi cuerpo desnudo, por mi vientre y mi sexo. ¡Y ahora sí era real!… Chupó mi pene, lo introdujo en su boca y comenzó a acariciarlo, ayudándose con una mano, tímidamente primero y luego con movimientos más rítmicos que aumentaban su cadencia al sentir que mi excitación iba en aumento. Después bajó su lengua acariciando su base, chupando mis testículos que luego, de uno en uno, se introdujo en la boca con exquisita delicadeza.

Laura -le dije- “voy a correrme”, y ella exclamó “hazlo”, y siguió acariciando mi rabo empinado. Noté cómo el semen se deslizaba desde mis testículos, por todo el miembro, saliendo violentamente para ir dentro de su boca, que sin poder contenerlo lo derramó fuera de sí, esparciéndose por su cara y su cuello. Era la primera vez que experimentaba un orgasmo así. Nunca hasta entonces había eyaculado en el interior de la boca de una mujer y el placer que tuve al sentir que su lengua no se detenía en las caricias que prodigaba al glande mientras se producía la descarga del licor seminal fue indescriptible.

Exhausto seguí echado en la cama mientras ella se dirigió al baño. Escuché el ruido del lavabo y luego la ducha. A los pocos minutos ella salió y se tumbó junto a mí, dándome cuenta de que estaba desnuda. Charlamos nuevamente de cosas intrascendentes, y no había transcurrido media hora cuando ella cogió mi pene con sus manos y comenzó a acariciarlo de nuevo. Los besos apasionados se prodigaron ahora, como antes lo habían sido en la fantasía … y mi lengua recorrió su cuerpo, saboreando toda su piel: su cara, su espalda, sus pechos, su vientre, sus piernas, sus pies, y por fin llegué a su sexo y enterré mi lengua en la vagina, haciendo que sus piernas temblasen a causa del deseo. Su coño húmedo, muy caliente y blandito me pedía que lo follara sin demora.

Se puso de rodillas sobre la cama, apoyando sus manos en la almohada, y me acerqué a ella por detrás, jugueteando con mi enorme pene erecto alrededor de sus genitales, tocando con la punta sus muslos, sus glúteos, su ano, hasta que ella, descontrolada, me suplicó que la penetrara con fuerza, al tiempo que levantaba sus caderas y me decía : “quiero sentirte dentro, muy dentro”. Comencé a penetrarla lentamente mientras ella movía sus caderas gozosa. Mis embestidas iban en aumento poco a poco, tratando de disfrutar al máximo cada momento. Cuando mis testículos se unían a su vello púbico, ella echaba las caderas hacia atrás para sentirse penetrada lo más hondo posible. Movía sus caderas pausadamente hasta que mi pene volvía a salir, repitiendo este proceso una y otra vez, estallando en desinhibidos alaridos de placer.

Yo estaba ya a punto de explotar en un intenso orgasmo, cuando ella se detuvo, hizo que me echara en la cama y se sentó sobre mi tieso falo, metiéndoselo lentamente en su ardiente coño, comenzando a hacer lentos movimientos : arriba y abajo, para sentir y disfrutar al máximo aquella rigidez penetrando en sus entrañas. Entretanto emitía incontrolados gemidos de dicha, se chupaba uno de sus dedos y mordía una mano, mientras con la otra se frotaba el clítoris delicadamente, saboreando al máximo cada segundo de placer.

Nos besamos de nuevo y nuestras lenguas se unieron cuando simultáneamente experimentamos un prolongado e intenso orgasmo. Nuestros cuerpos se retorcían de placer y Laura gemía como posesa. Mi polla estalló de gusto, vomitando como manantial salvaje un torbellino de leche blanquecina y viscosa que se precipitó en su coño húmedo, cayendo después rendidos en la cama.

Allí permanecimos dormidos, perdiendo la noción del tiempo. Desperté antes que ella y vi cómo su cuerpo pequeño se cobijaba entre mis brazos sintiéndola más mía que nunca. Aproveché para acariciarla con suavidad, para oler su piel, para recorrerla con mi mirada en la penumbra del cuarto intentando grabar en mi memoria aquella fascinante experiencia. Al poco abrió los ojos y me sonrió llena de felicidad tal como pude apreciar a través de sus expresivos ojos. Después nos vestimos, tanteando en la oscuridad nuestras ropas, y sin que hubiéramos podido aún percatarnos exactamente de nuestra apariencia física, nos despedimos con un intenso beso. Ella se marchó en primer lugar. Yo lo hice a los pocos minutos, pagué la cuenta del hotel y regresé a mi ciudad, a mi hogar y a mi rutina.

Sigo chateando con Laura casi todas las noches y vivo con la esperanza de volver a sentir su cuerpo junto al mío. He meditado mucho sobre la insensata fantasía en la que me hallo inmerso, que me ha privado de lucidez en la percepción de la realidad. En todo caso, aunque esta historia concluya, sé que jamás podré olvidar a esa mujer que ha logrado seducir mi ser y ahogar con su magia las fibras más sensibles de mi percepción, colmándome de un placer tan sublime como jamás podré experimentar.

Su miembro entraba y salia, me hacia gemir de placer, mi marido nunca me habia hecho sentir lo que Daniel. su pene entrara mas en mi. Hasta que senti como chorros de semen me llenaban por dentro

Por mucho tiempo mi fantasía sexual era estar en la intimidad con el novio de mi amiga Mary, su nombre Daniel y mi mejor amiga eran novios y tenia planeado casarse. Yo sabía que le gustaba también a él, ya que en cualquier oportunidad que nos quedábamos solos intentaba seducirme sin llegar más a allá que las insinuaciones y miradas coqueta.

Todos trabajábamos en una misma empresa, así que teníamos mucho contacto. Con el tiempo yo me casé con mi novio, mi amiga y Daniel se cambiaron de empresa, pero aún así de vez en cuando estábamos en contacto. El último día que trabajamos en la misma empresa, Daniel aprovechó un momento en que estábamos solos para darme un beso en los labios, como despedida, ese día me tomó por sorpresa, no lo esperaba, y no lo rechacé. Sin embargo, con la distancia no terminaron las insinuaciones de Daniel, me encantaba que intentará conquistarme a escondidas de mi amiga y claro de mí ahora esposo.

Siempre me he considerado de buen cuerpo, no muy alta, pero de todo lo demás bien proporcionado, además me encanta lucir mi figura con ropa ajustada, faldas cortas y bonitos escotes. Cosa que a mi marido no le importa. Ahora con la ausencia de Daniel en el trabajo, mi lujuria hacia él ha aumentado, en ocasiones cuando hago el amor con mi marido, pienso que con quien estoy es con Daniel. Eso me hace ponerme aún más caliente.

Ya tenía un año de casada, no había olvidado ese beso que me excitó muchísimo, estar entre sus brazos y sentir la cálida sensación de sus labios era algo que en mi mente siempre iba a estar. La historia, que hizo mis sueños realidad comienza aquí, con una llamada telefónica de Daniel;

- Hola Graciela, soy Daniel, ¿como estás? – Muy bien y tú, que milagro, yo pensé que ya te habías olvidado de mi.

- No, ¿como crees?, eso nunca, fíjate que Mary te manda saludar – Gracias, también salúdamela, ¿que cuentan? – Fíjate que ya nos vamos a casar, en un mes. Así que tú y tu esposo estarán invitados a la boda – Aah, pues, felicidades – Gracias, ya tenemos casi todo listo, en 15 días mis amigos me organizarán mi fiesta de despedida de soltero, a ver como me va. jajajajaja – Pues ojala y que bien – Sabes, aún recuerdo ese día que te besé…. espero que no te haya molestado – Jajajaja, no, como crees, la verdad me gustó – Te voy a mandar los datos de la fiesta de mi despedida, para que se la des a tu marido y vaya un rato, ok? – Ok, gracias – Hasta pronto, bye – bye

La noche de ese día no pude dormir bien, había soñado, en que yo era la chica del pastel de la despedida de soltero de Daniel, y tenía sexo increíble con él. Pero en la vida real, ¿me atrevería?…

Pasó una semana y ese sueño se volvió obsesión, aún me faltaba comprarle el regalo para Daniel y Mary, pero…. y que tal si el regalo solo fuera para Daniel?. Por lo pronto a mi marido no le comenté nada acerca de la fiesta de soltero de Daniel, quería tener una ventaja a la hora de decidir. Por lo pronto, me compraré unas zapatillas altísimas, sexys y un bikini, fueron mis propósitos iniciales.

Con los datos que me proporcionó Daniel sobre su despedida, pude contactar a las chicas que estaban contratadas para que me dejaran a mí el papel protagonista… la chica de pastel. Y Llegó el día esperado:

- Querido hoy tengo una reunión con mis amigas, es posible que llegue ya tarde así que no me esperes. Le dije a mi marido. – Está bien amor, que te diviertas.

Todo quedó arreglado con mi marido. Eran las 9 de la noche cuando me trasladé al lugar de la fiesta. Entré por la puerta trasera para no ser vista por nadie, junto a la cocina había una recamara, donde las chicas esperaban salir a dar el espectáculo para unos 20 hombres aproximadamente entre ellos claro, Daniel. Las demás chicas pensaban que yo era como ellas, una prostituta más, jajaja, eso me dio un poco más de seguridad en mí, mi salida estaba planeada a las 10.30, aún tenía tiempo en caso de querer olvidarlo todo y salir de ahí… los nervios iban creciendo.

Había elegido un chaleco de mezclilla corto, sin brasier, un bikini blanco y mis zapatillas, era todo lo que llevaría. Los minutos se hicieron eternos, las chicas entraban y salían conforme iba realizando sus presentaciones. Cuando llegó el momento.

- ¿Estás lista? me preguntó una de las chicas – Si, ya. Vestida con mis únicas prendas que compré para este momento. Entre dos chicas me ayudan a entrar al pastel para después tapar la entrada cuidadosamente. Siento como se va moviendo mi particular vehículo, mientras escucho muchas voces vitoreando por la llegada del pastel al salón. Siento más nervios que antes, pero ahora ya no hay marcha atrás.

La música comienza a escucharse, señal de que debo empezar a salir…. y comienzo a salir, con movimientos coquetos voy saliendo poco a poco, mientras me aplauden por mi salida. Comienzo a recorrer con mi mirada, hasta que mis ojos se encuentran con los de Daniel, estaba totalmente asombrado, con una expresión de incredulidad.

Mientras los demás hombres aplauden para que salga totalmente del pastel, salgo y subo a una mesa prevista para esto. Un calor me recorre la espalda, comienzo a bailar suavemente mostrando mis encantos por cada esquina de la mesa, Daniel estaba en primera fila, sin perder detalle. Al pasar junto a él le cierro un ojo, ya para este momento había tomado confianza y me deslizaba por la mesa como pez en el agua, bailando sugerentemente.

El público me pide que me deshaga de mi poca ropa, así que llevo mis manos a los botones de mi chaleco y desabrocho el único botón que esa prenda tenia, casi inmediatamente mis pechos surgen después de estar prisioneros, yo de tengo mi prenda para dejar ver solo un poco, mientras bailo, voy dejando ver cada vez más, hasta que de repente doy la espalda al público y me quito totalmente el chaleco… ahora solo cubro mis pechos con mis brazos. Los hombres como locos pedían más y más, me sentía como esas chicas que se dedican a esto, me sentía lujuriosa, al ver como excitaba a todos y en especial a Daniel.

Hasta que por fin retiré mis brazos de mis pechos, dejándolos ver por todos, mis pezones erectos, estaban excitados. Y por fin terminó la música de la presentación. Bajé de la mesa y fui conducida a una habitación, solo esperé unos minutos cuando la puerta se abrió, dejando entrar a Daniel. Aún sin poder creerlo, no podía hablar.

- ¿Te gustó el show? Pregunté – Siiii, muchísimo, la verdad fue una sorpresa. – ¿Si sabes porque estoy aquí, verdad? – Si. Le dije, – ahora el show es solo para ti, lo se – ¿Estás segura de lo que va a pasar? – Totalmente.

Entonces nos abrazamos yo solo con mi bikini, él aún con ropa que fue poco a poco quitándose mientras nos besábamos, y abrazábamos, sentía como sus manos recorrían mi cuerpo de arriba a abajo. Terminó por quitarse totalmente la ropa. Sus manos acariciaron mis pechos con mucha impaciencia, primero con su lengua recorrió cada centímetro de mi piel, de cada uno de mis senos, para después tomar uno de mis pezones su succionarlos como un bebe… que rica sensación.

Entonces fui bajando poco a poco besando su cuerpo, y el dejándose llevar, hasta llegar a su vientre, sentí como su miembro ya erecto me rozaba mi piel, hasta que estuve de frente a ese miembro con que tanto tiempo había soñado, era más grande que en mis sueños y más grueso “vaya que suerte de mary” pensé… ya en la punta tenía unas gotitas de fluido, sin pensarlo mucho me lo llevé a mis labios, sentí como estaba caliente, y comencé poco a poco a introducirlo en mi boca, tanto como pude, acaricié ese miembro con mi lengua, luego lo estaba chupando con más velocidad.

Ya tenía residuos del fluido de Daniel en mi boca. Entonces comencé a recorrer la piel de aquel miembro que no pudo entrar en mi boca, besándolo y mojándolo con mi lengua. Cuando terminé, vi esos dos grandes testículos colgando de aquel formidable miembro, dudé un momento, pero me decidí a tenerlos también en mi boca, no debería de perder esta oportunidad, así que los remojé con mi lengua para después darles unas chupaditas a cada uno….

Daniel me tomó de los brazos y me hizo levantarme, y me dijo… – hoy vas a ser mi mujer por toda la noche… Entonces me acostó sobre la cama, y él me abrió las piernas dejando mi sexo a su disposición. Levantó mis piernas y acercó su miembro a la entrada de mi vagina, sentí como esa cabeza tan grande comenzaba a hacer presión en mí, poco a poco entró cuando Daniel se acostó sobre mi para dame un beso en mis labios, mientras empujaba más su pene dentro de mí. Yo lo abrazaba, hasta que de un empujón, me metió el resto, yo solté un quejido de placer,

- Aaaaaaaahhhhh, así Daniel amor.

Era la primera vez que decía “amor” a otro hombre que no fuera mi marido, eso me excitó más.

Daniel acariciaba mis nalgas mientras mi vagina se acoplaba a su nuevo visitante. Cuando poco a poco Daniel comenzó a sacar su pene solo para empujarlo nuevamente más adentro, hasta que tomó ritmo en un va y ven, en donde cada embestida me penetraba más. Solo se escuchaba el golpe de sus testículos en mis nalgas y los gemidos de placer tanto de Daniel como míos. Hasta que en una embestida sentí como su miembro se hinchaba más para soltar su esperma dentro de mí. Varios chorros inundaron mi vagina. Daniel exhausto cayó sobre mí, mientras yo lo abrazaba.

Nos quedamos así unos minutos, cuando él se acomodó a un lado mío, por mi vagina escurrían fluidos, Daniel me acariciaba mis pechos y me decía cuanto había deseado ese momento, que era el mejor regalo de su vida.

- Lo único que yo te pido es que ni Mary ni mi marido se enteren de esto que pasó… le dije. – ¿Me lo prometes?. Me contestó que me lo prometía.

Cuando su miembro recobró nuevamente vida, Daniel me colocó en posición de perrito, sobre la cama. Entonces se acercó por atrás de mí y me hizo sentir su pene por mis nalgas y mi rajita. Cuando nuevamente empezó a penetrarme por mi vagina, con más fuerza esta vez, mientras con una mano buscaba mis pechos que colgaban, los acariciaba y los estrujaba.

Ahora sentía como su miembro entraba y salía sin dificultad, me hacia gemir de placer, mi marido nunca me había hecho sentir lo mismo que Daniel. Más que un regalo para Daniel, lo era para ambos. Después de que sus manos jugaban con mis pechos, luego acariciaba mis nalgas, con ambas manos las abría para que su pene entrara más en mí. Hasta que sentí nuevamente como chorros de semen me llenaban por dentro.

Cuando Daniel terminó, se quedó inmóvil con su pene dentro de mi, como esperando a que su fluido no escapara de mi. Poco a poco fue retirándose, no permitiéndome moverme…- Quédate así un momento, quiero que mi esperma este dentro de ti por más tiempo. Me dijo, yo solo sonreí, mientras trataba de recuperar energías.

Luego de unos minutos nos acostamos y dormitamos por unos 10 minutos, después busqué mi ropa y me fui vistiendo. Daniel hizo lo mismo, en la puerta ya había fila queriendo tener una oportunidad conmigo, pero yo solo era el regalo para Daniel. Terminé por vestirme y sentí como mi ropa interior se humedecía por los fluidos depositados en mí. Daniel me abrazó y me besó, diciendo que lo había hecho muy feliz. Yo le dije que también había sido una noche muy especial para mí. Me acompañó a la puerta trasera y nos despedimos con un beso.

Llegué a mi casa ya de madrugada, sin hacer ruido llegué a mi habitación. Me preparé para acostarme a un lado de mi marido, cuando me cobijé, se despertó y me preguntó como me había ido. Le contesté que muy bien.

- Que bien amor, ¿sabes?… tengo ganas de ti. Me dijo – estoy cansada, ¿mejor mañana si? – Está bien mañana. Y volvió a dormir.

Aún tenía puesto mis braguitas llenas de fluido de otro hombre, y no quería que ese momento se borrara compartiendo mi vagina con mi marido.

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