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Esto sucedió el verano pasado. En realidad fue fortuito, no fue buscado por mí, pero ocurrió y es lo que cuenta. Soy un hombre de 33 años casado, mi mujer tiene 31 y tenemos un hijo de 5. Nuestro matrimonio es normal y nos llevamos muy bien en todo aspecto.
El verano pasado mis suegros nos invitaron por un fin de semana a su casita de la playa a mi familia y a su otro hijo de 38 años con su mujer de 36 y sus niños de 12 y 10 años.
Llegamos y nos instalamos, aunque la casa es pequeñita, cuenta con un solo dormitorio con tres camas, tiene un living comedor espacioso y cómodo y está muy bien arreglada. En la noche del primer día, preparamos unos traguitos y unos picadillos para celebrar y comenzar a pasarlo bien. Pusimos música y nos pusimos a bailar, cada uno con su pareja. Mis suegros José de unos 67 años y Carmen de 62 son muy alegres y buenos para bailar, de modo que comenzamos a pasarlo muy bien. Después de varios bailes, saqué a bailar a mi suegra. Ella es una mujer no muy alta, de 1,60 m. más o menos, algo rellenita de pelo corto y muy alegre, tiene unas grandes y hermosas tetas que le gusta lucir con escotes pronunciados o poleras ajustadas y un trasero, que sin ser fabuloso, le hace juego con su cuerpo, de nalgas sobresalientes y caderas redondas y abundantes, con una cintura que le permite diferenciar éstas…. en realidad está bastante buena!Bailamos una cumbia, ella estaba muy contenta y reía y bromeaba con todos, al igual que todos nosotros. Al rato, ya los tragos estaban haciendo efecto y nuevamente bailé con mi suegra otro baile tropical, entre balanceo y movimientos, roce involuntariamente con el dorso de mis manos sus grandes tetas, notándolas ricas, ella sólo me miró y sonrió. Yo me atreví y nuevamente ya no tan casualmente volví a rozarle sus tetas por más tiempo. Ella volvió a sonreír mirándome pícaramente.

-¿Le gustan yernito? preguntó en un susurro.

-¡Me encantan! le respondí.
Seguimos bailando y ya me atreví a más y ahora dí vuelta mis manos y le agarré las tetas por breves segundos, pero con una mano en cada una.

-¿Le gustan las tetas de su suegra, yernito? volvió a preguntarme con mirada de caliente, sorprendiéndome yo mismo de la inesperada situación.

-¡Me enloquecen, suegrita! Le respondí- ¡son tan ricas..
-Tenga cuidado murmuró- no nos vayan a pillar…
Terminó el baile y volvimos nuevamente a bailar algo lento con nuestras parejas para disimular, pero ambos ya habíamos lanzado la primera piedra y nos mirábamos disimuladamente. Luego bailamos un bolero y allí si la pude abrazar, pero tenía que disimular al máximo, pues alguien se podía dar cuenta, pero tuve la oportunidad de rozar con mis piernas sus muslos y ella al apegarse a aprovechar bien la mañana para ir a la playa.
Nos fuimos a acostar. Las mujeres primero, pues ya les dije que era un solo dormitorio. Acostados todos, al poco rato, se sentían los ronquidos de mi suegro. Quedamos ubicados mis suegros en su cama del rincón, nosotros con mi esposa y el niño en la cama del medio y en el otro extremo mi cuñado y su señora. Los niños de ellos en unos sofás cama del living.
Todos dormían aparentemente, mi señora con sus pastillita de las noches para relajarse y se escuchaban los ronquidos de los otros. Yo sabía que a pocos centímetros estaba mi suegra, pues mi suegro se acostaba al rincón… En la oscuridad estiré la mano hacia su cama y me topé con su brazo… ella me tomó la mano y comenzó a acariciármela. De pronto ella la subió y la llevó a su pecho, poniéndola sobre una de sus tetas desnudas… La había sacado del camisón y me la daba para que yo la acariciara… mi verga se paró y comencé a acariciar esa grande y hermosa teta… su pezón estaba erguido y durito… era una situación electrizante… mi suegra gemía silenciosamente y hasta me pareció que se acariciaba su entrepierna con su otra mano…
De pronto mi esposa me abrazó y me pidió que la abrazara… tuve que dejar esa rica teta con un último apretoncito de despedida y entre sueño de mi esposa, la abracé. Ella al notar mi erección me dijo calladamente -Mijito, cálmate, ahora no podemos… pero mañana nos arreglaremos… ahora duérmase.
Al día siguiente, me levanté después de todos. Mi suegro y su hijo con los muchachos había bajado a la caleta a comprar mariscos y mi esposa y su cuñada charlaban en el jardín y jugaban con mi hijo. Salí de la ducha y vi a mi suegra en la cocina, preparando el almuerzo. Me acerqué por detrás, la tomé de las caderas y acercando mi cuerpo al de ella, la besé en la mejilla.

-Hola Suegrita la saludé- ¿cómo durmió anoche? -Hola yernito me respondió volviendo la cara para devolverme el beso – ¡dormí medio inquieta Ud. sabe por qué!Acerqué mi miembro que se estaba erectando y lo apoyé en su trasero, entre sus grandes nalgas. Ella estaba vestida con un short blanco y polera roja escotada. Al sentir mi miembro en sus nalgas, ella empujó su potito hacia mí refregándose un poquito y lanzando un suspiro. Entonces yo besé su cuello y subí mis manos hasta sus grandes tetas… ¡oh sorpresa! ¡Estaba sin sostén! -¿Así quería tenerlas, sin sostén, yernito? me preguntó con voz caliente.

-Así suegrita… ¡son tan ricas! -¿Le gustan las tetas de su suegra… de esta vieja, yernito? -Ya le dije que me fascinan suegrita… son súper ricas y me tienen súper caliente! -Y Ud. a mí… respondió empujando su trasero contra mi verga que se acomodaba entre sus nalgas, mientras mis manos acariciaban esas hermosas y grandes tetas, cuyo pezón estaba erecto y duro.

-Ya, yernito me susurró- está bueno…me tiene demasiado caliente… no nos vayan a pillar y echaríamos todo a perder…

-¡Qué lástima, estaba gozando tanto…
-Ya tendremos tiempo me dijo- ahora váyase que no se den cuenta.
Me fui al dormitorio, justo cuando sentí entrar a mi esposa a buscar algo para el niño.

-Ya flojonazo me dijo riendo- eres el último en levantarse, ya va a estar el almuerzo y tú recién vas a desayunar. y riendo me dio un agarrón a mi paquete que aún estaba medio parado.

-Ya vamos a llegar a casa y allí nos desquitaremos mijito ¿verdad? .me dijo besándome y pegando su cuerpo a culo.

-¿Le gusta yernito? preguntó. La pregunta no era nada original, parece que le encantaba hacerla.

-¡Claro suegrita! Contesté- tiene un culazo súper rico! -Me tiene súper caliente, Luis… no sé si aguantaré hasta que nos vayamos… menos mal que mañana nos vamos. Allí todo será más fácil. Anoche…

-¿Anoche? ¿Qué pasó anoche? pregunté -Anoche estaba tan caliente con las caricias que le dio a mis tetas en la cama, que….

-¿Qué? -Que… bueno… ya… tuve que… masturbarme…. menos mal que el viejo no despertó.

-¿Sabe suegrita? Yo la sentí y me tenía súper caliente, me dormí con mi pico súper parado entre las nalgas de su hija…

-La suerte de mi hija… que se come eso tan… rico bromeó.
Yo le tocaba su gran culo mientras hablábamos jugueteando en el agua, para disimular. Ella me tocaba por debajo mi verga.

-Parece que Ud. pasa con su cosa parada me dijo riendo- me dan un a ganas de comérmela aquí mismo…
En eso llegó nadando cerca de nosotros mi esposa.

-¿Cómo lo están pasando? preguntó alegremente -Súper bien respondió mi suegra- hacía tiempo que no desfrutaba tanto del mar!Bueno, el día siguiente pasó entre coqueteos y agarrones con mi suegra… cuando podíamos nos dábamos unos agarrones y un atraque rápido en la cocina, hasta que llegó la hora de la partida. En la capital la vida comenzó nuevamente su rutina. Yo en el trabajo, mi esposa también, mi suegro en su negocio, y mi suegrita sola en la casa…
Eso me tenía inquieto… no hallaba las horas de ver nuevamente a mi suegra. Un día la llamé por teléfono y tuvimos una conversación bien erótica, para una mujer de su edad. Le pregunté cómo estaba vestida, que yo estaba con mi verga parada y la acariciaba al conversar con ella… ella me dijo como estaba de caliente… le hice sacarse sus calzones… me dijo que eran de color negro y que estaba sin sostén, como me gustaba a mí… yo le dije que estaba con mi pico afuera y lo acariciaba… ella me decía que no lo conocía y quería verlo… al final la hice que se metiera los deditos en su concha y se masturbó contándomelo todo hasta que logró un rico orgasmo… después me decía -Por Dios, Luis, lo que me hace hacer…. yo nunca había conversado estas cosas con un hombre, ni menos hacer lo que hice! -No me diga que nunca se ha masturbado suegrita.

-Bueno, sí respondió- si lo he hecho y… a veces aún lo hago… pero sola… sin nadie que lo sepa…

-Ahora lo sabemos los dos, suegrita linda, si supera lo caliente que me tiene.

-¡Y usted supiera lo caliente que me ha puesto desde ese día que me tocó las tetas bailando… uuuffffff!Al día siguiente (miércoles), la llamé de nuevo, pero allí le dije que la iba a ir a ver.
-Espéreme sin sostén y bien sexy, suegrita…. ¡la quiero súper rica! -Pero ¿no será una imprudencia? Me respondió asustada- inventemos algo…. a ver… ¡ya! voy a llamar a mi hija a la noche y le pediré si usted me puede ayudar mañana con un trámite que tengo que hacer… Ud. pedirá permiso un ratito y me acompañará….pero se vendrá para acá y yo lo espero como usted quiere…

-Estupendo, suegrita respondí entusiasmado- ya veo que las mujeres saben hacer las cosas cuando quieren algo!Esa noche sucedió lo planeado y mi esposa me pidió que por favor acompañara a su mamá… Yo me mostré algo molesto, pero disimulando a regañadientes accedí.
Esperé impaciente la llegada de minifalda algo anchita se elevó y pude ver sus nalgas, al parecer tampoco se había puesto calzones…
Nos sentamos en el sofá y después de un brindis, comenzamos a besarnos y a acariciarnos… Le abrí la blusa y dejé sus hermosas tetas al aire sin sacarle la blusa… las besé y lamí sus pezones duros, chupándoselos, ella lanzaba gemidos y suspiros, mientras con sus manos trataba de liberar mi pico…
Yo me enderecé un poco y bajé mis pantalones y slip, dejando libre mi gran verga totalmente parada -¡Ohhhhhh! ¡Que grande!… ¡qué hermosa!& ¡Oh cielos!… es…. preciosa… exclamó y comenzó a acariciarla con sus manos….- ¡mi hija come de lo mejor! -Ahora sé a quien salió tan caliente mi esposa…-exclamé riendo.
Continué con mis caricias, la falda la tenía a medio muslo, acaricié sus piernas y subí su falda… efectivamente, no se había puesto calzones….

-Suegrita…. veo que está bastante preparada… le dije acariciando con mi mano su zorrita desnuda, con pocos pelos y bastante húmeda.

-¿No le gusto así, sin ropa interior? Ayer estuve todo el día sin calzones ni sostén esperando que usted apareciera… al final después de la pajita por teléfono, me tuve que correr dos más…¡me tiene demasiado caliente yernito!Yo me agaché y comencé a besar sus muslos, comencé a lamer sus piernas, arrodillado en la alfombra… ella se recostó y entreabrió más sus piernas, viendo su zorra peludita y rica… sus labios mayores bastante grandes y los menores se veían perfectamente, pues tenía la concha mojada y entreabierta de caliente… era una concha de película… la acaricié con mis dedos… estaba exquisita… luego la besé… ella exhaló un suspiro y se removió en el sofá… mi lengua fue poco a poco lamiendo esos labios gruesos y calientes, mojados y peluditos, ansiosos de recibir una caricia como la que yo le iba a prodigar… ella gemía y suspiraba como esperando la arremetida de mi boca… se tocaba sus propias tetas con sus dedos estrujaba sus pezones… yo con mis manos bajos sus nalgas disfrutaba de acariciar ese rico poto mientras con mi boca comía esa rica concha… saqué mi lengua y lamí esos labios gordezuelos, separándolos y metiendo la punta en su rica concha… el aroma me volvía loco… aroma de hembra en celo… de mujer ardiente… de madura caliente y deseosa de ser culeada… mi lengua entró en su capullo y me di maña para lamer y chupar ese manjar de zorra… quizás más rica que la propia concha de mi mujer, su hija… De pronto encontré su botón… su clítoris salía como un centímetro fuera de su vulva… hacia allí dirigí mi ataque… ella sintió como una corriente eléctrica, se removió en el sofá , gimió y comenzó a lanzar grititos que cada vez fueron más fuertes… gritaba y se movía como loca, como escabullendo esa lengua que perseguía su clítoris y su goce…estaba gozando…. estaba teniendo el primer orgasmo con su yerno….

-¿Le gusta la concha de su suegra, yernito…. le gus…ta… comer…le la…. zo…rrita…. ¡ayyyyyyy, ayyyyy, aaaaaaagggggg….. Le gusta la zorrita de su sue…graaaaaaaaaa…. yer…ni&to…¡cómasela… cóma…sela… toda…aaaaaaagggggg……ayyy…..ya no puedo…..máaaaaas….ya…. No…puedo….. Cóma….sela…yer…nito….por la puta….. Por la pu….ta….qué riiiico….aaaaaag parece que le gustaba mucho hablar mientras acababa…. sus preguntas eran las mismas de siempreDe pronto, se dejó caer… había tenido como tres o cuatro orgasmos. La dejé tranquila… mi cara estaba empapada d comencé a pajearla al ritmo de su mamada, ella se removía gozando, cuando de pronto ya no aguanté más y comencé a lanzarle chorros de semen a su boca… ella tosió, se atragantó pues según supe después era su primera mamada, pero le gustó demasiado, pues no soltó mi pico por nada del mundo y continuó chupando y tragando leche hasta dejarlo seco.

-¿Le gustó, yernito -me preguntó como era su costumbre- le gustó como su suegrita le chupó el pico? Es mi primera vez… me da vergüenza, pero así es… ¿cómo lo hice? ¿Le gusta que su suegra le chupe su pichulita, igual como se la chupa mi hija? Su suegrita es una degeneradita ¿no es cierto? -Suegrita… ¡Ud. la chupa de maravilla! ¡Ni parece que nunca lo hubiera hecho! ¿A usted le gustó, suegrita? -Es lo más rico que he hecho en mi vida… respondió- ¡tantos años sin haber probado ese manjar!… claro que el viejo es tan puritano que nunca me lo pidió.
De allí nos fuimos a su dormitorio y ya ambos desnudos, en la cama dimos rienda suelta a nuestra lujuria contenida tanto tiempo.
-A mí me gusta arriba me dijo cuando ya tenía mi pico en la entrada de su rica zorra. Ella me dio vuelta y me fue montando poco a poco… puso la cabeza de mi pico a la entrada de su concha y se dejó caer sobre ella, lanzando un grito de placer y triunfo al sentirse casi traspasada por mi gruesa verga. Sentía su concha apretadita, a pesar del uso que le debe haber dado en su vida.

-Ahhhyyyyyyyy…. ¡que riiiico…! ¡Uuuffffff que rica pichula tiene yernito!…. por la puta …. ¡Que rico… que riii….cooo… así… así gritaba empujando su cuerpo sobre el mío- así… por favor….. Más….másssss… que rico por la chucha….. Es dema…sia…do…. ayyyyyyy ¡estoy acabando…de nuevooooo!… Ayyy yernito por la puta que rico…. que rico su picoooooo…
Realmente su zorra era como un guante, estrecha a pesar de su edad y súper caliente.
Entre gritos me hizo acabar a mí también y se juntaron en su concha sus líquidos con mi leche en un orgasmo simultáneo que hacía tiempo no experimentaba….. La madura era súper caliente y súper rica.
Quedamos desmadejados en la cama respirando entrecortadamente… con los sentidos casi perdidos, pero con una felicidad tremenda de haber descubierto esa pasión que ambos sentíamos y que ahora sería una entrega mutua por mucho tiempo.
Después de descansar un rato, nos duchamos juntos y yo regresé a mi trabajo, poniéndonos de acuerdo sobre lo que le diríamos a mi esposa (su hija) y la forma de volver ajuntarnos, pues nos quedaba mucho todavía que hacer entre ambos.
Desnuda me fue a dejar a la puerta de la casa, prometiéndome que se pondría sólo un vestido sin calzones ni sostén, cada vez que la visitara, quedando en evidencia que era sólo el comienzo.

En este video porno podeis ver a tres zorras lesbianas chupando culos y coños. Las tres colocadas en fila en una escalera se lamen enteras sus cuerpos desnudos, mientras que cada una de ella no deja de tocarse su coño mojado. Se ve como estas maduras han hecho mas videos chupando ya que se las escucha constantemente gemir de placer. Despues de correrse todas ellas, se restriegan sus sudorosos cuerpos y besan sus bocas llenas de su leche saludando a la camara, pues solo es el principio de este video porno…

Disfrutó en la obra comiendo pollas, tragando leche y dejándose romper el culo

Siempre tuve complejo de polla pequeña. No sé si mis 14 cms. dan la media nacional, o si es verdad que el tamaño no importa; pero, lo cierto, es que hubiese preferido un buen pollón, de, al menos, 20 cms. a una lotería primitiva. Puede que este complejo influyera en la sensación que siempre me quedaba después de follar con mi mujer de que ésta no había quedado convenientemente satisfecha, pese a que me considero un artista comiendo coños. Muchas veces me desperté agobiado tras una pesadilla en la que se follaban a mi mujer y disfrutaba más que nunca la muy guarra.
Nuria, mi mujer, es una chaba de 39 años de muy buen ver. Tiene buenas tetas, aunque un poco caidas después de tres embarazos, y, sobre todo, un culo imponente, como para sembrar nabos. Es una madurita apetecible que cuando se pone minifaldas todavía pone caliente a más de uno que anda salido por ahí. Nuestra vida sexual puede considerarse normal (un par de polvos a la semana), y he logrado, después de varios años de insistencia, que mi mujer me la chupara, aunque cuando lleva un rato chupando o cuando sale líquido preseminal, siempre le dan arcadas y deja inmediatamente de hacerlo. De francés “bebido” nada, por tanto. Tampoco conseguí nunca, en quince años de matrimonio y varios más de experiencia prematrimonial, coger su culo, tan sólo alguna vez alcancé a introducirle mi dedo índice en el ano, teniéndolo que retirar rápidamente al decirme que tenía mucho dolor. Nuria, eso sí, se deja comer el coño todas las veces, dice que tengo una lengua maestra, y eso me hace sentir halagado por una parte y agobiado por otra, pues siempre se refiere a mi lengua, nunca a mi polla de 14 cms.. Nuria me dice que tiene buenas corridas, aunque tampoco nunca conseguí follarla más de una vez en un día. Soy empresario de la construcción y Nuria desde hace algunos meses me acompaña al trabajo, haciendo labores de secretaria. Ha ido adquiriendo experiencia en este tiempo, tanta que ya hace sola algunos presupuestos y que, incluso, controla la evolución de algunas obras. El negocio nos va muy bien y en este momento tenemos en la provincia de Málaga más de cinco obras en marcha. A veces pido a Nuria que vaya sola a algunas obras, dividiéndonos así el trabajo. Mis encargados, al principio, tuvieron reparos en admitir a una mujer dirigiendo sus tareas, pero, poco a poco, van confiando en ella, y se dejan gobernar. Especialmente me llamó la atención el cambio de aptitud de Miguelón y su cuadrilla, que hacen una reforma en Torremolinos y que de parar la obra al principio no admitiendo los consejos de mi mujer, han pasado a no dar más la lata, hasta el punto de no saber nada de ellos desde hace algunas semanas. Nuria se encargaba todos los días de dirigir la reforma.
Hace una semana me decidí a visitar la obra de reforma de Torremolinos, por sorpresa, quería conocer la evolución de la misma y no avisé a mi mujer, pues se enfadaba cuando seguía sus pasos, pues parece que no confiaba en ella, según luego me regañaba. Así que esperé a las seis de la tarde, cuando todos los obreros dan de mano, y me fui a la obra. Era la reforma de un local comercial para un supermercado, más de 1.000 metros cuadrados, y nos quedaban sólo dos meses de plazo para terminarla. Cuando llegué, la puerta de acceso a la obra estaba cerrada y ya se había ido todo el mundo. O eso creía yo, pues oía de fondo un ruido muy raro, de varias personas, que procedía de la obra. Como nadie me esperaba, y tenía copia de las llaves de acceso, me colé con sigilo en el local, a ver qué estaban haciendo. Al final, en una de las habitaciones, todavía en bruto, parece que había una luz tenue y, a medida que me aproximaba, era más fácil distinguir los sonidos, jadeos extraños por una parte, risa y alboroto por otro. Las paredes de la habitación todavía estaban en ladrillo tosco, con algunos boquetes por los que se podía ver el interior, y a uno de ellos me asomé, descubriendo una escena que por poco provoca mi desmayo: Miguelón estaba morreándose con Nuria, los dos de pié. Mi mujer con las tetas al aire y su minifalda subida hasta la cintura. Tres obreros más de la cuadrilla miraban la escena sentados en una esquina de la habitación y bebiendo cervezas, mientras que otro, de pie, se pajeaba contemplando la escena. Miguelón besaba a mi mujer con frenesí, como queriéndole comer la lengua, le chupaba la boca mientras con las dos manos la aproximaba hacia sí agarrándola por el culo. De pronto le comía la boca con violencia, como pasaba a chuparle el cuello o a comerle las tetas, manteniendo siempre bien agarrado el culo, apretando y separando los cachetes de mi mujer.

- Fóllate a esa putona, Miguelón, follátela bien que ahora vamos nosotros. Así, así, señora Nuria, vamos a follarte mejor que el cabrón de tu marido. Ja, ja, ja…, y no paraban de beber cerveza a gañote y de decir improperios.
Miguelón, de pronto, apartó las dos manos del culo de mi mujer y las llevó hasta sus hombros. El dedo pulgar de la mano derecha lo metió en la boca de Nuria, que lo chupaba como un caramelo, con una cara de ramera que jamás le había visto, mientras que con la mano izquierda empujaba el hombro hacia abajo, provocando que Nuria se pusiera en cuclillas. De pronto, la cara de mi mujer estaba ante el paquete impresionante de Miguelón, que, aunque llevaba pantalones americanos, hacía ver un enorme bulto que, sin duda, mi mujer conocía muy bien por la confianza con la que abría su portañuela e introducía una de sus manos. De la bragueta de Miguelón salió una polla de considerable tamaño, mucho más grande que la mía, descapullada, sobre la que Nuria se avalanzó despavorida. Me sorprendió el comportamiento de Nuria, que a duras penas quería comerme la polla, cuando chupaba con gula el enorme capullo que se le mostró delante. Nuria engullía la polla de Miguelón con maestría, sin duda había aprendido mucho en los últimos meses. Se introducía en la boca los casi 20 cms. de Miguelón para luego sacarla completamente y hacer como si se pintara los labios. Daba lametazos, escupía la polla antes de introducírsela otra vez casi entera, recorría el tronco de Miguelón hasta su base, casi haciendo perder el equilibrio del encargado que todavía tenía los pantalones por los tobillos, besaba los huevos sudados de Miguelón, se los metía en la boca y los chupaba como una loca. Miguelón jadeaba y disfrutaba, haciéndome un cabronazo, y mi mujer no paraba de darle placer con su lengua. Nuria agarró la polla de Miguelón por su base con las dos manos y empezó a hacerle una paja de campeonato a mi encargado mientras mantenía el capullo en la boca, dando lenguetazos, cuyos chasquidos yo escuchaba a la perfección, a pesar del jaleo que armaban los tres cerveceros mirones. De pronto Miguelón comenzó a tensar los muslos y los gemelos poniéndose de puntillas y lanzando un aullido que rompió mi corazón. Estaba corriéndose en la boca de mi mujer, con abundancia, tanta que Nuria abría la boca y apenas podía contener la leche del encargado que salía a borbotones inundando la boca, la cara, incluso el pelo de mi mujer, que estaba echa una verdadera guarra, y que disfrutaba con lo que hacía.
Mientras Miguelón se relajaba y quedaba exhausto, mi mujer le limpiaba la polla divinamente, como queriendo dar vida nuevamente a la serpiente que tenía delante. Mientras tanto, el obrero que de pie se pajeaba viendo a mi mujer y a Miguelón, se acercó rápidamente a mi mujer, y también ofreció su polla a la boca de Nuria que nada más abrirla recibió otra descarga tan abundante como la del encargado. El obrero lanzaba trallazos de leche que cubrían la cara de mi mujer, que aunque lo intentaba, no conseguía captarlos todos con su boca. Allí estaba Nuria, mi mujer, que casi todas las veces se hacía conmigo la estrecha, de rodillas en la obra recibiendo leche a raudales, con las tetas al aire, la falda zafada y el pelo y la cara llenos de lefa, con una cara desencajada, pidiendo más guerra, como una putona en celo.
Cuando mi mujer hubo terminado de mamar, Miguelón y el otro se apartaron a una esquina para beber una cerveza, y los tres obreros que antes observaban, se reían y decían improperios, se pusieron de pie y se dirigieron al centro de la habitación, donde Nuria estaba todavía de rodillas.

- Ven, levántate putita, que esto todavía no ha sido nada, le decía uno de los obreros ofreciéndole la mano para que mi mujer se pusiera de pie.
Mientras, los otros dos obreros, cogían dos bidones de la obra y separándolos un par de metros colocaban en lo alto varios tablones de madera, creando como una mesa rudimentaria que les llegaría a la altura de la cintura. Nuria se puso de pie y el obrero que la alzó se fue con la mano directamente a su coño, separándole las braguitas, y metiendo un par de dedos en su chocho. Mi mujer debía estar muy mojada y caliente, pues los dedos entraron con mucha facilidad y las bragas se veían chorreando. El obrero, con dos dedos en el chocho, le tiraba del pelo hacia atrás y acercaba su boca al oido diciéndole cosas guarras que todos escuchábamos.

- Cómo me gustas jefecita. Hoy te vamos a partir el culo, lo sabes, te vamos a follar bien follada, y tu maridito de los cuernos no va a poder entrar por la puerta. Ah, jefa, y después de follarte quiero que me dés un anticipo, sabes. Pídele dinero al cabrón de tu marido para nosotros, que todos lo días vamos a darte tu ración de polla, como te mereces.
El obrero acercó a mi mujer hasta la zona de los tablones, tirándole de los pelos y le ordenó:
- Ahora desnúdate enterita para nosotros y danos un besito en la polla, putona, que lo estás deseando.
Nuria se quitó la falda y las braguitas quedándose únicamente en tacones, mientras que los tres obreros apostados enfrente se deshacían de sus pantalones y camisetas. Estaban sucios y sudados del día de trabajo y se movían sus hermosas pollas apuntando a mi mujer. El que lideraba el grupo, tenía una polla de enormes dimensiones, unos 25 cms. diría yo (qué envidia), con un capullo oscuro y un calibre impresionante. Era un pollón de campeonato que apuntaba al cielo con potencia. Los otros dos también calzaban buenas pollas, una de unos 18 cms. y otra de más de 20 cms. Sin duda, mi mujer se iba a dar el lote, la muy putita. Nuria se agachó y comenzó a chupar el mástil de 25 cms,, pajeándolo al mismo tiempo. Los otros dos obreros se aproximaron, y mi mujer comenzó también a propinarles lenguetazos en sus respectivos capullos. Cuando las pollas estaban en plenitud de acción, el dueño del superpollón, que dominaba a mi mujer dijo.

- Vamos a darle su merecido a esta putita, compañeros.
Entonces mi mujer, que, sin duda, no era la primera vez que hacía esto, se subió a los tablones alzando el culo y poniendo su coño chorreante a la altura del pollón de 25 cms. El obrero no hizo mucho esfuerzo para clavar entera la polla en el coño de mi mujer, mientras que Nuria jadeaba como nunca la había escuchado y se inclinaba hacia atrás comiéndose al mismo tiempo las pollas de los otros dos obreros, entre lamentos y quejidos de placer. La enorme polla del obrero penetraba a mi mujer con potencia hasta que mi mujer tuvo las primeras convulsiones. Estaba corriéndose como una loca y no dejaba de comerse las otras dos pollas.
Cuando mi mujer se hubo corrido el obrero sacó su polla de 25 cms. y comenzó a refregar su capullo en el clítoris de mi mujer, que seguía entonces corriéndose sin parar. Los otros dos obreros excitados comenzaron a eyacular abundantemente en la cara y la boca de mi mujer, que aguantaba los lechazos y que se derretía de gusto con la polla que acariciaba su clítoris y que demostraba tener mucho aguante.

- Ahora voy a follarte el culito, putita. Te gusta mi polla verdad, pues ya nunca tendrás que hacer esfuerzo para cagar, puesto que te voy a romper el culo. Seguro que el cabrón de tu marido nunca te ha follado como yo te voy a follar.
El obrero cogió por la cintura a mi mujer, que todavía escupía leche a raudales, y la puso a cuatro patas en la mesa, para comerle el culo con muchas ganas. Yo creo que Nuria se corría de gusto otra vez. El obrero, mientras le comía el culo a mi mujer, llevaba la mano a su boca y a su cara, coleccionando restos de leche de las corridas de sus compañeros, y metía la leche en el culito de mi mujer para que le sirviera de lubricante, metiendo primero un dedo, luego dos, hasta tres, sin que la puta de mi mujer rechistara; todo lo contrario, echaba el culo hacia atrás como queriendo que esos dedos la penetraran más profundamente. Cuando el culo de Nuria estaba bien lubricado, el obrero cogió en brazos a mi mujer y la puso de rodillas a cuatro en el suelo, como una perrita. Se dispuso detrás de ella agachándose y apuntó al orificio anal de mi mujer que chorreaba saliva y leche. Yo pensaba que ese pollón no lo aguantaría Nuria, pero, sin embargo, resistió estoicamente. Sólo dio un gritito de sufrimiento cuando el obrero apretaba su capullo con fuerza contra el esfínter anal de mi mujer. Pero una vez que traspasó la barrera, el obrero introdujo poquito a poco su enorme polla en el culo de mi mujer, que lo movía en círculos y gritaba más y más como poseída. El culo de mi mujer estaba tan estrechito que, sin duda, esto haría que el obrero, con su enorme pollón de 25 cms. se corriera pronto en las entrañas de mi mujer, dejándose entonces caer sobre ella y comiéndole la nuca en ese momento. Nuria cayó también sobre el suelo con la cara de lado, desencajada, mirando hacia donde yo miraba por un boquete. Estaba guarra, muy guarra, con el pelo pegajoso, todo el maquillaje corrido, la cara llena de leche, y un enorme obrero, sudoroso y satisfecho, sobre su espalda, con una polla de 25 cms, en su culo que había sido la delicia de mi mujer.
Pronto todos los obreros y Miguelón el encargado comenzaron a recoger, mientras mi mujer continuaba en el suelo, yaciente, totalmente salida, corrida, satisfecha. El obrero del superpollón hizo una seña a los otros y todos se acercaron en corro a mi mujer que, sabiendo lo que le esperaba, se volvió y se tumbó entonces boca arriba.

- Y ahora, una duchita calentita, para que el cabrón de tu maridito no piense que has follado en la obra.
Las cinco pollas apuntaban al cuerpo de mi mujer, comenzando a mear sobre ella durante un buen rato. Nuria solo cerraba los ojos y retozaba en el suelo encantada, como si de verdad fuera una ducha relajante lo que le ofrecían los obreros.
Aquella tarde descubrí que en casa tenía toda una puta, un putón verbenero, que sí que disfrutaba con la pollas grandes, con lo que yo no podía darle. Pensé entonces en irrumpir en la habitación en obras y provocar un escándalo, pero opté finalmente por salir nuevamente con sigilo e irme llorando y desesperado. Llevé al coche hasta un descampado y recordando las escenas que había vivido, comencé a ponerme cachondo y me hice una paja de campeonato. Desde entonces, Nuria dirige casi todas las obras, siendo el encanto de todos los encargados y obreros de la cuadrilla. Eso sí, he tenido que subir el sueldo varias veces a toda la plantilla y todas las noches, cuando vuelve a casa, me deja olisquearle el coño y comérselo, notando yo unos sabores raros, que cada vez me gustan más, y que ella comenta que son producto de los desarreglos hormonales propios de su edad. Me he vuelto un cabrón consentido, ¿me estaré volviendo también maricón?, cualquier día salgo yo también a buscar una polla de 25 cms. que resuelva mi curiosidad, y, sobre todo, mi complejo de polla pequeña.

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