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Si te gustan las buenas mamadas, si te gusta ver gente chupando tetas, o incluso mamando tetas enormes, has llegado al paraiso del sexo con boca y mas…

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Hola, me llamo Fatima y estoy en casa muy aburrida, esperado que alguien quiera pasar un rato divertido conmigo.

Soy exhibicionista, me gusta que me miern mientra me toco hay abajo. Me gusta imaginarme que estoyen un banco del parque donde todos puedan verme. Como no tengo valor para hacerlo en la realidad por eso me apunte al mundo de las webcams.

Ya te lo digo me gusta tocarme las tetitas mientras tu te pajeas y hacerme mientras me hago  masturbaciones .  Meterme los dedos en el coñito mientras me siento observada. Es algo que acab siempre en corridas.
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Soy una madurita en busca de accion. Anoche soñe que estaba rodeada de hombres y que no paraba de hacer chupadas de pija hasta que se corrian en mi cara.

Soy una madura muy caliente. Me encanta hacer mamadas y tragar corridas. Cuando pienso en ello me pongo muy caliente y  me meto los deditos por coño y por el culo.

Si estas cansando de jovencitas sin experiencia conectate conmigo. Te aseguro que se lo que me hago y que te voy a dejar completamente satisfecho. Te vas a poer muy cachondo mientras ves como me toco las tetas y hago lo que tu quieres que haga.
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Una morenaza haciendose una paja de escandalo. La zorra esta abierta de patas sobre la cabeza de un tio. Se toca el chocho con la mano abierta a una velocidad frenetica y de vez en cuando, le restriega el coño en la boca al tio, que esta siendo usado literalmente. Llega un momento cuando la tia esta a punto, que se toca el coño salvajamente y empieza a soltar chorros de meados en la boca del tio, sentandose en su boca y haciendo que se lo trague todo.

Porno brutal y pajas femeninas.

Relato erotico de dos hermanos que no dejan de follar y de darse placer mutuo. Que bien se lo pasan los dos cabrones follando y teniendo sexo duro

Hola, mi nombre es Pedro, tengo 19 años. En casa somos 4, mi padre, mi madre, mi hermana Rosa de 27, y yo. Nosotros vivimos a las afueras de Barcelona, en un chalet de una urbanización cuyo nombre no interesa. Lo que les voy a contar es sobre mi hermana Rosa y yo. Mi hermana Rosa es una hermosa muchacha de proporciones bien definidas, vamos una ligona. Rosa estaba a punto de casarse, ya saben, esas cosas que hacen los novios de buscar piso y más. Por suerte todavía no habían preparado la boda, porque sucedió algo que cambio su destino. En cierta ocasión pilló a su novio con una amiga y cortaron para siempre. Rosa dijo que no quería saber nada mas de los hombres, que eran todos unos cerdos. Por ello ya casi no salía, pasaba mucho tiempo en casa.

Yo sabía que la vida sexual de mi hermana era muy activa, pero a partir de su ruptura freno su vida sexual, ya que casi no salía. En una ocasión llegue yo tarde a casa un sábado por lo que procuré abrir la verja despacio para no hacer ruido y despertar a mis padres, cuya habitación da a la entrada. Volteé la casa buscando la puerta y al pasar por la ventana de la habitación de mi hermana, que queda en la otra punta de la casa vi luz, así que sentí curiosidad y mire por una pequeña rendija que quedaba para ver que hacía despierta a esas horas. Vi algo que me dejo petrificado. En la cama estaba mi hermana Rosa viendo la tele. Eso no era lo extraño, sino que estaba viendo una película porno. Rosa estaba tirada en la cama en pelotas y con las piernas abiertas. Se estaba pegando una masturbada de campeonato. Mi mente no reaccionó, no así mi pene que pensó que podía ser un buen espectáculo, así que me quedé mirando su frenética actividad. Aquello era digno de toda un actriz porno, se masajeaba los pechos con frenesí para dedicarse luego a su coño. Era el coño más bonito que había visto nunca, perfectamente rasurado menos por un hilito de pelos que lo adornaban sensualmente. Estuvo un buen rato masturbándose hasta que acabó y apagó la tele y se acostó. Yo me fui inmediatamente a mi cuarto y me casqué una paja de órdago pensando en lo que vi. Sabía que estaba mal, porque era mi hermana, pero mi polla no pensaba lo mismo. Ni que decir tiene que tuve una corrida bestial, de las mayores que he tenido en mi vida.

Desde ese día no pude evitar mirar a mi hermana con otros ojos, la veía como una mujer que estaba buenísima, y no como mi hermana. No podía evitar seguir sus curvas con mi mirada, y por supuesto espiarla a escondidas cuando tomaba el sol. Para colmo lo hacia desnuda cuando mis padres no estaban, lo que me llevo en múltiples ocasiones a simular que me iba tras mis padres para luego entrar a escondidas y espiarla desde la casa. Cuantas pajas me he hecho mirándola mientras tomaba el sol. Pero la cosa no pasaba de allí.

En cierta ocasión estaba yo dedicándome a darle al manubrio cuando oigo que entra Rosa en casa. Tuve el tiempo justo para esconderme la polla y disimular ya que ella llamó a mi puerta y entró a mi cuarto para preguntarme por una duda informática sobre el correo. Pese a que no levanté sospecha me imagino que ella notó algo raro, ya que había cierto olor a polla en el ambiente, y ella como mujer experta en temas de sexo debió notar algo. El caso es que me comentó que su ordenador no arrancaba bien, que si podía hacer algo. Yo le dije que cuando tuviera un rato lo miraría.

Ese rato llegó por la tarde, estaba solo en casa y aburrido, así que decidí ir a mirar que pasaba. El problema se resolvió rápidamente, pero ya que estaba allí en su ordenador decidí mirar que tenia en él, por curiosidad. La verdad es que lo que vi me sorprendió bastante. Tenía bastantes direcciones de páginas de sexo en las que salían mujeres jóvenes como ella practicando sexo con jóvenes. Curiosamente jóvenes de unos 20 años. Tras seguir mirando su ordenador me puse a cotillear en su correo y vi que se escribía con los que practicaba cybersexo, ya saben correspondencia anónima con contenidos cachondos. En sus emails explicaba como le gustaría ser follada por jovencitos inexpertos e ir explicándoles como hacer las cosas. Se ve que este tipo de cosas la ponían cachonda. Mi polla esta que reventaba así que pensé en aliviarme y buscando un poco mas vi fotos suyas con la cara ocultada en las que les mostraba su cuerpo desnudo, incluso fotos muy subidas de tono en las que se veía claramente su coño abierto introduciéndoos un dedo, ni que decir tiene que fueron las imágenes con las que me masturbé.

Buscando mas encontré que también había fotos de los jóvenes con los que se escribía. Que cachonda la Rosa, pensé yo. Se ve que la falta de novio la hace recurrir a otros recursos. Como vi la ocasión perfecta, decidí enviarle un email desde mi ordenador simulando ser uno de ese jovencitos con los que intercambiaba emails y fotos. La respuesta no tardó en llegar pues esa noche cuando llego a casa se sentó al ordenador y a los pocos minutos llego un email a mi ordenador un mensaje de una tal, “Loba”. En él me contaba como era y que si quería intercambiar emails. Enseguida le respondí diciendo que si. Y nos enviamos un email en el que nos cambiamos una foto desnudos, con la cara ocultada, yo tuve, además, la precaución de retocar los elementos de fondo de la foto para que no pudiera identificar mi cuarto. Cual fue mi sorpresa que en la foto salía su cama en la que vi la ropa con la que terminaba de llegar. Eso significaba que justo ahora estaba desnuda, así que me vestí rápidamente y me dirigí a su cuarto para decirle que ya reparé su ordenador. Cuando toqué a la puerta me dijo que me esperara. A los pocos segundos me abrió cubierta por una bata de noche muy corta que tenía, supongo que fue lo primero que pilló. Le dije que ya estaba reparado su ordenador. Ella me dio las gracias. Cuando fui a cerrar la puerta para irme se me ocurrió decirle, “Joder Rosa, con esa bata pareces una loba”. Su cara se puso blanca por un instante. Yo para disimular le dije que era broma, que no se pusiera tan seria. Entonces recupero la sonrisa y me llamo idiota. Tras esto volví a mi ordenador y me hice una paja monumental con la foto recién enviada por ella.

Nuestros intercambios de fotos y emails continuaron durante un tiempo, hasta que un día le propuse algo fuerte. Le dije si quería que nos intercambiáramos semen y flujo vaginal. Ella acepto encantada, así que fui a correos a reservar un apartado postal para no dar la dirección. Ella por su parte ya disponía de uno. Esa misma noche me hice una paja monumental y me corrí en los calzoncillos, los cuales metí en un sobre y envié a su dirección postal. A los pocos días recibí el preciado regalo. Eran una braguitas tanga que ya conocía y que me ponían a cien. Desprendían un aroma increíble que hacía cobrar vida a mi polla. Enseguida tome unas fotos en las que restregaba mi pene sobre la parte manchada y otras en las que me corría sobre ellas. Se las mandé por email al instante y cosas de la vida, a los pocos minutos recibí unas fotos en las que ella se masturbaba frotando mis calzoncillos corridos sobre su coño. Guarde ese tanga en un lugar seguro donde nadie pudiera verlo. La verdad es que Rosa era una viciosa de cuidado. Ahora mi objetivo estaba mas claro que nunca, tenía que follármela como fuera. El problema era como.

Como medida de excitación hacia ella, cuando no estaban mis padres, comencé a pasearme en bañador cuando ella estaba en la piscina tomando el sol, utilizaba uno que tenía que me venía pequeño, siempre animando antes mi polla con unas cuantas sacudidas antes de salir de la piscina para marcar así mas paquete. Podía ver como ella miraba con disimulo mi bulto, para no ser descubierta. Era evidente pues si le gustaban los jóvenes, también debería sentir algo al verme a mí, como joven que era.

En otra ocasión que estaba ella tomando el sol le dije que se iba a quemar, que llevaba mucho rato expuesta, entonces ella me pidió que le untara bronceador. Como disfrute pasando mis manos por esa espalda. Incluso me atreví a rozar suavemente los laterales intentando tocar algo de sus senos y por supuesto su culo. Debía de encantarle porque no decía nada. Luego se dio la vuelta y me dediqué a frotar ese vientre plano, curtido por el deporte. Ni que decir tiene que acerqué mis manos a sus pechos y el borde de la braga del bikini. Estaba cachondísima, eso me decían sus pezones que desafiaban a romper la tela del bikini. Yo por supuesto que también, pues mi bulto era evidente, y ella lo notó. Esta actividad se repitió en mas de una ocasión. El caso es que la cosa no pasaba de allí hasta que un día sucedió algo inesperado. Rosa metió los calzoncillos que le mande en su cesto de la ropa, por error, y cuando mi madre hizo la colada y luego la recogió, al verlos los dejó en mi cuarto. A ella se la veía nerviosa ese día pues buscaba su trofeo y no lo encontraba. La sorpresa suya fue tremenda al ver a mi madre repartiendo la ropa y dejando en mi cama los calzoncillos, era evidente que mi madre sabía que eran míos, no así Rosa. Yo para forzar la situación no recogía la ropa que dejó mi madre en mi cama y esperé a ver que hacía ella. Esa tarde salí de mi habitación, supuestamente me iba con mis amigos, y al ver que ella entra en mi cuarto la sigo a escondidas y la veo como los toma y se los lleva.

Esa noche recibo un email suyo en el que me cuenta lo sucedido y me pide que le mande otros. Yo le respondí diciendo que le iba a mandar algo mejor. Me casqué una paja monumental con sus fotos y deposité mi corrida en un botecito que le mande a su dirección postal. El día que lo recibió me mandó unas fotos agradeciéndomelo en las que tenía mi corrida en su boca y su coño y jugaba con ella esparciéndola por todo su cuerpo. Así pues le mandé un email en el que le proponía quedar. Ella respondió diciendo que mejor no, que solo le interesaba el cybersexo, que lo demás le parecía muy fuerte. Yo le dije que eso no era fuerte, y le conté una historia inventada sobre mí en la que le relataba que me tiré a mi hermana mayor. Enseguida se despertó su curiosidad y me pidió que le contara mas cosas. Así que le dije todas las tretas que sucedieron hasta que al final supuestamente follamos. Le conté lo de ir en ropa interior por casa, lo de salir casi desnuda de la ducha para ver como reaccionaba,… en fin toda una serie de mentiras para ver si las ponía en práctica conmigo.

La verdad es que dio resultado pues a los pocos días comenzó a pasear en ropa interior por casa, cuando no estaban nuestros padres, evidentemente. Yo como sabía que lo que haría es ver mi reacción me excitaba de sobremanera dejándole ver mi bulto. Otro día me llamó desde la ducha con la excusa de que le acercara una toalla que quedaba lejos de su alcance con la excusa de no salir mojada. Al entrar la cortina de la ducha estaba medio abierta y pude ver su cuerpo. Ella me dijo que no mirara pero yo no hice mucho caso y al darle la toalla retuve unos segundos mi vista sobre su cuerpo. Se me puso dura al instante, y ella lo notó.

Al parecer la cosa funcionaba, ella estaba convencida por los emails que enviaba a mi falso yo contando los progresos de sus acercamientos con su hermano. Entonces le propuse que intentara algo mas fuerte, como pedir a su hermano que le pusiera crema en un supuesto grano del culo. Efectivamente, al día siguiente vino a mi cuarto y me dijo que tenía que pedirme un favor muy importante. Me dijo que le había salido un granito en el cachete y que ella no podía verlo, que por favor le pusiera una crema que le mandó el médico y que ella, debido a la posición del mismo no podía. Así pues yo accedí entre regañadientes para que no pensara que quería hacerlo. Se quito la falda y se tumbó en la cama boca abajo. Yo con solo ver esa braguita que traía me puse mas tieso que un árbol. La polla me reventaba. Entonces me dispuse a ello.

- Rosa no veo ningún grano.

- Si hombre, claro que lo hay busca bien, busca que está cerca del centro.

- Vale, te aparto un poco la braguita para ver si lo veo.

- Tranquilo, que no té de apuro, al fin y al cabo somos hermanos y no hay nada de malo en esto.

¿Nada de malo?. Pensé yo, yo si que té iba a hacer cosas malas, dije para mis adentros. Entre tanta manipulación le rozaba cerca del coño con mis manos, y pude ver como tenía el coño mojadito, así me lo hacía saber una pequeña mancha de flujo que se formo en su braguita.

- Pero Rosa, ten cuidado que té estas meando, dije yo para comprometerla.

- No, no. No se como dices que me estoy meando.

- Pues tienes las bragas manchadas.

- Huy, quizás sea de un descuido, cuando fui al baño antes.

Si, si, un descuido pensé yo. Lo que pasa es que esta está mas caliente que una burra. Finalmente puede ver el supuesto grano. Era una zona rojiza que se provocó ella rascando con la uña. La muy borde lo había hecho cerca de su raja.

- Venga, ya la vi, te aparto un poco más la braguita para llegar mejor.

- Vale, pero ten cuidado no la manches.

- Me parece que va a ser imposible.

- No, no, que son nuevas.

- Pues tu dirás que hacemos.

- Espera, me las quito y en paz, pero tu no te preocupes, que no té de apuro.

- No sé, no sé.

- Tranquilo hombre, siento ponerte en este compromiso pero es que el médico me dijo que no lo demorara.

- Bueno, pues vamos. Abre un poco las piernas, sino no llego.

- Vale, pero no mires donde no debes.

- Vale haré lo que pueda, pero uno no es de piedra.

- Calla marrano, tu piensa en otras cosas, no sé, en praderas, fútbol, bicis, etc…

Así pues comencé a poner cremita y lo que no era cremita, ya que en un descuido suyo, cuando no miraba tome un poco de líquido preseminal de mi polla y se lo puse sobre la zona rascada.

- Parece que casi está. Espera que me incorpore un poco que se me duerme la pierna en esta postura.

Con la excusa de incorporarme hice como que perdía el equilibrio y me dejé caer sobre ella introduciendo un dedo en su mojado coño y pegando mi crecido bulto sobre su culo.

- José, José, que haces.

- Lo siento, es que perdí el equilibrio.

Si, si me dije yo. Pero el caso es que la muy guarra no dijo nada sobre ese dedo mío en su coño.

- Levanta, rápido.

- Voy, voy, espera que es complicado, no tengo donde apoyarme. Mi mano está aprisionada por mi cuerpo.

Mientras me levantaba aproveché para frotar su clítoris con mi mano y apretar mi polla contra su culo. Rosa estaba muy mojada, y ella lo sabía.

- Perdona, perdona, pero es que perdí el equilibrio.

Al levantarse ella vio mi tremendo bulto bajo mis bermudas.

- José, pedazo de guarro, pues no te as empalmado conmigo.

- Hey, hey, para. Ya te dije que uno no es de piedra, además no fui yo el que pidió ayuda.

- Si hombre, pero mira como la tienes.

- Pues anda que tu. Mira como tengo el dedo de tus flujos.

En eso cojo y me chupo el dedo impregnado de sus flujos.

- Pero guarro, que haces.

- Nada limpiar mi dedo. Aunque el problema no es ese. ¿Quién me baja ahora esta empalmada?.

- Ah, eso es problema tuyo.

- Si, problema mío. Fuiste tú la que me lo puso así.

- Pues ya te apañaras.

- ¿Si?. Conque esas tenemos. Pues si no me la bajas tu le diré a los papas que me pediste que te pusiera crema.

- ¿No serás capaz?.

- Pon me a prueba.

Sabía que ella lo deseaba pero no quería forzar la situación. Si hubiera querido me la tiro directamente y seguro que ella hubiera estado encantada, pero el caso es que esa morbosa situación me gustaba.

- Eres un chantajista.

- Pues tú veras que haces.

- Si pero hay cosas que los hermanos no pueden hacer.

- Si, claro, como poner cremita cerca de según que zonas.

- Si, vale, pero no es lo mismo.

- Pues tanto si es como no aquí puedes ver el resultado, Dije yo señalando mi polla.

- Vale, vale. Acepto. Venga sácala.

Y sin mas me saque mi polla hinchada como una morcilla. Ella la tomó como con asco, aunque yo sabía que Rosa estaba disfrutando del momento. Comenzó a agitarla con una mano. Que rápido lo hacía, me iba a correr enseguida.

- Ajj, que asco. Avisa cuando te venga para coger un pañuelo.

- Vale, vale, pero tu sigue si no quieres que diga nada.

- Cerdo. Esta es la última que te paso.

Cuando estaba a punto de correrme no le dije nada y le disparé en la cara, barriga, coño. Todo lo que tenía visible se lo llene de leche. Ella, la muy guarrilla, no hizo nada por evitarlo aunque me dijo de todo.

- Gracias Rosa. Ahora ya puedo ducharme para salir.

- Eso, vete que no quiero saber nada de ti, so cerdo, chantajista.

Rosa se fue a su habitación y yo hice como que me iba a la ducha. Sabía que ella comenzaría a jugar con la corrida que le tiré encima, igual que hizo con la que le mandé por correo postal y me mostró en las fotos. Cuando estaba en ello me acerqué a la puerta y solo de oírla gemir se me puso tiesa. Abrí la puerta de golpe y le dije.

- Aja, lo sabía. ¿Dime quien es ahora el cerdo?. Mírate toda llena de leche y sobándote como una salida.

Ella quedó blanca, sin respuesta. Yo por contra me dije, de hoy no pasa. Me desnudé y acerque mi enhiesta polla a su boca.

- Chupa guarra, sé que lo estás deseando.

- Vale, lo confieso, me pones caliente. Trae esa polla cerdo. Te vas a enterar de esta.

- Por supuesto. Sé que te encanta, no disimules.

- Vale, para que seguir jugando. ¿Quieres sexo?. Pues lo vas a tener. Ya veremos quien puede más.

- Si, ya veremos. Chupa, chupa.

- Aggg, que polla más tiesa chavalín. Ummmm, que gusto.

- Chupa, chupa, que me voy a correr en tu boca. Te voy a llenar de semen. Sé que te gusta. O quien crees que era tu amigo del email.

- Así que eras tu, so cerdo, la verdad es que algo me olía, porque en las fotos me pareció reconocer tu habitación, pero no estaba segura.

- Deja de hablar, que te quiero follar esas tetazas que tienes tan duras. Venga calla y hazme una cubana.

La verdad es que ese lenguaje soez nos ponía a los dos.

- Que tetas, que duras. Mira cerda, mira como se entierra mi polla en ellas.

- Si, lo veo. Muévete, venga muévete y córrete sobre mí de una vez.

- Siiii, siii, me corro.

- Venga dispara en mis tetas y mi boca.

- Agghhh, siiiii, que gusto. Toma leche, toma.

- Siiii, toda para mí. Toda.

La puse perdida de semen. Y ella para variar comenzó a restregárselo por su cuerpo y a jugar con su lengua.

- Toma, zorra. Límpiame la polla con tu lengua.

- Sii, aghh, mira como la chupo. Mira.

- Chupa, chupa. Que se va levantando por momentos.

En eso que la tenía tiesa de nuevo y le digo.

- Mira lo que tienes debajo la cama.

Cuando ella se agacha para mirar le quedo el culo en pompa, así que sin avisar me situó detrás de ella y se la meto golpe en el coño.

- Aghhh, si, que bien, cerdo.

- Toma polla, toma. Dime que lo deseas.

- Si lo estaba deseando. Si empuja, empuja.

Uff, que placer ver rebotar mis huevos sobre su culo y ese ruido a sexo que producía mi polla al entrar en su prieto coño.

- Venga aprieta el coño, apriétalo, que da mas placer.

- Siiiii, me tienes loca, me vas a hacer correr enseguida.

- Siiii, me viene. ¿Dónde la quieres?

- En mi coño, en mi coño.

- Agghh, tomaaaaa, tomaaaaa.

- Siiiiiii, que gusto sentir tus chorros de placer dentro de mi cueva.

Al sacarla le comenzó a chorrear el semen por las piernas, así que lo tomé con mi mano y comencé a metérselo dentro de su coño Que coño mas mojado y chorroso. Jugué con mis dedos, mi corrida, sus flujos y su coño.

- Dámelo a probar, mete tus dedos en mi boca.

-Vale, vale, pero chupa mi polla que todavía chorrea.

- Siiii, que gusto. Como me gusta tu semen.

Tras esa sesión de sexo quedamos los dos exhaustos sobre su cama hasta que al rato nos fuimos a duchar los dos juntos. Yo enjabonaba a ella y ella lo hacía conmigo. De nuevo pude gozar de ese tacto exquisito que tenia su cuerpo y recordarle que ya no tendría que recurrir al cybersexo cuando quisiera un jovenzuelo, ya que en casa tenía uno que le daría todo el sexo que quisiera.

Este relato erotico nos muestra otra fantasia sexual. Sobre una zorra amateur que es una verdadera belleza y que sabe como seducir a un hombre, que bueno seria hacer esta fantasia realidad y que esta zorra empezase chupando pollas

En esta ocasión, pienso presentarles un relato que parte exclusivamente de mi imaginación, la que ha sido cruelmente atormentada por algunas fotografías de una dama que observé en una página de fotos amateurs. Debo reconocer que me ha cautivado su cuerpo y la sensualidad con que posa ante la lente y me hace odiar a quien manipula el disparador de esa cámara fotográfica.

De ella tomaré su nombre e imaginaré su rostro, su voz y sus dichos, ya que solo puedo ver su cuerpo. Zoe es romántica, morena, piel cobriza y hermosas curvas tanto superiores como inferiores (95-65-100 como medidas). Sus cabellos castaños oscuros caen hasta cubrir sus hombros en una delicada melena que asemeja un corte similar al de Cleopatra (La Reina del Nilo). Observar una diosa así pone a hervir la sangre de cualquier mortal y obviamente no fui la excepción.

Solía compartir con ella el transporte y el lugar donde se hallaban las oficinas de nuestro trabajo. Reconozco que cuando la vi por primera vez me asaltaron las ganas de abalanzarme sobre ella fingiendo caer ante alguna frenada brusca de colectivo pero noté que algo así me traería dolor de cabeza, ya que fui testigo de su reacción ante una actitud similar de un muchachito que camino a su escuela también compartía el viaje. ¡Qué cachetada le aplicó! Fue sonora y muy gráfica, ya que dejó su marca en la mejilla del chico.

Al llegar a nuestro destino, su rostro estaba desfigurado por la ira; pero he de reconocer que la hacía más bella. Sus ojos, dos granos de café tostado, brillaban y parecían albergar rayos propios de una tormenta de verano. Subimos al elevador solos y pude contemplar su figura entallada en aquel traje negro que resaltaba sus curvas, la pollera apenas superaba la mitad de sus muslos muy bien torneados y sus pechos poniendo en tensión máxima los botones que cruzaban el saco, dejando un canal apetecible entre ellos.

Labios rojo intenso, se veían temblorosos producto de su furia contenida. En aquel momento, decidí iniciar el contacto sabiendo que una palabra de mi parte daría rienda suelta a su descarga. Y así fue.

- Discúlpame, pero no pude evitar presenciar lo que pasó en el colectivo y creo que estarás muy furiosa – dije mientras me recostaba contra la pared del fondo.

- Tenéis razón! Estos borregos creen que pueden manosearte a su gusto cuando el colectivo está lleno. ¡Qué rabia tengo! – respondió.

- Te comprendo, aunque he visto también que otros no tan chicos hacen cosas similares. Realmente te compadezco, tan buena figura y tener que esconderla para no sufrir esos ataques.

- Ciertamente, hay que disfrazarse para que no te toquen.

El ascensor se detuvo en el piso 8, donde ella bajaba, se giró para quedar frente a mí y dándome un beso en la mejilla, apenas un roce, dijo: “Me llamo Zoe, un gusto hablar con vos”. “Igualmente, Alejo, a tus ordenes” respondí.

La vi bajar y cuando la puerta del elevador se cerró, sonreí al tiempo que pasaba mi mano por el sector donde segundos antes sus labios se habían posado. Llevé la palma a mi nariz y aspiré su perfume delicado que me embriagó al instante.

El resto de la mañana la pasé recordando uno a uno los segundos de su compañía, desde el colectivo hasta el piso 8. Imaginaba las mil y una formas de abordarla nuevamente para comenzar una relación más próxima, era indudable que quería tenerla en mi cama pero sentía temor de terminar como el estudiante en el colectivo. Siendo cerca de las 4 de la tarde, llegó la hora del regreso a casa. Me demoré unos minutos más de lo habitual, por lo que llegué al elevador a las 4:30. Las oficinas estaban casi desiertas y el silencio dominaba el lugar. Iba abstraído en mis pensamientos y no reparé en que aquella jaula de metal se detuvo en el octavo piso. Tan pronto se abrió la puerta, un perfume me trajo a la realidad, Zoe subía nuevamente.

- ¡Hola! Nos encontramos de nuevo, ¿Cómo fue tu día? – dijo su voz cristalina y mucho más calma que en la mañana.

- ¿Cómo estás preciosa?, algo pesada, pero nada que no pueda solucionarse. ¿Vos? ¿Mejor?.

- Si, ya pasó. Todo será cuestión de tomar precauciones para que no pase de nuevo.

- ¿Qué? ¿Vas a esconderte entre ropas de monja?.

- Nooo!!! Me pienso acomodar mejor en el colectivo – dijo entre risas.

Allí conocí algo más de ella, una risa contagiosa y muy transparente. Hasta llegar a la planta baja, hablamos y reímos de varios temas sin sentido. Le cedí el paso y pude admirar nuevamente su figura, aspirar ampliamente su perfume y colocarle el despertador a mis sentidos.

- Zoe, no lo tomes a mal pero… ¿Aceptas un café?.

- Bueno, dale. Conozco un barcito por acá cerca.

Caminé junto a ella, casi rozando mi brazo con el suyo hablando de bueyes perdidos hasta llegar al lugar que ella había dicho. Al entrar noté como la observaban y créanme que me sentí envidiado y odiado por los varones del lugar. Eligió una mesa alejada de las miradas indiscretas y las ventanas curiosas, situación que me agradó. Solicitamos nuestras bebidas y decidimos acompañarlas con unos sándwiches tostados.

- A fuerza de ser honestos, hace un tiempo que había reparado en tu presencia en los viajes del colectivo y que trabajabas en el mismo edificio que yo – mencioné.

- También yo, además me as comido con la mirada. Casi parecía que me estabas haciendo una radiografía.

- Y no es para menos, sois muy llamativa – respondí mientras sentía el calor subiendo de pies a cabeza.

- No te pongas colorado!, me gusta ser observada, además forma parte de mi personalidad. Vivo en un estado de seducción continua.

- Eso suena provocativo, pero me gusta.

Sonreímos ambos y nos dispusimos a consumir nuestros pedidos, cruzamos miradas varias veces pero cuando uno levantaba la vista, el otro la bajaba como quien esquiva con un pase de torero. Volvimos a la charla, a las sonrisas y las risas. Así nuestro primer encuentro duró casi dos horas, donde pude saber que está sola, que le apasionan las fotografías, la música suave, los poemas y que se considera una romántica sin remedio. Secretaria de un estudio jurídico, divide su tiempo entre el trabajo, la fotografía y la compra compulsiva de ropa que resalte su figura.

Con el pago de la cuenta en el bar, llegó la hora del regreso a nuestros hogares. Cuando abandonábamos el comercio, coloque una de mis manos en su hombro, como guiándola entre las mesas. Caminamos lentamente entre las demás personas que con ritmo febril se dirigían hacia sus trabajos o a las distintas paradas de ómnibus. Parecíamos no querer separarnos, tratando de detener el tiempo. Abordamos el transporte y nos sentamos juntos, nuestra proximidad era mayor y el contacto casi permanente. El trayecto se hizo breve en tan grata compañía, antes de bajar pregunté:

- ¿Me dejas tu número de teléfono?.

- ¿Qué tal el e-mail? El teléfono no se lo doy prácticamente a nadie.

- Ok, hagamos cambios te doy el mío.

Intercambiamos esos datos y en ese trámite, mi lugar de bajada quedó atrás. Bajé una estación más adelante, totalmente extasiado por lo acontecido, embriagado del perfume de aquella mujer y diría que casi al borde del enamoramiento.

Llegué a mi departamento, me quité la ropa y noté que no solo mi cabeza estaba invadida por aquella mujer. Ingresé a la ducha y seguía sin poder quitar de mi mente aquella figura, aunque ahora la imaginaba con mucha menos ropa. Cerré el grifo, me seque y coloque ropas más cómodas. Fui a mi ordenador, lo conecté y un mensaje apareció en mi mensajero instantáneo. “Gracias por una tarde distinta” era el texto y lo firmaba el usuario “Bella Pasión”. Una sonrisa brotó de mis labios y confirmé que el primer paso hacia ella había sido efectivo. Por más que esperé y esperé, no logré verla conectada a la red. La ansiedad de retomar la conversación me tenía loco; ingresé en dos o tres salas de Chat solo para ver si lograba hallarla y la búsqueda resultó infructuosa.

Con la llegada de la noche, el cansancio me venció y me acosté, solo, pero añorando a aquella dama. Soñé con ella, como si mi mente no se resignara a alejarla, danzando juntos al son de temas suaves, intercambiando caricias y besos, pero extrañamente sin llegar más allá de esas situaciones. Curiosamente, cuando la situación se tornaba álgida, el radio reloj me despertó. Bañado en transpiración por los sueños que había tenido, comprobé que la mañana estaba llegando y con ello la posibilidad de verla nuevamente en el ómnibus. Acelerando mis movimientos, tome una ducha, me vestí raudamente y sin desayunar corrí a la parada del autobús. Al subir al transporte, mi corazón latía desbocado y mis ojos buscaban prestamente su figura. Mala suerte, no estaba. Obviamente, mis ideas estaban revueltas y solo giraban en derredor de un pensamiento “¿Dónde estará Zoe?”. Las horas de trabajo fueron interminables, ocho horas eternas y mi ansiedad en crecimiento.

Al salir, tampoco volví a hallarla. Esperé como un novio primerizo, por más de una hora sentado frente al portal del edificio, pero fue en vano. Aquel viaje de retorno a casa fue tan gris como una tarde fría de invierno, si hasta el cielo se asoció a mi tristeza dejando escapar una tenue llovizna. Ingresé a mi departamento que parecía más frío y vacío que de costumbre, conecté el ordenador y fui en busca de un café. En mi cabeza, como un martilleo continuo reaparecían las imágenes de aquella tarde y su perfume parecía estar en cada una de las cosas que tocaba. No había mensajes, tan rápido como había llegado, ella había desaparecido y sin dejar huellas. Con las primeras sombras de la noche y el crecimiento de la lluvia, se hizo presente un apagón que dejo prácticamente la ciudad en penumbras. Solamente los relámpagos y la brasa del cigarrillo en mis labios entregaban luminosidad a aquel monstruo dormido. El sonido del teléfono me sobresaltó al extremo de caerse mi cigarrillo sobre mis piernas. “¿Quién será?” me preguntaba mientras caminaba hacia el aparato que sonaba, tratando de eludir las cosas que se hallaban a mi paso. Tomé el aparato y me dispuse a responder:

- Hola, ¿quién habla?

- Soy yo, ¿me extrañaste hoy?

- ¿Zoe? ¿Cómo conseguiste mi número?

- Je je je, te sorprendí. Muy fácil, del perfil de tu correo.

- Tramposa, y yo que pensaba que no te vería.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Podéis.

- Estaba sola en casa y el apagón me asustó un poco, ¿te molesto si hablamos un rato hasta que esto pase?.

- En absoluto, pero ¿no te agradaría más vernos?.

- Y… si, pero… ¿Dónde?.

- Decidme vos, ¿en tu casa, en la mía, en un bar?

- ¿Vendrías a casa? vivo en el décimo piso y no hay luz.

- Subo por las escaleras.

- Pero ¿Quién te abre?

Exploté en una carcajada al darme cuenta que debería bajar ella y si era que temía a la oscuridad, no querría aventurarse a eso.

- Mirá, decidme dónde es y voy. Con suerte conseguiré que el encargado me abra, ¿te parece?.

- Está bien, toma nota de la dirección y mi teléfono.

- ¿Teléfono? ¿Para que?

- Por si nadie te abre, tonto.

Como pude anoté los datos y tras colocarme ropa adecuada, baje las escaleras de mi casa. Paré un taxi y fui en su búsqueda. En cinco minutos estaba a las puertas de un edificio bastante nuevo, una mole de cemento y vidrios que yacía en total oscuridad. Solo algunas ventanas mostraban reflejos de velas encendidas Tal como imaginaba, el portero del edificio estaba en la puerta, a la espera de sus inquilinos ya que la seguridad no es la reina de la ciudad y no dejaba pasar a quien no conocía. Menudo problema, ¿cómo demostrar que una dama me esperaba si era la primera vez que me veía?. Tras una breve aunque minuciosa charla convencía a ese carcelero que me dejara ingresar. Me señaló las escaleras y se despidió con cara de pocos amigos. Quería correr esos diez pisos para llegar a su puerta en el menor tiempo posible, pero al llegar al quinto me di cuenta que mi estado físico no era de los mejores, estaba agotado. Me detuve unos minutos y aproveche para con un llamado corto, avisarle que ya estaba ahí y en minutos llegaría a su puerta. El caso es que 5 minutos más tarde estaba enfrentándola, ya que me esperaba junto a la puerta de su departamento.

Si antes me había trastornado su imagen con ropas de trabajo, imagínenla ahora con una brevísima pollera rosa y una camisa de seda blanca, descalza y con su pelo amarrado en una coleta. Me recibió con un beso tenue en la mejilla y se adelantó a mi. El reflejo de las velas dispuestas en dos candelabros le daban un toque mágico al ambiente. Nos sentamos en un sillón que daba al ventanal principal de su apartamento y consumimos nuestros primeros cigarrillos y cafés. Teníamos una charla placentera, que lejos estaba de las insinuaciones aunque solía rozar temas cálidos. Gustos, placeres, diversión, noviazgos frustrados eran parte de la charla hasta que decidió ir un poco más al frente y preguntó:

- ¿Te gusto tanto como tus miradas demuestran?.

- Sois muy atractiva, además de utilizar las ropas adecuadas. Diría que sois la seducción caminando – le respondí.

- Muy galán de tu parte, pero lo que quería saber es si mi figura provoca otras reacciones en vos.

Tragué saliva, elegantemente me estaba preguntando si me calentaba y vaya que sí lo hacía. La penumbra me ayudaba a ocultar una respuesta más que evidente en mi entrepierna.

- La verdad sí, me resultas muy excitante.

- Eso me pareció, ya que aceptaste muy rápidamente venir a verme sin importarte nada y hasta trataste de abordarme cuando fuimos al bar. Se te nota tenso y eso confirma mis ideas.

- ¿Cómo confirma tus ideas? ¿Cuáles son tus ideas?.

Sin mediar palabra, se acercó más y rodeando mi cuello con sus brazos tibios me depositó un beso delicado en los labios. Le respondí de inmediato, retribuyendo su avance y dejando que mis manos explorasen su espalda, desde la cabellera hasta el mismo borde de su pollera, al tiempo que atrapaba sus labios de manera más posesiva. Permitió un poco el avance pero me detuvo cuando intenté llegar a sus piernas.

- Tranquilo, no rompas la magia del momento.

- Ok, pero no me enciendas más de lo que ya estoy.

Volvió a las caricias y su juego de seducción, apagó uno de los candelabros y ya casi no había luz. Se sentó frente a mí, en una silla y sin dejar de jugar imitó una escena de la película Streap tease. Debí imaginar la música, pero la escenografía y la protagonista eran muy reales. Cuando quedó tan solo con sus prendas más intimas y las medias negras con liguero comenzó a aproximarse, colocó uno de sus dedos sobre mis labios para impedir que hablase y luego comenzó a desprender mi camisa. Era una experta en excitar y seducir, no cabía duda. Despojado de mi prenda superior, no pude contenerme y fui yo quien acariciando suavemente le retiré el brassier y bajando por los costados de su cuerpo desprendí los ligueros para quitar sus medias. El juego de roces nos fue encendiendo hasta convertirnos en lava ardiente y la delicadeza dio paso a la urgencia de tenernos mutuamente. Nos convertimos en un nudo de brazos, piernas y lenguas, con el sillón como ring de esa batalla. Los roces, apretones, caricias y besos se desperdigaban por cada centímetro de piel existente, sin llegar más allá. Desaparecieron mis pantalones en un momento dado y nuestra desnudez era casi total. El calor de los cuerpos aumentaba, pero ninguno de los dos quería dar el primer paso a consumar una relación profunda. Se logró desprender de mí unos segundos, y con la voz entrecortada por la excitación dijo:

- Vamos a mi cama, no perdamos tiempo ni fuego.

La seguí tomado de la mano, me guiaba de manera experta en la oscuridad total de aquel pasillo y tan pronto ingresamos a una habitación, me empujó cayendo los dos sobre un colchón muy amplio. Ubicada sobre mí, comenzó a besar mi pecho, recorriéndolo en su totalidad en tanto mis manos jugaban con su cabello y las curvas de su espalda. Fue bajando hasta llegar al borde de mi bóxer, que bajó lentamente, mientras recorría mis piernas con besos para luego cambiar de posición y ser ella quien quedara abajo, invitándome a imitar su accionar. Así lo hice, pero a diferencia de ella, me entretuve en su nido de amor y sexo, torturando cada milímetro y cada pliegue de su piel. Comenzó a lubricarse más y más, llenando la habitación de su perfume a sexo. Noté sus contracciones y luego como con sus manos aferradas a mi cabellera trataba de llevarme tan adentro como podía. Absorbí cada gota de su néctar y torturé con besos y pequeños mordiscos su botón de placer hasta hacerla llegar a una explosión tan violenta que casi me ahogó en jugos. Quedó rendida y distendida, respirando agitada en un principio para luego serenarse. Mientras se relajaba, subí pasando mi lengua por toda su piel, deteniéndome en sus pechos, donde los pezones de buen tamaño no habían perdido su dureza. En ese momento recuperó su habla, y con voz entrecortada murmuró:

- Hermoso, me encantó pero quiero más. Reponte que quiero mostrarte lo que se hacer y que se que te gustará.

- Si mi vida, la noche es larga y esto fue solo empezar.

Fumamos un cigarrillo a medias, abrazados, mientras reponíamos energías. Minutos después fue ella quien empezó el recorrido descendente, para jugar y rodear mi guerrero, que lentamente se preparaba para otra batalla. Su habilidad para excitar estaba intacta, y no demoró mucho en ejercer un total control sobre mí. Cuando hubo logrado la firmeza total, inició un movimiento de acercamiento de su sexo frotándose en mis muslos y mi abdomen de manera circular, hasta acariciar la punta de mi lanza con sus ya muy húmedos labios. Bajaba apenas, introduciendo la punta en un movimiento de vaivén al tiempo que sus manos se apoyaban firmemente en mis hombros, impidiéndome moverme.

El continuo contacto con sus escasos vellos me estaba quemando y lo notó. En un movimiento suave se dejó caer, hasta llevarse la totalidad a su interior y tan profundo como pudo. Se mantuvo así unos instantes para luego comenzar a moverse, lentamente primero y ganando velocidad hasta transformarse en una máquina sexual perfectamente aceitada con nuestros líquidos. Fueron diez minutos de velocidad pura, que concluyeron con una bomba nuclear. Jugos por doquier y sudor esparcido en las sabanas, que se coronaban con besos tiernos y muy profundos. Como si se tratase de una obra de teatro, al llegar el reposo, las luces se encendieron para que los actores fuesen observados por el publico, rendidos sobre un escenario digno de la mejor de las obras.

Esta jovencita que solo muestra una boca con carnoso labios de zorra, se tapa los ojos con un antifaz y se dedicar a hacerle una mamada al novio. Se toma su tiempo saboreandole la polla, se la humedece bien con su propio saliba y no deja de darle una cariñosa mamada en el capullo de la boca.
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