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Relato erotico de un tio que se liga a una madura muy caliente tetona y que encima sabe como chupar pollas.

Hola, mi nombre es Tino, vivo en Junín de los Andes, provincia del Neuquén, tengo 27 años y quiero contarles que me encantan las mujeres maduras. Creo que debe de ser por la experiencia con que ellas cuentan, pero que no he logrado encontrar en otras más chicas que yo, es por eso que me vuelven loco.
Bueno, lo que les voy a contar me sucedió hace aproximadamente dos meses en un local bailable. Esa noche yo había salido con un amigo, compañero de trabajo, y después de estar en un par de confiterías terminamos en un boliche de unos amigos.
Ya estando allí me encontré con una amiga de mi barrio la cual me presentó a su tía que había venido de Neuquén, grande fue mi sorpresa cuando la vi, era una mujer de unos 39 años, tez blanca, pelo castaño corto, de 1,60 de altura aproximadamente, con una cola espectacular y unas tetas el doble de mejor, pero lo que mas me impactó fue su mirada (de seguro se reirán por esto) ya que tenía una mirada de “come-hombres” que mataba. Con solo verla la verga se me puso a mil.
Después de presentarnos, (ella se llamaba Ofelia) nos pusimos a bailar y a cada movimiento que dábamos trataba yo de apoyarla un poco, cosa de lo que ella se dio cuenta ya que ella también se pegaba un poco mas a mi a cada apoyada.
Luego de esto nos fuimos a tomar unos tragos y luego de charlar un rato le dije si podíamos salir afuera un momento ya que allí dentro hacía mucho calor. Accedió y salimos, caminamos un poco y llegamos hasta un paredón de una escuela y nos sentamos a charlar. La misma giraba en torno a si tenia pareja, cosa que me negó diciéndome que hacia un par de meses que “nada de nada”. Esto me ponía duro de solo pensar las ganas de coger que tendría esta mina. Luego me preguntó a mí, y le dije que yo tenía pero que tenía algunos problemas de pareja por el momento. De repente se quedó mirándome muy seria y me preguntó… “hace cuanto que no la ponés?”… yo me quedé absorto por la pregunta y le dije…desde hace una par de meses… Ella se sonrió y me dijo…creo que estamos en igualdad de condiciones… yo no aguanté mas y la tomé por la cintura, acerque mis labios a los suyos y nos fundimos en un solo beso en el que nuestras lenguas eran solo las que hablaban. Yo comencé a sobar esos hermosos pechos a lo que ella aceptó con unos suaves quejidos.
Mis manos no abarcaban por completo sus pechos eran grandísimos. Luego llevé mis manos a su cola y pude sentir la dureza de sus nalgas. Ella mientras tanto, entre gemidos, me tocaba la pija, que para ese momento estaba dura como una piedra, yo no podía creer lo que me estaba pasando. Después de un rato de franeleo le dije que nos fuéramos al fondo de la escuela, y hacia allí nos dirigimos. Una vez allí, le subí la blusa y le desabroché el corpiño, los pechos mas hermosos y grandes que vi en mi vida los tenía ante mi ahora. Los tomé entre mis manos y me lleve uno a mi boca, tenía un pezón grande el cual comencé a chupar. Ella me preguntaba entre quejidos si me gustaban sus tetas, que me les podía comer a gusto. Sus manos ya habían desabrochado mi pantalón y comenzaban a jugar con mi pija por encima de mis calzoncillos. Luego me los bajó y se agachó delante de mi engulléndose todo mi pedazo hasta las bolas. Yo gemía por el placer que esta mina me estaba dando mientras le acariciaba y exprimía sus pechos entre mis manos. Miré hacia abajo y podía ver sus ojos mirándome fijamente y moviendo su cabeza hacia atrás y adelante, haciendo ruido con su lengua sobre mi pija. Me tomaba por los cachetes del culo y me llevaba hacia ella pidiéndomela mas adentro.
Yo ya estaba por acabar y sacarla de su boca pero la muy puta me apretó de los cachetes del culo para que no se la sacara. Yo sentí un escalofrío por mi espalda y un placer extremo por lo que le descargué toda la leche en su garganta, de la que no se escapó una sola gota. Luego con su preciosa lengua me la dejó limpita.
Cuando estuve un poco repuesto ella me miró y me dijo “ahora te toca a vos darle placer a esta mamita…” y sin mas ni mas se quito los pantalones. Tenia puesta una tanguita color crema que se le metía toda en el orto, de solo verla se me puso dura de nuevo, a lo que me agaché y hundí mi cara entre sus piernas besándola a través de su ropa interior, estaba toda mojada por sus flujos de la excitación que sentía. Yo comencé a morder sus labios por encima de la tanguita y a pasar un dedo por encima de su clítoris, ella se quejaba y decía: …así, mi bebe, así, comeme toda… ayyyyyy. Yo directamente le arranque sus calzones de un tirón quedando ante una espesa mata de pelos del cual se desprendía un hermoso olor a perra en celo. Abrí sus piernas y las apoyé en un filo de la pared con lo cual su vagina quedó toda a mi disposición.
Me abalancé sobre sus labios carnosos, los cuales mordía suavemente y con lo cual ella pegaba un gritito de placer, mis dedos tocaban su clítoris arrancando los suspiros más lindos que oí en mi vida. Uno se lo empecé a meter suavemente a la vez que le chupaba el clítoris. Ella parecía una loba, se movía arriba y abajo emitiendo quejidos cada vez más fuertes, mis dedos se movían cada vez mas fuerte dentro de ella, los tenía empapados por sus jugos.
Luego tomó mis cabellos y comenzó un mete y saca con mi cabeza que yo creía que me iba a ahogar, a todo esto yo no dejaba de meter lengua y dedos. El orgasmo que tuvo, según como le contó luego, fue espectacular. Su vagina se contraía con unos espasmos espectaculares a la vez que mi cara se iba llenando de sus jugos orgásmicos. Sus gritos eran realmente fuertes, por lo que pensé que nos podrían estar escuchando, cosa que me excitó a sobremanera, me paré y con mi pija al palo se la hundí hasta el fondo. Ella pegó un grito de placer y se aferró a mi espalda comenzando un sube y baja genial, nuestros cuerpos se acoplaron perfectamente a un movimiento realmente excitante. A cada empujón mío, Ofelia gritaba que por favor no se la saque mas que se le deje toda adentro…” soy tu putita” me decía. Yo la tomaba por sus nalgas y se la hundía más al fondo. Tenía mis manos empapadas. Se movía como ninguna, mientras yo chupaba y mordía esos hermosos pechos que tenía ante mí. Nuestros gritos llenaban el silencio de la noche, ella me arañaba la espalda y me decía…”quiero que acabemos juntos, mi amor, por favor”. De repente comencé un movimiento furioso de mete y saca al saber que ya estaba por llegar. “…ahora, mi amor…” le dije y le descargue un chorro mas grande aún que el primero, ella arqueaba su espalda mientras me gritaba: “…que bien me cogiste, mi amor, me acabé toda con vos…que puta que soy…soy la mas puta de todas…” . Por mis piernas corrían nuestros jugos, a lo que ella se agachó y los comenzó a beber diciendo: “…mirá como mamita se toma toda la leche..”, luego siguió con mi pija en la que no dejo ni un rastro de nuestra aventura.
Después nos vestimos, y nos quedamos un rato mas charlando entre besos y franeleos. Me dijo que vaya a su casa en Neuquén, que vivía sola, y que allí podríamos continuar esto que habíamos comenzado, que hacía mucho tiempo que no le ocurría algo así. Luego la acompañé hasta la casa de su sobrina y allí nos despedimos. Al otro día se iba a su ciudad. Tiempo después fui a Neuquén y me fui a su casa, en ese tiempo estaba de vacaciones junto con ella su sobrina amiga mía, o la que nos había presentado, era una chica un poco gordita pero muy linda. Algo pasó con ella también (formamos un trío) pero eso se los voy a contar después de ver publicado mi relato.

Que le harias a tu novia si te dice que tu regalo de cumpleaños son ella junto con otra chica para disfrutar del sexo y asi hacer realidad todas tus fantasias? pues algo asi le paso a este chico que nos cuenta en este relato erotico su experiencia con dos mujeres teniendo porno brutal.

Supongo que una de las fantasías de cualquier hombre es follar con dos mujeres a la vez. Lógicamente yo ya le había contado a Macarena, mi novia, ese deseo secreto de follar con ella y con otra mujer al mismo tiempo, pero se lo contaba como algo imposible, digamos, como un sueño. Ella siempre decía que no podría soportar verme follar con otra mujer que no fuera ella.

El caso es que una noche llegué a casa, muy tenso por culpa de un empleado de la oficina, pero eso no creo que sea necesario explicarlo. Esa noche, al llegar a casa, Macarena estaba con su amiga Susana de Madrid y que habia venido a pasar un fin de semana a casa. Yo saludé de mala gana y decidí darme una ducha. Macarena notó mi mal humor y entró en el baño a ver que me pasaba. Se lo expliqué y como suele suceder con estas cosas, sólo con eso me calmé un poco. Mientras tanto me había ido desnudando para meterme en la ducha. De pronto, Susana se acercó a decirnos no se qué de la cena y me pilló completamente desnudo.

- Huy, perdón. Es que no se como apagar el horno. – Dijo.
- Ahora voy yo. – Le respondió Macarena.
- Vale, vale. Lo siento. – Me dijo a mí.

Durante esa breve conversación hacía como que quería irse pero no se iba, y yo creo que no me quitó ojo de encima. Eso me excitó y empecé a notar el inicio de una erección, cosa de la que Macarena se dio cuenta.

- Eh, tranquilo. ¿Que, ya se te ha pasado el cabreo?. – Me dijo bromeando.
- ¿Te gusta Susana, verdad sinvergüenza? – Dijo, mirando mi polla que con las risitas parecía querer seguir creciendo.
- Bueno, si, pero vamos, esto son cosas naturales.
- Anda, metete en la ducha. – Dijo mientras salía del baño.

Me metí en la ducha y tardé un rato en perder la erección, hasta que conseguí dejar de pensar en el fino vestido de Susana, y en que no llevaba sujetador. Habría jurado que al verme desnudo se le habían endurecido los pezones. Lo cierto es que tenía un culo estupendo. Decidí que tenía que subir el caudal del agua fría en esa ducha. Una vez afeitado y vestido de andar por casa, fui al salón donde la mesa estaba puesta. No quería darle más importancia al tema, pero cuando vi a Susana y a Macarena sentadas en el sofá estuve seguro de que Macarena le había cuchicheado lo de mi erección o algo así, porque me miraban las dos entre risitas.

- Anda, Tarzán, siéntate que ya vamos a cenar. – Dijo Susana.

Estaba claro que habían hablado del tema. Eso creo que me ruborizó un poco, pero lo peor fue que volví a notar como mi pene despertaba de la ducha fría que acababa de recibir. Macarena pasó por mi lado sonriendo y me dio un beso. Me quedé sólo con Susana.

- ¿Cómo va todo?. Siento mucho como he llegado. Cosas del trabajo. ¿He estado grosero? – Dije, por hablar de algo, mientras Susana bebía una copa de vino.

- No te preocupes. Eso nos pasa a todos. ¿Quieres vino?

- Sí, gracias.

- ¿Siempre te duchas cuando llegas a casa? – Me preguntó de pronto, sin mirarme y mientras me ponía una copa de vino. Empezaba a excitarme en serio.

- Eh, bueno. Si siempre.

En esto, entró Macarena al salón. – ¿Depende de si tenemos invitados? – Preguntó según entraba. Intenté sonreír como aceptando la broma. Susana me acercó la copa de vino y dí un trago muy largo.

- Si, bueno es que no me he dado cuenta de que la puerta estaba abierta, como estábamos hablando, pues claro, no me he fijado que me estaba desnudando con la puerta abierta. En cualquier caso tampoco creo que hayas visto nada del otro mundo. – Le dije a Susana intentando defenderme.

Entonces Macarena y Susana se miraron y rieron. – Venga, vamos a cenar. – Dijo Macarena.

Comenzamos a cenar, y todo pareció volver a la normalidad, pero en el ambiente flotaba, ahora estoy seguro, cierta sensualidad.

- Lo siento, pero hemos gastado los aguacates para hacernos una mascarillas. – Comentó Macarena. – Y no han quedado para la ensalada. – Dice Susana que te deja la piel muy suave.
- Si – Contestó Susana – pero no sólo se usa como mascarilla.
- Es cierto – Continuó Macarena -La verdad es que lo hemos usado como mascarilla, pero Susana la utiliza también como crema para todo el cuerpo ¿Verdad?.
- Es que deja una piel muy suave, por la cantidad de aceite que tiene. Mira, toca. – Me dijo Susana. Y entonces me ofreció un brazo.

Creo que en ese momento, entre el vino, la cena y la conversación, ya tenía una erección total, lo que hacía que el pantalón corto de deporte que me había puesto mostrase un impresionante abultamiento. Casi con miedo, cogí el brazo de Susana y lo acaricié con toda la suavidad que pude y un extraordinario esfuerzo de autocontrol. En ese instante, Susana empezó a acariciarme la mano. Rápidamente, pero sin quitar la mano, miré hacia Macarena, que se empezaba a levantar. Susana cogió mi mano y la empezó a besar, mientras Macarena llegaba por mi espalda y me abrazaba, comenzó jugando con su lengua sobre mi oreja. Cerré los ojos; noté que una mano empezaba a recorrer mi pierna, formando círculos que ascendían en busca de mi polla. Macarena me hizo levantar, con lo que apareció a la vista el bulto que tenía en los pantalones. Vi a Susana, con las pupilas dilatadas hasta el límite, mirar hacia ahí. Macarena me giró y comenzó a besarme en la boca. Yo busqué sus grandes pechos y sentí sus pezones de punta y duros como hacía mucho tiempo que no sentía. Susana llegó por detrás para quitarme la camiseta de algodón que llevaba puesta. Me besaba y acariciaba la espalda. Me abrazó y empezó a jugar con mis pezones. Mientras tanto yo desnudaba a Macarena. Quería ver esos pechos que me estaban poniendo a cien, quería lamerlos y estrujarlos con mi boca. Macarena me ayudaba a quitarse la ropa cuando Susana cogió mi mano y se la llevó a su coño. El vestido era tan fino como parecía, por lo que sentí claramente sus bragas mojadas. Empecé a acaríciale el sexo sobre su vestido, y noté como se abría ligeramente de piernas. Macarena se había quitado la blusa y el sujetador sin dejar de besarme, y entonces dio un paso atrás. Dejé el coño de Susana y me incliné sobre los pechos desnudos de Macarena. Susana se puso detrás de Macarena y empezó a acariciarle un pezón mientras yo me metía en la boca el otro. Macarena gimió y cerro los ojos mientras yo buscaba su sexo bajo el pantalón. Susana se retiró para quitarse el vestido, quedándose solamente con unas braguitas tipo tanga. A mí la polla me estallaba dentro del pantalón, así que decidí quitármelo. La erección que tenía me sorprendió a mí mismo. Susana se acercó y cogió mi cabeza para dirigirla sobre sus tetas, mientras las lamía, Macarena terminó de desnudarse completamente y se tumbó en el sofá.

- Eh, venid aquí. – Nos dijo.
- Susana la siguió rápidamente, y se sentó junto a ella.
- Bueno, que. ¿Te vas a quedar ahí parado? – Me dijo.

Me acerqué a ellas. Susana me cogió por la cintura y sin mediar palabra, se metió mi polla hasta lo más profundo de su boca. Movía la lengua por toda ella, hacía movimientos en circulo sobre mi capullo y casi me hizo perder el sentido. A veces Susana se sacaba mi polla de la boca para poder chupar tambien mis huevos. Como pude me retiré de ella, ya que estaba casi a punto de correrme y me tumbé sobre Macarena, que se había puesto boca abajo. La incorporé para que Susana se metiese debajo. Quería que me lamiese toda la polla mientras follaba con Macarena por detrás. Macarena estaba más mojada de lo que yo podía recordar. Ahora ya gritaba de placer. Estaba a punto de correrse. Yo también.

- Espera, espera. – Dijo Susana. – No te corras. Quiero que me folles a mí también, quiero sentir esa enorme polla que tienes dentro de mi coño.

Así que Macarena se retiró y Susana se sentó abierta de piernas sobre la mesa. Tenía un sexo oscuro y extraordinariamente mojado. No pude resistir la tentación de comerlo mientras le pellizcaba los pezones, mi lengua se hundió profundamente entre sus labios vaginales y sus jugos me cubrieron todo el rostro. Susana no es de las que gritan como suele hacerlo Macarena, pero era evidente que estaba a punto de correrse. Macarena se acercó por detrás de mí, cogió mi polla con su mano y me la metió en el abierto sexo de Susana. Empecé a moverme haciendo temblar todas las copas, platos y botellas de la mesa. Notaba como mi capullo se deslizaba por el interior caliente y húmedo del coño de Susana. Era suave y ella lo apretaba como para que no pudiera sacársela. Macarena me abrazó por detrás para acariciarme la polla cada vez que salía de Susana. Busqué con mi mano su sexo y empecé a acariciárselo, a separarle los hinchados labios, a frotar su jugoso clítoris. Cuando se corrió, ya no pude resistirlo más y saqué la polla para que Macarena me hiciera correrme sobre los hermosos pechos de Susana. Mientras Macarena me hacía la paja desde atrás, Susana empezó a hacerse otra, metiéndose dos dedos por el agujero que yo acababa de dejar libre, de forma que los dos nos corrimos al mismo tiempo. Me giré y besé a Macarena.

- Bueno – Dijo. – ¿Podemos terminar ahora de cenar?
- Creo que será lo mejor. – Respondí yo. – ¿Y mi pantalón?.

Las dos se miraron, entendí que no era hora de vestirse, aquello iba a ser sólo un descanso antes de terminar la noche los tres en la cama.

El caso es que Macarena ahora es la que quiere cumplir una de sus mayores fantasías y es follar con dos tíos y me ha dicho, que ella no va a esperar tanto tiempo como yo para ver su fantasía cumplida. Cosas de la vida.

Relato erotico de un chico joven con una belleza que no para de ponerle cachondo y los dos se van a tener porno brutal del bueno a una suite de hotel. Que suerte tiene el cabron!

Adriana es una joven jugadora de Volleyball en uno de los equipos más fuertes de la zona. Un cuerpo muy cuidado, pecho perfecto en volumen y forma, abdomen liso, un culo redondito, duro y respingón, piernas características de deportista de elite y una silueta en general que ya hubiera querido mas de un artista para tomarla como referencia en sus obras.

Yo soy un chico algo menos joven mas de espíritu inquieto, no tan cuidado físicamente pero si fuerte y de ancha espalda con ciertos músculos algo mas desarrollados debido al gimnasio. Las formas es la forma y aun sin llegar al nivel de Adriana, me mantengo. Brazos grandes y pecho relativamente marcado, vientre no del todo plano, piernas anchas como la espalda y formadas.

Al poco de que Adriana cerrara la puerta y el autobús del equipo la recogiera para llevarla al entreno yo me dispuse a hacer algunas tareas caseras en el apartamento y a preparar la sesión de esta noche en la discoteca más grande y famosa de la ciudad. Metiendo mis discos en la maleta recibí la llamada del gerente del local invitándome a comer. Acepte de buen grado dicha oferta y tras acicalarme para los efectos salí del apartamento en dirección a un lujoso y conocido restaurante. Una excelente comida dio paso a una interesante charla de negocios que acabo con mi compromiso para pinchar allí en varias fiestas del calendario. Recompensa a dicha aceptación fue a parte de la económica, una noche con todos los gastos pagados en una suite del mejor hotel de la ciudad. Obviamente esa suite la compartiría con Adriana, mi chica, pero no quise comentarle nada para procurarla una agradable sorpresa.

La tarde paso entre una siesta y los preparativos de la gran fiesta. Adriana por su parte tras el entreno matutino y la posterior comida con sus compañeras tuvo una sesión de balneario y sauna que la preparo a su vez para la larga noche que se presagiaba.

Entre en la discoteca entre un revuelo de gente que se agolpaba para disfrutar de la música house que intentaría les hiciera no olvidarme nunca. Antes de pasar a la cabina deje el recado a los gorilas de la puerta que si Adriana llegaba la dejaran pasar sin poner objeción y sin que tuviera que guardar cola. Los graves de un temazo titulado “I Want You” hicieron silbar, saltar y aplaudir a todos los allí congregados. Mientras me disponía a mezclar un par de éxitos Adriana subió a la cabina y colocándose detrás de mí y sin molestar aquel momento dejo que la mezcla terminase para agarrar mi trasero y apretarlo diciendo…

Adriana: Mmmm… eres el mejor cari.

Yo: Tú si que eres la mejor (mirándola de arriba abajo)… que buena estas niña… déjame comerte.

Nos fundimos en un apasionado beso tras el cual y preguntándonos como nos había ido el día, Adriana llamo a uno de los camareros para que nos refrigerase la garganta con un par de combinados.

Yo: Sabes nena… (contándole el acuerdo tomado durante la comida)… tengo una sorpresa.

Adriana: Que casualidad… yo tengo otra.

Yo: La mía es que esta noche tenemos una suite gratis para disfrutarla juntos y revueltos.

Adriana: La mía es que no llevo puesta ropa interior…

Tras hacérseme la boca agua y que casi saltara el disco una pequeña erección hizo que la siguiente mezcla no me saliera del todo bien.

Adriana: Cari, no te desconcentro, han venido unas del equipo y bajo con ellas vale?… pero recuerda que todo esto (tocando y contoneándose) es solo tuyo.

Yo: Ufff (resoplando) esta noche vas a saber lo que es bueno.

Tras un húmedo beso, Adriana bajo a la pista y estuvo bailando y quitándose moscones y babosos a diestro y siniestro a la vez que la fiesta llegaba a su punto más álgido poco antes de llegar a su fin. Cuando quise hacer ver que la fiesta estaba finalizada y recibiendo los aplausos del respetable regale a todos los allí presentes el “The World Is Mine” de David Guetta en su remezcla de Antoine Clamaran… Después de recoger toda la parafernalia de discos y auriculares fui en busca de mi chica que estaba hablando y riendo con varias de sus compañeras.

Adriana: Vaya fiestón nos has dado… lo hemos pasado…

Yo: Ya os he visto, me alegro que os hayáis divertido.

Presentaciones de rigor y nos dirigimos a mi coche para continuar la fiesta en el hotel ya ella y yo solos.

Un botones nos abrió amablemente la puerta de la mejor suite que había en el complejo hotelero y a la vez que le correspondí con una merecida propina cerré la puerta admirando tanto Adriana como yo aquel lujoso habitáculo. Tenue luz mínimamente aderezada con olor a flores y unas velas, cama de 2´5 x 2´5, sillones de cuero negro, un bar y lo más suculento; una mini piscina-jacuzzi donde podía disputarse un partido de waterpolo.

Adriana: Joder cari, me estoy mojando ya solo de verme contigo ahí dentro… que pasada.

Yo: Te dije que ibas a saber lo que era bueno, y aun no has visto nada.

Me acerque a ella y presuroso desabroche la difícil cremallera de su ceñido vestido negro que marcaba todas y cada una de sus increíbles curvas. Lentamente y besándola el cuello la desprendí de esa prenda posándola en el suelo. Ella se dio la vuelta solo ataviada con unos zapatos de alto tacón y mientras me desabrochaba la camisa a gran velocidad me mordió los labios haciendo que se empezase a endurecer mi sexo. Al momento y ya ambos desnudos la cogí en volandas y nos sumergimos en aquel caliente jacuzzi donde estratégicamente había una botella de Moet Chandon con hielos y dos copas. Ella colocada encima de mí brindo contra mi copa…

Adriana: Por una noche inolvidable.

Yo: Así será mi niña.

Tras beberse de un trago su parte, se dio la vuelta mirándome con cara muy juguetona y se hundió debajo del agua. Una vez allí abajo agarro mi falo y se dispuso a meterlo en su boca.

Yo: Dios!… que bien la comes putita (al ella sacar la cabeza del agua para tomar aire).

Adriana: ¿Te gusta cari?. ¿Te gusta como lo hace tu putita?. Se hacerlo mejor, levántate y saca tu pollón del agua.

Al hacer caso a su requerimiento ella cogió aire y literalmente me la devoró haciendo un gag increíble y metiéndose mi miembro hasta la garganta, lo que le producía pequeñas arcadas que hacían que me llenara la polla de sus babas y se le cayeran por las comisuras de su no muy ancha boquita.

Yo: Ohhh.. que rico preciosa…que puta eres (abriendo su boca y escupiéndola).

Adriana: Soy tu putita cari, estoy a tus ordenes.

Yo: Eres mía y solo mía… mmm… cométela entera, vamos!.

A ella le encantaba ser sumisa en ese aspecto porque sabia que yo la iba a recompensar fielmente procurándola mas placer del que nunca había tenido. Adriana es lo que comúnmente se denomina señora en la calle y puta en la cama. Y si, ella es mi putita y eso la gusta tanto o más que a mí que lo sea. Mientras me devoraba la polla envuelta en sus babas yo lo mezcle con un poco de champagne que deje caer sobre mi erecto miembro y sus relamidos labios.

Yo: Ponte de pie.

Adriana: Si, ¿Qué me vas a hacer?.

Al levantarse todo con todo el cuerpo mojadito del agua del jacuzzi… abrí sus duras y tersas nalgas viendo ante mi un coñito estrecho y pequeñito y rasurado y un ano rosado que pedía ser juntado con mi lengua. Eso fue lo que hice al instante. Metí mi nariz y mi lengua en aquel paraíso y mientras lamía con mucho gusto tan bonita rajita olía el perfume de su culo limpio y delicioso. Mi lengua corría desde lo mas rico de su clítoris hasta casi meterse en su culito.

Adriana: Cari… mmm…me encanta…follame con la lengua, sigue…dame bien.

Yo no podía contestar dado que mi boca estaba muy entretenida comiendo aquellos manjares y mis manos abrían y azotaban sus nalgas duras como piedras. Dura estaba también mi polla y ella se dio cuenta.

Adriana: Quieres que te pajee mientras me dejas que te coma el culo cari?.

Yo: Claro preciosa…vamos a la cama.

Allí tumbado, ella se dispuso a agarrarme de nuevo mi pene y a mirarme con ojos de gata mientras intentaba adentrar su lengua en mi aun mojado ano. Lo hacia de maravilla, era una experta chupadora y lamedora.

Yo: Te voy a follar con toda mi polla.

Adriana: Mmm… si… dame de si el coñito cariño… follame bien fuerte.

La tumbé boca arriba y abrí y subí sus piernas dejando ese chochito a la altura de mi glande. La fui metiendo poco a poco a la vez que ella hechaba su cabeza atrás por el placer y una vez que estaba toda dentro empecé a embestirla tan fuerte que mis huevos rebotaban contra su culito y el sonido que ello hacia bastaría para despertar a cualquier inquilino. Follándola sin parar de aquella guisa conseguí su primer orgasmo.

Adriana: Ohhhh… Diooosssss! (exclamo entre espasmos de placer).

No contenta con aquello quiso más.

Adriana: Quiero ese pollón dentro de mi culo… quiero que me sodomices, que des por el culo a tu putita.

Se puso de rodillas dándome la espalda, junto sus piernas, bajo su espalda, puso aquel redondo y duro culo en pompa y separándose ella misma los glúteos me insistió.

Adriana: Métemela cari… dámela toda por el culo, vamos… follame el culo.

Para que no la doliera la escupí en el ano y lo lamí repetidas veces surtiéndola después todo mi falo por su dilatado pero estrecho recto.

Yo: Que culo tienes… que culo más bueno, rico y caliente. Te estoy follando putita… estoy follándome tu culo.

Adriana: Dame bien fuerte, hasta dentro… quiero correrme por el culo.

No tuve mas que agarrar sus nalgas y entrar y salir de su pequeño agujero tantas veces y a un ritmo tan trepidante que las marcas de mis manos enrojecieron en sus glúteos. La escupí en la boca, en la cara y deje verter saliva en su ano y mi sexo justo antes de sacar mi polla de ella dándola su tan deseado segundo orgasmo y tras admirar lo dilatada que quedo aquella entrada correrme en ese boquete llenándoselo de mi leche y viendo como mi esperma caía por sus labios vaginales y empapaba también su delicioso coñito.

Relato erotico de dos hermanos que no dejan de follar y de darse placer mutuo. Que bien se lo pasan los dos cabrones follando y teniendo sexo duro

Hola, mi nombre es Pedro, tengo 19 años. En casa somos 4, mi padre, mi madre, mi hermana Rosa de 27, y yo. Nosotros vivimos a las afueras de Barcelona, en un chalet de una urbanización cuyo nombre no interesa. Lo que les voy a contar es sobre mi hermana Rosa y yo. Mi hermana Rosa es una hermosa muchacha de proporciones bien definidas, vamos una ligona. Rosa estaba a punto de casarse, ya saben, esas cosas que hacen los novios de buscar piso y más. Por suerte todavía no habían preparado la boda, porque sucedió algo que cambio su destino. En cierta ocasión pilló a su novio con una amiga y cortaron para siempre. Rosa dijo que no quería saber nada mas de los hombres, que eran todos unos cerdos. Por ello ya casi no salía, pasaba mucho tiempo en casa.

Yo sabía que la vida sexual de mi hermana era muy activa, pero a partir de su ruptura freno su vida sexual, ya que casi no salía. En una ocasión llegue yo tarde a casa un sábado por lo que procuré abrir la verja despacio para no hacer ruido y despertar a mis padres, cuya habitación da a la entrada. Volteé la casa buscando la puerta y al pasar por la ventana de la habitación de mi hermana, que queda en la otra punta de la casa vi luz, así que sentí curiosidad y mire por una pequeña rendija que quedaba para ver que hacía despierta a esas horas. Vi algo que me dejo petrificado. En la cama estaba mi hermana Rosa viendo la tele. Eso no era lo extraño, sino que estaba viendo una película porno. Rosa estaba tirada en la cama en pelotas y con las piernas abiertas. Se estaba pegando una masturbada de campeonato. Mi mente no reaccionó, no así mi pene que pensó que podía ser un buen espectáculo, así que me quedé mirando su frenética actividad. Aquello era digno de toda un actriz porno, se masajeaba los pechos con frenesí para dedicarse luego a su coño. Era el coño más bonito que había visto nunca, perfectamente rasurado menos por un hilito de pelos que lo adornaban sensualmente. Estuvo un buen rato masturbándose hasta que acabó y apagó la tele y se acostó. Yo me fui inmediatamente a mi cuarto y me casqué una paja de órdago pensando en lo que vi. Sabía que estaba mal, porque era mi hermana, pero mi polla no pensaba lo mismo. Ni que decir tiene que tuve una corrida bestial, de las mayores que he tenido en mi vida.

Desde ese día no pude evitar mirar a mi hermana con otros ojos, la veía como una mujer que estaba buenísima, y no como mi hermana. No podía evitar seguir sus curvas con mi mirada, y por supuesto espiarla a escondidas cuando tomaba el sol. Para colmo lo hacia desnuda cuando mis padres no estaban, lo que me llevo en múltiples ocasiones a simular que me iba tras mis padres para luego entrar a escondidas y espiarla desde la casa. Cuantas pajas me he hecho mirándola mientras tomaba el sol. Pero la cosa no pasaba de allí.

En cierta ocasión estaba yo dedicándome a darle al manubrio cuando oigo que entra Rosa en casa. Tuve el tiempo justo para esconderme la polla y disimular ya que ella llamó a mi puerta y entró a mi cuarto para preguntarme por una duda informática sobre el correo. Pese a que no levanté sospecha me imagino que ella notó algo raro, ya que había cierto olor a polla en el ambiente, y ella como mujer experta en temas de sexo debió notar algo. El caso es que me comentó que su ordenador no arrancaba bien, que si podía hacer algo. Yo le dije que cuando tuviera un rato lo miraría.

Ese rato llegó por la tarde, estaba solo en casa y aburrido, así que decidí ir a mirar que pasaba. El problema se resolvió rápidamente, pero ya que estaba allí en su ordenador decidí mirar que tenia en él, por curiosidad. La verdad es que lo que vi me sorprendió bastante. Tenía bastantes direcciones de páginas de sexo en las que salían mujeres jóvenes como ella practicando sexo con jóvenes. Curiosamente jóvenes de unos 20 años. Tras seguir mirando su ordenador me puse a cotillear en su correo y vi que se escribía con los que practicaba cybersexo, ya saben correspondencia anónima con contenidos cachondos. En sus emails explicaba como le gustaría ser follada por jovencitos inexpertos e ir explicándoles como hacer las cosas. Se ve que este tipo de cosas la ponían cachonda. Mi polla esta que reventaba así que pensé en aliviarme y buscando un poco mas vi fotos suyas con la cara ocultada en las que les mostraba su cuerpo desnudo, incluso fotos muy subidas de tono en las que se veía claramente su coño abierto introduciéndoos un dedo, ni que decir tiene que fueron las imágenes con las que me masturbé.

Buscando mas encontré que también había fotos de los jóvenes con los que se escribía. Que cachonda la Rosa, pensé yo. Se ve que la falta de novio la hace recurrir a otros recursos. Como vi la ocasión perfecta, decidí enviarle un email desde mi ordenador simulando ser uno de ese jovencitos con los que intercambiaba emails y fotos. La respuesta no tardó en llegar pues esa noche cuando llego a casa se sentó al ordenador y a los pocos minutos llego un email a mi ordenador un mensaje de una tal, “Loba”. En él me contaba como era y que si quería intercambiar emails. Enseguida le respondí diciendo que si. Y nos enviamos un email en el que nos cambiamos una foto desnudos, con la cara ocultada, yo tuve, además, la precaución de retocar los elementos de fondo de la foto para que no pudiera identificar mi cuarto. Cual fue mi sorpresa que en la foto salía su cama en la que vi la ropa con la que terminaba de llegar. Eso significaba que justo ahora estaba desnuda, así que me vestí rápidamente y me dirigí a su cuarto para decirle que ya reparé su ordenador. Cuando toqué a la puerta me dijo que me esperara. A los pocos segundos me abrió cubierta por una bata de noche muy corta que tenía, supongo que fue lo primero que pilló. Le dije que ya estaba reparado su ordenador. Ella me dio las gracias. Cuando fui a cerrar la puerta para irme se me ocurrió decirle, “Joder Rosa, con esa bata pareces una loba”. Su cara se puso blanca por un instante. Yo para disimular le dije que era broma, que no se pusiera tan seria. Entonces recupero la sonrisa y me llamo idiota. Tras esto volví a mi ordenador y me hice una paja monumental con la foto recién enviada por ella.

Nuestros intercambios de fotos y emails continuaron durante un tiempo, hasta que un día le propuse algo fuerte. Le dije si quería que nos intercambiáramos semen y flujo vaginal. Ella acepto encantada, así que fui a correos a reservar un apartado postal para no dar la dirección. Ella por su parte ya disponía de uno. Esa misma noche me hice una paja monumental y me corrí en los calzoncillos, los cuales metí en un sobre y envié a su dirección postal. A los pocos días recibí el preciado regalo. Eran una braguitas tanga que ya conocía y que me ponían a cien. Desprendían un aroma increíble que hacía cobrar vida a mi polla. Enseguida tome unas fotos en las que restregaba mi pene sobre la parte manchada y otras en las que me corría sobre ellas. Se las mandé por email al instante y cosas de la vida, a los pocos minutos recibí unas fotos en las que ella se masturbaba frotando mis calzoncillos corridos sobre su coño. Guarde ese tanga en un lugar seguro donde nadie pudiera verlo. La verdad es que Rosa era una viciosa de cuidado. Ahora mi objetivo estaba mas claro que nunca, tenía que follármela como fuera. El problema era como.

Como medida de excitación hacia ella, cuando no estaban mis padres, comencé a pasearme en bañador cuando ella estaba en la piscina tomando el sol, utilizaba uno que tenía que me venía pequeño, siempre animando antes mi polla con unas cuantas sacudidas antes de salir de la piscina para marcar así mas paquete. Podía ver como ella miraba con disimulo mi bulto, para no ser descubierta. Era evidente pues si le gustaban los jóvenes, también debería sentir algo al verme a mí, como joven que era.

En otra ocasión que estaba ella tomando el sol le dije que se iba a quemar, que llevaba mucho rato expuesta, entonces ella me pidió que le untara bronceador. Como disfrute pasando mis manos por esa espalda. Incluso me atreví a rozar suavemente los laterales intentando tocar algo de sus senos y por supuesto su culo. Debía de encantarle porque no decía nada. Luego se dio la vuelta y me dediqué a frotar ese vientre plano, curtido por el deporte. Ni que decir tiene que acerqué mis manos a sus pechos y el borde de la braga del bikini. Estaba cachondísima, eso me decían sus pezones que desafiaban a romper la tela del bikini. Yo por supuesto que también, pues mi bulto era evidente, y ella lo notó. Esta actividad se repitió en mas de una ocasión. El caso es que la cosa no pasaba de allí hasta que un día sucedió algo inesperado. Rosa metió los calzoncillos que le mande en su cesto de la ropa, por error, y cuando mi madre hizo la colada y luego la recogió, al verlos los dejó en mi cuarto. A ella se la veía nerviosa ese día pues buscaba su trofeo y no lo encontraba. La sorpresa suya fue tremenda al ver a mi madre repartiendo la ropa y dejando en mi cama los calzoncillos, era evidente que mi madre sabía que eran míos, no así Rosa. Yo para forzar la situación no recogía la ropa que dejó mi madre en mi cama y esperé a ver que hacía ella. Esa tarde salí de mi habitación, supuestamente me iba con mis amigos, y al ver que ella entra en mi cuarto la sigo a escondidas y la veo como los toma y se los lleva.

Esa noche recibo un email suyo en el que me cuenta lo sucedido y me pide que le mande otros. Yo le respondí diciendo que le iba a mandar algo mejor. Me casqué una paja monumental con sus fotos y deposité mi corrida en un botecito que le mande a su dirección postal. El día que lo recibió me mandó unas fotos agradeciéndomelo en las que tenía mi corrida en su boca y su coño y jugaba con ella esparciéndola por todo su cuerpo. Así pues le mandé un email en el que le proponía quedar. Ella respondió diciendo que mejor no, que solo le interesaba el cybersexo, que lo demás le parecía muy fuerte. Yo le dije que eso no era fuerte, y le conté una historia inventada sobre mí en la que le relataba que me tiré a mi hermana mayor. Enseguida se despertó su curiosidad y me pidió que le contara mas cosas. Así que le dije todas las tretas que sucedieron hasta que al final supuestamente follamos. Le conté lo de ir en ropa interior por casa, lo de salir casi desnuda de la ducha para ver como reaccionaba,… en fin toda una serie de mentiras para ver si las ponía en práctica conmigo.

La verdad es que dio resultado pues a los pocos días comenzó a pasear en ropa interior por casa, cuando no estaban nuestros padres, evidentemente. Yo como sabía que lo que haría es ver mi reacción me excitaba de sobremanera dejándole ver mi bulto. Otro día me llamó desde la ducha con la excusa de que le acercara una toalla que quedaba lejos de su alcance con la excusa de no salir mojada. Al entrar la cortina de la ducha estaba medio abierta y pude ver su cuerpo. Ella me dijo que no mirara pero yo no hice mucho caso y al darle la toalla retuve unos segundos mi vista sobre su cuerpo. Se me puso dura al instante, y ella lo notó.

Al parecer la cosa funcionaba, ella estaba convencida por los emails que enviaba a mi falso yo contando los progresos de sus acercamientos con su hermano. Entonces le propuse que intentara algo mas fuerte, como pedir a su hermano que le pusiera crema en un supuesto grano del culo. Efectivamente, al día siguiente vino a mi cuarto y me dijo que tenía que pedirme un favor muy importante. Me dijo que le había salido un granito en el cachete y que ella no podía verlo, que por favor le pusiera una crema que le mandó el médico y que ella, debido a la posición del mismo no podía. Así pues yo accedí entre regañadientes para que no pensara que quería hacerlo. Se quito la falda y se tumbó en la cama boca abajo. Yo con solo ver esa braguita que traía me puse mas tieso que un árbol. La polla me reventaba. Entonces me dispuse a ello.

- Rosa no veo ningún grano.

- Si hombre, claro que lo hay busca bien, busca que está cerca del centro.

- Vale, te aparto un poco la braguita para ver si lo veo.

- Tranquilo, que no té de apuro, al fin y al cabo somos hermanos y no hay nada de malo en esto.

¿Nada de malo?. Pensé yo, yo si que té iba a hacer cosas malas, dije para mis adentros. Entre tanta manipulación le rozaba cerca del coño con mis manos, y pude ver como tenía el coño mojadito, así me lo hacía saber una pequeña mancha de flujo que se formo en su braguita.

- Pero Rosa, ten cuidado que té estas meando, dije yo para comprometerla.

- No, no. No se como dices que me estoy meando.

- Pues tienes las bragas manchadas.

- Huy, quizás sea de un descuido, cuando fui al baño antes.

Si, si, un descuido pensé yo. Lo que pasa es que esta está mas caliente que una burra. Finalmente puede ver el supuesto grano. Era una zona rojiza que se provocó ella rascando con la uña. La muy borde lo había hecho cerca de su raja.

- Venga, ya la vi, te aparto un poco más la braguita para llegar mejor.

- Vale, pero ten cuidado no la manches.

- Me parece que va a ser imposible.

- No, no, que son nuevas.

- Pues tu dirás que hacemos.

- Espera, me las quito y en paz, pero tu no te preocupes, que no té de apuro.

- No sé, no sé.

- Tranquilo hombre, siento ponerte en este compromiso pero es que el médico me dijo que no lo demorara.

- Bueno, pues vamos. Abre un poco las piernas, sino no llego.

- Vale, pero no mires donde no debes.

- Vale haré lo que pueda, pero uno no es de piedra.

- Calla marrano, tu piensa en otras cosas, no sé, en praderas, fútbol, bicis, etc…

Así pues comencé a poner cremita y lo que no era cremita, ya que en un descuido suyo, cuando no miraba tome un poco de líquido preseminal de mi polla y se lo puse sobre la zona rascada.

- Parece que casi está. Espera que me incorpore un poco que se me duerme la pierna en esta postura.

Con la excusa de incorporarme hice como que perdía el equilibrio y me dejé caer sobre ella introduciendo un dedo en su mojado coño y pegando mi crecido bulto sobre su culo.

- José, José, que haces.

- Lo siento, es que perdí el equilibrio.

Si, si me dije yo. Pero el caso es que la muy guarra no dijo nada sobre ese dedo mío en su coño.

- Levanta, rápido.

- Voy, voy, espera que es complicado, no tengo donde apoyarme. Mi mano está aprisionada por mi cuerpo.

Mientras me levantaba aproveché para frotar su clítoris con mi mano y apretar mi polla contra su culo. Rosa estaba muy mojada, y ella lo sabía.

- Perdona, perdona, pero es que perdí el equilibrio.

Al levantarse ella vio mi tremendo bulto bajo mis bermudas.

- José, pedazo de guarro, pues no te as empalmado conmigo.

- Hey, hey, para. Ya te dije que uno no es de piedra, además no fui yo el que pidió ayuda.

- Si hombre, pero mira como la tienes.

- Pues anda que tu. Mira como tengo el dedo de tus flujos.

En eso cojo y me chupo el dedo impregnado de sus flujos.

- Pero guarro, que haces.

- Nada limpiar mi dedo. Aunque el problema no es ese. ¿Quién me baja ahora esta empalmada?.

- Ah, eso es problema tuyo.

- Si, problema mío. Fuiste tú la que me lo puso así.

- Pues ya te apañaras.

- ¿Si?. Conque esas tenemos. Pues si no me la bajas tu le diré a los papas que me pediste que te pusiera crema.

- ¿No serás capaz?.

- Pon me a prueba.

Sabía que ella lo deseaba pero no quería forzar la situación. Si hubiera querido me la tiro directamente y seguro que ella hubiera estado encantada, pero el caso es que esa morbosa situación me gustaba.

- Eres un chantajista.

- Pues tú veras que haces.

- Si pero hay cosas que los hermanos no pueden hacer.

- Si, claro, como poner cremita cerca de según que zonas.

- Si, vale, pero no es lo mismo.

- Pues tanto si es como no aquí puedes ver el resultado, Dije yo señalando mi polla.

- Vale, vale. Acepto. Venga sácala.

Y sin mas me saque mi polla hinchada como una morcilla. Ella la tomó como con asco, aunque yo sabía que Rosa estaba disfrutando del momento. Comenzó a agitarla con una mano. Que rápido lo hacía, me iba a correr enseguida.

- Ajj, que asco. Avisa cuando te venga para coger un pañuelo.

- Vale, vale, pero tu sigue si no quieres que diga nada.

- Cerdo. Esta es la última que te paso.

Cuando estaba a punto de correrme no le dije nada y le disparé en la cara, barriga, coño. Todo lo que tenía visible se lo llene de leche. Ella, la muy guarrilla, no hizo nada por evitarlo aunque me dijo de todo.

- Gracias Rosa. Ahora ya puedo ducharme para salir.

- Eso, vete que no quiero saber nada de ti, so cerdo, chantajista.

Rosa se fue a su habitación y yo hice como que me iba a la ducha. Sabía que ella comenzaría a jugar con la corrida que le tiré encima, igual que hizo con la que le mandé por correo postal y me mostró en las fotos. Cuando estaba en ello me acerqué a la puerta y solo de oírla gemir se me puso tiesa. Abrí la puerta de golpe y le dije.

- Aja, lo sabía. ¿Dime quien es ahora el cerdo?. Mírate toda llena de leche y sobándote como una salida.

Ella quedó blanca, sin respuesta. Yo por contra me dije, de hoy no pasa. Me desnudé y acerque mi enhiesta polla a su boca.

- Chupa guarra, sé que lo estás deseando.

- Vale, lo confieso, me pones caliente. Trae esa polla cerdo. Te vas a enterar de esta.

- Por supuesto. Sé que te encanta, no disimules.

- Vale, para que seguir jugando. ¿Quieres sexo?. Pues lo vas a tener. Ya veremos quien puede más.

- Si, ya veremos. Chupa, chupa.

- Aggg, que polla más tiesa chavalín. Ummmm, que gusto.

- Chupa, chupa, que me voy a correr en tu boca. Te voy a llenar de semen. Sé que te gusta. O quien crees que era tu amigo del email.

- Así que eras tu, so cerdo, la verdad es que algo me olía, porque en las fotos me pareció reconocer tu habitación, pero no estaba segura.

- Deja de hablar, que te quiero follar esas tetazas que tienes tan duras. Venga calla y hazme una cubana.

La verdad es que ese lenguaje soez nos ponía a los dos.

- Que tetas, que duras. Mira cerda, mira como se entierra mi polla en ellas.

- Si, lo veo. Muévete, venga muévete y córrete sobre mí de una vez.

- Siiii, siii, me corro.

- Venga dispara en mis tetas y mi boca.

- Agghhh, siiiii, que gusto. Toma leche, toma.

- Siiii, toda para mí. Toda.

La puse perdida de semen. Y ella para variar comenzó a restregárselo por su cuerpo y a jugar con su lengua.

- Toma, zorra. Límpiame la polla con tu lengua.

- Sii, aghh, mira como la chupo. Mira.

- Chupa, chupa. Que se va levantando por momentos.

En eso que la tenía tiesa de nuevo y le digo.

- Mira lo que tienes debajo la cama.

Cuando ella se agacha para mirar le quedo el culo en pompa, así que sin avisar me situó detrás de ella y se la meto golpe en el coño.

- Aghhh, si, que bien, cerdo.

- Toma polla, toma. Dime que lo deseas.

- Si lo estaba deseando. Si empuja, empuja.

Uff, que placer ver rebotar mis huevos sobre su culo y ese ruido a sexo que producía mi polla al entrar en su prieto coño.

- Venga aprieta el coño, apriétalo, que da mas placer.

- Siiiii, me tienes loca, me vas a hacer correr enseguida.

- Siiii, me viene. ¿Dónde la quieres?

- En mi coño, en mi coño.

- Agghh, tomaaaaa, tomaaaaa.

- Siiiiiii, que gusto sentir tus chorros de placer dentro de mi cueva.

Al sacarla le comenzó a chorrear el semen por las piernas, así que lo tomé con mi mano y comencé a metérselo dentro de su coño Que coño mas mojado y chorroso. Jugué con mis dedos, mi corrida, sus flujos y su coño.

- Dámelo a probar, mete tus dedos en mi boca.

-Vale, vale, pero chupa mi polla que todavía chorrea.

- Siiii, que gusto. Como me gusta tu semen.

Tras esa sesión de sexo quedamos los dos exhaustos sobre su cama hasta que al rato nos fuimos a duchar los dos juntos. Yo enjabonaba a ella y ella lo hacía conmigo. De nuevo pude gozar de ese tacto exquisito que tenia su cuerpo y recordarle que ya no tendría que recurrir al cybersexo cuando quisiera un jovenzuelo, ya que en casa tenía uno que le daría todo el sexo que quisiera.

En este relato erotico una zorra nos cuenta como se divierte chupando pollas de sus primos y tios hasta que al final acaba siendo follada por tres pollones, esto si que es porno brutal y salvaje acaban metiendole la polla por todos sus agujeros

Hola mi nombre es Alejandra y quisiera contarles un relato de algo que me paso en mi vida y que no he podido olvidar, ni pienso hacerlo ya que al recordarlo me excito y vuelvo a hacerlo otra vez. Antes que nada les diré que tengo 21 años, soy alta, morena, delgada, cabello corto, tengo unos senos grandes, redondos y un trasero muy rico, bueno eso me dicen en la calle.

Pasando a otras cosas yo me encontraba en una fiesta familiar en casa de mi tío Javier, esa tarde-noche llevaba una blusa de tirantes con un escote grande a través del cual se podían ver la mayor parte de mis senos, además tenía puesta una falda corta y unos tacones altos. En dicha fiesta se encontraban la mayor parte de mis familiares (tíos, primos, etc.) yo noté que varios de ellos me miraban de una manera lujuriosa, al principio me molestaba pero después me empezó a gustar y a excitar, por lo que quise seguirles el juego y disimuladamente les abría las piernas para que vieran mi ropa interior, o también me inclinaba un poco para que se vieran mis senos, miraba como hacían comentarios entre ellos señalándome con sus manos.

Así estuve un rato calentándolos hasta que llegó la hora de marcharme, como no llevaba automóvil pregunté quien me podía llevar a mi casa, en ese momento ya eran cerca de las 10:00 p.m, inmediatamente mi tío Javier que tiene como unos 52 años, mi primo Sergio de unos 36 años y mi primo Pedro de 21 años se levantaron para llevarme a mi casa, ellos estaban un poco pasados de copas pero no me importó, nos fuimos los 4 en la camioneta de mi tío el cual manejaba, por supuesto que mis primos me subieron en medio de ellos. Durante el camino sentí como mi tío Javier acariciaba mis piernas cada vez que quería yo no sabía que hacer quería decirle que no lo hiciera pero me gustaba.

Al llegar a la casa se bajaron los tres y se metieron junto conmigo a la casa, ya dentro sacaron una cerveza y me la dieron, como no estoy impuesta a beber alcohol se empezó a subir por lo que decidí bañarme, les dije que cuando se terminaran sus cervezas se fueran, me metí a bañar y comencé a masturbarme pensando en ellos tres, al salir de ducharme completamente desnuda cual fue mi sorpresa al verlos todavía dentro de mi casa. Mi primo Pedro se acercó y me sentó en la cama y Javier dijo:

- Que rica te ves desnuda sobrina.

Y se empezaron a bajar los pantalones, se pararon frente a mí y mostrándome sus vergas que por cierto estaban muy paradas y duras me dijeron:

- Ahora nos vas a satisfacer después de que nos calentastes en la fiesta puta.

Sergio me tomó de la cabeza y me introdujo su verga en la boca, al principio me resistí pero después empezó a gustarme y me deje llevar por mi calentura, comencé a mamárselas, me metía una verga y a veces hasta dos mientras masturbaba la otra. Miraba como estaban gozando los tres y mi tío Javier decía que rica zorrita nos encontramos, esas palabras me excitaban mucho más. Pedro me levantó y me acostó de espaldas en la cama abrió mis piernas y me mamó mi cuca mientras tanto Javier y Sergio chupaban mis tetas como unos perros. Me besaron y acariciaron como quisieron pero me encantaba lo que hacían, fue cuando les dije;

- Quiero que me metan sus vergas

Sergio se recostó en la cama, me subí y lo cabalgué mientras él me acariciaba los senos, Javier se acercó y me inclinó sobre Sergio quedando mis nalgas a su disposición, empezó a sobarme el culo y luego me tío su dedo para abrírmelo, yo le pedí su verga y él me complació metiéndomela muy despacio, al principio me dolió pero después estaba encantada de tener dos vergas dentro de mí, era demasiado rico sentir a mi primo y a mi tío ellos no paraban de decirme vulgaridades como que rico culo tienes perrita y Sergio decía que sabrosa está mi prima la zorrita.

Se acercó Pedro me introdujo su pene en mi boca y empecé chupársela, entonces sentí la delicia de estar clavada por tres vergones. Después de un tiempo mi boca se lleno de leche de Pedro, enseguida Javier terminó también y saco su verga de mi culo y me chorreo su semen en mis nalgas, por último Sergio acabó dentro de mi cuca inundándola toda. Nos quedamos acostados los cuatro y ellos no paraban de decir:

- Que rica primita tenemos, además es bien puta como nos gusta.

Luego se vistieron y se marcharon muy contentos. Por mi parte puedo decirles que me encantó ser poseída por tres hombres y cada vez que les antoja vienen para que les dé placer y mucho sexo.

Este relato erotico nos muestra otra fantasia sexual. Sobre una zorra amateur que es una verdadera belleza y que sabe como seducir a un hombre, que bueno seria hacer esta fantasia realidad y que esta zorra empezase chupando pollas

En esta ocasión, pienso presentarles un relato que parte exclusivamente de mi imaginación, la que ha sido cruelmente atormentada por algunas fotografías de una dama que observé en una página de fotos amateurs. Debo reconocer que me ha cautivado su cuerpo y la sensualidad con que posa ante la lente y me hace odiar a quien manipula el disparador de esa cámara fotográfica.

De ella tomaré su nombre e imaginaré su rostro, su voz y sus dichos, ya que solo puedo ver su cuerpo. Zoe es romántica, morena, piel cobriza y hermosas curvas tanto superiores como inferiores (95-65-100 como medidas). Sus cabellos castaños oscuros caen hasta cubrir sus hombros en una delicada melena que asemeja un corte similar al de Cleopatra (La Reina del Nilo). Observar una diosa así pone a hervir la sangre de cualquier mortal y obviamente no fui la excepción.

Solía compartir con ella el transporte y el lugar donde se hallaban las oficinas de nuestro trabajo. Reconozco que cuando la vi por primera vez me asaltaron las ganas de abalanzarme sobre ella fingiendo caer ante alguna frenada brusca de colectivo pero noté que algo así me traería dolor de cabeza, ya que fui testigo de su reacción ante una actitud similar de un muchachito que camino a su escuela también compartía el viaje. ¡Qué cachetada le aplicó! Fue sonora y muy gráfica, ya que dejó su marca en la mejilla del chico.

Al llegar a nuestro destino, su rostro estaba desfigurado por la ira; pero he de reconocer que la hacía más bella. Sus ojos, dos granos de café tostado, brillaban y parecían albergar rayos propios de una tormenta de verano. Subimos al elevador solos y pude contemplar su figura entallada en aquel traje negro que resaltaba sus curvas, la pollera apenas superaba la mitad de sus muslos muy bien torneados y sus pechos poniendo en tensión máxima los botones que cruzaban el saco, dejando un canal apetecible entre ellos.

Labios rojo intenso, se veían temblorosos producto de su furia contenida. En aquel momento, decidí iniciar el contacto sabiendo que una palabra de mi parte daría rienda suelta a su descarga. Y así fue.

- Discúlpame, pero no pude evitar presenciar lo que pasó en el colectivo y creo que estarás muy furiosa – dije mientras me recostaba contra la pared del fondo.

- Tenéis razón! Estos borregos creen que pueden manosearte a su gusto cuando el colectivo está lleno. ¡Qué rabia tengo! – respondió.

- Te comprendo, aunque he visto también que otros no tan chicos hacen cosas similares. Realmente te compadezco, tan buena figura y tener que esconderla para no sufrir esos ataques.

- Ciertamente, hay que disfrazarse para que no te toquen.

El ascensor se detuvo en el piso 8, donde ella bajaba, se giró para quedar frente a mí y dándome un beso en la mejilla, apenas un roce, dijo: “Me llamo Zoe, un gusto hablar con vos”. “Igualmente, Alejo, a tus ordenes” respondí.

La vi bajar y cuando la puerta del elevador se cerró, sonreí al tiempo que pasaba mi mano por el sector donde segundos antes sus labios se habían posado. Llevé la palma a mi nariz y aspiré su perfume delicado que me embriagó al instante.

El resto de la mañana la pasé recordando uno a uno los segundos de su compañía, desde el colectivo hasta el piso 8. Imaginaba las mil y una formas de abordarla nuevamente para comenzar una relación más próxima, era indudable que quería tenerla en mi cama pero sentía temor de terminar como el estudiante en el colectivo. Siendo cerca de las 4 de la tarde, llegó la hora del regreso a casa. Me demoré unos minutos más de lo habitual, por lo que llegué al elevador a las 4:30. Las oficinas estaban casi desiertas y el silencio dominaba el lugar. Iba abstraído en mis pensamientos y no reparé en que aquella jaula de metal se detuvo en el octavo piso. Tan pronto se abrió la puerta, un perfume me trajo a la realidad, Zoe subía nuevamente.

- ¡Hola! Nos encontramos de nuevo, ¿Cómo fue tu día? – dijo su voz cristalina y mucho más calma que en la mañana.

- ¿Cómo estás preciosa?, algo pesada, pero nada que no pueda solucionarse. ¿Vos? ¿Mejor?.

- Si, ya pasó. Todo será cuestión de tomar precauciones para que no pase de nuevo.

- ¿Qué? ¿Vas a esconderte entre ropas de monja?.

- Nooo!!! Me pienso acomodar mejor en el colectivo – dijo entre risas.

Allí conocí algo más de ella, una risa contagiosa y muy transparente. Hasta llegar a la planta baja, hablamos y reímos de varios temas sin sentido. Le cedí el paso y pude admirar nuevamente su figura, aspirar ampliamente su perfume y colocarle el despertador a mis sentidos.

- Zoe, no lo tomes a mal pero… ¿Aceptas un café?.

- Bueno, dale. Conozco un barcito por acá cerca.

Caminé junto a ella, casi rozando mi brazo con el suyo hablando de bueyes perdidos hasta llegar al lugar que ella había dicho. Al entrar noté como la observaban y créanme que me sentí envidiado y odiado por los varones del lugar. Eligió una mesa alejada de las miradas indiscretas y las ventanas curiosas, situación que me agradó. Solicitamos nuestras bebidas y decidimos acompañarlas con unos sándwiches tostados.

- A fuerza de ser honestos, hace un tiempo que había reparado en tu presencia en los viajes del colectivo y que trabajabas en el mismo edificio que yo – mencioné.

- También yo, además me as comido con la mirada. Casi parecía que me estabas haciendo una radiografía.

- Y no es para menos, sois muy llamativa – respondí mientras sentía el calor subiendo de pies a cabeza.

- No te pongas colorado!, me gusta ser observada, además forma parte de mi personalidad. Vivo en un estado de seducción continua.

- Eso suena provocativo, pero me gusta.

Sonreímos ambos y nos dispusimos a consumir nuestros pedidos, cruzamos miradas varias veces pero cuando uno levantaba la vista, el otro la bajaba como quien esquiva con un pase de torero. Volvimos a la charla, a las sonrisas y las risas. Así nuestro primer encuentro duró casi dos horas, donde pude saber que está sola, que le apasionan las fotografías, la música suave, los poemas y que se considera una romántica sin remedio. Secretaria de un estudio jurídico, divide su tiempo entre el trabajo, la fotografía y la compra compulsiva de ropa que resalte su figura.

Con el pago de la cuenta en el bar, llegó la hora del regreso a nuestros hogares. Cuando abandonábamos el comercio, coloque una de mis manos en su hombro, como guiándola entre las mesas. Caminamos lentamente entre las demás personas que con ritmo febril se dirigían hacia sus trabajos o a las distintas paradas de ómnibus. Parecíamos no querer separarnos, tratando de detener el tiempo. Abordamos el transporte y nos sentamos juntos, nuestra proximidad era mayor y el contacto casi permanente. El trayecto se hizo breve en tan grata compañía, antes de bajar pregunté:

- ¿Me dejas tu número de teléfono?.

- ¿Qué tal el e-mail? El teléfono no se lo doy prácticamente a nadie.

- Ok, hagamos cambios te doy el mío.

Intercambiamos esos datos y en ese trámite, mi lugar de bajada quedó atrás. Bajé una estación más adelante, totalmente extasiado por lo acontecido, embriagado del perfume de aquella mujer y diría que casi al borde del enamoramiento.

Llegué a mi departamento, me quité la ropa y noté que no solo mi cabeza estaba invadida por aquella mujer. Ingresé a la ducha y seguía sin poder quitar de mi mente aquella figura, aunque ahora la imaginaba con mucha menos ropa. Cerré el grifo, me seque y coloque ropas más cómodas. Fui a mi ordenador, lo conecté y un mensaje apareció en mi mensajero instantáneo. “Gracias por una tarde distinta” era el texto y lo firmaba el usuario “Bella Pasión”. Una sonrisa brotó de mis labios y confirmé que el primer paso hacia ella había sido efectivo. Por más que esperé y esperé, no logré verla conectada a la red. La ansiedad de retomar la conversación me tenía loco; ingresé en dos o tres salas de Chat solo para ver si lograba hallarla y la búsqueda resultó infructuosa.

Con la llegada de la noche, el cansancio me venció y me acosté, solo, pero añorando a aquella dama. Soñé con ella, como si mi mente no se resignara a alejarla, danzando juntos al son de temas suaves, intercambiando caricias y besos, pero extrañamente sin llegar más allá de esas situaciones. Curiosamente, cuando la situación se tornaba álgida, el radio reloj me despertó. Bañado en transpiración por los sueños que había tenido, comprobé que la mañana estaba llegando y con ello la posibilidad de verla nuevamente en el ómnibus. Acelerando mis movimientos, tome una ducha, me vestí raudamente y sin desayunar corrí a la parada del autobús. Al subir al transporte, mi corazón latía desbocado y mis ojos buscaban prestamente su figura. Mala suerte, no estaba. Obviamente, mis ideas estaban revueltas y solo giraban en derredor de un pensamiento “¿Dónde estará Zoe?”. Las horas de trabajo fueron interminables, ocho horas eternas y mi ansiedad en crecimiento.

Al salir, tampoco volví a hallarla. Esperé como un novio primerizo, por más de una hora sentado frente al portal del edificio, pero fue en vano. Aquel viaje de retorno a casa fue tan gris como una tarde fría de invierno, si hasta el cielo se asoció a mi tristeza dejando escapar una tenue llovizna. Ingresé a mi departamento que parecía más frío y vacío que de costumbre, conecté el ordenador y fui en busca de un café. En mi cabeza, como un martilleo continuo reaparecían las imágenes de aquella tarde y su perfume parecía estar en cada una de las cosas que tocaba. No había mensajes, tan rápido como había llegado, ella había desaparecido y sin dejar huellas. Con las primeras sombras de la noche y el crecimiento de la lluvia, se hizo presente un apagón que dejo prácticamente la ciudad en penumbras. Solamente los relámpagos y la brasa del cigarrillo en mis labios entregaban luminosidad a aquel monstruo dormido. El sonido del teléfono me sobresaltó al extremo de caerse mi cigarrillo sobre mis piernas. “¿Quién será?” me preguntaba mientras caminaba hacia el aparato que sonaba, tratando de eludir las cosas que se hallaban a mi paso. Tomé el aparato y me dispuse a responder:

- Hola, ¿quién habla?

- Soy yo, ¿me extrañaste hoy?

- ¿Zoe? ¿Cómo conseguiste mi número?

- Je je je, te sorprendí. Muy fácil, del perfil de tu correo.

- Tramposa, y yo que pensaba que no te vería.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Podéis.

- Estaba sola en casa y el apagón me asustó un poco, ¿te molesto si hablamos un rato hasta que esto pase?.

- En absoluto, pero ¿no te agradaría más vernos?.

- Y… si, pero… ¿Dónde?.

- Decidme vos, ¿en tu casa, en la mía, en un bar?

- ¿Vendrías a casa? vivo en el décimo piso y no hay luz.

- Subo por las escaleras.

- Pero ¿Quién te abre?

Exploté en una carcajada al darme cuenta que debería bajar ella y si era que temía a la oscuridad, no querría aventurarse a eso.

- Mirá, decidme dónde es y voy. Con suerte conseguiré que el encargado me abra, ¿te parece?.

- Está bien, toma nota de la dirección y mi teléfono.

- ¿Teléfono? ¿Para que?

- Por si nadie te abre, tonto.

Como pude anoté los datos y tras colocarme ropa adecuada, baje las escaleras de mi casa. Paré un taxi y fui en su búsqueda. En cinco minutos estaba a las puertas de un edificio bastante nuevo, una mole de cemento y vidrios que yacía en total oscuridad. Solo algunas ventanas mostraban reflejos de velas encendidas Tal como imaginaba, el portero del edificio estaba en la puerta, a la espera de sus inquilinos ya que la seguridad no es la reina de la ciudad y no dejaba pasar a quien no conocía. Menudo problema, ¿cómo demostrar que una dama me esperaba si era la primera vez que me veía?. Tras una breve aunque minuciosa charla convencía a ese carcelero que me dejara ingresar. Me señaló las escaleras y se despidió con cara de pocos amigos. Quería correr esos diez pisos para llegar a su puerta en el menor tiempo posible, pero al llegar al quinto me di cuenta que mi estado físico no era de los mejores, estaba agotado. Me detuve unos minutos y aproveche para con un llamado corto, avisarle que ya estaba ahí y en minutos llegaría a su puerta. El caso es que 5 minutos más tarde estaba enfrentándola, ya que me esperaba junto a la puerta de su departamento.

Si antes me había trastornado su imagen con ropas de trabajo, imagínenla ahora con una brevísima pollera rosa y una camisa de seda blanca, descalza y con su pelo amarrado en una coleta. Me recibió con un beso tenue en la mejilla y se adelantó a mi. El reflejo de las velas dispuestas en dos candelabros le daban un toque mágico al ambiente. Nos sentamos en un sillón que daba al ventanal principal de su apartamento y consumimos nuestros primeros cigarrillos y cafés. Teníamos una charla placentera, que lejos estaba de las insinuaciones aunque solía rozar temas cálidos. Gustos, placeres, diversión, noviazgos frustrados eran parte de la charla hasta que decidió ir un poco más al frente y preguntó:

- ¿Te gusto tanto como tus miradas demuestran?.

- Sois muy atractiva, además de utilizar las ropas adecuadas. Diría que sois la seducción caminando – le respondí.

- Muy galán de tu parte, pero lo que quería saber es si mi figura provoca otras reacciones en vos.

Tragué saliva, elegantemente me estaba preguntando si me calentaba y vaya que sí lo hacía. La penumbra me ayudaba a ocultar una respuesta más que evidente en mi entrepierna.

- La verdad sí, me resultas muy excitante.

- Eso me pareció, ya que aceptaste muy rápidamente venir a verme sin importarte nada y hasta trataste de abordarme cuando fuimos al bar. Se te nota tenso y eso confirma mis ideas.

- ¿Cómo confirma tus ideas? ¿Cuáles son tus ideas?.

Sin mediar palabra, se acercó más y rodeando mi cuello con sus brazos tibios me depositó un beso delicado en los labios. Le respondí de inmediato, retribuyendo su avance y dejando que mis manos explorasen su espalda, desde la cabellera hasta el mismo borde de su pollera, al tiempo que atrapaba sus labios de manera más posesiva. Permitió un poco el avance pero me detuvo cuando intenté llegar a sus piernas.

- Tranquilo, no rompas la magia del momento.

- Ok, pero no me enciendas más de lo que ya estoy.

Volvió a las caricias y su juego de seducción, apagó uno de los candelabros y ya casi no había luz. Se sentó frente a mí, en una silla y sin dejar de jugar imitó una escena de la película Streap tease. Debí imaginar la música, pero la escenografía y la protagonista eran muy reales. Cuando quedó tan solo con sus prendas más intimas y las medias negras con liguero comenzó a aproximarse, colocó uno de sus dedos sobre mis labios para impedir que hablase y luego comenzó a desprender mi camisa. Era una experta en excitar y seducir, no cabía duda. Despojado de mi prenda superior, no pude contenerme y fui yo quien acariciando suavemente le retiré el brassier y bajando por los costados de su cuerpo desprendí los ligueros para quitar sus medias. El juego de roces nos fue encendiendo hasta convertirnos en lava ardiente y la delicadeza dio paso a la urgencia de tenernos mutuamente. Nos convertimos en un nudo de brazos, piernas y lenguas, con el sillón como ring de esa batalla. Los roces, apretones, caricias y besos se desperdigaban por cada centímetro de piel existente, sin llegar más allá. Desaparecieron mis pantalones en un momento dado y nuestra desnudez era casi total. El calor de los cuerpos aumentaba, pero ninguno de los dos quería dar el primer paso a consumar una relación profunda. Se logró desprender de mí unos segundos, y con la voz entrecortada por la excitación dijo:

- Vamos a mi cama, no perdamos tiempo ni fuego.

La seguí tomado de la mano, me guiaba de manera experta en la oscuridad total de aquel pasillo y tan pronto ingresamos a una habitación, me empujó cayendo los dos sobre un colchón muy amplio. Ubicada sobre mí, comenzó a besar mi pecho, recorriéndolo en su totalidad en tanto mis manos jugaban con su cabello y las curvas de su espalda. Fue bajando hasta llegar al borde de mi bóxer, que bajó lentamente, mientras recorría mis piernas con besos para luego cambiar de posición y ser ella quien quedara abajo, invitándome a imitar su accionar. Así lo hice, pero a diferencia de ella, me entretuve en su nido de amor y sexo, torturando cada milímetro y cada pliegue de su piel. Comenzó a lubricarse más y más, llenando la habitación de su perfume a sexo. Noté sus contracciones y luego como con sus manos aferradas a mi cabellera trataba de llevarme tan adentro como podía. Absorbí cada gota de su néctar y torturé con besos y pequeños mordiscos su botón de placer hasta hacerla llegar a una explosión tan violenta que casi me ahogó en jugos. Quedó rendida y distendida, respirando agitada en un principio para luego serenarse. Mientras se relajaba, subí pasando mi lengua por toda su piel, deteniéndome en sus pechos, donde los pezones de buen tamaño no habían perdido su dureza. En ese momento recuperó su habla, y con voz entrecortada murmuró:

- Hermoso, me encantó pero quiero más. Reponte que quiero mostrarte lo que se hacer y que se que te gustará.

- Si mi vida, la noche es larga y esto fue solo empezar.

Fumamos un cigarrillo a medias, abrazados, mientras reponíamos energías. Minutos después fue ella quien empezó el recorrido descendente, para jugar y rodear mi guerrero, que lentamente se preparaba para otra batalla. Su habilidad para excitar estaba intacta, y no demoró mucho en ejercer un total control sobre mí. Cuando hubo logrado la firmeza total, inició un movimiento de acercamiento de su sexo frotándose en mis muslos y mi abdomen de manera circular, hasta acariciar la punta de mi lanza con sus ya muy húmedos labios. Bajaba apenas, introduciendo la punta en un movimiento de vaivén al tiempo que sus manos se apoyaban firmemente en mis hombros, impidiéndome moverme.

El continuo contacto con sus escasos vellos me estaba quemando y lo notó. En un movimiento suave se dejó caer, hasta llevarse la totalidad a su interior y tan profundo como pudo. Se mantuvo así unos instantes para luego comenzar a moverse, lentamente primero y ganando velocidad hasta transformarse en una máquina sexual perfectamente aceitada con nuestros líquidos. Fueron diez minutos de velocidad pura, que concluyeron con una bomba nuclear. Jugos por doquier y sudor esparcido en las sabanas, que se coronaban con besos tiernos y muy profundos. Como si se tratase de una obra de teatro, al llegar el reposo, las luces se encendieron para que los actores fuesen observados por el publico, rendidos sobre un escenario digno de la mejor de las obras.

Este relato erotico nos cuenta la fantasía sexual de una pareja, que se calientan con solo mirarse. Aunque no sera algo tan simple ya que el hombre le tiene preparada una sorpresa a la zorra, y es otra polla para chupar, creo que se tirara un buen rato tragando leche.

Llegas de un viaje a Madrid y voy a buscarte en el coche y te recojo. Mientras volvemos a Alcalá, nos vamos echando miradas en el coche en las que nos desnudamos mutuamente. Al cambiar de marcha te acaricio la pierna y voy deslizando mi mano hacia arriba. Empiezas a sentir el calor en tu entrepierna y me devuelves la caricia. Y te digo que por favor te esperes a que lleguemos al hotel para así poder follarte a gusto. Piso el acelerador y en menos de cuarto de hora estamos allí. Salimos del coche y en el mismo aparcamiento empezamos a meternos mano. Pero no te dejo seguir porque quiero darte una noche que no olvidaras nunca. Entonces subimos a la habitación y te encuentras toda ella llena de rosas, una botella de champán, un bote de nata, unas esposas y un pañuelo negro.

Piensas que para que usare todas esas cosas pero no te dejo seguir pensando. Te llevo a la cama, te tiro a ella, te arranco la ropa y te ato con las esposas de pies y manos a la cama. Después de eso te pongo el pañuelo y hago que no veas nada. Aun hay una sorpresa que no has visto dentro del armario. Llego al armario y saco una cosa que tú no esperabas que estuviera ahí. Cojo la nata, y empiezo a echarte por encima de los pechos, por la tripa por la pelvis, por tus piernas y finalmente por tu coñito. Cuando acabo de echarte nata, empiezas a sentir una lengua por tus pechos. Y empiezas a gozar pero pronto descubres cual es esa sorpresa de la que no sabias nada. Comienzas a sentir otra lengua en tus pies. Estas flipando. Me dices que que coño pasa y te digo que es una sorpresa que te tenia guardada. Así que empiezas a relajarte y a disfrutar del momento.

Tienes una lengua en tus pezones y otra en tus piernas, mientras una sube la otra baja y parece que las dos se están juntando en un sitio en el que te mueres por sentir algo. Poco a poco empiezas a sentir que no hay nada de nata ya en tu cuerpo y que tu coñito esta chorreando. Al fin empiezas a gritar pidiendo que algo entre ya en tu coñito. Así que nuestro invitado quiere complacerte pero yo no le dejo. Aun no. Quiero que sufras un poquito más y hacerte estar lo mas caliente que puedas. Seguimos comiéndote enterita sin llegar nunca a tu conejito.

Ya no puedes mas y nos suplicas así que llega el momento de ponernos a jugar en serio. Te quitamos el pañuelo y descubres que el otro chico es Andrés. Nos miras a las poyas y ves que los dos tenemos unos buenos poyones. Así que mientras el te come el coño yo me echo un poquito de nata en mi capullo y empiezo a acercártelo a la boca y tu no dudas en empezar a comértelo.

Mientras me la estas comiendo Andrés cree que ya es suficiente de andar jugando así que se sitúa entre tus piernas, se las pone a los hombros y empieza a meterte la poya despacito. Pero tu no quieres eso, tu lo que quieres es que te follen salvajemente así que a voz en grito le dices que acelere, que ya no puedes mas y que te tienes que correr ya porque si no revientas. Entonces Andrés empieza a follarte más y más rápido mientras yo por mi parte te follo la boca y te voy acariciando los pechos.

Ya no aguantas más y te corres salvajemente. A la vez Andrés, al notar tus fluidos tampoco aguanta y estalla llenándote el coño de lechecita. Al veros en un éxtasis de orgasmos yo no quiero ser menos y empiezo a correrme en tu boquita y a darte esa lechecita tan rica que tanto te gusta. Como estamos tan cansados todos, nos echamos en la cama y nos ponemos a hablar de esta experiencia. Mientras lo hacemos, tu no dejas de meternos mano y de acariciarnos nuestras poyas hasta que se ponen muy duras. Cuando esto ocurre volvemos a la acción y comenzamos a comerte el coño los dos. Nos repartimos todo para poder comernos todos tus agujeritos.

Cuando no puedes aguantar más, me tiras a la cama y te subes en mi poya y empiezas a cabalgar. Empiezas a botar de unas formas increíbles. Andrés es ahora el que quiere correrse en tu boquita así que te pone la poya cerca de ella para que te la comas y la saborees bien. Mientras estas botando, le vas comiendo la poya a Andrés y empiezas a sentir calor, mucho calor y piensas que nunca habías tenido una sensación así. Notas que pronto te vas a correr y aceleras el ritmo al igual que sientes que Andrés se va a correr también. Le empiezas a comer la poya más y más rápido hasta que de pronto, mmmm… ese sabor vuelve a estar en tu boquita y estallas en un orgasmo increíble. Yo al notar tus fluiditos chocando con mi poya, no aguanto mas y me corro y empiezo a soltar mi lechecita en tu coñito dejándotelo lleno de leche

Relato erotico de una bailarina erotica muy sensual. Ya me gustaria a mi ser el agraciado de este cuento, porque como la zorra mamando esta hay pocas en el mundo, ademas le gusta el porno brutal y en solo unas lineas nos cuenta todas sus posturas favoritas.

Cada noche iba como siempre al local donde trabajaba, un local donde me desnudaba lentamente y con sensualidad para poder ganarme el pan de cada día. Reconozco que era buena bailando y que ofrecía a los hombres lo que ellos querían ver, pero veían sin tocar, claro. Ningún hombre me llegó a tocar nunca, no formaba eso parte de mi trabajo. Me encantaba saber el placer y el deseo que provocaba a los hombres al mirarme, me observaban como perritos falderos, se relamían una y otra vez los labios.

Una noche llegó, mientras yo bailaba, un hombre de aspecto interesante, viril, corpulento, atractivo, se sentó en una de las mesas principales, no me quitaba el ojo de encima, me ponía nerviosa, pues podía sentir como sus ojos, su mirada se clavaba en mi cuerpo. Uuummm, me encantaba, me excitaba esa mirada tan penetrante, esta vez era yo la que deseaba ser tocada, tocada por ese hombre, por ese macho, por esas manos. Estaba cachondisima y no pude evitar el acercarme a él con un baile insinuante y poner su mano en mi coño, para que pudiera sentir la humedad que de él provenía, humedad que solo él había provocado.

Pronto se oyó el abucheo del resto de hombres que habían en el local, que si yo también quiero, que si vaya favoritismos….. Dejé de hacerlo para evitar problemas y seguí bailando sensual y provocativamente poseída por el olor que desprendía aquel hombre. Mientras, observaba como él se llevaba la mano a la nariz para percibir el olor que había dejado la humedad de mi coño, luego se llevó uno de los dedos a la boca, y comenzó a chuparlo. Me puso loca, tanto que me empecé a tocar mientras bailaba, mi coño, mis pechos,……… Llegó la hora de cerrar, ya todos los hombres, incluido él, se habían ido. Estando en mi camerino podía sentir aún el olor de su cuerpo, fogoso, caliente, me preguntaba si volvería a verlo, nunca me había pasado nada igual, nunca.

Eran ya las 5:00 AM. Me dirigía a mi casa, donde vivía sola, otra vez vuelta a la realidad, a la realidad de la soledad, maldita realidad!!!. De camino hacia a ella, me agarraron por detrás, tapándome los ojos con una mano, y mientras con la otra me tocaba el coño, era él, mi hombre misterioso, lo sabía por su olor. Me susurró al oído: ¿estás aún caliente?. Mi cuerpo se estremeció completamente al escuchar su voz viril, fuerte, potente, segura; –si– le contesté —aún lo estoy— Me tapó los ojos con algo y me dirigió hacía un vehículo. Yo me presté a su juego. Supuse que sería una limusina ya que el no conducía, nos montamos atrás. Empezó a besarme por todo mi cuerpo mientras íbamos de camino a no sé donde. Me lleno de sus caricias y sus besos por toda yo, por cada rincón. Sentía un morbo increíble y mi excitación iba subiendo por milésimas de segundos. El automóvil paró, me cogió en sus brazos y me llevó a una habitación que pude ver al quitarme la venda. Sería un hotel, me supuse. Se dirigió a la cama, y me indico que me fuese a su lado, yo accedí a su petición. Y como loca por la pasión me eché encima de él para poder sentirlo más de cerca, para poder dominarlo.

A él le puso loco mi iniciativa y comenzamos a quitarnos la ropa para poder contemplar la desnudez de nuestros cuerpos. Bufffff!!! Que cuerpo tenía!!! Tan bien formado, su pecho, todo!!!. Ya desnudos, tomé el mando, me subí encima de él y comencé a besar su cuello, recorriendo camino abajo hasta llegar a su enorme polla encendida, abrasadora, la besé y con mi lengua empecé a juguetear con la punta de su polla. Sus ojos se cerraban de gozo mientras me decía: sigue, sigue!!!, no pares!!! me vuelves loco!!! La introducí entera en mi boca y cogiéndola del tronco la meneaba de arriba hacia abajo.

La dejé jugosita, mojadita, de la miel de mis labios, mientras él jadeaba de gusto. Me dijo: acerca tu coño a mi boca!!!, lo coloqué en su cara, cambiando a la postura 69 y nos pusimos a comernos como locos. Del placer que me provocaba, el paso de su lengua por mi coño, se me olvidaba chuparle su polla, invadiéndome por completo el deseo, mi coño chorreaba a mares, estaba inundado. Levanté mi coño de su cara y de culo a él le dije: ¡¡¡méteme tu polla!!!. Se incorporó y cogiéndome de las caderas con sus manos introdujo su polla en mi agujero, hasta el fondo, me la metía y me la sacaba con sacudidas fuertes y suaves a la vez, inundándome más y más en el placer y en la locura. Me encantaba sentir sus manos en mis caderas.

Dejó de moverse, la sacó y se tumbó en la cama, yo me subí en su montura y comencé a cabalgar, a trotar, como una fiera en celo, como una loba, uuummm, ooohhh, si, si, sigue… me decía. Mi clítoris rozaba en su barriga al compás de mis movimientos, y ya sentía como mi cuerpo llegaba al clímax del deseo, y le dije: correte!!!, correte conmigo!!!. Estas palabras chocaron en él produciéndole la excitación máxima, pudiendo los dos llegar al orgasmo a la vez. Un temblor atravesó nuestros cuerpos, temblor producido por el deseo y la pasión, temblor de placer……… Acabamos los dos empapados en el sudor de nuestros cuerpos, yo encima de él y sus brazos rodeando mi cuerpo.

Desde este momento nunca volví a bailar para otro hombre, todos mis bailes estuvieron dedicados a él. Nunca más me sentí sola.

Otro relato erotico de relaciones que empiezan por la red, si es que las fantasias eroticas se pueden hacer realidad. Si es que hay zorras que disfrutan chupando gratis

Conocí a Laura por casualidad una fría tarde de invierno. Yo había entrado en un concurrido chat para huir del aburrimiento. Su hermoso nombre me llamó la atención y le envié un mensaje. Comenzamos a charlar de temas intrascendentes, pero la conversación fue tan amena y distendida que quedamos para otro día e intercambiamos nuestras direcciones de correo. A partir de ahí nuestros encuentros se hicieron habituales, primero en el ICQ y después con un programa que nos permitía comunicarnos usando nuestra propia voz. El intercambio de fotografías se hizo inevitable, y así pude apreciar su belleza serena, su tez blanca, su pelo castaño, sus labios sensuales, sus verdes ojos arrebatadores.

Nuestras conversaciones, que se prolongaron durante más de un año, aunque cálidas, siempre se movían en una línea de cordialidad propia de dos personas adultas : ella tenía treinta y dos años, yo lindando los cuarenta ; ambos casados, con hijos y con profesiones de cierta responsabilidad social. Pero desde un principio esa mujer extremadamente culta, inteligente y sobre todo imaginativa, logró hacerme sentir bajo el dominio de alguna exótica droga que me privaba de la conciencia de la realidad y me blandía a su capricho en una atmósfera de encantamiento y seducción que hacía abandonarme a un fascinante placer que ahogaba mi interior.

Mi deseo por ella iba creciendo y no es extraño que en alguna ocasión le hiciera alguna sensual insinuación, a la que ella, tímidamente, respondía con evasivas. Pero una noche, encontrándonos bajo los efluvios de alguna bebida alcohólica, le propuse entrar en un chat erótico y ella asintió. Estuvimos leyendo las conversaciones ajenas hasta que ella hizo un comentario : ” !qué real parece lo que aquí se describe!…”. Con gran excitación le dije : “¿quieres hacer el amor conmigo en este chat?”, y para mi gozo ella consintió. Yo me preguntaba hasta dónde podíamos llegar con nuestra fantasía.

Con cierto recato, pues siempre había sido muy comedido en mis expresiones, comencé a escribir :

“Laura, estamos en una playa desierta, te abrazo, siento tu cuerpo desnudo, tu piel de terciopelo fría y mojada … y te beso ; beso tus ojos con dulzura, con el roce apenas perceptible de mis labios …, y tu nariz, … mordisqueo el lóbulo de tu oreja derecha, te susurro al oído que te quiero y todo tu cuerpo se estremece al sentir el cosquilleo que te producen mis palabras. Beso tus labios y tú me acaricias el pelo. Mi lengua entra en contacto con la tuya. Siento su humedad, su calor, tu aliento refrescante, … y nuestras lenguas juguetean atrevidamente.

Te apartas de mí con brusquedad y me empujas sobre la arena, luego te tumbas a mi lado y me pides que siga besándote, pero no, ahora quiero admirar tu desnudez, ese cuerpo que hace que el deseo se haga más incontrolado. Las gotas de agua resbalan desde tu pelo, por tu cara, tu cuello y van a caer sobre tus pechos, y alguna más atrevida se posa en tus enhiestos pezones oscuros.

No puedo reprimir mi ansiedad, acerco mi boca a ellos y bebo esas gotas saladas, lamiendo tus pequeños pezones, succionándolos delicadamente los mordisqueo con suavidad. Tus pechos están duros, los acaricio con mis manos y siento que el deseo se apodera de mí.

Mi lengua juguetona recorre tu vientre, haciéndote cosquillas en el ombligo, y desciende más y más. Me pongo de rodillas ante ti y tomo una de tus piernas, la acaricio y chupo con mi boca los dedos de tus pies, pues sé que eso te gusta”.

Creí que mi excitación había llegado a su punto álgido, pero entonces ella tomó la iniciativa y escribió :

“Te quiero Sergio, me estás volviendo loca con tus palabras. Esto es muy real. Estoy muy caliente. Mi coño está hinchado y húmedo de lujuria … estoy acariciando mi sexo con mis dedos mojados en saliva …”.

En mis sueños yo seguía jugando, lamiendo los pies de Laura y recorriendo una y otra vez sus piernas, pero ahora fui directo a su sexo. Comencé a besarlo, y al contacto de mis labios ella se estremeció de placer, dejando escapar un gemido. Abrió sus piernas para permitir que mi lengua entrara en su vagina y sentí su calor y su humedad … La estaba penetrando una y otra vez, con mi lengua primero, con mis dedos después, al tiempo que acariciaba el clítoris en sentido circular, notando que ella, que movía sus caderas con frenesí dejando escapar el deseo por cada uno de sus poros, seguía vibrando de placer.

Nuevamente escribió Laura en el chat : “Ahora me toca a mí…”. Hizo que me echara en la arena, tomó mi endurecido y erecto falo entre sus manos y principió a acariciarlo suavemente. Con su dulce lengua y sus labios carnosos jugueteó traviesamente con él, chupaba el glande y poco a poco iba devorándolo hasta que acabó por engullir el pene en su totalidad. Bajaba y subía la cabeza con movimientos rítmicos y expertos que lograron transportarme a extraordinarias cotas de placer.

No pude contenerme más y se lo hice saber. “Si sigues así voy a correrme”. Entonces ella me miró pícaramente, con provocación y me dijo : “No, así no. Quiero que me folles, quiero sentir tu polla erecta en mi coño caliente, húmedo y blandito”. Y cambiando de postura se tumbó en la arena y abrió las piernas. Me puse encima, acerqué mi duro, palpitante y ardiente rabo a su sexo y comencé a penetrarla ; empujaba con suavidad sintiendo cómo las paredes carnosas de su vagina aprisionaban mi miembro y comencé a morderle la boca. Mis movimientos fueron haciéndose cada vez más bruscos a medida que sentía su excitación, oyendo sus gemidos de placer. Noté que temblaba y no pude controlarme. Mi polla explotó derramando dentro de su vientre un torrente de semen que inundó su vagina, mezclándose con el flujo de su excitación, fundiéndonos ambos en un orgasmo tan largo e intenso como nuestra imaginación quiso.

Y entonces desperté y volví a la realidad. Estaba turbado, enrojecido, sentía fiebre y palpitaciones … . Las palabras que Laura escribía habían conseguido despertar en mí tal grado de deseo y de lujuria que ahora necesitaba sexo en forma irracional y desmedida. Y lo tuve, le hice el amor a mi mujer con violencia, con pasión, como nunca lo había hecho,… y con traición, pues acariciaba su cuerpo pensando en el de Laura, me imaginaba en esa playa que ambos conocíamos recreándome con la fábula que acabábamos de inventar.

Desde ese momento no hacía más que pensar en ella ; era una obsesión enfermiza. Rememoraba esa charla y sentía el deseo incontrolado de repetir la experiencia, lo que me producía graves apuros, al conseguir la erección en el trabajo, en la calle …, y me preguntaba si sería posible alcanzar el placer de esa forma. Pero el deseo era mutuo y pronto surgió nuevamente la ocasión, aunque ahora usamos el programa de voz, lo que hizo que mi confusión fuera total, al impedir que pudiera discernir entre lo que era realidad y fantasía.

Esa noche yo estaba sólo en casa y ella empezó a hablarme. La escuchaba con una claridad absoluta, sus palabras resonaban en mi cabeza tan cálidas que pronto surgió la pasión y fue vencida la inicial vergüenza y recato, comenzando a expresarnos de forma desinhibida y espontánea. “Te abrazo -le dije-, te beso, …” . Ahora las frases eran mucho más excitantes, todo era más sensual, oyendo su dulce y sugerente voz.

Me tumbé en la cama, apagué la luz y cerré los ojos; desabroché mis pantalones y comencé a acariciar mi pene, que ya estaba en erección.

Laura me hablaba así :

“Sergio, llevo una falda corta, una blusa ajustada y mi ropa interior es tan sugerente que te volverá loco. Chupo con lujuria uno de mis dedos que ahora, muy despacio, resbala por mi cuello hasta llegar a mi pecho. Voy dejando un rastro de saliva en mi piel para que tus labios lo sigan. Empiezo a bajar, primero acaricio mi vientre con suavidad y por fin llego a mi sexo que te espera impaciente. Introduzco en él un dedo , luego otro, y otro. Está caliente, palpitante, húmedo y blandito. Quiero ser tuya, quiero sentirte dentro de mí… Estoy frotando el clítoris mientras imagino que es tu lengua y ello me sitúa al borde del delirio…”

Yo seguía moviendo lentamente mi mano a través de mi empinado falo y seguimos soñando: Estaba tumbado en la cama y ella sobre mí en sentido inverso. Su lengua chupaba mi polla dura con gran vigor y pronto fue engullida por su boca, al tiempo que movía sus caderas pidiéndome que la devorara, ofreciéndome su rosado sexo para que lo lamiera frenéticamente. Yo besaba sus vigorosos muslos y sus consistentes y redondeados glúteos, jugando con mi lengua alrededor de su vagina. Tenía frente a mi cara su coño mojado y entonces me hundí en su selva oscura para besar y chupar con fuerza el clítoris, mientras ella suspiraba de placer. Aquello me parecía simplemente fuera de este mundo. Ante mis ojos tenía también su culo estrecho, pudoroso, provocando mi curiosidad y mi deseo. Comencé a explorarlo con mis dedos empapados con el flujo que salía de su coño y comencé a penetrarla tímidamente. Así estuvimos jugueteando hasta que finalmente no pude resistir más, me levanté e hice que se pusiera inclinada de rodillas y en esa posición acerqué mi rabo a la entrada de su culo y comencé a penetrarla, primero con mucha resistencia, que pronto fue vencida con la ayuda de un poco de saliva, introduciendo en ella todo mi pene, que fuertemente aprisionado en las paredes del recto, se movía con lentitud : dentro y fuera.

Ella gemía en una extraña simbiosis de dolor y placer, pero la lenta cadencia del movimiento de mi miembro, acompañada con las suaves caricias que mi mano diestra prodigaba a su clítoris, la hizo llevar al éxtasis, sintiendo que ella llegaba al orgasmo, en el mismo instante en que mi pene descargaba en su culo un torrente de semen caliente, llevándome también a alcanzar la cima del placer.

Y en ese momento ambos regresamos a la realidad. Nos estábamos masturbando. Laura empezó a describirme cómo lo hacía. Sus ardientes palabras, sus gemidos entrecortados y sus jadeos me permitieron comprobar que se trataba de una excitación real. Sólo imaginar que yo era el responsable del placer que sentía esa mujer me enloquecía.

Cuando pensé que ya no podría experimentar nada más extraordinario percibí un silencio. Laura se detuvo, oí uno de sus profundos suspiros y por fin recobró la voz. Entonces me fue dibujando su cuerpo que era recorrido en la oscuridad por sus húmedos y juguetones dedos. Los guiaba nuestro deseo y se movieron con una destreza tal que llegamos a las más altas cotas del delirio. Sus palabras se agolpaban en mi mente y apenas podía asimilar lo que estaba sucediendo. Su voz sonaba tan suave que casi palpaba su aliento cálido en mi oído. Me habló de sus pezones endurecidos de excitación, del movimiento circular que imprimía a sus senos mientras yo le susurraba con delicadeza palabras apasionadas. Separó sus piernas y un ligero estremecimiento la recorrió por completo. Yo percibí entonces un suave gritito de placer y le pregunté la causa : estaba introduciendo los dedos en su coño mojado acariciando también el clítoris con suavidad. La descripción cesó y la llamé pero sólo me llegó una serie ininterrumpida de suspiros. Estaba llegando al orgasmo.

Por entonces mi mano se movía con destreza y rapidez alrededor de mi hinchada polla, pletórico de excitación ante las palabras que salían de la boca de Laura, sugiriéndome ahora que mojara mis dedos con saliva y frotara el glande, imaginando que era su boca, y así lo hice. La sensación fue igual de placentera y un espasmo recorrió todo mi cuerpo, precipitándose en torbellino la leche pegajosa que escupía el miembro viril sobre mi mano y mi pecho.

Nuestra turbación fue mayor. El orgasmo había sido auténtico. Desde ese día ya no pensábamos en otra cosa más que en convertir en realidad esta experiencia ; sin embargo, y por extraño que parezca, ninguno de los dos queríamos conocernos personalmente para no perder la magia de nuestros encuentros. Mi sueño erótico era poseer a Laura como lo había hecho hasta entonces, guardando nuestro anonimato. Y una gran idea pasó fugazmente por mi mente y fue madurando poco a poco, hasta que finalmente encontré el momento idóneo para llevarla a feliz término.

Un día pude dirigirme a su ciudad, aprovechando que mi mujer se había ido a la playa con mis hijos, tomé una habitación en un conocido hotel de lujo y la llamé a su móvil concertando una cita. A continuación cerré todas las ventanas dejando la estancia con una oscuridad absoluta, me desnudé, entré en el baño y me di una ducha que aplacó momentáneamente mi lujuria, me enrollé una toalla y me senté en la cama esperándola.

Ella acudió pronto a la cita. Llamó a la puerta de la habitación, yo quité el pestillo y me retiré al fondo de la estancia. Cuando entró pude adivinar su silueta. Era como me había imaginado. Su cuerpo delgado pero exquisitamente armonioso y lozano, no muy alta, con el pelo corto. Sus pechos eran pequeños, como a mí me gustan, pero duros, pujantes y bien erguidos ; sus glúteos finamente esculpidos ; sus piernas largas y bien torneadas. Vestía de forma sencilla pero con muy buen gusto : falda corta, que traslucía sus muslos recios, sus pantorrillas prominentes y su culo firme y prieto ; blusa con pequeños tirantes y zapatos veraniegos que dejaban al descubierto sus minúsculos pies ; pero aún mayor fascinación causó en mí el aire de elegancia y seguridad que desprendía cada uno de sus movimientos.

A oscuras, tanteando los muebles, no sin dificultad, llegó a la cama y se sentó junto a mí envuelta en un aura de misterio y provocación. Comenzamos a hablar. Su voz sonaba tan dulce y melodiosa como en las ocasiones anteriores. Nos besamos con pasión desmedida tratando de aprovechar cada segundo y revivimos nuestros encuentros imaginarios. Ella notó mi excitación y me dijo con una increíble seguridad: “amor mío, creo que conseguiré llevarte al éxtasis muy pronto…”. Hizo que me tumbara en la cama y tal como estaba, sin quitarse la ropa, besó mis labios y deslizó su lengua por mi cuerpo desnudo, por mi vientre y mi sexo. ¡Y ahora sí era real!… Chupó mi pene, lo introdujo en su boca y comenzó a acariciarlo, ayudándose con una mano, tímidamente primero y luego con movimientos más rítmicos que aumentaban su cadencia al sentir que mi excitación iba en aumento. Después bajó su lengua acariciando su base, chupando mis testículos que luego, de uno en uno, se introdujo en la boca con exquisita delicadeza.

Laura -le dije- “voy a correrme”, y ella exclamó “hazlo”, y siguió acariciando mi rabo empinado. Noté cómo el semen se deslizaba desde mis testículos, por todo el miembro, saliendo violentamente para ir dentro de su boca, que sin poder contenerlo lo derramó fuera de sí, esparciéndose por su cara y su cuello. Era la primera vez que experimentaba un orgasmo así. Nunca hasta entonces había eyaculado en el interior de la boca de una mujer y el placer que tuve al sentir que su lengua no se detenía en las caricias que prodigaba al glande mientras se producía la descarga del licor seminal fue indescriptible.

Exhausto seguí echado en la cama mientras ella se dirigió al baño. Escuché el ruido del lavabo y luego la ducha. A los pocos minutos ella salió y se tumbó junto a mí, dándome cuenta de que estaba desnuda. Charlamos nuevamente de cosas intrascendentes, y no había transcurrido media hora cuando ella cogió mi pene con sus manos y comenzó a acariciarlo de nuevo. Los besos apasionados se prodigaron ahora, como antes lo habían sido en la fantasía … y mi lengua recorrió su cuerpo, saboreando toda su piel: su cara, su espalda, sus pechos, su vientre, sus piernas, sus pies, y por fin llegué a su sexo y enterré mi lengua en la vagina, haciendo que sus piernas temblasen a causa del deseo. Su coño húmedo, muy caliente y blandito me pedía que lo follara sin demora.

Se puso de rodillas sobre la cama, apoyando sus manos en la almohada, y me acerqué a ella por detrás, jugueteando con mi enorme pene erecto alrededor de sus genitales, tocando con la punta sus muslos, sus glúteos, su ano, hasta que ella, descontrolada, me suplicó que la penetrara con fuerza, al tiempo que levantaba sus caderas y me decía : “quiero sentirte dentro, muy dentro”. Comencé a penetrarla lentamente mientras ella movía sus caderas gozosa. Mis embestidas iban en aumento poco a poco, tratando de disfrutar al máximo cada momento. Cuando mis testículos se unían a su vello púbico, ella echaba las caderas hacia atrás para sentirse penetrada lo más hondo posible. Movía sus caderas pausadamente hasta que mi pene volvía a salir, repitiendo este proceso una y otra vez, estallando en desinhibidos alaridos de placer.

Yo estaba ya a punto de explotar en un intenso orgasmo, cuando ella se detuvo, hizo que me echara en la cama y se sentó sobre mi tieso falo, metiéndoselo lentamente en su ardiente coño, comenzando a hacer lentos movimientos : arriba y abajo, para sentir y disfrutar al máximo aquella rigidez penetrando en sus entrañas. Entretanto emitía incontrolados gemidos de dicha, se chupaba uno de sus dedos y mordía una mano, mientras con la otra se frotaba el clítoris delicadamente, saboreando al máximo cada segundo de placer.

Nos besamos de nuevo y nuestras lenguas se unieron cuando simultáneamente experimentamos un prolongado e intenso orgasmo. Nuestros cuerpos se retorcían de placer y Laura gemía como posesa. Mi polla estalló de gusto, vomitando como manantial salvaje un torbellino de leche blanquecina y viscosa que se precipitó en su coño húmedo, cayendo después rendidos en la cama.

Allí permanecimos dormidos, perdiendo la noción del tiempo. Desperté antes que ella y vi cómo su cuerpo pequeño se cobijaba entre mis brazos sintiéndola más mía que nunca. Aproveché para acariciarla con suavidad, para oler su piel, para recorrerla con mi mirada en la penumbra del cuarto intentando grabar en mi memoria aquella fascinante experiencia. Al poco abrió los ojos y me sonrió llena de felicidad tal como pude apreciar a través de sus expresivos ojos. Después nos vestimos, tanteando en la oscuridad nuestras ropas, y sin que hubiéramos podido aún percatarnos exactamente de nuestra apariencia física, nos despedimos con un intenso beso. Ella se marchó en primer lugar. Yo lo hice a los pocos minutos, pagué la cuenta del hotel y regresé a mi ciudad, a mi hogar y a mi rutina.

Sigo chateando con Laura casi todas las noches y vivo con la esperanza de volver a sentir su cuerpo junto al mío. He meditado mucho sobre la insensata fantasía en la que me hallo inmerso, que me ha privado de lucidez en la percepción de la realidad. En todo caso, aunque esta historia concluya, sé que jamás podré olvidar a esa mujer que ha logrado seducir mi ser y ahogar con su magia las fibras más sensibles de mi percepción, colmándome de un placer tan sublime como jamás podré experimentar.

Relato erotico de  un madurito de 50 casado en su primera cita con una zorra que conoce por la red.  Su primer encuentro si que es sexo brutal y apasionado.

Tengo 50 años, estoy casado y sin grandes problemas en mi relación y jamás pensé poder tener la experiencia que os voy a relatar. Hace un año, completamente aburrido en la oficina durante el tórrido mes de agosto madrileño, se me ocurrió entrar en Internet (instrumento habitual de mi trabajo) pero con el fin de pasar un rato y entretener la mañana. En una sala de chat conocí a una joven sudamericana y de una manera natural iniciamos una conversación que manteníamos casi diariamente. Con el tiempo fuimos adquiriendo una confianza mutua hasta el punto de comentar nuestros problemas personales y llegamos a hablar de sexo. Hablamos de los que más nos gustaba a la hora de tener sexo y que conoceréis vosotros también si seguís leyendo.

Como un juego acordamos un día tener un encuentro en una sala privada, planteando una situación virtual que a ambos nos apetecía. Mi planteamiento inicial consistía en que los dos estábamos vestidos de fiesta. Yo con smoking y ella con un vestido de raso de los que únicamente se sujetan con unos finos tirantes sobre los hombros. Con una música apropiada empezamos a bailar juntando nuestros cuerpos. Yo olía su perfume y notaba sus pechos aplastándose contra el mío, mientras mi mano enlazaba su desnuda cintura sintiendo la suavidad de su piel morena. Sus pezones duros marcaban el vestido, cuya tela era muy fina y eso me ponía aún mas excitado. Al poco y con la excitación de los cuerpos juntos mis labios buscaron los suyos y nuestras lenguas se entrelazaron. Nos dimos un beso caliente, largo… su lengua jugaba con la mía mientras sus manos buscaban mi cuerpo. Mis manos en sus nalgas las apretaban con fuerza hacia mi polla que empezó a endurecerse con el roce de ese cuerpo y el olor que desprendía.

Después mis labios descendieron por su cuello, lo que la hizo estremecer y excitar “estoy muy excitada, mira como mis pezones marcan el vestido, me siento húmeda mmmmm”. Mis dedos apartaron los tirantes de sus hombros y el vestido cayó al suelo, dejándola delante de mí, solo con un pequeño tanga de color azul que ocultaba su deseado coñito. Su piel morena se mostró en todo su esplendor. Sus pezones duros y oscuros atraían mi boca y comencé a chuparlos mientras apretaba sus pechos, tersos y firmes. No conseguía parar de comerlos, lamerlos, morderlos. Mientras mis dientes jugaban con uno de los pezones, mi mano apretaba el otro. Su respiración empezó a agitarse mientras sus manos apretaban mi cabeza suavemente hacía abajo indicándome el camino que deseaba que recorriera. Ella quería verme comiendo su coñito.

Mi lengua atravesó su vientre, plano como solo se tiene cuando no se ha alcanzado la treintena, y se enfrentó al pequeño tanga que impedía su paso. El olor de su sexo me llenó mientras empecé a mordisquear suavemente sus labios, al mismo tiempo que un gemido de placer quedaba ahogado en su garganta. Tiré del tanguita y por fin mi lengua pudo penetrar directamente a su clítoris que comí con ansiedad mientras ella estrecha mi cabeza contra su sexo.

- Cómeme el coño entero, chúpamelo así, aaahhhh sigue… sigue…hummmm mete tu lengua hasta dentro.

Yo sigo comiéndolo y veo como se mueve. Su cuerpo estaba sintiendo el mayor placer que haya sentido nunca. Entonces, mientras le chupo su clítoris, le meto mi dedo en su coño y siento todos sus jugos cayendo por mis manos. Los lamo todos, pues no quiero perder ni una gota de esa maravilla. El sabor de su flujo, su olor y su intenso deseo de placer me excitan de tal forma que mi polla no resiste mas retención y me desnudo, mostrándola tiesa, dura y humedecida por la excitación. Mientras ella se ha sentado en la cama y cuando me acerco toma mi polla entre sus manos y empieza a masturbarme, noto su aliento en mi capullo. Su mirada lasciva se clava en mis ojos reflejando su deseo y el de hacerme desear sus caricias.

- Cómete mi polla, quiero notar tus labios subiendo y bajando por ella, quiero ver tu lengua lamiendo mi capullo.

Pero ella sigue masturbándome con sus labios cerca haciéndome desear el momento en que mi polla se hunda en su boca… estoy excitadísimo. Ella comienza a acariciar mis huevos y sujetando mi polla pasa su lengua de abajo arriba, como si chupara un helado. Juega con mis huevos, los ponen enteros en su boca… Pero quiero toda mi polla en su boca, hundida en su boca. Al fin su boca se traga toda mi polla, que gusto tan intenso. Sigue masturbándome mientras chupa y lame mi polla por todas partes y yo estoy a punto de explotar, pero…la retiro de mí. No quiero terminar todavía. Quiero volver a sentir ese placer tan intenso.

- Ahora quiero que comas mi coñito hasta hacer que me corra – me pide ansiosa y deseando volver a sentir mi lengua en su coñito.

Se abre completamente de piernas y ella misma entreabre sus labios dejando ver ese interior rosado, apetitoso y húmedo donde mis labios y mi lengua empiezan a moverse con suavidad mientras introduzco mis dedos nuevamente en su coño. En unos segundos su cuerpo empieza a vibrar y su garganta a gemir de placer. Ahora mis manos ascienden por su cuerpo hasta alcanzar sus pechos y esos pezones tan duros que pellizco arrancando nuevos gemidos que mezclan el placer y el dolor…Miro su rostro… sus ojos cerrados y su boca entreabierta expresan claramente el placer que esta sintiendo lo que hace que mi excitación suba al máximo.

Sus gemidos aumentan y su cuerpo se mueve cada vez más rápido mientras mi lengua sigue acariciando su clítoris que se nota hinchado de tanta excitación. Entre gemidos me grita:

- Sigue, sigue… aaahhh!!! No puedo más, no puedo más.

Entonces un espasmo recorre su cuerpo y un gemido largo y prolongado sale de su garganta como muestra de todo el placer que siente, mientras el sabor y la humedad de su coño aumentan intensamente. Su gemido se repite una y otra vez disminuyendo poco a poco en intensidad hasta terminar relajada y casi exhausta.

- Pon tu polla entre mis pechos… quiero sentirla ahí, dura y caliente.

En cuando se la pongo toma sus pechos y empieza a masturbarme con ellos mientras yo sigo ese ritmo cada vez más rápido. El calor de sus pechos y la suavidad de su piel moviéndose sobre mi polla, su mirada lasciva en mis ojos hacen que mi placer aumente de forma cada vez más intensa. Ya no puedo mas y un chorro de mi leche caliente salta con fuerza desde mi polla hasta su cara. Verla tragando mi leche me dejaba cada vez mas excitado, ella me sigue masturbando hasta agotar mi leche que reparte por sus pechos y su vientre restregando mi polla sobre su piel suave y húmeda de sudor y placer.

Me dejo caer a su lado y los dos permanecemos juntos hasta que nuestra respiración se normaliza y podemos volver a enlazar nuestras lenguas en un beso suave y largo… Sin prisas.

En este relato erotico una jovencita nos cuenta sus experiencias sexuales en un cine porno, donde empieza mamandosela a su novio y al final acaba con las pollas de medio cine en la boca. Sera Zorra la tia!

Con mi novio, Sergio, siempre nos hemos llevado a la perfección, tanto él
como yo somos 2 personas muy calentonas y ávidas de nuevas experiencias en
cuanto al sexo se refiere, pero hasta entonces solo habíamos experimentado
la mayoría de las cosas que se pueden hacer entre 2 personas y en privado,
excepto alguna que otra revolcada en el auto por la zona de Palermo y nunca
pasó de ahí, pero todo cambió un sábado por la noche cuando estábamos en
casa, mis padres no iban a salir y los de él tampoco, teníamos poca plata
para salir y Sergio me propuso ir a un cine porno y como a los 2 nos gusta
mirar ese tipo de videos y además me subió la calentura por la experiencia
de ir por primera vez a uno de esos cines acepté. Fuimos a uno que esta
cerca del obelisco, ni bien entramos hubo cosas que me gustaron y otras que
me incomodaron, dentro de las primeras estuvo por ejemplo el hecho de que
haya pocas personas (aprox. 1/3 de la sala) y dentro de las segundas el
hecho de que había pocas parejas (aprox. 3) y el resto hombres y dentro de
éstos, a pesar de que en ese lugar existen 2 salas gay había mucho de estos
en las salas hétero, otra cosa que me gusto e incomodó al principio fue que
la mirada de todos los hombres se dirigieron a nosotros, aprovecho y paso a
describirnos, yo tengo 21 años, soy bajita (1,60 m), piel clara, ojos
marrones, cabellos castaños oscuros, delgada y con unas medidas aproximadas
de 88-58-88; mi novio tiene 23 años, es rubio, mide 1,75 m, ojos claros,
delgado y su pija mide 16 x 4 cm. Nos sentamos en la última fila y desde ahí
podíamos ver además de las escenas de la película que eran de alto voltaje
(a una mina estaba en un sándwich entre 2 tipos) se podía ver a hombres
masturbándose entre sí y pareja en besos apasionados pero nada escandaloso
en sí.
Con el correr de los minutos nuestra temperatura fue subiendo y como a la
media hora de haber entrado ahí empezamos a acariciarnos con mi novio, yo
tenía una remerita simplecita y unos jeans puesto que hacía calor y él
estaba de la misma manera, como decía él empezó a acariciar mi concha por
sobre el jean y yo hacía lo propio con su pija por sobre el pantalón,
después de un rato de estar así y con mi concha ya toda empapada le bajé el
cierre y saqué su miembro afuera y comencé a hacerle una lenta y muy suave
paja, al rato se sentó en nuestra misma fila y a unos 3 asientos nuestros un
muchacho de unos 25 años y se percató de nuestros movimientos pero por
respeto miro la pantalla aunque cada tanto de reojo nos miraba unos
segundos, después de estar ahí sentado unos minutos vi que se abrió el
pantalón y sacó una pija que, a pesar de estar a una distancia importante de
nosotros pude vérsela bastante grande y comenzó a pajearse lentamente, en
ese momento recordé una vieja fantasía mía que siempre que podíamos la
charlábamos con mis amigas que era la de tener sexo con 2 hombres a la vez,
parece que mi novio se percató de una cierta calentura especial en mí porque
miró al flaco, me miró a mi e hizo presión para que llevara mi cabeza hacia
su miembro y como mi calentura ya era magistral no me importó el resto de la
gente que estaba por ahí y me incliné y comencé a chupársela, como podía
observe al muchacho y vi que ya no le prestaba atención a la película sino a
nosotros, nos miraba directamente y se masturbaba muy rápido en ese momento
se me ocurrió calentarlo lo máximo posible y entonces le di unas lamidas a
la pija de mi novio desde la base hasta la punta y lo miraba directamente a
los ojos el flaco hizo entonces una cara que demostró que estaba al límite,
en ese momento mi novio me hizo levantar de nuevo y me preguntó si no me
animaba a que él lo invite a este muchacho a sentarse más cerca nuestro y mi
respuesta como la de toda una dama fue: “por supuesto que no mi amor,
además, así voy a poder ver más de acerca la pija del flaco que me parece
que es bastante grande” a lo que recibí como contestación: “sabía que eras
toda una putita pero no tanto y menos con esta edad bebe”, a continuación
volvía a chupársela y el le hizo una seña al flaco para que se acercara, el
tipo inmediatamente guardó su pija y pegó la vuelta alrededor por detrás de
la fila y se sentó al lado mío del lado contrario a mi novio, inmediatamente
escuché el ruido de su cierre supuse que se había vuelto a sacar el
miembro, mi novio empezó a acariciarme el culo y a los pocos minutos sentí
ya 2 manos acariciándomelo y recorriéndolo todo pero una de esas manos no
era de mi novio puesto que estaba puesta sobre mi cabeza, así que cerré los
ojos y comencé a disfrutar de las caricias de 2 hombres sobre mi cola,
después de un rato de estar así mi novio me hizo levantar y me dio un
profundo beso de lengua y me preguntó: “¿no la ibas a mirar de cerca?” a lo
cual le correspondí con una sonrisa, me di vuelta lo miré al tipo a la cara
y era bastante lindo, después bajé mi vista y me encontré con una pija que
después me enteré mide 19 x 5,5 cm. TODA UNA BELLEZA !!! el flaco se estaba
pajeando furiosamente sin sacar la mano de mi culo, entonces se la tomé con

una mano y comencé a pajearlo y con la otra hacía lo mismo con mi novio, ¿se
imaginan, yo en un cine con 2 tipos a mis lados y con sus pijas en mis manos
pajeandolos a la vez?. Estuvimos de ésta manera durante un rato hasta que el
tipo me pregunta si no se la chuparía como lo hice anteriormente con mi
novio, dudé, le pregunté a mi novio y como él no puso reparos en que lo
hiciera me agaché y como pude me la metí en la boca, no entraba más que unos
pocos cm debido a su grosor, tenía la cabeza muy hinchada y brillante debido
a la gran lubricación, en ese momento debido a la incontrolable calentura
que ya tenía me solté el jean y lo bajé apenas un poquito, tanto el flaco
como mi novio ya no se controlaban y me acariciaban por todos lados, mis
tetas, culo, concha, todo, él me metió su dedo meñique en la cola mientras
mi novio me metió un dedo en la concha, en ese momento les digo que casi
acabé pero por suerte pude contenerme porque hubiese gemido muy fuerte y
todos se habrían enterado en la sala, a los pocos segundos el tipo me
aprieta la cabeza contra su miembro y me acabó una gran cantidad en la boca
gimiendo pero sin hacer demasiado escándalo por suerte

Relato erotico de una diosa del sexo y como su marido la pilla infraganti, y como al final se montan un trio.

¿Qué es lo mejor que un amigo te puede regalar? aquí te propongo una alternativa… Edelmira vio como se habría la puerta de improviso y su cara mostró toda su sorpresa y temor por lo que veía: su marido estaba allí parado mirándola, a solo unos pocos metros, y ella allí, desnuda, en posición de hembra en celo. Pero esos ojos bellos color miel cambiaron de súbito a una expresión de incredulidad e incertidumbre, puesto que contrariamente a lo que ella esperaba, el hombre que la amaba la miraba con una cara lasciva y calentona. Nada de rabia, nada de despecho. Sin embargo, lo que más le desconcertó fue que marco seguía bombeándole el culo como un salvaje, impávido, sin siquiera inmutarse ante la presencia del recién llegado, meciéndole la verga hasta lugares en donde ella jamás se había imaginado que un macho la pudiese coger por allí, por esa entrada que tan poca resistencia opuso al recibir las primeras embestidas de ese falo duro y grueso.

Tampoco se habría imaginado que ese esfínter anal suyo fuera un arma de poder tan deliciosa, porque a pesar de estar en cuatro patas, con la cabeza enterrada en la almohada, el culo levantado y firmemente tomado por esas manos grandes de macho, había descubierto que de tanto en tanto podía apretar el culo y darle aún mayor resistencia a esa verga que furiosa le abría las entrañas por detrás, teniendo como respuesta un bramido de placer de ese macho que detenía su embestida y le prodigaba una frase obscena y lujuriosa, que daba cuenta de su pericia de puta con el culo. Esa sensación inicial de dolor mezclado con placer pronto se fue convirtiendo en una de sumisión y control deliciosos, y le estaba gustando mucho el juego, al punto que de su boca se escuchaban frases del tenor: “¡¡Así mi amor, no pares, rómpeme así de rico el culo, sigue…!!”.

¡¡Cómo lo estaba gozando!!, cómo la había hecho gozar ese hombre que en cada entrada de su cuerpo, había aplicado la misma fórmula de sutil seducción y obsceno desenfreno. Había terminado por vencer sus resistencias de dama, había descubierto a la caliente puta. Ante esa irresistible combinación de piel, besos, caricias y humedad, de uno en uno fueron cayendo su boca, su concha, su culo, entregándose por entero a los deseos lujuriosos de ese amante ocasional. Por esto no le sorprendió que la presencia de su marido no fuera impedimento para que ella sintiera nuevamente cómo las contracciones de su concha comenzaban a fusionarse en un mar de húmedos espasmos, y que el rictus inconfundible en su rostro fuera la señal de que ese inmenso placer la iba a envolver nuevamente.

El sudor de su cuerpo después de tan extensa sesión de sexo le había dado a ese cuerpo de hembra un brillo hermoso y sensual en la penumbra de aquella habitación, y los movimientos de su pelvis y los gemidos de su boca le entregaban una belleza única, aquella que las mujeres manifiestan solamente cuando un macho de verdad las ha sabido coger como toda dama con alma de puta sueña. Y de verdad que bella se veía cuando ese orgasmo arrebatador nuevamente la invadía en esa situación tan morbosa.

En medio de ese orgasmo salvaje que le hacía sentir la sangre palpitando en sus sienes, de ese gemido de perra cogida que se ahogaba en su garganta, de esas ganas de gritarle a todo el mundo que estaba siendo cogida como ella se merecía, de los dedos enterrados en las sábanas y los ojos color miel entrecerrados, su cara cubierta por sus bellos cabellos oscuros, inundada de semen y lujuria…. en medio de todo aquello comprendió finalmente lo que sucedía… en ese momento entendió que no era casualidad que su marido, le hubiese casi obligado a que hoy se pusiera ese pantalón blanco y tan ajustado, que caminando por la calle y escuchando toda clase de obscenidades referidas a su culo, le hacía sentirse casi como una puta.

Tampoco era casualidad la cadena de sucesos novedosos vividos hoy. Recordó la llegada a su trabajo de ese hombre que la fue a visitar por temas laborales sin importancia, y que en medio del típico café de oficina le dejo la sensación de conocerla tan bien, aún más con un par de copas que no sabe como se atrevió a aceptar después de las 6. Entendió que no era casualidad que en medio de ese baile que aceptó gustosa con el alcohol en su cabeza y un calor intenso en la entrepierna, ese hasta algunas horas extraño supiera susurrarle al oído justo lo que le encantaba oír, y la guiara en ese baile seductor, con la cadencia que toda mujer agradece, desde la pista de baile hasta una suave, prohibida y pecaminosa cama de hotel. Desde el último paso de baile hasta la alfombra de aquel cuarto no era mucho lo que recordaba, solamente sabía que estaba tan excitada y fuera de control que mucho antes de bajarse del auto ya no tenía puesta la tanga, y que su boca antes de retocar sus labios sentada al borde de la cama y su amante succionándole los jugos de su sexo, ya había gozado con intensidad el sabor a verga de macho en el camino.

No le había importado ser por una noche una puta, pero una de lujo, de aquellas que tienen la voluntad de decidir cual será el macho que la podrá gozar, fantasía que solo hoy se había atrevido a cumplir. Pero en ese instante la gloria estaba siendo completa, al mismo tiempo que sentía los ríos de placer recorriendo su cuerpo con inicio en su concha y un final quien sabe donde, aquel macho comenzaba a soltarle su néctar en chorros de placer infinitos e interminables, bufando como un macho salvaje poseyendo a la más deliciosa y prohibida hembra, en una conjunción de lujuriosos ritmos en que ambos gemían como dos animales en época de celo. El objetivo aquí no era la especie, era simple placer, de ese al que tantas veces Edelmira de había negado.

La miel de sus ojos apenas podía distinguirse en medio de esos cabellos enmarañados sobre su rostro, por la locura y el desenfreno de aquella sesión de sexo, a lo que sería necesario agregar la posición de esos amantes que aun después de ese orgasmo simultaneo e intenso, se negaban a abandonar. En los ojos de su marido esa imagen será imborrable, su mujer en cuatro patas de la misma forma como él la había tenido tantas y tantas veces, pero ahora clavada por la pija de otro macho, y nada más ni nada menos que por el culo, precisamente en ese culo con el que fantaseó tantas veces viendo como su mujercita volvía locos a los hombres, pensando en si ya otros habían tenido el placer infiel de probarlo. Tampoco es probable que pueda olvidar el rugido de ese macho cachondo cuando se estaba corriendo, ni el sonido de su pelvis chocando con fuerzas con las nalgas de Edelmira que lo recibían gustosas y abiertas, tampoco el gemido inconfundible de su mujer, señal que se estaba corriendo como poseída con ese falo clavado en sus entrañas.

Edelmira en cambio, sólo después de unos segundos interminables y exquisitos disfrutando el post orgasmo, en que le habían cogido por el culo soltándole un interminable y suculento néctar que podía sentir ahora hasta lo más profundo del ano, al mismo tiempo en que se corría con el deseo incontenible e irrefrenable de la novata y la experticia y sabiduría de la más grande y lujuriosa puta, solo después de gozar todo eso atinó a levantar la cabeza de la almohada y mirar nuevamente a su caliente y fantasioso marido. Con su voz aún entrecortada y la garganta afectada por los gritos, que le fue imposible ahogar en las sábanas en sus sucesivos orgasmos, le dijo a su marido con una mirada cómplice y morbosa:

“Eres un cabrón, tú lo preparaste todo, así me querías ver, pues aquí me tienes, mírame bien, pero déjame decirte que lo gocé, y mucho, pero aún no he terminado, acércate que es mi turno de la fantasía…”

Una sonrisa se dibujó en sus labios hinchados por el roce de esos besos tan intensos, apasionados e interminables de su amante casual. En su lengua aún sentía el sabor y la sensación de aquella exquisita presión del miembro erecto y duro pujando por llenar su boca. Jamás se imaginó antes de aceptar esa mamada que iba a ser así de larga y deliciosa, y que iba a dejar que Marco la metiera toda hasta casi no poder respirar, por tener la garganta llena de verga. Pero Edelmira aún quería más, si esta noche iba a ser una puta, quería serlo completa. Separó su culo de la verga ahora ya en reposo de marco y con una mano la comenzó a masturbar rogando por una reacción rápida, haciendo un ademán a su marido para que se acercase, a lo que este obedeció sumiso. Bajó la cremallera de su pantalón y aquella mujer tan formal en apariencia que sólo gozaba con calentar a los hombres meneando sutilmente su exquisito culo, hormado por sus pantalones tan ajustados que enloquecían a su marido, estaba a punto de cumplir la fantasía de muchas, sentir lo que dos vergas pueden hacer por el placer de un cuerpo deseoso y receptivo de una hembra como ella.

Cuando su marido sintió que su mujer comenzaba a mamársela con fuerza, como con furia, no pudo dejar de pensar en que sólo algunos minutos atrás era la verga de marco la que llenaba esa boca, que era muy probable que aún quedasen restos de semen en su lengua y que la ahora muy puta de su esposa podía sentir esa mezcla de sabores que sólo las hembras muy conocedoras de los placeres del sexo eran capaces de gozar.

Marco, al ver tal espectáculo, ya había reaccionado. Empalmado como estaba, pensó que era tiempo de devolver placer con placer… Ubicó a Edelmira cruzada en la cama para que en un extremo de ésta ella pudiese seguir con su trabajo de chuparle el tronco y lamerle los testículos a su complacido marido. El en cambio, se ubicó estratégicamente en el otro extremo abriéndole de par en par las piernas. Que vista aquella, esa concha depilada y suave, con los labios aún húmedos y enrojecidos por la cogida que él le acababa de dar, pero aún así deseosa de más. Pero lo que más le calentó fue ese hilo de leche que comenzaba a brotarle del culo a Edelmira mojando copiosamente las sábanas. Con dos de sus dedos tomó desde la fuente misma ese néctar, introduciéndolos lo más que pudo en esa vertiente de placer, y con ellos untados de ese blanco y espeso jugo la tomó de los cabellos obligándola a parar un momento con su mamada, y metiéndolos de una en su boca le dijo con voz morbosa: ¡cómelo para que tu boca sienta el placer que tu culo gozó al recibir mis chorros!. Ella, al oír esa frase que sólo a una puta un hombre sería capaz de decir, lamió esos dedos devorando con fruición ese lujurioso manjar hasta no dejar resto, y solo después de estar segura que no quedaba rastro, siguió con su mamada. Su marido ahora ya no tenía su duda inicial, ahora estaba seguro que el paladar de su mujer podía dar fe de la delicia de la mixtura de sabores de macho en la boca de una hembra así de puta.

Marco pagó su deuda devolviendo la mamada que le había prodigado rato atrás Edelmira, con la mejor comida de coño que le habían dado a esa mujer en mucho tiempo. Edelmira se volvió loca sintiendo la lengua intrusa de marco separándole los labios de la chocha, entrando con fuerza a la fuente misma de sus jugos vaginales, y ni hablar de esos labios de macho jugando con una presión exquisita en su clítoris que sentía iba a reventar de placer. Luego de unos minutos eternos no aguantó más, comenzó a gemir con la verga de su marido en su boca y sintió que un volcán de placer le iba a hacer erupción en su sexo, lo que efectivamente ocurrió, y su boca sin control fue tal la presión que ejerció en la verga de su marido que éste no pudo aguantar mas y comenzó a derramarse a borbotones en su boca. Pero Edelmira estaba fuera de control gozando ese orgasmo, sin querer separó aquella pija de sus labios y ésta estando libre comenzó a rociarle con leche el cabellos, la cara, las tetas, en lo que para ella fue una verdadera tortura de placer, porque marco en vez de detener su ritmo comenzó a comerle la chocha como si en eso se le fuera la vida, presionando su clítoris con su lengua furiosa y metiendo y sacando tres de sus dedos de su sexo en forma frenética, rozando con pericia lo que algunos llamarían su punto G.

Si el lector me permite, pasaré a continuar el relato en primera persona, en honor a aquella pareja morbosa y esa noche feliz.

Después de mi tercera corrida en esa hembra deliciosa e irresistible, supe que era el momento de partir. Si bien la ocasión ameritaba más lujuria, hay momentos en que el deseo tiene que dejar paso a la cordura y el reposo. Edelmira y su esposo yacían allí en ese lecho de hotel como dos amantes esposos después de su primera noche de luna de miel, abrazados y exhaustos. Esa diosa de culo perfecto y ojos hermosos, había tenido aquello que tanto había resistido, solo ayudada por un par de copas y la complicidad de su marido. Este en cambio, había por fin visto lo que sólo en sus fantasías más afiebradas había soñado, a su mujer convertida en la más ardiente y desenfrenada puta.

En mi caso, no olvidaré lo que un buen culo enfundado en un ajustado pantalón blanco puede provocar en un hombre como yo, aunque para serles franco, lo que espero que la vida me permita repetir, es la exquisita e irrefrenable sensación de sentir la presión del culo dilatado de una hembra como aquella, cerrándose firme de vez en cuando y a voluntad, recordándome que en el sexo, aun una hembra entregada así a mis deseos, sigue siendo una reina del placer y debe ser tratada como tal.

Mañana llamaré a mi amigo, no antes del medio día puesto que esos dos tendrán mucho placer que darse recordando lo vivido, y le agradeceré por compartir conmigo a esa diosa de mujer que tiene. Y si Edelmira aún quiere hablar conmigo, esa será la indicación de que esta historia aún no ha llegado a su fin.

Relato erotico de una chica que se aprovecha de su novio mientras este duerme, espero que lo disfruteis porque las cosas que hace esta zorrita, no tienen desperdicio

Soy una niña mala. Aproveché una noche que Javi dormía y me le follé sin su consentimiento… Esa noche estaban mis padres en casa y mi novio dormía en la habitación de invitados. En mi casa son muy tradicionales, así que no podemos dormir juntos, aunque llevemos varios años como pareja. Mi madre, una católica empedernida, dice que en su casa no actuaremos como una pareja hasta que no haya papeles de matrimonio entre medias.

Así que me puse el pijama, me lavé los dientes, me despedí de mi novio, dejándole en la otra habitación y me fui a dormir. Estuve leyendo un poco y perdiendo el tiempo otro poco, hasta que dieron las 2 de la madrugada. Salí al pasillo completamente desnuda (si me ve mi madre, me mata). Fuí hasta el final del pasillo, donde se encuentra la habitación de mi novio. Él no sabía nada de que yo iba a ir, otras veces sí me espera despierto, pero no esta vez.

Entré intentando hacer el menor ruido posible y oí que su respiración era suave y relajada: estaba dormido. Pensé en despertarle llamándole por su nombre. Sin embargo, se me ocurrió otra idea. Tanteé el terreno metiéndome en la cama con él. Apenas se movió, al rato volvió a respirar de la misma manera, incluso creo que roncó un poco. Bien, yo estaba resultando ser una diva del subterfugio. Le toqué para ver qué llevaba puesto y observé que tan sólo llevaba los calzoncillos y una camiseta interior de algodón. Estupendo. Como es un poco sonámbulo probé suerte a hablarle, porque a veces es más fácil ayudarte con su otro yo que intentar hacer nada por tu cuenta.

- ¿Cariño? – no contestó.

Parece que hoy no iba a tener suerte.

- ¿Javi? – volví a intentarlo.

- Dime – me contestó con esa voz entrecortada y suave, propia de cuando está profundamente dormido.

- Pues que he venido a tumbarme aquí a tu lado, ¿te importa? – Sonrió en penumbra y me negó con la cabeza.

- Te quiero mucho, duérmete conmigo – me dijo abrazándose a mí.

- Sí, ahora me duermo contigo, pero primero quiero que te desnudes, que así estaremos más calentitos.

Se quedó pensando un rato. Cuando está en esa situación tarda un poco más en reaccionar.

- Vale, pero me tienes que ayudar – me dijo.

Entonces él dispuso su cuerpo para que a mí me fuera más fácil desnudarle. Primero se levantó un poco y me dejó quitarle la camiseta, y luego subió un poquito el trasero para que le pudiera sacar los calzoncillos. La primera parte del trabajo ya estaba hecha, ahora sólo tenía que hacer que volviera a caer en el sueño más profundo y dejase de hablar.

- Vamos a dormir – le dije y le abracé.

Me abrazó, ya sin decir una palabra y ahí se quedó, completamente inmóvil y dormido como estaba. Dejé pasar un tiempo prudencial, como unos 5 minutos, aunque no tenía forma de averiguar cuánto tiempo real fue. Entonces me desembaracé de sus brazos y aparté las sábanas. Ya le tenía desnudo y dormido, justo como yo quería. Empecé a besarle el cuello y fui bajando por su peludo y atlético pecho. Al llegar a la zona del abdómen, pude ver cómo le empezaba a crecer el miembro viril. A saber qué estaría soñando ahora…

Le besé mucho en el nacimiento del vello y seguí bajando. Me topé con su erecto pene que ya estaba en su máximo esplendor. Lo miré detenidamente y lo agarré. Acto seguido miré a Javi, por si se había despertado. Seguía dormido, pero sé que me estaba empezando a introducir en sus sueños. Su respiración había cambiado un poco y comenzaba a sonar como si estuviera excitado. Para mi propósito era una buena señal. Se la agarré con la mano derecha y empecé a moverla arriba y abajo, de una forma muy suave, como si fuera de porcelana. La piel de su glande se deslizaba con el ritmo de mis manos. Noté una pequeña gota preseminal: se estaba empezando a mojar. Volví a mirarle; seguía con los ojos cerrados, con el semblante tranquilo, pero noté cómo su corazón empezaba a galopar dentro de su pecho. Cambié ahora a la mano izquierda, y con la derecha le agarré los huevos de una forma también suave. Seguí masturbándole, incrementando el ritmo. Se retorció un poco en la cama, signo de que le estaba gustando.

- Más – dijo con un hilillo de voz.

Yo me asusté y paré, pensando que se habría despertado. En ese momento volvió a exalar el aire de forma tranquila. Yo no me explicaba cómo seguía dormido, pero en vistas de que no le despertaba, seguí moviendo mis manos sobre su pene. Aumenté bastante el ritmo y él movió la cabeza en señal de que le gustaba mucho. Cuando sabía que ya estaba muy pero que muy caliente y cerca del orgasmo, me metí su polla en mi boca. Yo tenía la lengua húmeda y la boca calentita. Le lamí desde la base hasta la punta y me la metí en la boca, primero sólo la puntita. Después fui bajando y bajando hasta tocarme la campanilla. Hasta la misma garganta. Me la tragué entera. Me movía arriba y abajo, con la boca bien apretada para que le diera más placer, succionando en cada chupada. Yo estaba encima de él, puesta a cuatro patas, desnuda y chupándosela a mi novio dormido. Aquello me excitó muchísimo.

El hecho de estar en mi casa con mis padres y mi hermano me resultó incluso morboso. Se oían los ronquidos a través de la puerta y me imaginé que si mi madre se levantaba y nos veía así, sería todo un show. Es más, Javi era también ajeno a lo que estaba pasando, porque estaba soñando. Si nos sorprendiera mi madre, él también sería un sorprendido más. Uuuuf, me pareció verdaderamente excitante la situación y comencé a mojarme mucho.

Como tenía el culo en pompa me imaginé que el mismo Javi me la metía por detrás, por el coñito. Me encantaba esa postura. Así, mientras yo le chupaba con frenesí, me empecé a tocar el clítoris con una mano. Cogí la polla de mi novio con la otra y le chupé la punta mientras movía la mano y la boca rítmicamente, como si se tratara de un agujero por el que me estaba penetrando. Ya me daba igual si se despertaba, yo lo único que quería era hacerle gozar y gozar yo. Creo que inclusó le pasé un poco los dientes por el pene, como a él a veces le gustaba. Noté que empezaba a entrecortársele la respiración y succioné con más fuerza, mientras movía mi dedo índice sobre mi clítoris. Javi estaba a punto de correrse en mi boca, seguí lamiendo y chupándo, hasta la garganta para que sintiera mi boca mojada.

Me moví a una velocidad salvaje. Arriba, abajo, arriba, abajo. Entonces, noté que se revolvía y que un líquido tibio y espeso me invadía la garganta. En ese momento, tan caliente como yo me encontraba, me corrí también por acción de mis deditos expertos. Tragué todo su semen porque no sabía muy bien cómo deshacerme de él sin hacer mucho ruido. Le miré. Tenía una sonrisa en la cara, junto con una mueca de placer. Me acerqué más para verle y le noté completamente dormido aún.

Era increíble, había violado a mi novio dormido y no se había despertado. Se había corrido agusto dentro de mi boca y seguía placenteramente acostado.

Toqué otra vez su polla y aún estaba dura, aunque un poco menos que antes. Se me ocurrió volverla a masajear y reaccionó en seguida. Se puso dura. En menos de un minuto ya estaba dispuesta otra vez para que le volviese a violar. Como mi coño estaba húmedo por haberme corrido, me senté con las piernas abiertas sobre él y me metí su miembro despacio. Sentí un escalofrío recorrerme mientras su polla abría mis paredes vaginales y me llenaba con su pene. Calzábamos como un guante, tenía el tamaño justo para que mi vagina le envolviera y a mí me tocara justo hasta el fondo. Entraba entera, dura, gorda y maravillosa. Empecé a cabalgarle lentamente para que no sonara la cama (como ya dije era la habitación de invitados y la cama era bastante vieja). Me moví arriba y abajo, le cogí las manos y le hice que me tocara. Pareció reaccionar y comenzó a masajearme los pechos de una forma muy suave. Pensé que se había despertado.

Subí mi culo hacia arriba para casi sacar su polla de mí y luego bajaba todo mi cuerpo para absorberle hasta dentro. Resbalaba genial por dentro de mí, yo botaba mucho, pero suave. Era consciente de que me botaban las tetas de una manera preciosa, pero él seguía con los ojos cerrados. No sé si Javi se estaba haciendo aún el dormido o si de veras lo estaba. Seguí botando sobre su vientre y noté cómo él intentaba acompañar, un poco torpemente debido a su estado, con pequeños empujones. Uf, cuando me llegaba hasta el fondo es que me ponía cachondísima.

Ahí estaba yo, desnuda, violando a mi novio dormido, follándomelo como una niña mala, mientras toda mi familia estaba durmiendo. De verdad que me ponía caliente el silencio de la noche, lo morboso de la situación, la cara de Javi: mezcla entre placer y sueño. Todo era superexcitante. Y así, follándole encima suyo, mientrás su cuerpo descansaba boca arriba, sentí mi segundo orgasmo. Fue maravilloso.

Él aún estaba disfrutando de mí, cuando aceleré para que se corriera dentro de mí y me inundara. Boté, y la cama se quejó un poco, seguí cabalgándole. Le puse un pecho sobre su boca y lo chupó instintivamente. Me arrimé a él y espachurré mis tetas contra su torso mientras no dejaba de moverve. Así, mi bello durmiente tuvo su segundo orgasmo, esta vez dentro de mi vagina. Me puso perdida de semen.

Seguí moviéndome lentamente para que terminase de gozar cuando abrió los ojos. Se quedó perplejo, con cara de placer y de sorpresa. Me abrazó y me susurró al oído:

- Así que no era un sueño.

Relato erotico de un tio con suerte que no solo se encuentra a un pibon en el metro que agrada su vista sino que acaba follandosela y metiendole la polla por el culo.

Entro en el metro… atestado de gente, para no variar. Me meto en el primer vagón en el que veo un hueco libre. Estamos de enhorabuena, menudo pibón que tengo a menos de 5 centímetros. Morenaza de culo respingón. Lleva un vestido negro muy fino que deja entrever una lencería muy sexy.

El conductor parece que va más borracho que Nacho porque no deja de dar frenazos y acelerones. En uno de esos no tengo más remedio que pegar mi cuerpo junto a ella. Me siento un poco pervertido pero puesto que no lo he hecho a propósito, ni mucho menos, le digo “ups” y le sonrío con picardía. Ella sonríe y me dice que no pasa nada. Joder que cachondo que me he puesto al pegar mi polla contra su perfecto culo y más aún cuando en el siguiente frenazo pega de nuevo su culo contra mi paquete y no se separa de el. En seguida mi pene se endereza y siento que toda la sangre bombea hacia el. Dios que ganas de follarmela. Me está volviendo loco. Presiona su culo contra mi polla erecta, mi corazón late con tanta fuerza que lo debe de estar sintiendo en su espalda.

Puesto que el vagón está hasta arriba y todo a baja altura pasa desapercibido dirijo mi mano bajo el vestidito y la pongo en su coño. Yo no respondo de mis actos. Está chorreando, noto por encima del tanga que está perfectamente depilado, tan solo una línea de pelos en vertical. Empiezo a tocar su jugoso coño mientras aprieta mi polla con su mano y culo. La beso en el cuello tratando de excitarla aún más. Parece que funciona, se le escapa algún gemido. Al llegar a una parada me dice “Nos bajamos”.

Al bajarnos entablamos una divertida conversación. Como quien no quiere la cosa me ofrece ir a su casa. Acabo en un chalé en Arturo Soria. Sin preámbulos nos tiramos en el sofá y empezamos a magrearnos. No puedo más, le bajo el tanga y le empiezo a comer su sabroso coño. Que rico, me lo como todo, cada uno de sus labios, rozo su clítoris, a veces con la lengua otras con la nariz mientras meto la lengua hasta adentro.

Al rato me dice que se quiere tragar toda mi polla. Por mi encantado. Joder menuda mamada que me está haciendo, lo de que se quería tragar toda mi polla iba en serio. Como para decirle que pare.

Mientras le acaricio la espalda, los pechines y estimulo sus apetitosos pezones. Le quiero meter la polla en su caliente coño pero sigue chupándomela con ansia. Le aviso que me voy a correr, ante todo un caballero, me dice que lede de beber. Me corro en su boca. No contenta sigue chupándomela, no se como lo hace pero apenas se me baja la erección 30 segundos y me la vuelve a poner bien dura. Se levanta y se dirige a la mesa del comedor. Apoya su tronco en la mesa y me deja el culo en perfecta posición para un buen doggy. Antes de metérsela le como el coño de nuevo y viendo que su culo parece estar muy limpito me pongo guarrete y le lamo el ojete. Parece que le gusta, gime y dice “joder que gusto”. Mi polla sigue dura. Se la meto hasta el fondo de un buen empujón. Le digo “joder nena que cachonda estás!”, aunque lo de nena sobra. La meto y la saco lo máximo posible tan rápido y fuerte como puedo mientras gime y pide más. Me pide que se la meta por el culo. Se lo vuelvo a comer y le escupo dentro. Dios que apretado que está! Ahora grita, pero de puro placer.

Me grita que empuje más y más pero sin dar explicaciones me niego porque a ese ritmo me correría pronto. Le pego un par de buenos empujones y la dejo metida hasta el fondo de su culo mientras me apoyo levemente en su espalda y empiezo a masajear su clítoris con una mano y meto los dedos de la otra en su precioso coño hasta que siento como su orificio se contrae y se corre anunciándomelo segundos antes. Ahora parece que le falta el aliento, pero yo he recuperado el mió. Saco mi pene del culo y se lo meto en su chorreante coño. Me la follo como un animal que aunque no es mi estilo parece que le encanta. Le pregunto si tiene sed, vuelve a meterse mi polla en su boca y me vuelvo a correr.

No podeis perderos este video porno, donde podeis ver a una monja bastante zorrona, que al encontrarse ese enorme pollon no puede hacer otra cosa que meterselo en la boca. Podemos verla tragando leche despues de hacerle una gran mamada. Finalmente el hombre la penetra con su enorme polla haciendo que esta zorra chille de placer durante todo el video porno.

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