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Conocí a Laura por casualidad una fría tarde de invierno. Yo había entrado en un concurrido chat para huir del aburrimiento. Su hermoso nombre me llamó la atención y le envié un mensaje. Comenzamos a charlar de temas intrascendentes, pero la conversación fue tan amena y distendida que quedamos para otro día e intercambiamos nuestras direcciones de correo. A partir de ahí nuestros encuentros se hicieron habituales, primero en el ICQ y después con un programa que nos permitía comunicarnos usando nuestra propia voz. El intercambio de fotografías se hizo inevitable, y así pude apreciar su belleza serena, su tez blanca, su pelo castaño, sus labios sensuales, sus verdes ojos arrebatadores.

Nuestras conversaciones, que se prolongaron durante más de un año, aunque cálidas, siempre se movían en una línea de cordialidad propia de dos personas adultas : ella tenía treinta y dos años, yo lindando los cuarenta ; ambos casados, con hijos y con profesiones de cierta responsabilidad social. Pero desde un principio esa mujer extremadamente culta, inteligente y sobre todo imaginativa, logró hacerme sentir bajo el dominio de alguna exótica droga que me privaba de la conciencia de la realidad y me blandía a su capricho en una atmósfera de encantamiento y seducción que hacía abandonarme a un fascinante placer que ahogaba mi interior.

Mi deseo por ella iba creciendo y no es extraño que en alguna ocasión le hiciera alguna sensual insinuación, a la que ella, tímidamente, respondía con evasivas. Pero una noche, encontrándonos bajo los efluvios de alguna bebida alcohólica, le propuse entrar en un chat erótico y ella asintió. Estuvimos leyendo las conversaciones ajenas hasta que ella hizo un comentario : ” !qué real parece lo que aquí se describe!…”. Con gran excitación le dije : “¿quieres hacer el amor conmigo en este chat?”, y para mi gozo ella consintió. Yo me preguntaba hasta dónde podíamos llegar con nuestra fantasía.

Con cierto recato, pues siempre había sido muy comedido en mis expresiones, comencé a escribir :

“Laura, estamos en una playa desierta, te abrazo, siento tu cuerpo desnudo, tu piel de terciopelo fría y mojada … y te beso ; beso tus ojos con dulzura, con el roce apenas perceptible de mis labios …, y tu nariz, … mordisqueo el lóbulo de tu oreja derecha, te susurro al oído que te quiero y todo tu cuerpo se estremece al sentir el cosquilleo que te producen mis palabras. Beso tus labios y tú me acaricias el pelo. Mi lengua entra en contacto con la tuya. Siento su humedad, su calor, tu aliento refrescante, … y nuestras lenguas juguetean atrevidamente.

Te apartas de mí con brusquedad y me empujas sobre la arena, luego te tumbas a mi lado y me pides que siga besándote, pero no, ahora quiero admirar tu desnudez, ese cuerpo que hace que el deseo se haga más incontrolado. Las gotas de agua resbalan desde tu pelo, por tu cara, tu cuello y van a caer sobre tus pechos, y alguna más atrevida se posa en tus enhiestos pezones oscuros.

No puedo reprimir mi ansiedad, acerco mi boca a ellos y bebo esas gotas saladas, lamiendo tus pequeños pezones, succionándolos delicadamente los mordisqueo con suavidad. Tus pechos están duros, los acaricio con mis manos y siento que el deseo se apodera de mí.

Mi lengua juguetona recorre tu vientre, haciéndote cosquillas en el ombligo, y desciende más y más. Me pongo de rodillas ante ti y tomo una de tus piernas, la acaricio y chupo con mi boca los dedos de tus pies, pues sé que eso te gusta”.

Creí que mi excitación había llegado a su punto álgido, pero entonces ella tomó la iniciativa y escribió :

“Te quiero Sergio, me estás volviendo loca con tus palabras. Esto es muy real. Estoy muy caliente. Mi coño está hinchado y húmedo de lujuria … estoy acariciando mi sexo con mis dedos mojados en saliva …”.

En mis sueños yo seguía jugando, lamiendo los pies de Laura y recorriendo una y otra vez sus piernas, pero ahora fui directo a su sexo. Comencé a besarlo, y al contacto de mis labios ella se estremeció de placer, dejando escapar un gemido. Abrió sus piernas para permitir que mi lengua entrara en su vagina y sentí su calor y su humedad … La estaba penetrando una y otra vez, con mi lengua primero, con mis dedos después, al tiempo que acariciaba el clítoris en sentido circular, notando que ella, que movía sus caderas con frenesí dejando escapar el deseo por cada uno de sus poros, seguía vibrando de placer.

Nuevamente escribió Laura en el chat : “Ahora me toca a mí…”. Hizo que me echara en la arena, tomó mi endurecido y erecto falo entre sus manos y principió a acariciarlo suavemente. Con su dulce lengua y sus labios carnosos jugueteó traviesamente con él, chupaba el glande y poco a poco iba devorándolo hasta que acabó por engullir el pene en su totalidad. Bajaba y subía la cabeza con movimientos rítmicos y expertos que lograron transportarme a extraordinarias cotas de placer.

No pude contenerme más y se lo hice saber. “Si sigues así voy a correrme”. Entonces ella me miró pícaramente, con provocación y me dijo : “No, así no. Quiero que me folles, quiero sentir tu polla erecta en mi coño caliente, húmedo y blandito”. Y cambiando de postura se tumbó en la arena y abrió las piernas. Me puse encima, acerqué mi duro, palpitante y ardiente rabo a su sexo y comencé a penetrarla ; empujaba con suavidad sintiendo cómo las paredes carnosas de su vagina aprisionaban mi miembro y comencé a morderle la boca. Mis movimientos fueron haciéndose cada vez más bruscos a medida que sentía su excitación, oyendo sus gemidos de placer. Noté que temblaba y no pude controlarme. Mi polla explotó derramando dentro de su vientre un torrente de semen que inundó su vagina, mezclándose con el flujo de su excitación, fundiéndonos ambos en un orgasmo tan largo e intenso como nuestra imaginación quiso.

Y entonces desperté y volví a la realidad. Estaba turbado, enrojecido, sentía fiebre y palpitaciones … . Las palabras que Laura escribía habían conseguido despertar en mí tal grado de deseo y de lujuria que ahora necesitaba sexo en forma irracional y desmedida. Y lo tuve, le hice el amor a mi mujer con violencia, con pasión, como nunca lo había hecho,… y con traición, pues acariciaba su cuerpo pensando en el de Laura, me imaginaba en esa playa que ambos conocíamos recreándome con la fábula que acabábamos de inventar.

Desde ese momento no hacía más que pensar en ella ; era una obsesión enfermiza. Rememoraba esa charla y sentía el deseo incontrolado de repetir la experiencia, lo que me producía graves apuros, al conseguir la erección en el trabajo, en la calle …, y me preguntaba si sería posible alcanzar el placer de esa forma. Pero el deseo era mutuo y pronto surgió nuevamente la ocasión, aunque ahora usamos el programa de voz, lo que hizo que mi confusión fuera total, al impedir que pudiera discernir entre lo que era realidad y fantasía.

Esa noche yo estaba sólo en casa y ella empezó a hablarme. La escuchaba con una claridad absoluta, sus palabras resonaban en mi cabeza tan cálidas que pronto surgió la pasión y fue vencida la inicial vergüenza y recato, comenzando a expresarnos de forma desinhibida y espontánea. “Te abrazo -le dije-, te beso, …” . Ahora las frases eran mucho más excitantes, todo era más sensual, oyendo su dulce y sugerente voz.

Me tumbé en la cama, apagué la luz y cerré los ojos; desabroché mis pantalones y comencé a acariciar mi pene, que ya estaba en erección.

Laura me hablaba así :

“Sergio, llevo una falda corta, una blusa ajustada y mi ropa interior es tan sugerente que te volverá loco. Chupo con lujuria uno de mis dedos que ahora, muy despacio, resbala por mi cuello hasta llegar a mi pecho. Voy dejando un rastro de saliva en mi piel para que tus labios lo sigan. Empiezo a bajar, primero acaricio mi vientre con suavidad y por fin llego a mi sexo que te espera impaciente. Introduzco en él un dedo , luego otro, y otro. Está caliente, palpitante, húmedo y blandito. Quiero ser tuya, quiero sentirte dentro de mí… Estoy frotando el clítoris mientras imagino que es tu lengua y ello me sitúa al borde del delirio…”

Yo seguía moviendo lentamente mi mano a través de mi empinado falo y seguimos soñando: Estaba tumbado en la cama y ella sobre mí en sentido inverso. Su lengua chupaba mi polla dura con gran vigor y pronto fue engullida por su boca, al tiempo que movía sus caderas pidiéndome que la devorara, ofreciéndome su rosado sexo para que lo lamiera frenéticamente. Yo besaba sus vigorosos muslos y sus consistentes y redondeados glúteos, jugando con mi lengua alrededor de su vagina. Tenía frente a mi cara su coño mojado y entonces me hundí en su selva oscura para besar y chupar con fuerza el clítoris, mientras ella suspiraba de placer. Aquello me parecía simplemente fuera de este mundo. Ante mis ojos tenía también su culo estrecho, pudoroso, provocando mi curiosidad y mi deseo. Comencé a explorarlo con mis dedos empapados con el flujo que salía de su coño y comencé a penetrarla tímidamente. Así estuvimos jugueteando hasta que finalmente no pude resistir más, me levanté e hice que se pusiera inclinada de rodillas y en esa posición acerqué mi rabo a la entrada de su culo y comencé a penetrarla, primero con mucha resistencia, que pronto fue vencida con la ayuda de un poco de saliva, introduciendo en ella todo mi pene, que fuertemente aprisionado en las paredes del recto, se movía con lentitud : dentro y fuera.

Ella gemía en una extraña simbiosis de dolor y placer, pero la lenta cadencia del movimiento de mi miembro, acompañada con las suaves caricias que mi mano diestra prodigaba a su clítoris, la hizo llevar al éxtasis, sintiendo que ella llegaba al orgasmo, en el mismo instante en que mi pene descargaba en su culo un torrente de semen caliente, llevándome también a alcanzar la cima del placer.

Y en ese momento ambos regresamos a la realidad. Nos estábamos masturbando. Laura empezó a describirme cómo lo hacía. Sus ardientes palabras, sus gemidos entrecortados y sus jadeos me permitieron comprobar que se trataba de una excitación real. Sólo imaginar que yo era el responsable del placer que sentía esa mujer me enloquecía.

Cuando pensé que ya no podría experimentar nada más extraordinario percibí un silencio. Laura se detuvo, oí uno de sus profundos suspiros y por fin recobró la voz. Entonces me fue dibujando su cuerpo que era recorrido en la oscuridad por sus húmedos y juguetones dedos. Los guiaba nuestro deseo y se movieron con una destreza tal que llegamos a las más altas cotas del delirio. Sus palabras se agolpaban en mi mente y apenas podía asimilar lo que estaba sucediendo. Su voz sonaba tan suave que casi palpaba su aliento cálido en mi oído. Me habló de sus pezones endurecidos de excitación, del movimiento circular que imprimía a sus senos mientras yo le susurraba con delicadeza palabras apasionadas. Separó sus piernas y un ligero estremecimiento la recorrió por completo. Yo percibí entonces un suave gritito de placer y le pregunté la causa : estaba introduciendo los dedos en su coño mojado acariciando también el clítoris con suavidad. La descripción cesó y la llamé pero sólo me llegó una serie ininterrumpida de suspiros. Estaba llegando al orgasmo.

Por entonces mi mano se movía con destreza y rapidez alrededor de mi hinchada polla, pletórico de excitación ante las palabras que salían de la boca de Laura, sugiriéndome ahora que mojara mis dedos con saliva y frotara el glande, imaginando que era su boca, y así lo hice. La sensación fue igual de placentera y un espasmo recorrió todo mi cuerpo, precipitándose en torbellino la leche pegajosa que escupía el miembro viril sobre mi mano y mi pecho.

Nuestra turbación fue mayor. El orgasmo había sido auténtico. Desde ese día ya no pensábamos en otra cosa más que en convertir en realidad esta experiencia ; sin embargo, y por extraño que parezca, ninguno de los dos queríamos conocernos personalmente para no perder la magia de nuestros encuentros. Mi sueño erótico era poseer a Laura como lo había hecho hasta entonces, guardando nuestro anonimato. Y una gran idea pasó fugazmente por mi mente y fue madurando poco a poco, hasta que finalmente encontré el momento idóneo para llevarla a feliz término.

Un día pude dirigirme a su ciudad, aprovechando que mi mujer se había ido a la playa con mis hijos, tomé una habitación en un conocido hotel de lujo y la llamé a su móvil concertando una cita. A continuación cerré todas las ventanas dejando la estancia con una oscuridad absoluta, me desnudé, entré en el baño y me di una ducha que aplacó momentáneamente mi lujuria, me enrollé una toalla y me senté en la cama esperándola.

Ella acudió pronto a la cita. Llamó a la puerta de la habitación, yo quité el pestillo y me retiré al fondo de la estancia. Cuando entró pude adivinar su silueta. Era como me había imaginado. Su cuerpo delgado pero exquisitamente armonioso y lozano, no muy alta, con el pelo corto. Sus pechos eran pequeños, como a mí me gustan, pero duros, pujantes y bien erguidos ; sus glúteos finamente esculpidos ; sus piernas largas y bien torneadas. Vestía de forma sencilla pero con muy buen gusto : falda corta, que traslucía sus muslos recios, sus pantorrillas prominentes y su culo firme y prieto ; blusa con pequeños tirantes y zapatos veraniegos que dejaban al descubierto sus minúsculos pies ; pero aún mayor fascinación causó en mí el aire de elegancia y seguridad que desprendía cada uno de sus movimientos.

A oscuras, tanteando los muebles, no sin dificultad, llegó a la cama y se sentó junto a mí envuelta en un aura de misterio y provocación. Comenzamos a hablar. Su voz sonaba tan dulce y melodiosa como en las ocasiones anteriores. Nos besamos con pasión desmedida tratando de aprovechar cada segundo y revivimos nuestros encuentros imaginarios. Ella notó mi excitación y me dijo con una increíble seguridad: “amor mío, creo que conseguiré llevarte al éxtasis muy pronto…”. Hizo que me tumbara en la cama y tal como estaba, sin quitarse la ropa, besó mis labios y deslizó su lengua por mi cuerpo desnudo, por mi vientre y mi sexo. ¡Y ahora sí era real!… Chupó mi pene, lo introdujo en su boca y comenzó a acariciarlo, ayudándose con una mano, tímidamente primero y luego con movimientos más rítmicos que aumentaban su cadencia al sentir que mi excitación iba en aumento. Después bajó su lengua acariciando su base, chupando mis testículos que luego, de uno en uno, se introdujo en la boca con exquisita delicadeza.

Laura -le dije- “voy a correrme”, y ella exclamó “hazlo”, y siguió acariciando mi rabo empinado. Noté cómo el semen se deslizaba desde mis testículos, por todo el miembro, saliendo violentamente para ir dentro de su boca, que sin poder contenerlo lo derramó fuera de sí, esparciéndose por su cara y su cuello. Era la primera vez que experimentaba un orgasmo así. Nunca hasta entonces había eyaculado en el interior de la boca de una mujer y el placer que tuve al sentir que su lengua no se detenía en las caricias que prodigaba al glande mientras se producía la descarga del licor seminal fue indescriptible.

Exhausto seguí echado en la cama mientras ella se dirigió al baño. Escuché el ruido del lavabo y luego la ducha. A los pocos minutos ella salió y se tumbó junto a mí, dándome cuenta de que estaba desnuda. Charlamos nuevamente de cosas intrascendentes, y no había transcurrido media hora cuando ella cogió mi pene con sus manos y comenzó a acariciarlo de nuevo. Los besos apasionados se prodigaron ahora, como antes lo habían sido en la fantasía … y mi lengua recorrió su cuerpo, saboreando toda su piel: su cara, su espalda, sus pechos, su vientre, sus piernas, sus pies, y por fin llegué a su sexo y enterré mi lengua en la vagina, haciendo que sus piernas temblasen a causa del deseo. Su coño húmedo, muy caliente y blandito me pedía que lo follara sin demora.

Se puso de rodillas sobre la cama, apoyando sus manos en la almohada, y me acerqué a ella por detrás, jugueteando con mi enorme pene erecto alrededor de sus genitales, tocando con la punta sus muslos, sus glúteos, su ano, hasta que ella, descontrolada, me suplicó que la penetrara con fuerza, al tiempo que levantaba sus caderas y me decía : “quiero sentirte dentro, muy dentro”. Comencé a penetrarla lentamente mientras ella movía sus caderas gozosa. Mis embestidas iban en aumento poco a poco, tratando de disfrutar al máximo cada momento. Cuando mis testículos se unían a su vello púbico, ella echaba las caderas hacia atrás para sentirse penetrada lo más hondo posible. Movía sus caderas pausadamente hasta que mi pene volvía a salir, repitiendo este proceso una y otra vez, estallando en desinhibidos alaridos de placer.

Yo estaba ya a punto de explotar en un intenso orgasmo, cuando ella se detuvo, hizo que me echara en la cama y se sentó sobre mi tieso falo, metiéndoselo lentamente en su ardiente coño, comenzando a hacer lentos movimientos : arriba y abajo, para sentir y disfrutar al máximo aquella rigidez penetrando en sus entrañas. Entretanto emitía incontrolados gemidos de dicha, se chupaba uno de sus dedos y mordía una mano, mientras con la otra se frotaba el clítoris delicadamente, saboreando al máximo cada segundo de placer.

Nos besamos de nuevo y nuestras lenguas se unieron cuando simultáneamente experimentamos un prolongado e intenso orgasmo. Nuestros cuerpos se retorcían de placer y Laura gemía como posesa. Mi polla estalló de gusto, vomitando como manantial salvaje un torbellino de leche blanquecina y viscosa que se precipitó en su coño húmedo, cayendo después rendidos en la cama.

Allí permanecimos dormidos, perdiendo la noción del tiempo. Desperté antes que ella y vi cómo su cuerpo pequeño se cobijaba entre mis brazos sintiéndola más mía que nunca. Aproveché para acariciarla con suavidad, para oler su piel, para recorrerla con mi mirada en la penumbra del cuarto intentando grabar en mi memoria aquella fascinante experiencia. Al poco abrió los ojos y me sonrió llena de felicidad tal como pude apreciar a través de sus expresivos ojos. Después nos vestimos, tanteando en la oscuridad nuestras ropas, y sin que hubiéramos podido aún percatarnos exactamente de nuestra apariencia física, nos despedimos con un intenso beso. Ella se marchó en primer lugar. Yo lo hice a los pocos minutos, pagué la cuenta del hotel y regresé a mi ciudad, a mi hogar y a mi rutina.

Sigo chateando con Laura casi todas las noches y vivo con la esperanza de volver a sentir su cuerpo junto al mío. He meditado mucho sobre la insensata fantasía en la que me hallo inmerso, que me ha privado de lucidez en la percepción de la realidad. En todo caso, aunque esta historia concluya, sé que jamás podré olvidar a esa mujer que ha logrado seducir mi ser y ahogar con su magia las fibras más sensibles de mi percepción, colmándome de un placer tan sublime como jamás podré experimentar.

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Hola, mi nombre es Verónica hace mucho tiempo que vengo leyendo los relatos de esta página y hoy he decidido contar una fantasía con la que sueño de forma muy recurrente. Todo sucede de madrugada, estoy acostada sin poder conciliar el sueño, de repente comienza a llover y decido salir al jardín ya me que me encanta mojarme cuando llueve. Salgo y me siento en el pasto húmedo, dejo que la lluvia moje mi cuerpo completamente, haciendo que mi camisón se pegue a mi cuerpo como una segunda piel.

De repente deja de llover, comienzo a levantarme para volver a mi habitación cuando veo a un hombre mirándome del otro lado de la valla, me quedo petrificada observándole, él esta igual pero no dura mucho tiempo y empieza a caminar lentamente hacia mí, siento una mezcla de miedo y excitación que me impide moverme, finalmente el se agacha me toma de las mejillas y comienza a besarme apasionadamente, su lengua, sabia, juega con mi lengua sometiéndola a sus deseos mientras su cuerpo empieza a estirarse sobre el mío.

Comienza a meter sus manos por debajo de mi camisón, recorriendo desde mis rodillas hasta mis senos, deteniéndose en ellos al ver el placer que me provoca. Sus dedos se centran en mis pezones, pellizcándolos, mientras su boca comienza a bajar por mi cuello dando suaves besos.

Finalmente me quita el vestido y su boca se dirige a mis senos, comienza a chuparlos salvajemente, mordiéndolos con los labios y rozándolos con los dientes, empiezo a gemir sin poderlo evitar, mi cuerpo se arquea, se retuerce de placer y me doy cuenta de que él ha sacado su pene de los pantalones y lo frota en mis muslos y luego en mi vagina, que para ese entonces chorrea jugos. Entonces me acuesta boca a abajo, me besa la nuca y la espalda, mientras una de sus manos aún tortura uno de mis pezones, al llegar a mis nalgas su boca las muerde para que luego su lengua baje por una de mis nalgas hasta llegar a mi vagina, al tiempo que dos dedos se introducen en él, me muerdo los labios para aguantar los gritos de placer pero mis esfuerzos eran inútiles… gritaba sin poder soportar tanto placer, y luego de un par de minutos me acababa en un orgasmo maravilloso.

Enseguida siento que su mano pasa por mi vientre indicándome que lo levante, para quedar en cuatro patas, y su miembro comienza a penetrar mi vagina húmeda y abierta, hecho mis caderas hacia atrás para poder sentirlo mas profundamente, sus manos no paran de acariciar mis senos, empiezo a escuchar sus jadeos, sus estocadas son cada vez mas fuertes, se detiene por momentos para sacar su pene y pasarlo por toda mi rajita pero cede ante mis ruegos y vuelve a meterlo de un solo golpe haciéndome gritar de placer. Pronto comienzo escucho sus gemidos roncos y debo apoyarme muy bien sobre mis manos para que no me tire hacia adelante, esta claro se va a acabar y yo con él. Siento que el orgasmo me invade, grito como una poseída acabándome, mientras le oigo hablar por primera vez:

- Si… así… así…

Entre jadeos le digo:

- Acábate… quiero sentir tu semen dentro de mí.

Y en un segundo, me embiste con fuerza, gritando, acabándose y llenándome de su semen, que yo recibo gustosa, finalmente cae agotado sobre mi.

No puedo evitar preguntarle quien es a lo que el responde

- Ya tendremos tiempo de conocernos.

Morocha, de ojazos verdes, nariz respingona, pómulos salientes, un mentón con muchísima personalidad; su cabello lacio y abundante cae sobre su espalda como una cascada. Sus pechos son pequeños, redonditos y bien erguidos, con unas areolas rosadas e hinchadas, que rematan en unos pezones pequeños, duros y desafiantes de un tono ligeramente ocre.

Abdomen plano, ombligo perfectamente redondo y profundo, unas caderas de infarto, que bambolea a su paso, llevada por un par de piernas kilométricas, excelentemente torneadas (Mide) 1,70. Da gusto verla pasearse en bikini por el borde de la piscina cuando viene a nuestra casa en verano y surcar el agua cuando nada o bucea en ella. Pero lo que más sobresale en ella, o por lo menos lo que más me gusta de su cuerpazo es su trasero. Es perfecto, redondeado, alzado como si siempre anduviese en puntas de pie, con la piel lisa y sin un gramo de más ni de menos de grasa depositado sobre sus perfectos glúteos, que semejan dos melocotones maduros, solo que con una tersura y una firmeza increíbles si no se han acariciado, como tuve yo el placer de hacerlo.

El sabor de su piel es delicioso como los jugos que manan de su sexo cuando se prueba por primera vez, antes siquiera de calentarla, y es totalmente distinto del no menos delicioso sabor de los jugos que produce ese mismo sexo cuando está caliente como una perra luego de un rato de estimularla sexualmente.
Sin más preámbulos, los dejo con su historia:

Lo que voy a contarles, es o ha sido mi primer contacto sexual con un hombre, a la sazón, mucho mayor que yo. De hecho es el padre de mi mejor amiga. Sé que dirán de mí que soy una desfachatada por no solo haberlo hecho sino encima atreverme a contarlo. Pero es que luego de aguantar por bastante tiempo los deseos impuros que incitaba ese hombre en mí, no pude soportarlo más y decidí lanzarme al ataque. Bendito sea el momento en que tomé esa decisión.

Acá debo aclarar que hasta ese momento yo conservaba mi virginidad, y nunca había pasado más allá de un magreo con algún amigo que se acababa en cuanto sentía que ponían su mano en mis nalgas Todo empezó la primera vez que fui a casa de Leti, en verano del 2005. En su casa no había nadie, ya que sus padres trabajaban y sus hermanos estaban de viaje por todo el verano, (cosa que yo desconocía hasta ese momento), lo cual me frustraba bastante ya que sobre todo uno de ellos, que tenía en ese momento 19 años estaba como un camión y era la mar de simpático (yo lo conocía por haberlo visto en un par de fiestas del Inst.) y me apetecía verlo en bañador e intentar ligar con él.

Por eso me había puesto un bañador de dos piezas, la superior apenas tapaba mis areolas y pezones y el tanga cubría mi vello púbico y poco más por delante ( en esa época no me depilaba allí ya que naturalmente tenía solo un triangulito que enmarcaba mi coño, muy suavecito) y por detrás una tirita que se metía entre mis nalgas dejando estas al descubierto totalmente. Total, no habría nadie más en la piscina ya que era un día de semana. Imaginen mi frustración cuando supe que sus hermanos tampoco estaban en casa.

El hecho es que pasamos la tarde tomando el sol y retozando con mi amiga en la piscina, cuya agua estaba fresquísima, y por eso cada ratito nos sumergíamos para quitarnos el calor que el sol dejaba en nuestros cuerpos.

Así pasaron las horas y sin que nos diéramos cuenta se hicieron las nueve y llegaron sus padres. A mí me daba mucha vergüenza que sus padres me vieran vestida de esa forma (o desvestida en realidad) por eso cuando sentimos sus voces me quedé de piedra, y para colmo de males yo en ese momento estaba boca abajo mostrando todo mi culo. Me moría de vergüenza y no me atrevía a mirar hacia ellos cuando sentí sus pasos sobre la terraza alrededor de la piscina. Pero cuando al fin tragando saliva me volví a saludarlos, tuve una visión maravillosa, de un hombre de unos 40 años más o menos, (luego supe que eran 45) que era la versión ampliada y súper mejorada del hermano de Leti.

No podía articular palabra, y no sabía como hacer para cubrirme. Encima el tío puso una sonrisa que era capaz de derretir a un iceberg. Por suerte la madre se había quedado adentro de la casa y no pudo ver mi turbación, ya que las mujeres somos especiales para detectar esas reacciones de las demás y conocer de inmediato el peligroso origen de las mismas. Nos levantamos educadamente a saludar a su padre que dio dos besos a Leti y otros tantos a mí, que no me conocía hasta ese día.

Se hicieron las preguntas de rigor, mientras yo no podía sacar los ojos de los suyos que me atraparon como un hechizo; cuando por vergüenza los bajé me topé con el bulto que se marcaba en su pantalón, que él intentaba disimular con el periódico que traía en su mano. No supe a donde mirar hasta que se me ocurrió mirar a Leti diciéndole estee, porque no entramos ya a ducharnos y vestirnos, que ya me tengo que ir.

Eso hicimos y mientras caminábamos hacia la casa pude sentir la mirada de su padre posada sobre mis glúteos, cosa que corroboré al ver su reflejo en el cristal del ventanal del salón que daba a la piscina.

En ese momento sentía mi cara encendida, al igual que todo mi cuerpo, y deseé no cruzarme con su madre en el camino hacia la habitación de mi amiga y pensé muy lujuriosamente: al diablo con su hermano, quiero para mí a este hombre, tengo que ser suya!! A partir de ese momento tuve una sola obsesión, seducir a ese hombre que aunque era el padre de mi mejor amiga me quitó el sueño durante muchas noches, en las que me masturbaba con su sola imagen en mi mente.

Desde entonces siempre que iba a su casa, todo ese verano trataba de hablar con él, mostrarme inteligente y seductora al mismo tiempo (si no estaba la mujer delante, por supuesto). Me vestía provocadoramente, me cambiaba de ropa en el cuarto de invitados dejando la puerta entreabierta por si él pasaba por allí, cuando estaba segura de que Leti no se asomaría por allí por estar ayudando a su madre con la comida o cena. Y en un par de oportunidades noté que el espiaba mi desnudez desde la oscuridad del pasillo.

Una tarde en que salíamos de tomar sol, y yo no tenía tiempo de ducharme y cambiarme, haciendo que no me di cuenta de la presencia de Don Jorge en la penumbra del salón (Leti había ido hasta la cocina a buscar una coca cola), me puse una camiseta larga que había traído y me llegaba hasta la mitad del culo y me saqué, dando la espalda al salón, la parte inferior del bikini que estaba húmeda y sin ponerme braguitas me calcé mi pantaloncito de licra; en ese momento escuché un suspiro y un movimiento de piernas en el salón, me giré y vi por el reflejo de la luz del porche a D. Esteban que se acomodaba el paquete mirándome con deseo. Le sonreí con picardía y volví a girarme a tiempo para recibir a Leti que traía una coca para cada una. Dijimos adiós en voz alta y nos fuimos a caminar por la urbanización. Yo sentía mis mejillas arreboladas y no cabía en mí de la excitación al pensar que ya lo tenía en el bote.

Unos días después había quedado con mi amiga en encontrarnos en su casa, y me aseguré de que su padre lo supiera llamando varias veces para dejarle un recado y la hora en que llegaría allí. Para mi gran suerte Leti tuvo que salir ese día de compras con su madre, y cuando llegué a su casa me abrió la puerta el padre. Hola Lisa, como estás, dándome dos besos muy cerca de la boca y rozándome el culo con su mano como al descuido. Olía tan bien!!!! Y estaba tan guapo con su equipo de tenis inmaculado. Muy bien, ¿y usted D.Esteban?. Por favor no me digas don y trátame de tú. Pues acá estoy sin haber podido jugar al tenis ya que Leti y su madre se fueron de compras y todavía no han vuelto. Ahh, además me acaban de llamar diciendo que hasta la 9 de la tarde no llegarán porque tienen que esperar que les arreglen unas prendas que compraron y que quieren estrenar mañana en la cena de gala de la empresa donde trabajo. Pero pasa y ponte cómoda, o prefieres volver más tarde, me dijo con una sonrisa tierna y pícara, que me invitaba a quedarme. (eran solo las cuatro de la tarde.

Teníamos toda la tarde para que yo lograra mi objetivo, aunque no imaginaba que fuera a ser ese día). Pasa y sube a cambiarte, nos vemos en la piscina, si quieres.

Por supuesto que quería, además me había traído exprofeso el tanga del primer día.
Cuando bajé él ya estaba en una tumbona con unas bebidas frías preparadas.

Se lo veía tan bronceado, y marcaba un paquetón en su bañador tipo competición!! Se quedó boquiabierto cuando me vio aparecer con mi tanga y sujetador mínimos, que al ser de color blanco resaltaban mi bronceado. Sin decir nada me tumbé en una toalla sobre el césped, boca abajo. Sentía el calor d su mirada sobre todo mi cuerpo. Cuando volteaba a verlo él intentaba disimular con una sonrisa cautivadora.

Cuando me giré para tomar el sol de frente, dejé mis piernas flexionadas y separadas pudiendo el apreciar la humedad de mi entrepierna y las gotitas de sudor entre mis pechos. Disimuladamente lo miré con los ojos entrecerrados y pude ver como no me quitaba los ojos de encima y su paquete iba en aumento. Pensé que era hoy o nunca. Solo había pasado media hora, Todavía me quedaban 4 horas y media.

Me levanté y me arrojé a la piscina. Luego de nadar un par de largos, me acerqué al borde y cuando subí la vista me encontré con sus ojos que me invitaban a salir y su mano que se estiraba para ayudarme. Sin ningún esfuerzo me levantó en vilo con su mano y me depositó junto a él en el borde de la piscina. Yo me mareé con su cercanía y trastabillé cayendo contra su pecho, a lo que él rápidamente me sostuvo con sus fuertes brazos.

Esto fue el sumum, me encontraba alojada entre los poderosos brazos del hombre de mis sueños, con mi cara a escasos centímetros de la suya, su perfume me embriagaba y para postre incliné mi pelvis hacia adelante (juro que fue accidental) y sentí la dureza entre sus piernas. Lo miré a los ojos y me acerqué a su boca pegando mis labios a los suyos, que se abrieron para recibirme sin titubeo ni falso pudor. Unimos nuestras lenguas, lo abracé del cuello para prolongar ese extraordinario beso que me estaba dando con la pasión que nunca me habían transmitido unos labios, mientras sentía sus manos jugar con mi espalda y bajar hasta mis nalgas. No me lo podía creer, al fin lo había logrado, iba a ser mío y yo suya, iba a convertirme en mujer.

Con hábiles movimientos de sus manos, desprendió mi sujetador y acarició mis pechos, bajó su cabeza y me los chupó!! No podía ser cierto, me estaban chupando las tetas por primera vez y era un hombre de 45 años, el padre de mi mejor amiga, y yo estaba en el cielo. Sentía cosas indescriptibles. El contacto de su lengua sobre mis pezones recorría todo mi cuerpo, erizaba mi piel, hacía que mi vagina chorreara de placer, me faltaba el aire, apretaba más mi pelvis contra la suya, frotando su dureza contra mi humedad. Entonces se arrodilló y colocó sus manos en los bordes de mi tanga.

Me miró esperando mi consentimiento, que por supuesto le di con mis ojos , y procedió a bajármela hasta mis pies, y yo la arrojé lejos con una patadita. Se levantó luego de olisquear como un perrito mi pubis y alzándome sobre su pecho me llevó al interior de la casa.

Nota Inicial: Quiero que sepan que esta historia es completamente real, y me decidí a escribirla para hacerle ver a las mujeres que la mamada es maravillosa y que tragar leche es algo delicioso y deben dejar que sus hombres se corran en sus bocas.

Debo decir que soy una mujer de 23 años y en el medio donde trabajo no se conocen hombres interesantes, más bien en su mayoría son hombres demasiado mayores y los más jóvenes son obreros, así que cuando conocí el maravilloso mundo del Internet, me interese por el chat, así fue como me di a la tarea de conocer a jóvenes que vivieran en mi ciudad.

Fue así como una noche en el chat conocí a un joven con en el que tuve la típica conversación, ¿dónde vives? ¿Qué edad tienes?, y él me pidió mi numero de teléfono y me llamó recién habíamos terminado de chatear, debo decir que su voz me impactó y la descripción que hizo de su físico también despertaron en mi cierto interés.

Lo que me condujo a citarme con él a la mañana siguiente, cuando me saludó me impactó su sonrisa, luego fuimos a desayunar y tuvimos una conversación muy amena, cargada de frases de doble sentido y luego él me acompañó al lugar donde yo debía tomar el transporte para dirigirme a mi trabajo al otro lado de la ciudad. Les debo confesar que en lo único en que pensé ese día y esa noche fue en él y en lo mucho que deseaba sentir sus besos, ya que con él, experimenté una química especial, que nunca había sentido con otro hombre.

Nos citamos para vernos dos días después al medio día, pero eso sí dado el interés que él despertaba en mí, fui vestida con mi mejor escote, cita a la cual sin querer llegué tarde, lo que hizo que él me dijera que lo tenía que recompensar, así fue como le dije que si le gustaría que lo recompensara dándole un beso, lo que aceptó gustoso, aunque me reiteraba que eso no era suficiente, fuimos a almorzar y besitos iban y venían.

Él tenía que hacer una diligencia en una notaria, pero yo le insistí que, me acompañara a mi casa, me dijo que no podía, pero yo no estaba dispuesta a dejarlo ir, pero cuando le dije que tenía miedo de quedarse a solas conmigo, fue como si lo hubiera retado, y aceptó a irse conmigo.

Así que de inmediato tomamos un autobús con rumbo hacia mi casa, pocos minutos antes de llegar al lugar donde nos debíamos bajar empezó a llover muy fuerte, así que mientras llegamos a mi casa nos empapamos por la lluvia, cuando llegamos a mi casa me percaté que estaba sola, así que lo hice seguir y le alcancé una toalla para que se secara.

Luego él me ayudó a secar a mí y puso sus manos sobre mis tetas, y nos olvidamos de la toalla y nos sentamos en el sofá y empezamos a besarnos con pasión y desenfreno, luego sacó mis grandes tetas por mi escote y las chupó con maestría, yo mientras tanto le acariciaba con manos y pies.

Así fue como sentí la enorme erección que tenía, la verdad es que esa situación me estaba llevando a la cumbre del placer, y deseaba hacerlo feliz y sentirlo dentro de mí, fue por eso que le pregunté si tenía preservativos y me dijo que no, yo la verdad tampoco tenía, entonces empecé a buscar una forma para sentir esa verga, sin ningún riesgo de embarazo.

Entonces seguimos besándonos y yo seguía sintiendo su enorme verga erecta, le dije que si me la dejaba ver así que se abrió la cremallera y sacó su polla que era más grande y hermosa de lo que lo imaginaba, me fijé cómo le brotaban las venas, y vi la punta brillante que parecía llamarme, como diciéndome “ven y devórame” y no me aguanté las ganas y me incliné y le di un tierno chuponcito en la punta, pero él se quejó, como si le hubiera dolido, así que lo dejé así y volví a buscar sus labios, detuvo el beso y me pidió que le volviera a chupar la polla, y yo le dije que no porque eso le dolía y no quería hacerlo sufrir, y me dijo que le gustaría sufrir.

Entonces volví a inclinarme sobre la verga pero esta vez le di unas lamidas desde la base a la punta y le di un chuponcito en la punta, luego empecé a meter la punta de mi lengua en la ranura de la cabeza, luego le di otro corto chupón.

Con cuidado le saqué los testículos que aún estaban en el pantalón y me metí uno en la boca y se lo chupé, hasta que de la garganta de mi amante salió un gemido, me saqué el que tenía en la boca, para empezar a chupar el otro, mientras con una de mis manos le sobaba la tranca, hasta que volvió a gemir, decidí que era tiempo de chuparle otra vez la punta de la verga, así que con mi mano la dirigí hacia mi boca y le di un corto chuponcito lo que me permitió saborear su líquido preseminal, lo que me hizo desear aún más saborear su semen, me incorporé y nos besamos.

Pero él me seguía pidiendo que se lo mamara, cosa que siempre me ha excitado, así que decidí hacerlo, no me podía negar ya que era lo que más deseaba yo en ese momento.

Él estaba sentado aun en el sofá yo me paré delante suyo y me seguía chupando las tetas y le abrí las piernas y me arrodillé en medio de ellas y le pregunté que si alguna vez le había terminado en la boca a alguna mujer y me respondió que no, que su novia le daba unos besitos en el pene, pero que ella nunca se lo había querido mamar, mucho menos que él le eyaculara en la boca. Enseguida, me preguntó que si yo había permitido que alguien eyaculara en mi boca, le respondí la verdad que yo le había chupado la verga a un exnovio pero él nunca quiso terminar en mi boca no sé por qué motivo, él me dijo que quería terminar en mi boca y yo le dije que era lo que más deseaba y que así esta era la oportunidad perfecta para terminar tragando leche.

Le pedí que me dijera cuándo iba a eyacular para prepárame, ya que no podía dejar caer ni una sola gota de su semen sobre su pantalón, no podía llegar con el pantalón manchado a la notaría.

Entonces ya decidida por la excitación que tenía, y en la posición que me encontraba de rodillas frente a esa verga, decidí que era el momento de empezar la adoración de ese divino miembro, y entonces me metí su linda y brillante verga en mi boca y empecé a chupar con frenesí y desde mi posición alzaba la mirada y veía la cara de placer que mi amante tenía, lo que me excitó más y empecé a hacer mi labor con más empeño.

Mientras tanto él sobaba mis tetas y me pellizcaba suavemente los pezones, lo que me puso a cien y seguí con esa hermosa tranca entrando y saliendo de mi boca, cada vez más rápido y con una de mis manos sobaba sus pelotas, de pronto me dijo ” yaaaa” y empezó a gemir, al tiempo que eyaculaba y le apreté fuertemente los testículos y así recibí ese néctar que tanto deseaba. Sentí como la boca se me llenaba de su lechita y cuando no pude aguantar más me lo tragué de una sola bocanada.

Efectivamente no dejé caer ni una sola gota de su semen me lo tragué todo, aunque debo decir que tiene un sabor extraño entre ácido y amargo, debo confesar que su sabor me pareció lo más delicioso que había probado, me fascinó ese liquido espeso, cremoso y calentito, que acababa de salir de las entrañas de tan buen macho, que calmó mi sed de hembra, pero me fascinó más ver la cara de éxtasis de mi agradecido amante, luego se inclinó y me dio un beso, ya se le había hecho tarde se acomodó la ropa nos despedimos y se fue.

Abrimos una nueva seccion fotos chupando, en la que inaguramos a una chica amateur chupandole la polla a un profesor algo mayor y bastante peludo.
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Pese a ser nueva la puta, no se corta y hace bajar al viejo cabron hasta su coño a pegarle una buena mamada.
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Acabara la tia tragando leche ? o se le manchara toda la cara de leche y tendra que ir a lavarse luego ?
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No obstante, el tio es experto en la materia y no duda en tenerla ahí mamando polla y tragando leche hasta que se queda a gusto. Se lo tendrá que currar la zorra si quiere sacar una buena nota.
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