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Si te gustan las buenas mamadas, si te gusta ver gente chupando tetas, o incluso mamando tetas enormes, has llegado al paraiso del sexo con boca y mas…

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La zorra japonesa aparece recibiendo unas mamadas brutales en su chochete, pero no tarda en levantarse y ponerle el culo en pompa al tio en la cara.Este no lo duda un segundo y se lanza a lamerle el ojete del culo, metiendole la lengua por el agujero negro y dandole unos chupetones de infarto.
La zorra nipona, una vez saciada, se agacha y se pone boca a la acción, devolviendole las mamadas brutales al japonesito.

Porno brutal y chupando culos.

Relato erotico de un chico joven con una belleza que no para de ponerle cachondo y los dos se van a tener porno brutal del bueno a una suite de hotel. Que suerte tiene el cabron!

Adriana es una joven jugadora de Volleyball en uno de los equipos más fuertes de la zona. Un cuerpo muy cuidado, pecho perfecto en volumen y forma, abdomen liso, un culo redondito, duro y respingón, piernas características de deportista de elite y una silueta en general que ya hubiera querido mas de un artista para tomarla como referencia en sus obras.

Yo soy un chico algo menos joven mas de espíritu inquieto, no tan cuidado físicamente pero si fuerte y de ancha espalda con ciertos músculos algo mas desarrollados debido al gimnasio. Las formas es la forma y aun sin llegar al nivel de Adriana, me mantengo. Brazos grandes y pecho relativamente marcado, vientre no del todo plano, piernas anchas como la espalda y formadas.

Al poco de que Adriana cerrara la puerta y el autobús del equipo la recogiera para llevarla al entreno yo me dispuse a hacer algunas tareas caseras en el apartamento y a preparar la sesión de esta noche en la discoteca más grande y famosa de la ciudad. Metiendo mis discos en la maleta recibí la llamada del gerente del local invitándome a comer. Acepte de buen grado dicha oferta y tras acicalarme para los efectos salí del apartamento en dirección a un lujoso y conocido restaurante. Una excelente comida dio paso a una interesante charla de negocios que acabo con mi compromiso para pinchar allí en varias fiestas del calendario. Recompensa a dicha aceptación fue a parte de la económica, una noche con todos los gastos pagados en una suite del mejor hotel de la ciudad. Obviamente esa suite la compartiría con Adriana, mi chica, pero no quise comentarle nada para procurarla una agradable sorpresa.

La tarde paso entre una siesta y los preparativos de la gran fiesta. Adriana por su parte tras el entreno matutino y la posterior comida con sus compañeras tuvo una sesión de balneario y sauna que la preparo a su vez para la larga noche que se presagiaba.

Entre en la discoteca entre un revuelo de gente que se agolpaba para disfrutar de la música house que intentaría les hiciera no olvidarme nunca. Antes de pasar a la cabina deje el recado a los gorilas de la puerta que si Adriana llegaba la dejaran pasar sin poner objeción y sin que tuviera que guardar cola. Los graves de un temazo titulado “I Want You” hicieron silbar, saltar y aplaudir a todos los allí congregados. Mientras me disponía a mezclar un par de éxitos Adriana subió a la cabina y colocándose detrás de mí y sin molestar aquel momento dejo que la mezcla terminase para agarrar mi trasero y apretarlo diciendo…

Adriana: Mmmm… eres el mejor cari.

Yo: Tú si que eres la mejor (mirándola de arriba abajo)… que buena estas niña… déjame comerte.

Nos fundimos en un apasionado beso tras el cual y preguntándonos como nos había ido el día, Adriana llamo a uno de los camareros para que nos refrigerase la garganta con un par de combinados.

Yo: Sabes nena… (contándole el acuerdo tomado durante la comida)… tengo una sorpresa.

Adriana: Que casualidad… yo tengo otra.

Yo: La mía es que esta noche tenemos una suite gratis para disfrutarla juntos y revueltos.

Adriana: La mía es que no llevo puesta ropa interior…

Tras hacérseme la boca agua y que casi saltara el disco una pequeña erección hizo que la siguiente mezcla no me saliera del todo bien.

Adriana: Cari, no te desconcentro, han venido unas del equipo y bajo con ellas vale?… pero recuerda que todo esto (tocando y contoneándose) es solo tuyo.

Yo: Ufff (resoplando) esta noche vas a saber lo que es bueno.

Tras un húmedo beso, Adriana bajo a la pista y estuvo bailando y quitándose moscones y babosos a diestro y siniestro a la vez que la fiesta llegaba a su punto más álgido poco antes de llegar a su fin. Cuando quise hacer ver que la fiesta estaba finalizada y recibiendo los aplausos del respetable regale a todos los allí presentes el “The World Is Mine” de David Guetta en su remezcla de Antoine Clamaran… Después de recoger toda la parafernalia de discos y auriculares fui en busca de mi chica que estaba hablando y riendo con varias de sus compañeras.

Adriana: Vaya fiestón nos has dado… lo hemos pasado…

Yo: Ya os he visto, me alegro que os hayáis divertido.

Presentaciones de rigor y nos dirigimos a mi coche para continuar la fiesta en el hotel ya ella y yo solos.

Un botones nos abrió amablemente la puerta de la mejor suite que había en el complejo hotelero y a la vez que le correspondí con una merecida propina cerré la puerta admirando tanto Adriana como yo aquel lujoso habitáculo. Tenue luz mínimamente aderezada con olor a flores y unas velas, cama de 2´5 x 2´5, sillones de cuero negro, un bar y lo más suculento; una mini piscina-jacuzzi donde podía disputarse un partido de waterpolo.

Adriana: Joder cari, me estoy mojando ya solo de verme contigo ahí dentro… que pasada.

Yo: Te dije que ibas a saber lo que era bueno, y aun no has visto nada.

Me acerque a ella y presuroso desabroche la difícil cremallera de su ceñido vestido negro que marcaba todas y cada una de sus increíbles curvas. Lentamente y besándola el cuello la desprendí de esa prenda posándola en el suelo. Ella se dio la vuelta solo ataviada con unos zapatos de alto tacón y mientras me desabrochaba la camisa a gran velocidad me mordió los labios haciendo que se empezase a endurecer mi sexo. Al momento y ya ambos desnudos la cogí en volandas y nos sumergimos en aquel caliente jacuzzi donde estratégicamente había una botella de Moet Chandon con hielos y dos copas. Ella colocada encima de mí brindo contra mi copa…

Adriana: Por una noche inolvidable.

Yo: Así será mi niña.

Tras beberse de un trago su parte, se dio la vuelta mirándome con cara muy juguetona y se hundió debajo del agua. Una vez allí abajo agarro mi falo y se dispuso a meterlo en su boca.

Yo: Dios!… que bien la comes putita (al ella sacar la cabeza del agua para tomar aire).

Adriana: ¿Te gusta cari?. ¿Te gusta como lo hace tu putita?. Se hacerlo mejor, levántate y saca tu pollón del agua.

Al hacer caso a su requerimiento ella cogió aire y literalmente me la devoró haciendo un gag increíble y metiéndose mi miembro hasta la garganta, lo que le producía pequeñas arcadas que hacían que me llenara la polla de sus babas y se le cayeran por las comisuras de su no muy ancha boquita.

Yo: Ohhh.. que rico preciosa…que puta eres (abriendo su boca y escupiéndola).

Adriana: Soy tu putita cari, estoy a tus ordenes.

Yo: Eres mía y solo mía… mmm… cométela entera, vamos!.

A ella le encantaba ser sumisa en ese aspecto porque sabia que yo la iba a recompensar fielmente procurándola mas placer del que nunca había tenido. Adriana es lo que comúnmente se denomina señora en la calle y puta en la cama. Y si, ella es mi putita y eso la gusta tanto o más que a mí que lo sea. Mientras me devoraba la polla envuelta en sus babas yo lo mezcle con un poco de champagne que deje caer sobre mi erecto miembro y sus relamidos labios.

Yo: Ponte de pie.

Adriana: Si, ¿Qué me vas a hacer?.

Al levantarse todo con todo el cuerpo mojadito del agua del jacuzzi… abrí sus duras y tersas nalgas viendo ante mi un coñito estrecho y pequeñito y rasurado y un ano rosado que pedía ser juntado con mi lengua. Eso fue lo que hice al instante. Metí mi nariz y mi lengua en aquel paraíso y mientras lamía con mucho gusto tan bonita rajita olía el perfume de su culo limpio y delicioso. Mi lengua corría desde lo mas rico de su clítoris hasta casi meterse en su culito.

Adriana: Cari… mmm…me encanta…follame con la lengua, sigue…dame bien.

Yo no podía contestar dado que mi boca estaba muy entretenida comiendo aquellos manjares y mis manos abrían y azotaban sus nalgas duras como piedras. Dura estaba también mi polla y ella se dio cuenta.

Adriana: Quieres que te pajee mientras me dejas que te coma el culo cari?.

Yo: Claro preciosa…vamos a la cama.

Allí tumbado, ella se dispuso a agarrarme de nuevo mi pene y a mirarme con ojos de gata mientras intentaba adentrar su lengua en mi aun mojado ano. Lo hacia de maravilla, era una experta chupadora y lamedora.

Yo: Te voy a follar con toda mi polla.

Adriana: Mmm… si… dame de si el coñito cariño… follame bien fuerte.

La tumbé boca arriba y abrí y subí sus piernas dejando ese chochito a la altura de mi glande. La fui metiendo poco a poco a la vez que ella hechaba su cabeza atrás por el placer y una vez que estaba toda dentro empecé a embestirla tan fuerte que mis huevos rebotaban contra su culito y el sonido que ello hacia bastaría para despertar a cualquier inquilino. Follándola sin parar de aquella guisa conseguí su primer orgasmo.

Adriana: Ohhhh… Diooosssss! (exclamo entre espasmos de placer).

No contenta con aquello quiso más.

Adriana: Quiero ese pollón dentro de mi culo… quiero que me sodomices, que des por el culo a tu putita.

Se puso de rodillas dándome la espalda, junto sus piernas, bajo su espalda, puso aquel redondo y duro culo en pompa y separándose ella misma los glúteos me insistió.

Adriana: Métemela cari… dámela toda por el culo, vamos… follame el culo.

Para que no la doliera la escupí en el ano y lo lamí repetidas veces surtiéndola después todo mi falo por su dilatado pero estrecho recto.

Yo: Que culo tienes… que culo más bueno, rico y caliente. Te estoy follando putita… estoy follándome tu culo.

Adriana: Dame bien fuerte, hasta dentro… quiero correrme por el culo.

No tuve mas que agarrar sus nalgas y entrar y salir de su pequeño agujero tantas veces y a un ritmo tan trepidante que las marcas de mis manos enrojecieron en sus glúteos. La escupí en la boca, en la cara y deje verter saliva en su ano y mi sexo justo antes de sacar mi polla de ella dándola su tan deseado segundo orgasmo y tras admirar lo dilatada que quedo aquella entrada correrme en ese boquete llenándoselo de mi leche y viendo como mi esperma caía por sus labios vaginales y empapaba también su delicioso coñito.

En este relato erotico una zorra nos cuenta como se divierte chupando pollas de sus primos y tios hasta que al final acaba siendo follada por tres pollones, esto si que es porno brutal y salvaje acaban metiendole la polla por todos sus agujeros

Hola mi nombre es Alejandra y quisiera contarles un relato de algo que me paso en mi vida y que no he podido olvidar, ni pienso hacerlo ya que al recordarlo me excito y vuelvo a hacerlo otra vez. Antes que nada les diré que tengo 21 años, soy alta, morena, delgada, cabello corto, tengo unos senos grandes, redondos y un trasero muy rico, bueno eso me dicen en la calle.

Pasando a otras cosas yo me encontraba en una fiesta familiar en casa de mi tío Javier, esa tarde-noche llevaba una blusa de tirantes con un escote grande a través del cual se podían ver la mayor parte de mis senos, además tenía puesta una falda corta y unos tacones altos. En dicha fiesta se encontraban la mayor parte de mis familiares (tíos, primos, etc.) yo noté que varios de ellos me miraban de una manera lujuriosa, al principio me molestaba pero después me empezó a gustar y a excitar, por lo que quise seguirles el juego y disimuladamente les abría las piernas para que vieran mi ropa interior, o también me inclinaba un poco para que se vieran mis senos, miraba como hacían comentarios entre ellos señalándome con sus manos.

Así estuve un rato calentándolos hasta que llegó la hora de marcharme, como no llevaba automóvil pregunté quien me podía llevar a mi casa, en ese momento ya eran cerca de las 10:00 p.m, inmediatamente mi tío Javier que tiene como unos 52 años, mi primo Sergio de unos 36 años y mi primo Pedro de 21 años se levantaron para llevarme a mi casa, ellos estaban un poco pasados de copas pero no me importó, nos fuimos los 4 en la camioneta de mi tío el cual manejaba, por supuesto que mis primos me subieron en medio de ellos. Durante el camino sentí como mi tío Javier acariciaba mis piernas cada vez que quería yo no sabía que hacer quería decirle que no lo hiciera pero me gustaba.

Al llegar a la casa se bajaron los tres y se metieron junto conmigo a la casa, ya dentro sacaron una cerveza y me la dieron, como no estoy impuesta a beber alcohol se empezó a subir por lo que decidí bañarme, les dije que cuando se terminaran sus cervezas se fueran, me metí a bañar y comencé a masturbarme pensando en ellos tres, al salir de ducharme completamente desnuda cual fue mi sorpresa al verlos todavía dentro de mi casa. Mi primo Pedro se acercó y me sentó en la cama y Javier dijo:

- Que rica te ves desnuda sobrina.

Y se empezaron a bajar los pantalones, se pararon frente a mí y mostrándome sus vergas que por cierto estaban muy paradas y duras me dijeron:

- Ahora nos vas a satisfacer después de que nos calentastes en la fiesta puta.

Sergio me tomó de la cabeza y me introdujo su verga en la boca, al principio me resistí pero después empezó a gustarme y me deje llevar por mi calentura, comencé a mamárselas, me metía una verga y a veces hasta dos mientras masturbaba la otra. Miraba como estaban gozando los tres y mi tío Javier decía que rica zorrita nos encontramos, esas palabras me excitaban mucho más. Pedro me levantó y me acostó de espaldas en la cama abrió mis piernas y me mamó mi cuca mientras tanto Javier y Sergio chupaban mis tetas como unos perros. Me besaron y acariciaron como quisieron pero me encantaba lo que hacían, fue cuando les dije;

- Quiero que me metan sus vergas

Sergio se recostó en la cama, me subí y lo cabalgué mientras él me acariciaba los senos, Javier se acercó y me inclinó sobre Sergio quedando mis nalgas a su disposición, empezó a sobarme el culo y luego me tío su dedo para abrírmelo, yo le pedí su verga y él me complació metiéndomela muy despacio, al principio me dolió pero después estaba encantada de tener dos vergas dentro de mí, era demasiado rico sentir a mi primo y a mi tío ellos no paraban de decirme vulgaridades como que rico culo tienes perrita y Sergio decía que sabrosa está mi prima la zorrita.

Se acercó Pedro me introdujo su pene en mi boca y empecé chupársela, entonces sentí la delicia de estar clavada por tres vergones. Después de un tiempo mi boca se lleno de leche de Pedro, enseguida Javier terminó también y saco su verga de mi culo y me chorreo su semen en mis nalgas, por último Sergio acabó dentro de mi cuca inundándola toda. Nos quedamos acostados los cuatro y ellos no paraban de decir:

- Que rica primita tenemos, además es bien puta como nos gusta.

Luego se vistieron y se marcharon muy contentos. Por mi parte puedo decirles que me encantó ser poseída por tres hombres y cada vez que les antoja vienen para que les dé placer y mucho sexo.

Este relato erotico nos cuenta como un chico le prepara una sorpresa a su novia para hacer que un viaje en taxi se convierta en la realización de una de las fantasías sexuales de ambos. La sorpresa se hace doble cuando la chica se da cuenta que su novio estaba compinchado con el taxista hasta el punto de que éste llega a participar en el juego.

Soy un chico de 26 años alto y de pelo corto y castaño, ojos marrón oscuro, de complexión atlética y dicen las chicas que guapo de cara. Mi novia tiene 24 años, mide 1,65 tiene el pelo muy largo y negro, ojos negros, grandes y profundos y unos juguetones labios que suele pintar de un rojo muy llamativo y, como toda su preciosa boquita, sabe usar más que bien. Sus pechos son medianos, con unos pezones verdaderamente duros cuando se excita. Tiene las piernas bien torneadas y un culito precioso y respingón que no pocas veces es el protagonista de nuestros encuentros sexuales.

La historia que voy a compartir con vosotros ocurrió el verano pasado en Valencia, ciudad donde fuimos a vacacionar por dos semanas a un pisito que un familiar mío nos dejó. Somos muy activos en la cama y nos gusta fantasear con diferentes prácticas sexuales, y siempre hemos tenido la intención de realizarlas; el caso es que yo deseaba darle a mi chica una sorpresa que no pudiera olvidar y la amistad con un amigo taxista, fuerte, algo menos alto que yo, moreno y de pelo negro, me permitió fabricar dicha sorpresa.

Tras una cena romántica y con una noche preciosa, cálida y estrellada en la capital del Mediterráneo, cogimos un taxi para volver al piso en lo que prometía ser una noche memorable, pero ella no sabía que lo sería por lo que pasaría en el taxi y no en el piso. Tras montar en el taxi y decir la dirección a mi secreto amigo empecé a besar el cuello de mi novia Sonia, a enredar mis dedos en sus cabellos, algo que le encanta, y puse su mano en mi paquete para que notara mi erección.

Ella, que es bastante atrevida, lejos de cortarse empezó a sobarme por encima del pantalón mientras mi mano se deslizaba por debajo de su corta falda, sin encontrar oposición hasta que las yemas de mis dedos tocaron sus braguitas de encaje negro. Notaba como Sonia miraba de reojo al retrovisor central del coche para comprobar que no nos miraba el conductor, cuando ni corta ni perezosa abrió mi cremallera e introdujo su mano en la apertura de mi ropa interior, agarrando mi miembro con fuerza y moviéndolo a un lado y a otro, arriba y abajo. Acercó su boquita a mi oreja y me dijo: “Quiero que te corras en mi mano en este taxi” y luego metió su ensalivada lengua en mi oreja. Todo iba a pedir de boca, el morbo que a ambos siempre nos ha producido hacerlo en sitios arriesgados funcionaba a favor de mi plan. Lo que ella no esperaba es que yo respondiera a su provocación desabotonando su vaporosa blusa y bajando mi cabeza hasta que mi lengua repasara su pezón derecho, en círculos, metiéndolo en mi boca, succionándolo, mordiéndolo suavemente; Ella empezó a gemir, pues nunca ha soportado el placer que le produce esa caricia y en eso aproveché para mover su braguita-tanga e introducir mi dedo índice en su rajita ansiosa, ambas cosas hicieron que de la boca se Sonia se escapara un furtivo gemidito que sin duda fue escuchado por mi cómplice, el taxista.

Susurré a los oídos de Sonia, mientras mi dedo salía y entraba en ella con suavidad que se pegara a la puerta del coche justo detrás del conductor, a razón de “ocultar no de él”: Así lo hicimos, yo ladee su ligero cuerpo, levanté un poco su pierna derecha y agarrando mi pene empecé a pasar mi glande ardiente entre los labios de su vagina. Sonia cerraba los ojos, jadeaba, intentaba no hacer ruido, pero no pudo evitar soltar un estruendoso “Oooohhh” cuando sintió toda mi virilidad meterse profundamente en su sexo. Me miró con ojos acusadores, como reprochándome que llegara tan lejos, pero cuando mis manos se agarraron a sus pechos ya al descubierto y mi lengua entró en su boca, su acusación pareció convertirse en sumisión, me mordió fuertemente los labios como para castigar mi osadía. Susurré: “Tranquila Sonia, no nos puede ver” y ella me contestó: “..Ooh,..pero…pero yo..oohh ..no aguantarééé…oohh umm..gritaréé” mientras mi pene empezaba a profundizar en su estrecho coñito, y llevé dos dedos para masajear su clítoris lo que acabó de rendir toda resistencia que ella hubiera querido oponerme.

Mi plan, el de mi amigo y mío, era que cuando ella empezara a gemir, él nos propondría que nos quedáramos solos en el coche por un módico precio y mi respuesta a lo que para Sonia sería esa surrealista proposición, sería que preferíamos que se quedara con nosotros. Pero mi amigo Luis, que sin duda no se había perdido detalle disimuladamente, no aguantó más, paró el coche en una apartada y oscura avenida de las afueras de la ciudad y volviéndose nos dijo: . Sin dejar de penetrar a Sonia, me moví hasta el centro del coche y agarré los brazos de mi novia con un brazo y con el otro la sujetaba por la cintura para que mi pene siguiera dentro de ella. Sonia gritaba e intentaba desasirse de mi, mientras yo la susurraba. La rapidez con la que Luis actuó fue clave para que todo saliera bien en el momento más crítico de la noche: Cuando Sonia se diera cuenta de que iba a ser follada por dos hombres. Luis separó las piernas de Sonia con fuerza y empezó a lamer con avidez todo su chochito, del cual yo volví a entrar y salir rítmicamente:

- ¿Pero qué haces? ¡¡¡Estás loco!! – gritaba Sonia.

- Tranquila preciosa -le decía mientras seguía bombeando. – Todo está controlado, ¿no lo ves? Tú deseas esto igual que yo, ¿acaso no te gusta mi polla dentro de ti?¿O su lengua en tu coñito? Ríndete a las sensaciones que tu cuerpo te transmite ¡¡déjate ir!! ¡¡déjate llevar!!.

- Eres un cabrón – me reprochó, y al intentar arañarme los muslos se encontró con la cabeza de Luis y su boca que la había ensalivado enteramente toda su zona genital.

Agarré sus pechos con firmeza pero con dulzura, empecé a morder su cuello, y noté de pronto las manos de Luis en sus tetitas, con lo que yo usé las mías para agarrarla por la cintura y levantarla y bajarla, para que cabalgara sobre mi polla erecta que la penetraba sin tregua, las caricias combinadas empezaron a hacer su efecto y Sonia dejó de estar tan rígida, empezó a gemir y a respirar pesadamente, y cuando me di cuenta sus manos acariciaban los cabellos de Luis y le imponían el ritmo al que ella quería ser lamida y devorada. Luis se levantó y con su polla asomada a sus pantalones ya bajados se echó levemente sobre Sonia, acabó de subir del todo su faldita hasta la cintura y desabrochar su blusa por completo, los pezones que tantas veces he sentido endurecer en mi boca estaban ahora turnándose en la boca de Luis, los gemidos de los tres llenaban el coche, pero por encima de todos los de Sonia amenazaban con ser escuchados en la solitaria calle si alguien pasara por allí.

Sonia ahora sentía mi polla llegar hasta lo más hondo de su intimidad, la penetración era más violenta cada vez y más profunda, la polla de Luis, tiesa hasta el límite frotaba los labios mayores y menores del sexo de mi novia y su clítoris erecto, llevándola a un éxtasis compartido del que no sabía salir, del que no quería salir. Todo estaba saliendo a pedir de boca, sólo quedaba el postre. Con suavidad me salí de ella y ensalivando mi pene y su culito con dos dedos que habían explorado la boquita de mi novia, la levanté ligeramente para agarrar mi herramienta y dirigirla a su más estrecho agujerito. Luis que se dió cuenta de ello, sacó un preservativo como un relámpago y pertrechándose con él se dispuso a penetrarla, así lo hizo, de golpe, en un coñito ya dilatado y que se estremeció de placer al sentirse repleto de nuevo, pero por una polla diferente a la anterior. Yo empujaba mi glande contra su culito y la dejaba caer para que el peso hiciera el resto, poco a poco el recto de Sonia quedó tan repleto o más como su coñito, mientras ella gritaba de gusto como nunca lo había hecho, hasta que la lengua de Luis se enredó en la suya, aunque sin acallar los gritos del todo.

Luis y yo empezamos a follarla doblemente, entrando y saliendo sin piedad ni cuidado ya que estaba tan excitada que otro hombre hubiera cabido en su boca, la doble penetración rompió todas sus inhibiciones, empezó a insultara nosotros y a ella misma, nos llamaba perros, cabrones y se autodenominaba zorra: ¡¡Haced que me corra cabrones!! – ¡¡Folladme, folladmeee!!. De repente se calló un segundo, inspiró profundamente y estalló en gritos y movimientos compulsivos en el orgasmo más brutal que yo le haya visto, Luis no lo pudo resistir y se corrió con la polla enterrada hasta el fondo en mi novia y por último yo, sin condón llené de semen caliente sus entrañas, semen que al poco caía por mi polla abajo y rebosaba de su dilatado pero apretadito culo.

Luego vinieron las confesiones, las presentaciones mutuas de Luis y Sonia y el epílogo que los tres nos dimos en el piso, tras el episodio del taxi, pero eso es otra historia que si queréis no me importará contaros, si es que os ha gustado el secreto que he compartido con tod@s vosotr@s. Un beso y/o abrazo. Hasta pronto.

Este relato erotico nos enseña como se puede hacer de todo y con quien menos te lo esperas, ya que hay zorras ardientes de pasion buscando una polla para chupar en todos lados

Esto ocurrió hace mas o menos a principios del año 1997, entrenaba en el Gimnasio Rodríguez en la Av. La Mar en el distrito de Pueblo Libre en lima Perú, a este gym suelen ir chicas atractivas y señoras aunque por su edad también son muy guapas, como olvidar a Rosy, Gaby, Taty, Erica, Faby, Lore, Rudy, y a todas las chicas que deleitaron mis visitas en el Rodríguez.

Definitivamente éramos un grupo que participábamos de muchas de las actividades que se hacían en le gym, inclusive salíamos a divertirnos juntos, yo asistía a diario y a parte de hacer máquinas también practicaba, spteps, aerobicos y tae-bo, era muy agradable estar rodeados de todas ellas y verlas en sus mallas que hacían resaltar sus atributos físicos.

Muchas de ellas eran mujeres casadas pero por las bromas y conversaciones que teníamos en el gym, uno tomaba confianza con ellas además siempre me comporte caballerosamente con ellas a parte de ser uno de los pocos varones que hacia aeróbicos con ellas, tal vez ese constante acercamiento hacia que ganara confianza con ellas.

Gaby es una mujer sensual de muy buenas formas, coqueta, atractiva inteligente y muy sensual al menos para mi lo es, siempre a casi siempre trataba de estar cerca de ella para observarla de pies a cabeza, ella es muy liberal en su forma de pensar y siempre nos gastábamos bromas inclusive de índole sexual; En una oportunidad un sábado después de entrenar nos quedamos Gaby, Rosy, Faby, Lore un par de amigos mas y yo, decidimos comprar unas botellas de vino y empezamos a tomarlas en el segundo piso del Gym en realidad era algo suave como motivándonos para la noche ya que habíamos quedado en salir a bailar, Gaby siempre me pareció una mujer muy apetecible una mujer que me provocaba morderla y acariciarla, a mi parecer yo no le era indiferente pero hasta ese entonces no había intentado nada.

Bueno copas van y copas vienen y Gaby estaba algo alegre por efecto del vino, y comenzamos a bromearlos y a jugarnos un poco yo la abrazaba y la tomaba de la cintura inclusive ella en son de broma me decía Gabriel que haces delante de todos pero cono no se pensaba que era mas allá de un juego todo transcurría de la forma más normal, de lo más normal para el resto de los demás pero para nosotros era algo excitante podía sentir sus dedos acariciar mi espalda cada vez que yo pasaba mis manos por su cintura, ya estábamos en un juego de caricias discretas a la vista de los demás, pero sus amigas Faby y Lore se habían dado cuenta perfectamente de lo que ahí sucedía, tanto así que la molestaban, diciéndole Gaby cuidado no vayas a raptarlo y no llega en la noche a la discoteca, nosotros solo reíamos.

Cómo ya se estaba haciendo algo tarde decidí ir por mi maletín que lo había dejado en el tercer piso en donde se practica esteps, y Gaby subió conmigo pretextando que sacaría algo de los vestidores de damas que se encuentran en el mismo piso, una vez arriba la cogí de la cintura la voltee y la besé con pasión, beso que ella respondió entrelazando su lengua con la mía, mis manos recorrían todo su cuerpo, como lamentaba que la tela de nuestras ropas nos separaran, ella me jaló a los vestidores de damas y comenzamos a dar rienda suelta a nuestros instintos contenidos por tanto tiempo, que hermoso cuerpo tiene Gaby, ella es una mujer blanca de 1.65 de estatura cabello rojizo, senos medianos peor encantadores, bonitas piernas y un traserito que ponía a mas de uno en el gym.

Nuestros besos y caricias se encendían cada vez mas que delicia era recorre su cuerpo con mi lengua, ella estaba algo nerviosa por si nos veían pero poco a poco con las caricias y los besos nos fuimos dejando llevar los dos hasta que nuestros labios nos sabían a poco y las ropas empezaban a estorbar, me desnudo como una loca y me dijo: “desnúdame poco a poco y ya veras o crees que no me he dado cuenta cómo me miras el poto cuando entrenamos”, dejaba ver una camiseta blanca ceñida, después le quité el pantalón mientras acariciaba con mis manos sus suaves y contorneados muslos deseosos de mis caricias, por ultimo le quite la camiseta y pude ver sus sublimes pechos, yo me quedé perplejo mirando ese cuerpazo que estaba a mi entera disposición, ella lo notó y me dijo que si le gustaba, y les respondí que me encantaba y me acerque a ella para besarla y enredarme con su lengua, mientras, no paraba de cogerle ese culo paradito con mis manos ella me fue acariciando mis testículos y fue haciendo que me fuera poniendo duro con solo rozar sus dedos por mi pene, presos los dos de la lujuria empecé a besarle todo el cuerpo de arriba abajo haciendo hincapié en esos pechos redondos y firmes que poco a poco se pusieron más y más duritos.

Seguía bajando mi lengua hasta que llegue a su chuchita color castaño, empecé a acariciársela, separando y juntando esos labios rosados y calientes, le daba pequeños lametones que le hacían cerrar los ojos y dar un pequeño gemido, casi un suspiro, estuve algún tiempo con mi cabeza entre sus poderosos muslos que me tenían atrapado y cada vez que daba un lametón se cerraban de gusto, por fin empezó a segregar sus jugos y estar como poseída y se derrumbó al suelo haciéndome ponerme en posición para practicar un 69, ella estaba loca y empezó a chuparme la verga con unas ganas que me hacían casi perder la respiración y no me dejaban que yo pudiera seguir con su clítoris el cual lo cogía con mis labios hasta que lo puse bien durito y grandote, sin darme cuenta me corrí en su boca después nos dimos la vuelta, nos levantamos del suelo, le besaba el cuello, le mordisqueaba las orejas mientras estábamos abrazados cogió mi verga la acarició con sus dedos mágicos hasta que consiguió ponerla otra vez dura colocándosela en la puerta de su apetecible y húmeda chuchita y movió su cintura para que yo notara que sus labios me estaban esperando, me miró y sin decirme nada me agarró por detrás y me unió a ella.

Cuando sintió como se llenaba toda su vagina pude ver como echó la cabeza hacia atrás, sus ojos se cerraron y se le escapó un gemido mayor, entonces la agarré del culo y la subí encima de mí se agarró a mi cuello y la empecé a mover de arriba abajo, yo sentía un placer indescriptible a veces se me doblaban las rodillas de tanto goce, con mis manos sujetándola por el culo sentí como lo tenía de calentito y casi sin darme cuenta uno de mis dedos empezó a meterse por su agujerito sin que ella se opusiera, presos de la lujuria y el desenfreno ella se bajo de encima de mi la puse a cuatro patas y con sumo cuidado empecé a culearla cosas que poco a poco empezó a gustarle y cada vez los movimientos eran cada vez de mayor intensidad mis manos la agarraban por la cintura, frotaban su espalda y hasta le agarraban sus pechos. Así cabalgándola y disfrutando de sus caricias llegamos al final de nuestra lujuria, nos arreglamos, nos vestimos y bajamos con el grupo que se había quedado esperándonos los cuales estaban extrañados por nuestra demora, aunque Faby había subido y escuchado todo no dijo nada en ese instante, pero luego me lo contó y eso ya será parte de otra historia.

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Las muy putas chillan y se retuercen de placer, pero no paran y siguen metiendose el consolador en el culo y chupando coños, mamando tetas y teniendo porno brutal.
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Este relato erotico nos muestra otra fantasia sexual. Sobre una zorra amateur que es una verdadera belleza y que sabe como seducir a un hombre, que bueno seria hacer esta fantasia realidad y que esta zorra empezase chupando pollas

En esta ocasión, pienso presentarles un relato que parte exclusivamente de mi imaginación, la que ha sido cruelmente atormentada por algunas fotografías de una dama que observé en una página de fotos amateurs. Debo reconocer que me ha cautivado su cuerpo y la sensualidad con que posa ante la lente y me hace odiar a quien manipula el disparador de esa cámara fotográfica.

De ella tomaré su nombre e imaginaré su rostro, su voz y sus dichos, ya que solo puedo ver su cuerpo. Zoe es romántica, morena, piel cobriza y hermosas curvas tanto superiores como inferiores (95-65-100 como medidas). Sus cabellos castaños oscuros caen hasta cubrir sus hombros en una delicada melena que asemeja un corte similar al de Cleopatra (La Reina del Nilo). Observar una diosa así pone a hervir la sangre de cualquier mortal y obviamente no fui la excepción.

Solía compartir con ella el transporte y el lugar donde se hallaban las oficinas de nuestro trabajo. Reconozco que cuando la vi por primera vez me asaltaron las ganas de abalanzarme sobre ella fingiendo caer ante alguna frenada brusca de colectivo pero noté que algo así me traería dolor de cabeza, ya que fui testigo de su reacción ante una actitud similar de un muchachito que camino a su escuela también compartía el viaje. ¡Qué cachetada le aplicó! Fue sonora y muy gráfica, ya que dejó su marca en la mejilla del chico.

Al llegar a nuestro destino, su rostro estaba desfigurado por la ira; pero he de reconocer que la hacía más bella. Sus ojos, dos granos de café tostado, brillaban y parecían albergar rayos propios de una tormenta de verano. Subimos al elevador solos y pude contemplar su figura entallada en aquel traje negro que resaltaba sus curvas, la pollera apenas superaba la mitad de sus muslos muy bien torneados y sus pechos poniendo en tensión máxima los botones que cruzaban el saco, dejando un canal apetecible entre ellos.

Labios rojo intenso, se veían temblorosos producto de su furia contenida. En aquel momento, decidí iniciar el contacto sabiendo que una palabra de mi parte daría rienda suelta a su descarga. Y así fue.

- Discúlpame, pero no pude evitar presenciar lo que pasó en el colectivo y creo que estarás muy furiosa – dije mientras me recostaba contra la pared del fondo.

- Tenéis razón! Estos borregos creen que pueden manosearte a su gusto cuando el colectivo está lleno. ¡Qué rabia tengo! – respondió.

- Te comprendo, aunque he visto también que otros no tan chicos hacen cosas similares. Realmente te compadezco, tan buena figura y tener que esconderla para no sufrir esos ataques.

- Ciertamente, hay que disfrazarse para que no te toquen.

El ascensor se detuvo en el piso 8, donde ella bajaba, se giró para quedar frente a mí y dándome un beso en la mejilla, apenas un roce, dijo: “Me llamo Zoe, un gusto hablar con vos”. “Igualmente, Alejo, a tus ordenes” respondí.

La vi bajar y cuando la puerta del elevador se cerró, sonreí al tiempo que pasaba mi mano por el sector donde segundos antes sus labios se habían posado. Llevé la palma a mi nariz y aspiré su perfume delicado que me embriagó al instante.

El resto de la mañana la pasé recordando uno a uno los segundos de su compañía, desde el colectivo hasta el piso 8. Imaginaba las mil y una formas de abordarla nuevamente para comenzar una relación más próxima, era indudable que quería tenerla en mi cama pero sentía temor de terminar como el estudiante en el colectivo. Siendo cerca de las 4 de la tarde, llegó la hora del regreso a casa. Me demoré unos minutos más de lo habitual, por lo que llegué al elevador a las 4:30. Las oficinas estaban casi desiertas y el silencio dominaba el lugar. Iba abstraído en mis pensamientos y no reparé en que aquella jaula de metal se detuvo en el octavo piso. Tan pronto se abrió la puerta, un perfume me trajo a la realidad, Zoe subía nuevamente.

- ¡Hola! Nos encontramos de nuevo, ¿Cómo fue tu día? – dijo su voz cristalina y mucho más calma que en la mañana.

- ¿Cómo estás preciosa?, algo pesada, pero nada que no pueda solucionarse. ¿Vos? ¿Mejor?.

- Si, ya pasó. Todo será cuestión de tomar precauciones para que no pase de nuevo.

- ¿Qué? ¿Vas a esconderte entre ropas de monja?.

- Nooo!!! Me pienso acomodar mejor en el colectivo – dijo entre risas.

Allí conocí algo más de ella, una risa contagiosa y muy transparente. Hasta llegar a la planta baja, hablamos y reímos de varios temas sin sentido. Le cedí el paso y pude admirar nuevamente su figura, aspirar ampliamente su perfume y colocarle el despertador a mis sentidos.

- Zoe, no lo tomes a mal pero… ¿Aceptas un café?.

- Bueno, dale. Conozco un barcito por acá cerca.

Caminé junto a ella, casi rozando mi brazo con el suyo hablando de bueyes perdidos hasta llegar al lugar que ella había dicho. Al entrar noté como la observaban y créanme que me sentí envidiado y odiado por los varones del lugar. Eligió una mesa alejada de las miradas indiscretas y las ventanas curiosas, situación que me agradó. Solicitamos nuestras bebidas y decidimos acompañarlas con unos sándwiches tostados.

- A fuerza de ser honestos, hace un tiempo que había reparado en tu presencia en los viajes del colectivo y que trabajabas en el mismo edificio que yo – mencioné.

- También yo, además me as comido con la mirada. Casi parecía que me estabas haciendo una radiografía.

- Y no es para menos, sois muy llamativa – respondí mientras sentía el calor subiendo de pies a cabeza.

- No te pongas colorado!, me gusta ser observada, además forma parte de mi personalidad. Vivo en un estado de seducción continua.

- Eso suena provocativo, pero me gusta.

Sonreímos ambos y nos dispusimos a consumir nuestros pedidos, cruzamos miradas varias veces pero cuando uno levantaba la vista, el otro la bajaba como quien esquiva con un pase de torero. Volvimos a la charla, a las sonrisas y las risas. Así nuestro primer encuentro duró casi dos horas, donde pude saber que está sola, que le apasionan las fotografías, la música suave, los poemas y que se considera una romántica sin remedio. Secretaria de un estudio jurídico, divide su tiempo entre el trabajo, la fotografía y la compra compulsiva de ropa que resalte su figura.

Con el pago de la cuenta en el bar, llegó la hora del regreso a nuestros hogares. Cuando abandonábamos el comercio, coloque una de mis manos en su hombro, como guiándola entre las mesas. Caminamos lentamente entre las demás personas que con ritmo febril se dirigían hacia sus trabajos o a las distintas paradas de ómnibus. Parecíamos no querer separarnos, tratando de detener el tiempo. Abordamos el transporte y nos sentamos juntos, nuestra proximidad era mayor y el contacto casi permanente. El trayecto se hizo breve en tan grata compañía, antes de bajar pregunté:

- ¿Me dejas tu número de teléfono?.

- ¿Qué tal el e-mail? El teléfono no se lo doy prácticamente a nadie.

- Ok, hagamos cambios te doy el mío.

Intercambiamos esos datos y en ese trámite, mi lugar de bajada quedó atrás. Bajé una estación más adelante, totalmente extasiado por lo acontecido, embriagado del perfume de aquella mujer y diría que casi al borde del enamoramiento.

Llegué a mi departamento, me quité la ropa y noté que no solo mi cabeza estaba invadida por aquella mujer. Ingresé a la ducha y seguía sin poder quitar de mi mente aquella figura, aunque ahora la imaginaba con mucha menos ropa. Cerré el grifo, me seque y coloque ropas más cómodas. Fui a mi ordenador, lo conecté y un mensaje apareció en mi mensajero instantáneo. “Gracias por una tarde distinta” era el texto y lo firmaba el usuario “Bella Pasión”. Una sonrisa brotó de mis labios y confirmé que el primer paso hacia ella había sido efectivo. Por más que esperé y esperé, no logré verla conectada a la red. La ansiedad de retomar la conversación me tenía loco; ingresé en dos o tres salas de Chat solo para ver si lograba hallarla y la búsqueda resultó infructuosa.

Con la llegada de la noche, el cansancio me venció y me acosté, solo, pero añorando a aquella dama. Soñé con ella, como si mi mente no se resignara a alejarla, danzando juntos al son de temas suaves, intercambiando caricias y besos, pero extrañamente sin llegar más allá de esas situaciones. Curiosamente, cuando la situación se tornaba álgida, el radio reloj me despertó. Bañado en transpiración por los sueños que había tenido, comprobé que la mañana estaba llegando y con ello la posibilidad de verla nuevamente en el ómnibus. Acelerando mis movimientos, tome una ducha, me vestí raudamente y sin desayunar corrí a la parada del autobús. Al subir al transporte, mi corazón latía desbocado y mis ojos buscaban prestamente su figura. Mala suerte, no estaba. Obviamente, mis ideas estaban revueltas y solo giraban en derredor de un pensamiento “¿Dónde estará Zoe?”. Las horas de trabajo fueron interminables, ocho horas eternas y mi ansiedad en crecimiento.

Al salir, tampoco volví a hallarla. Esperé como un novio primerizo, por más de una hora sentado frente al portal del edificio, pero fue en vano. Aquel viaje de retorno a casa fue tan gris como una tarde fría de invierno, si hasta el cielo se asoció a mi tristeza dejando escapar una tenue llovizna. Ingresé a mi departamento que parecía más frío y vacío que de costumbre, conecté el ordenador y fui en busca de un café. En mi cabeza, como un martilleo continuo reaparecían las imágenes de aquella tarde y su perfume parecía estar en cada una de las cosas que tocaba. No había mensajes, tan rápido como había llegado, ella había desaparecido y sin dejar huellas. Con las primeras sombras de la noche y el crecimiento de la lluvia, se hizo presente un apagón que dejo prácticamente la ciudad en penumbras. Solamente los relámpagos y la brasa del cigarrillo en mis labios entregaban luminosidad a aquel monstruo dormido. El sonido del teléfono me sobresaltó al extremo de caerse mi cigarrillo sobre mis piernas. “¿Quién será?” me preguntaba mientras caminaba hacia el aparato que sonaba, tratando de eludir las cosas que se hallaban a mi paso. Tomé el aparato y me dispuse a responder:

- Hola, ¿quién habla?

- Soy yo, ¿me extrañaste hoy?

- ¿Zoe? ¿Cómo conseguiste mi número?

- Je je je, te sorprendí. Muy fácil, del perfil de tu correo.

- Tramposa, y yo que pensaba que no te vería.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Podéis.

- Estaba sola en casa y el apagón me asustó un poco, ¿te molesto si hablamos un rato hasta que esto pase?.

- En absoluto, pero ¿no te agradaría más vernos?.

- Y… si, pero… ¿Dónde?.

- Decidme vos, ¿en tu casa, en la mía, en un bar?

- ¿Vendrías a casa? vivo en el décimo piso y no hay luz.

- Subo por las escaleras.

- Pero ¿Quién te abre?

Exploté en una carcajada al darme cuenta que debería bajar ella y si era que temía a la oscuridad, no querría aventurarse a eso.

- Mirá, decidme dónde es y voy. Con suerte conseguiré que el encargado me abra, ¿te parece?.

- Está bien, toma nota de la dirección y mi teléfono.

- ¿Teléfono? ¿Para que?

- Por si nadie te abre, tonto.

Como pude anoté los datos y tras colocarme ropa adecuada, baje las escaleras de mi casa. Paré un taxi y fui en su búsqueda. En cinco minutos estaba a las puertas de un edificio bastante nuevo, una mole de cemento y vidrios que yacía en total oscuridad. Solo algunas ventanas mostraban reflejos de velas encendidas Tal como imaginaba, el portero del edificio estaba en la puerta, a la espera de sus inquilinos ya que la seguridad no es la reina de la ciudad y no dejaba pasar a quien no conocía. Menudo problema, ¿cómo demostrar que una dama me esperaba si era la primera vez que me veía?. Tras una breve aunque minuciosa charla convencía a ese carcelero que me dejara ingresar. Me señaló las escaleras y se despidió con cara de pocos amigos. Quería correr esos diez pisos para llegar a su puerta en el menor tiempo posible, pero al llegar al quinto me di cuenta que mi estado físico no era de los mejores, estaba agotado. Me detuve unos minutos y aproveche para con un llamado corto, avisarle que ya estaba ahí y en minutos llegaría a su puerta. El caso es que 5 minutos más tarde estaba enfrentándola, ya que me esperaba junto a la puerta de su departamento.

Si antes me había trastornado su imagen con ropas de trabajo, imagínenla ahora con una brevísima pollera rosa y una camisa de seda blanca, descalza y con su pelo amarrado en una coleta. Me recibió con un beso tenue en la mejilla y se adelantó a mi. El reflejo de las velas dispuestas en dos candelabros le daban un toque mágico al ambiente. Nos sentamos en un sillón que daba al ventanal principal de su apartamento y consumimos nuestros primeros cigarrillos y cafés. Teníamos una charla placentera, que lejos estaba de las insinuaciones aunque solía rozar temas cálidos. Gustos, placeres, diversión, noviazgos frustrados eran parte de la charla hasta que decidió ir un poco más al frente y preguntó:

- ¿Te gusto tanto como tus miradas demuestran?.

- Sois muy atractiva, además de utilizar las ropas adecuadas. Diría que sois la seducción caminando – le respondí.

- Muy galán de tu parte, pero lo que quería saber es si mi figura provoca otras reacciones en vos.

Tragué saliva, elegantemente me estaba preguntando si me calentaba y vaya que sí lo hacía. La penumbra me ayudaba a ocultar una respuesta más que evidente en mi entrepierna.

- La verdad sí, me resultas muy excitante.

- Eso me pareció, ya que aceptaste muy rápidamente venir a verme sin importarte nada y hasta trataste de abordarme cuando fuimos al bar. Se te nota tenso y eso confirma mis ideas.

- ¿Cómo confirma tus ideas? ¿Cuáles son tus ideas?.

Sin mediar palabra, se acercó más y rodeando mi cuello con sus brazos tibios me depositó un beso delicado en los labios. Le respondí de inmediato, retribuyendo su avance y dejando que mis manos explorasen su espalda, desde la cabellera hasta el mismo borde de su pollera, al tiempo que atrapaba sus labios de manera más posesiva. Permitió un poco el avance pero me detuvo cuando intenté llegar a sus piernas.

- Tranquilo, no rompas la magia del momento.

- Ok, pero no me enciendas más de lo que ya estoy.

Volvió a las caricias y su juego de seducción, apagó uno de los candelabros y ya casi no había luz. Se sentó frente a mí, en una silla y sin dejar de jugar imitó una escena de la película Streap tease. Debí imaginar la música, pero la escenografía y la protagonista eran muy reales. Cuando quedó tan solo con sus prendas más intimas y las medias negras con liguero comenzó a aproximarse, colocó uno de sus dedos sobre mis labios para impedir que hablase y luego comenzó a desprender mi camisa. Era una experta en excitar y seducir, no cabía duda. Despojado de mi prenda superior, no pude contenerme y fui yo quien acariciando suavemente le retiré el brassier y bajando por los costados de su cuerpo desprendí los ligueros para quitar sus medias. El juego de roces nos fue encendiendo hasta convertirnos en lava ardiente y la delicadeza dio paso a la urgencia de tenernos mutuamente. Nos convertimos en un nudo de brazos, piernas y lenguas, con el sillón como ring de esa batalla. Los roces, apretones, caricias y besos se desperdigaban por cada centímetro de piel existente, sin llegar más allá. Desaparecieron mis pantalones en un momento dado y nuestra desnudez era casi total. El calor de los cuerpos aumentaba, pero ninguno de los dos quería dar el primer paso a consumar una relación profunda. Se logró desprender de mí unos segundos, y con la voz entrecortada por la excitación dijo:

- Vamos a mi cama, no perdamos tiempo ni fuego.

La seguí tomado de la mano, me guiaba de manera experta en la oscuridad total de aquel pasillo y tan pronto ingresamos a una habitación, me empujó cayendo los dos sobre un colchón muy amplio. Ubicada sobre mí, comenzó a besar mi pecho, recorriéndolo en su totalidad en tanto mis manos jugaban con su cabello y las curvas de su espalda. Fue bajando hasta llegar al borde de mi bóxer, que bajó lentamente, mientras recorría mis piernas con besos para luego cambiar de posición y ser ella quien quedara abajo, invitándome a imitar su accionar. Así lo hice, pero a diferencia de ella, me entretuve en su nido de amor y sexo, torturando cada milímetro y cada pliegue de su piel. Comenzó a lubricarse más y más, llenando la habitación de su perfume a sexo. Noté sus contracciones y luego como con sus manos aferradas a mi cabellera trataba de llevarme tan adentro como podía. Absorbí cada gota de su néctar y torturé con besos y pequeños mordiscos su botón de placer hasta hacerla llegar a una explosión tan violenta que casi me ahogó en jugos. Quedó rendida y distendida, respirando agitada en un principio para luego serenarse. Mientras se relajaba, subí pasando mi lengua por toda su piel, deteniéndome en sus pechos, donde los pezones de buen tamaño no habían perdido su dureza. En ese momento recuperó su habla, y con voz entrecortada murmuró:

- Hermoso, me encantó pero quiero más. Reponte que quiero mostrarte lo que se hacer y que se que te gustará.

- Si mi vida, la noche es larga y esto fue solo empezar.

Fumamos un cigarrillo a medias, abrazados, mientras reponíamos energías. Minutos después fue ella quien empezó el recorrido descendente, para jugar y rodear mi guerrero, que lentamente se preparaba para otra batalla. Su habilidad para excitar estaba intacta, y no demoró mucho en ejercer un total control sobre mí. Cuando hubo logrado la firmeza total, inició un movimiento de acercamiento de su sexo frotándose en mis muslos y mi abdomen de manera circular, hasta acariciar la punta de mi lanza con sus ya muy húmedos labios. Bajaba apenas, introduciendo la punta en un movimiento de vaivén al tiempo que sus manos se apoyaban firmemente en mis hombros, impidiéndome moverme.

El continuo contacto con sus escasos vellos me estaba quemando y lo notó. En un movimiento suave se dejó caer, hasta llevarse la totalidad a su interior y tan profundo como pudo. Se mantuvo así unos instantes para luego comenzar a moverse, lentamente primero y ganando velocidad hasta transformarse en una máquina sexual perfectamente aceitada con nuestros líquidos. Fueron diez minutos de velocidad pura, que concluyeron con una bomba nuclear. Jugos por doquier y sudor esparcido en las sabanas, que se coronaban con besos tiernos y muy profundos. Como si se tratase de una obra de teatro, al llegar el reposo, las luces se encendieron para que los actores fuesen observados por el publico, rendidos sobre un escenario digno de la mejor de las obras.

Este relato erotico nos cuenta la fantasía sexual de una pareja, que se calientan con solo mirarse. Aunque no sera algo tan simple ya que el hombre le tiene preparada una sorpresa a la zorra, y es otra polla para chupar, creo que se tirara un buen rato tragando leche.

Llegas de un viaje a Madrid y voy a buscarte en el coche y te recojo. Mientras volvemos a Alcalá, nos vamos echando miradas en el coche en las que nos desnudamos mutuamente. Al cambiar de marcha te acaricio la pierna y voy deslizando mi mano hacia arriba. Empiezas a sentir el calor en tu entrepierna y me devuelves la caricia. Y te digo que por favor te esperes a que lleguemos al hotel para así poder follarte a gusto. Piso el acelerador y en menos de cuarto de hora estamos allí. Salimos del coche y en el mismo aparcamiento empezamos a meternos mano. Pero no te dejo seguir porque quiero darte una noche que no olvidaras nunca. Entonces subimos a la habitación y te encuentras toda ella llena de rosas, una botella de champán, un bote de nata, unas esposas y un pañuelo negro.

Piensas que para que usare todas esas cosas pero no te dejo seguir pensando. Te llevo a la cama, te tiro a ella, te arranco la ropa y te ato con las esposas de pies y manos a la cama. Después de eso te pongo el pañuelo y hago que no veas nada. Aun hay una sorpresa que no has visto dentro del armario. Llego al armario y saco una cosa que tú no esperabas que estuviera ahí. Cojo la nata, y empiezo a echarte por encima de los pechos, por la tripa por la pelvis, por tus piernas y finalmente por tu coñito. Cuando acabo de echarte nata, empiezas a sentir una lengua por tus pechos. Y empiezas a gozar pero pronto descubres cual es esa sorpresa de la que no sabias nada. Comienzas a sentir otra lengua en tus pies. Estas flipando. Me dices que que coño pasa y te digo que es una sorpresa que te tenia guardada. Así que empiezas a relajarte y a disfrutar del momento.

Tienes una lengua en tus pezones y otra en tus piernas, mientras una sube la otra baja y parece que las dos se están juntando en un sitio en el que te mueres por sentir algo. Poco a poco empiezas a sentir que no hay nada de nata ya en tu cuerpo y que tu coñito esta chorreando. Al fin empiezas a gritar pidiendo que algo entre ya en tu coñito. Así que nuestro invitado quiere complacerte pero yo no le dejo. Aun no. Quiero que sufras un poquito más y hacerte estar lo mas caliente que puedas. Seguimos comiéndote enterita sin llegar nunca a tu conejito.

Ya no puedes mas y nos suplicas así que llega el momento de ponernos a jugar en serio. Te quitamos el pañuelo y descubres que el otro chico es Andrés. Nos miras a las poyas y ves que los dos tenemos unos buenos poyones. Así que mientras el te come el coño yo me echo un poquito de nata en mi capullo y empiezo a acercártelo a la boca y tu no dudas en empezar a comértelo.

Mientras me la estas comiendo Andrés cree que ya es suficiente de andar jugando así que se sitúa entre tus piernas, se las pone a los hombros y empieza a meterte la poya despacito. Pero tu no quieres eso, tu lo que quieres es que te follen salvajemente así que a voz en grito le dices que acelere, que ya no puedes mas y que te tienes que correr ya porque si no revientas. Entonces Andrés empieza a follarte más y más rápido mientras yo por mi parte te follo la boca y te voy acariciando los pechos.

Ya no aguantas más y te corres salvajemente. A la vez Andrés, al notar tus fluidos tampoco aguanta y estalla llenándote el coño de lechecita. Al veros en un éxtasis de orgasmos yo no quiero ser menos y empiezo a correrme en tu boquita y a darte esa lechecita tan rica que tanto te gusta. Como estamos tan cansados todos, nos echamos en la cama y nos ponemos a hablar de esta experiencia. Mientras lo hacemos, tu no dejas de meternos mano y de acariciarnos nuestras poyas hasta que se ponen muy duras. Cuando esto ocurre volvemos a la acción y comenzamos a comerte el coño los dos. Nos repartimos todo para poder comernos todos tus agujeritos.

Cuando no puedes aguantar más, me tiras a la cama y te subes en mi poya y empiezas a cabalgar. Empiezas a botar de unas formas increíbles. Andrés es ahora el que quiere correrse en tu boquita así que te pone la poya cerca de ella para que te la comas y la saborees bien. Mientras estas botando, le vas comiendo la poya a Andrés y empiezas a sentir calor, mucho calor y piensas que nunca habías tenido una sensación así. Notas que pronto te vas a correr y aceleras el ritmo al igual que sientes que Andrés se va a correr también. Le empiezas a comer la poya más y más rápido hasta que de pronto, mmmm… ese sabor vuelve a estar en tu boquita y estallas en un orgasmo increíble. Yo al notar tus fluiditos chocando con mi poya, no aguanto mas y me corro y empiezo a soltar mi lechecita en tu coñito dejándotelo lleno de leche

Menuda negraza la zorra esta. Tiene un culo de escandalo y unas tetas de infarto. Salen unos primeros planos de su enorme culo que quitan el sueño y te embrutecen la polla.
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Chupando culos negros disfrutaras del verdadero porno brutal.

Relato erotico de una bailarina erotica muy sensual. Ya me gustaria a mi ser el agraciado de este cuento, porque como la zorra mamando esta hay pocas en el mundo, ademas le gusta el porno brutal y en solo unas lineas nos cuenta todas sus posturas favoritas.

Cada noche iba como siempre al local donde trabajaba, un local donde me desnudaba lentamente y con sensualidad para poder ganarme el pan de cada día. Reconozco que era buena bailando y que ofrecía a los hombres lo que ellos querían ver, pero veían sin tocar, claro. Ningún hombre me llegó a tocar nunca, no formaba eso parte de mi trabajo. Me encantaba saber el placer y el deseo que provocaba a los hombres al mirarme, me observaban como perritos falderos, se relamían una y otra vez los labios.

Una noche llegó, mientras yo bailaba, un hombre de aspecto interesante, viril, corpulento, atractivo, se sentó en una de las mesas principales, no me quitaba el ojo de encima, me ponía nerviosa, pues podía sentir como sus ojos, su mirada se clavaba en mi cuerpo. Uuummm, me encantaba, me excitaba esa mirada tan penetrante, esta vez era yo la que deseaba ser tocada, tocada por ese hombre, por ese macho, por esas manos. Estaba cachondisima y no pude evitar el acercarme a él con un baile insinuante y poner su mano en mi coño, para que pudiera sentir la humedad que de él provenía, humedad que solo él había provocado.

Pronto se oyó el abucheo del resto de hombres que habían en el local, que si yo también quiero, que si vaya favoritismos….. Dejé de hacerlo para evitar problemas y seguí bailando sensual y provocativamente poseída por el olor que desprendía aquel hombre. Mientras, observaba como él se llevaba la mano a la nariz para percibir el olor que había dejado la humedad de mi coño, luego se llevó uno de los dedos a la boca, y comenzó a chuparlo. Me puso loca, tanto que me empecé a tocar mientras bailaba, mi coño, mis pechos,……… Llegó la hora de cerrar, ya todos los hombres, incluido él, se habían ido. Estando en mi camerino podía sentir aún el olor de su cuerpo, fogoso, caliente, me preguntaba si volvería a verlo, nunca me había pasado nada igual, nunca.

Eran ya las 5:00 AM. Me dirigía a mi casa, donde vivía sola, otra vez vuelta a la realidad, a la realidad de la soledad, maldita realidad!!!. De camino hacia a ella, me agarraron por detrás, tapándome los ojos con una mano, y mientras con la otra me tocaba el coño, era él, mi hombre misterioso, lo sabía por su olor. Me susurró al oído: ¿estás aún caliente?. Mi cuerpo se estremeció completamente al escuchar su voz viril, fuerte, potente, segura; –si– le contesté —aún lo estoy— Me tapó los ojos con algo y me dirigió hacía un vehículo. Yo me presté a su juego. Supuse que sería una limusina ya que el no conducía, nos montamos atrás. Empezó a besarme por todo mi cuerpo mientras íbamos de camino a no sé donde. Me lleno de sus caricias y sus besos por toda yo, por cada rincón. Sentía un morbo increíble y mi excitación iba subiendo por milésimas de segundos. El automóvil paró, me cogió en sus brazos y me llevó a una habitación que pude ver al quitarme la venda. Sería un hotel, me supuse. Se dirigió a la cama, y me indico que me fuese a su lado, yo accedí a su petición. Y como loca por la pasión me eché encima de él para poder sentirlo más de cerca, para poder dominarlo.

A él le puso loco mi iniciativa y comenzamos a quitarnos la ropa para poder contemplar la desnudez de nuestros cuerpos. Bufffff!!! Que cuerpo tenía!!! Tan bien formado, su pecho, todo!!!. Ya desnudos, tomé el mando, me subí encima de él y comencé a besar su cuello, recorriendo camino abajo hasta llegar a su enorme polla encendida, abrasadora, la besé y con mi lengua empecé a juguetear con la punta de su polla. Sus ojos se cerraban de gozo mientras me decía: sigue, sigue!!!, no pares!!! me vuelves loco!!! La introducí entera en mi boca y cogiéndola del tronco la meneaba de arriba hacia abajo.

La dejé jugosita, mojadita, de la miel de mis labios, mientras él jadeaba de gusto. Me dijo: acerca tu coño a mi boca!!!, lo coloqué en su cara, cambiando a la postura 69 y nos pusimos a comernos como locos. Del placer que me provocaba, el paso de su lengua por mi coño, se me olvidaba chuparle su polla, invadiéndome por completo el deseo, mi coño chorreaba a mares, estaba inundado. Levanté mi coño de su cara y de culo a él le dije: ¡¡¡méteme tu polla!!!. Se incorporó y cogiéndome de las caderas con sus manos introdujo su polla en mi agujero, hasta el fondo, me la metía y me la sacaba con sacudidas fuertes y suaves a la vez, inundándome más y más en el placer y en la locura. Me encantaba sentir sus manos en mis caderas.

Dejó de moverse, la sacó y se tumbó en la cama, yo me subí en su montura y comencé a cabalgar, a trotar, como una fiera en celo, como una loba, uuummm, ooohhh, si, si, sigue… me decía. Mi clítoris rozaba en su barriga al compás de mis movimientos, y ya sentía como mi cuerpo llegaba al clímax del deseo, y le dije: correte!!!, correte conmigo!!!. Estas palabras chocaron en él produciéndole la excitación máxima, pudiendo los dos llegar al orgasmo a la vez. Un temblor atravesó nuestros cuerpos, temblor producido por el deseo y la pasión, temblor de placer……… Acabamos los dos empapados en el sudor de nuestros cuerpos, yo encima de él y sus brazos rodeando mi cuerpo.

Desde este momento nunca volví a bailar para otro hombre, todos mis bailes estuvieron dedicados a él. Nunca más me sentí sola.

Otro relato erotico de relaciones que empiezan por la red, si es que las fantasias eroticas se pueden hacer realidad. Si es que hay zorras que disfrutan chupando gratis

Conocí a Laura por casualidad una fría tarde de invierno. Yo había entrado en un concurrido chat para huir del aburrimiento. Su hermoso nombre me llamó la atención y le envié un mensaje. Comenzamos a charlar de temas intrascendentes, pero la conversación fue tan amena y distendida que quedamos para otro día e intercambiamos nuestras direcciones de correo. A partir de ahí nuestros encuentros se hicieron habituales, primero en el ICQ y después con un programa que nos permitía comunicarnos usando nuestra propia voz. El intercambio de fotografías se hizo inevitable, y así pude apreciar su belleza serena, su tez blanca, su pelo castaño, sus labios sensuales, sus verdes ojos arrebatadores.

Nuestras conversaciones, que se prolongaron durante más de un año, aunque cálidas, siempre se movían en una línea de cordialidad propia de dos personas adultas : ella tenía treinta y dos años, yo lindando los cuarenta ; ambos casados, con hijos y con profesiones de cierta responsabilidad social. Pero desde un principio esa mujer extremadamente culta, inteligente y sobre todo imaginativa, logró hacerme sentir bajo el dominio de alguna exótica droga que me privaba de la conciencia de la realidad y me blandía a su capricho en una atmósfera de encantamiento y seducción que hacía abandonarme a un fascinante placer que ahogaba mi interior.

Mi deseo por ella iba creciendo y no es extraño que en alguna ocasión le hiciera alguna sensual insinuación, a la que ella, tímidamente, respondía con evasivas. Pero una noche, encontrándonos bajo los efluvios de alguna bebida alcohólica, le propuse entrar en un chat erótico y ella asintió. Estuvimos leyendo las conversaciones ajenas hasta que ella hizo un comentario : ” !qué real parece lo que aquí se describe!…”. Con gran excitación le dije : “¿quieres hacer el amor conmigo en este chat?”, y para mi gozo ella consintió. Yo me preguntaba hasta dónde podíamos llegar con nuestra fantasía.

Con cierto recato, pues siempre había sido muy comedido en mis expresiones, comencé a escribir :

“Laura, estamos en una playa desierta, te abrazo, siento tu cuerpo desnudo, tu piel de terciopelo fría y mojada … y te beso ; beso tus ojos con dulzura, con el roce apenas perceptible de mis labios …, y tu nariz, … mordisqueo el lóbulo de tu oreja derecha, te susurro al oído que te quiero y todo tu cuerpo se estremece al sentir el cosquilleo que te producen mis palabras. Beso tus labios y tú me acaricias el pelo. Mi lengua entra en contacto con la tuya. Siento su humedad, su calor, tu aliento refrescante, … y nuestras lenguas juguetean atrevidamente.

Te apartas de mí con brusquedad y me empujas sobre la arena, luego te tumbas a mi lado y me pides que siga besándote, pero no, ahora quiero admirar tu desnudez, ese cuerpo que hace que el deseo se haga más incontrolado. Las gotas de agua resbalan desde tu pelo, por tu cara, tu cuello y van a caer sobre tus pechos, y alguna más atrevida se posa en tus enhiestos pezones oscuros.

No puedo reprimir mi ansiedad, acerco mi boca a ellos y bebo esas gotas saladas, lamiendo tus pequeños pezones, succionándolos delicadamente los mordisqueo con suavidad. Tus pechos están duros, los acaricio con mis manos y siento que el deseo se apodera de mí.

Mi lengua juguetona recorre tu vientre, haciéndote cosquillas en el ombligo, y desciende más y más. Me pongo de rodillas ante ti y tomo una de tus piernas, la acaricio y chupo con mi boca los dedos de tus pies, pues sé que eso te gusta”.

Creí que mi excitación había llegado a su punto álgido, pero entonces ella tomó la iniciativa y escribió :

“Te quiero Sergio, me estás volviendo loca con tus palabras. Esto es muy real. Estoy muy caliente. Mi coño está hinchado y húmedo de lujuria … estoy acariciando mi sexo con mis dedos mojados en saliva …”.

En mis sueños yo seguía jugando, lamiendo los pies de Laura y recorriendo una y otra vez sus piernas, pero ahora fui directo a su sexo. Comencé a besarlo, y al contacto de mis labios ella se estremeció de placer, dejando escapar un gemido. Abrió sus piernas para permitir que mi lengua entrara en su vagina y sentí su calor y su humedad … La estaba penetrando una y otra vez, con mi lengua primero, con mis dedos después, al tiempo que acariciaba el clítoris en sentido circular, notando que ella, que movía sus caderas con frenesí dejando escapar el deseo por cada uno de sus poros, seguía vibrando de placer.

Nuevamente escribió Laura en el chat : “Ahora me toca a mí…”. Hizo que me echara en la arena, tomó mi endurecido y erecto falo entre sus manos y principió a acariciarlo suavemente. Con su dulce lengua y sus labios carnosos jugueteó traviesamente con él, chupaba el glande y poco a poco iba devorándolo hasta que acabó por engullir el pene en su totalidad. Bajaba y subía la cabeza con movimientos rítmicos y expertos que lograron transportarme a extraordinarias cotas de placer.

No pude contenerme más y se lo hice saber. “Si sigues así voy a correrme”. Entonces ella me miró pícaramente, con provocación y me dijo : “No, así no. Quiero que me folles, quiero sentir tu polla erecta en mi coño caliente, húmedo y blandito”. Y cambiando de postura se tumbó en la arena y abrió las piernas. Me puse encima, acerqué mi duro, palpitante y ardiente rabo a su sexo y comencé a penetrarla ; empujaba con suavidad sintiendo cómo las paredes carnosas de su vagina aprisionaban mi miembro y comencé a morderle la boca. Mis movimientos fueron haciéndose cada vez más bruscos a medida que sentía su excitación, oyendo sus gemidos de placer. Noté que temblaba y no pude controlarme. Mi polla explotó derramando dentro de su vientre un torrente de semen que inundó su vagina, mezclándose con el flujo de su excitación, fundiéndonos ambos en un orgasmo tan largo e intenso como nuestra imaginación quiso.

Y entonces desperté y volví a la realidad. Estaba turbado, enrojecido, sentía fiebre y palpitaciones … . Las palabras que Laura escribía habían conseguido despertar en mí tal grado de deseo y de lujuria que ahora necesitaba sexo en forma irracional y desmedida. Y lo tuve, le hice el amor a mi mujer con violencia, con pasión, como nunca lo había hecho,… y con traición, pues acariciaba su cuerpo pensando en el de Laura, me imaginaba en esa playa que ambos conocíamos recreándome con la fábula que acabábamos de inventar.

Desde ese momento no hacía más que pensar en ella ; era una obsesión enfermiza. Rememoraba esa charla y sentía el deseo incontrolado de repetir la experiencia, lo que me producía graves apuros, al conseguir la erección en el trabajo, en la calle …, y me preguntaba si sería posible alcanzar el placer de esa forma. Pero el deseo era mutuo y pronto surgió nuevamente la ocasión, aunque ahora usamos el programa de voz, lo que hizo que mi confusión fuera total, al impedir que pudiera discernir entre lo que era realidad y fantasía.

Esa noche yo estaba sólo en casa y ella empezó a hablarme. La escuchaba con una claridad absoluta, sus palabras resonaban en mi cabeza tan cálidas que pronto surgió la pasión y fue vencida la inicial vergüenza y recato, comenzando a expresarnos de forma desinhibida y espontánea. “Te abrazo -le dije-, te beso, …” . Ahora las frases eran mucho más excitantes, todo era más sensual, oyendo su dulce y sugerente voz.

Me tumbé en la cama, apagué la luz y cerré los ojos; desabroché mis pantalones y comencé a acariciar mi pene, que ya estaba en erección.

Laura me hablaba así :

“Sergio, llevo una falda corta, una blusa ajustada y mi ropa interior es tan sugerente que te volverá loco. Chupo con lujuria uno de mis dedos que ahora, muy despacio, resbala por mi cuello hasta llegar a mi pecho. Voy dejando un rastro de saliva en mi piel para que tus labios lo sigan. Empiezo a bajar, primero acaricio mi vientre con suavidad y por fin llego a mi sexo que te espera impaciente. Introduzco en él un dedo , luego otro, y otro. Está caliente, palpitante, húmedo y blandito. Quiero ser tuya, quiero sentirte dentro de mí… Estoy frotando el clítoris mientras imagino que es tu lengua y ello me sitúa al borde del delirio…”

Yo seguía moviendo lentamente mi mano a través de mi empinado falo y seguimos soñando: Estaba tumbado en la cama y ella sobre mí en sentido inverso. Su lengua chupaba mi polla dura con gran vigor y pronto fue engullida por su boca, al tiempo que movía sus caderas pidiéndome que la devorara, ofreciéndome su rosado sexo para que lo lamiera frenéticamente. Yo besaba sus vigorosos muslos y sus consistentes y redondeados glúteos, jugando con mi lengua alrededor de su vagina. Tenía frente a mi cara su coño mojado y entonces me hundí en su selva oscura para besar y chupar con fuerza el clítoris, mientras ella suspiraba de placer. Aquello me parecía simplemente fuera de este mundo. Ante mis ojos tenía también su culo estrecho, pudoroso, provocando mi curiosidad y mi deseo. Comencé a explorarlo con mis dedos empapados con el flujo que salía de su coño y comencé a penetrarla tímidamente. Así estuvimos jugueteando hasta que finalmente no pude resistir más, me levanté e hice que se pusiera inclinada de rodillas y en esa posición acerqué mi rabo a la entrada de su culo y comencé a penetrarla, primero con mucha resistencia, que pronto fue vencida con la ayuda de un poco de saliva, introduciendo en ella todo mi pene, que fuertemente aprisionado en las paredes del recto, se movía con lentitud : dentro y fuera.

Ella gemía en una extraña simbiosis de dolor y placer, pero la lenta cadencia del movimiento de mi miembro, acompañada con las suaves caricias que mi mano diestra prodigaba a su clítoris, la hizo llevar al éxtasis, sintiendo que ella llegaba al orgasmo, en el mismo instante en que mi pene descargaba en su culo un torrente de semen caliente, llevándome también a alcanzar la cima del placer.

Y en ese momento ambos regresamos a la realidad. Nos estábamos masturbando. Laura empezó a describirme cómo lo hacía. Sus ardientes palabras, sus gemidos entrecortados y sus jadeos me permitieron comprobar que se trataba de una excitación real. Sólo imaginar que yo era el responsable del placer que sentía esa mujer me enloquecía.

Cuando pensé que ya no podría experimentar nada más extraordinario percibí un silencio. Laura se detuvo, oí uno de sus profundos suspiros y por fin recobró la voz. Entonces me fue dibujando su cuerpo que era recorrido en la oscuridad por sus húmedos y juguetones dedos. Los guiaba nuestro deseo y se movieron con una destreza tal que llegamos a las más altas cotas del delirio. Sus palabras se agolpaban en mi mente y apenas podía asimilar lo que estaba sucediendo. Su voz sonaba tan suave que casi palpaba su aliento cálido en mi oído. Me habló de sus pezones endurecidos de excitación, del movimiento circular que imprimía a sus senos mientras yo le susurraba con delicadeza palabras apasionadas. Separó sus piernas y un ligero estremecimiento la recorrió por completo. Yo percibí entonces un suave gritito de placer y le pregunté la causa : estaba introduciendo los dedos en su coño mojado acariciando también el clítoris con suavidad. La descripción cesó y la llamé pero sólo me llegó una serie ininterrumpida de suspiros. Estaba llegando al orgasmo.

Por entonces mi mano se movía con destreza y rapidez alrededor de mi hinchada polla, pletórico de excitación ante las palabras que salían de la boca de Laura, sugiriéndome ahora que mojara mis dedos con saliva y frotara el glande, imaginando que era su boca, y así lo hice. La sensación fue igual de placentera y un espasmo recorrió todo mi cuerpo, precipitándose en torbellino la leche pegajosa que escupía el miembro viril sobre mi mano y mi pecho.

Nuestra turbación fue mayor. El orgasmo había sido auténtico. Desde ese día ya no pensábamos en otra cosa más que en convertir en realidad esta experiencia ; sin embargo, y por extraño que parezca, ninguno de los dos queríamos conocernos personalmente para no perder la magia de nuestros encuentros. Mi sueño erótico era poseer a Laura como lo había hecho hasta entonces, guardando nuestro anonimato. Y una gran idea pasó fugazmente por mi mente y fue madurando poco a poco, hasta que finalmente encontré el momento idóneo para llevarla a feliz término.

Un día pude dirigirme a su ciudad, aprovechando que mi mujer se había ido a la playa con mis hijos, tomé una habitación en un conocido hotel de lujo y la llamé a su móvil concertando una cita. A continuación cerré todas las ventanas dejando la estancia con una oscuridad absoluta, me desnudé, entré en el baño y me di una ducha que aplacó momentáneamente mi lujuria, me enrollé una toalla y me senté en la cama esperándola.

Ella acudió pronto a la cita. Llamó a la puerta de la habitación, yo quité el pestillo y me retiré al fondo de la estancia. Cuando entró pude adivinar su silueta. Era como me había imaginado. Su cuerpo delgado pero exquisitamente armonioso y lozano, no muy alta, con el pelo corto. Sus pechos eran pequeños, como a mí me gustan, pero duros, pujantes y bien erguidos ; sus glúteos finamente esculpidos ; sus piernas largas y bien torneadas. Vestía de forma sencilla pero con muy buen gusto : falda corta, que traslucía sus muslos recios, sus pantorrillas prominentes y su culo firme y prieto ; blusa con pequeños tirantes y zapatos veraniegos que dejaban al descubierto sus minúsculos pies ; pero aún mayor fascinación causó en mí el aire de elegancia y seguridad que desprendía cada uno de sus movimientos.

A oscuras, tanteando los muebles, no sin dificultad, llegó a la cama y se sentó junto a mí envuelta en un aura de misterio y provocación. Comenzamos a hablar. Su voz sonaba tan dulce y melodiosa como en las ocasiones anteriores. Nos besamos con pasión desmedida tratando de aprovechar cada segundo y revivimos nuestros encuentros imaginarios. Ella notó mi excitación y me dijo con una increíble seguridad: “amor mío, creo que conseguiré llevarte al éxtasis muy pronto…”. Hizo que me tumbara en la cama y tal como estaba, sin quitarse la ropa, besó mis labios y deslizó su lengua por mi cuerpo desnudo, por mi vientre y mi sexo. ¡Y ahora sí era real!… Chupó mi pene, lo introdujo en su boca y comenzó a acariciarlo, ayudándose con una mano, tímidamente primero y luego con movimientos más rítmicos que aumentaban su cadencia al sentir que mi excitación iba en aumento. Después bajó su lengua acariciando su base, chupando mis testículos que luego, de uno en uno, se introdujo en la boca con exquisita delicadeza.

Laura -le dije- “voy a correrme”, y ella exclamó “hazlo”, y siguió acariciando mi rabo empinado. Noté cómo el semen se deslizaba desde mis testículos, por todo el miembro, saliendo violentamente para ir dentro de su boca, que sin poder contenerlo lo derramó fuera de sí, esparciéndose por su cara y su cuello. Era la primera vez que experimentaba un orgasmo así. Nunca hasta entonces había eyaculado en el interior de la boca de una mujer y el placer que tuve al sentir que su lengua no se detenía en las caricias que prodigaba al glande mientras se producía la descarga del licor seminal fue indescriptible.

Exhausto seguí echado en la cama mientras ella se dirigió al baño. Escuché el ruido del lavabo y luego la ducha. A los pocos minutos ella salió y se tumbó junto a mí, dándome cuenta de que estaba desnuda. Charlamos nuevamente de cosas intrascendentes, y no había transcurrido media hora cuando ella cogió mi pene con sus manos y comenzó a acariciarlo de nuevo. Los besos apasionados se prodigaron ahora, como antes lo habían sido en la fantasía … y mi lengua recorrió su cuerpo, saboreando toda su piel: su cara, su espalda, sus pechos, su vientre, sus piernas, sus pies, y por fin llegué a su sexo y enterré mi lengua en la vagina, haciendo que sus piernas temblasen a causa del deseo. Su coño húmedo, muy caliente y blandito me pedía que lo follara sin demora.

Se puso de rodillas sobre la cama, apoyando sus manos en la almohada, y me acerqué a ella por detrás, jugueteando con mi enorme pene erecto alrededor de sus genitales, tocando con la punta sus muslos, sus glúteos, su ano, hasta que ella, descontrolada, me suplicó que la penetrara con fuerza, al tiempo que levantaba sus caderas y me decía : “quiero sentirte dentro, muy dentro”. Comencé a penetrarla lentamente mientras ella movía sus caderas gozosa. Mis embestidas iban en aumento poco a poco, tratando de disfrutar al máximo cada momento. Cuando mis testículos se unían a su vello púbico, ella echaba las caderas hacia atrás para sentirse penetrada lo más hondo posible. Movía sus caderas pausadamente hasta que mi pene volvía a salir, repitiendo este proceso una y otra vez, estallando en desinhibidos alaridos de placer.

Yo estaba ya a punto de explotar en un intenso orgasmo, cuando ella se detuvo, hizo que me echara en la cama y se sentó sobre mi tieso falo, metiéndoselo lentamente en su ardiente coño, comenzando a hacer lentos movimientos : arriba y abajo, para sentir y disfrutar al máximo aquella rigidez penetrando en sus entrañas. Entretanto emitía incontrolados gemidos de dicha, se chupaba uno de sus dedos y mordía una mano, mientras con la otra se frotaba el clítoris delicadamente, saboreando al máximo cada segundo de placer.

Nos besamos de nuevo y nuestras lenguas se unieron cuando simultáneamente experimentamos un prolongado e intenso orgasmo. Nuestros cuerpos se retorcían de placer y Laura gemía como posesa. Mi polla estalló de gusto, vomitando como manantial salvaje un torbellino de leche blanquecina y viscosa que se precipitó en su coño húmedo, cayendo después rendidos en la cama.

Allí permanecimos dormidos, perdiendo la noción del tiempo. Desperté antes que ella y vi cómo su cuerpo pequeño se cobijaba entre mis brazos sintiéndola más mía que nunca. Aproveché para acariciarla con suavidad, para oler su piel, para recorrerla con mi mirada en la penumbra del cuarto intentando grabar en mi memoria aquella fascinante experiencia. Al poco abrió los ojos y me sonrió llena de felicidad tal como pude apreciar a través de sus expresivos ojos. Después nos vestimos, tanteando en la oscuridad nuestras ropas, y sin que hubiéramos podido aún percatarnos exactamente de nuestra apariencia física, nos despedimos con un intenso beso. Ella se marchó en primer lugar. Yo lo hice a los pocos minutos, pagué la cuenta del hotel y regresé a mi ciudad, a mi hogar y a mi rutina.

Sigo chateando con Laura casi todas las noches y vivo con la esperanza de volver a sentir su cuerpo junto al mío. He meditado mucho sobre la insensata fantasía en la que me hallo inmerso, que me ha privado de lucidez en la percepción de la realidad. En todo caso, aunque esta historia concluya, sé que jamás podré olvidar a esa mujer que ha logrado seducir mi ser y ahogar con su magia las fibras más sensibles de mi percepción, colmándome de un placer tan sublime como jamás podré experimentar.

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Relato erotico de  un madurito de 50 casado en su primera cita con una zorra que conoce por la red.  Su primer encuentro si que es sexo brutal y apasionado.

Tengo 50 años, estoy casado y sin grandes problemas en mi relación y jamás pensé poder tener la experiencia que os voy a relatar. Hace un año, completamente aburrido en la oficina durante el tórrido mes de agosto madrileño, se me ocurrió entrar en Internet (instrumento habitual de mi trabajo) pero con el fin de pasar un rato y entretener la mañana. En una sala de chat conocí a una joven sudamericana y de una manera natural iniciamos una conversación que manteníamos casi diariamente. Con el tiempo fuimos adquiriendo una confianza mutua hasta el punto de comentar nuestros problemas personales y llegamos a hablar de sexo. Hablamos de los que más nos gustaba a la hora de tener sexo y que conoceréis vosotros también si seguís leyendo.

Como un juego acordamos un día tener un encuentro en una sala privada, planteando una situación virtual que a ambos nos apetecía. Mi planteamiento inicial consistía en que los dos estábamos vestidos de fiesta. Yo con smoking y ella con un vestido de raso de los que únicamente se sujetan con unos finos tirantes sobre los hombros. Con una música apropiada empezamos a bailar juntando nuestros cuerpos. Yo olía su perfume y notaba sus pechos aplastándose contra el mío, mientras mi mano enlazaba su desnuda cintura sintiendo la suavidad de su piel morena. Sus pezones duros marcaban el vestido, cuya tela era muy fina y eso me ponía aún mas excitado. Al poco y con la excitación de los cuerpos juntos mis labios buscaron los suyos y nuestras lenguas se entrelazaron. Nos dimos un beso caliente, largo… su lengua jugaba con la mía mientras sus manos buscaban mi cuerpo. Mis manos en sus nalgas las apretaban con fuerza hacia mi polla que empezó a endurecerse con el roce de ese cuerpo y el olor que desprendía.

Después mis labios descendieron por su cuello, lo que la hizo estremecer y excitar “estoy muy excitada, mira como mis pezones marcan el vestido, me siento húmeda mmmmm”. Mis dedos apartaron los tirantes de sus hombros y el vestido cayó al suelo, dejándola delante de mí, solo con un pequeño tanga de color azul que ocultaba su deseado coñito. Su piel morena se mostró en todo su esplendor. Sus pezones duros y oscuros atraían mi boca y comencé a chuparlos mientras apretaba sus pechos, tersos y firmes. No conseguía parar de comerlos, lamerlos, morderlos. Mientras mis dientes jugaban con uno de los pezones, mi mano apretaba el otro. Su respiración empezó a agitarse mientras sus manos apretaban mi cabeza suavemente hacía abajo indicándome el camino que deseaba que recorriera. Ella quería verme comiendo su coñito.

Mi lengua atravesó su vientre, plano como solo se tiene cuando no se ha alcanzado la treintena, y se enfrentó al pequeño tanga que impedía su paso. El olor de su sexo me llenó mientras empecé a mordisquear suavemente sus labios, al mismo tiempo que un gemido de placer quedaba ahogado en su garganta. Tiré del tanguita y por fin mi lengua pudo penetrar directamente a su clítoris que comí con ansiedad mientras ella estrecha mi cabeza contra su sexo.

- Cómeme el coño entero, chúpamelo así, aaahhhh sigue… sigue…hummmm mete tu lengua hasta dentro.

Yo sigo comiéndolo y veo como se mueve. Su cuerpo estaba sintiendo el mayor placer que haya sentido nunca. Entonces, mientras le chupo su clítoris, le meto mi dedo en su coño y siento todos sus jugos cayendo por mis manos. Los lamo todos, pues no quiero perder ni una gota de esa maravilla. El sabor de su flujo, su olor y su intenso deseo de placer me excitan de tal forma que mi polla no resiste mas retención y me desnudo, mostrándola tiesa, dura y humedecida por la excitación. Mientras ella se ha sentado en la cama y cuando me acerco toma mi polla entre sus manos y empieza a masturbarme, noto su aliento en mi capullo. Su mirada lasciva se clava en mis ojos reflejando su deseo y el de hacerme desear sus caricias.

- Cómete mi polla, quiero notar tus labios subiendo y bajando por ella, quiero ver tu lengua lamiendo mi capullo.

Pero ella sigue masturbándome con sus labios cerca haciéndome desear el momento en que mi polla se hunda en su boca… estoy excitadísimo. Ella comienza a acariciar mis huevos y sujetando mi polla pasa su lengua de abajo arriba, como si chupara un helado. Juega con mis huevos, los ponen enteros en su boca… Pero quiero toda mi polla en su boca, hundida en su boca. Al fin su boca se traga toda mi polla, que gusto tan intenso. Sigue masturbándome mientras chupa y lame mi polla por todas partes y yo estoy a punto de explotar, pero…la retiro de mí. No quiero terminar todavía. Quiero volver a sentir ese placer tan intenso.

- Ahora quiero que comas mi coñito hasta hacer que me corra – me pide ansiosa y deseando volver a sentir mi lengua en su coñito.

Se abre completamente de piernas y ella misma entreabre sus labios dejando ver ese interior rosado, apetitoso y húmedo donde mis labios y mi lengua empiezan a moverse con suavidad mientras introduzco mis dedos nuevamente en su coño. En unos segundos su cuerpo empieza a vibrar y su garganta a gemir de placer. Ahora mis manos ascienden por su cuerpo hasta alcanzar sus pechos y esos pezones tan duros que pellizco arrancando nuevos gemidos que mezclan el placer y el dolor…Miro su rostro… sus ojos cerrados y su boca entreabierta expresan claramente el placer que esta sintiendo lo que hace que mi excitación suba al máximo.

Sus gemidos aumentan y su cuerpo se mueve cada vez más rápido mientras mi lengua sigue acariciando su clítoris que se nota hinchado de tanta excitación. Entre gemidos me grita:

- Sigue, sigue… aaahhh!!! No puedo más, no puedo más.

Entonces un espasmo recorre su cuerpo y un gemido largo y prolongado sale de su garganta como muestra de todo el placer que siente, mientras el sabor y la humedad de su coño aumentan intensamente. Su gemido se repite una y otra vez disminuyendo poco a poco en intensidad hasta terminar relajada y casi exhausta.

- Pon tu polla entre mis pechos… quiero sentirla ahí, dura y caliente.

En cuando se la pongo toma sus pechos y empieza a masturbarme con ellos mientras yo sigo ese ritmo cada vez más rápido. El calor de sus pechos y la suavidad de su piel moviéndose sobre mi polla, su mirada lasciva en mis ojos hacen que mi placer aumente de forma cada vez más intensa. Ya no puedo mas y un chorro de mi leche caliente salta con fuerza desde mi polla hasta su cara. Verla tragando mi leche me dejaba cada vez mas excitado, ella me sigue masturbando hasta agotar mi leche que reparte por sus pechos y su vientre restregando mi polla sobre su piel suave y húmeda de sudor y placer.

Me dejo caer a su lado y los dos permanecemos juntos hasta que nuestra respiración se normaliza y podemos volver a enlazar nuestras lenguas en un beso suave y largo… Sin prisas.

Relato erotico que cuenta una mujer sobre su amance en la red. Las cosas tan guarras que se pueden escribir y lo que nos gusta al resto leer. Que disfruteis este relato porno

Hola amor:
No se todavía cual va a ser tu próximo mensaje. Pero lo que si sé es que estoy esperándolo con mucha ansiedad. Tengo ganas de ti hoy día no te imaginas como. Me puse a jugar un poco con Internet y buscaba a alguien que se te pareciera. Quería que sea una sorpresa lo que iba a hacer pero en ese momento no pude aguantar más. Entré a un portal en el que hombres y mujeres buscaban compañía. Empecé a ojear una que otra foto y no te imaginas lo que encontré… “Tu foto”. Estabas ahí!!! Mi adorado estaba en un portal de Internet. Y… desnudo!!! Que hermoso eras para mí. Empecé a indagar más respecto del portal y pude ver como se mandaban las fotos y se hacían los contactos. Así que me animé. Fui a un estudio fotográfico que conocía (una amiga lo atiende) y le dije que quería tomarme una foto como Dios me trajo al mundo. Pose una, dos, tres y muchas veces (hasta sospeché que mi amiga la fotógrafa se quería pasar de lista) pero cuando todo acabó ya tenía la foto elegida y todos los negativos de mi atrevida aventura. Regresé a casa y escanee la mejor estaba yo echada en una cama de la tienda y me hice un retoque con unas maripositas que encontré en el software. Estaba toda yo. Volví al portal y busque nuevamente a mi amado desnudo. Me inscribí en el y decidí escribirte: Hola, te dije, veo que la foto que te pedí la pusiste en un portal. Estas bello desnudo y mi muñeco parece un emperador en su trono. Todo erecto él. Cual un señor. Yo quiero ofrecerte algo que ahora aquel emperador se transforme y se deleite… mi foto!!!. Y te envíe aquella que con tanta dedicación retoqué para ti. Esperaba tu respuesta en cualquier momento por lo que me quedé en la máquina en total éxtasis y desesperación. Pasaron unos minutos y llegó la tan ansiada respuesta.

Que hermosa eres… Me dijiste. Tienes un cuerpo tan deseable que me gustaría tenerte a mi lado en este momento. Ven a mi amada mía!!!. Y yo me metí en la pantalla. Pasé por un sinfín de portales buscando el que te acogía. Pasaron segundos que me resultaron eternos. Pero, así es la tecnología, llegué por fin… y te vi. Me preguntaste si querías apagar la máquina para que nadie pudiera vernos. Yo dije que no!!!! Que al fin era solo un portal y que erramos solo imágenes que no iban a hacer daño a nadie. Ingresamos al sitio cama.com, era bella. Grande, acogedora, ventilada, llena de flores y en uno de los ramos encontré una tarjeta que me decía: “Bienvenida amada Maria Jesús. Ahora sí estamos juntos.” Tiernamente me abrazaste, me besaste y me alzaste llevándome a la cama. Yo estaba feliz!!!! Tenía a mi Daniel desnudo en sus brazos y sus manos me acariciaban toda mientras me extasiaba con sus besos. Mis labios estaban que gozaban con los suyos. Su lengua parecía un remolino de deseos que se introducía profundamente en mi. Sus dedos de la mano derecha empezaron a jugar con la Cuchi y con el potito que tanto deseaban sentir ese deleite. Me echaste en la cama con dulzura. Yo te pedí que te pararas un momento frente a mi. Quería deleitarme con tu imagen. Conocerte todo!!! Te di vueltas. Te acaricié todo. Sólo veía tu carita como cuando estabas en mis sueños. Llena de gozo y en espera del momento tan deseado por ambos. Tomé tu carita y la coloque en mis senos como invitándote a beber. Tu te deshiciste en halagos y besos y caricias con ellos. Mientras que tus manos no dejaban de trabajar. Una me acariciaba el rostro con total delicadeza, mientras que la otra empezó el juego añorado con su chuchi. Un dedito, dos deditos. Sentí ambos dentro de mí mientras que la Cuchi respondía con ardiente candor y rebalsaba sus juguitos. Tu mano ya estaba llena de ellos cuando te decidiste e introdujiste un dedo y luego otro en mi potito. Luego sentí tres (índice, anular, medio) que jugaban con mi potito y el pulgar que lo hacía con la lengüita de la Cuchi (clítoris). Suavemente, con ternura hacías rotar ese dedo y me llenabas de deseo y placer.

Sentí tus labios besar mi senos y bajar con su lengüita por mi vientre hasta llegar al lugar del dedo juguetón y reemplazarlo. Ahora era tu lengüita la que jugaba. Se introducía y salía constantemente. Llegó un momento en que se introdujo y se alzó dentro tocando un pliegue rugoso en el canal superior interno que me llenó de placer… era una lengua traviesa y larga… Mis jugos empezaron a salir a borbotones y veía como los tomabas todos con deleite e inmenso placer. Algo de ese jugo resbaló hacia mi potito lubricándolo aún más de lo que estaba. Esa lengüita loca no se hizo esperar, o ya lo tenía planificado, y se dirigió a él. Primero sentí una mordidita en mis nalgas, luego unos besos que absorbían y marcaban mi piel hasta que por fin sentí penetrar tu lengüita en mi potito. Al igual que la cuchi, una y otra vez… y otra… y ya no podía más y solté un orgasmo maravilloso. Fuiste rápido para no perder esos jugos y te los tomaste todos. Mientras tanto el muñeco no hacía más que crecer y engrosar. Estaba hermoso como su dueño!!! Mis dedos jugaban con el y se deleitaban también con sus bolitas. Me moví un poquito para no perjudicar a mi amado dejándolo que gozara con sus huequitos adorados mientras que yo, con lentitud y delicadeza, dirigía mis labios ante aquél magnifico emperador. Al principio fue sólo la lengüita la que se deleitó. La pasé por todo su cuerpo cilíndrico e inmenso. Toque su glande y el orificio chupándolo y saboreándolo con placer. Introduje mi lengua en ese agujerito pequeño que tiene el glande y empecé a darle vueltas. Sentí tu placer. Mi muñeco estaba ya por explotar. No lo permití. No quería todavía. Empecé a acariciar y besar a mis bolitas ricas mientras que mis manos jugaban con la punta del muñeco. Bajé un poco más y bese tu potito así como tu hiciste con el mío. Goce total!! Estuviste excitado al máximo. Ahí fue donde me percaté de que tenía uñas largas y de que no podía tocar tu potito sin dañarte (quise enseñarte lo que la medicina dice a gritos… el masaje anal en el varón produce un masaje prostático que lo deleita inmensamente!! pero las uñas me lo impidieron… pensé: “a la próxima me corto las uñas”).

Mientras tanto nuestros cuerpos jugaban y se deleitaban en un sinfin de placeres y jugos de ambos. No pudiste más y me miraste a los ojos como diciéndome: “Ven amada mía, seamos uno”. Te echaste sobre mi besándome locamente e introduciendo aquel hermoso miembro viril, mi muñeco, profundamente dentro de mi. El primer movimiento llevó a un segundo y este a miles y miles que parecían uno… el goce fue infinito. Un beso, un suspiro, un grito… y el olvido supremo de la vida. Fueron muchas las veces que hicimos el amor ese día hasta que nos dimos cuenta que estabamos en línea y que todo el mundo nos estaba viendo!!! Bueno, dijimos. Un amor así no debe ser oculto. Algo aprenderán de todo esto!! Y nos empezamos a reír… y besarnos mucho. Cada uno salió por distinta pantalla. Yo en la cabina privada y tu en tu trabajo. Pero, Oh! casualidad, cuando abrimos nuestros correos estaban llenos de mensajes de “pcvidentes” que nos felicitaban y preguntaban si era real lo que vieron o un montaje.

Dos rubias, muy monas e inocentes, con dos coletitas, demuestran lo que realmente son, unas zorras a las que les gusta hacer unas mamadas brutales y comer polla una mientra la otra está chupando culos.
Se puede ver en las fotos, como una de ellas es experta mamadora de pollas, y la otra gusta de lamer cojones mientras tanto.
También son folladas por el afortunado de turno, o mas bien es follado el por estas dos hembras en celo.
El tio mientras tiene una arriba cabalgandole, se le sienta la otra en la cara para que le haga una mamada brutal en el coño.

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