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Si te gustan las buenas mamadas, si te gusta ver gente chupando tetas, o incluso mamando tetas enormes, has llegado al paraiso del sexo con boca y mas…

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En este video porno podeis ver a tres zorras lesbianas chupando culos y coños. Las tres colocadas en fila en una escalera se lamen enteras sus cuerpos desnudos, mientras que cada una de ella no deja de tocarse su coño mojado. Se ve como estas maduras han hecho mas videos chupando ya que se las escucha constantemente gemir de placer. Despues de correrse todas ellas, se restriegan sus sudorosos cuerpos y besan sus bocas llenas de su leche saludando a la camara, pues solo es el principio de este video porno…

Bueno, en este video porno no os podeis perder el detalle de la mamada. Esta rubia de enormes tetas, se mete el rabo de su novio, que no es pequeño precisamente, hasta la garganta, esto si que entra en chicas tragando.
La puta, se contonea mientras el novio la graba, le enseña las tetas bajandose el bikini y luego se arrodilla ante la polla de su novio.
La forma en que la zorra traga leche también es digna de mención, pues pajea al novio hasta que sale el primer chorro y luego de nuevo se traga la polla hasta la garganta, para que éste siga corriendose dentro de su boca.
Le sale la polla limpia al tio.

Aquí tenemos a una tia de enormes tetas, que le pega una monumental mamada a un tío desde el coche. La zorra le saca la polla desde la ventanilla y empieza a tragarsela hasta que le llega a la garganta. Mujeres tragando polla como ésta hay pocas.
Dos buenas tetas acompañan la mamada que le da la tia a su victima. Que no duda en sobarle las tetas mientras la tia se entretiene en comerle la tranca.
Al final del todo, la tía traga leche, como experimentada madurita que está hecha.
En los videos chupando en los que aparece, siempre hace que te corras de gusto.

Disfrutó en la obra comiendo pollas, tragando leche y dejándose romper el culo

Siempre tuve complejo de polla pequeña. No sé si mis 14 cms. dan la media nacional, o si es verdad que el tamaño no importa; pero, lo cierto, es que hubiese preferido un buen pollón, de, al menos, 20 cms. a una lotería primitiva. Puede que este complejo influyera en la sensación que siempre me quedaba después de follar con mi mujer de que ésta no había quedado convenientemente satisfecha, pese a que me considero un artista comiendo coños. Muchas veces me desperté agobiado tras una pesadilla en la que se follaban a mi mujer y disfrutaba más que nunca la muy guarra.
Nuria, mi mujer, es una chaba de 39 años de muy buen ver. Tiene buenas tetas, aunque un poco caidas después de tres embarazos, y, sobre todo, un culo imponente, como para sembrar nabos. Es una madurita apetecible que cuando se pone minifaldas todavía pone caliente a más de uno que anda salido por ahí. Nuestra vida sexual puede considerarse normal (un par de polvos a la semana), y he logrado, después de varios años de insistencia, que mi mujer me la chupara, aunque cuando lleva un rato chupando o cuando sale líquido preseminal, siempre le dan arcadas y deja inmediatamente de hacerlo. De francés “bebido” nada, por tanto. Tampoco conseguí nunca, en quince años de matrimonio y varios más de experiencia prematrimonial, coger su culo, tan sólo alguna vez alcancé a introducirle mi dedo índice en el ano, teniéndolo que retirar rápidamente al decirme que tenía mucho dolor. Nuria, eso sí, se deja comer el coño todas las veces, dice que tengo una lengua maestra, y eso me hace sentir halagado por una parte y agobiado por otra, pues siempre se refiere a mi lengua, nunca a mi polla de 14 cms.. Nuria me dice que tiene buenas corridas, aunque tampoco nunca conseguí follarla más de una vez en un día. Soy empresario de la construcción y Nuria desde hace algunos meses me acompaña al trabajo, haciendo labores de secretaria. Ha ido adquiriendo experiencia en este tiempo, tanta que ya hace sola algunos presupuestos y que, incluso, controla la evolución de algunas obras. El negocio nos va muy bien y en este momento tenemos en la provincia de Málaga más de cinco obras en marcha. A veces pido a Nuria que vaya sola a algunas obras, dividiéndonos así el trabajo. Mis encargados, al principio, tuvieron reparos en admitir a una mujer dirigiendo sus tareas, pero, poco a poco, van confiando en ella, y se dejan gobernar. Especialmente me llamó la atención el cambio de aptitud de Miguelón y su cuadrilla, que hacen una reforma en Torremolinos y que de parar la obra al principio no admitiendo los consejos de mi mujer, han pasado a no dar más la lata, hasta el punto de no saber nada de ellos desde hace algunas semanas. Nuria se encargaba todos los días de dirigir la reforma.
Hace una semana me decidí a visitar la obra de reforma de Torremolinos, por sorpresa, quería conocer la evolución de la misma y no avisé a mi mujer, pues se enfadaba cuando seguía sus pasos, pues parece que no confiaba en ella, según luego me regañaba. Así que esperé a las seis de la tarde, cuando todos los obreros dan de mano, y me fui a la obra. Era la reforma de un local comercial para un supermercado, más de 1.000 metros cuadrados, y nos quedaban sólo dos meses de plazo para terminarla. Cuando llegué, la puerta de acceso a la obra estaba cerrada y ya se había ido todo el mundo. O eso creía yo, pues oía de fondo un ruido muy raro, de varias personas, que procedía de la obra. Como nadie me esperaba, y tenía copia de las llaves de acceso, me colé con sigilo en el local, a ver qué estaban haciendo. Al final, en una de las habitaciones, todavía en bruto, parece que había una luz tenue y, a medida que me aproximaba, era más fácil distinguir los sonidos, jadeos extraños por una parte, risa y alboroto por otro. Las paredes de la habitación todavía estaban en ladrillo tosco, con algunos boquetes por los que se podía ver el interior, y a uno de ellos me asomé, descubriendo una escena que por poco provoca mi desmayo: Miguelón estaba morreándose con Nuria, los dos de pié. Mi mujer con las tetas al aire y su minifalda subida hasta la cintura. Tres obreros más de la cuadrilla miraban la escena sentados en una esquina de la habitación y bebiendo cervezas, mientras que otro, de pie, se pajeaba contemplando la escena. Miguelón besaba a mi mujer con frenesí, como queriéndole comer la lengua, le chupaba la boca mientras con las dos manos la aproximaba hacia sí agarrándola por el culo. De pronto le comía la boca con violencia, como pasaba a chuparle el cuello o a comerle las tetas, manteniendo siempre bien agarrado el culo, apretando y separando los cachetes de mi mujer.

- Fóllate a esa putona, Miguelón, follátela bien que ahora vamos nosotros. Así, así, señora Nuria, vamos a follarte mejor que el cabrón de tu marido. Ja, ja, ja…, y no paraban de beber cerveza a gañote y de decir improperios.
Miguelón, de pronto, apartó las dos manos del culo de mi mujer y las llevó hasta sus hombros. El dedo pulgar de la mano derecha lo metió en la boca de Nuria, que lo chupaba como un caramelo, con una cara de ramera que jamás le había visto, mientras que con la mano izquierda empujaba el hombro hacia abajo, provocando que Nuria se pusiera en cuclillas. De pronto, la cara de mi mujer estaba ante el paquete impresionante de Miguelón, que, aunque llevaba pantalones americanos, hacía ver un enorme bulto que, sin duda, mi mujer conocía muy bien por la confianza con la que abría su portañuela e introducía una de sus manos. De la bragueta de Miguelón salió una polla de considerable tamaño, mucho más grande que la mía, descapullada, sobre la que Nuria se avalanzó despavorida. Me sorprendió el comportamiento de Nuria, que a duras penas quería comerme la polla, cuando chupaba con gula el enorme capullo que se le mostró delante. Nuria engullía la polla de Miguelón con maestría, sin duda había aprendido mucho en los últimos meses. Se introducía en la boca los casi 20 cms. de Miguelón para luego sacarla completamente y hacer como si se pintara los labios. Daba lametazos, escupía la polla antes de introducírsela otra vez casi entera, recorría el tronco de Miguelón hasta su base, casi haciendo perder el equilibrio del encargado que todavía tenía los pantalones por los tobillos, besaba los huevos sudados de Miguelón, se los metía en la boca y los chupaba como una loca. Miguelón jadeaba y disfrutaba, haciéndome un cabronazo, y mi mujer no paraba de darle placer con su lengua. Nuria agarró la polla de Miguelón por su base con las dos manos y empezó a hacerle una paja de campeonato a mi encargado mientras mantenía el capullo en la boca, dando lenguetazos, cuyos chasquidos yo escuchaba a la perfección, a pesar del jaleo que armaban los tres cerveceros mirones. De pronto Miguelón comenzó a tensar los muslos y los gemelos poniéndose de puntillas y lanzando un aullido que rompió mi corazón. Estaba corriéndose en la boca de mi mujer, con abundancia, tanta que Nuria abría la boca y apenas podía contener la leche del encargado que salía a borbotones inundando la boca, la cara, incluso el pelo de mi mujer, que estaba echa una verdadera guarra, y que disfrutaba con lo que hacía.
Mientras Miguelón se relajaba y quedaba exhausto, mi mujer le limpiaba la polla divinamente, como queriendo dar vida nuevamente a la serpiente que tenía delante. Mientras tanto, el obrero que de pie se pajeaba viendo a mi mujer y a Miguelón, se acercó rápidamente a mi mujer, y también ofreció su polla a la boca de Nuria que nada más abrirla recibió otra descarga tan abundante como la del encargado. El obrero lanzaba trallazos de leche que cubrían la cara de mi mujer, que aunque lo intentaba, no conseguía captarlos todos con su boca. Allí estaba Nuria, mi mujer, que casi todas las veces se hacía conmigo la estrecha, de rodillas en la obra recibiendo leche a raudales, con las tetas al aire, la falda zafada y el pelo y la cara llenos de lefa, con una cara desencajada, pidiendo más guerra, como una putona en celo.
Cuando mi mujer hubo terminado de mamar, Miguelón y el otro se apartaron a una esquina para beber una cerveza, y los tres obreros que antes observaban, se reían y decían improperios, se pusieron de pie y se dirigieron al centro de la habitación, donde Nuria estaba todavía de rodillas.

- Ven, levántate putita, que esto todavía no ha sido nada, le decía uno de los obreros ofreciéndole la mano para que mi mujer se pusiera de pie.
Mientras, los otros dos obreros, cogían dos bidones de la obra y separándolos un par de metros colocaban en lo alto varios tablones de madera, creando como una mesa rudimentaria que les llegaría a la altura de la cintura. Nuria se puso de pie y el obrero que la alzó se fue con la mano directamente a su coño, separándole las braguitas, y metiendo un par de dedos en su chocho. Mi mujer debía estar muy mojada y caliente, pues los dedos entraron con mucha facilidad y las bragas se veían chorreando. El obrero, con dos dedos en el chocho, le tiraba del pelo hacia atrás y acercaba su boca al oido diciéndole cosas guarras que todos escuchábamos.

- Cómo me gustas jefecita. Hoy te vamos a partir el culo, lo sabes, te vamos a follar bien follada, y tu maridito de los cuernos no va a poder entrar por la puerta. Ah, jefa, y después de follarte quiero que me dés un anticipo, sabes. Pídele dinero al cabrón de tu marido para nosotros, que todos lo días vamos a darte tu ración de polla, como te mereces.
El obrero acercó a mi mujer hasta la zona de los tablones, tirándole de los pelos y le ordenó:
- Ahora desnúdate enterita para nosotros y danos un besito en la polla, putona, que lo estás deseando.
Nuria se quitó la falda y las braguitas quedándose únicamente en tacones, mientras que los tres obreros apostados enfrente se deshacían de sus pantalones y camisetas. Estaban sucios y sudados del día de trabajo y se movían sus hermosas pollas apuntando a mi mujer. El que lideraba el grupo, tenía una polla de enormes dimensiones, unos 25 cms. diría yo (qué envidia), con un capullo oscuro y un calibre impresionante. Era un pollón de campeonato que apuntaba al cielo con potencia. Los otros dos también calzaban buenas pollas, una de unos 18 cms. y otra de más de 20 cms. Sin duda, mi mujer se iba a dar el lote, la muy putita. Nuria se agachó y comenzó a chupar el mástil de 25 cms,, pajeándolo al mismo tiempo. Los otros dos obreros se aproximaron, y mi mujer comenzó también a propinarles lenguetazos en sus respectivos capullos. Cuando las pollas estaban en plenitud de acción, el dueño del superpollón, que dominaba a mi mujer dijo.

- Vamos a darle su merecido a esta putita, compañeros.
Entonces mi mujer, que, sin duda, no era la primera vez que hacía esto, se subió a los tablones alzando el culo y poniendo su coño chorreante a la altura del pollón de 25 cms. El obrero no hizo mucho esfuerzo para clavar entera la polla en el coño de mi mujer, mientras que Nuria jadeaba como nunca la había escuchado y se inclinaba hacia atrás comiéndose al mismo tiempo las pollas de los otros dos obreros, entre lamentos y quejidos de placer. La enorme polla del obrero penetraba a mi mujer con potencia hasta que mi mujer tuvo las primeras convulsiones. Estaba corriéndose como una loca y no dejaba de comerse las otras dos pollas.
Cuando mi mujer se hubo corrido el obrero sacó su polla de 25 cms. y comenzó a refregar su capullo en el clítoris de mi mujer, que seguía entonces corriéndose sin parar. Los otros dos obreros excitados comenzaron a eyacular abundantemente en la cara y la boca de mi mujer, que aguantaba los lechazos y que se derretía de gusto con la polla que acariciaba su clítoris y que demostraba tener mucho aguante.

- Ahora voy a follarte el culito, putita. Te gusta mi polla verdad, pues ya nunca tendrás que hacer esfuerzo para cagar, puesto que te voy a romper el culo. Seguro que el cabrón de tu marido nunca te ha follado como yo te voy a follar.
El obrero cogió por la cintura a mi mujer, que todavía escupía leche a raudales, y la puso a cuatro patas en la mesa, para comerle el culo con muchas ganas. Yo creo que Nuria se corría de gusto otra vez. El obrero, mientras le comía el culo a mi mujer, llevaba la mano a su boca y a su cara, coleccionando restos de leche de las corridas de sus compañeros, y metía la leche en el culito de mi mujer para que le sirviera de lubricante, metiendo primero un dedo, luego dos, hasta tres, sin que la puta de mi mujer rechistara; todo lo contrario, echaba el culo hacia atrás como queriendo que esos dedos la penetraran más profundamente. Cuando el culo de Nuria estaba bien lubricado, el obrero cogió en brazos a mi mujer y la puso de rodillas a cuatro en el suelo, como una perrita. Se dispuso detrás de ella agachándose y apuntó al orificio anal de mi mujer que chorreaba saliva y leche. Yo pensaba que ese pollón no lo aguantaría Nuria, pero, sin embargo, resistió estoicamente. Sólo dio un gritito de sufrimiento cuando el obrero apretaba su capullo con fuerza contra el esfínter anal de mi mujer. Pero una vez que traspasó la barrera, el obrero introdujo poquito a poco su enorme polla en el culo de mi mujer, que lo movía en círculos y gritaba más y más como poseída. El culo de mi mujer estaba tan estrechito que, sin duda, esto haría que el obrero, con su enorme pollón de 25 cms. se corriera pronto en las entrañas de mi mujer, dejándose entonces caer sobre ella y comiéndole la nuca en ese momento. Nuria cayó también sobre el suelo con la cara de lado, desencajada, mirando hacia donde yo miraba por un boquete. Estaba guarra, muy guarra, con el pelo pegajoso, todo el maquillaje corrido, la cara llena de leche, y un enorme obrero, sudoroso y satisfecho, sobre su espalda, con una polla de 25 cms, en su culo que había sido la delicia de mi mujer.
Pronto todos los obreros y Miguelón el encargado comenzaron a recoger, mientras mi mujer continuaba en el suelo, yaciente, totalmente salida, corrida, satisfecha. El obrero del superpollón hizo una seña a los otros y todos se acercaron en corro a mi mujer que, sabiendo lo que le esperaba, se volvió y se tumbó entonces boca arriba.

- Y ahora, una duchita calentita, para que el cabrón de tu maridito no piense que has follado en la obra.
Las cinco pollas apuntaban al cuerpo de mi mujer, comenzando a mear sobre ella durante un buen rato. Nuria solo cerraba los ojos y retozaba en el suelo encantada, como si de verdad fuera una ducha relajante lo que le ofrecían los obreros.
Aquella tarde descubrí que en casa tenía toda una puta, un putón verbenero, que sí que disfrutaba con la pollas grandes, con lo que yo no podía darle. Pensé entonces en irrumpir en la habitación en obras y provocar un escándalo, pero opté finalmente por salir nuevamente con sigilo e irme llorando y desesperado. Llevé al coche hasta un descampado y recordando las escenas que había vivido, comencé a ponerme cachondo y me hice una paja de campeonato. Desde entonces, Nuria dirige casi todas las obras, siendo el encanto de todos los encargados y obreros de la cuadrilla. Eso sí, he tenido que subir el sueldo varias veces a toda la plantilla y todas las noches, cuando vuelve a casa, me deja olisquearle el coño y comérselo, notando yo unos sabores raros, que cada vez me gustan más, y que ella comenta que son producto de los desarreglos hormonales propios de su edad. Me he vuelto un cabrón consentido, ¿me estaré volviendo también maricón?, cualquier día salgo yo también a buscar una polla de 25 cms. que resuelva mi curiosidad, y, sobre todo, mi complejo de polla pequeña.

En este video podemos ver a una francesa mamando la polla de su novio de una forma nunca antes jamas vista.
El tio esta sentado en la cama con la polla al aire y la tia le pone el coño en la boca, echando el cuerpo hacia atrás, como haciendo el puente, y se traga la polla del novio cuando llega abajo. Sin duda la muy zorra ha tenido que practicar una y otra vez chupando pijas. En esa postura tendrá que tragarsela entera mientras está tragando leche para que no se le derrame ni una sola gota a la puta.

Aquí encotraremos a Jasmeen Maroc, una mulata de ensueño, dandole una tremenda mamada a un cabrón. La mulatita, relame la polla de éste desde los cojones hasta el capullo, para luego metersela entera en la garganta. Jasmeen Maroc, es una de las mujeres tragando polla que mas disfruta. Se nota que le gusta hacer su trabajo, por la mirada que le echa al tio mientras se la está chupando.
Estas pornstars, no dejan de enseñarnos zorras culos mientras están tragando leche.

En este video podemos ver a un tio chupando culos.
El tio le abre el ojete a la zorra de turno y le empieza a dar lenguetazos hasta hacerla chillar de gusto. Le mete la lengua en el culo y se la baja hasta el coño para luego volver a subir y lamer.
Las mamadas están garantizadas, mujeres tragando leche hasta desbordarse.

En este video porno, podemos encontrar a una chica koreana, chupando gratis la polla de dos tios.
La muy puta se deleita en cada una de las pollas con un lento ritmo propio de la paciencia oriental.
Pasa su lengua por el capullo de la polla, y lo ensaliba bien, para luego tragarse la polla hasta la garganta. A la muy guarra le gusta estar tragando leche sin parar, por eso elige dos tios, ya que con la leche de uno no tiene suficiente.

Chupar una polla a un hombre es uno de los más puros placeres en la vida. Es triste pensar que muchas mujeres no aprecian lo divertido que puede ser. La razón es que no saben cómo hacerlo correctamente y así no acaba por ser divertido. Porque si lo hechas a perder, no conseguirás tu premio. La polla no se endurecerá, el hombre no pasa un buen rato y la mujer siente el fallo. Pero aquí vienen las buenas noticias: es fácil aprender a ser una fabulosa chupadora de pollas. Y voy a decirte exactamente cómo.

No tiene importancia el lugar que escojas, puede ser en casa en la cama o aparcada en el Bulevar del Ocaso, pero busca todo el nivel de intimidad que necesites para sentirte relajada y cachonda. Para el propósito de este libro, digamos que estás en un sofá. Estás con un hombre que le gusta y sabes que a él le apetecería una buena mamada en este momento.

Deslízate en el suelo entre sus piernas y abre su bragueta. Busca y palpa su polla. Si está caliente para ti, ya estará dura. Si es nervioso, puede estar aún doblada en sus calzoncillos. Mantén agarrada su polla y sube a su cara y bésale. Observa si puedes sentir una respuesta abajo. Cualquier movimiento es una buen signo.

Ahora sácale la polla y mira cómo está. Si está tiesa, lo estás haciendo bien, en otro caso, aquí está el que hacer: Sácale las pelotas. Si los pantalones están muy tirantes, bájalos. Ahora sujeta sus pelotas en la mano izquierda y la polla en la derecha. Apriétala poco a poco hacia abajo en dirección a la base del mango y dispónte a chupar.

Recorre tu lengua sobre tus labios para tenerlos listos y húmedos y mira la cara de tu hombre. El quiere mirar como le chupas. A los hombres les gusta mirar. Ahora abre tu boca ligeramente para atormentar y excitar a tu hombre y acércate junto a su polla. Respira en él, sóplale con tu aliento caliente. Saca tu lengua de nuevo y tócale, atorméntalo.

Asegurándote que tu lengua está goteante de humedad, comienza en la base de su mango y lame hacia arriba, lentamente. Gira tu cabeza de lado y simula morderle, suavemente colocando tus dientes en su carne.

Humedécelo de nuevo con tu lengua y usa tu mano para esparcir el líquido alrededor si es necesario. Una polla húmeda se ve i suena más cachonda que una seca.

Tu izquierda entretanto está tocando sus pelotas, quizás arañándolas ligeramente con tus uñas. Puedes también querer buscar debajo y detrás de las pelotas para encontrar ese área tan sensitiva justo antes del ano, o incluso pasar tus dedos sobre su agujero muy levemente. Ya que el músculo que causa la erección comienza ahí atrás, esto producirá una reacción en su polla.

Después que hayas lamido su mango un montón de veces y está todo húmedo y duro, tu hombre comenzará a retorcerse con frustración si no comienzas a tomarlo en serio. Una rápida mirada a su cara te hará saber cuando estás llevando las cosas demasiado lejos. Atormentar es bueno… hasta un punto. Un poco de experiencia chupando pollas te enseñará cuando se ha alcanzado este punto. En uno de tus balanceos hacia arriba con su lengua, desde la base de su mástil al borde de su capullo, no te detengas.

Continúa tu larga, húmeda lamida sobre la punta de su polla, insistiendo en el agujero del centro. Mantén tu lengua en él, si puedes, pero no chupes su cabeza aún.

Ahora recorre con tu lengua el borde de su capullo, por todo el contorno, haciendo frecuentes pases por la piel tierna encarada hacia ti. Aquí es donde la mayoría de los hombres son más sensibles. íPero no todos los hombres! Hay una cosa que una buena chupadora de pollas tiene que aprender a hacer, tan pronto como estés cómoda, que es: Hacer preguntas. Cada hombre es único, y también su polla.

Estruja el mango y mira si brota un líquido claro. Si lo hace, baña tu lengua en él y espárcelo. Se extenderá contigo y parecerá fantásticamente erótico a tu compañero. Ahora, muestra como te gusta la sustancia.

Acércate a la cabeza de la polla como si fuese un helado de crema de chocolate y mete todo el capullo en tu boca caliente. Manténlo allí.

Escúchale gemir. Ahora baja rápidamente y mete tanta polla como pueda caber dentro de tu boca. No temas, no te ahogarás. Si doblas tu cuello de la manera correcta, puedes meterla limpiamente en tu garganta.

Permanece así, con la polla dentro de tu boca, durante un momento. Siéntela dentro tuyo. Esto puede ser al menos tan exquisito como tenerla en tu conejito. Crece en ti. En este momento puedes hacer varias cosas. Esta es una de ellas:

Deslízala hacia atrás hasta el extremo de la polla y chasquea tu lengua contra ella. Tu hombre tendrá un hormigueo ahora, queriendo profundizar más en tu garganta. Pero no le dejes imponerse. Si lo hiciera, se correría en dos minutos y esto es divertido?

Moviéndote tan rápido como el pueda aguantar (no le dejes correrse aún), deslízate arriba y abajo por su polla como si estuvieras follándolo. Si está muy cerca de correrse, para, o al menos frena. Si no puedes introducirla hasta el final, puedes engañarlo un poco usando tu mano derecha para completar la sensación de tragártela a fondo. Parecerá como si la hubieses metido por completo en tu boca y hasta lo sentirá igual. Puede también deslizar tus dedos, moviéndolos en forma de O alrededor de su mango, arriba y abajo con el ritmo de su chupada.

Esta es otra cosa. Además de sólo meter la polla en la boca, puedes mamarla que es bastante diferente. Hay mamadas profundas y pequeñas y ambas sientan condenadamente bien. Tu hombre puede tener una preferencia, no obstante, así que observa sus reacciones.

Tomando tan sólo el capullo en tu boca, mámalo como si fuera un pezón o un pajita. Esto le sienta tan bien al hombre, que me pone el conejo caliente tan sólo pensar en ello. La otra mamada es larga, profunda, en la que tomas la polla completa y la mamas todo el tiempo hacia arriba como si fueras un aspirador y después abajo y lo haces de nuevo, mamando hacia abajo también.

Aquí hay una cosa importante que saber: Cualquiera de estos movimientos sentirán bien las primeras pocas veces o más, pero tras un rato, es como si la polla se vuelve inmune al sentimiento. Cuando notes esto, es el momento de cambiar al siguiente juego. No querrás que la polla se vaya a dormir. La quieres constantemente estimulada, casi, pero sin llegar, al punto del orgasmo.

Que es justamente donde estamos ahora. Tienes una furiosa erección en tu mano derecha y unas pelotas algo tensas en tu izquierda. Echate atrás y obsérvalo, no es bello? Lleva tu mano derecha a la base de la polla y aprieta allí. Esto provocará que el mango se llene y espese, y ahora el capullo estará brillante y suave. Continúa manteniendo la polla en tu boca y chupa y prueba todos tus movimientos variados hasta que sepas que el hombre no puede soportar más y va a dispararse.

Lo que hagas ahora es entre tú y tu amante. Personalmente, yo prefiero observar el disparo. Me proporciona imágenes para mis sueños húmedos y además, es emocionante ver la leche a borbotones. Es asombroso cuanta cosa sale y lo lejos que llega el disparo. Si quieres mirar, lo sentirás venir con su mano derecha y sabrás cuando apartarte. Puede incluso intentar coger algo con tu lengua si eres rápida. Puedes querer tragarlo, algunas muchachas lo hacen, y a montones de chicos les gusta que se lo traguen. Ten cuidado de retroceder un poco cuando estalle o si no te atragantarás y esto no es muy romántico. Cógelo en tu boca, manténlo allí y después lo tragas.

Otra solución, y esta también es bonita, salvo que estés haciendo el amor donde no puedas ensuciar, es dejar los tibios, maravillosos jugos derramarse en tu boca y entonces deslizarlos alrededor de la ya húmeda polla. La hace tan escurridiza y deliciosa de tocar! Querrás recorrerla con tus manos, sintiendo la polla dura hacia arriba, esparciendo la reluciente leche sobre el capullo. Esto también crea una estupenda imagen sensual, para ti y para tu hombre.

Ahora le has hecho a tu hombre una mamada que no olvidará. Créeme, si sigues mis instrucciones, este tipo querrá saber más sobre ti. He oído a los hombres que una mujer entre cincuenta sabe como hacer una buena chupada. El resto actúa como si fuera un gran favor. Lo que es otro punto que debo remarcar. Si no te gusta chupar y has intentado aprender a que te guste y todavía no funciona, no te rindas. Quizás te guste con el tiempo. Los hombres dicen que las mujeres mayores son mejores chupadoras.

Pero debo advertirte, hay un montón por ahí a las que nos gusta chupar y vamos a ser una dura competencia para las que sois tímidas. Conozco mujeres que incluso tienen orgasmos chupando pollas.

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