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Relato erotico filial entre un chaval y su tia que no habian disfrutado del sexo brutal hasta que se encuentran el uno al otro, aunque para no haberlo hecho nunca saben realmente como disfrutar con unas buenas penetraciones y mamadas.

Navegando a través de Internet me encontré esta página de relatos eróticos, de los que siempre he sido un gran seguidor, puesto que creo que excitan más que incluso ver una película porno. Antes de comenzar la historia que voy a contar, diré que es totalmente verídica y, que no hay nada de inventiva en la misma.

Para situarnos en la historia, presentaré a los protagonistas de la misma, que no son otros que mi tía María y un servidor. Los acontecimientos se desarrollaron hace aproximadamente 12 años, cuando yo tenía 22 y mi tía 47. Mi tía, la cual es hermana de mi madre, siempre ha vivido con nosotros y para mí ha sido como una segunda madre, es decir, me ha visto nacer, por lo que siempre hemos tenido mucha confianza el uno con el otro.

Con la entrada en la época de adulto, yo empecé a fijarme cada vez más en mi tía y en las mujeres maduras, que aunque no dispone de un cuerpo espectacular, sí hay que decir que se conserva muy bien para la edad que tiene, es decir, posee unos pechos muy bien puestos y un culo de los que yo llamo respingón.

Yo notaba que a medida que iba creciendo, cada vez se fijaba más en mí, al igual que yo en ella. Al tener mucha confianza no dudaba por ejemplo en entrar al cuarto de baño donde estaba yo para coger cualquier cosa, así que en más de una ocasión me pilló haciéndome una paja, claro que yo tampoco me quedaba corto, y cuando tenía la menor oportunidad intentaba verla cómo se desnudaba en su habitación, aunque nunca llegué a verla por completo. También aprovechaba cuando ella no estaba para ir a su habitación y cogerle las bragas y los sujetadores y a masturbarme pensando en ella.

Mi pasión por ella iba en aumento, y soñaba con poderla ver cualquier parte de su hermoso cuerpo. Siempre estaba al acecho, y así por ejemplo, estando en la playa junto a ella pude verla cómo asomaba parte de su pubis negro por la entrepierna, pero cuando ella se dio cuenta, enseguida se lo colocó.

Como íbamos a veranear toda la familia junta, es decir, mis padres, mi hermano y abuelos, nos teníamos que amoldar en la casa que tenemos en Almería, así que yo me las ingeniaba para dormir con ella, ya que mi hermano no soportaba dormir con nadie. Creyendo que yo me encontraba en un profundo sueño, y al despertarse antes que yo, aprovechaba para vestirse en la misma habitación, pero lo que no sabía es que yo me encontraba despierto, por lo que la pude ver en alguna ocasión cómo se bajaba el pantalón del pijama para ponerse las bragas, y me mostraba su hermoso culo blanquecino. En otra ocasión, al tumbarse en la cama y ponerse las bragas, la pude ver su coñito negro. Huelga decir, que tras irse de la habitación, lo primero que hacía era cascarme una paja pensando en el hermoso espectáculo que me había brindado.

En una ocasión, yo me desvelé a media noche y encendí la luz de la mesita, y la girarme pude ver cómo mi tía tenía el camisón subido hasta casi la cintura, por lo que mostraba parte de su monte de venus y culo. Yo no podía creer lo que estaba viendo, y mi corazón empezó a latir a mil por hora. Sigilosamente me levanté y empecé a masturbarme delante de ella, intentando hacer el menor ruido posible. Cuando me encontraba en plena faena, hice un movimiento en falso y me tropecé con la pata de la cama, por lo que el ruido la despertó y me pilló fraganti. El mundo se me vino encima y yo no supe qué decir, pero ella, lejos de reprimirme me dijo que qué estaba haciendo, a lo que yo no supe qué contestarle. A continuación me dijo que si nunca había visto el chichi de una mujer, a lo que yo le contesté que no, puesto que todavía era virgen. Entonces sin mediar palabra, ella cogió mi mano y empezó a guiarme primero por su monte de Venus y después a bajar hasta palpar su vagina.

Después me dijo que cerrara la puerta con cerrojo y que no hiciera ningún ruido, a lo que yo obedecí como si fuera un perro. Cuando me di la vuelta ella empezó a subirse el camisón y en unas décimas de segundo me encontré delante de mi tía como vino al mundo. La imagen que siempre ansié contemplar. Me preguntó que si había echo el amor alguna vez, a lo que le contesté que no. Mi sorpresa fue mayúscula cuando ella me respondió que también era virgen, algo que aunque estaba soltera, no me imaginaba.

A continuación se abrió de piernas y cogiendo mi pene con su mano, empezó a introducírselo lentamente en su vagina que empezaba a estar lubricada; yo noté que algo de dolor le produjo, pero enseguida estábamos el uno entregado al otro en un continuo movimiento de caderas, y comiéndole los pezones sonrojados que tiene con mis dientes. No tardé mucho en correrme en su hermoso chochito maduro, llegando a descargarle toda mi leche, como nunca antes lo había hecho. Ella también se corrió junto conmigo y las únicas palabras que llegó a articular fueron: “gracias sobrino”.

Desde aquel entonces, casi todas las noches lo hicimos, hasta que acabó el verano. La historia continuó unos cuantos años más, pero ahora ella ya no está con nosotros y ya dejamos de hacerlo.

Lo que más me gustó fue que tanto mi tía como yo perdimos la virginidad juntos y fue lo más parecido a estar en el paraíso.

Relato erotico en el cual una zorrita muy perversa nos enseña todo las fantasias que le hace realidad a su abuelo para conseguir cobrar la herencia. La muy guarra se pasa el dia tocandole la polla y haciendole unas mamadas brutales.

Me llamo Marta, tengo 23 años. Cuando paso todo tenia 19. Mis padres murieron de un accidente de tráfico cuando yo era pequeña. Desde entonces vivía con él. Es un hombre muy rico. De joven fundo una empresa metalúrgica que llego a ser líder en su sector. Cuando cumplió 58 la vendió a una multinacional por varios millones de pesetas. La verdad es que nunca me ha faltado de nada. Como soy su única nieta me ha “malcriado” ya que desde pequeña me ha llenado de atenciones y nunca me ha negado su capricho. Su carácter dulce y atento conmigo cuando estábamos solos en casa contrastaba con su fama de hombre despótico y uraño en la fabrica.

Quizás por todo ello nunca fui muy buena estudiante. Así que cuando cumplí 18 años le comente a mi abuelo que quería dejar de estudiar. Mi abuelo se enfado mucho. Como yo me negué a continuar los estudios a pesar de su insistencia, él adopto una medida radical: me dijo que me desheredaría y que a su muerte solo tendría derecho a una pequeña parte de su herencia. Cuando oí esto no lo podía creer. La verdad es que nunca me había preocupado por el futuro ya que contaba con que el abuelo me dejase todo su patrimonio ya que no tenia ningún otro pariente.

Pase unas semanas muy preocupada y confundida. Encontré una solución para evitar que mi abuelo me dejase en la pobreza a su muerte; lo iba a seducir. Mi abuelo era un hombre alto (1’80 m) y corpulento y a sus 60 años sin duda aun conservaba mucha energía sexual. Desde que murió la abuela, hacia años, nunca busco a alguien para sustituirla. En la fabrica nunca había acosado ninguna trabajadora y nadie le conocía ninguna amante. Yo sabia que mi abuelo se “fijaba” mucho en mi cuando me tenia cerca. Yo notaba que estaba especialmente obsesionado por mi trasero. La verdad es que tengo un buen trasero, respingón y muy bien proporcionado. Por otro lado soy rubia y con ojos azules, aunque no soy alta (1’62 m). Así pues, decidí aprovechar mis cartas. Empecé a vestirme lo mas provocativamente que pude sin “pasarme”; casi siempre llevaba unos pantalones de tela muy fina que marcaban muy bien mis nalgas y evitaba ponerme sujetadores para marcar bien mis pezones.

El siguiente paso del plan lo di cuando se presento una magnifica oportunidad. Mi abuelo se rompió en enero (dos días antes de mi aniversario) los dos brazos al caer cuando caminaba por una acera helada. Como no podía valerse por si mismo contrato una enfermera. Al segundo día de estar en casa sin embargo tuvo que dejarnos por un contratiempo familiar. A pesar que mi abuelo insistió en contratar otra enfermera, le convencí que no hacia ninguna falta ya que yo me cuidaría de el. Así pues cuide de mi abuelo ayudándolo a levantar de la cama el día siguiente y haciéndole el desayuno. Paso el resto del día en el salón mirando la tele. Por la noche después de darle la cena me dijo que quería ducharse. Mi oportunidad había llegado! Cuando llegamos al baño le quite la ropa, cuando hice el ademán de quitarle los calzoncillos pareció que iba a decir algo pero me dejo hacer. Lo acompañe a la ducha, abrí el agua caliente y cuando ya estaba totalmente mojado le pase champú por todo el cuerpo. Por supuesto no intente tocarle el aparato ni los testículos, pero con solo rozarle el pubis tuvo una tremenda erección.

Aunque estaba incomodo intento disimular lo que pudo. Después de secarlo le dije que estando “como estaba” no podía ponerle el pantalón del pijama porque le dolería. Intento decir algo pero el pobre parecía que había quedado mudo. Era curioso. Mi abuelo era un hombre de carácter, capaz de provocar el pánico entre los trabajadores de su empresa y ahora lo tenia yo a mi merced. Lo acompañe a su dormitorio y le ayude a acostarse. Su erección no había disminuido. Así que Cuando le iba a ponerle bien la almohada paso por mi cabeza un pensamiento audaz y me decidí; mire a los ojos a mi abuelo y le dije:

- No puedo dejarte dormir así como estas, abuelo. Si quieres puedo tocarte un poco. Si te alivias podrás dormir mejor.

Como no dijo nada entendí que asentía. Con naturalidad le cogí el pene y empecé a menearlo. Empecé lentamente y cuando vi que sus huevos subían acelere el ritmo. No tardo en salir una gran cantidad de leche. Mis manos quedaron llenas de la “crema” de mi abuelo. Cuando dejo de eyacular pare de menear y lo mire. Sin embargo el tenia la cabeza girada de lado para evitar que se cruzasen nuestras miradas. Le hice una ultima meneada para que sacase las ultimas gotas, lo limpie con una toalla y me marche a mi habitación no sin antes desearle buenas noches. Desde ese día cada noche masturbaba a mi abuelo. Deje de “visitarlo” por la noche cuando le quitaron la escayola.

La primera parte del plan había funcionado. Lo más importante es que había dejado a mi abuelo muy confundido. Deje pasar unos meses sin intentar nada más. Como había dejado los estudios y no tenia intención de trabajar pasaba todo el día en casa. Solo salía para ir a ver a mi novio que me había echado el ultimo año que estuve en el instituto. Por supuesto el no sospechaba nada de las “atenciones” que había prodigado a mi abuelo. Mientras tanto note que el interés de mi abuelo por mi cuerpo iba en aumento. Lo notaba en su mirada y en el bulto de sus pantalones. El pobre iba empalmado casi todo el día. Debo decir a su favor que nunca intento tocarme en esa época a pesar que ganas no le faltarían.

Pasados unos meses una mañana de primavera decidí avanzar. Para empezar la siguiente fase del plan necesitaba atraer su atención así que decidí simular estar ansiosa y preocupada y renuncie a comer y cenar aquel día. Cuando, como cada noche mi abuelo dijo que se iba a dormir le pedí si podía hacerle una pregunta. Me dijo:

- Claro. Explícame lo que te preocupa.

- Es que abuelo… no sé si debería decírtelo.

- Venga, suelta ya lo que tengas que decirme.

- Bien te lo diré. Mi novio insiste desde hace días que quiere tener sexo anal y a mí me da mucho miedo.

- Si no quieres, haces bien en negarte

- Si, pero…ya mi primer novio me pidió lo mismo y me negué. Creo que mi trasero vuelve locos a los hombres. Estoy segura que tarde o temprano cederé y tengo mucho miedo por el dolor.

- Si tu novio te “prepara” bien, la primera penetración te dolerá poco. En las siguientes penetraciones el dolor desaparecerá. Puede que te llegue a gustar como a tu abuela.

Aunque no te lo debiera decir de lo diré para tranquilizarte: tu abuela se negó en las primeras noches después de la boda a la penetración por detrás porque tenia miedo del dolor. Sin embargo la convencí y con mucha paciencia y suavidad no le hice daño ni siquiera la primera vez. Después de esta primera vez fue una practica habitual en nuestro matrimonio. En ese momento me decidí. Si “picaba” estaría ya bajo mi poder y la posibilidad que me desheredara desaparecería del todo. Baje los ojos, como si tuviera vergüenza y le dije:

- Abuelo, seguro que eres todo un experto. Me pregunto si… no me podrías “preparar” tu. Mi novio es muy bruto. Seguro que se precipitara y me hará mucho daño.

Clavo sus ojos en el suelo. Parecía trastornado. En su interior sin duda había una lucha entre la plena conciencia de deslizarse por una pendiente peligrosa y su afán por satisfacer un deseo oculto. Finalmente me dijo:

- Tres días antes de que tu dejes a tu novio penetrarte analmente me avisas.

Asentí con la cabeza sin decir palabra. El plan estaba a punto de entrar en su fase final. Realmente era virgen por detrás y no tenia ninguna intención de que mi novio me desvirgase por allí. Espere unos días. El miércoles por la tarde le comente que saldría a cenar el sábado por la noche con mi novio. Añadí que tenia intención de ofrecerle mi virginidad anal esa noche. El me contesto:

- Marta, si te parece bien podemos empezar la preparación mañana por la mañana. Hazte idea que las próximas tres mañanas las pasaras estirada en la cama mientras tu abuelo te enseña a relajar el esfínter y te dilata el recto. Cuando empecemos la preparación debes tener el recto vació. A que hora evacuas tu?.

- Después del desayuno – le dije.

- Bien. Cuando hayas evacuado después de desayunar lávate bien en el bidet. Luego ven a mi habitación.

Me costo mucho dormirme. Tuve que ponerme el despertador para evitar levantarme demasiado tarde. Desayune como siempre cereales y un café, inmediatamente después de haber tomado el café sentí la necesidad de evacuar. Fui al lavabo y al acabar me lave en el bidet como me había dicho mi abuelo. Fui a la habitación del abuelo en bragas. Me había quitado los sostenes y solo llevaba encima una camiseta. Llame a la puerta de su habitación y entre sin esperar respuesta. Mi abuelo había hecho su cama y estaba en pijama sentado en una silla leyendo. Me dijo que me sentase en la cama y me pregunto si estaba nerviosa. Le dije que un poco. El me contesto que estuviera tranquila que teníamos todo el tiempo del mundo. A continuación me pidió que me levantara de la cama y se acerco a mí. Mi hico girar quedando de espaldas a el. Sin mediar palabra me quito las finas braguitas azules que llevaba.

La visión de mi culo desnudo le provoco una erección tremenda. Me cogió de la mano tiernamente y me pidió que me estirase en la cama. Me hizo un suave masaje en los pies sin tocarme el culo. Finalmente oí como si abriese un pote de algo (no podía ver lo que hacia ya que mi campo de visión se limitaba a la cabecera de la cama) y sentí como su dedo frió y resbaladizo (se había untado lubricante en los dedos) tocaba suavemente mi ano. Empezó un masaje suave sin intentar meter los dedos. Solo al cabo de unos minutos metió la punta de un dedo (no podía ver cual). Repitió la operación varias veces (masaje en el borde del ano y introducción de la punta) hasta que me relajo completamente el esfínter. Note por primera vez como una presión progresiva en la pared del recto cuando metió poco a poco medio dedo. Lo saco rápidamente y repitió la operación. Esta vez, sin embargo note como lo introducía lentamente todo. Ahora ya no notaba solo una presión sino verdadero dolor. Oyó mi quejido pero no lo saco.

Poco a poco me fui acostumbrando al dedo insertado casi totalmente. El dolor dejo paso a un escozor que fue cediendo poco a poco. Gire la cabeza para ver a mi abuelo. Tenia la cara roja y su pene estaba a punto de reventar el pijama. Cuando cruzamos las miradas, el saco el dedo y me pidió que me quitase la camiseta y me pusiera de lado. El se acostó a mi lado. Podía notar su aliento en mi nuca. Me susurro:

- Así de lado estas mas relajada.

Puso su mano en mi hombro, luego lo bajo hasta el vientre. De pronto note como dos dedos suyos presionaban el ano. Note como una presión muy fuerte y sentí como mi esfínter se daba por vencido. Me metió la mitad de los dedos. A pesar del dolor estaba increíblemente excitada. Oí otro susurro:

- Cariño, por hoy se ha acabado.

Cuando me incorpore me di cuenta de la enorme erección que presentaba mi abuelo. Su pene parecía que iba a romper el pantalón corto de su pijama. No pude “ofrecerle” nada por que se fue rápidamente al lavabo a masturbarse.

A la siguiente mañana mi abuelo repitió las mismas “maniobras ” para preparar mi culo. El tercer día cuando llegue a su habitación me hizo sentar en la cama y me dijo que seria conveniente llegar a una practica que correspondía a la fase superior de la preparación y que antecede ya a la penetración del pene. Me explico que me introduciría un consolador sin utilizar el vibrador. Puse cara de preocupada y abrace a mi abuelo. Presione mis pechos contra su torso desnudo (solo llevaba puesto un pantalón corto de pijama) lo justo para que notase mis pezones endurecidos bajo mi fina camiseta. A continuación me baje las bragas y en vez de estirarme en la cama me arrodille en el suelo. Cuando me puse en la posición llamada del “perro”, mi abuelo no tardo en ponerse vaselina en la mano e introducir dos dedos en mi recto. Los tuvo dentro apenas unos segundos. Después de sacarlos estuve tentada de mirar atrás para ver el tamaño del vibrador. Finalmente decidí que era mejor esperar su embestida sin verlo.

Pronto note la punta fría en mi ano. Cuando percibí la presión en el esfínter adelante un poco las rodillas en un movimiento reflejo. Mi abuelo me cogió suavemente con una de sus manos un muslo y me pidió que no me moviera. De pronto presiono con poca fuerza pero de manera constante hasta que tuve todo el aparato en mi recto. Sentí un fuerte escozor y la sensación de que el plástico iba a romper mi intestino. Cuando el escozor remitió pedí a mi abuelo que lo moviese. Poco a poco fue moviéndolo simulando un polvo anal. Antes de llegar a correrme le pedí a mi abuelo que lo sacara. Cuando me libero de esa tranca simule un pudor que sin duda era ridículo en esas circunstancias y corrí a ponerme las bragas. Fui a abrazar a mi abuelo que estaba de pie delante de mí. Note su pene, que estaba punto de romper el pantalón del pijama, contra mi estomago. Sin dejar de abrazarle le dije:

- Gracias abuelo. Estoy en deuda contigo, pídeme lo que quieras.

- Marta, con que me alivies es suficiente. Llevo tres días con erección permanente.

Le baje el pantalón y después de ensalivarme la mano, le cogí el pene. Mi otra mano le tocaba un hombro y nuestros cuerpos se tocaban. Después de un par de lentas meneadas pare de masturbarle y me quite la camiseta. Sus ojos primero y luego su boca se precipitaron sobre mis pechos. Mientras lamía pechos, sus manos se deslizaron hacia mi culo. Cuando ya estaba totalmente fuera de si me aparte y me puse de espaldas a el. Lentamente me quite las bragas y me arrodille encima la cama. No tuvo tiempo de dudar. Su instinto largamente reprimido venció. Cuando sentí su pene traspasar el esfínter sabia que había ganado.

Desde ese día mi abuelo y yo nos convertimos en amantes. Desde entonces lo tengo a mi merced.

Relato erotico de una madre y un hijo a cada cual mas cerdo y pervertido, y es que donde esta la confianza… como se nota que se conocen de toda la vida porque saben hacerse todo tipo de caricias y juegos. Una madre que enseña a su hijo lo que realmente debe saber.

Mi nombre es Begoña y vivo en una ciudad del norte de España, cuyo nombre prefiero no decir para mantener el anonimato de mi relato. Tengo 48 años y mi físico entra dentro del standard que puede considerarse normal para una mujer de mi edad: 1,68 m. de altura, pechos más bien voluminosos, anchas caderas, culo apretado, ojos verdes y cabello castaño. Estoy casada con Carlos, de 52 años, y tenemos una hija, Cristina, de 24 años, y un hijo, Borja, de 18 años. Pertenecemos a la clase media gracias al esfuerzo de mi marido, quien se pasa casi todo el día trabajando, demasiado tiempo para mi gusto. Es, como le digo muchas veces, un verdadero adicto al trabajo. Tanto es así que sus obligaciones “maritales” las tiene bastante olvidadas por lo que muchos días tengo que autosatisfacerme a escondidas, cuando estoy sola en casa, para compensar esa falta de atención de mi esposo.

El relato que les voy a contar ocurrió este verano, cuando alquilamos una pequeña casa en la costa para pasar las vacaciones de verano. Por razones de trabajo, mi marido solo podía venir los fines de semana a estar con nosotros, y lo mismo ocurría con mi hija Cristina, que se quedó en casa porque tenía que estudiar algunas asignaturas de la universidad que le habían quedado pendientes para los exámenes de septiembre. Así pues, nos encontramos solos mi hijo Borja y yo en la casa de la playa (salvo los fines de semana) durante todo el mes de agosto. Jamás había pensado que podría ocurrir con mi hijo lo que ocurrió ese mes.

Los dos primeros días transcurrieron con normalidad, pero el tercer día las cosas cambiaron. Como consecuencia de tomar excesivamente el sol nuestra piel se había quemado bastante, lo que nos producía un cierto escozor y grandes molestias. Al llegar por la tarde a casa decidí ducharme para quitarme la sal y la arena de la playa y al terminar le pedí a mi hijo que me diera crema por la espalda.

- Si quieres, Borja, me tumbo en la cama para que puedas extenderme bien la crema por la espalda.

- Esta bien, mami, como tu prefieras. – contestó él.

Solo tenía puesta una toalla de baño, así que me giré de espaldas a él y me tumbé boca abajo en la cama, cubriéndome solamente el culo con la toalla. Borja se echó crema en las manos y comenzó un lento masaje desde el cuello. Se entretuvo bastante en mi espalda y disimuladamente trataba de sobarme la parte lateral de mis pechos que sobresalían por ambos lados al estar boca abajo. Después de unos minutos así noté que empezaba a calentarme ligeramente, pero enseguida traté de dejar mi mente en blanco porque el masajista era mi hijo y esos pensamientos no estaban bien. Llegó hasta mi culo y me preguntó:

- Mami, ¿Te importa si te quito la toalla para darte mejor la crema?.

- Esta bien, Borja, pero que no se entere nadie que me has visto desnuda. – le dije en broma.

- Vamos, mami, hoy en día cualquier mujer enseña sus nalgas en la playa con esos mini tangas que llevan y nadie se extraña. – contestó él riendo.

Comenzó a masajearme las nalgas, apretándolas fuertemente una y otra vez, lo que provocó un aumento de mi calentura. Al llegar a los muslos, abrí ligeramente las piernas para que pudiera extender mejor la crema, siendo consciente de que con este movimiento quedaría parcialmente a la vista mi raja aunque seguía tumbada boca abajo. Y no me equivoqué porque con disimulo sus manos llegaban hasta la parte alta de los muslos y me rozaba con sus largos y finos dedos el inicio de mi vagina. Con estos leves movimientos mis flujos empezaron a ir en aumento a la par que mi calentura. A pesar de que mi conciencia me decía que terminara esa situación, mi cuerpo me pedía lo contrario. Así que le dije:

- Borja, me gustaría que me extendieras la crema también por delante, si no te avergüenzas de ver a tu madre desnuda.

- Claro que no mami, tienes un cuerpo estupendo y, además, estamos solos y nadie va a enterarse.

Sus palabras terminaron de convencerme y me gire en la cama, quedando boca arriba y totalmente desnuda delante de mi hijo. Al principio él se quedó medio paralizado. Sus ojos iban de mis tetas a mi muy velludo monte de Venus.

- Oye, Borja, dime la verdad. ¿Nunca habías visto a una mujer desnuda?.

- No, en serio, contestó él.

- Bueno, pues, no pongas esa cara de asombro. – le dije cogiéndole de la mano para tranquilizarle.

- Al fin y al cabo todas las mujeres somos parecidas y alguna vez tenía que ser la primera. Aprovecharemos el masaje para darte una lección de anatomía femenina.

Le puse sus manos sobre mis pechos y no tuve que animarle mucho. Rápidamente comenzó a masajearlos y a pellizcar ligeramente mis pezones, al mismo tiempo que con sus dedos rozaba con sensuales movimientos circulares las aureolas de mis tetas. Mientras realizaba este movimiento le miraba fijamente a sus ojos, que no perdían su aire aparentemente inocente, lo que me excitaba aún más. Al llegar a mi monte de Venus abrí descaradamente con mis propias manos mi raja para explicarle como era una vagina. A su vista quedó expuesta toda mi intimidad, totalmente húmeda y de un fuerte color sonrosado, que contrastaba fuertemente con el color negro de mi zona púbica. Le cogí su mano y la llevé a mi chocho para que pudiera palpar y sentir personalmente como era el órgano femenino, explicándole como se puede dar placer a una mujer. Dejé totalmente expuesto a su vista mi clítoris, diciéndole que ese “botoncito” era el que nos permitía a las mujeres llegar al orgasmo la mayoría de las veces. Estaba realmente embobado con esa visión, y su pene, como dejaba traslucir su corto pantalón estaba a punto de estallar.

Le expliqué que las mujeres disfrutan más cuando le chupan el “botoncito”, y al mismo tiempo que empujaba su cabeza delicadamente entre mis piernas para que me lo comiera. Ya no podía aguantar más. El no opuso ninguna resistencia y empezó a lamer suavemente con la punta de su lengua mi clítoris, dándome pequeños mordisquitos, lo que me provocó un salvaje orgasmo. Eran tan fuertes mis gemidos que Borja pensó que me había lastimado. Tuve que explicarle que no eran gritos de dolor, sino de placer. Llevé otra vez su cabeza entre mis piernas para que siguiera lamiendo y experimenté una serie de continuados y maravillosos orgasmos, posiblemente los mejores de mi vida hasta ese momento. Solo pensar que era mi hijo quien me los producía me excitaba sobremanera. Después de más de cinco o seis orgasmos seguidos quedé rendida en la cama. Pero la cosa no podía quedar así porque mi hijo iba a explotar de un momento a otro. Para entonces los dos ya habíamos perdido todo recato y vergüenza.

Le dije que se desnudara y frente a mí quedo expuesta una polla como nunca había imaginado que pudiera tener un chico a su edad. Fácilmente tenía un tamaño casi el doble que la de su padre. Calculo que podría llegar a los 25 cms. de larga, por no menos de 8 cms. de ancha. Literalmente me la engullí, aunque a duras penas cabía en mi boca. Inicié una espectacular mamada, chupándole su enorme y rojo glande y recorriendo con la lengua el tronco de su polla, donde resaltaban sus potentes y jóvenes venas. No me dio mucho tiempo a disfrutarla porque en pocos minutos me di cuenta que se iba a venir y aceleré el ritmo de la masturbación con ambas manos, soltando un inmenso chorro de espeso y caliente semen que me llenó la cara, tetas y pelo, tanta cantidad como si hubieran eyaculado tres hombres a la misma vez, y con una fuerza tremenda. Nunca había visto algo así, aunque después tendría oportunidad que eso era algo habitual en él.

Quedamos los dos abrazados y tendidos en la cama, descansando, pero al poco más de media hora noté como su verga se hinchaba de nuevo. No lo pensé dos veces y la dirigí directamente a la entrada de mi vagina. Con algo de esfuerzo, debido a su gran tamaño, me la metió hasta dentro. Llenaba todo mi hueco e incluso algunos centímetros quedaban fuera. Comenzó una magnifica cabalgada que me provocó varios orgasmos más hasta que se corrió y me volvió a inundar por dentro. Ese mismo día los volvimos a hacer otras dos veces más y yo perdí la cuenta de mis innumerables orgasmos.

Desde entonces, cuando estamos solos, repetimos nuestras orgías, lo que ocurre con muchísima frecuencia

follandome hermana cama padresHola amigos, os envío este video que hicimos este finde mi hermana y yo. Nuestros padres se fueron de vacaciones el finde y nosotros cachondos y viciosos como ninguno, decidimos grabarnos en video mientras follabamos. Espero que lo disfruten tanto como nosotros.
Si quereis decirnos algo, escribirnos algún comentario !

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