Tener sexo en la ducha es de las mejores cosas que existen y mas si es con una belleza como la de este relato erotico.

Mes de agosto y 30 grados de calor, ni las duchas frías hacía que la temperatura de mi cuerpo descendiese, tanto por el ambiente como por el hecho de ver a mi novia con los shorts y un generoso escote que dejaba entrever sus hermosos y deliciosos pechos; grandes, voluptuosos diría yo, con unos pezones que sobresalían como pidiendo a gritos que una boca sedienta los devorara.
Yo había salido a dar un paseo por los alrededores de la casa, cuando llegué me encontré al padre de mi novia, le hablé y pregunté por Isis, me dijo que estaba en la ducha.
En principio no le di importancia ninguna pero me fui sentar a la sala y esperando, vi a su padre viendo la televisión en la cocina, todo atento, yo me imaginaba a mi chica desnudandose, dejando caer la ropa al suelo mientras su cuerpo desnudo relucía de belleza.
Me acerqué a la puerta del baño y cual fue mi sorpresa que la puerta no estaba cerrada del todo, no le había puesto el pestillo y con sumo cuidado la abría sin que se diera cuenta.
La ducha estaba cubierta con unas cortinas para impedir que el agua mojara todo, entre el ruido del agua cayendo sobre su cuerpo y la voz alta que salía del televisor de la cocina ella ni se percató que yo había entrado, al entrar yo si cerré el pesillo para asegurarme que nadie entraría.
A través de las cortinas ya entreveía su cuerpo desnudo, de espaldas a mi, sus pompas tan hermosas, un culito precioso, de esos que tocas y tocas y no te cansas de admirarlo.
Me fui quitando la ropa poco a poco, pero también con ansias de estar ya desnudo. Mi polla entre lo que veía, lo que imaginaba, lo caliente que estaba y el roce de la ropa al quitarla y dejarla desnuda se fue poniendo cada vez mas dura, tanto que se levantó por completo hasta no poder mas.
Ahora nada mas faltaba entrar en la ducha y sorprenderla, pero oh oh, no pude del todo, me escuchó, pronunció mi nombre y yo le dije, si, soy yo. Lanzó un ligero suspiro como de aprobación ante la situación en la que estabamos.
Le dije que estaba muy caliente y quería follarla allí mismo, ella dijo que lo mismo, que con la calor y allí debajo del agua pensando en mi se estaba poniendo muy cachonda y ya casi estaba por masturbarse.
Esa idea me gustó y le dije pues que siguiera, abrí un poco las cortinas y vi como con su mano acariciaba su clitoris, subía y bajaba con su mano frotandolo cada vez con mas intensidad y rapidez. Pronto lanzó leves suspiros de placer ante lo que yo no pude evitar agarrar mi pene y comenzar a darme fuerte, pero sin querer correrme aún.
Tan caliente me puso que ya entré en la bañera, me puse detrás de ella y la empujé contra la pared sin apenas dejar moverla, agarré sus pechos, grandes tan grandes que con una mano apenas podía tener su pecho en mi palma, sus pezones estaban duros, frotando con las yemas de mis dedos mas duros se ponían.
Yo para entonces ya tenía mi polla tan dura que nada mas deseaba penetrarla bien fuerte y hacerla gritar de placer.
Mis manos fueron bajando por su cuerpo hasta llegar a su coño, calentito y muy mojado para entonces. Acaricié sus labios vaginales y los fui abriendo para hacer paso a mis dedos que se introducieron en su coño hasta no poder mas. Con mi otra mano le fui acariciando su espalda y bajando por su cintura, la cual rodeé, mientras tanto ella ya no paraba de agitar mi polla y darle fuerte, mi lengua estaba en su cuello, sus orejas, y le lamía todo lo que podía. Con mi mano en su coño mi polla cerquita de su culito mi otra mano empezó a acariciar suavemente su ano, suspiró de placer, me agaché y comenzé a lamerle su coño, así de espaldas abrió bien sus piernas para que mi lengua entrara mejor, ahí tuvo ya un orgasmo, momento que aprovechó para darse la vuelta y meterse mi polla en su rica boca y lamerme todo, a bocados se quería meter mis huevos en su boca, yo estaba que no podía mas, la subí, le di la vuelta, apoyó las palmas de sus manos en la parede mojada, le abrí las piernas e introducí mi polla en su coño, que rico verla así de espaldas mientras yo la penetraba sin parar, dandole cada vez mas fuerte. Uno de sus gritos me asustó pensando si su padre escucharía, pero por otra parte el peligro aumentaba la excitación y eso hizo que mi polla mas dura aún la golpease hasta el fondo, pedía mas y mas y puse todo mi empeño en hacerla disfrutar al máximo.
Una vez me corrí dentro de ella los dos nos abrazamos debajo de la ducha, sus pechos en mi pecho, sus pezones aún seguían duros, lo que provocó que al acariciarla nos empezasemos a masturbar mutuamente de nuevo, así seguimos un rato mas hasta que luego cada uno salió por separado de la ducha.

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