Siempre que podemos mi esposa y yo planeamos una salida solos desde que estamos casados. Es que tenemos dos chicos y la verdad cada vez se hace más difícil poder disfrutar de un momento los dos, un momento más íntimo.

Era la fiesta de casamiento de un amigo y ese día mi mujer, Maite, 31 años, una madura muy atractiva, se vistió como nunca: un vestido negro bien pegado al cuerpo que remarcaba sus espectaculares tetas. La noche transcurría con normalidad, hasta que llegó el momento del baile. Con unas copas de más nos propusimos aprovechar la noche al máximo. 

Entre todos los presentes había un conocido, Julio de unos 34 años, que seguía muy de cerca lo movimientos de mi esposa. Ella bailaba de forma tan llamativa que cualquiera se sentiría atraído.

En un momento me dirigí a buscar algo para continuar el brindis. Y fue ahí cuando este sujeto aprovechó y empezó a bailar muy pegado a ella hasta que se le acercó por atrás. Yo observaba todo desde una marcada distancia, y pude ver como mi mujer le puso una cara no muy amigable. Jorge insistió hasta que ella lo frenó en seco y al parecer le dijo algo para marcar una diferencia.

Inmediatamente el la tomó de un brazo y empezaron a discutir, y entre medio de unos ademanes se desplazaron hacia un costado del salón.

La discusión continuaba mientras yo observaba todo desde una cierta distancia. Julio hacía señas sobre la fiesta o el baile, mientras ella le hacía un gesto como que estaba loco. De repente él hizo una seña como que entraran a un salon contiguo que permanecía desocupado, ella primero se negó, él insistió, y finalmente terminaron en ese lugar.

Yo me acerqué para intentar terminar con la escena. Fue en ese momento que el se avalanzó sobre ella, la tomó fuerte de los brazos y la arrinconó contra una pared. En un segundo se desprendió el pantalón y dejó al descubierto una tremenda verga, de casi 28 centímetros, que inmediatamente se apoyó en mi esposa…

En ese momento Julio metió la mano por debajo del vestido de mi esposa, le arrancó la ropa interior, la manoseó con fuertes movimientos, se sentó en una silla, y la sentó con fuerza en su polla…

Los movimientos eran muy violentos yo no atinaba a nada. Solo veía como se estaban follando a mi esposa.

Ella se dio cuenta que no había más remedio. Se arrodilló y le empezó a chupar pijas de una forma increíble. Era una de sus cualidades más importantes.

Julio gemía de placer. Estaba como loco. De pronto se levantó, apoyó su cara contra la pared y le dijo:

- Ahora te voy a dar por el culo…

Mi mujer Maite estaba desesperada. No le gustaba esa opción, yo lo sabía. Pero este cretino no le dejaba más remedio. Quise intervenir, pero me dí cuenta que ella, con el correr de los minutos, no presentaba tanta resistencia.

Julio le empezó a hacer enculadas. Mi esposa gemía y se mordía los labios. Ya no podía más. Fueron 10 minutos de sexo anal que la dejaron destrozada. Eran ademas casi 28 centímetros de verga adentro, a mas no poder.
Hasta que llegó el momento menos pensado:
- Sientate otra vez en mi pija…
Mi mujer empezó a gozar. Se le notaba en su cara y sus gestos. De pronto el le dijo que estaba a punto de correrse. 

- Nooooo correte afuera, estoy ovulando y seguro que me dejas embarazada.…
La agarró con más fuerza de su culo, y echo la corrida . Se podían ver los chorros que escapaban del coño de mi mujer…
 
Después de esa escena pasaron como 5 minutos. Yo no podía creer lo que veía. Me fui atormentado, perdido, no sabía que hacer. La fiesta terminó, los días pasaron, y al poco tiempo ella me dijo que estaba embarazada otra vez.

Nunca le conté lo que había visto esa noche. Y ahora no se como continuar con esto.

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