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Relato erotico en el que un hombre hace su fantasia sexual realidad, que un tio tenga sexo brutal y salvaje con su novia y delante suyo. Las barbaridades que le hace ese salido a la zorra son verdadero porno brutal.

Tantas vueltas le di a esa idea que al final se convirtió en una obsesión. Mi novia en manos de otro hombre. Entregar lo que más quiero. Cuanto más humillante y salvaje fuese la escena más excitante resultaría. Nunca me he atrevido a decírselo, siendo ella una chica responsable y poco dada a las extravagancias. Pero yo no podía más y esa idea no dejaba de rondarme desde hacía meses. Tenía que buscar la forma de hacer realidad esta fantasía.
Mi novia, Esmeralda, se iba a prestar a uno de nuestros habituales juegos. Pero esta vez no iba a ser yo su amante. Le había preguntado más de mil veces si había tenido fantasías con otro hombre, siendo yo el único el primero y único en disfrutarla. La respuesta era siempre la misma, solo tenía ojos para mí y cualquier fantasía con otra persona era imposible. Ni me había sido infiel ni tenía intención de hacerlo. Es más, no era nada comprensible con las personas que lo hacen y mucho menos con los que disfrutan de ello. La verdad es que llamar reaccionaria a Esmeralda es quedarse corto. Por eso este juego me lo tomé, en parte, como una venganza.

Di muchas vueltas hasta encontrar al sujeto que buscaba, no me valía cualquiera. Cuanto más desagradable fuese el elemento más me excitaría entregársela. Alguien que muy, muy salido, que nunca hubiese disfrutado de una hembra tan excepcional. Porque lo es, de eso no tengo duda. Puedo jurar que no es obcecación por ella, siendo para mí la mujer más bella que conozco. La describiré, aunque seguro me voy a quedar corto. En primer lugar la edad: Esmeralda tiene 29 años y no exagero al decir que es preciosa, vamos, una auténtica Venus. Desde que la conozco, y va para 15 años, apenas ha cambiado. Tiene un pelo magnífico, suave y muy cuidado. Le gusta llevarlo recogido, aunque lo tiene largo, color castaño claro y muy liso. De su cara sus ojos verdes, grandes y vivos, con unos labios dibujados con carboncillo y un cuerpo que más parece un pastel. Los pechos, talla 90, muy firmes, blancos y suaves, con unos pezones grandes y sonrosados. Su cintura estrecha, su culo hermoso y una discreta entrepierna que siempre trata de ocultar, le da cierto reparo desnudarse y mostrar tales maravillas y eso que hace más de 15 años que me permite disfrutarla. Tenía y tiene, la piel más perfumada y nívea que conozco, por eso su amante debía ser la antítesis. Es una mujer elegante, aficionada a los trajes chaqueta de marca y enemiga acérrima de las minifaldas, tops y escotes descarados. Gasta mucho dinero
en ropa y en cuidarse, no escatimando en cremas y demás potingues.

Tardé varias semanas en encontrar al perfecto “follador”. Paraba en una cervecería próxima a mi casa, era peón en una obra cercana y acudía todos los días a comer con varios compañeros. Se llama Jos. Vino a España hace varios años desde de Guinea y desde entonces se ha ganado la vida currando en las obras de la zona. Me pareció tan alto como yo, pero mucho más corpulento y muy, muy feo. Grotesco incluso. Con unos labios enormes, agrietados; unos dientes roñosos, sucios, descolocados y enmarcados por una barba rizada, siempre a medio crecer. Su piel era áspera, como curtida y con unas uñas sucias por el trabajo. Las cremas que se echa mi novia se habrían evaporado en la piel de este sujeto, tal es su sequedad. Solo imaginármelo con ella me excitaba enormemente.

Le contraté en mi casa para algunas chapuzas y un día, de pasada, le presenté a mi novia. Ella venía del trabajo, es ejecutiva de publicidad. Llevaba un buen traje con pantalón. Al presentarle al sujeto le dio poca importancia, mostrando cierto desprecio. Porque Esmeralda algo clasista y en ocasionas más racista que Hitler. Durante varios años he tratado de intentar bajarle esos aires y ya puedo decir que excepto en esta ocasión, he fracasado. Él apenas la miró, mantenía la vista agachada, contemplándose las manos. Todo lleno de yeso y con el mono más raído del mundo. Cuando se marchó le pregunté por ella, ya había suficiente confianza para ello. Me dijo que le parecía muy bonita, un bombón, aunque algo estirada. Aún tenía reparos en decirme la verdad, pero sus ojos le delataban, se la habría comido allí mismo. ¡Perfecto!, el juego estaba en marcha.

Mi novia y yo teníamos un lugar estupendo, en una apartada vaguada de un pinar cercano a Madrid. Un lugar donde habíamos llevado a cabo nuestras fantasías y donde acudimos esporádicamente desde hace 10 años. Nunca encontramos a nadie. No hay casas en varios kilómetros y mira que es difícil en Madrid. Nos gustaban los juegos y más de una vez la había atado para hacerle el amor. Así que le propuse repetir, prometiendo que iba a ser lo más excitante de su vida.

“¿Te gustaría follarte a mi novia verdad?”, le pregunté al muchacho mientras trabajaba en el jardín. Vi que era un tío muy mañoso y concienzudo, tanto mejor.

“No. Es tu novia, solo te dije que es muy guapa.” Hablaba en un mal castellano y con cierta vergüenza. Según me había contado, en su país las mujeres tienen un papel muy distinto. Ellas ni proponen, ni disponen, tan solo se prestan a lo que quiera su marido. Por eso, le sorprendía que aquí en España disfrutasen de mayor protagonismo. Aquí le imponían mucho respeto, tanto que llevaba casi 5 años sin acostarse con ninguna.

“Pues yo quiero que lo hagas. Incluso soy capaz de pagarte por ello. Yo no puedo hacerle el amor (mentira) y quiero que ella disfrute con alguien.” “¿Lo dices en serio?, me parece que no le gusté demasiado.” “Ya lo creo que sí. Te la pondré en bandeja y podrás hacer lo que quieras con ella … todo lo que quieras. Quizás estuvo un poco seca contigo, pero ya te digo que seguro va a disfrutar. Engaña mucho, pero cuanto más desagradable te pongas y más te aproveches de ella más disfrutará y se excitará, créeme.”“¿Cómo lo voy a rechazar?, ¿Cuando? …estoy impaciente.”

Sería el próximo sábado. Yo estaba impaciente, pensaba que el negro se masturbaría toda la semana pensando en ello. La cara que puso al oírlo era increíble, como si le hubiera tocado la lotería. Una mujer increíble, con la que todo el mundo hubiera soñado, dispuesta a hacerlo todo. Cualquier perrería que se le pasase por la cabeza, cualquier obscenidad, aquello que no se había atrevido a hacer con otras. En fin, la oportunidad de su vida. A mí, sólo pensar en ello me excitaba inmensamente. Esa semana no podía evitar verla de diferente manera. Veía su cuerpo y me lo imaginaba en otras manos. Evité hacer el amor con ella con diferentes pretextos, la quería super excitada. Incluso compré unas pastillas que me habían recomendado y que la pondrían al límite. En esos momentos ella no se esperaba lo que vendría encima.

Llegó el sábado. Quedé en el pinar con él a las siete de la tarde. Era verano y teníamos luz hasta las 10 de la noche. Yo quería verlo todo a la perfección, era mi gran momento. Ella también estaba excitada. Aquellos juegos en los que la dominaba siempre le habían gustado. La ataba a un árbol y disfrutaba de ella, con paciencia, un buen rato. La excitaba sentirse entregada y en mis manos. Con los ojos cerrados y dejándose hacer.

Entramos en el bosque charlando de cosas sin importancia. Una vez en el lugar lo dispuse todo. Ella llevaría tan solo unas bragas blancas de esas que son altas por los lados y un sostén estupendo, de los que se abren por delante. El conjunto se lo compré expresamente para ese momento y pensando más en los deseos del albañil que en los míos. Tapé sus ojos con la venda negra que habíamos utilizado en otras ocasiones. Ella temblaba de excitación. Después le até las manos a la espalda con una buena soga, la puse de rodillas y le di un beso en la boca. Estábamos muy calientes y la espera todavía la iba a excitar más. Me alejé unos cinco metros, apoyándome sobre un árbol. Me puse cómodo. He de reconocer, que no fiándome del sujeto en cuestión, cogí un buen cuchillo por si la escena degeneraba demasiado. Al fin y al cabo él no era más que un desconocido y ante tan extraordinario panorama podría volverse loco.

A las 7 menos cuarto llegaba Jos con una camiseta de tirantes muy sucia y un pantalón corto rojo. Venía a paso ligero, seguro que ya llevaba un rato observando. Nuca me había parecido tan grande. Unos brazos enormes, oscuros y fuertes, con las manos más desmesuradas que haya visto, casi parecían talladas en madera. Cuando la vio medio desnuda y de rodillas en mitad del bosque, abrió mucho los ojos y me sonrió malévolo. Era mirada significaba una cosa, se iba a poner morado.

“¿De verdad quieres que lo haga?”, dijo en voz baja. Era mi última oportunidad. Quizás ver a semejante individuo sobre mi novia no mereciera tanto la pena. Podía enfurecerme y acabar mal. Sobre todo cuando había creado tales expectativas en este sujeto. Vamos que pude distinguir el bulto entre sus piernas a varios metros de distancia. Y yo sabía que no iba a haber compasión. Pero ya era tarde, no podía echarme atrás.

“Es toda tuya, haz lo que te plazca, tan solo te pido que no la beses, no le hagas daño, no digas una palabra … ah y no me mires.” Ella oía un murmullo y movía la cabeza para escucharlo bien, pero los pájaros y el viento enmascaraban nuestras palabras. “Bien, pero no quiero que te arrepientas y me cortes la faena. ¿De verdad tengo libertad?” “Te lo juro, podrás hacerlo donde quieras y como quieras, está a tu disposición, y ya ves que mujer más hermosa no vas a encontrar. No te preocupes por dejarla embarazada, toma pastillas, así que puedes hacerlo a pelo.” “¿No me molestarás para nada?” “No lo haré.”

Jos no quiso esperar más y se acercó a ella con paso firme. Estaba impaciente. Cuando Esmeralda le oyó levantó la cabeza y se puso más erguida. Se mordía el labio inferior y se pasaba la lengua para tenerlos más apetecibles aún. Ella también se impacientaba. Jos se acercó a pocos centímetros, colocando su pelvis muy cerca de esa linda boca que yo tantas veces había besado. La observaba con paciencia, quería disfrutar del momento, su momento. En la vida se habría imaginado la escena. Él de pie, con una preciosidad arrodillada a sus pies y con permiso para hacerle de todo. Una mujer pidiendo que se aprovechen de ella. Dio varias vueltas estudiando la jugada. Observó como sus pechos palpitaban, luego dio la vuelta contemplando su culo apoyado en los gemelos y los pies desnudos sobre la broza del pinar. Estando ahí detrás la cogió por la nuca bruscamente y la puso de pie. Ella gimió. Después Jos paseó sus dedos por el borde de sujetador con gran paciencia, mientras sacó una enorme lengua y se la paseó por la mejilla derecha, acabando el recorrido en la oreja. A ella eso le encantaba. Mientras sentía el aliento tan cerca se estremecía de gusto. Jos la trataba con descaro, cogiéndola de la cintura y apretándola a él. De pronto se apartó, metió una mano en el bolsillo y sacó una navaja muy mellada. En ese momento me sobresalté bastante al ver el arma. Aún así, yo estaba muy excitado y solo con verla así frente a él, ya había tenido el primer orgasmo.

Jos no quería abrir el sujetador por el broche. Metió la hoja de la navaja entre las dos copas del sostén y lo cortó súbitamente. Los pechos saltaron libres. Él no quería esperar más, así que apartó el sujetador y dejó sus senos totalmente al descubierto observándolos con deleite. Sus ojos se abrieron ante tal panorama. No tenía prisa y seguro que nunca había visto nada tan bello. Unas tetas blancas, turgentes y suaves, con un olor delicioso y todas para él.

Al poco rato empezó a amasar esos pechos con total descaro. Los estrujaba como yo nunca lo había hecho, pellizcando con cierto sadismo los pezones y jugueteando sin cesar. El bulto de su entrepierna crecía y una mancha en su bragueta le delató, estaba teniendo sus primeros orgasmos. Realmente llevaba un tiempo largo sin tener una mujer entre sus manos y esta, según me contó, era la primera chica blanca con la que se lo hacía.

Jos no tardó en colocar sus labios y succionar con avidez. Unos labios enormes, arrugados que movía con desesperación. Los lamía como si fuesen helados y se los metía en la boca. Ella mientras gemía, retorciéndose de placer. Y yo a pocos metros creía reventar, aún hoy, mientras escribo y recuerdo la escena me enciendo. Jos parecía disfrutar con el sabor de esas increíbles tetas. Sus dedos no tardaron un deslizarse lentamente hacia el coño. Le reconozco su paciencia, yo ya la hubiera penetrado. Esa mano tan grande y repelente bajó del pecho izquierdo, por el vientre hacia la pelvis. Después pude ver como introdujo los dedos por debajo de las bragas y
empezó a pasearlos por el bello púbico, jugueteando entre lo rizos. No tardó demasiado en bajar un poco más, metiéndolos entre las piernas sin llegar a penetrarla. Ella gimió con más fuerza, estaba muy, muy húmeda. Jos sacó los dedos y los olió. Entonces me miró y puso cara de deleite. Yo le había dicho que no me mirase pero, la verdad, es que no era momento de reprobaciones y él se estaba portando como un profesional. Al principio yo creía que iba a llegar y se la iba a follar un par de veces, sin más misterios. Pero aquello parecía una escena de película X.

En fin, los dedos estaban totalmente húmedos, como los muslos de mi novia. Hacía rato que se corría de gusto, como yo nunca lo había visto. Jos volvió a sacar la navaja del bolsillo y cortó los laterales de las bragas, dejándolas sujetas por debajo y descubriendo los primeros bellos de su pubis. Después se las arrancó, tirándolas junto a mí. La paciencia del muchacho se agotaba. Ella se retorció, intentando ocultar su sexo, pero ya estaba totalmente desnuda y su coño esperaba ser ocupado cuanto antes. Pero aún le quedaba un rato.

Yo nunca había estado tan excitado. Aunque, por otra parte, deseaba que algo interrumpiese la escena. Impedir que humillase aún más a mi novia. Hasta ese momento ya había sido suficientemente interesante … pero ya no había marcha atrás.

Jos apoyó sus manos en los hombros de Esmeralda y la puso de rodillas ante él. Ya sabía o lo que venía ahora. Antes de follársela quería un completo, que ella se la chupase. Pero antes se fue a su espalda y le desató las manos para que “trabajase con libertad”. Yo sabía que Esmeralda no iba a descubrir sus ojos. Permanecía quieta, colocando los brazos delante y cubriéndose el sexo aún con algo de pudor. Jos se puso en frente mientras se relamía. Aún estaba totalmente vestido y cada vez más impaciente. De pronto se bajó la cremallera y rebuscó por el orificio. Su polla estaba a reventar, así que tuvo que bajarse los pantalones y los calzoncillos. Por aquello de los tópicos y siendo Jos un tío bastante corpulento, pensé que el aparato sería impresionante y lo cierto es que lo era, aunque no tanto como me había imaginado. Cerca de 20 centímetros, muy grueso y negro como el azabache. Parecía, eso si, mucho más brutal. Con venas descomunales. Desde luego parecía mucho más ancho de lo normal. En la punta un glande tan enorme como sonrosado y en la base una gran fronda de pelos. Ella se mojó los labios, presintiendo impaciente el momento de la mamada. A mi las fellatios me encantan, pero lo cierto es que Esmeralda no se prodigaba mucho. Aquel día era una excepción, no sé si fruto de las pastillas, del momento o ambos. Jos cogió su instrumento y se la apoyó en la mejilla invitándola a jugar. Yo me moría viendo como restregaba aquella enormidad en el precioso rostro de mi novia. Pero Esmeralda no esperó mucho. La cogió con las dos manos y empezó a darle besos delicadamente de abajo a arriba. Colocaba la boca en forma de O y besaba con deleite la punta, abriendo un poco y saboreando parte del glande. Unos besos sonoros, largos, aspirando el olor y notando en la punta de los labios todos los detalles.

En ese instante ella debió notar que ese no era mí aparato. Olía diferente y aunque era de similares dimensiones, parecía más hosco y más grueso. De estar en frío seguro que la habría rechazado asqueada, pero en aquel momento, mientras entre sus piernas brotaba tanto liquido, hubiera hecho cualquier cosa que le pidiesen. Y así fue. En un primer momento titubeó, pero la excitación podía más, así que de los besos pasó a los lametones. Aún pequeños y tímidos, con la punta de la lengua recorriendo los laterales del pene. Así es como me lo hacía siempre, pero Jos no era yo y quería correrse cuanto antes. Sin chorraditas. Mientras ella lamía retraídamente la agarró de la nuca y le metió la mitad de la polla en la boca. Pude ver como ella casi se ahogaba. Sin contemplaciones. Él la movía arriba y abajo y ella se dejaba hacer. Esmeralda le puso una mano en el culo y otra en los testículos, masajeándolos con cierta habilidad. Una habilidad desconocida para mí. Pero quería sentir el calor humano así que se arrimó, apoyando su pecho sobre los muslos y restregándose. Verla tan blanca, preciosa y enroscada en las piernas renegridas de aquel gañán… es una imagen que no olvidaré por muchos años que pasen.

Jos no podía esperar más. De pronto paró y empezó con grandes espasmos a correrse dentro de la boca. Ella se sorprendió aún más, yo nunca lo había hecho. Pero agarró el pene y siguió moviéndolo, casi diría que ordeñándolo, hasta que expulsó todo lo que tenía, salió de la boca y con él borbotones de semen caliente y muy blanco. Yo me moría. La leche salía viscosa y en cantidad, como nunca lo había imaginado. Salpicando su cara y resbalando por los pechos. Si hubiera tenido una cámara de fotos hubiera sacado una increíble instantánea pornográfica. Jos gruñía y se convulsionaba mientras mi novia le vaciaba los testículos, apretándolos para sacar todo el jugo. Ella no podía estar más excitada con el baño. Empezó a restregarse la viscosidad por todo el cuerpo, sacando la lengua y saboreándolo con absoluto deleite. Desde luego eso no lo había visto en ninguna película porno. Nuca pensé en verla así, tan seria, tan estirada y ahora saboreando la leche caliente de un desconocido y frotándosela por todo el cuerpo como si fuese aceite de baño. Él la estaba disfrutando más de lo que yo en 15 años y encima me encantaba.

Tuvo su primer orgasmo sin siquiera tocarse el coño. Después quedo tendida y totalmente desnuda, con las piernas cerradas sobre la broza de los pinos.

Pero a Jos no le había parecido suficiente, así que no tardo en agarrarle las tetas casi con desprecio y comenzar de nuevo el masaje. Poco le importó que estuvieran llenas de semen. Las estrujaba con avidez con una mano mientras con las otra buscaba el coño. ¡Qué manera de frotar!. Ella parecía dispuesta, así que abrió las piernas y cogió las manos del negro, conduciéndolas y apretándolas contra su piel. Al rato ella las había conducido a su sexo, apretándolas con fuerza. Esas manos tan ásperas y grandes no podían ser las de su novio, las mías. Pero no parecía importarle. Esmeralda se incorporó un poco mientras él la manoseaba. Ella gimió cuando entró el primer dedo. Le agarró la polla y empezó a menearla, pretendiendo ponerla en forma de nuevo. Jos se puso de rodillas, le había gustado mucho la hermosa boca de mi novia así que se la volvió a poner en los labios. De verdad pensé que le iba a quitar el color del pene, desde luego, el sabor se lo quitó. Ella volvía a lamer de una forma que yo nunca
habría imaginado, casi diría que con apetito, con voracidad. Cuando el cacharro estuvo duro como una piedra y húmedo con la saliva de Esmeralda, ésta se tendió, invitando a la penetración. Jos se echó encima sin demasiado cuidado y la clavó con rapidez. La vagina no podía estar más lubricada así que no había problemas. Esmeralda gemía con fuerza, sabiendo quizás que yo estaba cerca y que con ello haría aún más grande mi cornamenta. Él empezó a envestir con furia. Le mordía el cuello y agarraba su culo con fuerza salvaje. Los orgasmos no tardaron en llegar. Primero los de ella. Sonoros y seguidos. Después el de Jos que parecía rugir mientras inundaba a mi novia con un nuevo baño de semen. Pocas veces lo había hecho así, a pelo, con una hembra tan limpia y dispuesta.

Ella respiraba como si le faltaba el aire. La venda de los ojos se le había movido y creo que vio por unos segundos al hombre que la estaba follando de semejante manera. Un tipo extraño, al que tan solo había visto una vez y que, según reconoció, le parecía repugnante. Vaya con la racista. Pero lejos de gritar Esmeralda se colocó de nuevo la venda como si nunca se hubiese movido. Cogió la cabeza de Jos por la nuca y le besó con ganas. Un beso largo, lúbrico y apasionado.

“Ha sido fantástico. Quiero más, lo quiero todo.” Pero poco le interesaban a Jos los besos, y más sabiendo que podía hacer cuanto quisiese. Además ella aún tenía restos de semen en la boca y eso a él no le hacía demasiada gracia. Así que no contestó y apartó sus labios. Se puso de rodillas, la observó con detenimiento y de pronto le dio la vuelta bruscamente. Ella se quedo boca abajo, con su cuerpo desnudo sobre la tierra. Pero no parecía importarle.

Ahora el culo era el gran protagonista. Tan blanco, tan redondo y apetecible … toda una provocación. Jos no iba a dejar pasar la oportunidad de sodomizarla. Yo nunca había pasado de manosearlo, a ella le encantaba. Pero ay, ese orificio tan delicioso, que yo nunca había llegado a conocer… Para ella también era la primera vez, para él estaba claro que no. El negro metió dos dedos en su vagina, humedeciéndolos y utilizando aquellos jugos para lubricar tan estrecho agujero. Una vez conseguido introdujo esos mismos dedos en el ano, dilatándolo y preparándolo para la penetración. Ella se dejaba hacer y volvía a gemir, sin atisbo de dolor alguno. Para mí ya era demasiado, verla tendida sobre un suelo tan sucio, retorciéndose de gusto, gimiendo y con un extraño explorándole el ano. En fin, más de lo que nunca había imaginado

La polla de Jos no tardo en llegar. La colocó sobre el ano y la empujó lentamente hacia el interior. Mientras, con una de sus manos abría los cachetes para facilitar la maniobra, con fuerza … arañándolos. Esta vez le costó un poco más. Luego pude ver como ella tenía grandes marcas por todo el cuerpo, arañazos en el culo, moratones, mordiscos en el cuello y en los pechos. Vamos que la dejó convaleciente, o ella a él, según se mire.

Esmeralda se tocaba por delante, consiguiendo otro gran orgasmo. Pero a Jos, tras aquel par de corridas increíbles, parecía no quedarle más leche.

Era la tercera y última corrida. La soltó en lo más profundo de mi novia, con todo el pene dentro del ano. Este se había dilatado enormemente y parecía no tener problemas en recibir aquel instrumento. Jos se quedó tumbado encima de ella, en silencio, con su polla aún dentro. Soltando los últimos chorros de leche dentro. Ella permanecía debajo, suspirando, mitad sudada y mitad cubierta de semen. Había tenido un nuevo y extraordinario orgasmo.

“Me ha dolido un poco, pero ha sido fantástico. Aún tengo tu sabor en la boca, dame más… hazme lo que quieras.”

Jos abrió mucho los ojos y entonces me miró con cara de sorpresa. La había penetrado por sus tres agujeros y los tres estaban ahora llenos con su esperma. La había sobeteado incansablemente y chupado todo el cuerpo y ella quería más. A mi me pareció que si hubiera habido tres hombres más se lo hubiera hecho salvajemente con los tres.

Pensé que se la volvería a meter an la boca, le había gustado tanto la mamada que hubiera sido lo más normal. En fin, tenía donde elegir y ella no podía estar más dispuesta. Pero Jos se levantó lentamente, dejándola desnuda boca abajo. Sacó su pene que aún permanecía algo empalmado y chorreante, del ano. El cuerpo de Esmeralda brillaba cubierto de semen. Él me volvió a mirar. Estaba impresionado, pero se subió lo pantalones y reaccionó como yo nunca me habría pensado. Bajó la mirada, observó a Esmeralda desnuda retorciéndose a sus pies y la escupió en
la espalda con desprecio, marchándose de allí.

He tratado de evitar el bar y nunca más lo he visto. Reconozco que me daría vergüenza. Aquel fue el momento más excitante de mi vida, aunque nunca me he atrevido a repetirlo. Tampoco he hablado con ella de esto. Si, me dijo esa misma tarde que había disfrutado una barbaridad y que tenía el coño y el ano algo irritados, aunque había merecido la pena. Yo estaba como loco. Mientras ellos follaban me masturbé tres veces. Y he de decir algo en mi favor. Cuando él se fue, cogí a Esmeralda, que aún tenía los ojos tapados, y repetimos la jugada… desde el principio.

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Al terminar la segunda película apagué la luz, y contra el respaldo del asiento delantero plegué la mesilla en la que se apilaban dos revistas y la novela que estuve leyendo casi desde que el avión tomó pista de despegue.

Tapado con el cobertor de lana hasta la mitad del pecho, Alberto, mi marido, dormía como un tronco en el asiento contiguo a mi derecha y su profunda respiración era tranquila. Él, que casi no probaba el alcohol salvo en alguna fiesta o en ocasiones especiales, se había bebido entera la botellita de vino tinto a la hora de la cena que ni siquiera tocó. Además se había tomado dos whiskys dobles en el aeropuerto para atemperar el nerviosismo y mal humor que le producían los vuelos largos, y así conciliar el sueño durante toda la noche, sin que le importaran las turbulencias o las 12 horas de aquel viaje claustrofóbico sentado en los asientos centrales de la última fila del avión repleto de pasajeros.

A su otro lado, una bella española, andaluza y trigueña de labios carnosos y ojos color miel, también dormitaba cubierta con la ligera frazada hasta los hombros. La vi cuando tomó asiento, alisando su minifalda color marfil que descubría unas piernas espléndidas y se ajustaba al relieve prominente de su trasero.

Alberto había estado charlando animadamente con ella durante la primera hora del vuelo, e incluso intercambiaron sus respectivas tarjetas de presentación. Se llamaba Fabiola, nos dijo, y era antropóloga. Ella iba también de vacaciones y se hospedaría en el mismo hotel que nosotros, donde ya la aguardaba su pareja. En la semi penumbra de la cabina, resplandecía serenamente el hermoso perfil de la mujer y sus labios tarareaban en silencio la música que llenaba sus oídos.

A mi izquierda viajaba un caballero de aspecto oriental, quizá japonés o malayo de ojos almendrados y edad indefinida como todos los seres de su raza, con el que apenas intercambié algunas frases de cortesía en mal inglés, cuando cenábamos. Sus modales eran elegantes, casi solemnes, y su rostro hierático e imperturbable.

El también había estado leyendo un libro escrito en un idioma para mi indescifrable. El avión parecía estar suspendido silenciosamente en medio de la noche que se agolpaba en las ventanillas lejanas a nuestros asientos, a mitad de un océano que kilómetros abajo era una masa oscura, inmóvil como la sombra que nos circundaba y de vez en cuando daba unos breves saltos que me hacían estremecer.

Recliné mi asiento, me envolví en la manta hasta el cuello y apoyé la cabeza sobre el amplio pecho de Alberto. Aprovechando que bajo su cobertor él llevaba el cinturón y el pantalón desabrochados para descansar más cómodo, le bajé la cremallera y abracé su miembro en reposo con mi mano. En mis auriculares Sting, María Bethania y George Michael se alternaban para cantar en voz baja y me arrullaban. Aunque casi nunca he podido conciliar el sueño en los aviones, traté de dormir. Nos esperaban diez días de vacaciones en las soleadas islas del sur a las que viajábamos por primera vez, y quería estar fresca y despejada para disfrutar del reposo en compañía de mi marido.

La sola idea de saber que unas horas más tarde estaríamos los dos desnudos tendidos en la arena me producía un efecto de sensualidad y tibia placidez.

Comencé a tener pensamientos eróticos recordando la forma en que habíamos hecho el amor durante toda una tarde no lejana, a la orilla del mar turquesa de Playa del Carmen.

Nuestros cuerpos dorados y resbalosos debido al bronceador, se deslizaban uno sobre otro como dos delfines en rumorosa libertad, lejos de todo apresuramiento y aislados del formalismo citadino. Aquella vez lo cabalgué como enardecida amazona sobre las blancas arenas solitarias, mirando al sol que se mecía tras el oleaje cristalino. El viento, salobre y denso, humedecía mi frente y mis cabellos; tendido boca arriba y desde atrás, Alberto se aferraba amorosamente a mis caderas y a mis senos, pellizcándome los pezones, besándome los hombros y el cuello transpirados. Yo a la vez me acariciaba oprimiendo en círculos y con suavidad sus huevos contra mi clítoris eréctil, entregando a la luz todo mi cuerpo.

Esa tarde me vine varias veces mientras él se esforzaba en contener su propio orgasmo, y en esa posición acuclillada saqué su polla de su cálido recinto para franquearle la entrada en mi culo aceitado. Abierto, el cielo se incendiaba de violetas y naranjas y nosotros sumábamos nuestros gritos y gemidos al ronco vaivén de la marea. Además de nuestra amiga Amarilis, solamente yo era capaz de engullir enteramente su enorme largura y grosor entre las nalgas, y de disfrutar de sus briosas y dulces embestidas como loca.

Suavemente comencé a humedecerme bajo el reflujo de aquella evocación y extendí las piernas para sentir cómo se hinchaban poco a poco mi clítoris y mis labios.

Me saqué discretamente la tanga sin levantarme y sin moverme apenas de mi asiento, y aferrada al pene de Alberto me sumergí en las imágenes de aquella tarde, concentrándome en las sensaciones voluptuosas que inundaban mi cuerpo.

Recordé también que al regresar de la playa ese mismo día salimos a bailar a una ruidosa discoteca, y que luego fuimos al hotel para hacer el amor en compañía de Amarilis y de José, su esposo. Ella quería ser penetrada por primera vez por cada orificio de forma simultánea, y después de acariciarnos y besarnos rodando las dos en un larguísimo 69, se montó de un solo golpe y hasta la empuñadura sobre la verga magnífica de Alberto. José se hincó tras ella luego de lubricar su ano y empujó cuidadosamente su verga que yo me había encargado de ensalivar profusamente. Debido a las sinuosas contorsiones de mi amiga y por error de milímetros, la polla resbaló al interior de la ensortijada y pelirroja vagina de Amarilis que ya estaba ocupada por el miembro de mi marido.

Fue así como nuestros dos hombres llegaron al fondo de su vulva mientras ella gemía de delectación y de dolor. Yo lengüeteaba y succionaba el par de huevos que entrechocaban en los umbrales de su ensanchada abertura, contemplando las dos vergas apretadas una contra otra, entrando y saliendo, deslizándose rítmicamente en el interior de su vellosa carnosidad dispuesta al placer, hasta que Juan retomó su camino y la enculó paciente pero salvajemente hasta los pelos. A horcajadas, me senté sobre la cara de mi marido para que éste me devorara al tiempo que Amarilis mordisqueaba jadeante y sudorosa mis senos, mis orejas y mi cuello. Luego las dos cambiamos de sitio sin dejar de besarnos. El avión avanzaba en medio de la negrura que es la nada, y las frescas imágenes de pasión que se agolpaban y sucedían en mi memoria me hacían sonreír gozosa y me provocaban escalofríos anhelantes. Me estreché más al cuerpo de mi esposo.

Aquellos vívidos recuerdos del fin de semana en Playa del Carmen me calentaban tanto como los momentos de deleite que los crearon y que compartía con Alberto. De pronto, entre la ensoñación y la vigilia sentí un roce tibio sobre mi Monte de Venus. Era la mano de mi vecino oriental y no la mía, la que se había posado sobre mi entrepierna. Mi primer impulso fue el de apretar los muslos ante la turbadora intrusión del extraño, arrojar su mano lejos de mi, incorporarme y reclamarle escandalizada por ese absurdo atrevimiento.

Pero alguna incomprensible razón me impidió hacerlo.

Pensé que tal vez había advertido que me había quitado la tanga, y que aquello lo había interpretado como una invitación a acariciarme.

Con cierto temor, tal vez avergonzada y ciertamente curiosa y excitada, cerré los ojos y dejé que me tocara aquel desconocido a quien no habría de volver a ver después de esa noche. Permití que su palma reposara su dulce peso y calor sobre mi pelvis, y que minutos más tarde desabrochara cada botón de mi vestido camisero hasta dejarme semi desnuda bajo la frazada. Sin estorbos, su mano se dio a la tarea de deslizarse, lenta y sabiamente, de arriba a abajo, reconociendo la geografía de mi piel desde la doble protuberancia de mis senos hasta mis ingles, desde el anillo de plata de mi ombligo hasta mis muslos.

Al cabo de un largo rato, la mano del intruso se posó semejante a un pájaro de fuego en mi vagina ya empapada. Yo estaba petrificada por la excitación y por el miedo. Jamás una persona extraña me había tocado sin que yo lo desease y consintiera, y sin que Alberto también estuviera de acuerdo. Además de vez en cuando algún pasajero transitaba por los pasillos hacia los baños, aunque nadie, y en esas condiciones mi esposo mucho menos, podía advertir que bajo mi frazada descansara entremetida la mano tan cálida de mi compañero de la izquierda. Volví el rostro y lo miré de reojo: cubierto también con la manta hasta el cuello, el hombre permanecía con los ojos cerrados detrás de sus anteojos redondos, con la cabeza hacia el frente, inmóvil como estatua de un emperador de un reino magnífico.

Sus dedos, ajenos tal vez a su voluntad y a la mía, palpaban con cuidado aunque seguros, un territorio propio, antiguamente y de sobra conocido. Sus dedos eran largos y llenos de misterio. Con las uñas rozaba apenas mi clítoris, sumergía una yema en la humedad apretada de mi sexo y retornaba al exterior para rascar ligeramente la orilla de mis labios, lubricándome con el jugo que manaba en abundancia. Recibí la sabiduría ancestral de aquellas caricias que desde algún país desconocido y remoto en el tiempo y el espacio iban encendiendo la claridad de mi deseo. Más relajada y dispuesta a regalarme a mi misma esa experiencia volví a reclinar mi cabeza sobre el pecho de mi marido.

La tersa y hábil mano se detenía cuando percibía un mínimo movimiento de mis caderas que instintivamente empezaban a menearse y entendí el mensaje. Bajo la manta de lana, él haría suave y cadencioso aquel masaje, imperceptible para todos los pasajeros que dormían, incluyendo a Alberto, y yo no debía moverme, tan sólo concentrarme en su disfrute pleno.

Así es que contuve cualquier empuje pélvico y solamente abrí un poco más las piernas para dejar pasivamente que sus dedos continuaran crepitando en su deliciosa travesía. Flexioné una rodilla para sentarme encima de mi pie, y por mi tobillo empezaron a descender los primeros hilos de mi lubricación. Con lentos movimientos los dedos abrían y cerraban mi sexo, entraban un poco y salían para patinar unos segundos sobre el clítoris; luego presionaba su palma entera contra mi pubis mientras uno de sus dedos exploraba dulcemente mi ano que había dilatado su estrechez, y volvía a extraerlo para dar masaje a la entrada de mi vulva.

Penetraba y oprimía lo necesario para hacerme ansiar más profundamente la duplicada intrusión de sus caricias, repitiendo sin pausa ni prisa los mismos pasos una y otra vez, exasperándome casi, palpando en zigzag de abajo a arriba con delicadeza y con pleno conocimiento de los puntos donde el placer se incrementaba hasta hacerse realmente insoportable. Aquella mano tenía la masculina rugosidad del terciopelo.

Me acariciaba como si mi vulva fuera un dócil animal ajeno al resto de mi cuerpo, un gato montés domesticado, un conejo urgido de su fuerza y su fineza. Nadie, a excepción de Blanca o Amarilis quizá, que sabían sostenerme con la punta de su lengua en la cúspide de la excitación sin dejarme precipitar en la vorágine del goce, me había tocado con tal refinamiento, aunque aquel no era el momento de establecer comparaciones.

Como si doblaran secretos origamis, los dedos descendían desde el clítoris hasta el derredor del ano, entraban una y otra vez de forma breve, para aquietarse sin hacerme traspasar los linderos del orgasmo. Luego de mucho tiempo, el hombre retiró la mano y lo vi inclinarse para sacar de su maletín colocado bajo el asiento delante del suyo una lata redonda y plana, cuyo destello añil metálico creí reconocer entre las sombras. La abrió y metió en ella sus dedos y la volvió a cerrar. Debajo de la frazada su mano regresó al selvático rumor de mi entrepierna. El ungüento con el que él había lubricado sus dedos me produjo inmediatamente un intenso calor que trepó hasta mis mejillas y me hizo percibir con nitidez las aceleradas palpitaciones de mi sexo.

Aquella era una pócima extraordinaria cuya atávica composición incrementaba el fuego de un untuoso placer que me encendía, haciendo resbalar una vez más sus dedos por encima y a través de los suaves caminos por donde sus yemas se habían abierto paso con facilidad, arrastrándose sin premura y alternativamente. Me mordí los labios y contuve la respiración para no gemir, y apreté la verga de Alberto cuando me sobrevino el primero de los orgasmos que la experimentada mano de mi compañero de viaje me obsequiaba.

El goce de sus caricias era multiplicado por la intensa calidez de aquella fórmula cremosa que a partir de la raíz profunda y oculta entre mis nalgas se iba ramificando, para crecer por todos los poros de mi cuerpo y enardecer a su máxima pureza mis sentidos en flor. Mi sexo hinchado estaba extremadamente sensible a la sofisticación de su tacto y él lo supo de inmediato. Dejó nuevamente quieta su mano sobre mi pubis, con un dedo inserto en los latidos de mi sexo y otro dentro del relajado anillo del culo, como si sus falanges fuesen dos anzuelos que saborearan mis involuntarias contracciones, prolongando en mi agonía la sensación de su abrasadora destreza manual.

En silencio, con los músculos tensos, me comencé a correr nuevamente, empapada en sudor de la frente a los tobillos. Sentía estar ya fuera de mi, presa de mi deseo y a merced de la sapiencia de aquella mano que, aunque estuviese inmóvil, hacía que mi piel se erizara de pies a cabeza. El hombre interrumpió su dulce recorrido en el momento en que mis caderas empezaron a empujar ansiando más, pidiendo que los dedos engarzados en mi cuerpo entraran más a fondo y sin contemplaciones. La verga de Alberto se había endurecido por los apretones que yo había estado dándole cada vez que sentía sobrevenir un nuevo destello del éxtasis y había crecido hasta volverse tensa, lista para mis labios que buscaron con ansia su cabeza, y la introduje en mi boca. Empecé a succionarla al tiempo que la mano del extraño se movía de nuevo y hechizándome me llevaba a la cima de otro orgasmo.

Mi esposo seguía sumido en el sueño más hondo sin percatarse del estado al que me había conducido la maestría de mi diestro compañero de viaje, ni de que mi mano y mi lengua envolvían las oscuras palpitaciones de su miembro, paladeando su enhiesta textura, mamando su progresivo grosor y gusto a dátil.

Fue entonces cuando sentí la mirada de la vecina de asiento de Alberto, y levanté ligeramente la cabeza para buscar su mirada. Sus ojos agrandados tenían una mezcla de delirio y estupefacción por la escena que observaban, pero sus labios esbozaban una leve y cómplice sonrisa. Sabiéndome mirada sin cortapisas en mi deliciosa tarea y sin importarme ya que se hubiese deslizado de su sitio la manta de mi marido, regresé golosa sobre el miembro de Alberto. Al comenzar a lamerlo otra vez, aún viniéndome, advertí que bajo el cobertor de Fabiola se movían sus manos nerviosas. Sin dejar de chupar y envuelta en el oleaje del prolongado orgasmo, estiré mi brazo bajo la manta de la española donde encontré su propia mano. Ella se acariciaba con rapidez mirando el espectáculo de la verga de mi marido entre mis labios. Sin decirle nada, aparté suavemente su mano de su sitio, y puse la mía encima de la sedosidad depilada de su pubis. No tenía ropa interior y mis dedos hallaron de inmediato su clítoris tan erecto como el mío. Metí un dedo en aquella cueva mojada y empecé a masturbarla con la misma ternura que el oriental me acariciaba desde hacía no sé cuántas horas. Los dedos de Fabiola se disolvieron entre los cabellos revueltos de mi nuca, empujándome hacia abajo para que mi garganta se llenara de la polla de Alberto hasta los huevos resbaladizos, e imprimió un ritmo cadencioso a mi mamada. Me quité un instante para lamer la base del miembro de mi marido, y ella se inclinó para absorber la hinchadísima cabeza que mi otra mano le brindaba. Alberto continuaba dormido, respirando pesadamente. Introduje otro de mis dedos entre los blandos pliegues de la chica, y di un suculento masaje a su clítoris inflamado. A lo largo de media hora que me pareció eterna, mi boca se unió a la suya, besándonos en torno a la punta de la verga de mi marido, hasta que eyaculó un primer chorro espeso que recogimos las dos con las ávidas lenguas, absorbiendo después los que vinieron y el sabroso miembro volvió, seco por nuestras bocas, a su estado normal sin achicarse. Ella se echó para atrás contra el respaldo de su asiento y separando aún más las piernas apretó mi mano con las suyas cuando sintió llegar un orgasmo explosivo, al tiempo de que los cálidos dedos del extraño me conducían en vilo hacia la cumbre de otro orgasmo, éste más suave que los anteriores pero también más alto y ensanchado. Después que el oriental retiró su mano yo dejé chapotear mis dedos en la caliente lubricación que derramaba el sexo mullido de Fabiola, hasta que encendieron la luces de la cabina y entonces tuve que incorporarme con prontitud para cubrir a Alberto y recobrar la compostura antes que las azafatas empezaran a desfilar por los pasillos llevando y trayendo bandejas con agua, café y jugos de fruta. Desde el hombro de mi marido le sonreí a Fabiola y ella se acercó para besar mis mejillas brevemente y decirme al oído, suspirando: –Eres maravillosa y quiero follar contigo en cuanto nos instalemos en el hotel. Voy a hacer que me alojen en un cuarto junto al vuestro– añadió sonriendo en medio del resuello. Su cabello olía a hierbas silvestres y su aliento conservaba el inconfundible sabor de Alberto. La maravillosa eres tú– le regresé el piropo y fui sincera al decírselo. Yo no me atrevía a volver el rostro hacia el vecino de asiento que me había proporcionado aquellas horas majestuosas en la privilegiada sombra del vuelo. Mi marido despertó minutos después del aterrizaje. Alberto esperaba impaciente a que salieran nuestras maletas en la banda transportadora cuando vi a lo lejos a mi compañero de viaje frente a la ventanilla del cambio de divisas. Aproveché para acercármele por la espalda al momento que el cajero le daba monedas y billetes. Quería expresarle mi gratitud por aquellas intensas e infinitas horas de placer que me había prodigado entre la oscuridad nocturna. El también me miró, hermético y contenido, sin traslucir emoción de ningún tipo. Thanke you –le dije con la más amplia de mis sonrisas, satisfecha. De nada, señora –me respondió inmutable en perfecto español y con marcado acento norteño–, el placer ha sido mío. Aquel hombre de pulcro aspecto oriental a quien debía tantos y tan magníficos orgasmos era tan mexicano como yo. Xicoténcatl Terreros Pérezluna, traductor del árabe y el hebreo, catedrático de griego y latín en una universidad chihahuense, rezaba la tarjeta de presentación que me dio junto con la pequeña lata envuelta en mi tanga todavía húmeda. De inmediato las guardé en mi bolso de mano. Consérvela en memoria de este viaje –me dijo– a usted yo la recordaré de hoy en adelante para siempre. Sorprendida y sin responderle o darle las gracias en nuestro idioma común, regresé rápidamente con Alberto que ya había recuperado el equipaje y el sentido del humor, y salimos del aeropuerto. En el taxi camino al hotel, me sobrevino otro orgasmo, sin aviso previo, sin estímulo de ninguna especie. El ungüento seguía haciendo su efecto y abrí la ventana con el propósito meter el rostro entre las húmedas ráfagas del día, al tiempo que hacía esfuerzos para que no se notaran mis jadeos. Aspiré a bocanadas el viento del verano austral. Luego de haberme bañado en el jacuzzi con abundante espuma y de recobrar nuevamente la frescura, y mientras Alberto entraba a tomar una ducha que le devolviera la plenitud de su conciencia, salí al balcón del cuarto del hotel para que el aire secara mi piel y llenara de yodo mis pulmones. Aún me palpitaban, abultados, los labios inferiores. Ahí, frente al mar y a cielo abierto abrí el bolso y saqué la lata azul metálico de su envoltorio de satín y encaje. Para mi asombro, la pequeña lata era similar a la que yo llevaba en mi equipaje, dentro del maletín donde guardaba los bronceadores, el perfume, las cremas y un par de vibradores. Era la misma crema humectante que utilizo desde la adolescencia para quitarme el maquillaje que ocasionalmente aplico sobre mis pestañas y párpados. No tenía nada de mágica o de ancestral como supuse, o como mi imaginación desbordada me hizo creer, cuando la mano de mi hábil y sigiloso vecino de asiento me la aplicó para incendiarme larga y sostenidamente hasta el arrebato de mis sentidos. No sabía si reír de mi fantástica ingenuidad o realmente tomar conciencia de que aquellos placeres sensacionales se debían a una simple y sencilla crema limpiadora del cutis, y que la mano prodigiosa que me había transportado en un tumultuoso viaje hacia mis laberintos interiores era realmente poseedora de una sapiencia milenaria, una sabiduría acumulada por los siglos en los que los seres humanos hemos sido capaces de reconocernos en el deseo del otro y en la entrega sin ambages o acondicionamientos. Desnuda en la terraza de un hotel desconocido, de cara un océano luminoso que me abría sus íntimos secretos y me envolvía de brisa y alegría, solté una incontenible risotada. Me sentí feliz por aquel instante, más mágico aún que los que se desgranaron durante el viaje. Desde el balcón adosado al de nuestra habitación escuché una voz agradable y cristalina–: Hola, ¿de qué ríes, qué te ha hecho tanta gracia? Quien me hacía la pregunta era Fabiola, la hermosa española, desnuda de la cintura para arriba, vestida únicamente con un pareo transparente anudado en la cadera y mostrando sus pechos espléndidos, coronados por dos grandes y sonrosados óvalos, al sol del mediodía. Tras ella, abrazándola cariñosa por los hombros, su pareja también desnuda y mojada como yo, me sonreía intrigada. Seguramente Fabiola ya le habría contado acerca de la manera en que ella y yo nos habíamos conocido durante el vuelo. Se llamaba Rubí y el cabello dorado le caía hasta la cintura sensual de su cuerpo brasileño. Ella oprimía sus senos tiernamente a la espalda brillante y aceitada de mi nueva amiga. Me río de la vida y con la vida, por el placer de saberme llena de sorpresas y de energía –respondí acercándome a ellas para abrazarlas y besarlas por encima de la barandilla de poca altura que nos separaba–, y les di la lata que contenía la crema milagrosa. Tendríamos diez días para compartir aquel regalo que de mi mano, o de la mano feliz del azar o la fortuna, nos llegó del cielo. Al unir la humedad de nuestras lenguas, súbitamente sentí ascender, vigoroso y expansivo, el suntuoso temblor de un nuevo orgasmo

Una buena zorra madura con experiencia y encima dandote placer a ti es de lo mejor que se puede pedir en el sexo. Saben hacer todo tipo de cosas brutales y si encima estan buenas, te quiero contar. Os dejo a un joven que si que nos cuenta en un relato erotico sus experiencias con una madurita

Todo comenzó un día cuando la vi llegar por primera vez llegar a la casa del lado ella era una mujer de unos cincuenta años y yo un Gil de unos 18 años ella era muy bella además solo representaba cuarenta años ella tenia un culo hermoso y que en esa oportunidad se veía mejor gracias a unos pantalones negros que ella llevaba además llevaba una polera de hilo blanca la cual tenia escote muy pronunciado y permitía ver el espacio entre sus pechos claramente sus pechos eran redondos no muy grandes pero si bien cuidados se notaba que ella se cuidaba y se mantenía en forma desde ese día ella fue la protagonista de mis pajas, pero yo no me imaginaba lo que el futuro me tenia destinado ella no tenia pareja estable y además sus hijos ya eran grandes pues ellos mismos la ayudaron en la mudanza, luego de terminada la mudanza yo escuche que ella al despedirse de sus hijos les dijo ahora me voy a dar un buen baño en la piscina para quitarme el calor, y corrí a al interior de mi casa y me colgué de un árbol el que me escon · Disculpe, ufff disculpe y me sonroje pues ella aun estaba desnuda. · Ella respondió, no que te sucede. · Es que mi balón cayo en su patio y quería ver si me lo podía regresar. · Ella respondió claro toma. · Se levanto y me permitió ver su concha peluda y me hizo erectar de nuevo era un cuerpo hermosísimo luego me paso el balón. · Yo aun rojo de calentura le dije que lindo cuerpo tiene. · Ella se sonrojo y me dijo gracias te parece. · Claro, respondí y dije gracias por todo y me baje. Hasta aquí llego nuestro primer encuentro que para haberlo sido fue bastante directo pues aun no conocía su nombre y ya la había visto desnuda lo que en la noche me dio para varias pajas parece que me habían dado todo lo que necesitaba para despertar al sexo real y no las pajas de costumbre. Al otro día salí a regar pues me encontraba solo en casa mis padres se habían ido de fin de semana a la playa y me había dejado solo entonces se abrió la puerta de su casa y salió ella con un buzo bastante ceñido a su cuerpo y un peto que mas que cubrir sus Tetis la aprisionaba, ella se acerco a mi y me dijo: · Hola, como estas. · Bien y usted. · Bien también, eh quería hablar de lo de ayer. · Lo del balón, disculpe pero no se va a repetir en lo posible. · No, eso no me importa me refiero a como me viste, me gustaría que no le dijeras a nadie que me viste así pues pensarían mal de mi y me agrado mucho tu reacción ante eso, aun cuando no pudiste evitar el la vergüenza ha. · No, se preocupe nadie lo sabrá. · Gracias, no sabes que peso me sacas de encima (justo cuando yo lo único que quería era ponerle algo encima y mas aun no me podía despegar de sus tetas). · No, se preocupe, puede estar tranquila. Ella se fue entonces y cando se iba le dije ah y no era vergüenza. Y me entre a mi casa durante ese día estuve mas horas sobre el árbol que en mi casa tratando de verla de nuevo pero la tarde avanzo sin novedad hasta que llego ella muy vestida bastante sexy y de la mano con un tipo, el que venia atrás de ella y casi hipnotizado por su culo ella lo sentó en la silla para tomar sol y comenzó a desvestirse de manera muy sexy con un baile que no olvidare con facilidad, esto era mejor que una película porno y cuando ella estuvo solo en bragas y sostén el la llamo y la sentó enfrente de el y la cruzo las manos en culo y la beso de manera caliente el calor que expelían casi se podía sentir en el árbol y el olor de mujer de ella llenaba todo el ambiente quizás era sugestión pero lo sentí así luego de que se terminaron de besar el le comenzó a masajear los pezones ella echo su cabeza hacia atrás y el aprovecho para sacar una de sus tetas para luego chupársela y mordérsela ella grito y el le tapo la boca con un beso y luego le metió la mano en su entrepierna ella comenzó a gemir suav Luego él en la mañana del otro día me encontraba regando el jardín cuando ella salió de la mano con él y ella con una bata a despedirse del, le dio un beso y espero que el se fuera en su auto para llamarme yo cerré le llave del jardín y fui, me hizo pasar y me dijo. · Sigue aun en pie la oferta, que este estúpido no logra aun darme un orgasmo. · Que oferta, si aun no conozco tu nombre. · Me llamo Sonia, y tu oferta de verga. · Claro aun, y yo te voy a dar los orgasmos que quieras eso sí en la piscina. Ella me toma de la mano y quiso guiarme a la piscina pero yo la tome por la cintura y le quite la bata para mi sorpresa llevaba el traje de baño de la primera vez, y yo le dije. · Esto te queda muy bien, y le toque una nalga. · Ella respondió girándose y diciendo si de eso me percate la primera vez que te vi en el árbol pero más te gusto sin esto o no. · Claro, que sí. Y la bese nuestras lenguas juguetearon mucho rato y aun de mis manos se puso a juguetear con su pezón la otra se abría paso en su culo ella no opuso resistencia y yo metí primero uno de mis dedos en su orificio y luego dos y hasta tres ella no aguanto mas y dejo de besarme y comenzó a jadear y empujo mi cabeza hacia abajo invitación a la cual no me negué y comencé a bajar lentamente su bikini para luego seguir besando cada rincón que se descubría ante mis ojos y ella tan solo quería que me enfocara en su clítoris era algo que ocurriría en cuestión de tiempo pero aun no era el tiempo para eso y ella solo quería eso yo la contuve un poco pero cuando ya no se pudo mas comencé por pasar mi lengua por cada uno de sus labios para luego solo palpar un poco su clítoris ella ya gemía mas rápido y ya no aguantaba mas ella ya solo se dejaba llevar por sus instintos ella era ya solo una perra en celo y solo quería una penetración por donde fuera y me comenzó a jalar de los pelos para luego subirme a la altura de su cara Solo un sueño si me conoces salúdame e invítame a pasar el calor en tu piscina y con tu compañía por ahora solo un mail bastaria

Tener sexo en la ducha es de las mejores cosas que existen y mas si es con una belleza como la de este relato erotico.

Mes de agosto y 30 grados de calor, ni las duchas frías hacía que la temperatura de mi cuerpo descendiese, tanto por el ambiente como por el hecho de ver a mi novia con los shorts y un generoso escote que dejaba entrever sus hermosos y deliciosos pechos; grandes, voluptuosos diría yo, con unos pezones que sobresalían como pidiendo a gritos que una boca sedienta los devorara.
Yo había salido a dar un paseo por los alrededores de la casa, cuando llegué me encontré al padre de mi novia, le hablé y pregunté por Isis, me dijo que estaba en la ducha.
En principio no le di importancia ninguna pero me fui sentar a la sala y esperando, vi a su padre viendo la televisión en la cocina, todo atento, yo me imaginaba a mi chica desnudandose, dejando caer la ropa al suelo mientras su cuerpo desnudo relucía de belleza.
Me acerqué a la puerta del baño y cual fue mi sorpresa que la puerta no estaba cerrada del todo, no le había puesto el pestillo y con sumo cuidado la abría sin que se diera cuenta.
La ducha estaba cubierta con unas cortinas para impedir que el agua mojara todo, entre el ruido del agua cayendo sobre su cuerpo y la voz alta que salía del televisor de la cocina ella ni se percató que yo había entrado, al entrar yo si cerré el pesillo para asegurarme que nadie entraría.
A través de las cortinas ya entreveía su cuerpo desnudo, de espaldas a mi, sus pompas tan hermosas, un culito precioso, de esos que tocas y tocas y no te cansas de admirarlo.
Me fui quitando la ropa poco a poco, pero también con ansias de estar ya desnudo. Mi polla entre lo que veía, lo que imaginaba, lo caliente que estaba y el roce de la ropa al quitarla y dejarla desnuda se fue poniendo cada vez mas dura, tanto que se levantó por completo hasta no poder mas.
Ahora nada mas faltaba entrar en la ducha y sorprenderla, pero oh oh, no pude del todo, me escuchó, pronunció mi nombre y yo le dije, si, soy yo. Lanzó un ligero suspiro como de aprobación ante la situación en la que estabamos.
Le dije que estaba muy caliente y quería follarla allí mismo, ella dijo que lo mismo, que con la calor y allí debajo del agua pensando en mi se estaba poniendo muy cachonda y ya casi estaba por masturbarse.
Esa idea me gustó y le dije pues que siguiera, abrí un poco las cortinas y vi como con su mano acariciaba su clitoris, subía y bajaba con su mano frotandolo cada vez con mas intensidad y rapidez. Pronto lanzó leves suspiros de placer ante lo que yo no pude evitar agarrar mi pene y comenzar a darme fuerte, pero sin querer correrme aún.
Tan caliente me puso que ya entré en la bañera, me puse detrás de ella y la empujé contra la pared sin apenas dejar moverla, agarré sus pechos, grandes tan grandes que con una mano apenas podía tener su pecho en mi palma, sus pezones estaban duros, frotando con las yemas de mis dedos mas duros se ponían.
Yo para entonces ya tenía mi polla tan dura que nada mas deseaba penetrarla bien fuerte y hacerla gritar de placer.
Mis manos fueron bajando por su cuerpo hasta llegar a su coño, calentito y muy mojado para entonces. Acaricié sus labios vaginales y los fui abriendo para hacer paso a mis dedos que se introducieron en su coño hasta no poder mas. Con mi otra mano le fui acariciando su espalda y bajando por su cintura, la cual rodeé, mientras tanto ella ya no paraba de agitar mi polla y darle fuerte, mi lengua estaba en su cuello, sus orejas, y le lamía todo lo que podía. Con mi mano en su coño mi polla cerquita de su culito mi otra mano empezó a acariciar suavemente su ano, suspiró de placer, me agaché y comenzé a lamerle su coño, así de espaldas abrió bien sus piernas para que mi lengua entrara mejor, ahí tuvo ya un orgasmo, momento que aprovechó para darse la vuelta y meterse mi polla en su rica boca y lamerme todo, a bocados se quería meter mis huevos en su boca, yo estaba que no podía mas, la subí, le di la vuelta, apoyó las palmas de sus manos en la parede mojada, le abrí las piernas e introducí mi polla en su coño, que rico verla así de espaldas mientras yo la penetraba sin parar, dandole cada vez mas fuerte. Uno de sus gritos me asustó pensando si su padre escucharía, pero por otra parte el peligro aumentaba la excitación y eso hizo que mi polla mas dura aún la golpease hasta el fondo, pedía mas y mas y puse todo mi empeño en hacerla disfrutar al máximo.
Una vez me corrí dentro de ella los dos nos abrazamos debajo de la ducha, sus pechos en mi pecho, sus pezones aún seguían duros, lo que provocó que al acariciarla nos empezasemos a masturbar mutuamente de nuevo, así seguimos un rato mas hasta que luego cada uno salió por separado de la ducha.

Relato erotico de una jovencita que tiene el coño mojado cada vez que ve a este hombre, por suerte consigue hacer su fantasia realidad y tener al hombre entre sus piernas.

Las 7 y media de la mañana y de nuevo estaba sonando el despertador como todos los días. Me levanté y fui directa a la ducha. El agua caliente sobre mi piel me relajaba y estuve allí durante un buen rato. Desayuné rapidamente y me dirijí camino de la universidad. Era un martes, la mañana se presentaba bien ya que las clases eran entretenidas y divertidas. A pesar de las fechas, finales de abril el sol ya lucía en lo alto del cielo y no hacía frío por lo que decidí ir en falda a las clases. No me gusta presumir pero tengo unas bonitas piernas y en general un cuerpo bien formado.
Al llegar a la universidad saludé a mi amiga Elena que me estaba esperando. Hablamos sobre algunas cosas; el día anterior, las clases, los próximo examenes, y tambien de los chicos. Yo estaba en ese momento sin pareja desde hacía ya 3 meses. Mis deseos sexuales durante ese tiempo los dedicaba a masturbarme yo sola en casa, para lo cual había decidido comprar un consolador el cual utilizaba frecuentemente para darme mayor placer.
Elena me comentó que ese día la segunda clase nos la daría un nuevo profesor ya que Mario, el que acostumbraba a hacerlo, estaba de baja laboral. Según se decía el nuevo profesor era bastante joven y muy guapo. Desde ese momento tuve una sensación dentro de mi cuerpo como que se me metió en la cabeza como una fantasía a pesar de no conocerlo.
Al llegar el momento de comenzar entró en clase y se presentó ante nosotros, nos dijo que su nombre era Fernando, aparentaba unos 32 años, alto y un cuerpo atlético, de cara no era precisamente mi tipo.
Comenzó a dar la clase, de pie primeramente y luego se apoyó en una esquina de la mesa con las piernas cruzadas. No pude evitar fijarme en su entrepierna y observar como un bulto sobresalía entre sus piernas, marcaba un gran paquete que provocaba que mi mirada se desviara allí durante gran parte de la clase.
El imaginarme poder sentir aquello y poder acariciarlo provocaba en mi un pequeño estado de excitación. Tanto fue así que abrí mis piernas ligeramente, deseaba en ese momento poder rozar mi vagina con cualquier cosa, mis labios vaginales pedían a gritos que alguien los acariciara, quisiera cerrar los ojos y que Fernando me tomara para meter su mano entre mis piernas y llegar al punto de placer que yo reclamaba. En un momento introduje rapidamente mi mano debajo de la falda hasta alcanzar mi tanga, lo retiré un poquito para poder con mis dedos tocar mi vagina y acariciarla. Solo el echo de ver su paquete había provocado que mi coño estuviese ya húmedo. Deseaba en ese momento poder desnudarlo allí mismo y sacar a la luz lo que debía ser una enorme polla la cual introduciría ne mi boca para saborearla de principio a fin, comiendosela y mamandola hasta sus huevos. En ese momento de mi fantasía mis pezones se habían puesto duros, el roce con mi sujetador hacía excitarme mas y mis piernas se movían en busca de algo que no podía encontrar en ese momento.
Casi sin darme cuenta finalizó la clase y yo me sentía húmeda y con ganas de mojarme aún mas, de sentir las manos de un hombre sobre mi piel que me hiciese sentir mujer en ese instante.
Salí al pasillo, no tenía clase la siguiente hora. Sin pensarlo mucho me dispuse a ir al baño para terminar allí, yo sola, mi fantasí, nunca lo había echo así, normalmente me masturbo siempre en casa pero eran tantas las ganas que ni dudé.
Llegando al baño me paró de repente una voz que me preguntaba algo, giré mi cabeza y allí estaba el, era Fernando. Me preguntaba por el baño, yo le comenté que también iba hacia allí así que le dije que viniera conmigo. En los apenas 15 metros que nos separaban del destino me preguntó si no tenía clase y le dije que no. Al llegar a las puertas de los baños ya no dije nada y el entró en la de los chicos. Me quedé fuera como medio minuto y luego, algo pasó por mi cabeza y me dejé llevar, abrí un poco la puerta del baño de los chicos, solo estaba el, entré y me acerqué a el que ya se lavaba las manos. En principio se sorprendió un poco, y luego sin mediar palabra acerqué mi mano a su paquete, la posé sobre su pantalón y noté como aumentaba repentinamente de tamaño. Una sensación increíble recorrió mi cuerpo en ese mismo momento. Desabroché su pantalón y metí mi mano en su calzoncillo, se la acaricié hasta que iba poniendose cada vez mas dura y aumentando su tamaño. Se arrimó a una pared y comencé a lamer su pene con mi lengua para a continuación introducirlo en mi boca, mi lengua jugaba con la punta de su polla y mis manos acariciban sus huevos llenos de leche para mi.
No tardamos en buscar una nueva posición, pero dificil asi que nos metimos en un compartimento del baño, cerramos la puerta, bajamos la tapa del water y ahí se sentó el, con su pene bien erecto. Yo de pie mientras el introdujo su mano entre mis piernas, me bajó mi tanga y comenzo a tocarme, el sentir sus dedos sobre mis labios vaginales me provocó mucha excitación, abrí mas mis piernas para que pudiera introducir mas sus dedos y jugar asi con mi clítoris. Yo misma me quité mi blusa y el comenzó a mordisquear en mis pezones y a lamerme mis tetas, los pezones estaban muy duros y mi coño ardía ya por sentir dentro su enorme polla.
Me coloqué sobre el, nos acomodamos bien e introdujo su pene dentro de mi, la colocó con suavidad y luego yo fui bajando lentamente para sentir como entraba toda hasta el fondo. Al sentirla ya en el fondo comencé a moverme despacio, mientras el con sus manos manoseaba mis pechos. Comencé a subir y bajar sobre aquella enorme polla que me hacía lanzar pequeños gemidos, con temor de que alguien entrase en ese momento.
No tardé mucho en comenzar a cabalgar sobre el cada vez con mas rapidez, el bajó sus manos y las puso sobre mis nalgas para acompasar bien los movimientos y que su pene entrase totalmente hasta el fondo de mi vagina. Ya sentía mis jugos y lo húmeda que estaba, su pene entrando y saliendo de mi cada vez con mas fuerza.
Al sentir que estabamos los dos a punto ya para el orgasmo total el sacó su polla de dentro de mi, no teníamos protección, asi que buscamos la forma de corrernos juntos. Yo tomé su polla con mi mano y comencé a agitarla mientras el con su mano introducía mis dedos en mi vagina que ya estaba mas que mojada. No tardé ni un minuto en ver salir su leche de su pene, eso provocó que mi excitación fuese mayor y que me viniese inmediatamente mientras sus dedos entraban y salían de dentro de mi. Nunca había probado el semen pero el verlo salir y la excitación que tenía hizo que mi boca quisiese comerse aquella rica polla por lo que me la chupé toda de arriba a abajo. El seguía sentado y me mandó ponerme de pie, mis labios vaginales quedaron a la altura de su boca y con su lengua comenzó a lamerme, sus dedos abrieron mis labios y su lengua comenzó a recorrerme buscando el clítoris… mmmm, sentí tanta excitación de nuevo que me provocó otro orgasmo.
Sin darnos cuenta había pasado ya media hora y nos vestimos de nuevo y salimos al pasillo, cada uno por su lado.
En esa semana solo le tocaba darme una clase mas y ese dia no pude ir. A la semana siguiente ya estaba de vuelta el antiguo profesor, por lo que jamás volví a verlo, pero aún cuando pienso en aquel momento me excito mucho.

Relato erotico en el que un chico nos cuenta como domina a su novia y hace que esta cumpla todos sus deseos, absolutamente todos.

A veces las fantasías se cumplen, el tener una no quiere decir que la llevemos a cabo, pero algunas veces pasa y esto pasó realmente una noche de verano.
Mi novia y yo siempre que podemos practicamos el sexo, nos encanta a los dos, sin probar ni hacer cosas raras, nosotros dos y nuestras imaginaciones nos bastan para poder disfrutar del sexo al máximo.
Habíamos hablado en alguna ocasión de como nos gustaría hacer el amor en alguna ocasión, así que lo que sucedió es algo que ya de antemano sabíamos a los dos que nos gustaba.
Ella había llegado antes a casa, se suponía que a esas horas estaba ya preparando la cena, yo llegaba mas tarde pues ese día tenía mucho trabajo y no pude terminar antes.
Llegaba con el coche a casa cuando la vi fuera, dandole de comer algo al perro, se agachó un poco para echarle la comida al perro cuando mmm, vi que llevaba una falda cortita que me encanta, al ver sus piernas y sus pompas algo se encendió en mi que ya deseaba bajarme del coche. Ella entró en casa mientrastanto yo metía el coche en el garaje y cerraba todo bien. Tardé como 5 minutos en entrar en casa.
No había mucha luz en casa, nada mas se veía la luz de la cocina donde Federica preparaba la cena, se olía el olor en toda la casa de langosta. Parecia que la cena iba a estar muy bien, entre el olor de la langosta se entremezclaba el olor de ella, suave y ligero, de ese que cuanto mas te acercas mas quieres sentirlo. Y yo la quería sentir ya.
Salía de una puerta de la habitación, ni me vio que estaba casi detrás de ella, en el pasillo, apenas había luz alguna, se veía poco. Con mi mano le tapé los ojos y con otra mano acaricié sus pompas, se sorprendió en principio pero no le dejé hacer mucho mas, pronto la empujé contra la pared, en la esquina del pasillo, cerca de la cocina, apreté mi cuerpo contra el suyo, la tenía inmovilizada completamente, sus pechos rozaban la pared.
Con una de mis manos tomé las suyas y las agarré fuerte, levantandole los brazos, con una pierna mia la metí en medo de las suyas para evitar que se moviera. Mi otra mano fue introduciendose debajo de su falda, la cual levanté con calma, sabiendo el destino fijo, mmm, parecía que me esperaba, no llevaba bragas, así que fue fácil llegar a su coñito y empezar a acariciarlo suavemente, sin llegar a introducir ningún dedo, nada mas frotarlo. Luego de acariciarlo un rato mi mano fue a sus pechos mientras mi lengua fue lamiendo sus orejas y su cuello lentamente, estaba muy caliente y nada mas quería follarla allí mismo.
Quiso hablarme pero no le dejé, le dije que era mia e iba hacerle lo que yo quisiera nada mas. Quería dominarla por completo, hacerla mia totalmente. Levanté una de sus piernas, me bajé los pantalones, mi polla estaba dura, le dije, ¿la quieres?, contestame!!, y me dijo siii, sii, dame dame por donde tu quieras. Eso me encendió mucho mas, asi que la puse detrás de ella y se la metí por detrás, la empujé mas fuerte contra la pared, mientras mi polla entraba y salía de su coño mi mano tocaba sus pechos, yo empujaba contra la pared y mi otra mano fue acariciando su espalda hasta llegar a su culo, ahi lo fui acariciando, tocando su ano hasta ver que se excitaba mas.
Voy a meterte un dedo en ese culito que tienes y que me vuelve loco, a ver si te gusta. Quiero que seas mi puta y que me obedezcas y consientas todo, porque eres mi esclava ahora mismo y vas obedecerme en todo!!, esas fueron mis palabras antes de empezar a introducir un dedo en su ano ligeramente mientras mi polla entraba una y otra vez hasta el fondo de su coño.
Los gemidos de los dos eran inmensos, la pared de la casa temblaba a cada embestida que le daba, aah aaaaah aaaaaaaaaah, si siiiii, que delicia darle así por detrás, dominarla por completo y saber que ella estaba supermojada y caliente, que me pedía mas y mas y que le gustaba que la dominara así por completo.
No tardé mucho en mojarla mas de lo que estaba, me corrí dentro de ella, mi leche salía de su coñito… no contento le dije que se diera la vuelta, así contra la pared aún, le agarré su cabeza e hice que me lamiera toda mi polla para luego sujetarle las manos fuerte contra la pared y yo agachaco lamerle su coño mientras ella estaba de pie, era muy sabroso y le provoqué otro orgasmo. La noche fue muy intensa y luego de la cena, la langosta y todo hubo mas y en mas lugares… pero eso será otro día tal vez.

No habeis pensado nunca lo larga puede llegar a ser una noche y mas si se trata la noche de bodas? En vez de eso la deberian de llamar la noche del porno brutal y del sexo desenfrenado que es realmente de lo que se trata. Os dejo el relato erotico de un hombre que no descansara ni un segundo en esa larga noche, casarse merece la pena solo para esto…

En este relato os voy a contar como transcurrió el día de mi boda. La verdad fue un día largo y cansado, pero ya la noche se acercaba y el momento de descansar estaba ya cercano.
Me apetecía como nunca quedarme a solas con la que era ya mi esposa y hacerle el amor como matrimonio por primera vez. Durante la cena de la boda ya nuestras miradas complices nos decían que los dos teníamos ganas de tener sexo. Mientras nos tomabamos la penúltimo copa de cava la miraba con ojos de deseo, observa el generoso escote que se había abierto para mi lejos de las miradas de los invitados. Sentados en la mesa Catherine metio su mano por debajo hasta empezar a acariciar mi paquete. No tardó mi pene en sentir su mano acariciándolo y mis huevos en ser manoseados por sus manos. Yo intenté buscar su coño pero entre su vestido estaba dificil el hacerlo, nada mas ella se inclinó un poco y vi sus pechos que me pusieron mas cachondo aún. Sus pezones son algo que me vuelven loco y le susurré al oido “Catherine deseo comer esos pezones ahora mismo porque tengo mucha hambre”… ella se acercó y me respondió “y yo quiero comerte esa polla que se está poniendo tan dura”.
Eso me puso muy cachondo, tanto que vinieron en ese momento a saludarme y ni me levanté porque me hubiera delatado mi pene erecto. Al quedarnos solos ella me sonrió y miró el bulto de mi pantalón, yo desabroché la cremallera y saqué mi pene un instante, instante que ella aprovechó para tomarlo con su mano y acariciarlo.
Poco después los dos nos despedimos de todos los invitados y nos dirigimos a la habitación del hotel donde estábamos celebrando la boda.
La cogí en brazos y cruzamos la puerta, mi erección aún casi no había bajo y ella me comentó que estaba húmeda y muy caliente.
La posé en el suelo y con las persianas cerradas encendimos una luz muy suave. El aspecto de la habitación era muy romántico. La llevé a la pared y allí apoyó las palmas de sus manos en la pared, su cara contra la pared y le abrí un poco las piernas. Me puse detrás de ella, y tomé con mis manos sus pechos, ahora si podía acariciarlos y hacerlos míos con total libertad, apasionadamente los acariciaba. Fui quitándole el vestido poco a poco hasta que se quedó nada mas con una elegante y sexy lencería que me puso muy caliente.
Así siguió apoyada en la pared, yo le abrí mas las piernas, me puse de rodillas sobre la alfombra y con mis manos empezé a bajarle muy lenta y suavemente sus braguitas. Nada mas bajarlas un poco a la altura de mi cara y frente a mis ojos pude ver su culito y su coño mojadito.
Acerqué mi cara a el, su olor y el saber que estaba caliente me excitaba mucho. Saqué la puntita de mi lengua y la acerqué asi por detrás a su coño. Lo toqué suavemete y lo lamí. Luego fui besando sus piernas, por detrás de su rodilla, sus muslos, sus pompas, con mi lengua iba lamiendo toda su piel. Me acerqué a su ano y lo besé, pasé mi lengua sobre el y luego de repente me acerqué a su coño y comencé a darle lengüetazos, uno tras otro, mientras ella movía ligeramente sus piernas, pero sus manos seguían sobre la pared, eso si, gemía ya de placer, Mi polla estaba muy dura y ya quería salir esos primeros jugos.
Saqué lo mas que pude mi lengua y la fui metiendo dentro de su coño y luego la giraba para que la sintiera dentro, moviéndola y chupandole esos jugos tan ricos que mojaban su coño. Tan cachondo me puse que no pude mas, Me levanté y sujeté de los brazos, ahora mis brazos estaban sobre los suyos, apoyados sobre la pared acerqué mi pene a ella y la penetré fuerte y hasta el fondo, así de golpe, la dejé dentro unos segundos y la retiré de nuevo hasta casi sacarla y de nuevo empujé hasta el fondo.
Le gustó tanto que empezó a mover su culito hacia mi para que le diera mas rápido y más fuerte hasta el fondo de su coño.
Y así empezé a golpear mis huevos contra sus pompas, una y otra vez le daba y la follaba con todas mis fuerzas. Nuestros gemidos eran cada vez mas fuertes y más intensos.
Casi al mismo tiempo sentí como mi leche estaba ya saliendo mientras ella daba los ultimos gemidos antes de llegar también al orgasmo.
Ahora si caí sobre la alfombra, mi polla dura y caliente seguía en pie, así que ella la tomo con sus manos y siguió frotándola y haciendome una rica paja, pero sin dejarme llegar. Acercó su boca a ella, sacó su lengua y lamió los jugos que estaban ya saliendo, preludio de que ya en nada me corría otra vez. Metió mi polla en su boca y con su lengua me la lamía toda, su boca la engullía una y otra vez hasta el fondo, lamía y mordisqueaba mis huevos, eso me volvió loco de placer y casi a punto de salir mi leche sacó su sostén que aún llevaba puesto y dejó mi leche mojara sus espléndidos y grandes pechos.
Tanto me gustó verle sus pechos asi mojados por su leche que mi polla seguía sin bajarse, ella se puso encima y comenzó a cabalgarme una y otra vez, yo veía sus pechos como se movían, como rebotaban una y otra vez sin parar y mis manos los manoseaban, mi boca chupaba esos pezones tan ricos y los mordisqueaba ligeramente. Ya mi polla llegaba una y otra vez hasta el fondo, sentía un placer increíble y quería correrme dentro de ella para sentir que mi leche le mojaba todo su coño y sus jugos escurrían por mi polla. Después de un rato montándome y acariciando sus pechos y mi polla entrando y saliendo de su chocho calentito nos corrimos los dos y caímos rendidos sobre la alfombra.
Esa noche fue larga, y a pesar del cansancio dormimos muy poco pues pasamos toda la noche follando sin parar, una tras otra vez.

Relato erotico de una pareja que de lo cachondos que estan no pueden esperar a casa para follar, y deciden pararse en mitad de la carretera a tener sexo salvaje a la vista de cualquiera que pase por alli.

Victor me la metio en mi culito, yo estaba no se adonde pero era sabroso, lindo, me sentia la mujer mas deseada y amada sobre la tierra. Pablo de lado se hacia la paja mientras nos miraba.

Veníamos de pasar el día en una finca y no tuvimos la oportunidad de hacer nada de amor y sexo, nos quedamos hasta muy tarde esperando a que todos se fueran pero no dio resultado. Salimos como a las diez de noche. La carretera estaba estupenda, despejada y la luna bellísima, estaba con tanta claridad que se podía andar sin las luces encendidas. Lo cierto es que yo no quería llegar a la casa por que los niños estarían despiertos y seguro que no nos dejarían en paz para hacer el amor ni poder hacer nuestras fantasías.

Después de un rato en la vía yo le comenté a Pablo que en la casa no podíamos hacer nada y que el día, aunque bonito, no pudimos ni chuparnos un ratito, estaba realmente caliente y tenía ganas de sentir un miembro que me perforara.

Pablo también tenía muchas ganas y paró el rústico en el que viajábamos que no tiene puertas por cierto. Antes que él parara ya me iba acariciando mis tetas y subió la franela y los sostenes por encima de mis senos en plena carretera. Cuando paró dio la vuelta y bajó los monos pantalones deportivos y mis pantaletas hasta los tobillos y comenzó a darme unos lengüetazos que me hacían gemir y ver estrellitas de placer, yo le pedía más pero también se lo quería chupar…

Era algo fascinante hacerlo allí en plena vía, sentir el placer y estar pendiente si venía otro vehículo me volvía loca, con mis rodillas arriba y semi desnuda Pablo me poseyó con unas ganas locas, sus movimientos eran feroces yo gemía, gemía, gemía y jadeaba de la locura en que estaba, cuando llegaba yo a acabar por primera vez allí (tener mi primer orgasmo) vimos las luces de un vehiculo que se aproximaba yo le dije a Pablo que siguiera no me importaba nada en ese momento pero él me dijo que mejor esperábamos por que era solo un carro y después seguíamos.

Él se apartó y abrió la cubierta del motor para que los del carro pasaran y solo suponían que estábamos accidentados, (mala idea) bueno Pablosiguió metiéndome mano en mi culo y mamando mis tetas y eso me mantenía calientita, cuando los de carro pasaron por un lado se oyó una voz que grito es el de Pablo. Eso hizo que yo me subiera el mono como pude Pablo fue y cerró la cubierta del motor y del carro, se paró bien adelante y vimos por las luces traseras que la intención era retroceder y una silueta corría hasta donde estábamos nosotros, bajé mi franela y me acomodé en el asiento.

Pablo encendió el carro y arrancamos… No sin antes percibir que era nuestro amigo Víctor y no se como hizo y se montó en nuestro rústico y les gritó a sus acompañantes que se iba con nosotros (frustración de planes). Los otros se despidieron con los esperamos allá y se fueron rápidamente, Víctor hablaba y preguntaba y no sabíamos que responder.

El ambiente era sensual y el olor a sexo era resaltante. Después de un rato dice Víctor, bueno, yo no quería estropear el viaje, de verdad les pido que me perdonen… Pablo le responde con una pregunta: ¿Y porque dices que no querías echar a perder nuestro viaje? y él responde por que es obvio y halándose su franela señala la mía.

Resulta que con el apuro yo me subí los monos y me bajé la franela pero no me percaté que el sostén lo dejé por encima de mis senos y se marcaban los pezones de una manera evidente de excitación. Yo estaba excitada por que conocía a Víctor y Pablo me comentó que yo le agradaba y mientras veníamos en el camino yo no encontraba como hacerle señas a Pablo para ver si se daba algo y el muy de Pablo le dice, por mi no se a echado a perder nada, por el contrario se puso mejor, yo oí eso y me dije bingo, el hombre agarró la señal…y después dijo algo que me puso a millón cuando me retornó la pelota y dice, bueno eso lo digo por mi, pregúntale a Mireya.

En eso veo que Pablo detiene el vehículo otra vez y me imaginé que los dos me iban a coger en ese lugar y Pablo dice otra vez, se apagó, refiriéndose al carro y dijo, ya lo reviso bajándose del carro, abrió la cubierta del motor y yo me quedé petrificada.

Mi esposo se acercó por el lado derecho del carro y le dijo a Víctor que necesitaría que sostuviera dos cables que estaban por debajo del tablero y que cuando llegara corriente avisara y yo le encendería dándole por la llave. Yo no sabía si era verdad o una estrategia de mi esposo para que Víctor y yo no desinhibiéramos, lo cierto es que para esa operación él tenía que casi montarse por encima de mis piernas, y se sentía en el ambiente un olor a sexo que nos embriagaba de deseo.

Estando en esa posición comencé a sentir unos toques en mis piernas y él al ver que no rehusaba los hizo con mayor detenimiento, subía y bajaba su mano desde el tobillo a mis muslos. Yo sentía esa mano y me provocaba dejar todo y llevarla a mi entrepierna, al poco tiempo de eso comenzó a estrujar mis muslos diciendo que le gustaban y que si me dejaba comerlos y trataba de separármelos, yo oponía un poco de resistencia y él al ver eso subió la mano y me agarró los senos y sin darme tiempo los estrujó, apretando uno de mis pezones y eso me pone malita, de verdad no se que pasó yo cerré los ojos y me dispuse recibir toda clase de caricias separando mis muslos, en ese momento no se cuanto tiempo pasó de verdad, yo estaba mojada por la cogida que momentos antes me dio mi esposo y después estaba siendo acariciada por otro hombre en plena carretera y a unos pocos pasos de mi marido, eso estaba delicioso y genial.

Imaginaba que si con Pablo fue fenomenal con los dos ahora bueno ya ustedes están sintiendo el deseo ya podrán imaginar como estaba en ese momento que todavía lo escribo y tengo que masturbarme para aliviar y seguir con el cuento.

Les cuento que cuando abrí los ojos mi esposo estaba a un lado contemplándonos, que espectáculo Víctor tenía su mano derecha por dentro de mis monos acariciando mi culo y su mano izquierda entre mis tetas y lamiendo mis pezones alternándose entre ellos. Y yo con las piernas bien abiertas y con la franela por encima de mis senos.

Yo me espanté y Víctor no encontraba que decir solo balbuceaba cosas sin sentido, Pablo dijo algo como uno no los puede dejar solos por que inventan…el pobre Víctor se moría del susto, yo cuando vi que él estaba todo cortado de reacción y no sabía si era en serio o juego y aprovechando me calentura lo agarré y le puse mis manos en sus mejillas que estaban frías del susto y lo besé en los labios y él veía a Pablo y no reaccionaba y metí mi lengua en lo más profundo de su boca y fue cuando por fin entendió que era parte de un juego entre nosotros.

Después que nuestro amigo reaccionó y se le quitó el susto continuamos con nuestra partida, en ese sitio a la luz de la luna estaba hermosísima, Pablo y Víctor competían por darme la mayor atención y ver quien me daba el beso más sensual, la caricia que me estremecía más y cosas como esa, víctor me comió el culo y dijo, en esto tendré que comer culo con sabor a macho por que ya vi que te la cogiste antes que yo llegara, pero esta mujer está riquísima y me comía como un experto, yo por mi parte le estaba mamando la verga a mi esposo que me preguntaba si me gustaba como me comían el culo y estaba fenomenal.

Después a la orilla de la carretera me recosté del asiento y le puse mi culo a víctor para que me cogiera, me la metió despacito y después de unos cuantos movimientos lentos, que me permitió delirar, sintiendo su entrada y salida percibiendo su largo y delicioso palo, yo estaba no se adonde pero era sabroso, lindo, me sentía la mujer más deseada y amada sobre la tierra.

Pablo de lado se hacía la paja mientras nos miraba, yo podía verlo en algunas ocasiones que me permitía abrir los ojos y en una de esas él me mostró lo parado que lo tenía y no pude dejar de llamarlo para darle una mamada mientras víctor me partía en dos de los empujones que me estaba dando.

Víctor le preguntó a Pablo si podía acabarme adentro, es decir echarme su leche adentro de mi culo y él le contestó eso es con ella, Mireya es la que decide en eso, y yo le dije que cuando fuera a acabar me dijera. Yo le pregunté a mi esposo si él también quería acabar y me dijo, aguanto mi vida.

Víctor me gritó voy a acabar y yo solté la verga de Pablo que tenía entre mis manos y mi boca y me di la vuelta, tomé la de Víctor y comencé a chuparlo mientras Pablo me cogía otra vez, Víctor acabó y se derramó en mi boca, su leche estaba caliente, era más caliente que la de Pablo y bastante viscosa, espesa, deliciosa, pude saborearla como a mi me gusta chupar una verga que brota su leche mientras me cogen rico, luego le toca a Pablo y me tragué su leche bien buena, abundante y más fluida que la de víctor. Después seguimos y dejamos a víctor en su casa, Luisa que es su esposa estaba esperándolo y nos despedimos con el compromiso de vernos pronto y que él llevaría a su esposa al próximo paseo

Ese domingo, pese que llegaría a casa con ganas de que me cogiera Pablo, y tal vez los niños no nos darían espacio y resultó que cuando llegamos estaban dormidos y nosotros nos dimos un baño juntos y recontando lo sucedido volvimos hacer el amor como si estuviéramos fresquitos.

Por eso digo yo que entre más haces el amor más te dan ganas de sexo.

Relato erotico sobre un tio que prueba las experiencias de sexo anal con una chica bastante guarrilla, vamos, una zorra rubia muy sumisa que se deja hacer y le encanta el porno brutal

Él me dijo lo que tenía qué hacer. Y yo me apresuré a cumplir sus órdenes. Cogí a la chica de la mano y la conduje a la habitación. Olía muy bien, a un perfume muy dulce. Se trataba de una niña muy mona. Tenía veinte años, el cabello muy rubio y los ojos muy azules. Era alta, y esbelta, con la piel blanca y delicada. Únicamente llevaba puesta la ropa interior, y unas sandalias de color rosa.

Se dejaba hacer. Recorrí con las dos manos sus tersos muslos adolescentes, y alcancé el borde de su tanga. Tenía textura aterciopelada, muy sugerente. Con los dedos índices agarré el breve hilo que sujetaba la prenda a las caderas de la chica, y empecé a tirar, muy despacio, hacia abajo. El tanga inició el descenso, todo muy lento, un movimiento muy rítmico, muy parsimonioso…

Cuando la diminuta pieza de lencería cayó al suelo, pudimos apreciar la belleza íntima de aquella joven, su monte de Venus completamente depilado parecía un oasis, y su coñito estrecho se intuía mágico, unos labios generosos y nada más que una finísima hilera de vello muy claro. Ella sonrió, y emitió un tímido gemido, sus pezones se endurecieron bajo el sujetador, y el piercing de plata de su ombligo resplandeció en medio de la penumbra. Sin embargo, a él no le interesaban ni las tetas ni las vaginas…

Procedí según lo acordado. Indiqué a la nena que se volviera, y la ayudé a colocar su bello cuerpo del modo adecuado. Apoyada sobre la alta mesa, en esa postura me ofrecía la visión perfecta de su culito. Poseía un culo redondo, prieto, de nalgas firmes y rotundas. Una delicia. Yo, que soy guapilla y con unas hechuras muy bonitas, sentí cierta sana envidia al contemplar a aquella muñequita, realmente estaba muy buena.

Él quiso entonces que yo me desnudara y me soltara el pelo.

Me desprendí del vestido, blanco, y debajo no llevaba nada, como él me había ordenado antes. Se fijó en mis piernas largas, mi cintura breve, y mi vientre plano. Yo sabía que lo que a él más le gustaba de mí era el prominente hueso de mi cadera, de modo que coloqué mi cuerpo de forma que se marcara bien. Él me recorrió con la mirada…

Me solté, entonces, el pelo, muy largo y muy oscuro… y, mientras mi melena caía en cascada sobre mis hombros, y me acariciaba la espalda, rocé con un dedo los hombros de la chica, y percibí su respiración agitada…

Él, lejos de enfadarse por mi osadía, se enardeció, y me pidió que continuara con el plan… Arreglé la postura de la joven y me puse de rodillas sobre un pequeño taburete. Así, su culo quedaba a la altura de mi boca… Tomé cada una de sus nalgas con cada una de mis manos, blanca su carne y morenita la mía, y amasé aquellas redondeces tan apetitosas. A mí me gusta el sexo, en general, con hombres y con mujeres. Las abrí , las nalgas, un poquito…

Y me encontré con aquel senderito rosa, tan divino… Lo lamí… Mis labios ávidos de sensaciones fuertes permitieron el paso a mi lengua juguetona, y tan traviesa lengüecita recorrió aquella recóndita parte de la anatomía de la joven. Me gustaba lamerla, iba muy limpita, y se notaba que estaba disfrutando con mis regalos de saliva. Aumenté la intensidad de mis lametones, y ella aumentó la agitación de sus jadeos…

Él nos dijo que todo estaba muy bien… y de repente le descubrí sentado en el suelo contemplando la escena… lamiendo mis tobillos…

Aquel agujerito anal merecía besos apasionados, y procedí a aplicar mis caricias linguales allí. Se trataba de un redondelito muy cerrado, muy estrecho, y me imaginé la reacción de aquella muchacha al ser penetrada por algo grande, como por ejemplo un calabacín… Él quiso que introdujera un dedo allí dentro…

Lo hice, yo también lo deseaba… La chica se quejó un segundo, mientras mi índice empezaba a avanzar por aquella gruta apretadita e insinuante. Moví mi dedo en círculos, despacio, y ella empezó a relajarse, al poco rato ya parecía disfrutar.

Ese acto se prolongó durante unos tres minutos, la joven aplastada sobre la mesa con su culito en pompa, yo arrodillada con el índice en su orificio anal y la lengua anhelando lamer más, él en el suelo jadeando como un animal y succionándome los dedos de los pies. Cuando las dos estábamos ya bastante calientes, él se incorporó.

Nos buscó la mirada, la de ella tímida y la mía arrogante. Dijo que le encantaba el contraste entre el inmenso azul de sus ojos y el oscuro marrón de los míos…

Nos propinó cuatro o cinco palmadas, suaves, a cada una. En el culo, claro, le fascinaban los culitos. Resonaron, en la cálida tarde de verano, y nuestras hermosas nalgas se enrojecieron un punto. Nos envió a la ducha, una ducha fría que nos refrescara, y nos prohibió masturbarnos.

A ella la besó en la boca, un beso salvaje.

A mí me acarició el pelo, se lo acercó a la nariz y lo olisqueó…

Después me susurró al oído la nueva orden…

Me agradó, era excitante… también juegos con el culito…

Ya estábamos bajo el chorro de agua helada cuando entró él en el aseo, y nos tocó el culo a las dos, nos lo agarró con fuerza, nos lo manoseó, nos obsequió con una buena sobadita… y después se sentó a contemplar cómo nos enjabonábamos…

Yo suspiré, deseosa ya del nuevo juego…

Un buen relato erotico de un tio que no para de follarse a una zorra que es una belleza sumisa. Leerlo porque esta zorrita no le dice que no a nada

Rocío le gustaba por tres razones. Primera, porque era muy guapa y estaba muy buena. Segunda, porque era perfecta en la cama. Tercera, porque no causaba problemas. José Manuel detestaba a las mujeres que le complicaban la vida, odiaba a esas tías que siempre sufren jaquecas, o se ven gordas, o se creen delgadas, o están buscando trabajo, o quieren dejar de fumar, o tienen dolores menstruales, o están enamoradas… Le desagradaban profundamente todas esas cosas. Por eso le fascinaba Rocío. Era divina. Bella, puta y sumisa.

Se levantó de la cama, ella dormía, y anduvo desnudo hasta la cocina, donde se preparó un café con leche. A sus cincuenta años conservaba un cuerpo bastante agraciado, y se sentía poderoso por esa razón. Regresó al dormitorio, disfrutando el primer sorbo de esa bebida que tanto le agradaba, con bastante azúcar, y acarició la suave curva de las caderas de ella. Ya lejos de la treintena, y tras dos partos, Rocío era muy hermosa, con una figura muy sugerente. Abandonada al sueño lucía preciosa, y él se deleitó contemplando su rítmica respiración. De repente, sintió el deseo de penetrarla con la cucharilla. La condujo hasta su coño, cambió de idea nada más rozar sus labios, y se la introdujo en el orificio anal. El culo de Rocío, que había sido desvirgado hacía mucho tiempo, para nada ofreció resistencia ante aquel delgado invasor. La cucharilla avanzó por el estrecho sendero. La mujer, realmente bonita, se despertó.

José Manuel le regaló una sonrisa, y se dispuso a follarla. Montó sobre ella, con arrogancia, y durante más de diez minutos la cabalgó con furia. Su miembro, viril y hábil, horadó una y otra vez aquella cueva tan generosa, y Rocío gimió bajo el peso del hombre, jadeó hasta que sintió que se aproximaba el orgasmo. Él se corrió un minuto después, dentro de ella, y la abrazó para sentir en sus carnes las contracciones de Rocío.

A José Manuel le encantaba el sexo con ella. Hablaba lo justo, y siempre se mostraba dispuesta a participar en cualquier combate que a él se le antojara. Era sensual, muy abierta de mente, y jamás decía no a propuesta alguna. Se corrían, muchas veces al mismo tiempo, y permanecían un rato abrazados, en silencio, sin necesidad de llenar la estancia de palabras vacías. Pasado un tiempo, él o ella iniciaban de nuevo el jugueteo, y todo volvía a empezar. Eran animales sexuales, los dos, perros en celo, lobos. Jadeaban, sudaban, gritaban alaridos de placer, enronquecían de tanto gemir, nunca se saciaban, siempre tenían hambre de ellos mismos.

José Manuel, casado con una mujer a la que aborrecía, miró la hora, y decidió que aún disponía de algunos minutos. Rocío, a cuatro patas, con sus grandes tetas balanceándose sobre la boca golosa de él, le miraba, expectante. José Manuel mordisqueó sus pezones, estrujo sus pechos como si estuviera ordeñando a una vaca, y la penetró con el pulgar hasta que su coño segregó suficientes aguas. Entonces se detuvo, y le pidió a su hermosa compañera que lo excitara con algo diferente.

Ella no se hizo de rogar. Vistió el cuerpo de José Manuel con un sujetador de color crema, que se apretaba con firmeza a sus carnes aún bien conservadas. Y colocó una horquilla de flores en los cabellos cortos del hombre, que contemplaba sus andanzas intrigado. Buscó en sus cajones, y encontró lo que quería. Aplicó brillo de labios encarnado sobre la boca varonil, y orgullosa, de José Manuel, y después tiñó sus largas pestañas con rimel negro. Rocío la piel de su cuello, y la de sus muñecas, con perfume de mujer, el mismo que ella usaba, y observó con satisfacción el resultado de su obra. José Manuel lucía muy bien.

Se estaba poniendo cachondo…

Ella le pidió que caminara a cuatro patas por el apartamento, que ladrara, como si fuera una perrita, y que le lamiera los pies. Él accedió a todo… su bulto no dejaba de crecer. Después, ella se arrodilló y le hizo una mamada, su verga crecía y amenazaba con vaciarse en su boquita, mientras su cara maquillada, y la horquilla de su cabello, estimulaba a Rocío, le gustaba aquel juego. Cuando él se corrió, en su melena negra, ella dejó que sus manos se perdieran debajo de su sujetador.

José Manuel se duchó, debía irse.

Pero, como ninguno de los dos podía vivir sin el sexo del otro, él la obligó a ella a dormir con un vibrador anal, y Rocío le pidió que llevara puesto uno de sus tangas. Mientras un taxi lo conducía a su hogar, José Manuel le envió una foto, a través del móvil, a su bella compañera. Se trataba de su polla, bien grande, y bien dispuesta.

No hay nada como que un buen pollon negro taladre cada uno de los agujeritos de una zorra, que solo de verlo se corria de placer. Os dejo el relato erotico de la zorra que cuenta sus experiencias con la polla mas grande que ha visto en su vida, es realmente porno brutal

El grosor de aquel miembro me hacia gemir como ningun otro lo habia hecho antes, al llegar al climax aumento su excitacion, llevandonos a ambos a un largo orgasmo que recordare toda la vida.

“Ding-dong”. Sonó el timbre cuando aún continuaba en la ducha, terminando de enjuagarme el pelo.

Cogí el albornoz y deprisa fui a ver quién llamaba.

Al mirar a través de la mirilla, una persona de color con una figura muy bien definida y el torso descubierto me sorprendió (he de añadir que siento gran atracción por los chicos de color…)

Al preguntar el motivo de su visita me explicó que trabajaba en la obra de abajo y debía comprobar si la gotera provenía de mi casa.

Abrí la puerta indecisa, sus ojos grandes y oscuros me observaron de arriba abajo, y con una sonrisa en esos labios grandes y carnosos pidió permiso para entrar.

Pasó y estuvo varios minutos revisando el baño, de vez en cuando se distraía buscando ver más allá de mis muslos, y yo no podía evitar sentirme atraída por ese torso oscuro, perfecto y musculoso e imaginaba que sus rosados labios recorrían mi cuerpo, así que, me aproximé y con gestos descarados y dejando casi al descubierto mis pechos le ofrecí una cerveza fría, que rápidamente aceptó, percatándose de mi insinuación.

Noté sus manos en mis caderas mientras buscaba en el cajón el abridor, y dulcemente me preguntó mi nombre al oído.

Me di la vuelta con dificultad, ya que él no se movió de donde estaba, y, tras contestarle, me dio un cálido beso en la mejilla mientras apretaba su cuerpo contra el mío.

Mi reacción fue rápida, deseaba sentir la textura de sus labios. Comencé por besar su grueso cuello mientras mis manos palpaban su musculosa espalda, y, posteriormente, besé sus labios sintiendo una excitante sensación.

Me cogió por los muslos con fuerza quedando rodeado por mis suaves piernas y me dispuso en la encimera de mármol de la cocina.

Desató lentamente el cinturón de mi albornoz, quedando mi cuerpo totalmente al desnudo.

Deslizó sus gruesos dedos por mis pechos, rodeando mis pezones, al mismo tiempo que me besaba mi piel se erizaba debido a la excitación.

Separó mis piernas, y tras rozar con sus dedos mi clítoris, comenzó a lamerlo apasionadamente, haciendo gemir de placer.

No tardé en quitarle los vaqueros rotos que llevaba junto a su ropa interior blanca que resaltaba su tez, quedando así sorprendida por el gran tamaño de su negro miembro erecto.

Volvió a cogerme notando la cabeza de su pene rozar mi sexo, esto me provocaba escalofríos y un enorme deseo por notarlo dentro comenzaba a desesperarme.

Nos fuimos a mi cama, y tras colocarse un preservativo, se dispuso a penetrar mi vagina con su exagerado falo. Sus manos apretaban con fuerza mis nalgas y su boca buscaba continuamente mis pezones duros.

El grosor de aquel miembro me hacía gemir como ningún otro lo había hecho antes.

Cada vez empujaba con más fuerza golpeando mi clítoris con sus testículos.

Mis gemidos se hicieron muy intensos y mis manos agarraban con fuerza su espalda y cuello…

El percatarse de que iba a llegar al clímax aumentó su excitación, llevándonos a ambos a un largo y placentero orgasmo que recordaré toda la vida.

Después de esto he decidido ser racista…

¡Pero racista de blancos!

Me fascinan, encantan, me llenan, las enormes vergas negras, ni decir sus huevos llenos de ese néctar que inflama todo mi cuerpo, y lo hacen vibrar de placer cada vez que tengo en mis manos una maravilla negra como esa…

Y desespero de tenerla bien dentro de todos mis agujeros para llenarme de gozo y satisfacción, y por que no decirlo de su blanca y cremosa leche que contrasta con el brillo de su piel negra.

No hay nada como tener sexo en un coche, al lado de una carretera, sintiendo como el placer y el miedo de que te descubran hacen que el deseo recorra todo tu cuerpo. Os dejo el relato erotico de una zorra cachonda que no podia esperar para tener sexo brutal con su novio.

Victor me la metio en mi culito, yo estaba no se adonde pero era sabroso, lindo, me sentia la mujer mas deseada y amada sobre la tierra. Pablo de lado se hacia la paja mientras nos miraba.

Veníamos de pasar el día en una finca y no tuvimos la oportunidad de hacer nada de amor y sexo, nos quedamos hasta muy tarde esperando a que todos se fueran pero no dio resultado. Salimos como a las diez de noche. La carretera estaba estupenda, despejada y la luna bellísima, estaba con tanta claridad que se podía andar sin las luces encendidas. Lo cierto es que yo no quería llegar a la casa por que los niños estarían despiertos y seguro que no nos dejarían en paz para hacer el amor ni poder hacer nuestras fantasías.

Después de un rato en la vía yo le comenté a Pablo que en la casa no podíamos hacer nada y que el día, aunque bonito, no pudimos ni chuparnos un ratito, estaba realmente caliente y tenía ganas de sentir un miembro que me perforara.

Pablo también tenía muchas ganas y paró el rústico en el que viajábamos que no tiene puertas por cierto. Antes que él parara ya me iba acariciando mis tetas y subió la franela y los sostenes por encima de mis senos en plena carretera. Cuando paró dio la vuelta y bajó los monos pantalones deportivos y mis pantaletas hasta los tobillos y comenzó a darme unos lengüetazos que me hacían gemir y ver estrellitas de placer, yo le pedía más pero también se lo quería chupar…

Era algo fascinante hacerlo allí en plena vía, sentir el placer y estar pendiente si venía otro vehículo me volvía loca, con mis rodillas arriba y semi desnuda Pablo me poseyó con unas ganas locas, sus movimientos eran feroces yo gemía, gemía, gemía y jadeaba de la locura en que estaba, cuando llegaba yo a acabar por primera vez allí (tener mi primer orgasmo) vimos las luces de un vehiculo que se aproximaba yo le dije a Pablo que siguiera no me importaba nada en ese momento pero él me dijo que mejor esperábamos por que era solo un carro y después seguíamos.

Él se apartó y abrió la cubierta del motor para que los del carro pasaran y solo suponían que estábamos accidentados, (mala idea) bueno Pablosiguió metiéndome mano en mi culo y mamando mis tetas y eso me mantenía calientita, cuando los de carro pasaron por un lado se oyó una voz que grito es el de Pablo. Eso hizo que yo me subiera el mono como pude Pablo fue y cerró la cubierta del motor y del carro, se paró bien adelante y vimos por las luces traseras que la intención era retroceder y una silueta corría hasta donde estábamos nosotros, bajé mi franela y me acomodé en el asiento.

Pablo encendió el carro y arrancamos… No sin antes percibir que era nuestro amigo Víctor y no se como hizo y se montó en nuestro rústico y les gritó a sus acompañantes que se iba con nosotros (frustración de planes). Los otros se despidieron con los esperamos allá y se fueron rápidamente, Víctor hablaba y preguntaba y no sabíamos que responder.

El ambiente era sensual y el olor a sexo era resaltante. Después de un rato dice Víctor, bueno, yo no quería estropear el viaje, de verdad les pido que me perdonen… Pablo le responde con una pregunta: ¿Y porque dices que no querías echar a perder nuestro viaje? y él responde por que es obvio y halándose su franela señala la mía.

Resulta que con el apuro yo me subí los monos y me bajé la franela pero no me percaté que el sostén lo dejé por encima de mis senos y se marcaban los pezones de una manera evidente de excitación. Yo estaba excitada por que conocía a Víctor y Pablo me comentó que yo le agradaba y mientras veníamos en el camino yo no encontraba como hacerle señas a Pablo para ver si se daba algo y el muy de Pablo le dice, por mi no se a echado a perder nada, por el contrario se puso mejor, yo oí eso y me dije bingo, el hombre agarró la señal…y después dijo algo que me puso a millón cuando me retornó la pelota y dice, bueno eso lo digo por mi, pregúntale a Mireya.

En eso veo que Pablo detiene el vehículo otra vez y me imaginé que los dos me iban a coger en ese lugar y Pablo dice otra vez, se apagó, refiriéndose al carro y dijo, ya lo reviso bajándose del carro, abrió la cubierta del motor y yo me quedé petrificada.

Mi esposo se acercó por el lado derecho del carro y le dijo a Víctor que necesitaría que sostuviera dos cables que estaban por debajo del tablero y que cuando llegara corriente avisara y yo le encendería dándole por la llave. Yo no sabía si era verdad o una estrategia de mi esposo para que Víctor y yo no desinhibiéramos, lo cierto es que para esa operación él tenía que casi montarse por encima de mis piernas, y se sentía en el ambiente un olor a sexo que nos embriagaba de deseo.

Estando en esa posición comencé a sentir unos toques en mis piernas y él al ver que no rehusaba los hizo con mayor detenimiento, subía y bajaba su mano desde el tobillo a mis muslos. Yo sentía esa mano y me provocaba dejar todo y llevarla a mi entrepierna, al poco tiempo de eso comenzó a estrujar mis muslos diciendo que le gustaban y que si me dejaba comerlos y trataba de separármelos, yo oponía un poco de resistencia y él al ver eso subió la mano y me agarró los senos y sin darme tiempo los estrujó, apretando uno de mis pezones y eso me pone malita, de verdad no se que pasó yo cerré los ojos y me dispuse recibir toda clase de caricias separando mis muslos, en ese momento no se cuanto tiempo pasó de verdad, yo estaba mojada por la cogida que momentos antes me dio mi esposo y después estaba siendo acariciada por otro hombre en plena carretera y a unos pocos pasos de mi marido, eso estaba delicioso y genial.

Imaginaba que si con Pablo fue fenomenal con los dos ahora bueno ya ustedes están sintiendo el deseo ya podrán imaginar como estaba en ese momento que todavía lo escribo y tengo que masturbarme para aliviar y seguir con el cuento.

Les cuento que cuando abrí los ojos mi esposo estaba a un lado contemplándonos, que espectáculo Víctor tenía su mano derecha por dentro de mis monos acariciando mi culo y su mano izquierda entre mis tetas y lamiendo mis pezones alternándose entre ellos. Y yo con las piernas bien abiertas y con la franela por encima de mis senos.

Yo me espanté y Víctor no encontraba que decir solo balbuceaba cosas sin sentido, Pablo dijo algo como uno no los puede dejar solos por que inventan…el pobre Víctor se moría del susto, yo cuando vi que él estaba todo cortado de reacción y no sabía si era en serio o juego y aprovechando me calentura lo agarré y le puse mis manos en sus mejillas que estaban frías del susto y lo besé en los labios y él veía a Pablo y no reaccionaba y metí mi lengua en lo más profundo de su boca y fue cuando por fin entendió que era parte de un juego entre nosotros.

Después que nuestro amigo reaccionó y se le quitó el susto continuamos con nuestra partida, en ese sitio a la luz de la luna estaba hermosísima, Pablo y Víctor competían por darme la mayor atención y ver quien me daba el beso más sensual, la caricia que me estremecía más y cosas como esa, víctor me comió el culo y dijo, en esto tendré que comer culo con sabor a macho por que ya vi que te la cogiste antes que yo llegara, pero esta mujer está riquísima y me comía como un experto, yo por mi parte le estaba mamando la verga a mi esposo que me preguntaba si me gustaba como me comían el culo y estaba fenomenal.

Después a la orilla de la carretera me recosté del asiento y le puse mi culo a víctor para que me cogiera, me la metió despacito y después de unos cuantos movimientos lentos, que me permitió delirar, sintiendo su entrada y salida percibiendo su largo y delicioso palo, yo estaba no se adonde pero era sabroso, lindo, me sentía la mujer más deseada y amada sobre la tierra.

Pablo de lado se hacía la paja mientras nos miraba, yo podía verlo en algunas ocasiones que me permitía abrir los ojos y en una de esas él me mostró lo parado que lo tenía y no pude dejar de llamarlo para darle una mamada mientras víctor me partía en dos de los empujones que me estaba dando.

Víctor le preguntó a Pablo si podía acabarme adentro, es decir echarme su leche adentro de mi culo y él le contestó eso es con ella, Mireya es la que decide en eso, y yo le dije que cuando fuera a acabar me dijera. Yo le pregunté a mi esposo si él también quería acabar y me dijo, aguanto mi vida.

Víctor me gritó voy a acabar y yo solté la verga de Pablo que tenía entre mis manos y mi boca y me di la vuelta, tomé la de Víctor y comencé a chuparlo mientras Pablo me cogía otra vez, Víctor acabó y se derramó en mi boca, su leche estaba caliente, era más caliente que la de Pablo y bastante viscosa, espesa, deliciosa, pude saborearla como a mi me gusta chupar una verga que brota su leche mientras me cogen rico, luego le toca a Pablo y me tragué su leche bien buena, abundante y más fluida que la de víctor. Después seguimos y dejamos a víctor en su casa, Luisa que es su esposa estaba esperándolo y nos despedimos con el compromiso de vernos pronto y que él llevaría a su esposa al próximo paseo

Ese domingo, pese que llegaría a casa con ganas de que me cogiera Pablo, y tal vez los niños no nos darían espacio y resultó que cuando llegamos estaban dormidos y nosotros nos dimos un baño juntos y recontando lo sucedido volvimos hacer el amor como si estuviéramos fresquitos.

Por eso digo yo que entre más haces el amor más te dan ganas de sexo.

Relato erotico que nos cuenta un chaval de como al no tener un sitio donde tener sexo salvaje con una zorrita cachonda, se pusieron a hacerlo en medio de un pub a la vista de todos.

Note la cabeza como entraba, el me tocaba el clitoris, las tetas, yo me retorcia de gusto delante de todos con un vaiven casi imperceptible para los otros que para nosotros era puro sexo.

Te cuento… corría el año… ¿1998? (si, puede ser con exactitud no lo recuerdo). Bueno, eran carnavales y yo vivía todavía en mi pueblo. Nos disfrazamos con mis amigos de futbolistas (para ellos fácil, rápido y económico). Recuerdo con exactitud que mi parte de arriba era del Celta de Vigo y la de abajo del Paris Saint -Germain, ¿puedes imaginar combinación mejor? Con los calcetines altos esos y unas botas de futbol prestadas, bueno, todo era prestado, con bragas y sin sujetador (porque la tela esa mola mucho y marca muy bien). En fin, que fue uno de mis mejores carnavales (junto con el que me disfracé con una amiga de mecánicos).

Éramos un equipo de futbol, con balón y todo, y yo me dedicaba a entrar en coña a las chicas, como ellos y bueno, fue genial, genial, qué risas. El caso es que entró una amiga mía al pub donde estábamos y fui hacia ella y le dije alguna obscenidad (en plan coña)… ella no iba disfrazada, ni nada… nos pusimos a bailar y a mí el rollo baile lésbico me encanta… no por mí que por la mujer en si no siento nada, si no porque a los tíos se les cae la baba… y ya sabes mi tendencia a exhibicionizarme… así que ya nos ves allí restregándonos, yo actuando como varón, llevándola a ella… jeje, qué caras por allí… hubo un momento que sonaba el Losing my religión de REM que me enciende y me parece muy sexy y le metí la pierna entre las suyas y ella se restregaba en ella mientras yo le mordía el cuello (en plan teatrero), y le decía (tía, ¿has visto qué caras?), ellos babeando y ellas con cara de jodidas putas jeje… después la cogí de espaldas y me movía lentamente detrás sujo, restregando mis pezones en punta por su espalda, mientras los tíos hacían corro ya por allí y más de uno intentaba pegarse a mi espalda, pero le pegaba un codazo y listo, y otros se nos acercaban en plan macho ibérico. El caso es que Lluis también estaba por allí, me cogió por la cintura y me dijo has bebido demasiado, no montes más el numerito (muy paternal, pero ya verás después)… y en estas que me coge y me lleva a unos sofás con mesas… el bar estaba a tope de gente y sí, había bebido, pero era muuuy consciente de todo. En estas que no cabíamos, porque casi todo estaba ocupado y me sentó en su regazo de espaldas a él (el muy cerdo ya sabía lo que quería juassssssss), y bueno, lo que te decía esta mañana de las erecciones, que uffff, me ponen a mil… noté allí todo (piensa en el pantalón de futbol, que me parece super sexy y deja que la polla se ponga bien tiesa)… le dije ¿qué es eso?, y él ¿tú que crees?, mira cómo me has puesto, cogió mi mano y la restregó por toda su polla mientras me besaba el cuello. Yo en este momento ya estaba mojada, en parte por el baile, en parte por los tíos que nos miraban y ahora ya por la maldita erección.

No teníamos donde ir a follar, ni coche, ni casa y en la calle hacia un frio que pelaba. Me pasó disimuladamente una mano por la entrepierna y notó toda la humedad en el Paris Saint-Germain, jadeó un poco lo que me excitó más… y me dijo ‘estoy muy caliente’ y yo ‘hazte una paja, yo te tapo’ y él ‘no, quiero follar contigo, mira, me va a reventar la polla si no te la meto’ y yo ‘no podemos, no tenemos dónde’ y él dijo ‘se me ocurre una cosita’… total, que coge su chaqueta y me la pone en mi regazo… sus manos quedan por debajo… se saca la polla, aparta mi pantalón y mis bragas y restriega su capullo por todo mi coño… no veas… ahhhhhhhhh me pongo mala sólo con recordarlo…

Yo estaba muy mojada y deseaba esa polla con todas mis fuerzas, pero teníamos gente por todos lados y muchos nos saludaban o nos decían cosas sin saber lo que pasaba allí debajo… se estuvo restregando un rato y yo disimulando, fumando y con las manos encima de la mesa para que se viera lo más normal del mundo. Pero me puse muuuuuuuuy caliente y escuchar sus jadeos me calentaba más… métela ya, coño y noté la cabeza como entraba mmmmmmmm y su gemido y como a mí me latía el coño y el corazón, mientras venían otros y nos decían venir a bailar, no seáis sosos (juasss, ¿sosos?, ¡si estábamos follando!), y él un poco entrecortado no es que Laura ha bebido demasiado… y yo notaba toda la polla dentro y quería moverme, pero no podía, así que empecé a balancearme, con la música, mientras él escondía su cabeza en mi pelo y me tocaba el clítoris debajo de la chaqueta y me decía: que buena estás, quiero tocarte las tetas y yo… puesto que estaba ya cachonda perdida, le dije que lo hiciera, que si la gente nos veía que se jodiera, así que me pasó las manos por debajo de la Celta de Vigo y me acarició las tetas, duras y tensas…

Yo me retorcía de gusto delante de todos y él parecía un gusano mientras yo bailaba y me meneaba disimuladamente, con un vaivén casi imperceptible para los otros, pero que para nosotros dos se transformaba en puro sexo… él no paraba de gemir y yo hacía lo que podía por contenerme, a mi la gente me veía la cara… mientras le tocaba los huevos a través del pantalón y me dijo que si seguía así se iba a correr, la saqué un poco y le pajeé, siempre con una mano encima la mesa, y bueno, que polla más dura y para mí y por mí y buffff (ahora mismo lo cuento y estoy súper cachonda de recordar todo esto), la polla empezó a gotear líquido preseminal y yo me quería correr con ella dentro así que me la calcé de nuevo le dije que me masturbara rápido que me correría y así lo hizo y ahhhhhhhhhhhhhhhh sólo recuerdo que tiré 3 ó 4 vasos de cubata por allí y unos espasmos escondidos tremendos, mi coño se estremecía y yo no sé qué cara pondría en ese momento, porque fue un orgasmo intensooo de esos que te dejan más pallá que pacá…

Entonces él se retorció se empezó a mover ya sin tanto disimulo mientras me cogía por la cintura y me restregaba contra él…

Se corrió con un laaargo gemido ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh que todavía recuerdo. Después se desplomó en mi espalda y se quedó así un largo rato. La gente pasaba y me decía: ¿qué le pasa a este? y yo nada, que va muy puesto y él seguía sin reaccionar, yo creo que se semi-durmió… yo con su polla metida en el coño, el semen resbalando por todas partes, notando su corazón acelerado en mi espalda, poniendo cara de todo es la mar de normal y bueno, los pantalones de los dos hechos un asco.

Y eso es todo… me he excitado mucho recordando esto…

Relato erotico de como un chico que recibe el correo de una zorra caliente y deseosa de tener sexo no duda de hacer sus fantasias realidad. quien encontrara una putita asi

Se la meti hasta la garganta y comence a bombear, su novio le decia que se estaba masturbando pensando en eso, y mientras tanto yo le estaba llenando la boca con mi semen.

Mi nombre es Andrés, soy de Bogota Colombia y tengo 22 años. Revisando mi correo, me di cuenta que había un nuevo enlace en mi lista, ella se identificaba como Patika. No le presté atención al comienzo puesto que recibo muchos correos y unos ni se para que son. Pero un día me conecté a Internet y ella también estaba ahí, comenzamos a hablar, pero no duramos mucho. El sábado siguiente ella estaba también conectada y hablamos durante largo tiempo, sobre lo que le gustaba y cuales eran sus preferencias. Ya estábamos los dos muy calientes, me dijo que se llamaba Lorena y me dio su número de teléfono (vivimos en la misma ciudad), al comienzo estaba súper nervioso, porque nunca antes había hablado con alguien así. Pero ella me animó, hablamos un rato, ella me decía que se estaba metiendo los deditos y yo también me masturbaba.

Me contó había cumplido 18 años y estudiaba en un colegio de solo mujeres y acerca de su novio, que está en Estados Unidos y de la falta que le hacía. Luego de conocernos un poco, nos colocamos una cita un viernes. Yo quedé de pasar por ella al colegio, tenía que ser muy discreto, puesto que sus papás la cuidaban mucho, ella se pondría de acuerdo con unas amigas para inventarse alguna excusa. Llegó el viernes y se me hizo un poco tarde porque no encontraba el colegio, cuando llegué había un grupito de chicas en la puerta del colegio, esperando (yo le había dado el color de mi carro y la placa para que me identificara). Se rieron pícaramente al verme y una de ellas se acercó al carro. Desde que las vi, quise que fuera ella, no tan bajita, una cara bonita y un trasero que sobresalía por encima de la falda del colegio.

Muy apenada se subió a mi carro y arrancamos. Yo no sabía que decir, y mucho menos que hacer. La besé en la mejilla y le pregunté que donde le gustaría ir, a lo que ella contestó que donde yo quisiera. Así que tomé rumbo hacia el sector de Álamos (conocido en mi ciudad por su gran cantidad de hostales de lujo). Mientras conducía hacia allá la miraba de reojo, y todavía no creía que fuera a ser mía.

Cuando llegamos el portero me miró un poco raro, ya que ella todavía iba con el uniforme de colegio, pero no dijo nada y nos guió hasta la habitación. Cuando llegamos allí apenas se cerró la puerta, la abracé y la besé, llenando su boca con mi lengua, ella estaba agitada, entre asustada y excitada. Como pude le quité el saco, tenía una jardinera que era un poco difícil de quitar, así que en vez de quitársela, se la subí de golpe, viendo sus tanguitas brasileras mínimas, la tiré en la cama y con la falda en el pecho comencé a darle besos entre las piernas, hasta llegar a su conchita, sin quitarle la tanga le pasé la lengua, estaba súper empapada. Ella se retorcía, comenzó a gritar, así que le corrí la tanguita, pude ver su vaginita toda peladita, con unos labios inmensos y carnosos; le metí la lengua hasta el fondo y así estuve un buen rato, hasta que ella gritó: ¡que delicia, méteme el dedito bien duro!

Le hice caso y de una se fueron dos dedos entre su conchita; los comencé a mover mientras le daba lengua en su culito y en su clítoris, hasta que se vino en medio de gritos. Le quité la jardinera, lo que quedaba de su ropa interior y yo me desnudé. Ella se sentó en el borde de la cama y me lo comenzó a mamar, se lo metía todo en la boca, lo sacaba y le lamía la puntita, así estuvo hasta que me vine, intenté apartarme, pero ella me cogió por las nalgas e hizo que me viniera en su boca. (Luego me comentó que eso la ponía muy caliente).

Nos acostamos, me puse entre sus tetas y comencé a lamerlas, no son muy grandes, pero tienen unos pezones deliciosos. Estaba que tiraba chispas, así que la puse en cuatro patas y le comencé a dar lengüita, pero esta vez por todo su anito. Hasta que gritó con voz entrecortada que se la metiera ya… Le escupí en anito y se lo metí hasta el fondo (le encantaba que se lo hicieran por ahí). Se lo dejé adentro para que se acomodara y comencé a bombearla, tenía un trasero de madres. Seguí dándole duro, tocándole el clítoris hasta que nos vinimos los dos. Terminamos exhaustos, nos dimos un baño. En la bañera le mamé la conchita otro ratito y luego ella se echó mi verguita a la boca otro ratito. La llevé a su casa. Nos hemos visto otras veces y lo hemos hecho. Es divina y no se como vaya a terminar esto.

Después de nuestro encuentro en el motel, seguimos hablando por teléfono, mandándonos e-mail, recordando lo bien que la habíamos pasado. Pero llegó la época de parciales en la Universidad y no me quedó ni un minuto para conectarme, y como estudio todo el día y trabajo en la noche no me quedó tiempo de volverme a contactar con ella.

Un día sábado ya había terminado todos mis parciales y me conecté un rato a Internet a ver que encontraba y a ojear mi correo, también entré con la ilusión de encontrarme con Patika (es el Nick de Lorena), al comienzo no estaba, pero después de 20 minutos inició su sesión de MSN, hablamos más o menos como una hora, y la comencé a calentar contándole las cosas que me gustaría hacerle, ella me dijo que la llamara y la calentará por teléfono, y así lo hice.

Después de un rato ya estábamos súper calientes, entonces ella me dijo que quería que volviera a llenarle su conchita; yo me sorprendí un poco y le dije que como hacíamos; ella me dijo que estaba sola en su casa y que quería que la penetrara ya. Le pedí la dirección de su casa y tomé un taxi. Cuando llegué a la dirección que ella me indicó me di cuenta que era una casa muy grande y quedaba en un sector acomodado de la ciudad; apenas paró el taxi Lorena salió de su casa, me dio tiempo para apenas pagarle al taxista y a tirones me metió a su casa, diciéndome que en el barrio eran muy chismosos y de pronto le decían a sus papás.

Me invitó a sentarme en la sala, me ofreció una copa de vino, yo la acepté gustoso y comenzamos a besarnos, ya le tenía un dedo entre la conchita cuando sonó la puerta, se podrán imaginar el susto, ella me tomó de la mano y me encerró en el estudio mientras veía quien era. Cuando volvió tenía cara de desconsuelo, puesto que era su hermana que no había tenido clases, como quien dice se nos tiró el plan. Ya estaba resignado a no hacer nada esa tarde, pero a ella se le ocurrió una idea. Subió al cuarto de su hermana y le dijo que tenía que hacer un trabajo en el computador que se iba a encerrar en el estudio para concentrarse mejor, que por favor no la molestará; para disimular mejor fue a su cuarto, se puso un short y un topsito bien pequeño.

Regresó al estudio y me dijo que podíamos estar juntos, pero sin hacer ruido, porque su hermana estaba en el cuarto. Ella encendió el computador, la hice que se sentará enfrente de él y se conectará a Internet; le mostré algunas fotos porno, mientras le quitaba el topsito y me dedicaba a chupar sus teticas; a ella le encanta leer relatos, así que la hice que se metiera en la página y leyera algunos relatos mientras tanto yo (como pude), me metí entre sus piernas e hice que se escurriera un poco en el asiento; estaba leyendo nuestro primer relato mientras yo ya la había dejado toda desnuda y estaba comenzando a darle lengüita en su conchita, su voz comenzó a entrecortarse, más aún cuando le metí un dedito en el ano, y se vino en medio de gemidos.

Yo me desnudé e hice que acariciará un poco mi verga mientras veíamos unos videos que ella había bajado, ya estaba empalmado cuando su novio (que está en USA), inició sesión, ella me apretó bien duro, y no sabía como saludarlo; yo le dije que actuara normal para que él no sospechará, se saludaron y hablaron de cómo les había ido en la semana, el novio le dijo que la extrañaba mucho y que la deseaba. Entonces le propuse que le dijera a su novio como le gustaría hacerle el amor mientras ella se tocaba, al comienzo no estaba muy segura, pero la convencí.

El le dijo que lo que más extrañaba era como ella le chupaba la verga, que le gustaría metérsela en la boca duro, como le gustaba a ella, cogerla por la nuca y enterrársela hasta el fondo; ella me miró y no le di oportunidad de nada, se la metí hasta la garganta y comencé a bombear, su novio le decía que se estaba masturbando pensando en eso, y mientras tanto yo le estaba llenando la boca con mi semen.

Luego su novio le comenzó a decir que le gustaría besar sus senos, y yo le hice caso; luego morder su conchita (y a ella le encantaba), mojar su culito de saliva y metérselo; así que ni corto ni perezoso la levanté de la silla, me senté yo y se la clavé en el culito, ella pegó un alarido, y su hermana gritó desde su cuarto que si le pasaba algo, ella como pudo gritó que no; mientras le rompía el anito, le daba dedito a su clítoris; ella le decía a su novio lo que estaba sintiendo hasta que se vino y yo dentro de su culo. Con todo ese jaleo, el computador se apagó y terminamos en el piso.

Después de descansar un rato ella se fue directamente a mi verga y yo le contesté llenándole la conchita con mis dedos y su culo con mi lengua. Cuando ya estaba otra vez empalmado se lo metí hasta el fondo y comenzamos un desenfrenado mete y saca que terminó con ella llena de mi semen y gritando como loca y yo botado en la alfombra.

Cuando recuperé el sentido vi como su hermana estaba en la puerta del estudio con cara de asustada… Tuve que salir corriendo casi desnudo, porque no podía de la vergüenza.

Na hay nada como el morbo que da tener sexo con tu sirvienta, ese delantal que cubre tan poquito… Este relato nos cuenta como un hombre tiene fantasias con su sirvienta, hasta que un dia ella las hace realidad, y cabalga como una amazona sobre el.

Mientras la penetraba lo mas rapido y duro que podia, ella ponia unos gestos de puta ninfomana realmente excitantes para mi, hasta que solto sus piernas y me apretujo entre ellas.

Ya tenía más de dos semanas que no me culeaba a Sarah desde aquella noche del cumpleaños de mi papá, y por lo tanto mi calentura no me dejaba ni pensar bien.

No perdía la oportunidad para acercármele a Sarah, desgraciadamente cada vez que lo intentaba ella sólo me respondía con un tajante no, pero eso no calmaba mi impaciencia, un día por la tarde, me le acerqué sigilosamente mientras lavaba los platos y la abracé por detrás, restringiéndole así toda posible salida, ella ponía resistencia (pero sólo para aparentar, porque la verdad es que le gustaba), empecé a besarle el cuello, y a mordisquearle la oreja, mientras que con mi mano derecha sobaba su estómago delicadamente, ella me mostró más su cuello para que lo siguiera besando, apoyé mi otra mano en su vientre, empujándola así hacia mí, ella dio un respingo al sentir que mi miembro imploraba libertad, pero mi mano no dejaba que se alejara.

Empecé a subir mi mano derecha debajo de su playera hasta llegar a sus pechos, los cuales empecé a apretujar delicadamente, esto hizo que ella soltara un gemido, con mi mano izquierda empecé a levantar su falda (nunca supe por qué nunca usó shorts o pantalones, o por lo menos minifaldas, en fin), cuando la falda ya iba por su rodilla, ella me empujó y me dijo que no y se fue de la cocina, yo (sorprendido), la alcancé y le pregunté el por qué ya no teníamos sexo:

- Por que eres menor que yo… -respondió ella tímidamente – ¡¿Qué?! -atiné a decir sorprendido pues al parecer la primera vez que culeamos no le importó mi edad.

- Tienes 18 y yo 19… esto no está bien, además yo ya tengo novio -me respondió (en un tono que ni ella se lo creyó).

- Vamos -dije mientras me acercaba a ella- de verdad crees que me importa la edad -cómo me iba a importar si era un logro poder culearme a una mayor- lo único que me importa eres tú -y las noches que me puedas dar, pensé- y por lo que sé tu novio es un patán, no es posible que todavía lo quieras -dije.

Para rematar la tomé entre mis brazos mientras le daba un tierno beso. – Ella gemía, nuestras lenguas jugueteaban y yo sobaba su espalda, ella tomaba mi rostro entre sus manos (eso me hacía enloquecer), desgraciadamente ese beso quedó en sólo un momento muy apasionado, pues al ser interrumpidos por un llamado de mi padre desde la cochera ella salió corriendo en su ayuda; yo me encerré en mi cuarto para dormir un poco, pues ya le había perdido el gusto a la masturbación, en fin, poco tiempo después me desperté debido a que alguien tocaba mi puerta, me levanté para abrirla y vi que era Sarah que quería limpiar mi cuarto, al dejarla pasar, pude notar que no dejaba de ver mi miembro erecto (producto de un sueño erótico, protagonizado por ella), lo cual me produjo una sonrisa:

- Nada mal para un niño de 18 años, ¿no lo crees? -dije, con lo cual ella se sonrojó, me acerqué a ella y la abracé- no te vas a escapar esta vez…

Ella me besó muy apasionadamente esto me encendió más rápido y empecé a desnudarla rápidamente, les juro que no respeté ninguna ley de decoro o de respeto por la vestimenta pues prácticamente le arranqué su ropa y la arrojé sobre la cama, después de esto me tumbé sobre ella, esto (al parecer), la excitó más pues gemía como vaca loca en celo, mientras nos besábamos ella me arañaba la espalda, le froté por encima de su vagina la punta de mi miembro, ya métemela, párteme en dos… yo para excitarla más no lo hacía, sólo le mordisqueaba sus pezones, masajeaba sus senos, la besaba apasionadamente, hasta que me rodeó con sus piernas y me empujó dentro de ella, pegó un grito ahogado extraordinario que hizo estremecer todo mi cuerpo, empecé a bombearla lentamente mientras mordisqueaba sus pezones, rápido, duro, rápido, rápido, gemía, pero no le daba importancia pues sabía que eso la excitaba aún más.

Seguía bombeándola lentamente, ella gemía como loca, me detuve un momento para poner sus piernas sobre mis hombros, y seguí bombeándola lentamente, ella apretaba las sábanas de mi cama mientras gemía (casi susurraba), vamos papi, más rápido más rápido, deja de torturarme, métemela más duro, estuve bombeándola lentamente un rato más hasta que separé sus piernas al máximo (ella me ayudó, pues las sostenía con sus manos), y la penetré lo más duro que pude, daba unos gritos espeluznantes, tanto que tenía que besarla para callarla, en fin, mientras la penetraba lo más rápido y duro que podía, ella ponía unos gestos de puta ninfómana realmente excitantes para mí, hasta que soltó sus piernas y me apretujó entre ellas… estoy terminando, huuuy qué ricooo… sigue metiéndomela, pero la verdad es que ya no podía pues me estaba viniendo y tuve que sacarla para venirme fuera, pero en vez de venirme sobre la cama me vine sobre ella.

Sí, sí, sí, no pares papi, vacíate sobre mí, me decía mientras se embarra todo mi semen sobre su cuerpo, me paré a un lado de la cama y le ordené que me la mamara, ella accedió y la tomó entre sus manos y lamió unas gotas que quedaron sobre mi pene. Hmmmm… qué rico, ¿tienes más para mí, papi? Decía, y la verdad es que su manera de ser cambiaba cuando culeábamos, pues cuando lo hacíamos era una ninfómana de lo peor, y cuando no lo hacíamos era la hermana de la castidad, en fin, ella mamaba de los más delicioso, se la tragaba toda, pasaba sus dientes sobre mi glande, pasaba mi escroto entre sus dedos, mordisqueaba mi miembro, era de lo mejor, yo estaba extasiado.

Me tumbé sobre la cama para descansar, pero ella no quería descansar, me montó y se dejó caer sobre mi miembro, era increíble verla actuar por sí sola: gritaba, brincaba, se movía, apretujaba, era impresionante, le dije que parara que ya me venía, ella rápidamente me desmontó y agarró mi miembro con su mano y empezó a masturbármelo, hasta que mi semen se impactó sobre su cara, ella tenía una cara de felicidad magnífica, me volvió a montar y se introdujo mi miembro semi-erecto en su vagina, me miró a los ojos con toda su cara embarrada de semen:

- ¿Te gusta verme así, papi? -me dijo sonriendo, mientras lamía de su dedo un poco de semen- Uhmmm ya siento que sí te gusta -y empezó a mover su pelvis, después de que terminó de lamer todo mi semen de su cara, se acostó sobre mí, y nos dormimos juntos, me desperté una hora después y bajé a la cocina:

- ¡Qué gritos! ¡Cuéntame tu secreto! -me dijo mi padre riendo mientras cenaba, me senté y cené con él, platicamos un rato y después me regresé a mi cuarto a dormir otra vez…

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