No hay nada como que un buen pollon negro taladre cada uno de los agujeritos de una zorra, que solo de verlo se corria de placer. Os dejo el relato erotico de la zorra que cuenta sus experiencias con la polla mas grande que ha visto en su vida, es realmente porno brutal
El grosor de aquel miembro me hacia gemir como ningun otro lo habia hecho antes, al llegar al climax aumento su excitacion, llevandonos a ambos a un largo orgasmo que recordare toda la vida.
“Ding-dong”. Sonó el timbre cuando aún continuaba en la ducha, terminando de enjuagarme el pelo.
Cogí el albornoz y deprisa fui a ver quién llamaba.
Al mirar a través de la mirilla, una persona de color con una figura muy bien definida y el torso descubierto me sorprendió (he de añadir que siento gran atracción por los chicos de color…)
Al preguntar el motivo de su visita me explicó que trabajaba en la obra de abajo y debía comprobar si la gotera provenía de mi casa.
Abrí la puerta indecisa, sus ojos grandes y oscuros me observaron de arriba abajo, y con una sonrisa en esos labios grandes y carnosos pidió permiso para entrar.
Pasó y estuvo varios minutos revisando el baño, de vez en cuando se distraía buscando ver más allá de mis muslos, y yo no podía evitar sentirme atraída por ese torso oscuro, perfecto y musculoso e imaginaba que sus rosados labios recorrían mi cuerpo, así que, me aproximé y con gestos descarados y dejando casi al descubierto mis pechos le ofrecí una cerveza fría, que rápidamente aceptó, percatándose de mi insinuación.
Noté sus manos en mis caderas mientras buscaba en el cajón el abridor, y dulcemente me preguntó mi nombre al oído.
Me di la vuelta con dificultad, ya que él no se movió de donde estaba, y, tras contestarle, me dio un cálido beso en la mejilla mientras apretaba su cuerpo contra el mío.
Mi reacción fue rápida, deseaba sentir la textura de sus labios. Comencé por besar su grueso cuello mientras mis manos palpaban su musculosa espalda, y, posteriormente, besé sus labios sintiendo una excitante sensación.
Me cogió por los muslos con fuerza quedando rodeado por mis suaves piernas y me dispuso en la encimera de mármol de la cocina.
Desató lentamente el cinturón de mi albornoz, quedando mi cuerpo totalmente al desnudo.
Deslizó sus gruesos dedos por mis pechos, rodeando mis pezones, al mismo tiempo que me besaba mi piel se erizaba debido a la excitación.
Separó mis piernas, y tras rozar con sus dedos mi clítoris, comenzó a lamerlo apasionadamente, haciendo gemir de placer.
No tardé en quitarle los vaqueros rotos que llevaba junto a su ropa interior blanca que resaltaba su tez, quedando así sorprendida por el gran tamaño de su negro miembro erecto.
Volvió a cogerme notando la cabeza de su pene rozar mi sexo, esto me provocaba escalofríos y un enorme deseo por notarlo dentro comenzaba a desesperarme.
Nos fuimos a mi cama, y tras colocarse un preservativo, se dispuso a penetrar mi vagina con su exagerado falo. Sus manos apretaban con fuerza mis nalgas y su boca buscaba continuamente mis pezones duros.
El grosor de aquel miembro me hacía gemir como ningún otro lo había hecho antes.
Cada vez empujaba con más fuerza golpeando mi clítoris con sus testículos.
Mis gemidos se hicieron muy intensos y mis manos agarraban con fuerza su espalda y cuello…
El percatarse de que iba a llegar al clímax aumentó su excitación, llevándonos a ambos a un largo y placentero orgasmo que recordaré toda la vida.
Después de esto he decidido ser racista…
¡Pero racista de blancos!
Me fascinan, encantan, me llenan, las enormes vergas negras, ni decir sus huevos llenos de ese néctar que inflama todo mi cuerpo, y lo hacen vibrar de placer cada vez que tengo en mis manos una maravilla negra como esa…
Y desespero de tenerla bien dentro de todos mis agujeros para llenarme de gozo y satisfacción, y por que no decirlo de su blanca y cremosa leche que contrasta con el brillo de su piel negra.
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