Un relato erótico con la dependienta madura de una boutique.
Me paso sus braguitas por mi cara para que oliera su sexo, luego me puso un pecho en mi boca y me ofrecio su culo, me empezo a masajear mi polla hasta que ella se la metio entera en su boca
No sabría por donde empezar a contar esta historia de dos que ocurrió no hace mucho tiempo en un pequeño pueblo de la costa de un lugar cualquiera de mi país… Me llamo Nacho, tengo 29 años, soltero… mido uno ochenta, pelo rubio y ojos azules, mi piel es blanca como la leche que se bebe… y mi juguete no es muy grande, pero a mí me sirve para pasarlo muy bien.
Bueno no quiero aburriros así que con vuestro permiso ahora os contaré la historia que me ocurrió hace una semana cuando salí de compras…
Eran más o menos las siete de la tarde, yo venía de la playa con el tiempo justo para ducharme y ponerme ropa cómoda antes de ir a la ciudad en busca de unos pantalones que me gustaran para trabajar el siguiente fin de semana, soy Dj y lo de la ropa para mí es muy importante, no por mí… por la gente, no me gusta que me vean siempre igual vestido… así que al final… creo que si… que es por mi.
Bueno, después de ducharme cogí dinero y me fui corriendo a la parada del autobús, allí fue donde me di cuenta de que esa tarde andaba un poco “suelto”, nada más llegar mis ojos se clavaron en una joven de unos 18 años que rozaba la edad del pecado con la del morbo, para no variar estaba comiendo una piruleta de fresa y llevaba el pelo recogido con dos coletitas que le hacían cara de lolita salvaje… eso me puso, he de reconocer que sentí como mi cosita se ponía un tanto traviesa mientras mis ojos no dejaban de pedirme permiso para clavar su objetivo en tan obsceno y lascivo acto de mamada con sabor a fresa.
Por suerte para mi, el autobús no tardó mucho en llegar y pude respirar tranquilo al subirme y sentarme y comprobar que ella no subía… de camino a la ciudad pensé en la chica, en como saboreaba su piruleta y me la imaginaba trabajando mis partes, no pude evitar tocarme por encima del pantalón ante la atenta mirada de una señora de unos cuarenta, a mí se me escapó una sonrisa maliciosa y ella me miró con ojos de rechazo… como queriendo negar que en realidad le gustaría que su mano fuera la mía.
Nada más bajar en la ciudad caminé por la estación hasta llegar al aseo, allí tenía unas enormes ganas de orinar… pero también me apetecía pegarme un par de sacudidas más de la cuenta en homenaje a la niña de fresa… pero lo pensé bien y entre risas y más risas abandoné el aseo pensando en que si cualquiera hubiera entrado y me hubiera sorprendido zurrándomela como un poseso pensaría que era el típico mirón salido que se dedica a tocársela dentro de aquel vetusto comercio, un par de señoras corrían como posesas atendiendo las peticiones de una docena de mujeres que rondaban casi los cincuenta o más… a mí ese ambiente me encantaba, nada más abrir mi boca vi como todas me miraban… el silencio se hizo y me sentí protagonista por un momento…
- Hola buenas tardes, ¿quien es la dependienta? – Encarni… ven, hay un chico que pregunta por ti…
- Hola dime guapo, ¿en qué puedo ayudarte…?
Ufff… Como estaba Encarni, rondaba los cuarenta y se le veía una mujer muy fina, bien vestida, con unos pechos exquisitamente escondidos y una boca preciosa que le dibujaba una sonrisa mágica, su culito era un auténtico escándalo y su voz… que voz…
- Hola señora, necesitaba unos pantalones – No me llames señora, me hace muy mayor… – Lo siento, es la costumbre, además tan mayor no es… así que no se lo tome a mal… – Bueno joven… sígueme…
Según le iba acompañando observaba el movimiento de sus caderas, ella me enseñó media docena de pantalones en el mismo tiempo que canta un gallo, era una auténtica profesional, no hizo falta ni que me preguntara que talla usaba, así en cinco minutos ya estábamos camino del probador, me mandó ponérmelos y me esperó afuera, salí con el primero y no le gustó… así con cuatro…
- No, este tipo de pantalones no te quedan bien… te marcan mucho tus partes – Mmm pues tampoco tengo tanto… jajajaja No pude hacer otra cosa que reírme, no podía decirle a la señora que estaba todo empalmado por mi imaginación perversa y calenturienta… no podía decirle que me apetecía sacarle mi cosita mientras ella se agachaba delante de mí para doblarme los bajos y darle de pollazos en su cara mientras ella jugaba con su lengua en mis genitales… ¿como le iba a decir tal cosa? – Por favor… ¿el baño? necesito ir un momento al servicio…
Claro que lo necesitaba, estaba súper suelto, estaba caliente, la situación me estaba siendo mucho más mayor de lo que me parecía, ya apenas quedaban clientas en la tienda, así que tenía que coger unos pantalones e irme pronto o la acabaría armando allí mismo… nada más llegar al baño, me di cuenta de lo enfermo que estoy, no tenía ganas de orinar, solo me quería masturbar… pero no podía salir oliendo a sexo… así que me hice el loco y esperé un minuto antes de salir, al salir ya solo quedábamos en el comercio Encarni y Malena una señora de unos cincuenta años que era la encargada de la tienda..
Ya casi era la hora de cerrar…
- Lo siento señora… por mi culpa ya es tarde… déme estos, me gustan – Mmm no, no tengas prisa, quiero que vuelvas… te daré unos que te quedaran bien – No de verdad, no se preocupe, estos me van bien…
¡Que si, que no! Que nunca te decides… como dice la canción, no se ni como ni por qué, pero ya eran más de las diez cuando la otra señora le dijo a mi dependienta que se iba y que si no le importaba cerrar a ella, Encarni cambió de cara y con una sonrisa le dijo que no se preocupara que se fuera… que ella tenía un trabajito que terminar, le acompañó hasta la puerta y cerró con llave…
- ¿Qué piensas joven? – En lo tarde que es para usted… – Tranquilo, quería quedarme a solas contigo… ya no sabía que hacer para entretenerte. – ¿De verdad?, no me digas eso… – Se por que tuviste que ir al baño… noto cuando alguien se excita y tú lo estás, ¿verdad?
Mientras me iba haciendo ver que sabía de sobra más de mí de lo que yo quería afirmar, me fue se te pone verme tocarme ¿eh? – Si… me encanta, me gustaría tocarte…
- No, tú de momento solo mira…
Todo un espectáculo de roces caricias, poses y provocaciones tuvo lugar ante mí… yo me moría por levantarme… pero sabía que era todo un juego… que tendría premio y que solo tenía que esperar un poquito… Después de varios minutos así, ella se acercó a mí, con su sujetador tapó mis ojos y me ordenó que no me moviera… luego me pasó sus braguitas por mi cara… para que oliera su sexo… eso me ponía más calentito aún… luego me puso un pecho en mi boca y me dejó jugar un poco con él… mi lengua iba y venía y ella lo pasaba muy bien…
Se agachó y me ofreció su culo para que me lo imaginara, me preguntaba si me gustaría verlo, me decía que se lo estaba tocando, luego se dio la vuelta y me empezó a contar como se estaba tocando su conchita… yo ya no podía más… le pedía que por favor me hiciera algo, así lo hizo, se acercó a mí y me empezó a masajear mi polla hasta que ella sin pensárselo dos veces se la metió entera en su boca, me la comía al principio muy despacio y luego empezó a acelerar el ritmo…
- ¿Te gusta niñito lindo? mmmmm que cosita más rica que tienes… mmmmm – Si, me encanta, es mejor de lo que me imaginaba… – Quiero que aguantes mucho… por que quiero comértela mucho más… mmmmm – si… mmmmm, si mmmmm. Así estuvo hasta que se la sacó y me empezó a masturbar con sus manos entre sus pechos, me hizo una tremenda paja… yo estaba que no cabía en mí… – Córrete bebé… lléname todas mis tetas de tu leche rica y caliente… – ¿Quieres mi leche…
- Si… mmm quiero tu lechita… córrete… venga, mmm
Fue increíble poder descargar toda mi leche en sus pechos, me encantó hacerlo, ella se retorcía y abría su boca mientras seguía moviendo sus manos sobre mi pene… no podía más… estaba roto, pero ella seguía cogida a mi polla…
- Tu tita Encarni quiere seguir jugando bebé… ¿te vienes a mi casa? – ¿Vives sola? – Si amorcito, pero quizás llame a mi amiga Carla, te gustará, cenamos y jugamos los tres… ¿te apetece?
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